{"id":4736,"date":"2018-06-17T16:17:59","date_gmt":"2018-06-17T19:17:59","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4736"},"modified":"2018-06-17T16:17:59","modified_gmt":"2018-06-17T19:17:59","slug":"chile-un-feminismo-desde-el-sur","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4736","title":{"rendered":"Chile &#8211; Un feminismo desde el Sur"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Las masivas movilizaciones de mujeres <\/strong><\/h3>\n<p><strong>El neoliberalismo en Chile traslad\u00f3 a una gran parte de la ciudadan\u00eda desde la esfera privada del hogar hacia la polis: las mujeres. La independencia econ\u00f3mica que implica tener un trabajo, por m\u00e1s precario que sea, permiti\u00f3 generar un nuevo sujeto pol\u00edtico \u2013la mujer pobre\u2013 que hoy es protagonista de uno de los movimientos de masas contempor\u00e1neos m\u00e1s importantes de Am\u00e9rica Latina y el mundo. Surgido de las luchas estudiantiles, el movimiento feminista chileno denuncia tanto el patriarcado como el capitalismo, y ha revolucionado la totalidad del escenario pol\u00edtico y social.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>Carolina Olmedo\/Luis Thiellemann *<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Brecha, 15-6-2018,\u00a0<\/strong><strong><a href=\"https:\/\/brecha.com.uy\/\">https:\/\/brecha.com.uy\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>El denominado \u201cmayo feminista\u201d que estall\u00f3 en Chile este a\u00f1o (v\u00e9ase Brecha, 1-VI-18) traspas\u00f3 la frontera temporal con manifestaciones que se contin\u00faan en este mes de junio, y ya se ha convertido en la movilizaci\u00f3n feminista m\u00e1s grande de la historia de Chile y en una de las m\u00e1s grandes del mundo. Es todo un acontecimiento en la historia de las luchas sociales, sin duda, pero tambi\u00e9n en la pelea por la emancipaci\u00f3n de las mujeres en Chile y el continente. Se trata de un movimiento que ha sido capaz de hacer mutar el escenario pol\u00edtico y social chileno y a sus participantes en su totalidad. Un movimiento que ya ning\u00fan actor social o pol\u00edtico puede obviar.<\/p>\n<p>Uno de sus aspectos m\u00e1s renovadores ha sido justamente su capacidad de expresar malestares generales que hasta ahora se viv\u00edan en la soledad del mercado o del hogar. Es as\u00ed posible ver el movimiento feminista chileno actual como el momento m\u00e1s agudo y consciente de un conflicto abierto, surgido de la transformaci\u00f3n social inmensa que supuso el avance neoliberal en Chile en cuanto al lugar que ocupan las mujeres en la sociedad.<\/p>\n<p>El salvajismo que alcanz\u00f3 el neoliberalismo chileno destruy\u00f3 a tal punto la vida y el tejido social que gener\u00f3 la necesidad de las mujeres de generar una defensa. Al mismo tiempo, el grado de desarrollo del propio modelo econ\u00f3mico llevaba en s\u00ed la semilla de la contradicci\u00f3n material entre las necesidades de una sociedad liberal y una sociedad conservadora: la incesante demanda de mano de obra de un mercado liberalizado sac\u00f3 a las mujeres del dominio privado del hogar al mercado laboral, y tambi\u00e9n \u2013gracias a los salarios y diversas posibilidades organizativas que supone el trabajo asalariado\u2013 a la esfera p\u00fablica, ciudadana, de la acci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<h3><strong>Que vivan los estudiantes <\/strong><\/h3>\n<p>Al igual que en 2011, cuando estallaron las masivas movilizaciones estudiantiles contra la privatizaci\u00f3n de la educaci\u00f3n, ha sido en las universidades (en Chile, en su mayor\u00eda masivas, privadas y con fines de lucro) donde se produjo la s\u00edntesis de esta contradicci\u00f3n.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n de las movilizaciones de mujeres en Chile es el inter\u00e9s com\u00fan en una reforma total de la educaci\u00f3n p\u00fablica en clave feminista, la instalaci\u00f3n de una educaci\u00f3n no sexista a todo nivel, y la denuncia de la precarizaci\u00f3n de la vida femenina como sustento del crecimiento econ\u00f3mico chileno.<\/p>\n<p>Las masas de estudiantes chilenos est\u00e1n compuestas por j\u00f3venes de sectores populares que acceden a la educaci\u00f3n terciaria a trav\u00e9s del endeudamiento, y en su mayor\u00eda son mujeres. En Chile las estudiantes son el combustible principal de un mercado de certificaciones que permiten el ingreso a un mundo laboral altamente profesionalizado y basado en el endeudamiento. Tras d\u00e9cadas de expansi\u00f3n mercantil de la educaci\u00f3n superior, este mercado laboral impone bajos salarios a quienes no poseen un t\u00edtulo universitario. En Chile hay 750 mil j\u00f3venes, en su mayor\u00eda de sectores populares, endeudados con la banca privada para pagar sus estudios. La deuda en promedio es de 9 mil d\u00f3lares, y puede llegar hasta los 50 mil.<\/p>\n<p>De este modo, las universidades chilenas se han convertido en la experiencia com\u00fan y escenario del despliegue de diferentes generaciones de feministas; algunas de ellas se movilizan desde la revuelta en la educaci\u00f3n secundaria de 2006, y hoy lo hacen como docentes. Ello ha consolidado una lucha por la igualdad en la educaci\u00f3n que ha servido de semillero de la sociedad transformada a la que se apunta, y tambi\u00e9n una defensa de la universidad como espacio que debe transitar hacia la incorporaci\u00f3n de las demandas feministas a modo de modelo. De hecho, una de las chispas que encendieron la pradera fue justamente la lucha contra el abuso y el acoso sexual en las universidades, que en los \u00faltimos a\u00f1os han resultado en castigos y despidos de acad\u00e9micos a lo largo del pa\u00eds.<\/p>\n<h3><strong>Heterogeneidad asumida <\/strong><\/h3>\n<p>Como una anomal\u00eda respecto de las r\u00edgidas identidades pol\u00edticas que caracterizaron a la izquierda chilena del siglo pasado, esta nueva fuerza se ha mostrado altamente maleable, asume su heterogeneidad (incluye grupos de or\u00edgenes muy diversos: desde movimientos de mujeres pobladoras hasta organizaciones que nacieron de la lucha contra la dictadura) como una fortaleza y es el resultado de un itinerario de resistencia, muy creativo y reflexivo, a las pol\u00edticas pactadas entre la izquierda y la derecha en la posdictadura.<\/p>\n<p>En un pa\u00eds donde las ideas revolucionarias fueron casi destruidas y lo que qued\u00f3 ha sido deformado y ninguneado, las feministas de izquierda ten\u00edan pocos t\u00f3tems que respetar. Actualmente su capacidad de movilizaci\u00f3n es masiva: s\u00f3lo este a\u00f1o ya han logrado convocar a m\u00e1s de 100 mil manifestantes en al menos tres ocasiones para marchas en la capital, y m\u00e1s de la mitad de las alrededor de 70 universidades chilenas participaron en mayo pasado de las ocupaciones feministas. La masividad alcanzada desde hace algunos a\u00f1os por el movimiento se explica en parte porque mayoritariamente no ha asumido posiciones separatistas o esencialistas, es decir, no excluye a quienes no son mujeres. Al contrario, se ha planteado la integraci\u00f3n con los grupos de diversidad sexual, y, no sin roces, con las organizaciones de la izquierda. El movimiento feminista emergido de las franjas sociales m\u00e1s empobrecidas de la sociedad neoliberal (mujeres endeudadas, con trabajos feminizados, mal pagos y precarios) \u2013pero tambi\u00e9n de los restos de las luchas pasadas\u2013 ha sido y se asume como un laboratorio de nueva pol\u00edtica para las y los sujetos marginados del ejercicio pol\u00edtico impuesto por el Estado subsidiario. Haciendo converger las luchas en el enfrentamiento contra el despojo de las mujeres en una econom\u00eda de mercado, ha logrado imponerse a todos los niveles de la acci\u00f3n social (a tal punto que hasta el propio presidente, el derechista Sebasti\u00e1n Pi\u00f1era, se vio obligado a declararse feminista). Cualquier movimiento pol\u00edtico en Chile que hoy busque convocar deber\u00e1 abordar los conflictos que plantean esas mujeres movilizadas.<\/p>\n<h3><strong>Huellas recientes<\/strong><\/h3>\n<p>Continuadora de las luchas de resistencia a la dictadura y las de los inicios de la redemocratizaci\u00f3n en Chile, la reflexi\u00f3n feminista surgida en los \u00e1mbitos universitarios durante los \u00faltimos diez a\u00f1os adquiri\u00f3 gran relevancia medi\u00e1tica a partir del movimiento social de 2011 por una reforma en la educaci\u00f3n. En las revueltas masivas de ese a\u00f1o, las m\u00e1s grandes desde la d\u00e9cada de 1980, se instal\u00f3 en la sociedad la demanda de una \u201ceducaci\u00f3n p\u00fablica, gratuita y de calidad\u201d. A \u00e9sta las organizaciones feministas estudiantiles luego sumaron la de crear una \u201cnueva educaci\u00f3n\u201d de car\u00e1cter no sexista para la verdadera democratizaci\u00f3n de la educaci\u00f3n como derecho universal. Y es que muchas de las dirigentes se formaron en escuelas y universidades que desde 2006 han vivido fuertes cambios culturales, en clave progresista, que han hecho estallar las concepciones tradicionales sobre la sexualidad y el g\u00e9nero. Fue bas\u00e1ndose en esta experiencia que el feminismo chileno desarroll\u00f3 dentro del movimiento estudiantil una perspectiva de superaci\u00f3n del patriarcado y m\u00e1s tarde apunt\u00f3 a que \u2013lo que se reconoci\u00f3 como un proceso en marcha\u2013 trascendiera las salas de clases y los campus y se proyectara al resto de la sociedad, haciendo propia la defensa de la educaci\u00f3n p\u00fablica junto al movimiento estudiantil.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n abierta por el feminismo en el \u00e1mbito educativo se ocup\u00f3 tanto de dar visibilidad y legitimaci\u00f3n p\u00fablica a las mujeres como de interpelar desde una perspectiva de g\u00e9nero las relaciones, pr\u00e1cticas y producci\u00f3n de conocimiento en las instituciones educativas donde se despleg\u00f3, sirviendo de base para el cuestionamiento radical de las hist\u00f3ricas estructuras de dominaci\u00f3n presentes en las universidades.<\/p>\n<p>La mayoritaria presencia femenina en las universidades de masas no hab\u00eda implicado en ning\u00fan sentido una mayor democratizaci\u00f3n de estos espacios. El efecto que s\u00ed tuvo la feminizaci\u00f3n de la educaci\u00f3n terciaria fue la expansi\u00f3n del mercado educativo con la creaci\u00f3n de nuevos nichos de la matr\u00edcula universitaria que replicaban las formas de segregaci\u00f3n existente (por ejemplo, se multiplicaron las universidades especializadas en carreras de profesiones tradicionalmente consideradas \u201cfemeninas\u201d). Todo esto gener\u00f3 una disputa concreta y un campo de acci\u00f3n para el feminismo dentro del conflicto estudiantil. En este escenario, la emergencia de una cr\u00edtica radical a la reproducci\u00f3n de materiales de estudio y actitudes sexistas en las aulas le permiti\u00f3 al movimiento feminista recuperar la idea de derecho a la educaci\u00f3n como un mecanismo de defensa e integraci\u00f3n social, y tambi\u00e9n como base indiscutida en la construcci\u00f3n de una sociedad despatriarcalizada. Este proceso de concienciaci\u00f3n y construcci\u00f3n pol\u00edtica feminista dentro de los campus es visible en la proliferaci\u00f3n, en las instituciones, de oficinas de sexualidades y g\u00e9nero a partir de 2011, as\u00ed como tambi\u00e9n la realizaci\u00f3n de distintos encuentros nacionales por la educaci\u00f3n no sexista, surgidos desde los movimientos, que desde 2014 facilitaron el di\u00e1logo entre las diversas corrientes y organizaciones dentro y fuera del espacio educativo.<\/p>\n<p><strong>Un mismo enemigo<\/strong><\/p>\n<p>A partir de la emergencia en el debate p\u00fablico de este feminismo universitario, facilitado por el contexto de intensa movilizaci\u00f3n estudiantil abierto en 2011, el movimiento tambi\u00e9n creci\u00f3 en las calles.<\/p>\n<p>Desde all\u00ed ha ido organizando a distintas franjas de mujeres excluidas de la pol\u00edtica, con la precarizaci\u00f3n femenina como denuncia aglutinante. Organizaciones contra la violencia de g\u00e9nero, contra el acoso sexual callejero y laboral, a favor de la despenalizaci\u00f3n del aborto y la legalizaci\u00f3n de la \u201cp\u00edldora del d\u00eda despu\u00e9s\u201d, en lucha por la igualdad salarial, y una ley de identidad de g\u00e9nero, se encontraron as\u00ed enfrentadas a un mismo contendor: el orden socioecon\u00f3mico surgido de la dictadura y perpetuado por gobiernos civiles. Y es que, seg\u00fan el an\u00e1lisis dominante en el movimiento, este orden socioecon\u00f3mico neoliberal aprovecha las l\u00f3gicas patriarcales para poder seguir expandi\u00e9ndose, integrando a la mujer al mundo laboral como trabajadora precaria o controlando su cuerpo, tanto en el trabajo formal como en las tareas asociadas al g\u00e9nero en el espacio privado y la reproducci\u00f3n.<\/p>\n<p>La unidad entre estas organizaciones y reivindicaciones se fortaleci\u00f3 en luchas concretas. A la constituci\u00f3n de la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres, en 2004, y la primera marcha contra la violencia de g\u00e9nero bajo la consigna \u201cEl machismo mata\u201d (en 2008), se sumaron iniciativas que a partir de 2013 declararon una batalla abierta a la prohibici\u00f3n total del aborto, que en Chile se prolong\u00f3 hasta el a\u00f1o pasado. Esta \u00faltima lucha supuso un punto de inflexi\u00f3n importante en la masificaci\u00f3n del movimiento, que alcanz\u00f3 su zenit cuando se aprob\u00f3 una primera ley de aborto que lo legaliza en tres casos (riesgo de vida de la madre, embarazo por violaci\u00f3n, e inviabilidad fetal), algo nada menor en Chile. El debate se constituy\u00f3 como un espacio de di\u00e1logo pol\u00e9mico entre grupos m\u00e1s aut\u00f3nomos y m\u00e1s institucionalistas, entre organizaciones del feminismo radical, estudiantil, social y gubernamental.<\/p>\n<p>Sobre esta arena de una lucha feminista tensionada por sus m\u00faltiples intereses, or\u00edgenes y orientaciones ideol\u00f3gicas, la conformaci\u00f3n de la Coordinadora #Niunamenos en Chile (en 2016) fue otro paso adelante en la creaci\u00f3n de un espacio de contacto entre las diversidades feministas desde su unificaci\u00f3n en las calles. En el marco de una masificaci\u00f3n regional in\u00e9dita de la lucha feminista, se ha dado un proceso singular de di\u00e1logo y elaboraci\u00f3n entre las \u201cpol\u00edticas\u201d y las \u201cactivistas\u201d, inici\u00e1ndose un nuevo ciclo cuya ambici\u00f3n es la refundaci\u00f3n \u2013desde el feminismo\u2013 de una nueva izquierda para Chile.<\/p>\n<h3><strong>Capitalismo y patriarcado<\/strong><\/h3>\n<p>La reciente tradici\u00f3n cr\u00edtica y feminista en Chile se apoy\u00f3 en la experiencia neoliberal del siglo XXI, y la movilizaci\u00f3n de las mujeres ha ido ofreciendo una nueva reflexi\u00f3n acerca de las relaciones entre capitalismo y patriarcado. Sin que sus l\u00edderes principales abandonen la izquierda, han planteado una consecuente revisi\u00f3n de los viejos y monol\u00edticos sesgos ideol\u00f3gicos respecto del trabajo de reproducci\u00f3n y cuidados. As\u00ed muchas intelectuales locales han ido elaborando su propia idea sobre las proletarias del Sur del mundo en el siglo XXI. Tambi\u00e9n las principales vanguardias feministas activas en Chile han propuesto una revisi\u00f3n creativa del rol de las mujeres en una pol\u00edtica de emancipaci\u00f3n de trabajadores, y han analizado la acelerada integraci\u00f3n neoliberal femenina al trabajo en su doble y contradictoria dimensi\u00f3n: como un factor in\u00e9dito en la historia del capitalismo chileno, y como una inmejorable oportunidad para la expansi\u00f3n del feminismo como herramienta de lucha a nivel general; la proletarizaci\u00f3n de las mujeres facilita el ejercicio de su ciudadan\u00eda, por lo que nace as\u00ed un nuevo sujeto pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Es en esta clave que los feminismos chilenos convocados por la movilizaci\u00f3n iniciada el pasado mayo se asumen en general dentro de una tradici\u00f3n de lucha local y global m\u00e1s larga, que sin embargo vuelve sobre su historia en busca de aquellos momentos en que la pr\u00e1ctica feminista encaus\u00f3 su acci\u00f3n hacia una teor\u00eda unitaria de lucha socialista. Y es en un esfuerzo por inscribirse en esa historia y tradici\u00f3n que se constituye un nuevo sujeto pol\u00edtico protag\u00f3nico en el presente: aquel de las mujeres pobres, que representan el segmento m\u00e1s despojado en un sistema basado en la mercantilizaci\u00f3n de la vida y la privatizaci\u00f3n de lo p\u00fablico, en un pa\u00eds donde el mercado de la educaci\u00f3n es uno de los proveedores de servicios m\u00e1s grandes y que endeuda a amplias franjas de j\u00f3venes chilenos. J\u00f3venes estudiantes que en su mayor\u00eda, por las condiciones de dependencia tard\u00eda a las que est\u00e1n sometidas y por el crecimiento del mercado de las carreras asociadas a las tareas de cuidado \u2013efecto colateral del aumento de la mano de obra femenina\u2013, son mujeres en edad laboral.<\/p>\n<p>Las propuestas sociales, pol\u00edticas e intelectuales que surgen de este movimiento se han presentado como la posta de relevo del pensamiento propuesto por la \u201ctercera ola\u201d feminista iniciada a fines del siglo XX, pero refundando sus saberes sobre el Chile actual, en tanto ejemplo del futurismo neoliberal. As\u00ed, en las semanas pasadas se ha avanzado a\u00f1os en el reconocimiento de las m\u00faltiples formas de \u201cser mujer\u201d dentro de la experiencia capitalista, y en la incorporaci\u00f3n de las perspectivas de clase y raza como ejes fundamentales para cualquier construcci\u00f3n de sujeto pol\u00edtico para la emancipaci\u00f3n. La extendida relectura de feministas latinoamericanas, y en especial de la chilena Julieta Kirkwood Ba\u00f1ados, ha echado luz sobre las escrituras elaboradas en d\u00e9cadas recientes y al calor de movilizaciones sociales contra la brutal y autoritaria conversi\u00f3n econ\u00f3mica al neoliberalismo en el Cono Sur. Estas revisiones te\u00f3ricas otorgan a la izquierda chilena anticapitalista un in\u00e9dito espacio para la construcci\u00f3n de nuevas identidades que incorporen al feminismo contempor\u00e1neo como una modernizaci\u00f3n de sus preceptos ideol\u00f3gicos y relaciones sociales.<\/p>\n<p>Herencia del ciclo previo de movilizaciones estudiantiles (2001, 2006 y 2011), la fuerza del feminismo contempor\u00e1neo chileno es su manifiesta ruptura de la idea conservadora de unidad nacional, a trav\u00e9s de una cr\u00edtica al sistema en su conjunto formulada desde el lugar de la parcialidad; se apunta a la econom\u00eda neoliberal y a las pol\u00edticas del Estado subsidiario como mujeres que se asumen agraviadas por la reproducci\u00f3n de la precarizaci\u00f3n de la vida y la segregaci\u00f3n social por igual.<\/p>\n<h3><strong>Perspectivas<\/strong><\/h3>\n<p>Ante este despliegue de movilizaciones, el gobierno chileno se vio obligado a actuar, pero respondi\u00f3 con un proyecto de reformas llamado Agenda Mujer, cuyo eje principal es el subsidio a la maternidad, pero \u00fanicamente para las mujeres con contratos, no para las que trabajan en negro, que son la mayor\u00eda. Las organizaciones feministas y de izquierda retrucaron que se trata en el fondo de un fortalecimiento del Estado subsidiario y de la idea maternal y familiar de las mujeres. Denunciaron la tendencia de estas medidas \u201cpro mujer\u201d a la consolidaci\u00f3n de un sujeto femenino funcional para un sistema econ\u00f3mico que perpet\u00faa la precarizaci\u00f3n de la vida de las mujeres en su conjunto.<\/p>\n<p>En este sentido, la mayor movilizaci\u00f3n feminista en la historia de Chile tiene como desaf\u00edo no s\u00f3lo contar su propia historia (impedir que el exitismo neoliberal se la apropie), sino adem\u00e1s generar una estrategia pol\u00edtica feminista y antineoliberal. En eso radica la potencia de este feminismo del Sur: en su interpelaci\u00f3n a la promesa incumplida de la transici\u00f3n democr\u00e1tica y a la crisis de las democracias neoliberales.<\/p>\n<p>El movimiento feminista chileno se plantea a la vez como un producto de la modernizaci\u00f3n chilena y como su radical cr\u00edtico. Incluso su verdugo. Retomando y reformando al socialismo como un horizonte colectivo, el feminismo actual representa en la regi\u00f3n una nueva y cierta posibilidad de repensar la pol\u00edtica y la cotidianidad de nuestras siempre incompletas democracias.<\/p>\n<p>* Carolina Olmedo, historiadora, Centro de Estudios Culturales y Latinoamericanos (Cecla) Universidad de Chile. Luis Thiellemann, historiador, Universidad Finis Terrae.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El movimiento feminista chileno se plantea a la vez como un producto de la modernizaci\u00f3n chilena y como su radical cr\u00edtico. Incluso su verdugo. 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