{"id":4646,"date":"2018-06-10T11:47:04","date_gmt":"2018-06-10T14:47:04","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4646"},"modified":"2018-06-10T11:47:04","modified_gmt":"2018-06-10T14:47:04","slug":"nicaragua-el-misterio-de-las-revoluciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4646","title":{"rendered":"Nicaragua &#8211; El misterio de las revoluciones"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00bfQu\u00e9 es lo que hizo que Nicaragua, una sociedad disciplinada durante a\u00f1os por la mano de hierro de Daniel Ortega, se volviera un pueblo en pie de guerra? Mart\u00edn Caparr\u00f3s (*) viaj\u00f3 al pa\u00eds que est\u00e1 viviendo la mayor masacre de su historia en tiempos de paz, para tratar de responder a esa pregunta.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>Mart\u00edn Caparr\u00f3s, desde Managua <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>The New York Times, edici\u00f3n en espa\u00f1ol, 29-5-2018,\u00a0<\/strong><strong><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/\">https:\/\/www.nytimes.com\/es\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>\u201cEsto hace un mes no se pod\u00eda ni siquiera imaginar\u201d, dicen, repiten. Lo escuch\u00e9 tantas veces estos d\u00edas, en Managua: que nadie \u2014nadie es nadie\u2014 lo previ\u00f3, que todos cre\u00edan que Ortega era una roca, que fue una gran sorpresa, que dura todav\u00eda. Que ahora qui\u00e9n sabe lo que va a pasar.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<h3>\u00bfC\u00f3mo empieza una revoluci\u00f3n?<\/h3>\n<h3>\u00bfPor qu\u00e9 empieza una revoluci\u00f3n?<\/h3>\n<p>Nicaragua estaba hundida en un sopor de a\u00f1os. La gobernaba con mano de hierro y de banderas y de d\u00f3lares una de las parejas m\u00e1s coloridas del continente verde loro: el comandante Daniel Ortega Saavedra, de 72 a\u00f1os, y su esposa y vicepresidenta y poetisa y hechicera Rosario Murillo Zambrana, de 66. Ortega ya gobern\u00f3 Nicaragua once a\u00f1os entre 1979 y 1990 y otros once desde 2007, y no quiere dejarlo. Como otros jefes latinoamericanos recientes, se entreg\u00f3 a la tentaci\u00f3n de s\u00ed mismo; para cumplirla, arm\u00f3 una constituci\u00f3n que le garantizaba la reelecci\u00f3n eterna. Y nadie parec\u00eda en condiciones de impedirlo.<\/p>\n<p>Su base era s\u00f3lida: le hab\u00eda dado a la Iglesia cat\u00f3lica un espacio de peso y las leyes m\u00e1s duras del mundo contra el aborto; les hab\u00eda dado a los empresarios m\u00e1s ricos las garant\u00edas y las facilidades y m\u00e1s y m\u00e1s negocios; le hab\u00eda dado satisfacci\u00f3n al Fondo Monetario Internacional. Durante varios a\u00f1os su pa\u00eds hab\u00eda crecido al cuatro por ciento anual; hasta que la ca\u00edda de Venezuela resquebraj\u00f3 el espejo. Pero manten\u00eda el apoyo de un buen tercio de la poblaci\u00f3n, la tolerancia de otro, la obediencia de los empleados p\u00fablicos, el sost\u00e9n activo del ej\u00e9rcito, el control f\u00e9rreo de la polic\u00eda y los parapoliciales, el hast\u00edo indolente de los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica de palo y zanahoria funcionaba, pero empez\u00f3 a escasear la zanahoria. A mediados de abril, apurado por problemas de caja, el comandante Ortega decidi\u00f3 anunciar un recorte de las jubilaciones y un aumento de las cotizaciones al Instituto Nicarag\u00fcense de Seguridad Social. Sus aliados empresarios se sorprendieron: normalmente, el comandante consensuaba esas pol\u00edticas con ellos, y esta vez no lo hizo. Era un tropiezo, nada grave. Tampoco lo ser\u00edan las dos o tres peque\u00f1as marchas con que unos pocos viejitos intentar\u00edan rezongar. Pero en la de Le\u00f3n, la segunda ciudad del pa\u00eds, el 18 de abril, unos muchachos sandinistas atacaron a los viejos. Las im\u00e1genes inundaron las redes sociales. Esa tarde, estudiantes decidieron protestar. Eran tan pocos que se citaron en un paseo de compras de la periferia de Managua, Camino de Oriente, con la esperanza de que all\u00ed no llegar\u00eda la larga mano.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3. El gobierno de Daniel Ortega siempre se tom\u00f3 en serio aquello de que el Estado debe tener el monopolio de la violencia. Para eso cuenta, por supuesto, con una polic\u00eda y un ej\u00e9rcito, pero tambi\u00e9n con esos grupos de matones que los nicarag\u00fcenses llaman \u201cla turba\u201d o \u201clos motorizados\u201d. Suelen llegar en moto, suelen estar empleados en alguna dependencia estatal, suelen intervenir cuando hay que defender la causa popular con cachiporras o, si acaso, plomo. Esa tarde, en aquel mall, empezaron a repartir palazos, a robar a periodistas, a quebrar cabezas. Bajo la atenta mirada de la polic\u00eda. Era el remedio habitual para los muy escasos revoltosos: los pon\u00edas en su lugar y se calmaban. Pero esa noche miles los vieron por televisi\u00f3n, miles por las redes y sintieron que ya era suficiente. Al otro d\u00eda, miles y miles salieron a la calle.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>#1. Darwin Urbina era un trabajador y era coqueto: ten\u00eda un corte de pelo complejo, una barbita, cierto cuidado con la ropa, su sonrisa confiada; le iba bien con las chicas, se gustaba. Esa tarde, 19 de abril, volv\u00eda de su trabajo en un supermercado cuando vio que unos muchachos de la Universidad Polit\u00e9cnica de Nicaragua (Upoli) estaban armando barricadas porque la polic\u00eda y los motorizados los corr\u00edan. Darwin reconoci\u00f3 a algunos \u2014a\u00f1os antes hab\u00eda vendido tamales en los claustros\u2014 y decidi\u00f3 ayudarlos: hac\u00eda a\u00f1os que en Managua no pasaba nada semejante. Los muchachos estaban excitados: romp\u00edan tab\u00faes, prohibiciones, abr\u00edan \u2014quiz\u00e1s\u2014 alg\u00fan camino. La polic\u00eda se acerc\u00f3, amenazadora; ellos cantaron el himno nacional. Se oyeron los disparos; Darwin cay\u00f3 con el cuello partido.<\/p>\n<p>Cuando su hermana Grethel por fin lo encontr\u00f3 en la morgue judicial, el forense le dijo que su muerte hab\u00eda sido instant\u00e1nea, que no hab\u00eda sufrido. Y un polic\u00eda de civil le sugiri\u00f3 que dijera que la bala vino de los estudiantes, pero ella se neg\u00f3 porque sab\u00eda que no estaban armados. As\u00ed que las autoridades lo dijeron, y tambi\u00e9n dijeron que Darwin era un vago, un ladr\u00f3n: en esas horas, todav\u00eda, era una muerte sola, aislada, y era m\u00e1s f\u00e1cil decir cosas. El gobierno confiaba: siempre supusieron que si algunos se pasaban de la raya hab\u00eda que amedrentarlos y si los palos no bastaban, alcanzar\u00eda con matarles un par para que se calmaran.<\/p>\n<p>Pero esta vez algo fall\u00f3: lo que siempre hab\u00eda funcionado les fall\u00f3. Esa noche hubo dos muertes m\u00e1s y al otro d\u00eda en lugar de la calma fue el desmadre: la calle estaba llena de batallas. El d\u00e9bil ya no quer\u00eda seguir si\u00e9ndolo; el fuerte ya no supo qu\u00e9 hacer. Rosario Murillo, la esposa y vicepresidenta, sali\u00f3 a decir que los culpables \u201cparecen vampiros reclamando sangre. [\u2026] Son esos grupos min\u00fasculos, esas almas peque\u00f1as, t\u00f3xicas, llenas de odio. [\u2026] Son esos seres mezquinos, seres mediocres, seres peque\u00f1os, esos seres llenos de odio que todav\u00eda tienen la desfachatez de inventarse muertos. Fabricar muertos, cometer fraudes jugando con la vida es un pecado\u201d. Si quer\u00eda asustarlos no lo pudo hacer peor: sus injurias avivaron el fuego, terminaron de convencer a los dudosos. Con esas muertes, con esas palabras, Nicaragua empezaba a ser distinta.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>Si alguien supiera c\u00f3mo empiezan las revoluciones sabr\u00eda casi todo. Una revoluci\u00f3n es un cambio radical en el estado conocido: llega cuando todo lo que d\u00e1bamos por cierto deja de serlo de repente. Cuando los j\u00f3venes indolentes se deciden a jugarse la vida, cuando los empresarios satisfechos se pelean con su gerente general, cuando los curas dejan la sumisi\u00f3n y encuentran su misi\u00f3n, cuando el hombre fuerte se hace d\u00e9bil y ya nadie le teme.<\/p>\n<p>\u2014A ese ya lo aguantamos demasiado tiempo. No, yo tampoco s\u00e9 por qu\u00e9. No s\u00e9 por qu\u00e9 lo aguantamos ni por qu\u00e9 dejamos de aguantarlo.<\/p>\n<p>Me dice Suri, sus 25 a\u00f1os, estudiante, ocupante de la Upoli. Estamos en un pasillo del tercer piso de un edificio moderno, sus vidrios, sus baldosas, sentados en el suelo; un gran cartel institucional dice que la Upoli \u201ceduca a sus estudiantes para servir de acuerdo con el modelo de Jesucristo; para ser l\u00edderes con esp\u00edritu emprendedor, creativo, investigativo y altamente competitivos en el contexto mundial\u201d.<\/p>\n<p>\u2014Pero qu\u00e9 bueno que ahora hemos vuelto a ser nosotros, \u00bfno?<\/p>\n<p>Nadie sabe por qu\u00e9 suceden esas cosas, por qu\u00e9 el vuelco. Solo podemos constatarlo despu\u00e9s, cuando es un hecho. Es f\u00e1cil, ahora, decir que fueron esas muertes: que los nicarag\u00fcenses no soportaron esas muertes. Es dif\u00edcil saber por qu\u00e9 un gobierno que supo como ninguno mantenerlos tranquilos, satisfechos, temerosos, de pronto perdi\u00f3 pie y se lanz\u00f3 a su propio abismo.<\/p>\n<p>\u2014Yo decid\u00ed venir ac\u00e1 porque no soport\u00e9 que nos siguieran matando a los nuestros, pens\u00e9 que ten\u00eda que hacer algo.<\/p>\n<p>Dice Suri; lo pensaron tantos. El 20 de abril ya se sab\u00edan diez muertes por las balas policiales y parapoliciales. Varias universidades estaban tomadas, el pa\u00eds perplejo, miles de hombres y mujeres en las calles de todas sus ciudades. Ya no solo protestaban contra el gobierno de Ortega; ped\u00edan, tambi\u00e9n, justicia por los muertos.<\/p>\n<p>\u2014Lo vamos a sacar. No sabemos c\u00f3mo, pero lo vamos a sacar, porque queremos ser libres, queremos a nuestra Nicaragua libre, que brille nuestra bandera azul y blanca.<\/p>\n<p>Suri prefiere no decirme su nombre; s\u00ed me dice que ha trabajado en muchas cosas, pero que ahora est\u00e1 desempleada y estudia mercadotecnia en el nocturno. Tiene un beb\u00e9 de quince meses; sus padres le ayudan a criarlo. Ya lleva un mes de toma; solo puede ir a su casa algunas noches. Suri es flaquita, cara redonda, dulce, casi triste: el pelo negro que le cae en los ojos, la mirada de quien ha visto demasiado.<\/p>\n<p>\u2014Vos no sab\u00e9s cu\u00e1nto lo extra\u00f1o.<\/p>\n<p>Me dice, hablando de su hijo. Como en todas las zonas remotas del imperio, aqu\u00ed tambi\u00e9n los espa\u00f1oles se trataban de vos. Suri tiene un cometido:<\/p>\n<p>\u2014Mi trabajo aqu\u00ed es asegurar el suministro alimenticio, me encargo de que est\u00e9 preparada la comida para todos los que andan luchando, estamos hablando de m\u00e1s de 600 comidas tres veces al d\u00eda.<\/p>\n<p>Dos metros m\u00e1s all\u00e1 hay un cartel pintado a mano: \u201cQue tengan miedo ellos, porque nosotros ya no lo tenemos\u201d. No siempre es cierto; Suri tiene, pero igual est\u00e1 ac\u00e1:<\/p>\n<p>\u2014No, yo no tengo la capacidad para andar en las trincheras, lanzando morteros. Primero que todo porque tengo un beb\u00e9. Yo los ayudo desde ac\u00e1, pero ir afuera y que se venga la polic\u00eda\u2026 creo que ah\u00ed nom\u00e1s me desmayo. No todas somos iguales, hay algunas que s\u00ed son guerrilleras, pero yo\u2026<\/p>\n<p>No todas son iguales; Dolly, militante feminista, me dir\u00e1 que se fue de la Upoli porque no quer\u00eda participar de \u201cuna toma de machos\u201d:<\/p>\n<p>\u2014Quienes est\u00e1n al frente de las trincheras son los chavalos, y eso tiene que ver con nuestra cultura. Hubo un momento en que ellos, cuando empezaron a tener estos liderazgos bien machos, a m\u00ed me mandaron a la cocina y entonces yo los mand\u00e9 a comer mierda.<\/p>\n<p>Dice, cuando le pregunto por qu\u00e9 ser\u00e1 que todas las v\u00edctimas de la represi\u00f3n sandinista son hombres. La Upoli es la universidad m\u00e1s combativa: en su toma participan muchachos de los barrios dif\u00edciles que la rodean. Alrededor del edificio central hay un gran parque, una puerta muy custodiada, muchachos que se pasean con morteros; m\u00e1s all\u00e1, las calles est\u00e1n cortadas con barricadas de adoquines \u2014\u201clas trincheras\u201d\u2014; los que las cuidan vienen aqu\u00ed a comer, descansar, curarse si les toca. Aqu\u00ed hay muchachos embozados con pa\u00f1uelos que caminan como si el suelo fuera su enemigo; hay grupitos que charlan en susurros, hay miradas. Hay una sala donde fabrican las bombas para los morteros: las cuatro onzas, las media libra, que explotan y hacen m\u00e1s ruido que da\u00f1o pero igual. Y hay, en tres aulas de la planta baja, un hospital de campa\u00f1a improvisado que atendi\u00f3, en estas cinco semanas, a m\u00e1s de 120 heridos. Y sufri\u00f3 varios muertos. Lo montaron porque en los hospitales p\u00fablicos no los atienden o los detienen.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed no solo somos estudiantes, aqu\u00ed est\u00e1 la poblaci\u00f3n apoy\u00e1ndolos.<\/p>\n<p>Me dice un hombre que no me va a decir su nombre, treinta y tantos a\u00f1os, el cuerpo ancho, un tatuaje de Guevara sobre un hombro, barba de varios d\u00edas, una herida de bala en una pierna. Est\u00e1 tirado en un catre de fortuna, dos bancos que sostienen una colchoneta, su botella de suero, sus vendajes.<\/p>\n<p>\u2014Yo soy conductor de camiones pero tambi\u00e9n quise ayudar a la causa. Cuando hubo el primer fallecido fui a dejar v\u00edveres con un grupo de mi barrio, pero vimos lo que pasaba y decidimos quedarnos con ellos. Estoy desde el principio, manejo como a 35 muchachos, pero ya no puedo volver a mi casa porque me tienen fichado\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY cu\u00e1ndo vas a poder volver?<\/p>\n<p>\u2014No, yo ya no puedo. Si esto no se aclara, si el dictador no se va, yo ya no voy a poder volver.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY te parece que se va aclarar tan r\u00e1pido?<\/p>\n<p>\u2014Bueno, todos tenemos la confianza de que no haya que llegar a una guerra civil. Pero si nos va a tocar\u2026<\/p>\n<p>Dice, recostado en su catre, la sonrisa ancha. Le pregunto por qu\u00e9 tiene a Guevara en el hombro.<\/p>\n<p>\u2014Porque es un revolucionario, una persona que anduvo en varios pa\u00edses ayudando las revoluciones.<\/p>\n<p>\u2014\u00bf Y vos te consider\u00e1s un revolucionario?<\/p>\n<p>\u2014Hacia mi patria, s\u00ed. Yo quiero una naci\u00f3n donde todos seamos iguales, que tengamos los mismos derechos, con libertad, que todos podamos hablar sin ser reprimidos. Esto es una dictadura y tenemos que liberarnos de ella.<\/p>\n<p>Dice el hombre que yace. Suri, m\u00e1s tarde, me dir\u00e1 que se desespera cuando ve llegar a los heridos, que ojal\u00e1 se acabara; yo le pregunto c\u00f3mo cree que se terminar\u00e1.<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9. Si no ganamos, esta lucha va a ser en vano, las muertes de los que murieron van a ser en vano y todo quedar\u00e1 como si nada. Y a nosotros nos van a empezar a cazar y vamos a ir desapareciendo uno a uno\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY te parece que eso es lo que va a pasar?<\/p>\n<p>\u2014Yo espero que no, que podamos echarlo. No queremos a este se\u00f1or en el poder, no puede seguir ah\u00ed, es un genocida. Ayer lleg\u00f3 un muchacho al que una camioneta de la turba lo atropell\u00f3 y lo destroz\u00f3; yo tuve que prepararlo. Y despu\u00e9s vino el pap\u00e1 de ese muchacho y ver el rostro de ese se\u00f1or me parti\u00f3 el alma, no hay palabras. Me imagino c\u00f3mo se sentir\u00e1 mi madre de verme en ese lugar\u2026<\/p>\n<p>Dice Suri, y me muestra las fotos de los muertos: muchas, brutas, pavorosas las fotos de los muertos.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>#5. \u00c1lvaro Conrado quer\u00eda ser bombero o polic\u00eda. Qui\u00e9n sabe si lo hubiera sido: cuando uno tiene quince a\u00f1os la vida es una inc\u00f3gnita llena de tentaciones. Pero esa ma\u00f1ana, viernes 20 de abril, decidi\u00f3 ir a ayudar a los estudiantes que, desde el d\u00eda anterior, se peleaban con la polic\u00eda. \u00c1lvaro ten\u00eda anteojos, un gran mech\u00f3n de pelo negro, muy buenas notas en la escuela; tocaba la guitarra, hac\u00eda acrobacias con su patineta, corr\u00eda en el equipo de su colegio de jesuitas. As\u00ed que, cuando se present\u00f3 en la Universidad Nacional de Ingenier\u00eda, lo pusieron a correr entre las barricadas llevando agua y bicarbonato a los muchachos que los necesitaban para aguantar los lacrim\u00f3genos. Los polic\u00edas los atacaban con gases y balas, los estudiantes se defend\u00edan con piedras y bombas molotov. \u00c1lvaro corr\u00eda cuando sinti\u00f3 ese tiro en el cuello. Nadie supo de d\u00f3nde ven\u00eda; los estudiantes sospecharon que hab\u00eda francotiradores apostados en un estadio de b\u00e9isbol vecino.<\/p>\n<p>\u00c1lvaro cay\u00f3; le sal\u00eda mucha sangre pero estaba consciente: mientras lo cargaban en brazos entre varios \u2014su jean manchado, su camiseta roja\u2014 gritaba me duele respirar, me duele mucho. Sus amigos lo metieron en un coche y lo llevaron a un hospital p\u00fablico \u2014el Cruz Azul\u2014 donde no quisieron recibirlo; se dice que hab\u00eda \u00f3rdenes del gobierno de no atender a los manifestantes. Se desangraba; cuando lleg\u00f3 a un hospital religioso donde s\u00ed lo aceptaron ya era tarde. Los medios, ahora, lo han bautizado \u201cel Ni\u00f1o M\u00e1rtir\u201d y los manifestantes llevan su imagen con anteojos en fotos y pancartas. \u00c1lvaro, tan chiquito, se ha vuelto la cara de estos d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>Dicen que existe un plan para poner nombres y n\u00fameros a las calles de Managua, y que la cooperaci\u00f3n japonesa prometi\u00f3 apoyarlo, pero por ahora las direcciones en la ciudad son azarosas \u2014 \u201cde la loma de Chico Pel\u00f3n una cuadra al lago y tres arriba\u201d o \u201cdel Pharaohs Casino dos abajo y una y media al sur\u201d\u2014, un reducto de resistencia a Google Maps. Managua no es misteriosa, solo incomprensible. Managua es ancha y chata, temerosa: hecha de casas bajas para que no se caigan cuando tiemble. Managua no tiene un centro claro, se desmembra; cada tanto hay alg\u00fan centro comercial o un barrio de casonas o casitas, cada tanto un vac\u00edo: una ciudad sin terminar. Y, cada poco, los \u00e1rboles famosos.<\/p>\n<p>La Iglesia cat\u00f3lica siempre supo que el primer imperativo de una fe es ocupar su espacio y llen\u00f3 los suyos de iglesias y de cruces. Los Estados lo saben y lo colman de estatuas y banderas. El gobierno de los Ortega, medio fe medio Estado, lo atiborr\u00f3 con sus \u201c\u00e1rboles de la vida\u201d. Hay unos 140 repartidos por toda la ciudad. Se basan en una pintura de Gustav Klimt, 1905, y est\u00e1n llenos de firuletes y sentidos ocultos y pistas esot\u00e9ricas: la C\u00e1bala, la Biblia y otros libros de la tradici\u00f3n materialista dial\u00e9ctica. Cada \u201c\u00e1rbol\u201d es una estructura met\u00e1lica de unos veinte metros de alto, 25.000 d\u00f3lares de costo, tanto valor simb\u00f3lico: deber\u00edan representar la paz y el amor y esas cosas pero significan, m\u00e1s que nada, el poder de Rosario Murillo.<\/p>\n<p>Rosario Murillo, la esposa y vicepresidenta, tiene anillos en todos los dedos, un programa diario en tres canales oficialistas, tanto mando y el odio de varios millones de nicarag\u00fcenses. Incluidos muchos sandinistas. En la econom\u00eda pol\u00edtica que suele ordenar las dictaduras, ella es la mala, la culpable, la que hace que su pobre marido haga cosas horribles: un personaje as\u00ed suele ser \u00fatil. Por eso no solo le dicen \u201cla Chayo\u201d, el apodo de Rosario, sino tambi\u00e9n \u201cla Chamuca\u201d (la bruja, la hechicera). Por eso a sus \u00e1rboles no solo los llaman \u201carbolatas\u201d sino, sobre todo, \u201cchayopalos\u201d. Por eso la noche del 20 de abril, cuando unos manifestantes derribaron el primero, pareci\u00f3 que suced\u00eda algo serio.<\/p>\n<p>Y era que miles de j\u00f3venes se hab\u00edan decidido: que la calle, que el sandinismo control\u00f3 durante tantos a\u00f1os, se volv\u00eda un lugar disputado. Y que el silencio que cubr\u00eda al pa\u00eds se romp\u00eda en gritos. Era una gran sorpresa. Cuatro a\u00f1os antes, cuando el gobierno de Daniel Ortega decidi\u00f3 poner wifi gratis en los parques y plazas, algunos denunciaron la maniobra: esas conexiones servir\u00edan para mantener a los j\u00f3venes entretenidos con sus chats y fotitos y dem\u00e1s pavadas. No que lo necesitaran: todos dec\u00edan que eran los m\u00e1s ap\u00e1ticos y fr\u00edvolos de la historia, tan distintos de sus mayores, que se la hab\u00edan jugado en guerras y revoluciones. Ahora, de pronto, esas redes que deb\u00edan mantenerlos en su babia se hab\u00edan vuelto su arma, su instrumento: gracias a ellas se llamaban, se reun\u00edan, se pasaban consignas e instrucciones, resist\u00edan.<\/p>\n<p>Y las im\u00e1genes de la reacci\u00f3n ven\u00edan de todas partes, grabadas por los participantes. Algunas eran tremendas: la crueldad de un ataque, la agon\u00eda de un herido, el dolor de una muerte. La televisi\u00f3n oficial segu\u00eda mintiendo calma, pero el truco ya no funcionaba. Pronto intentaron mejorarlo: mandaban noticias falsas \u2014im\u00e1genes antiguas o ama\u00f1adas\u2014 por las redes sociales para despu\u00e9s decir que eran inventos y desacreditar a las dem\u00e1s. \u201cTe dijeron tal y cual y te mintieron\u201d, dec\u00eda una minicampa\u00f1a oficial de desprestigio en las redes. Y poco despu\u00e9s cortaron el wifi de las plazas, pero ya ni modo: las grabaciones siguieron su camino.<\/p>\n<p>\u2014Esto es clave. Esto cambi\u00f3 la historia.<\/p>\n<p>Me dice, ahora, el periodista de una radio independiente mostr\u00e1ndome su m\u00f3vil. Ahora, la ciudad est\u00e1 tomada por los que se callaban: en cada rinc\u00f3n, en cada esquina puede haber un grupo de estudiantes, de vecinos, de hombres y mujeres con banderas azul y blanco que protestan, que exigen que se vaya.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>#9. El sacrificio de su madre hab\u00eda dado resultado: a sus treinta a\u00f1os, Michael Humberto Cruz ten\u00eda un beb\u00e9 de cinco meses, un carro, un buen pasar y cursaba un posgrado en su universidad, la Upoli. Su madre, Rosa Amanda Cruz, hab\u00eda emigrado al norte dieciocho a\u00f1os antes y consigui\u00f3 trabajo en un restaurante mexicano en San Mateo, California. Nunca m\u00e1s vio a Michael, porque no ten\u00eda papeles y si sal\u00eda de Estados Unidos no podr\u00eda volver pero, gracias a sus remesas, el muchacho estudi\u00f3, se fue haciendo una vida. Se hablaban todos los d\u00edas: aquella ma\u00f1ana, el 21, Michael le dijo que ir\u00eda a apoyar a esos compa\u00f1eros de la facultad que hab\u00edan salido a defender a los ancianos; Rosa le pidi\u00f3 que no fuera, que era peligroso y \u00e9l le dijo que no pod\u00edan permitir que el gobierno le sacara la plata a su abuelo y a todos los abuelos, y que no se preocupara, amita, que no le iba a pasar nada.<\/p>\n<p>Estaba en una barricada de la Upoli cuando dos balazos en el pecho lo mataron en el acto. Su madre lleg\u00f3 a Managua esa misma noche: sabe que ya no podr\u00e1 volver a Estados Unidos, pero le da lo mismo: \u201cYo estaba all\u00e1 por \u00e9l, para darle una educaci\u00f3n, una vida. Ahora ya qu\u00e9 me importa\u201d.<\/p>\n<p>(Mientras me lo contaba, en una manifestaci\u00f3n de banderas azul y blanco, un hombre mal afeitado, camisa abierta, reloj naranja, nos miraba, nos fotografiaba. Rosa lo miraba de reojo; su hermana me dijo que era habitual: que las siguen, las intimidan, intentan asustarlas).<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>En la carretera que va de Managua a Masaya hay una rotonda que se llama Ticuantepe; all\u00ed, como en otras, hab\u00eda un chayopalo. Un d\u00eda de abril cientos de protestantes \u2014los llaman \u201cprotestantes\u201d\u2014 lo derribaron y remplazaron con una virgen de Cuapa, una imagen de metro y medio bien pintada. Pero poco despu\u00e9s vinieron los sandinistas encabezados por la alcaldesa, la rompieron y pusieron en su lugar una virgen de Cuapa, una imagen de metro y medio bien pintada. Al otro d\u00eda los rebeldes volvieron y sacaron esa imagen de la virgen de Cuapa y pusieron otra imagen de la virgen de Cuapa. Y as\u00ed de seguido. Hasta que intervino el se\u00f1or cura, llam\u00f3 a la paz y la conciliaci\u00f3n y terminaron acordando en poner a la virgen de Cuapa de los rebeldes en el centro y la virgen de Cuapa de la alcaldesa en un rinc\u00f3n: fue, sin duda, una gran victoria de las fuerzas del cambio.<\/p>\n<p>\u2014Ac\u00e1 hay curas que nos han mostrado c\u00f3mo es estar cerca del pueblo.<\/p>\n<p>Me dice Chan Carmona un poco m\u00e1s all\u00e1, en Monimb\u00f3, y me cuenta que en uno de los momentos m\u00e1s brutos del enfrentamiento hubo una tregua cuando el cura p\u00e1rroco, C\u00e9sar Augusto Guti\u00e9rrez, lleg\u00f3 hasta all\u00ed, los reuni\u00f3, les dijo que la iglesia apoyaba los reclamos justos, les pidi\u00f3 que respetaran la vida y los hizo rezar un padrenuestro. Y se qued\u00f3 en la calle y habl\u00f3 con la polic\u00eda para que no tiraran a matar y pidi\u00f3 por los presos; m\u00e1s tarde se desmay\u00f3 por el gas lacrim\u00f3geno.<\/p>\n<p>\u2014Hay curas que son casi m\u00e1s huevones que nosotros.<\/p>\n<p>\u201cHuev\u00f3n\u201d en nica significa valiente y Monimb\u00f3 es un barrio ind\u00edgena con una larga tradici\u00f3n de resistencia, pero la historia no es original: en muchos rincones del pa\u00eds curas mediaron, se interpusieron, apoyaron reclamos, atendieron heridos, intentaron moderar la violencia. Y el obispo auxiliar de Managua, Silvio B\u00e1ez, acompa\u00f1a las protestas y la conferencia episcopal convoc\u00f3 la mesa de di\u00e1logo donde ahora se discute algo que no termina de estar claro, quiz\u00e1s el destino del pa\u00eds.<\/p>\n<p>\u2014Yo los respeto. Mucho no me gustan, pero estos d\u00edas los respeto. Se lo ganaron en la calle.<\/p>\n<p>Chan Carmona es un muchacho flaco, fibroso, alto, la barba negra y los ojos hundidos de d\u00edas sin dormir. Chan es un l\u00edder de los rebeldes de Monimb\u00f3 y me muestra los rincones y las barricadas y me cuenta d\u00f3nde se paraban y c\u00f3mo rechazaron a la polic\u00eda, y me explica que no se puede soportar m\u00e1s que esos del gobierno vivan as\u00ed mientras ellos tienen que trabajar como perros para ganar cien c\u00f3rdobas. Que se tienen que ir, que son unos aprovechados y unos dictadores y unos genocidas. Y que lo est\u00e1n siguiendo, que lo tienen marcado. Yo le pregunto qu\u00e9 va a hacer.<\/p>\n<p>\u2014Nada, qu\u00e9 quer\u00e9s que haga; seguir en la pelea. Si me matan todos van a saber qui\u00e9n fue.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPero no ten\u00e9s miedo?<\/p>\n<p>\u2014Miedo, miedo\u2026 Bueno, es mi vida. Me gusta, me gustar\u00eda seguir en esta joda. Porque ya muerto, pa\u2019 qu\u00e9.<\/p>\n<p>Dice, y se r\u00ede. En el colegio salesiano de Masaya, justo al lado, cientos de vecinos reciben a la delegaci\u00f3n de la Comisi\u00f3n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que viene a recibir denuncias. Un l\u00edder local discursea desde las escaleras del colegio:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1A nosotros no nos mueve ninguna ideolog\u00eda ni partido, sino el amor por nuestro pueblo y nuestra patria!<\/p>\n<p>Grita, robusto y atildado, y da vivas geogr\u00e1ficas: a Nicaragua, a Masaya, a Monimb\u00f3. El rechazo a los partidos se oye en todas partes: casi todos dicen que no son pol\u00edticos, que no hacen pol\u00edtica, que repudian a los pol\u00edticos y a la pol\u00edtica y a todo lo que est\u00e9 \u201cpolitizado\u201d. Mientras toman la calle para voltear a un gobierno, pura pol\u00edtica en acci\u00f3n. Magias de la palabra: por algunas se pelean, de otras huyen.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>#14. En Estel\u00ed, a 150 kil\u00f3metros de Managua, a Franco Valdivia lo conoc\u00edan por su nombre art\u00edstico, el rapero Renf\u00e1n. Franco ten\u00eda 24 a\u00f1os, estudiaba tercero de abogac\u00eda y trabajaba de carpintero para pagar sus gastos y los de su hija de cuatro. Estel\u00ed es una ciudad mediana, tranquila, templada, \u201cun basti\u00f3n sandinista\u201d o \u201cla ciudad mil veces heroica\u201d; no es el lugar m\u00e1s apropiado para un rapero, pero Renf\u00e1n segu\u00eda pele\u00e1ndola. Con un grupo de amigos sol\u00eda grabar sus canciones y subirlas a YouTube: estaban bien hechas, criticaban los abusos y la corrupci\u00f3n y consegu\u00edan visitas.<\/p>\n<p>El 18 de abril subi\u00f3 a su Facebook un poema en tono rapeado: \u201cHoy es un gran d\u00eda para morir. \/ Por no elegir el camino que la corrupci\u00f3n \/ nos quiere hacer seguir. \/ Y aunque a mi vida d\u00edas le reste \/ seguir\u00e9 diciendo verdades cueste lo que cueste. \/ Sandino ten\u00eda un sue\u00f1o y les \/ aseguro que no era este\u201d. En ese momento Nicaragua era una siesta y sus palabras parec\u00edan solo palabras; esa noche los estudiantes de Managua salieron a la calle, y el 20 la agitaci\u00f3n lleg\u00f3 a Estel\u00ed, se volvieron prof\u00e9ticas. Franco fue al parque central a sumarse a las protestas que tanto hab\u00eda cantado. Dos horas despu\u00e9s, un disparo que pareci\u00f3 venir de la alcald\u00eda le entr\u00f3 por el ojo izquierdo y lo mat\u00f3. Otra de sus canciones se llamaba Pilatos: \u201cNo hay olvido sin sepultura \/ para quien lucha por lo que es. \/ Que la muerte me regrese \/ lo que la vida me ha quitado\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>Estos d\u00edas, en Nicaragua, la vida se ha vuelto diferente. La pol\u00edtica \u2014tan denostada\u2014 ocupa tanto espacio: las personas piensan en asuntos en los que no pensaban, se preguntan cosas, se imaginan. Una revoluci\u00f3n es el momento en que cambian las preguntas, en que se puede no tener respuestas. Estos d\u00edas, en la ciudades nicas, la vida es diferente: en las calles puede pasar, a cada momento, cualquier cosa.<\/p>\n<p>En estos \u00faltimos a\u00f1os Managua se jactaba de ser la capital m\u00e1s tranquila de la regi\u00f3n; ahora es una ciudad sacudida por su historia: en cada rinc\u00f3n una bandera, personas que las agitan, gritan algo. Hay barricadas, cortes de ruta \u2014\u201ctranques\u201d\u2014, peque\u00f1as manifestaciones \u2014\u201cplantones\u201d\u2014, grandes marchas. Hay, sobre todo, un estado de expresi\u00f3n permanente, de gente que se call\u00f3 la boca mucho tiempo y ahora habla y disfruta de hablar y trata de olvidar esos silencios. Y, mientras, los negocios est\u00e1n medio vac\u00edos y las calles est\u00e1n medio vac\u00edas y el miedo medio lleno, la incertidumbre entera.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1El pueblo \/ unido \/ jam\u00e1s ser\u00e1 vencido!<\/p>\n<p>Gritan ahora miles de personas con banderas rojas y negras y azules y blancas: marchan para apoyar al gobierno sandinista. Es s\u00e1bado a la tarde, hace un calor estrepitoso, y a lo largo de la avenida De Bol\u00edvar a Ch\u00e1vez \u2014se llama as\u00ed: De Bol\u00edvar a Ch\u00e1vez\u2014 hay pantallas gigantes que nos muestran los muchos que somos y lo bien que revoleamos los colores. Aqu\u00ed en la vida real, bajo este sol hiperreal, la cosa es m\u00e1s modesta: no parecemos tantos, y las docenas de micros que los trajeron, y la sospecha de que muchos son empleados p\u00fablicos que castigan si no vienen.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Viva la paz, viva el amor!<\/p>\n<p>Grita una locutora y suena \u201cSolo le pido a Dios\u201d en versi\u00f3n caja de ritmos, y despu\u00e9s la locutora habla de Sandino. Augusto Sandino se defini\u00f3, hace noventa a\u00f1os, como \u201cel general de los hombres libres\u201d. Y as\u00ed lo registr\u00f3 la historia. Pero la historia cambia m\u00e1s que nada y ahora la locutora lo presenta como \u201cel general de los hombres y mujeres libres\u201d: efectos del #MeToo.<\/p>\n<p>\u2014Estamos encendiendo la llama del sagrado derecho de vivir en santa paz, iluminados por el esp\u00edritu de Sandino y guiados por el saber del comandante Daniel Ortega.<\/p>\n<p>Dice la locutora y, por alguna raz\u00f3n que me escapa, nadie contesta am\u00e9n. All\u00e1 arriba, una cara gigante de Ch\u00e1vez nos mira desde lo alto de su arbolata\/chayopalo. Aqu\u00ed abajo, sobre el asfalto medio derretido, se pasean muchachos con morteros, se\u00f1oras con tacones, se\u00f1ores con anillos, se\u00f1oras con chancletas, se\u00f1ores con las manos callosas arruinadas: hay mucho espacio sin llenar.<\/p>\n<p>\u2014Esos v\u00e1ndalos van a tener que entender que ac\u00e1 se necesita paz.<\/p>\n<p>Me dice un muchach\u00f3n fornido, su gorra para atr\u00e1s, su cuello con tatuajes, su camiseta verde camuflaje, hablando de los estudiantes y dem\u00e1s rebeldes. Para un pa\u00eds que estuvo en guerra tantos a\u00f1os la narrativa de la paz es decisiva. Entonces todos se reprochan mutuamente haberla roto, y el gobierno ha decidido hacerla su estandarte.<\/p>\n<p>\u2014Y lo van a entender por las buenas o por las malas, como quieran.<\/p>\n<p>Dice el muchachote. El gobierno, que siempre dijo que la calle era suya, ahora la est\u00e1 peleando (y no parece que gane la pelea). Esa misma tarde, en Le\u00f3n, decenas de miles de personas se juntan para exigirles que se vayan. Al d\u00eda siguiente, domingo a la ma\u00f1ana, en una rotonda de Managua, unos cuantos revolean banderas azul y blanco. La pelea por los colores es tenaz: durante d\u00e9cadas, el rojo y negro fue la divisa sandinista; desde que los opositores sacaron la nacional, azul y blanca, los sandinistas empezaron a usarla tambi\u00e9n: no pod\u00edan entregarles a sus enemigos el color de la patria.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1El pueblo \/ unido \/ jam\u00e1s ser\u00e1 vencido!<\/p>\n<p>Gritan tambi\u00e9n los protestantes, insistiendo en la fake news m\u00e1s repetida de las \u00faltimas d\u00e9cadas. Los dos bandos se pelean por las mismas palabras, las mismas consignas, las mismas canciones: todo el refranero izquierdista de los a\u00f1os setenta, que tantos tratan de olvidar, aqu\u00ed es un bot\u00edn que se disputa. Una se\u00f1ora pasa en silla de ruedas con un cartel escrito a mano en el regazo: \u201cEl poder reside en el pueblo. Es el pueblo el que pone y quita gobiernos\u201d, dice, firmado por Daniel Ortega, 1979. La guerra por la palabra es usar la palabra como b\u00fameran: a nadie se le aplica mejor lo que dijiste que a vos mismo. Y la se\u00f1ora reclama su legitimidad: forma parte de las Madres de Abril, la asociaci\u00f3n de las madres de las v\u00edctimas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSab\u00e9s qu\u00e9 pasa? Que las canciones y las consignas volvieron al pueblo. Las ten\u00eda secuestradas esta dictadura, pero ahora son nuestras otra vez.<\/p>\n<p>Me dice una chica de 15 o 16 a\u00f1os. En un altavoz suena el hit del mes, Mercedes Sosa con \u201cQue vivan los estudiantes\u201d, pero las vuvuzelas lo tapan inclementes. Un peque\u00f1o grupo de mujeres grita que no queremos pitos queremos consignas; nadie les hace caso. Los coches que pasan por la avenida ondean sus banderas: todo suena muy patrio. Hay mezcla, mucha mezcla: desde un cartel bien clasista \u2014\u201cEn un pa\u00eds gobernado por un ignorante, los profesionales son la amenaza\u201d\u2014 hasta los que reclaman m\u00e1s igualdad y menos hambre. La explosi\u00f3n de palabras es puro gozo, felicidad en verbo:<\/p>\n<p>\u201cHay d\u00e9cadas donde nada ocurre, y hay semanas donde ocurren d\u00e9cadas\u201d.<\/p>\n<p>\u201cTanto valiente sin armas y tanto cobarde armado\u201d.<\/p>\n<p>\u201cTe permitimos todo, Daniel. Pero no hubieras matado a los chavalos\u201d.<\/p>\n<p>Y hay metamorfosis: de la vieja consigna sandinista que propone \u201cPatria libre o morir\u201d, alguien pas\u00f3 a \u201cPatria libre o vivir\u201d y alguien, m\u00e1s cuidadoso, a una opci\u00f3n razonable: \u201cPatria libre para vivir\u201d. Y los gritos que dicen que no se confundan, que \u201cNo eran delincuentes, \/ eran estudiantes\u201d, y los que definen la confusi\u00f3n central, que \u201cDaniel, \/ Somoza, \/ son la misma cosa\u201d. Y, sobre todo, aquel hit sandinista recuperado por los que quieren derrocarlos: \u201c\u00a1Que se rinda tu madre!\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>#24. Cuando \u00c1ngel Gahona ten\u00eda 5 a\u00f1os, en 1981, su maestra de Bluefields, una ciudad peque\u00f1a del Caribe, hizo que los chicos repitieran que eran hijos de Sandino; el peque\u00f1o \u00c1ngel se neg\u00f3. Despu\u00e9s explic\u00f3 que quiz\u00e1 los otros fueran, pero que \u00e9l sab\u00eda que su pap\u00e1 se llamaba \u00c1ngel, como \u00e9l. Pronto su familia tuvo que huir a Venezuela, corrida por la guerra; all\u00ed pasaron privaciones y \u00c1ngel empez\u00f3 a trabajar antes de sus 10 a\u00f1os. A su vuelta consigui\u00f3 estudiar periodismo en una universidad de su regi\u00f3n Caribe; durante a\u00f1os trabaj\u00f3 en lo que pudo \u2014vendedor de comida o de chatarra o de comida chatarra, gerente de un c\u00edber\u2014 hasta que, ya casado, pudo fundar con su mujer Migueliuth Sandoval un peque\u00f1o diario digital: El Meridiano. Lo hac\u00edan entre los dos y consegu\u00edan sobrevivir; \u00c1ngel recorr\u00eda la ciudad en su moto saludando a todos, iba a las misas evang\u00e9licas, criaba a sus dos hijos, se vest\u00eda de chef y cocinaba, hab\u00eda empezado a estudiar para abogado.<\/p>\n<p>Ese domingo 21 las protestas llegaron a Bluefields; \u00c1ngel y Migue pensaron en salir a transmitirlas, pero alguien ten\u00eda que quedarse con los chicos. Decidieron que ella; \u00e9l tem\u00eda lo que pudiera pasar y se fue solo. En un Facebook Live, ya de noche, \u00c1ngel muestra a unos j\u00f3venes que tiran piedras contra la alcald\u00eda; despu\u00e9s dice \u2014su voz en off en el video\u2014 que \u201cvamos a buscar d\u00f3nde refugiarnos ya que la polic\u00eda se dirige hacia ac\u00e1\u201d. Los enfoca, muestra su llegada y la relata y, de golpe, la imagen se conmueve y funde al negro y solo se oyen gritos. Una bala le ha atravesado la cabeza; el video de un compa\u00f1ero lo muestra en el suelo, ensangrentado, muerto. Nadie sabe qui\u00e9n, nadie sabe por qu\u00e9; se sospecha de un francotirador oficial u oficialista, pero la justicia prefiri\u00f3 acusar a dos muchachos que ni ten\u00edan armas ni estaban all\u00ed. El mejor truco para no resolver un caso como este es pretender que ya lo resolviste.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles 16 de mayo un muchacho conmovi\u00f3 al pa\u00eds. Esa ma\u00f1ana se inauguraba la Mesa para el Di\u00e1logo que hab\u00eda convocado la Iglesia cat\u00f3lica en su Seminario Interdiocesano. Se encontraban las partes en conflicto: los estudiantes, las federaciones campesinas, las patronales, los obispos, la \u201csociedad civil\u201d, el se\u00f1or presidente y su se\u00f1ora vice. El protocolo preve\u00eda que Daniel Ortega hablara primero; estaba a punto de hacerlo cuando Lesther Alem\u00e1n se par\u00f3, con su camisa negra por el luto y su pa\u00f1oleta azul y blanca por la patria, y se lanz\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014No estamos aqu\u00ed para escuchar un discurso que por doce a\u00f1os lo hemos escuchado. Presidente, conocemos la historia; no la queremos volver a repetir. Usted sabe lo que es el pueblo. \u00bfD\u00f3nde radica el poder? En el pueblo. Estamos aqu\u00ed y hemos aceptado estar en esta mesa para exigirle ahorita mismo que ordene el cese inmediato a los ataques que est\u00e1n cometiendo en nuestro pa\u00eds, [\u2026] represi\u00f3n y asesinatos de las fuerzas paramilitares, de sus tropas, de las turbas adeptas al gobierno. Ahora, usted sabe muy bien el dolor que hemos vivido en veintiocho d\u00edas. Pueden dormirse todos tranquilos; nosotros no hemos dormido tranquilos, estamos siendo perseguidos, somos los estudiantes. Y por qu\u00e9 estoy hablando [\u2026] porque nosotros hemos puesto los muertos, nosotros hemos puesto los desaparecidos, los que est\u00e1n secuestrados, nosotros los hemos puesto.<\/p>\n<p>Dijo, con esa voz de locutor antiguo, las gestos medidos, casi una sonrisa. Y nadie se atrev\u00eda a interrumpirlo. Tres metros m\u00e1s all\u00e1, Daniel Ortega y Rosario Murillo lo escuchaban sin dar cr\u00e9dito: nadie en todos estos a\u00f1os, hab\u00eda hecho nada as\u00ed. Entonces Lesther \u2014sus anteojos, su cuerpo apuesto flaco, su pelo bien cortado modernito\u2014 les lanz\u00f3 la estocada:<\/p>\n<p>\u2014Esta no es una mesa de di\u00e1logo, es una mesa para negociar su salida. Y lo sabe muy bien, porque el pueblo es lo que ha solicitado. [\u2026] En un mes usted ha desbaratado al pa\u00eds; Somoza lo cost\u00f3 muchos a\u00f1os, y usted lo sabe muy bien, nosotros conocemos la historia, pero usted en menos de un mes ha hecho cosas que nunca nos imaginamos y que muchos han sido defraudados por esos ideales que no se han cumplido, de esas cuatro letras [FSLN] que le juraron a esta patria ser libre y hoy seguimos esclavos, hoy seguimos sometidos, hoy seguimos marginados, hoy estamos siendo maltratados. Cu\u00e1ntas madres de familia est\u00e1n llorando a sus hijos, se\u00f1or.<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n era extrema, la tensi\u00f3n tremenda. Las autoridades de un pa\u00eds paralizadas ante un chico de 20 a\u00f1os que les dec\u00eda lo que nunca nadie: sereno, sin levantar el tono, como si le explicara una obviedad a un t\u00edo un poco espeso. La escena era hipn\u00f3tica y conmovedora, y no se terminaba:<\/p>\n<p>\u2014El pueblo est\u00e1 en las calles, nosotros estamos en esta mesa exigi\u00e9ndole el cese de la represi\u00f3n. Sepa esto, r\u00edndase ante todo este pueblo. Pueden re\u00edrse, pueden hacer las caras que quieran, pero le pedimos que ordene el cese al fuego ahorita mismo, la liberaci\u00f3n de nuestros presos pol\u00edticos. No podemos dialogar con un asesino, porque lo que se ha cometido en este pa\u00eds es un genocidio.<\/p>\n<p>A las 9:47 de ese mi\u00e9rcoles, Lesther Alem\u00e1n ya era una de las personas m\u00e1s conocidas, m\u00e1s odiadas, m\u00e1s amadas de Nicaragua. Despu\u00e9s me dir\u00e1 que fueron los dem\u00e1s participantes de la mesa los que decidieron que \u00e9l hablara: que le dijeron que \u201cpor la voz, por la autoridad moral, por la rectitud y por el conocimiento\u201d.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, me acuerdo de muchas cosas. Primero vi que las c\u00e1maras se volteaban, estaban apuntadas al presidente y se voltearon hacia m\u00ed. Y entonces lo vi a \u00e9l, le vi la cara, los ojos, que se le dilataron sus pupilas vi\u00e9ndome, no s\u00e9 si era lo sorprendido o que pensaba muchas cosas de m\u00ed. Y Rosario tragaba agua sin parar. Fue tan raro. Yo pensaba que no iba a poder hablar mucho, esperaba que \u00e9l me interrumpiera. Pero que me permitiera todos esos minutos, en silencio, y que luego la gente tuviese la reacci\u00f3n que tuvo, los que me han dicho en estos d\u00edas que estaba hablando por todo un pueblo\u2026 Yo me sent\u00ed un Rigoberto L\u00f3pez P\u00e9rez.<\/p>\n<p>Dice Lesther, y me cuenta esa historia. L\u00f3pez P\u00e9rez fue un periodista de 25 a\u00f1os que, en plena dictadura del primer Somoza, Anastasio, el asesino de Sandino, se le acerc\u00f3 en un baile y lo mat\u00f3 de tres balazos. Corr\u00eda septiembre de 1956.<\/p>\n<p>\u2014\u00c9l solo dec\u00eda: \u201cVa a llegar el fin de la dictadura\u201d. \u00bfC\u00f3mo?, le preguntaban. \u201cVa a llegar el fin de la dictadura\u201d, dec\u00eda \u00e9l, y se meti\u00f3 en aquel sal\u00f3n y lo mat\u00f3. Despu\u00e9s lo cosieron a balazos, como trescientos tiros. Dos d\u00edas antes \u00e9l le hab\u00eda escrito una carta a su mam\u00e1, una de las cartas m\u00e1s bellas que yo he le\u00eddo. Y ah\u00ed le dice que va a liberar el pa\u00eds, nada m\u00e1s. Entonces, ese mi\u00e9rcoles, yo pens\u00e9: en m\u00ed se reencarn\u00f3 Rigoberto. Pens\u00e9: no fue con balazos, s\u00ed fue con la palabra.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLas hab\u00edas preparado?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, prepar\u00e9 las grandes l\u00edneas. Yo no me aprendo las cosas al tubo, de memoria, porque creo que la emoci\u00f3n te hace decir las palabras certeras. Pero la noche antes camin\u00e9 por el pasillo del hotel, de lado a lado, muchas veces, y me dec\u00eda qu\u00e9 yo voy a hacer, qu\u00e9 va a decir la gente, cu\u00e1l va a ser la reacci\u00f3n del pueblo. Y me preguntaba c\u00f3mo hacer para que no me callaran. Y fui escribiendo esas l\u00edneas, hice dos borradores que ah\u00ed est\u00e1n, pu\u00f1o y letra. Despu\u00e9s pens\u00e9 que no puedo botar esa hoja, se la voy a ense\u00f1ar a mi hijo, mire m\u2019hijo, esta fue la hoja\u2026<\/p>\n<p>Lesther todav\u00eda no tiene ning\u00fan hijo y es de noche. En los alrededores de Managua, en el centro universitario donde \u00e9l y sus compa\u00f1eros de la Coalici\u00f3n Universitaria se refugian, medio clandestinos, me cuenta que es hijo de una familia de trabajadores azucareros y que estaba cursando, con una beca, el cuarto a\u00f1o de Comunicaci\u00f3n en la Universidad Centroamericana \u2014jesuita\u2014 de Managua. Y que todo empez\u00f3 unas semanas antes, en la marcha para exigir que el gobierno se ocupara del incendio de la reserva de Indio Ma\u00edz. Aquella tarde, dice, hab\u00eda un micr\u00f3fono y \u00e9l, por primera vez, se atrevi\u00f3 a usarlo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY por qu\u00e9 se te ocurri\u00f3 hablar?<\/p>\n<p>\u2014Era un micr\u00f3fono abierto, la gente le\u00eda cosas, recitaban, y mis compa\u00f1eros me dijeron: \u201cLesther, es tu momento\u201d. Porque yo desde peque\u00f1o he tenido el sue\u00f1o de ser presidente de este pa\u00eds y ellos lo saben. Entonces me dijeron eso, burl\u00e1ndose, y yo: \u201cAh, ok, lo voy a hacer\u201d, y habl\u00e9 y la gente gritaba; yo me sent\u00eda que ya estaba en la candidatura\u2026<\/p>\n<p>Dice ahora y me mira muy serio, risue\u00f1o pero serio, y que es verdad y que siempre tuvo dos sue\u00f1os: uno, entrar en el ej\u00e9rcito, porque le encanta el orden y la seriedad y los uniformes camuflados; el otro, ser el presidente. Tras todos estos d\u00edas de no pasar por casa, de vivir a salto de mata, Lesther sigue impecable: una camisa marr\u00f3n ajustada, un pantal\u00f3n negro, unas botas complejas. El pantal\u00f3n tiene manchitas blancas y se ve que le molestan, las rasca sin \u00e9xito; en esa mano tiene un anillo de sello y un reloj \u00ednfimo, casi de mu\u00f1eca.<\/p>\n<p>\u2014Por eso el \u00fanico seud\u00f3nimo que les permito que me digan es Comandante. Mis mejores amigos ya de siempre me llamaban Comandante.<\/p>\n<p>\u2014Me preocupa. La mezcla de tus dos sue\u00f1os nos lleva derecho al golpe militar.<\/p>\n<p>Lesther se r\u00ede, un batall\u00f3n de dientes blancos en orden de revista, y dice que tiene que estudiar mucho, prepararse para ser presidente con todos los conocimientos y los m\u00e9ritos, pero que eso podr\u00eda pasar en un pa\u00eds distinto, que en este la dictadura los desalienta, que muchos de sus compa\u00f1eros de la facultad de Comunicaci\u00f3n, por ejemplo, no quieren ser periodistas porque para qu\u00e9, si el control y la censura son la norma. Pero que \u00e9l nunca se desalienta, que ha le\u00eddo mucho sobre los ideales sandinistas, que el fundador y pr\u00f3cer del Frente, Carlos Fonseca, muerto poco antes del triunfo de su revoluci\u00f3n, es su h\u00e9roe.<\/p>\n<p>\u2014Lesther comenz\u00f3 a construir sus ideales a partir de libros, de videos, de canciones. Su himno es Nicaragua Nicarag\u00fcita, sus canciones favoritas son las testimoniales.<\/p>\n<p>Dice Lesther; despu\u00e9s me explicar\u00e1 que muchas veces habla de s\u00ed mismo en tercera persona: Lesther piensa tal cosa, Lesther dice tal otra.<\/p>\n<p>\u2014Lesther nunca se imagin\u00f3 llegar hasta aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Dice, y que el peor momento fue aquella tarde en la Catedral, cuando intentaron refugiarse del ataque policial y parapolicial y los sitiaron.<\/p>\n<p>\u2014Cuando nos secuestran en Catedral, que la polic\u00eda nos empieza a rodear, \u00e9ramos m\u00e1s de dos mil y no sab\u00edamos qu\u00e9 hacer, entonces armamos un grupo para ordenar y conducir la situaci\u00f3n. Pero eso dur\u00f3 como dos horas, hasta que llegaron las turbas sandinistas y fue una histeria colectiva, algunos de puro miedo se met\u00edan hasta en la sacrist\u00eda, profanando todos los lugares santos\u2026 Yo en ese momento pens\u00e9: \u201cNos mataron\u201d, pens\u00e9 que quedaba ah\u00ed asesinado en Catedral. Y mis compa\u00f1eros lloraban, yo llor\u00e9, nos met\u00edan gases, balas\u2026 pero yo trat\u00e9 de que no se me notara, de mantener la calma. Como l\u00edder ten\u00e9s que hacerlo, para no dar pautas de sufrimiento a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Estuvieron encerrados casi treinta horas, esperando el ataque final: esa noche les cortaron la luz, segu\u00edan amenaz\u00e1ndolos, estaban agotados, desarmados, esperaban el fin. Pero al otro d\u00eda los dejaron salir. Lesther estuvo entre los \u00faltimos: el cansancio, el alivio, la decisi\u00f3n m\u00e1s firme.<\/p>\n<p>\u2014Cuando pensaste que te pod\u00edan matar, \u00bfqu\u00e9 sent\u00edas? \u00bfMiedo, tristeza\u2026?<\/p>\n<p>\u2013No, me entraba tristeza por mi mam\u00e1. Pero Lesther hasta hoy no ha tenido miedo. Yo no temo por mi vida.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no?\u2014Es una de mis frases: quien ama a su patria est\u00e1 dispuesto a entregarse en una cruz. El sufrimiento, el dolor son necesarios si amas a tu pueblo.<\/p>\n<p>Dice, con esa voz que parece salir de otra persona, m\u00e1s maciza, m\u00e1s a\u00f1osa, m\u00e1s vivida.<\/p>\n<p>\u2014Pero vivo sos m\u00e1s \u00fatil que muerto, \u00bfno?<\/p>\n<p>\u2014Puede ser. Pero no soy como esos que temen por su vida, por su seguridad, que se han ido del pa\u00eds\u2026 y quiz\u00e1 ni han participado y ya est\u00e1n fuera. No es que yo me jacte del lugar en el que estoy pero\u2026 todo el mundo me conoce, as\u00ed que yo tendr\u00eda que irme muy lejos.<\/p>\n<p>Lesther me cuenta que querr\u00eda ser periodista, que hace un par de a\u00f1os estuvo en Nueva York y se sac\u00f3 una foto en la puerta del New York Times, que le gusta leer diarios de papel y escuchar radio en una radio de verdad, que como milenial es demasiado anal\u00f3gico, que sus amigos le dicen que es un viejo en el cuerpo de un muchacho de veinte. Y que nunca antes estuvo en un grupo pol\u00edtico, que \u201cla juventud sandinista no es sandinista sino pura bacanal\u201d, que le interesan muchos ideales del socialismo y del comunismo pero no sus maneras, que no cree en los pol\u00edticos porque nunca lo han representado, que tuvieron la oportunidad para hacerle frente a este dictador y no lo hicieron, que no tienen autoridad moral. Y que le gusta escribir y ahora est\u00e1 tratando de contar la historia de estos d\u00edas \u201cpara que luego, cuando est\u00e9 jubilado, pueda estar sentado con alguien, un nieto, y decirle este fui yo, esto hizo Lesther cuando era un chavalo\u201d.<\/p>\n<p>Ahora no lo necesita: lo recuerdan todos. Un diario habl\u00f3 de la \u201clestherman\u00eda\u201d: hay mu\u00f1equitos con sus rasgos y una capa azul y blanca de superh\u00e9roe, hay llaveros y afiches y pancartas, hay abrazos y besos y selfis cada vez que sale a la calle.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es ser un l\u00edder?\u2014Es una persona que no ordena sino que convence; el l\u00edder escucha, valora, analiza, critica, y despu\u00e9s comunica. Pero ante todo es la persona que debe tener m\u00e1s humildad, sobriedad, paciencia. Yo carezco de paciencia\u2026\u2014Bueno, de humildad tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Le digo, y se r\u00ede inc\u00f3modo, pero trata de pensarlo: lo discutimos. Entonces me explica que una de sus formas de humildad es esto de hablar de s\u00ed mismo en tercera persona.<\/p>\n<p>\u2014Es para no sentirme limitado. Yo no considero que pueda decir yo soy as\u00ed, yo digo esto, entonces mejor voy por la tangente: Lesther es as\u00ed, Lester dice esto. Siempre me he visto como que salgo yo a hablar por Lesther\u2026 Tengo esa idea de no dejar que Lesther hable por Lesther\u2026<\/p>\n<p>Dice, y me ve la cara de sorpresa y le salta la risa:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo entiendes que es como una locura m\u00eda\u2026?<\/p>\n<p>Le digo que s\u00ed, que eso lo veo, nos re\u00edmos, sigue explic\u00e1ndome lo inexplicable, se pone casi nervioso: esos t\u00edmidos que la timidez hace m\u00e1s expansivos, m\u00e1s el\u00e9ctricos. Es, al fin y al cabo, un chico de 20 a\u00f1os al que de pronto todos miran. Es, tambi\u00e9n, en estos d\u00edas, la persona m\u00e1s popular de Nicaragua, el h\u00e9roe que viv\u00eda ac\u00e1 a la vuelta.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>#63. Margarita Mendoza llevaba cuatro d\u00edas aterrada: Javier Mungu\u00eda, su hijo, 19 a\u00f1os, alba\u00f1il desempleado, hab\u00eda sido detenido por la polic\u00eda el 8 de mayo cerca de la Universidad Polit\u00e9cnica y no aparec\u00eda. Ya hab\u00eda preguntado en todos los hospitales y finalmente, el 12 de mayo, se decidi\u00f3 a ir a la morgue del Instituto de Medicina Legal; cuando le dijeron que no estaba su alivio fue infinito: Javier deb\u00eda estar vivo todav\u00eda. Pero segu\u00eda perdido; al otro d\u00eda, Margarita fue a tocar las puertas de la Direcci\u00f3n de Auxilio Judicial aka El Chipote, un centro de represi\u00f3n con ochenta a\u00f1os de historia criminal: all\u00ed le dijeron que no lo conoc\u00edan, pero exdetenidos le contaron que lo hab\u00edan visto adentro y que lo estaban torturando.<\/p>\n<p>El viernes 18, Margarita fue una de los cientos de parientes que se presentaron ante la delegaci\u00f3n de la CIDH: quer\u00eda denunciar la desaparici\u00f3n de su hijo. Su celular son\u00f3 mientras lo hac\u00eda. Margarita atendi\u00f3: un funcionario de Medicina Legal le dijo que ten\u00edan el cad\u00e1ver de Javier. Sus gritos se oyeron en todo el piso. M\u00e1s tarde, en el instituto, le dijeron que el chico hab\u00eda muerto \u201cpor causas naturales\u201d. Al otro d\u00eda un forense independiente le cont\u00f3 la verdad: a Javier Mungu\u00eda, la cara rota a golpes, lo hab\u00edan estrangulado.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, claro que tengo miedo todav\u00eda. Pero uno empieza a perder el miedo en la calle. Como solemos decir, nos quitaron tanto que nos quitaron hasta el miedo. S\u00ed, muchos de nosotros fuimos atacados por la polic\u00eda, ya sabemos c\u00f3mo es eso. Yo tambi\u00e9n estuve en la Catedral cuando nos rode\u00f3 la polic\u00eda y la turba orteguista, y estuvimos tan cerca de la muerte. De verdad cre\u00edmos que hasta ah\u00ed lleg\u00e1bamos, unos se arrodillaron, se pusieron a rezar, otros lloraban\u2026<\/p>\n<p>Dice Melisa, y Erasmo la apuntala:<\/p>\n<p>\u2014Dicen que el valor no es la ausencia de miedo sino el miedo mismo junto a la voluntad de seguir. Entonces nosotros ten\u00edamos sobre todo esa rabia de ver que mataban a nuestros compa\u00f1eros\u2026<\/p>\n<p>Melisa y Erasmo estudian en la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de Nicaragua (UNAN), la m\u00e1s grande del pa\u00eds, 40.000 alumnos y 30 hect\u00e1reas de bosque sembrado de edificios: matorrales, \u00e1rboles, ca\u00f1adas y, ahora, algunas tiendas de campa\u00f1a que cobijan estudiantes vigilantes. Cuando vino la primera ola de ocupaciones, la UNAN se salv\u00f3: el sindicato de estudiantes oficialistas, UNEN, consigui\u00f3 evitarlo. La universidad estuvo cerrada dos semanas; el 7 de mayo, cuando volvieron a abrirla, sus estudiantes la ocuparon. Y ahora estamos en un edificio \u2014la Escuela de Geolog\u00eda\u2014 que los rebeldes usan como hospital, cocina, dormitorio. Melisa y Erasmo tienen alrededor de 20 a\u00f1os, hijos de clase media, muy articulados. Los ocupantes, me dicen, son unos 500; les pregunto si no les parece cuestionable que el uno por ciento de los estudiantes se arrogue el derecho de tomar la universidad.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, no vamos a negar que somos una peque\u00f1a parte. Pero es que hay muchos que no pueden estar. Por ejemplo, yo me qued\u00e9 desde el lunes de la semana pasada, y s\u00e9 que si voy a mi casa ya no puedo volver.<\/p>\n<p>Erasmo es uno de los jefes de la toma y es alto, fornido, la piel oscura, la sonrisa brillante. Le pregunto por qu\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Porque mi mam\u00e1 no me deja. Y as\u00ed hay muchos que no los dejan o tienen miedo de meterse o involucrar a la familia, que hay gente que ha ido a intimidar a nuestras casas\u2026<\/p>\n<p>Dice Erasmo, y Melisa lo corta. Melisa tiene muchas ganas de hablar y tiene la frente ancha, despejada bajo los rizos casta\u00f1os, mirada inteligente:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, hay muchos universitarios que est\u00e1n de acuerdo con nosotros, aunque no est\u00e9n ac\u00e1. El problema es que nadie quiere morir. Nadie quiere ser m\u00e1rtir. Pero ya tenemos m\u00e1rtires, ya hay m\u00e1s de sesenta muchachos muertos. Y hay muchos que tienen miedo, pero eso no quiere decir que no est\u00e9n de acuerdo\u2026<\/p>\n<p>La idea de que unos pocos hacen lo que muchos har\u00edan es una de las bases de la pol\u00edtica del siglo XX: lo llamaban vanguardia. Aqu\u00ed son pocos, y esos pocos jaquean a un gobierno. Tienen con ellos la legitimidad, la opini\u00f3n p\u00fablica, y eso a veces \u2014solo a veces\u2014 vale m\u00e1s que la fuerza, que el n\u00famero.<\/p>\n<p>\u2014Nosotros nunca pensamos que nos \u00edbamos a pasar ac\u00e1 tanto tiempo, as\u00ed que nos fuimos organizando poco a poco, dando cuenta de lo que esto significa, de la importancia que tiene, los peligros que tiene. Sabemos que en cualquier momento nos pueden atacar, tenemos que estar preparados todo el tiempo.<\/p>\n<p>Dice Melisa. En la pr\u00e1ctica, desalojarlos no parece dif\u00edcil; para el gobierno, podr\u00eda ser car\u00edsimo. Los pocos cientos tambi\u00e9n est\u00e1n organizados en grupos que se ocupan de la comida, la sanidad, las guardias, los choques. Hay una red compleja de muchachas y muchachos que ocupan todo el espacio de la universidad, con un sistema de delegados y poderes, reuniones, asambleas, discusiones.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY c\u00f3mo creen que termine la toma?<\/p>\n<p>\u2014Para que les entreguemos la universidad las autoridades tienen que tomar en cuenta por lo menos algunas de nuestras exigencias: la recomposici\u00f3n del movimiento estudiantil, la autonom\u00eda de la universidad y despu\u00e9s, la m\u00e1s dif\u00edcil, una Nicaragua democr\u00e1tica. Puede parecer una utop\u00eda, pero si cay\u00f3 Somoza, si cay\u00f3 el Muro de Berl\u00edn, \u00bfpor qu\u00e9 no va a caer este?<\/p>\n<p>No hay una forma demasiado legal de acabar con el gobierno de Daniel Ortega: si \u00e9l renuncia debe sucederlo su mujer, la vicepresidenta, y si los dos renuncian, el siguiente, presidente de la Asamblea, sigue siendo un incondicional. Para acabar con el r\u00e9gimen y convocar elecciones deber\u00edan hacer una pirueta legal que no termina de estar clara. Pero dicen que los m\u00e1s ricos ya le soltaron la mano al presidente: que la presi\u00f3n social es demasiado fuerte, que los suyos no les perdonar\u00edan que siguiesen aliados a un \u201cdictador y genocida\u201d.<\/p>\n<p>\u2014Ortega tiene que entender que debe renunciar. Si no, va a llegar un momento en que Nicaragua se va a encachimbar. Y cuando se encachimbe Nicaragua, cr\u00e9ame que ese se\u00f1or no va a tener d\u00f3nde meterse.<\/p>\n<p>Dice Erasmo, casi amenazante. Encachimbar es grave, y nadie quiere que suceda, pero tampoco hay un proyecto alternativo. Es la fuerza y la flaqueza de esta alianza rara: como no ofrecen ninguna propuesta m\u00e1s all\u00e1 de echar a Ortega, no tienen por qu\u00e9 pelearse entre ellos; como no ofrecen ninguna propuesta m\u00e1s all\u00e1 de echar a Ortega, tampoco tienen hacia d\u00f3nde ir. Todav\u00eda. Y como no tienen un l\u00edder, el gobierno no tiene con qui\u00e9n negociar. O tambi\u00e9n: no tiene a qui\u00e9n comprar.<\/p>\n<p>\u2014Nadie quiere un conflicto b\u00e9lico. Nosotros no estamos armados, somos hijos de la posguerra. Nuestros padres s\u00ed son excombatientes, algunos vivieron la revoluci\u00f3n, la contra, militaron, pero nosotros qu\u00e9 sabemos de esas cosas militares, log\u00edsticas\u2026 Ni queremos saber, pero Nicaragua aguanta poco y tenemos miedo de que se vuelva a armar una guerra. As\u00ed que estamos muy pendientes del di\u00e1logo, a ver si lo podemos evitar\u2026<\/p>\n<p>Entre 1970 y 1990, en veinte a\u00f1os de guerra, murieron cien mil nicarag\u00fcenses. Muchos, despu\u00e9s, interpretaron esta generaci\u00f3n diciendo que eran chicos que vieron que eso solo sirvi\u00f3 para que unos pocos mandaran y se enriquecieran y que por eso era l\u00f3gico que solo les importaran los juegos en red y los juegos de Messi y ciertas m\u00fasicas y ciertos bailoteos: que eran una generaci\u00f3n de ap\u00e1ticos individualistas, pobrecitos, que nunca sabr\u00edan lo que es en realidad la vida. Pero tambi\u00e9n eran chicos que se pasaron la vida escuchando historias heroicas, revolucionarias de sus padres, sus abuelos, y reproches por ser vagos e indolentes, por no hacer esas cosas. Se ve que se cansaron.<\/p>\n<p>\u2014Ya desde antes ten\u00edamos inconformidad con este gobierno, solo que est\u00e1bamos adormecidos, no nos hab\u00edamos puesto en marcha.<\/p>\n<p>Ahora se pusieron y pusieron al pa\u00eds a preguntarse qu\u00e9 hacer, a pensarse de nuevo.<\/p>\n<p>\u2014Ya nadie quiere m\u00e1s muertos. Estamos cansados de los muertos. No queremos que nadie m\u00e1s se muera, apostamos a la v\u00eda pac\u00edfica, que se resuelva sin que haya que usar armas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY tu mam\u00e1 qu\u00e9 dice?<\/p>\n<p>\u2013Mi mama dice que si me agarra\u2026<\/p>\n<p>Dice Erasmo, se r\u00ede; Melisa quiere aclarar el punto:<\/p>\n<p>\u2014Hay muchos que est\u00e1n sin permiso de sus padres. Mi pap\u00e1 me apoya, \u00e9l estuvo en la revoluci\u00f3n sandinista\u2026 Y dice que por ahora estamos m\u00e1s seguros ac\u00e1 que en nuestras casas.<\/p>\n<p>\u2014Claro, pero \u00bfy cuando tengan que volver a sus casas?<\/p>\n<p>\u2014Esa es la pregunta del mill\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 pasa?<\/p>\n<p>Nadie sabe.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>Ahora nadie sabe qu\u00e9 puede pasar. Daniel Ortega menos que nadie: debe estar perplejo. Hace un mes, los pobres de las barriadas y los empresarios de Managua se peleaban por hacerse selfis con \u00e9l. Es probable que algunos de esos pobres todav\u00eda las guarden; muy probable que la mayor\u00eda de los empresarios ya las hayan borrado. Y el sistema de control social clientelista funcionaba a pleno: el partido te daba los avales para conseguir un empleo, te tra\u00eda el zinc para el techo del ranchito, te pod\u00eda arruinar la vida.<\/p>\n<p>\u2014Con Daniel uno siempre se equivoca. El error m\u00e1s com\u00fan es subestimarlo, porque al final siempre consigue sacar algo de cada situaci\u00f3n. No sabemos qu\u00e9 pasar\u00e1 esta vez, lo tiene dif\u00edcil, pero hay que estar atentos, muy atentos.<\/p>\n<p>Dice Carlos Fernando Chamorro, periodista hist\u00f3rico, ahora director de Confidencial. Y todo est\u00e1 en suspenso. Algunos suponen que los estudiantes, la \u201csociedad civil\u201d y algunas asociaciones agrarias y empresariales pueden convocar un paro nacional que cerrar\u00eda las carreteras, las calles, las actividades; y acelerar\u00eda la ca\u00edda del gobierno. O podr\u00eda cansar a muchos ciudadanos, que se hartar\u00edan de los problemas y dificultades, la penuria, las p\u00e9rdidas, las incomodidades, y empezar\u00edan a extra\u00f1ar los tiempos m\u00e1s tranquilos.<\/p>\n<p>Algunos recuerdan el ejemplo de Venezuela: hace unos meses parec\u00eda que su gobierno estaba listo y ahora acaba de regalarse unas elecciones. Fabi\u00e1n Medina, editor en La Prensa, dice que Ortega ahora es como un boxeador que acaba de recibir un golpe duro: debe agarrarse del contrario para impedir que le siga pegando, tomar aire, ganar tiempo y terminar el round. Es una carrera desesperada: \u00e9l sabe \u2014probablemente sabe\u2014 que si pasa estos d\u00edas no ser\u00e1 f\u00e1cil sacarlo; sus oponentes m\u00e1s entusiastas saben \u2014probablemente saben\u2014 que si los pasa se va a vengar de ellos. Aunque m\u00e1s no sea para que todos sepan que no se puede desafiar al comandante gratis.<\/p>\n<p>Por eso, mucha gente sabe que ya quem\u00f3 las naves: que no pueden ir para atr\u00e1s, que solo pueden ir para adelante. O al abismo. Mientras, Ortega se desarma: cada vez m\u00e1s sectores lo abandonan. El poder solo se mantiene cuando realmente se lo tiene; cuando se empieza a perder, los buitres se van a buscar carne m\u00e1s fresca. Hay, sobre todo, incertidumbre, pero todos saben que la situaci\u00f3n no puede prolongarse. O el gobierno desactiva las protestas o las protestas terminar\u00e1n por desactivarlo. Y el gobierno no va a caer sin pelear: si llega ese enfrentamiento, el ej\u00e9rcito puede ser el \u00e1rbitro. Si los protestantes consiguieran una masa cr\u00edtica podr\u00edan desbordar a la polic\u00eda y a las turbas, y entonces el ej\u00e9rcito tendr\u00e1 que decidir si defiende a su comandante jefe o lo deja caer. Es cuesti\u00f3n de d\u00edas, de semanas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEntonces, c\u00f3mo termina todo esto?<\/p>\n<p>Le pregunto, y Sergio Ram\u00edrez, el gran escritor nicarag\u00fcense, \u00faltimo Premio Cervantes, que fue vicepresidente de Ortega entre 1979 y 1990, lanza la carcajada:<\/p>\n<p>\u2014Eso qui\u00e9n lo sabe\u2026 Este di\u00e1logo es muy incierto. Hay dos universos totalmente distintos, el de Ortega, que no est\u00e1 pensando en irse, y el de la sociedad civil, que piensa que s\u00ed. Este choque de realidades va a determinar todo. A menos que haya una presi\u00f3n mayor, si es que puede haber una presi\u00f3n sin sangre\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY puede?<\/p>\n<p>Ram\u00edrez se calla, mira a ninguna parte.<\/p>\n<p>\u2014Es una pregunta terror\u00edfica, esa. Bueno, tendr\u00eda que haber una resistencia civil verdadera, tranques, paros, paro general\u2026 Y por otro lado la presi\u00f3n internacional. Pero Ortega no piensa irse y sin su salida no hay c\u00f3mo seguir, porque la indignaci\u00f3n es generalizada.<\/p>\n<p>Dice Ram\u00edrez, y que el problema es que el pa\u00eds necesita que Ortega desaparezca. Aunque, dice, eso no significa que desaparezca el Frente Sandinista, porque es una fuerza pol\u00edtica importante, que a\u00fan en medio de estos cr\u00edmenes terribles sigue siendo el 30 por ciento de la poblaci\u00f3n. O sea que hay que contar con ellos, dice, porque sin esa fuerza tampoco hay estabilidad en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>\u2014La gran dificultad es que Daniel Ortega no tiene vida alternativa al poder, no es una persona a la que se le pueda decir: \u201cBueno, coge tus millones y te vas a vivir a Estados Unidos\u201d\u2026<\/p>\n<p>Dice, y nos interrumpe un hombre muy sonriente. Estamos en un caf\u00e9 en un mall; cada poco se acerca alg\u00fan desconocido, lo saluda, lo felicita, lo palmea.<\/p>\n<p>\u2014Estados Unidos no existe para \u00e9l ni tampoco los millones. \u00c9l no tiene la ambici\u00f3n de ser rico; su ambici\u00f3n es tener poder. No tiene vida alternativa al poder, no es una persona que se pueda retirar a una finca a cultivar caf\u00e9 o escribir sus memorias; para \u00e9l solo existe el poder. Esa es la dificultad, el nudo gordiano. Adem\u00e1s, incluso si lo dejaran tomar su dinero e irse con su familia, \u00bfad\u00f3nde se va a ir? \u00bfA Cuba, a Venezuela? Ser\u00eda ir de la llama a las brasas. \u00bfA Rusia? Y no estar\u00eda seguro en ning\u00fan otro lado, porque ahora que la Comisi\u00f3n dice que hay que investigar si no hubo ejecuciones extrajudiciales, y esos ya son cr\u00edmenes de lesa humanidad\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La Comisi\u00f3n Interamericana de Derechos Humanos ya document\u00f3, entre el 18 de abril y el 23 de mayo, 76 muertos y 657 heridos: es, como dice Chamorro, \u201cla mayor masacre de la historia de Nicaragua en tiempos de paz\u201d. Y ahora se suspendi\u00f3 el di\u00e1logo y las turbas mataron a dos muchachos m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo terminan las revoluciones?<\/p>\n<p>Y, otra vez: \u00bfc\u00f3mo empiezan las revoluciones?<\/p>\n<p>Lo bueno es que nunca nadie sabe. Es tan alentador que haya momentos como estos, historias como estas, que demuestran que todo lo que uno sabe es discutible: uno se cree que sabe cosas, y en general son tristes, desalentadoras, razonables. Que suceda lo que nadie previ\u00f3, que, cada tanto, la realidad te demuestre que est\u00e1s equivocado, es un ba\u00f1o de humildad, un canto de esperanza.<\/p>\n<p><strong>* <u>Nota de Correspondencia de Prensa<\/u><\/strong><u>:<\/u> \u00a0Mart\u00edn Caparr\u00f3s, periodista, escritor e historiador argentino. En 1976 debi\u00f3 exiliarse tras el golpe de Estado. Se licenci\u00f3 en Historia en Par\u00eds, vivi\u00f3 en Madrid, Nueva York y Barcelona. A su regreso, trabaj\u00f3 en la secci\u00f3n de cultura del peri\u00f3dico Tiempo Argentino. En 1984 recal\u00f3 en Radio Belgrano donde fue el conductor del programa Sue\u00f1os de una noche de Belgrano. Editor de la revista El Porte\u00f1o, form\u00f3 parte de la creaci\u00f3n del diario P\u00e1gina\/12 y fund\u00f3 la revista Babel. Recibi\u00f3 entre otras distinciones la beca Guggenheim\u00a0 y los premios Planeta, Herralde, Tiziano Terzani y Moors Cabot. Ha publicado unos treinta libros en treinta pa\u00edses. Entre ellos, la novela La Historia, el ensayo El Hambre, y el thriller hist\u00f3rico Todo por la Patria. Actualmente vive en Espa\u00f1a y cada tanto regresa a la Argentina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que hizo que Nicaragua, una sociedad disciplinada durante a\u00f1os por la mano de hierro de Daniel Ortega, se volviera un pueblo en pie de guerra? 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