{"id":548,"date":"2016-06-02T15:04:21","date_gmt":"2016-06-02T15:04:21","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=548"},"modified":"2016-06-02T15:04:21","modified_gmt":"2016-06-02T15:04:21","slug":"venezuela-como-se-gobierna-un-pais-que-se-desintegra-una-sociedad-en-descomposicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=548","title":{"rendered":"Venezuela: \u00bfC\u00f3mo se gobierna un pa\u00eds que se desintegra, una sociedad en descomposici\u00f3n?"},"content":{"rendered":"<p><strong>Venezuela.\u00a0<\/strong><strong>En descomposici\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfC\u00f3mo se gobierna un pa\u00eds que se desintegra, una sociedad en descomposici\u00f3n? O, mejor, \u00bfqu\u00e9 sentido tiene ser gobierno en una sociedad as\u00ed? La impresi\u00f3n es que todas las medidas que toma el gobierno de Nicol\u00e1s Maduro en Venezuela profundizan una crisis social que tiene ra\u00edces largas y que ha aumentado en los \u00faltimos a\u00f1os.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ra\u00fal Zibechi, desde Caracas y Barquisimeto<\/strong><\/p>\n<p><strong>Brecha, Montevideo, 27-5-2016<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"http:\/\/brecha.com.uy\/\">http:\/\/brecha.com.uy\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>\u201cLa comida es poder\u201d, dice Gustavo en una enorme ronda de cooperativistas que reflexionan sobre c\u00f3mo la escasez est\u00e1 afectando todos los proyectos y dejando a cada familia a la intemperie, en una situaci\u00f3n desesperada para conseguir los alimentos de cada d\u00eda. La lista de productos que han sido desviados al mercado negro por el \u201cbachaqueo\u201d (contrabando) es cada d\u00eda mayor, y esto empieza a afectar la cohesi\u00f3n social, al punto que no son pocos los que temen estallidos sociales.<\/p>\n<p>La contracara es la noche. En las grandes ciudades, apenas baja el sol las calles quedan desiertas, gobernadas por la soledad y la penumbra, ya que el temor a los robos hace que las familias abandonen \u2013y eso pasa hace a\u00f1os ya\u2013 la tradicional sociabilidad caribe\u00f1a, bullanguera, colectiva, callejera, para encerrarse en la seguridad del hogar. Apenas deambulan algunas parejas y casi no se ven personas solas desafiando la oscuridad de avenidas mal iluminadas.<\/p>\n<p>Sorprende sin embargo la circulaci\u00f3n de enormes coches de los a\u00f1os sesenta, los c\u00e9lebres \u201ccolachatas\u201d uruguayos que de-saparecieron hace tiempo de la geograf\u00eda urbana del continente. La falta de divisas para importar coches despierta el ingenio y, mientras pueden, los caraque\u00f1os y habitantes de otras ciudades venezolanas hacen rodar estos armatostes que ense\u00f1an los rasgos de una sociedad atravesada por escaseces de todo tipo. Junto a la seguridad, la falta de alimentos y de medicinas es el problema mayor en el d\u00eda a d\u00eda de los venezolanos.<\/p>\n<p>Hay situaciones casi rid\u00edculas. El d\u00f3lar oficial m\u00e1s bajo vale 13 bol\u00edvares, pero en el mercado negro se paga a m\u00e1s de 1.000. Es el d\u00f3lar para importar medicinas y alimentos regulados. Hay otro intermedio que se vender\u00eda a unos 300 bol\u00edvares. Pero todo es ficci\u00f3n, porque ninguno de los dos se consigue, siendo el Estado el \u00fanico que puede hacerlos circular. El resultado es que para todo hay que ir a abastecerse al mercado negro.<\/p>\n<p><strong>Baile de n\u00fameros<\/strong><\/p>\n<p>Las distorsiones de los precios suenan alucinantes y los relatos a realismo m\u00e1gico. Algunos ejemplos. Un quilo de harina \u201cregulada\u201d tiene un precio de 19 bol\u00edvares (subi\u00f3 a 190 hace apenas un d\u00eda), pero s\u00f3lo se consigue en el mercado negro pagando m\u00e1s de 1.000. Por cierto, algunos la pueden comprar, pero deben hacer largas colas, de horas y hasta d\u00edas, para hacerse con el tesoro a precio oficial. Salvo las personas con poder (armas o influencias), que se hacen de los alimentos sin tener que pasar por las incre\u00edbles filas que rodean las tiendas y supermercados que los venden.<\/p>\n<p>Una botella de medio litro de agua, que s\u00ed abundan, vale cien \u201cbolos\u201d (bol\u00edvares). El litro de nafta de 91 octanos tiene un precio de un bolo y la de 95 octanos de seis bolos. Se puede llenar un tanque de 50 litros por la mitad del precio de la botellita de agua. La garrafas de 18 quilos de gas cuestan 11 bolos, pero no las distribuyen (o sea, se las quedan los que pueden), y la gente debe pagarlas a 700 bol\u00edvares a los \u201cbachaqueros\u201d.<\/p>\n<p>El salario m\u00ednimo es de 18 mil bol\u00edvares. Si se mide por el d\u00f3lar a 300, ser\u00eda de unos 600 d\u00f3lares. Pero si se divide por el d\u00f3lar real, el paralelo, se reduce a apenas 18 d\u00f3lares. O sea, nada. Por eso la gente se pelea por conseguir los productos a los precios regulados, porque es la \u00fanica forma de que el dinero le rinda. La mayor\u00eda hace las colas, donde se deprime y enfurece, y cuando no tiene m\u00e1s remedio acude al bachaqueo.<\/p>\n<p>El problema se agrava porque los productos que faltan son cada vez m\u00e1s numerosos. Leche no se encuentra. Los alimentos b\u00e1sicos (harinas, fideos, arroz) tampoco. Ahora las cosas se agravan por la falta de gas y, en los \u00faltimos meses, por la falta de energ\u00eda el\u00e9ctrica, producto de la sequ\u00eda que est\u00e1 provocando cortes de luz rotativos de tres y cuatro horas diarias. La inflaci\u00f3n trep\u00f3 a m\u00e1s del 700 por ciento en 2015 y se espera que este a\u00f1o alcance los cuatro d\u00edgitos. El billete mayor es el de 100 bol\u00edvares. Pero el autob\u00fas vale 50. El aumento vertiginoso de precios no ha ido acompa\u00f1ado de la emisi\u00f3n de billetes mayores, y la gente empieza a salir a la calle con bolsas cargadas de papeles de 20 y 50 bol\u00edvares con los que les suelen pagar los salarios y las jubilaciones.<\/p>\n<p>Todos se preguntan cu\u00e1nto tiempo puede durar esta situaci\u00f3n. \u201cEl tiempo que los militares decidan\u201d, responde uno de los participantes en la ronda cooperativista. Al parecer comienzan a verse fisuras en los cuerpos militares que hacen imprevisible el desenlace de una crisis que, en realidad, va mucho m\u00e1s all\u00e1 de una simple crisis: una sociedad que se descompone, que ya no tiene referencias y parece estar siendo tragada por una espiral fuera de control.<\/p>\n<p>Pero los rasgos de la descomposici\u00f3n se sienten en todos los sectores y actitudes, no s\u00f3lo respecto de la comida. Hay toda una industria de falsificaci\u00f3n de partidas de nacimiento para poder comprar pa\u00f1ales a precios regulados. Algunas familias que tienen el \u201cprivilegio\u201d de tener un discapacitado, lo \u201calquilan\u201d, porque hay colas especiales para que reciban alimentos a precios reducidos.<\/p>\n<p>Pero la clave de la situaci\u00f3n se encuentra en la ca\u00edda de la producci\u00f3n, en general, y de alimentos en particular. El Estado fue ganando presencia en la econom\u00eda, pero a medida que expropiaba o nacionalizaba empresas la ineficiencia iba ganando nuevos sectores. Una gangrena que comenz\u00f3 llam\u00e1ndose \u201crentismo petrolero\u201d y termin\u00f3 afectando a todo el cuerpo social.<\/p>\n<p>Sin embargo, hablar de contrabando\/bachaqueo puede inducir a error. Existen, sin duda, redes de bachaqueros que cuentan con la complicidad de los uniformados (polic\u00edas y militares) y de poderosos empresarios. Ser\u00eda ingenuo dudar que algunos de ellos son c\u00f3mplices de poderes globales, el \u201cimperialismo\u201d que denuncia el gobierno a toda hora. Pero el bachaqueo es mucho m\u00e1s que eso, est\u00e1 presente en todos los poros de la sociedad y le impide respirar.<\/p>\n<p>El se\u00f1or que compra una comida en un comedor a precio regulado y sale a la calle para venderla a diez veces lo que pag\u00f3 no forma parte de ninguna red ilegal. As\u00ed sucede con muchas personas, un porcentaje imposible de establecer pero cada d\u00eda mayor. Son actitudes que ya se volvieron cultura, para algunos son modos de acumulaci\u00f3n y para otros formas de supervivencia. Lo cierto es que la sociedad no s\u00f3lo las tolera sino que vive de ellas: unos como bachaqueros y otros como consumidores. \u201cEs el pobre especulando con el pobre\u201d, dice Jorge Rath, de la red de cooperativas Cecosesola. Ahora el gobierno se propuso entregar una bolsa de alimentos a cada familia como forma de enfrentar la crisis de escasez. Pero al segundo mes ya no tienen con qu\u00e9 llenar las bolsas. Las empresas privadas no entregan mercader\u00eda si no se les paga al contado. Y las empresas estatales naufragan en la improductividad y el despilfarro. La entrega de bolsas tambi\u00e9n tiene otros efectos: la gente debe anotarse en una lista, y siempre est\u00e1 el temor de que si protesta la saquen de la lista.<\/p>\n<p>Al parecer, se vive al d\u00eda. Ni el gobierno tiene un plan a mediano plazo. La impresi\u00f3n es que todos los planes, que se anuncian medi\u00e1ticamente con bombos y platillos, se los lleva el viento de la degradaci\u00f3n colectiva. \u201cEstamos pasando del rentismo a la depredaci\u00f3n\u201d, remata Jorge. Quiz\u00e1 la mejor forma de describir un modelo de sociedad que descans\u00f3 en los altos precios del petr\u00f3leo y, cuando \u00e9stos se evaporaron, perdi\u00f3 el rumbo y apenas le queda mirar alrededor para ver qui\u00e9n tiene, y quit\u00e1rselo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa comida es poder\u201d, dice Gustavo en una enorme ronda de cooperativistas que reflexionan sobre c\u00f3mo la escasez est\u00e1 afectando todos los proyectos y dejando a cada familia a la intemperie, en una situaci\u00f3n desesperada para conseguir los alimentos de cada d\u00eda. 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