{"id":51831,"date":"2026-02-14T19:21:05","date_gmt":"2026-02-14T18:21:05","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=51831"},"modified":"2026-02-14T19:21:05","modified_gmt":"2026-02-14T18:21:05","slug":"izquierda-lecturas-la-izquierda-atrapada-pasado-reciente-futuro-ausente-entrevista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=51831","title":{"rendered":"Izquierda \/ Lecturas &#8211; La izquierda atrapada: pasado reciente, \u00bffuturo ausente? [Entrevista]"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><sub>Vania Markarian y Aldo Marchesi.<\/sub><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-dc9f619d2484347624a3cb8dac6c11d4 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><strong>Entrevista a Aldo Marchesi y Vania Markarian<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-8fcd8baa7d7d83f7bcda32b8862fbab7 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><strong>Mariano Schuster<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-d0b511b9735b5e35149dea0c7f204cd9 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><strong><em><a href=\"https:\/\/nuso.org\/articulo\/izquierda-memoria-futuro-transicion-dictaduras-historia\/\">Nueva Sociedad<\/a><\/em>, febrero de 2026<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-d42311ce7a994a65c963be543bad4817 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><strong><em><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a><\/em>, 14-2-2026<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-445a0d2407eebbc6f479f875cb8f1526 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>La forma en que se estudi\u00f3 y narr\u00f3 el pasado reciente en el Cono Sur fue clave para consolidar consensos democr\u00e1ticos y antiautoritarios, pero hoy muestra claros l\u00edmites. Atrapadas en una temporalidad corta, las izquierdas parecen tener dificultades para comprender la crisis actual y pensar futuros alternativos frente al avance de las derechas. En esta entrevista, los historiadores Aldo Marchesi y Vania Markarian analizan ese encierro temporal y sus consecuencias pol\u00edticas e historiogr\u00e1ficas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-eb42f8bc2453d54c6f48662a5d52a7ef wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Aldo Marchesi y Vania Markarian son historiadores uruguayos y referentes en el estudio del pasado reciente del Cono Sur, con una extensa trayectoria dedicada a pensar las relaciones entre historia, pol\u00edtica, memoria y democracia en Am\u00e9rica Latina. Formados en la Universidad de la Rep\u00fablica y especializados en historia reciente, ambos han desarrollado investigaciones que dialogan de manera constante con los debates p\u00fablicos sobre derechos humanos, transiciones democr\u00e1ticas y proyectos de izquierda. Sus trabajos combinan una s\u00f3lida producci\u00f3n acad\u00e9mica con una intervenci\u00f3n intelectual atenta a los dilemas pol\u00edticos de su tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-adfab9700e7b59a102158aca2b1461be wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">En <em>El tiempo no para. Historia, crisis y futuro para pensar proyectos de izquierda<\/em>, Marchesi y Markarian proponen una revisi\u00f3n cr\u00edtica de los marcos temporales con que se interpret\u00f3 la experiencia democr\u00e1tica desde la salida de las dictaduras. A partir de la noci\u00f3n de \u00abencierro temporal\u00bb, el libro interroga los l\u00edmites de una lectura centrada en la transici\u00f3n y los derechos humanos para comprender el presente y proyectar futuros alternativos. En esta entrevista, ambos reflexionan sobre la crisis de los imaginarios progresistas, el avance de las derechas y el papel del oficio historiogr\u00e1fico en la disputa por el sentido del tiempo hist\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-e2ca7fc6ffbe88c1bcc24e24a7f3a628 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>En <\/em>El tiempo no para. Historia, crisis y futuro para pensar proyectos de izquierda<em> proponen una mirada en la que se hace visible una cr\u00edtica de los marcos temporales con que se ha tendido a pensar la historia reciente de Am\u00e9rica Latina. En buena medida, plantean la existencia de una suerte de \u00abencierro temporal\u00bb, organizado en torno de la secuencia dictadura\u2013transici\u00f3n\u2013democracia, que limita la reflexi\u00f3n sobre la coyuntura pol\u00edtica actual, caracterizada por la emergencia de las extremas derechas y la notoria incapacidad de las izquierdas para pensar proyectos de futuro alternativos. \u00bfCu\u00e1les son los problemas que identifican en la forma en que se ha estudiado el pasado reciente y en qu\u00e9 modos creen que est\u00e1 limitando la capacidad de los progresismos para imaginar horizontes pol\u00edticos novedosos?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-fc3b4bc95a04cf9d2821a4bc0c01441f wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>Aldo Marchesi<\/em>: La met\u00e1fora del \u00abencierro temporal\u00bb me parece particularmente productiva porque nos permite reflexionar sobre la propia \u00abcocina\u00bb del libro. Tanto Vania como yo somos historiadores formados en el campo de la historia reciente, que durante mucho tiempo fue expansivo y que propici\u00f3 ciertas formas de mirar el pasado que entroncaban, aunque de modo indirecto, con las perspectivas de diversos proyectos democr\u00e1ticos y progresistas. Nunca concebimos nuestro trabajo como neutral ni desligado del compromiso pol\u00edtico, pero tampoco desde una identificaci\u00f3n r\u00edgida entre militancia e historiograf\u00eda. Lo que s\u00ed ten\u00edamos claro es que el campo de estudios de la \u00abhistoria reciente\u00bb estaba asociado a una determinada forma de organizar el tiempo hist\u00f3rico y de interpretar las democracias del Cono Sur. Esa forma de organizaci\u00f3n del tiempo hist\u00f3rico hac\u00eda eje en la defensa de los derechos humanos, la reivindicaci\u00f3n del \u00abNunca M\u00e1s\u00bb a las dictaduras, y tend\u00eda a pensar, fundamentalmente, que las transiciones democr\u00e1ticas hab\u00edan implicado el desarrollo de una serie de consensos democr\u00e1ticos m\u00e1s o menos inamovibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-f964e9f9f2319e5ba1ccf3ad86cafbcc wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Con el paso de los a\u00f1os, empezamos a sentir que ese marco se hab\u00eda vuelto problem\u00e1tico para pensar fen\u00f3menos contempor\u00e1neos, que exig\u00edan una reflexi\u00f3n desde temporalidades m\u00e1s extensas. Nos percatamos de que ese ciclo corto \u2013que suele comenzar en los a\u00f1os 1960, atravesar las dictaduras y extenderse hasta las transiciones democr\u00e1ticas e incluso hasta el llamado ciclo progresista de la \u00abmarea rosa\u00bb\u2013&nbsp;se hab\u00eda convertido en el horizonte casi exclusivo para explicar los problemas contempor\u00e1neos. Eso no implicaba renegar del estudio de ese periodo, sino reconocer que ese marco temporal ya no alcanzaba para comprender muchas de las din\u00e1micas actuales. El propio debate p\u00fablico empezaba a demandar explicaciones en escalas m\u00e1s amplias, mientras que desde la academia segu\u00edamos respondiendo con categor\u00edas ancladas en ese recorte temporal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-36eade2edfa24378382afe96bf6e6b17 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">La limitaci\u00f3n de esa mirada se volvi\u00f3 evidente en los \u00faltimos a\u00f1os, sobre todo con la emergencia de derechas radicalizadas. Un caso ejemplar es el argentino, donde figuras como el propio presidente Javier Milei plantean que los problemas de su pa\u00eds comenzaron con el gobierno del presidente Hip\u00f3lito Yrigoyen, de la Uni\u00f3n C\u00edvica Radical, en la segunda d\u00e9cada del siglo XX, o con el surgimiento mismo de la idea de justicia social. Fue as\u00ed como percibimos que, a diferencia de lo que suced\u00eda en las izquierdas, pero tambi\u00e9n en el propio mundo acad\u00e9mico ligado a la reflexi\u00f3n sobre la historia reciente, las derechas mostraban una apertura a temporalidades m\u00e1s extensas que entroncan con discusiones sobre el Estado de bienestar, el desarrollo capitalista y la historia larga del siglo XX. Las derechas apelan al pasado nacional, a la tradici\u00f3n, a la genealog\u00eda del Estado y a la familia como categor\u00edas de larga duraci\u00f3n. Y, en ese sentido, apuestan por pensar el presente desde temporalidades m\u00e1s largas. Frente a eso, los progresismos, y las propias ciencias sociales, quedan muchas veces atrapados en el ciclo corto de la historia reciente, sin herramientas para disputar esa ampliaci\u00f3n del tiempo hist\u00f3rico. De ah\u00ed la necesidad de romper el encierro temporal: poner la historia reciente en di\u00e1logo con temporalidades m\u00e1s largas, sin abandonarla como objeto de estudio, pero s\u00ed descentr\u00e1ndola.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-e84613fd6f7c27ac827d0f7e89a12cff wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Junto a ese encierro temporal, el libro tambi\u00e9n identifica lo que podr\u00edamos llamar un \u00abencierro focal\u00bb. La historia reciente qued\u00f3 asociada casi exclusivamente a una noci\u00f3n muy espec\u00edfica de derechos humanos, ligada a los procesos de transici\u00f3n democr\u00e1tica. Aunque reconocemos que se trata de un concepto profundamente disputado, su uso dominante se consolid\u00f3 en un ciclo relativamente corto y termin\u00f3 funcionando como un prisma \u00fanico para leer la realidad social. Ese enfoque permiti\u00f3 visibilizar ciertas formas de violencia, especialmente la violencia f\u00edsica estatal, pero al mismo tiempo opac\u00f3 otros problemas estructurales y promovi\u00f3 una forma particular de pensar la pol\u00edtica centrada en la figura de la v\u00edctima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-846685be800c42cb33808c3c8768ccee wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>En el libro ustedes son claros a la hora de se\u00f1alar que se dirigen al p\u00fablico lector en tanto historiadores y, en ese sentido, plantean una serie de discusiones sobre las formas en que se ha abordado la historia reciente. Al mismo tiempo, muestran una vocaci\u00f3n clara de que esa intervenci\u00f3n historiogr\u00e1fica pueda contribuir a echar luz sobre la crisis de proyectos de izquierda y progresistas, de los cuales se sienten cercanos. &nbsp;\u00bfC\u00f3mo piensan el lugar de enunciaci\u00f3n, a caballo entre una posici\u00f3n pol\u00edtica y una intervenci\u00f3n historiogr\u00e1fica? \u00bfDe qu\u00e9 modo esa doble inscripci\u00f3n condiciona la forma en que leen el presente y elaboran su reflexi\u00f3n hist\u00f3rica y pol\u00edtica?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-c7ab443e4597231adeecaea5ab7f6bc8 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>Vania Markarian<\/em>: Uno de los puntos fundamentales del libro es el del lugar desde el cual hablamos y las formas en que ese lugar es le\u00eddo. Muchas veces el libro es interpretado por nuestros colegas como una suerte de manifiesto historiogr\u00e1fico, mientras que quienes se acercan desde la pol\u00edtica tienden a verlo como un posicionamiento expl\u00edcito de izquierda. Esa ambig\u00fcedad, que el propio libro no termina de resolver del todo, forma parte de su sentido: estamos interviniendo como historiadores en un momento de crisis pol\u00edtica y es desde ese registro profesional, pero inevitablemente pol\u00edtico, que intentamos organizar nuestra reflexi\u00f3n. En esto hay un gesto de sinceramiento respecto de nuestras propias tradiciones, nuestras certezas y nuestras repeticiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-c9fa32bb5266c62455f54161f2531fb5 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>El tiempo no para<\/em> intenta hacerse cargo de una incomodidad que nosotros mismos sentimos y que se vincula a la forma en que el periodo en que vivimos es presentado como una excepcionalidad. Y esa expresi\u00f3n (la de excepcionalidad), que se utiliz\u00f3 mucho para referirse a las dictaduras, para caracterizar el terrorismo de Estado, vuelve ahora a la esfera p\u00fablica porque se la convoca para nombrar a los nuevos autoritarismos o a los gobiernos de la extrema derecha. Cuando se dice que los gobiernos de Milei o, anteriormente, el de Jair Bolsonaro en Brasil, son \u00abgobiernos de ocupaci\u00f3n\u00bb, lo que se est\u00e1 manifestando es una excepcionalidad, una anomal\u00eda. Y esto es as\u00ed porque se piensa todo bajo el prisma de una temporalidad corta, signada por el fin de las dictaduras y el pasaje a una democracia con contornos muy definidos. Y en esa democracia no parec\u00edan caber proyectos radicalizados o autoritarios como los que se expresan hoy con las nuevas derechas, en tanto se supon\u00eda que hab\u00eda una serie de consensos m\u00ednimos y b\u00e1sicos que resultar\u00edan perdurables en el tiempo. Pero, como dec\u00eda Aldo, si abrimos la mirada a otras temporalidades m\u00e1s extensas, podr\u00edamos llegar a la conclusi\u00f3n de que no se trata de ninguna excepcionalidad, y reinsertar estos procesos en marcos hist\u00f3ricos m\u00e1s amplios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-2d849f88a379bfc7c1679a1eb0569414 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>El libro se centra, muy espec\u00edficamente, en las experiencias del Cono Sur. \u00bfCu\u00e1les son los problemas del marco de estudio del pasado reciente que llevaron o llevan a esa incapacidad de comprender el presente e imaginar otro futuro?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-611cf5f2f90ad6caaf021eb7784f3cee wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>VM: <\/em>El marco conceptual con el que estudiamos las \u00faltimas dictaduras (y luego los procesos de transici\u00f3n a la democracia) fue extraordinariamente productivo en t\u00e9rminos \u00e9ticos, pol\u00edticos e historiogr\u00e1ficos, pero hoy tambi\u00e9n nos genera ruido. Desde hace m\u00e1s de una d\u00e9cada venimos interrog\u00e1ndonos sobre c\u00f3mo reintegrar ese ciclo a historias m\u00e1s largas de nuestras sociedades, c\u00f3mo volver a conectarlo con procesos previos de acumulaci\u00f3n, modernizaci\u00f3n y construcci\u00f3n democr\u00e1tica y, al mismo tiempo, con su crisis. Lo que aparece como dificultad es ubicar los procesos que vivimos, las crisis y los fen\u00f3menos de las \u00faltimas d\u00e9cadas en temporalidades m\u00e1s extensas; tendemos a percibirlas como irrupciones s\u00fabitas, como algo que irrumpe sin historia, cuando en realidad forman parte de trayectorias m\u00e1s extensas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-50127c2a3d06e726fc0ba3ad6b819e2a wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Si miramos en perspectiva, las democracias que se consolidaron en Am\u00e9rica Latina desde la d\u00e9cada de 1980 compartieron una misma forma de relacionarse con el pasado. M\u00e1s all\u00e1 de las diferencias entre los distintos pa\u00edses, se impuso una lectura que marcaba una frontera moral muy n\u00edtida con las dictaduras, pero que al mismo tiempo explicaba el presente democr\u00e1tico como resultado directo de ese pasado conflictivo y autoritario (en el que se condenaba, de un modo u otro, no solo la violencia estatal, sino tambi\u00e9n el periodo de violencia pol\u00edtica asociado a las izquierdas y los proyectos revolucionarios). No se trataba de un pasado cerrado, sino de uno todav\u00eda activo, al que hab\u00eda que volver una y otra vez para sostener la legitimidad del orden democr\u00e1tico. Con el tiempo, esta operaci\u00f3n tuvo un efecto adicional: la transici\u00f3n dej\u00f3 de pensarse como una etapa hist\u00f3rica y pas\u00f3 a convertirse en un marco normativo incuestionable. La democracia realmente existente se naturaliz\u00f3 como el \u00fanico horizonte imaginable, y el futuro qued\u00f3, en buena medida, absorbido por un presente que parec\u00eda no abrir alternativas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-bca42cd807c1bf519bdd82e515a49569 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Esta concepci\u00f3n del tiempo tambi\u00e9n atraves\u00f3 la producci\u00f3n acad\u00e9mica y la intervenci\u00f3n p\u00fablica de muchos universitarios. La \u00abhistoria reciente\u00bb, tal como se fue configurando, no solo delimit\u00f3 un periodo de estudio, sino que funcion\u00f3 como un saber orientado a reafirmar y proteger ese presente democr\u00e1tico. Pero, tal como dec\u00eda, las transformaciones de los \u00faltimos a\u00f1os, en las cuales se ha hecho patente la emergencia de una derecha radicalizada, que pone en tensi\u00f3n muchos de los consensos que se cre\u00edan garantizados en torno de esa forma de comprender la democracia, obligan a repensar esa concepci\u00f3n temporal. En ese sentido, tenemos el convencimiento de que el oficio historiogr\u00e1fico puede aportar algo espec\u00edfico en cuanto a la cuesti\u00f3n de las temporalidades. La pregunta central es c\u00f3mo pensar este presente sin aislarlo, sin pensarlo como excepci\u00f3n. Es decir, c\u00f3mo evitar que cada crisis \u2013sea la de los nuevos autoritarismos o la que atravesamos hoy\u2013&nbsp;aparezca como ca\u00edda del cielo, sin genealog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-8d6a08060d883fa99373a360e55ebad0 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Tal vez el camino tenga que ver con revisar la forma en que fijamos la excepcionalidad de las dictaduras y reintroducir esos procesos en tramas hist\u00f3ricas m\u00e1s largas, que nos permitan volver a pensar pasado, presente y futuro en relaci\u00f3n; es decir, recomponer reg\u00edmenes de temporalidad que hoy parecen agotados. Ah\u00ed est\u00e1, en buena medida, el esfuerzo: no abandonar lo que ese marco produjo, sino complejizarlo para que vuelva a servirnos para entender el tiempo que estamos viviendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-6838afc22db6aa0c8d1bd7669a8f0cd0 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Por otra parte, creo que hay un problema asociado a la sensibilidad generacional. Aldo y yo, como muchos otros historiadores e historiadoras que hemos trabajado sobre la historia reciente, vivimos las transiciones democr\u00e1ticas y comprendemos el tipo de violencia que vinieron a enfrentar las democracias nacientes. Sin embargo, creo que hay una sensibilidad generacional que dificulta la transmisi\u00f3n de estas cuestiones a quienes nacieron en una \u00e9poca marcada por otras violencias: desigualdad cr\u00f3nica, crimen organizado, desindustrializaci\u00f3n, precariedad laboral. Para un adolescente de un barrio perif\u00e9rico, la frase \u00abla violencia estatal pertenece al pasado\u00bb puede sonar vac\u00eda o incluso ofensiva. Cuando la memoria no logra conectar con el presente, pierde potencia democr\u00e1tica. Y esa desconexi\u00f3n es una de las grietas que las derechas est\u00e1n aprovechando con enorme eficacia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-039a6f7b7cd51fa2c03f02da37a4b5cc wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>En <\/em>El tiempo no para<em> ustedes analizan el pasaje de concepciones de los derechos humanos abiertas, politizadas y vinculadas a proyectos de transformaci\u00f3n social, a otras que los presentan como marcos normativos estables, cerrados y desligados de horizontes emancipatorios m\u00e1s amplios. \u00bfC\u00f3mo se explica hist\u00f3ricamente esa transformaci\u00f3n?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-8f65be2765688b2d18f7edc54cb920ee wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>AM:<\/em> Creo que hay una paradoja muy fuerte en las d\u00e9cadas de 1980 y 1990. Por un lado, se trata de un periodo de enorme riqueza intelectual en Am\u00e9rica Latina, atravesado por debates intensos sobre la relaci\u00f3n entre socialismo, democracia y derechos. Sin embargo, en su traducci\u00f3n pol\u00edtica, ese caudal reflexivo fue derivando hacia un horizonte de imposibilidad. La democracia pas\u00f3 a ser concebida no solo como una conquista hist\u00f3rica, sino como un tiempo cerrado sobre s\u00ed mismo: un orden de caracter\u00edsticas particulares destinado a permanecer de modo inalterado: con un sistema pol\u00edtico claramente delimitado, un mercado naturalizado, unos movimientos sociales acotados a una serie de demandas, y un lenguaje de derechos desligado de proyectos transformadores m\u00e1s amplios. En ese marco, la pol\u00edtica de izquierda tendi\u00f3 a perder ideas fuertes y a desligarse de proyectos emancipatorios m\u00e1s ambiciosos. En buena medida, se inscribi\u00f3 en lo que gen\u00e9ricamente se llam\u00f3 el \u00abfin de la historia\u00bb, como expresi\u00f3n de un clima epocal m\u00e1s extenso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-301e901bb0788865672de54644c48dc4 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Ese proceso, sin embargo, no comienza en la d\u00e9cada de 1990. Tiene antecedentes claros a fines de los a\u00f1os 70 y, sobre todo, en la d\u00e9cada de 1980, cuando se produjeron debates profundos sobre derechos humanos en el Cono Sur. All\u00ed se verific\u00f3 una reformulaci\u00f3n en las izquierdas respecto de esa noci\u00f3n, que inicialmente fue abierta, ambigua y pol\u00edticamente disputada. Los derechos humanos pod\u00edan significar cosas muy distintas, a tal punto que pod\u00edan llegar a incluir el derecho a la rebeli\u00f3n o a la transformaci\u00f3n radical del orden social. Sin embargo, hacia fines de las d\u00e9cadas de 1970 y, sobre todo, durante los a\u00f1os 80, esas discusiones comenzaron a converger con una determinada concepci\u00f3n de la pol\u00edtica y del tiempo hist\u00f3rico: la de la democracia liberal como horizonte definitivo, como forma permanente y cerrada sobre s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-a15ebeb2450adb36e3f1112eeeb39e3f wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">En los a\u00f1os 90, ese encuadre se consolid\u00f3 en un contexto de derrotas m\u00faltiples para la izquierda latinoamericana: la crisis del mundo socialista, la derrota de la revoluci\u00f3n nicarag\u00fcense, la transformaci\u00f3n de la socialdemocracia europea y el agotamiento de los intentos de pol\u00edticas econ\u00f3micas heterodoxas en la regi\u00f3n, que hab\u00edan derivado en hiperinflaci\u00f3n y desorden social. En ese escenario, la salida de las dictaduras apareci\u00f3 casi como el \u00fanico punto de apoyo disponible para construir sentido hist\u00f3rico y legitimidad pol\u00edtica. Esa referencia fue contingente, comprensible y necesaria, pero al mismo tiempo se volvi\u00f3 excluyente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-fc9b55d6017aba7ba136163ddacbee08 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">El problema es que, sobre ese anclaje, result\u00f3 muy dif\u00edcil agregar nuevas capas de sentido: pensar el largo plazo, reconstruir horizontes ideol\u00f3gicos, articular proyectos que excedieran la mera defensa de la democracia existente y la ampliaci\u00f3n de derechos para grupos postergados. All\u00ed se produjo una ruptura cuyo impacto todav\u00eda no hemos terminado de evaluar del todo. El campo de los derechos humanos es un observatorio privilegiado para analizar ese tr\u00e1nsito desde la d\u00e9cada de 1970 hasta comienzos del siglo XXI: c\u00f3mo una noci\u00f3n inicialmente abierta y politizada se fue estabilizando en un lenguaje moral y temporal que, si bien fue central para la consolidaci\u00f3n democr\u00e1tica, tambi\u00e9n termin\u00f3 limitando la capacidad de imaginar otros futuros posibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-32188c13ba652adf9ba26abe9de067d9 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>\u00bfEn qu\u00e9 medida estos cambios, que podr\u00edan sintetizarse en el pasaje de la idea de revoluci\u00f3n a una concepci\u00f3n basada en un lenguaje de los derechos humanos, impactaron progresivamente sobre las izquierdas del Cono Sur? \u00bfEn qu\u00e9 t\u00e9rminos las experiencias progresistas de la d\u00e9cada de 2000 fueron herederas del lenguaje transicional?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-c73defd7a10905c38d2a09ef2960f84d wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>VM:<\/em> Tengo la impresi\u00f3n de que impactaron de manera profunda. De hecho, una de las cuestiones abordadas en el libro que ha generado mayor impresi\u00f3n ha sido la idea del pasaje de las izquierdas desde el horizonte de la revoluci\u00f3n hacia el lenguaje de los derechos humanos. Es interesante porque no se trata de una idea nueva en t\u00e9rminos historiogr\u00e1ficos \u2014yo misma trabaj\u00e9 ese desplazamiento hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os\u2014, pero sigue siendo una transformaci\u00f3n dif\u00edcil de asimilar en toda su profundidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-aa75499a6e1ec8814b4f8e68e5addbe5 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Ese cambio no fue homog\u00e9neo ni simult\u00e1neo, pero implic\u00f3 una mutaci\u00f3n hist\u00f3rica profunda, en tanto redefini\u00f3 la pol\u00edtica y a la propia militancia: de una relaci\u00f3n entre cuerpo y pol\u00edtica en la que el cuerpo se pon\u00eda en juego como instrumento de una ideolog\u00eda, a otra en la que la acci\u00f3n pol\u00edtica se orienta prioritariamente a la protecci\u00f3n de la integridad f\u00edsica de quienes antes eran concebidos como h\u00e9roes o m\u00e1rtires de la revoluci\u00f3n y pasan a ser nombrados como v\u00edctimas de violaciones a los derechos humanos. Ese desplazamiento es pol\u00edtico e ideol\u00f3gico, pero tambi\u00e9n cultural. Sus efectos han sido enormes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-eaabceba921c4bcc5637bd77ec714f92 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">La consolidaci\u00f3n de ese proceso se produjo en el marco de una doble transici\u00f3n que todav\u00eda no ha sido suficientemente estudiada. Por un lado, la transici\u00f3n a las democracias en el Cono Sur; por otro, el final de la Guerra Fr\u00eda y la reconfiguraci\u00f3n global que implic\u00f3 el pasaje del socialismo al capitalismo como horizonte pr\u00e1cticamente exclusivo. De ese cruce surge una promesa ambigua: la idea de que el aprendizaje hist\u00f3rico realizado \u00aba sangre y fuego\u00bb deb\u00eda servir para defender lo alcanzado, aunque no siempre estuviera claro qu\u00e9 era exactamente eso que se defend\u00eda. Se instala as\u00ed un ideal de fin de la violencia, de clausura del enfrentamiento, acompa\u00f1ado por pol\u00edticas orientadas a reparar injusticias puntuales del pasado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-4f580df5a0b4c7382b0715fbb4ca2e3f wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">En ese contexto, el sujeto pol\u00edtico universal comienza a fragmentarse en categor\u00edas cada vez m\u00e1s espec\u00edficas de v\u00edctimas, y las pol\u00edticas p\u00fablicas se organizan de forma crecientemente sectorial. Ese lenguaje termina por convertirse en un sentido com\u00fan transversal, que ya no se percibe como de izquierda o de derecha, sino como propio del orden de la Posguerra Fr\u00eda, con sus matices y variaciones. Los gobiernos progresistas del Cono Sur retomaron esa agenda, incorporando adem\u00e1s un fuerte componente pragm\u00e1tico: la idea de que \u00abesto es lo posible\u00bb, \u00abesto es lo que hay\u00bb y \u00abesto es lo que se puede defender\u00bb, acompa\u00f1ada muchas veces por la noci\u00f3n impl\u00edcita de que no exist\u00eda nada a la izquierda de ese programa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-7699fe08c65c5a5b424d21edc3d8bddb wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Ah\u00ed se configura un problema de orden cultural e imaginario de enorme alcance. Si a la izquierda no hay nada, entonces el \u00fanico crecimiento posible es el de las derechas. En sociedades atravesadas por desigualdades persistentes, segregaciones, descontentos sociales y m\u00faltiples formas de crisis, esa clausura del horizonte transforma el conflicto pol\u00edtico en una deriva casi autom\u00e1tica. Dicho de otro modo: no podemos pensar a las izquierdas solo como v\u00edctimas del avance conservador. Eso no nos permite pensar claramente el presente. Hoy es necesario mirar cr\u00edticamente lo que las propias izquierdas hicieron, especialmente durante el ciclo progresista, cuando tuvieron m\u00e1s de una d\u00e9cada para gobernar y desplegar programas propios. Sin ese ejercicio de reflexi\u00f3n hist\u00f3rica, resulta dif\u00edcil comprender el presente y, sobre todo, imaginar alternativas que no queden atrapadas entre la defensa nost\u00e1lgica de un orden agotado y la expansi\u00f3n de proyectos reaccionarios.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"656\" height=\"371\" data-attachment-id=\"51839\" data-permalink=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?attachment_id=51839\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/America14022026-II.jpg?fit=1143%2C646&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"1143,646\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Am\u00e9rica14022026 II\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/America14022026-II.jpg?fit=656%2C371&amp;ssl=1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/America14022026-II.jpg?resize=656%2C371&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-51839\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/America14022026-II.jpg?resize=1024%2C579&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/America14022026-II.jpg?resize=300%2C170&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/America14022026-II.jpg?resize=768%2C434&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/America14022026-II.jpg?w=1143&amp;ssl=1 1143w\" sizes=\"auto, (max-width: 656px) 100vw, 656px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><sub><em>El tiempo no para: historia, crisis y futuro para pensar proyectos de izquierda<\/em>. 164 p\u00e1ginas. Ediciones del Berret\u00edn, Montevideo, 2025<\/sub><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-70b392a5d6d43cf8209fc77ad73d1acb wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>El diagn\u00f3stico que ustedes realizan funciona muy bien para el Cono Sur, pero \u00bfqu\u00e9 pasa con otras experiencias del ciclo progresista, como las de Venezuela y Nicaragua? \u00bfQu\u00e9 sucede con esas experiencias que se plantearon como m\u00e1s \u00abradicales\u00bb y que repusieron una fraseolog\u00eda y una simbolog\u00eda de tipo revolucionaria? \u00bfEn qu\u00e9 medida el hecho de que esas experiencias acabaran en crisis o autoritarismos muy n\u00edtidos nos habla de una doble crisis de las izquierdas en la regi\u00f3n?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-5a92ebeb93010137ae6c3f362766fa43 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>AM:<\/em> La noci\u00f3n de radicalidad plantea una serie de problemas anal\u00edticos que conviene abordar con cautela. En muchos debates recientes, el t\u00e9rmino se vuelve r\u00e1pidamente objeto de disputas sem\u00e1nticas: qu\u00e9 es m\u00e1s radical, qu\u00e9 es menos radical, qu\u00e9 cuenta como radicalidad en contextos pragm\u00e1ticos o moderados. \u00bfEs radical una pol\u00edtica de mayor redistribuci\u00f3n y justicia social? \u00bfLo es un gesto simb\u00f3lico o cultural de ruptura? \u00bfLa integraci\u00f3n de los trabajadores al empleo formal constituye una medida radical o simplemente una correcci\u00f3n dentro del sistema? En el Cono Sur, esas discusiones han estado presentes de m\u00faltiples maneras y muestran la dificultad de estabilizar el concepto sin vaciarlo de contenido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-1f83e900d95b016b7108bbd190b65052 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Tal vez una v\u00eda alternativa para pensar el problema sea revisar el uso hist\u00f3rico de la noci\u00f3n de revoluci\u00f3n. En distintos contextos existieron intentos de reconceptualizar tanto la revoluci\u00f3n como el socialismo, pero en muchos casos esos esfuerzos tuvieron resultados problem\u00e1ticos o directamente desastrosos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-a4fe097f283efcc9433dd68b4172d5c1 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">En el texto nos concentramos deliberadamente en la experiencia progresista del Cono Sur, donde identificamos una fuerte impronta presentista en la forma de pensar la pol\u00edtica y la temporalidad. Sin embargo, tambi\u00e9n es cierto que en otros espacios latinoamericanos se ensayaron discusiones m\u00e1s expl\u00edcitas sobre el tiempo hist\u00f3rico y los horizontes de transformaci\u00f3n. Bolivia es un caso relevante en ese sentido. All\u00ed existi\u00f3 una reflexi\u00f3n intensa sobre la temporalidad, la historia larga y la reconfiguraci\u00f3n del Estado, y aunque hoy la experiencia atraviesa una crisis profunda, queda abierto el interrogante sobre qu\u00e9 efectos culturales, sociales y simb\u00f3licos persistir\u00e1n en el mediano plazo. Algo similar puede decirse de otros procesos latinoamericanos: Venezuela, por ejemplo, fue uno de los pocos casos en que se intent\u00f3 formular expl\u00edcitamente una idea de \u00absocialismo del siglo XXI\u00bb. Ese esfuerzo termin\u00f3 derivando en una forma de autoritarismo que remiti\u00f3 m\u00e1s al siglo XX que a una innovaci\u00f3n pol\u00edtica sustantiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-69ff2436ff5df97d81a9b54124821348 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">El problema central es que, en el Cono Sur, la capacidad de las izquierdas para ampliar los horizontes de imaginaci\u00f3n pol\u00edtica parece hoy particularmente limitada. Es posible que all\u00ed a\u00fan exista cierta potencialidad, pero no se trata de un desaf\u00edo sencillo ni de una respuesta evidente. Desde nuestro lugar como historiadores, lo que intentamos hacer es observar c\u00f3mo se pensaron hist\u00f3ricamente el tiempo, los derechos humanos, la revoluci\u00f3n y la democracia, y se\u00f1alar los l\u00edmites que esas formas de conceptualizaci\u00f3n imponen a la pol\u00edtica de izquierda en el presente. No nos proponemos ofrecer recetas ni prescripciones normativas sobre qu\u00e9 deber\u00eda hacerse, sino contribuir a una reflexi\u00f3n cr\u00edtica sobre los marcos temporales e imaginarios dentro de los cuales la pol\u00edtica sigue operando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-4132751c4deda125aa23dc7226cc341b wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>En definitiva, sostienen una posici\u00f3n cr\u00edtica respecto de los l\u00edmites que ciertas formas de entender el marco temporal democr\u00e1tico imprimieron a la izquierda, a la vez que reafirman otras cr\u00edticas: las que se dirigen a los proyectos revolucionarios m\u00e1s radicales de las d\u00e9cadas de 1960 y 1970, y a quienes buscaron actualizarlos en el siglo XXI.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-3c35040b3265ac15e8226f4d5f57736e wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>VM:<\/em> Seguimos identific\u00e1ndonos con muchos de los aprendizajes que dejaron las experiencias del pasado, incluida la cr\u00edtica a los proyectos revolucionarios de los a\u00f1os 70. Mirar con prevenci\u00f3n las utop\u00edas totalizantes y desconfiar de la promesa de un futuro radicalmente distinto sigue siendo, para nosotros, una actitud v\u00e1lida para pensar la pol\u00edtica contempor\u00e1nea. El problema \u2013y ah\u00ed el texto no ofrece una resoluci\u00f3n cerrada\u2013&nbsp;es c\u00f3mo sostener esos aprendizajes en un contexto en el que la bisagra hist\u00f3rica sigue abierta: c\u00f3mo defender la democracia como forma de convivencia sin renunciar a pensar problemas estructurales de larga duraci\u00f3n como la desigualdad, la injusticia, la segregaci\u00f3n o la marginaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-8f63af7278eb62c06e1a69b9f58eaf4f wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Ese dilema tambi\u00e9n es generacional. No estamos en condiciones de desentendernos de ese legado ni de desecharlo sin m\u00e1s. El texto intenta moverse en ese terreno inc\u00f3modo que Marcelo Casals sintetiz\u00f3 bien como la necesidad de \u00abcriticar sin romper\u00bb. Al final del recorrido, hay un conjunto de conquistas que no estamos dispuestos a abandonar: los derechos humanos, la memoria, la verdad y la justicia, el feminismo y la ampliaci\u00f3n de derechos. Ese es, en buena medida, el nudo de nuestra \u00e9poca: c\u00f3mo conservar ese piso normativo sin convertirlo en un techo pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-b0196aaa51658a6b6cb681a33859807e wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">En ese marco, hacemos referencias cr\u00edticas a otras experiencias de la izquierda latinoamericana \u2013como Nicaragua, Venezuela o Cuba\u2013, a veces incluso de manera tajante. Lo que quer\u00edamos se\u00f1alar es que esos proyectos no nos ofrecen hoy un horizonte de futuro, sino m\u00e1s bien una apelaci\u00f3n nost\u00e1lgica a una idea de revoluci\u00f3n asociada a otro momento hist\u00f3rico. No se trata de negar su importancia hist\u00f3rica, sino de advertir que esa noci\u00f3n de revoluci\u00f3n ya no logra articular una promesa transformadora capaz de dialogar con los desaf\u00edos del presente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-e001e5760ee0e249196e5e055ff28153 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Por eso no ofrecemos respuestas cerradas ni programas alternativos. No es una evasi\u00f3n, sino el reconocimiento de que el problema que intentamos formular \u2013c\u00f3mo combinar cr\u00edtica, memoria democr\u00e1tica y proyecci\u00f3n futura\u2013&nbsp;es complejo y todav\u00eda est\u00e1 lejos de resolverse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-fbed1845c9f26d985084567a6c485789 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>La lectura de <\/em>El tiempo no para <em>puede producir la sensaci\u00f3n de que el imaginario que permiti\u00f3 salir de las dictaduras y construir democracias liberales \u2013centrado en los derechos\u2013&nbsp;fue fundamental para consolidar reg\u00edmenes antiautoritarios, pero tambi\u00e9n termin\u00f3 siendo limitante para pensar alternativas m\u00e1s a la izquierda. Si miramos en una temporalidad m\u00e1s larga, existen otros proyectos de las izquierdas que no se reducen al modelo revolucionario cl\u00e1sico. \u00bfHay experiencias, tradiciones u horizontes emancipatorios que quedaron fuera de foco o se perdieron de vista con ese desplazamiento hacia el lenguaje de los derechos? \u00bfQu\u00e9 tipos de alternativas dejaron de discutirse en ese proceso?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-6d8b79217672d4c51b4c9a020c018ee1 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>VM:<\/em> Frente a esa pregunta creo que hay dos cuestiones. La primera tiene que ver con c\u00f3mo leemos la experiencia de los progresismos de la d\u00e9cada de 2000, es decir, el ciclo de la \u00abmarea rosa\u00bb. Lo que planteamos es que, en muchos sentidos, fueron la mejor versi\u00f3n posible de ese programa surgido de las transiciones democr\u00e1ticas: dentro de un esquema basado en la reparaci\u00f3n paulatina, la agenda de derechos y la institucionalizaci\u00f3n de las demandas, los progresismos llevaron ese proyecto tan lejos como era posible. En ese sentido, no se trata de una cr\u00edtica al fracaso, sino m\u00e1s bien de un reconocimiento de su \u00e9xito relativo. Asumieron el legado de las transiciones democr\u00e1ticas del Cono Sur y lo desplegaron hasta sus l\u00edmites. Por eso es importante inscribirlos en esa temporalidad de las nuevas democracias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-1cb4c12a620ff5022c460e8393f93cb6 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">La segunda cuesti\u00f3n tiene que ver con c\u00f3mo pensamos la idea de revoluci\u00f3n. No solo en su versi\u00f3n m\u00e1s reducida, asociada al cambio violento o a la toma del poder estatal, ni en las discusiones cl\u00e1sicas sobre las \u00abv\u00edas\u00bb al socialismo de las izquierdas de los a\u00f1os 60. Nos interesa recuperar una acepci\u00f3n m\u00e1s amplia, ligada a la enorme capacidad que tuvieron distintos actores pol\u00edticos, a lo largo del siglo XX, para imaginar futuros radicalmente distintos. En ese sentido, lo \u00abradical\u00bb y lo \u00abrevolucionario\u00bb no remiten tanto a un m\u00e9todo como a la posibilidad de pensar un corte profundo en la forma de percibir la injusticia, la desigualdad, la marginaci\u00f3n y otros problemas estructurales de larga duraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-d4d7c945c9b3fc43087f1db80dc3e851 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Lo que creemos que se perdi\u00f3 no es solo la revoluci\u00f3n como proyecto de transformaci\u00f3n total, sino tambi\u00e9n esa capacidad de imaginar que el futuro pod\u00eda ser verdaderamente distinto del presente. Recuperar esa dimensi\u00f3n imaginativa es, tal vez, hasta donde llegamos. Y ah\u00ed entra tambi\u00e9n el oficio historiogr\u00e1fico: c\u00f3mo leer el pasado no solo desde la figura de la v\u00edctima, sino tambi\u00e9n recuperando la acci\u00f3n colectiva y la agencia de los actores sociales. En debates como los del feminismo o la raza, la atenci\u00f3n puesta casi exclusivamente en las v\u00edctimas suele dificultar la posibilidad de pensar sujetos colectivos de cambio y tiende a reducir la acci\u00f3n pol\u00edtica a formas de resistencia m\u00e1s culturales que transformadoras. Algo similar ocurre con el lenguaje de los derechos humanos: en las \u00faltimas d\u00e9cadas, la llamada \u00abnueva agenda de derechos\u00bb, promovida por los progresismos de los a\u00f1os 2000, ampli\u00f3 el campo de derechos reconocidos, pero lo hizo mayormente a partir del reconocimiento de demandas espec\u00edficas. En lugar de fortalecer una idea m\u00e1s general de sujeto social, ese enfoque tendi\u00f3 a fragmentar la experiencia de la injusticia en m\u00faltiples grupos particulares, lo que vuelve m\u00e1s dif\u00edcil pensar un proyecto com\u00fan de transformaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-950d40dde95224d9da1f6ba506f88526 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">En este sentido, el desaf\u00edo es evitar que el pasado se convierta en un simple repertorio de ejemplos o an\u00e9cdotas identitarias. El pasado no se repite ni ofrece modelos replicables sin mediaciones: tiene condiciones estructurales propias. Pero s\u00ed puede funcionar como una herramienta cr\u00edtica, capaz de ayudarnos a recuperar la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica y a pensar futuros distintos sin quedar atrapados en la nostalgia ni en la mera gesti\u00f3n del presente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-efc6a88130701250c1ea13730babf721 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>Quer\u00eda preguntarles por el uso que hacen de autores como Didier Fassin y Samuel Moyn, en particular sobre la \u00abliteratura de la compasi\u00f3n\u00bb y el desplazamiento del lenguaje de la justicia hacia el de las v\u00edctimas. \u00bfC\u00f3mo dialogan esas perspectivas con la experiencia de los progresismos del Cono Sur, donde el horizonte de los derechos tendi\u00f3 a concentrarse en la reparaci\u00f3n \u2013muchas veces simb\u00f3lica\u2013&nbsp;m\u00e1s que en transformaciones estructurales ligadas a la igualdad y la redistribuci\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 esos trabajos les resultaron productivos para pensar esos l\u00edmites?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-7958008bf04481a4dd267eacec770138 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>AM:<\/em> En mi caso, esos trabajos me resultaron particularmente productivos por la investigaci\u00f3n que vengo desarrollando sobre la historia intelectual de la cuesti\u00f3n social y del Estado de bienestar en Uruguay a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI. Desde ese lugar, la idea de la \u00abliteratura de la compasi\u00f3n\u00bb y del lenguaje humanitario aparece con claridad como una contracara del neoliberalismo en los procesos que se consolidan a partir de los a\u00f1os 90. No se trata de fen\u00f3menos opuestos, sino de din\u00e1micas que se articulan: frente a la desestructuraci\u00f3n social y al retraimiento del Estado, emerge un discurso centrado en la vulnerabilidad, la asistencia y la reparaci\u00f3n moral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-b3dec5da8b531777e94fa1b24ee3a83a wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">En ese sentido, el progresismo recoge buena parte de ese registro y funciona, en muchos aspectos, como una respuesta al neoliberalismo m\u00e1s descarnado, pero sin cuestionar necesariamente sus bases estructurales. Los trabajos de Fassin y de Moyn \u2013aunque provienen de tradiciones distintas y no dialogan directamente entre s\u00ed\u2013&nbsp;permiten pensar ese desplazamiento com\u00fan: el pasaje de un lenguaje centrado en la justicia social y la redistribuci\u00f3n hacia otro m\u00e1s humanitario, enfocado en las v\u00edctimas y en el alivio del sufrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-9cb5d73213589efa9bc92b74affdf670 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Lo interesante es que, al cruzarlos, esos enfoques iluminan bien la experiencia del Cono Sur, donde durante la d\u00e9cada de 1990 y comienzos de los 2000 se consolid\u00f3 una forma de pensar lo social que atraves\u00f3 distintos campos \u2013las pol\u00edticas p\u00fablicas, los derechos humanos, la cuesti\u00f3n social\u2013&nbsp;y que termin\u00f3 configurando un sentido com\u00fan progresista. En ese marco, el trabajo de Moyn conecta adem\u00e1s con una historia m\u00e1s larga de los derechos humanos, que dialoga directamente con investigaciones previas de Vania y ayuda a pensar c\u00f3mo esos lenguajes se estabilizaron como horizonte pol\u00edtico dominante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-b3b2036262cbf829cf4afd3ec169d54e wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>VM:<\/em> En mi caso, el punto de entrada fue el trabajo sobre las narrativas humanitarias y, en particular, la relaci\u00f3n entre ese tipo de relatos y la capacidad de convocar a la acci\u00f3n pol\u00edtica a partir de una percepci\u00f3n compartida del cuerpo y del sufrimiento. La idea de que la descripci\u00f3n detallada del dolor f\u00edsico puede generar una respuesta compasiva fue central en los debates internos de las izquierdas, especialmente en torno de si ese lenguaje contribu\u00eda a aplacar el deseo de transformaci\u00f3n estructural o, por el contrario, pod\u00eda favorecerlo. Ese debate se vuelve especialmente relevante en el contexto de derrota de los proyectos de liberaci\u00f3n nacional y de las izquierdas revolucionarias, que es donde el trabajo de Moyn sobre los derechos humanos como \u00abla \u00faltima utop\u00eda\u00bb dialoga directamente con mis propias investigaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-e16ba0803b7c61255db58e15f15591bb wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">En Am\u00e9rica Latina, los derechos humanos no emergen simplemente como un discurso impuesto desde arriba, sino que se articulan con experiencias locales muy concretas. El papel de los exiliados latinoamericanos en la difusi\u00f3n global de ese lenguaje fue decisivo: llegan desde tradiciones de izquierda y contribuyen a resignificar los derechos humanos como una gram\u00e1tica pol\u00edtica leg\u00edtima. Ese proceso conecta, adem\u00e1s, con otros trabajos de Moyn y con lo que se\u00f1alaba Aldo: los derechos humanos se consolidan como un lenguaje capaz de sobrevivir al colapso de otros horizontes ut\u00f3picos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-7bbd15bc3099432c0f65cb37821c5d4e wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">En mis investigaciones m\u00e1s recientes, esto se cruza con el estudio de proyectos de cambio social impulsados desde arriba, como el de la planificaci\u00f3n familiar. Se trata de una iniciativa que, tras la Segunda Guerra Mundial, era marginal y generaba fuertes resistencias, pero que en pocas d\u00e9cadas logra ocupar un lugar central en el sistema internacional. En 1968 la planificaci\u00f3n familiar se consagra como derecho humano y, en 1971, pasa a ser una condici\u00f3n para el acceso a pr\u00e9stamos del Banco Mundial. Lo interesante es c\u00f3mo ese lenguaje se articula con movimientos sociales que lo adoptan como propio, por ejemplo en el feminismo a partir de la Conferencia de M\u00e9xico sobre Mujeres de 1975, aun cuando encaja perfectamente con un orden global cada vez m\u00e1s neoliberal. Por eso hablamos de un clima de \u00e9poca que no puede leerse en clave estrictamente de izquierda o de derecha, sino como una constelaci\u00f3n m\u00e1s amplia que se forma entre fines de los a\u00f1os 70 y la d\u00e9cada de 1990. En el texto intentamos justamente poner en di\u00e1logo lecturas de larga duraci\u00f3n con discusiones m\u00e1s recientes, usando la teor\u00eda social de manera deliberadamente no can\u00f3nica, no para reconstruir genealog\u00edas acad\u00e9micas exhaustivas, sino para mostrar su utilidad en la discusi\u00f3n p\u00fablica contempor\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-be3c75cea654ba608f5f973c0b09f06e wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>Ustedes plantean una fuerte incomodidad con ciertas pol\u00edticas y relatos de memoria cuando \u00e9stos no logran dialogar con las experiencias de violencia, exclusi\u00f3n y precariedad que atraviesan amplios sectores sociales en el presente. \u00bfC\u00f3mo piensan el desaf\u00edo de transmitir la memoria del pasado autoritario en contextos marcados por violencias estructurales persistentes, sin relativizar las violaciones del pasado ni vaciar de sentido el lenguaje de los derechos humanos? \u00bfDe qu\u00e9 modo las ciencias sociales pueden contribuir a articular esas violencias en una narrativa hist\u00f3rica y pol\u00edtica capaz de disputar sentidos en el presente?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-aef58acad57601a55e1b00f578ba203d wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>V.M:<\/em> El problema aparece con mucha claridad cuando pensamos en la transmisi\u00f3n intergeneracional de la memoria en contextos de exclusi\u00f3n extrema. \u00bfC\u00f3mo hablar de las violaciones a los derechos humanos de la dictadura a j\u00f3venes que viven en barrios dominados por econom\u00edas ilegales, donde la precariedad, la violencia y la ausencia del Estado estructuran la vida cotidiana desde hace generaciones? Creemos que es fundamental seguir hablando de ese pasado y defender la posibilidad misma de hacerlo, pero la dificultad est\u00e1 en c\u00f3mo generar un punto de encuentro entre esas experiencias hist\u00f3ricas y las de estos j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-0c0a98824c4e3b53b51af43cef2decfd wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Ah\u00ed es donde surge una incomodidad profunda con ciertas pol\u00edticas memoriales. La proliferaci\u00f3n de marcas, sitios y rituales de memoria, aun cuando son resultado de luchas leg\u00edtimas y necesarias, empieza a generar ruido cuando se vuelve repetitiva y autorreferencial. Lo digo desde un lugar de pertenencia: formo parte de una tradici\u00f3n de izquierda, particip\u00e9 \u2014como muchos historiadores\u2014 en procesos institucionales clave, como la primera comisi\u00f3n impulsada por el gobierno de Tabar\u00e9 V\u00e1zquez para investigar las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura uruguaya. Ese compromiso fue real y sostenido, y en muchos sentidos el proceso fue exitoso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-2a30344e83669e1d044de1f6b7bf873f wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Justamente por eso, hay que ser cuidadosos con la idea de que el avance de los negacionismos se explica simplemente por una supuesta insuficiencia de verdad, memoria y justicia. La pregunta por \u00abcu\u00e1nto es suficiente\u00bb no tiene una respuesta objetiva ni universal: es una construcci\u00f3n social y pol\u00edtica. Pensar que m\u00e1s memoria o m\u00e1s judicializaci\u00f3n resolver\u00e1n por s\u00ed solas los conflictos actuales puede ser una forma de esquivar discusiones m\u00e1s profundas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-57fefe2821adffb53dd6e28803414362 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">El desaf\u00edo es lograr acuerdos sociales que permitan poner en relaci\u00f3n las violaciones del pasado autoritario con las injusticias estructurales del presente, de modo que sean conmensurables en una misma narrativa hist\u00f3rica. Hubo intentos en esa direcci\u00f3n, pero muchas veces permanecen dentro del mismo paradigma: la centralidad del Poder Judicial, la subcategorizaci\u00f3n de v\u00edctimas y una creciente judicializaci\u00f3n de la pol\u00edtica. En ese marco, los acuerdos pol\u00edticos m\u00e1s sustantivos sobre el presente y el futuro tienden a quedar desplazados, y es ah\u00ed donde creemos que todav\u00eda hay una discusi\u00f3n pendiente que debe darse de manera m\u00e1s abierta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-cfb20e6353833f62d76b90e2b9c14a2b wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>A.M:<\/em> Es cierto que podr\u00edan desarrollarse enfoques que incorporen de manera m\u00e1s expl\u00edcita las dimensiones sociales de la violencia, pero hay un problema m\u00e1s profundo que tiene que ver con el reconocimiento: c\u00f3mo una sociedad reconoce el dolor, c\u00f3mo articula el pasado y el presente y qu\u00e9 violencias considera dignas de ser nombradas. En Uruguay, ese problema es particularmente visible. Hoy convivimos con niveles muy altos de violencia social, con tasas de homicidios elevadas y con una violencia persistente en el sistema carcelario que, en t\u00e9rminos cuantitativos, resulta comparable \u2014o al menos cercana\u2014 a la magnitud de las desapariciones forzadas durante la dictadura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-336076e8cbd9cd268de9aa15bd8ab548 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Sin embargo, el relato dominante sobre la historia reciente tiende a afirmar que se pas\u00f3 de una sociedad extremadamente violenta a una democracia que logr\u00f3 resolver el problema de la violencia. Ese divorcio entre la narrativa hist\u00f3rica y la experiencia contempor\u00e1nea es enorme. La violencia no desapareci\u00f3: se transform\u00f3, adopt\u00f3 otras formas, muchas veces asociadas a la omisi\u00f3n estatal, a la desigualdad estructural o a la fragmentaci\u00f3n social. El desaf\u00edo es c\u00f3mo reconocer esas violencias actuales sin relativizar las del pasado, y c\u00f3mo generar un di\u00e1logo entre ambas experiencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-fd355e56a2fd2d4357cc817995923ecd wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Este es un problema tambi\u00e9n de reconocimiento emocional. Durante d\u00e9cadas, las v\u00edctimas de las violaciones a los derechos humanos exigieron, con raz\u00f3n, ser reconocidas. La pregunta hoy es c\u00f3mo reconocer otras formas de violencia que atraviesan a amplios sectores sociales y c\u00f3mo articular esas experiencias con la memoria del pasado autoritario. All\u00ed hay un vac\u00edo que las derechas han sabido explotar, especialmente cuando interpelan el lenguaje de los derechos humanos para deslegitimarlo o vaciarlo de contenido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-2b5a4ac295b8b67f625cccd1ee154b2c wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">A esto se suma otro riesgo que el texto intenta se\u00f1alar: el de que las ciencias sociales hayan contribuido a construir una suerte de memoria oficial de las democracias. As\u00ed como los historiadores de comienzos del siglo XX jugaron un papel central en la construcci\u00f3n de los relatos nacionales, hoy las ciencias sociales han quedado, en cierta medida, org\u00e1nicamente vinculadas a la consolidaci\u00f3n democr\u00e1tica. Durante d\u00e9cadas participaron activamente en pol\u00edticas de memoria, educaci\u00f3n, museos y programas institucionales, lo que tuvo efectos positivos indudables, pero tambi\u00e9n gener\u00f3 sistemas de reconocimiento relativamente cerrados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-d7098967b8a846a070a759c9b62ac5e5 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">El problema no es ese compromiso en s\u00ed, sino el riesgo de quedar atrapados en un marco que dificulta la cr\u00edtica y la reformulaci\u00f3n de los relatos dominantes. Pensar la violencia contempor\u00e1nea en relaci\u00f3n con la del pasado autoritario, y hacerlo desde una perspectiva que permita imaginar pol\u00edticas efectivas para reducirla, sigue siendo una de las tareas pendientes m\u00e1s complejas para las ciencias sociales y para la pol\u00edtica democr\u00e1tica en la regi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-8abc0b3762e37c5c42fdb59b4ab443bd wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>Esto abre otra dimensi\u00f3n: c\u00f3mo el lenguaje transicional molde\u00f3 no solo la memoria, sino tambi\u00e9n lo pensable en democracia. \u00bfEn qu\u00e9 medida ese discurso, pensado para sellar la democracia y evitar repetir el pasado autoritario, termin\u00f3 obturando la posibilidad de pensar lo social m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la democracia procedimental? \u00bfPuede ser que hoy las izquierdas hayan quedado como defensoras del r\u00e9gimen pol\u00edtico existente, mientras que las derechas aparecen como las \u00fanicas capaces de radicalizarse? \u00bfHasta qu\u00e9 punto esa dificultad para radicalizar la izquierda tiene ra\u00edces en ese legado transicional?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-0c170a8e14f6c011af977f66d0b2e13d wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>VM:<\/em> Hay una frase de Charly Garc\u00eda en su tema musical <em>Cerca de la revoluci\u00f3n<\/em> que resume muy bien un aprendizaje hist\u00f3rico clave de las transiciones: \u00abY si ma\u00f1ana es como ayer otra vez, lo que fue hermoso ser\u00e1 horrible despu\u00e9s\u00bb. Esa idea est\u00e1 muy presente en el clima pol\u00edtico de la d\u00e9cada de 1980. Si uno compara los primeros discursos del presidente argentino Ra\u00fal Alfons\u00edn y los del mandatario uruguayo Julio Mar\u00eda Sanguinetti, aparece con claridad una misma forma de pensar la temporalidad: ambos dicen que vienen de un tiempo en el que se prometieron futuros radicales y definitivos \u2014la revoluci\u00f3n, pero tambi\u00e9n el autoritarismo\u2014 y que, frente a eso, la democracia solo puede prometer algo mucho m\u00e1s modesto: estabilidad por un per\u00edodo corto, cuatro o cinco a\u00f1os, hasta la pr\u00f3xima elecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-0bb481ceafeef75d51c98c1f1ebd8f4e wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Esa renuncia a los grandes futuros fue presentada como una virtud pol\u00edtica. No se ofrec\u00eda una transformaci\u00f3n total de la sociedad, sino la garant\u00eda m\u00ednima de convivencia, de no volver a la violencia. Ese discurso funcion\u00f3 eficazmente como mecanismo de legitimaci\u00f3n democr\u00e1tica y como forma de captaci\u00f3n electoral. En ese marco, tambi\u00e9n se fue construyendo una estigmatizaci\u00f3n de cualquier proyecto que prometiera \u00abcambiarlo todo\u00bb, algo comprensible a la luz de la experiencia traum\u00e1tica del Cono Sur, donde incluso episodios de violencia relativamente acotados tuvieron efectos sociales profundos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-27fc1e5252b28f52b9548bbd57e6c229 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Por eso, cuando pensamos la relaci\u00f3n entre izquierda y revoluci\u00f3n, nos interesa corrernos de la imagen del quiebre o de las guerrillas de las d\u00e9cadas de 1960 y 1970, y recuperar una mirada de m\u00e1s larga duraci\u00f3n sobre el t\u00e9rmino y sus posibilidades. Las izquierdas latinoamericanas funcionaron hist\u00f3ricamente como factores de democratizaci\u00f3n: ampliaron derechos, incorporaron nuevos actores, pluralizaron las voces y profundizaron dimensiones centrales de la democracia liberal, incluso sin proponerse romperla. Sin embargo, el ciclo transicional tambi\u00e9n implic\u00f3 algo m\u00e1s: para reingresar como actor leg\u00edtimo del juego pol\u00edtico, la izquierda tuvo que aceptar que ciertos horizontes quedaban atr\u00e1s. En contextos como el de Uruguay o el de Chile, participar de una salida negociada con las dictaduras signific\u00f3 asumir l\u00edmites muy concretos, incluso convivir pol\u00edticamente con quienes hab\u00edan sido responsables de la represi\u00f3n. Ese gesto fue clave para la consolidaci\u00f3n democr\u00e1tica, pero tambi\u00e9n dej\u00f3 marcas duraderas sobre lo que la izquierda pudo y no pudo volver a decir en t\u00e9rminos de transformaci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-71a56baa654ab0c405b4b65e20b0e0c9 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">&#8211;<em>En este sentido, el gran interrogante que deja planteado el libro es el de la posibilidad de que la izquierda imagine otros futuros posibles\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-8c00edf05e0fcd0273367607b9601584 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\"><em>AM:<\/em> S\u00ed, ese es uno de los grandes problemas que el texto deja deliberadamente abierto y que, personalmente, me gustar\u00eda trabajar de una manera m\u00e1s sistem\u00e1tica, incluso en clave de investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre lo que podr\u00edamos llamar los \u00abfuturos pasados\u00bb. Lo que aparece ah\u00ed es un problema muy fuerte, especialmente en las izquierdas occidentales \u2014y tambi\u00e9n en las latinoamericanas\u2014, vinculado a una narrativa muy extendida sobre el presentismo: la idea de que las sociedades contempor\u00e1neas habr\u00edan perdido la capacidad de imaginar el futuro. Sin embargo, cuando uno mira con m\u00e1s detalle, esa afirmaci\u00f3n no es del todo cierta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-ec4803df20f32f38dadf8ecbf4896053 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Existen hoy espacios que piensan el futuro de manera sistem\u00e1tica y con una fuerte conciencia de su propia agencia. China es un ejemplo evidente: all\u00ed se elaboran planes a d\u00e9cadas vista, se proyectan escenarios econ\u00f3micos y se act\u00faa sobre la base de esa planificaci\u00f3n. Algo similar ocurre en el mundo tecnol\u00f3gico, particularmente en Silicon Valley, donde desde hace d\u00e9cadas se experimenta permanentemente con futuros posibles que, para bien o para mal, terminan impactando en la vida cotidiana de millones de personas. En ambos casos hay una fuerte convicci\u00f3n en la capacidad de intervenir sobre el porvenir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-bebb8c8ed2b1a228838ee2ba1986c048 wp-block-paragraph\" style=\"color:#020000\">Lo llamativo es que ese ejercicio pr\u00e1cticamente desaparece en los espacios de izquierda y centroizquierda, donde se observa un vac\u00edo cultural y pol\u00edtico muy marcado. Hist\u00f3ricamente, eso es relativamente nuevo: se consolida a partir de los a\u00f1os noventa. Durante buena parte del siglo XX, la idea de revoluci\u00f3n \u2014entendida en un sentido amplio\u2014 funcion\u00f3 como un gran organizador del futuro, no solo en las izquierdas, sino en m\u00faltiples registros culturales, sociales y pol\u00edticos. Pero junto a ella existieron otros lenguajes de futuro, como el desarrollismo, que animaron proyectos de transformaci\u00f3n profunda, desde pol\u00edticas econ\u00f3micas hasta experiencias urban\u00edsticas como Brasilia. A eso se sumaba una dimensi\u00f3n m\u00e1s cotidiana del futuro: la idea de movilidad social ascendente, la posibilidad de que las generaciones siguientes vivieran mejor que las anteriores. Esa expectativa estructur\u00f3 tanto las trayectorias familiares como la construcci\u00f3n de los Estados de bienestar. Hoy, ese horizonte aparece profundamente erosionado. La ruptura de esas promesas \u2014pol\u00edticas, econ\u00f3micas y vitales\u2014 marca una diferencia muy clara con otros momentos hist\u00f3ricos y ayuda a explicar por qu\u00e9 la dificultad para pensar el futuro se volvi\u00f3 uno de los rasgos m\u00e1s persistentes de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La forma en que se estudi\u00f3 y narr\u00f3 el pasado reciente en el Cono Sur fue clave para consolidar consensos democr\u00e1ticos y antiautoritarios, pero hoy muestra claros l\u00edmites. Atrapadas en una temporalidad corta, las izquierdas parecen tener dificultades para comprender la crisis actual y pensar futuros alternativos frente al avance de las derechas.<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":51841,"comment_status":"closed","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","_crdt_document":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[288368],"tags":[17212,703606654,703605872,703605325],"class_list":{"0":"post-51831","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","6":"hentry","7":"category-izquierda","8":"tag-america-latina","9":"tag-cono-sur","10":"tag-derechos-humanos","11":"tag-extrema-derecha","13":"fallback-thumbnail"},"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/America14022026-I.jpg?fit=1391%2C636&ssl=1","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-dtZ","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/51831","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=51831"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/51831\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":51842,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/51831\/revisions\/51842"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/51841"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=51831"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=51831"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=51831"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}