{"id":4591,"date":"2018-05-27T15:31:05","date_gmt":"2018-05-27T18:31:05","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4591"},"modified":"2018-05-27T15:31:05","modified_gmt":"2018-05-27T18:31:05","slug":"memoria-1968-mexico-contra-el-pais-de-pies-de-barro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4591","title":{"rendered":"Memoria\/1968 &#8211; M\u00e9xico: contra el pa\u00eds de pies de barro"},"content":{"rendered":"<h3><strong>De Par\u00eds a Tlatelolco<\/strong><\/h3>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>Carlos Fazio, desde Ciudad de M\u00e9xico<\/strong><\/p>\n<p><strong>Brecha, 25-5-2018,\u00a0<\/strong><strong><a href=\"https:\/\/brecha.com.uy\/\">https:\/\/brecha.com.uy\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Todo empez\u00f3 con un pleito a pedradas. El origen de los acontecimientos que sacudieron a M\u00e9xico fue un zafarrancho entre alumnos de las escuelas vocacionales 2 y 5 y de la preparatoria popular Isaac Ochoterena, ocurrido el 23 de julio de 1968. El enfrentamiento fue aprovechado por la polic\u00eda para agredir a los estudiantes. Tres d\u00edas despu\u00e9s se conectaron los sucesos puramente escolares con los pol\u00edticos, cuando una manifestaci\u00f3n conmemorativa de la revoluci\u00f3n cubana \u2013que segu\u00eda resistiendo a la b\u00eate noire del nacionalismo mexicano: Estados Unidos\u2013 intent\u00f3 entrar al Z\u00f3calo, frente al Palacio Nacional, espacio entonces vedado a las protestas, y fue atacada por el cuerpo de granaderos. Saldo: 50 heridos.<\/p>\n<p>El 29 de julio se decret\u00f3 el cierre indefinido de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico (Unam) y del Instituto Polit\u00e9cnico Nacional (Ipn). La intervenci\u00f3n del Ej\u00e9rcito caus\u00f3 estupor en la opini\u00f3n p\u00fablica. En la madrugada del 30, dos secciones de paracaidistas y un batall\u00f3n de infanter\u00eda, con tanques ligeros, jeeps con ca\u00f1ones de 101 mil\u00edmetros y bazucas tomaron dos preparatorias y la Vocacional 5. Los soldados hicieron volar de un bazucazo la puerta de madera del Colegio de San Ildefonso. Hubo 400 heridos.<\/p>\n<p>Estudiantes de la Unam y el Ipn \u2013de tendencias ideol\u00f3gicas opuestas y escuelas irreconciliables\u2013, y muchos profesores, se unieron ante la agresi\u00f3n: formaron un Consejo Nacional de Huelga. El 1 de agosto una manifestaci\u00f3n de 50 mil estudiantes, encabezados por el rector de la Unam, Javier Barros Sierra, protest\u00f3 por la violaci\u00f3n de la autonom\u00eda universitaria y contra la represi\u00f3n. En un gesto simb\u00f3lico que represent\u00f3 un desaf\u00edo al todopoderoso sistema presidencialista mexicano, el rector puso la bandera nacional a media asta. Todo un pa\u00eds agraviado de luto.<\/p>\n<p>Poco a poco el movimiento tom\u00f3 un cariz sociopol\u00edtico. Creci\u00f3 la politizaci\u00f3n del estudiantado, la conciencia de su fuerza y la participaci\u00f3n, y el activismo por la reforma de las estructuras. Los estudiantes asumieron una relaci\u00f3n de iguales frente al poder; exigieron ser tratados como adultos. Y dos lenguajes diferentes, incomprensibles mutuamente, quedaron enfrentados: el del gobierno y el de la juventud.<\/p>\n<p>Como en Berl\u00edn, Rio, Berkeley, Par\u00eds, Praga y Montevideo, el af\u00e1n de democracia, de respeto a los derechos individuales, de rechazo a las autoridades establecidas, estuvo presente tambi\u00e9n en M\u00e9xico. Fue un movimiento nacional y universal a la vez.<\/p>\n<p>Alimentados por la labor de las agencias de noticias internacionales, ejemplos, valores y esperanzas dieron la vuelta al mundo, reproduciendo lemas, modas y patrones de conducta con una velocidad y una eficiencia sin precedentes. M\u00e1s sensibles a ese tr\u00e1fico de ideas e im\u00e1genes que otras capas de la poblaci\u00f3n, los estudiantes se movieron inspirados no s\u00f3lo por las verdaderas o imaginarias del pa\u00eds, sino tambi\u00e9n por las de otras latitudes.<\/p>\n<p>En los primeros d\u00edas de agosto el movimiento estudiantil mexicano estableci\u00f3 una plataforma reivindicativa de seis puntos que surgi\u00f3 como s\u00edntesis obligada de las demandas de los j\u00f3venes agredidos: libertad para los presos pol\u00edticos; derogaci\u00f3n del art\u00edculo 145 del C\u00f3digo Penal Federal; destituci\u00f3n del jefe y subjefe de la Polic\u00eda Preventiva as\u00ed como del jefe de granaderos; indemnizaci\u00f3n a las v\u00edctimas de las agresiones de la fuerza p\u00fablica; deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios p\u00fablicos que intervinieron en el conflicto.<\/p>\n<p>Ese petitorio, que se hizo famoso, fue la bandera del movimiento estudiantil. Una bandera que clamaba justicia y rechazaba la represi\u00f3n. Fue un movimiento antirrepresivo en su origen, que apoyado por la poblaci\u00f3n del Distrito Federal creci\u00f3 y se transform\u00f3 en pol\u00edtico. Los estudiantes levantaron la limpia bandera de la Constituci\u00f3n. Y as\u00ed, el rechazo estudiantil a la impunidad, la corrupci\u00f3n y el autoritarismo cong\u00e9nitos del Estado mexicano de los sesenta los hizo hermanarse con el Che Guevara hombre. No precisamente con sus ideas pol\u00edticas, que la mayor\u00eda desconoc\u00eda. Quer\u00edan, para decirlo con las palabras del Che, graduarse de hombres. Por eso mismo fue que los estudiantes utilizaron tambi\u00e9n con profusi\u00f3n las im\u00e1genes de Emiliano Zapata, Benito Ju\u00e1rez, Jos\u00e9 Mar\u00eda Morelos y Miguel Hidalgo, por su calidad de hombres. De hombres graduados.<\/p>\n<p>No obstante el abismal y desproporcionado nivel de informaci\u00f3n al que ten\u00edan acceso los capitalinos en relaci\u00f3n con la poblaci\u00f3n del resto del pa\u00eds, donde debido al bombardeo de la propaganda oficial ser \u00abchilango\u00bb era sin\u00f3nimo de comunista, la inmensa mayor\u00eda de los habitantes del Distrito Federal no conoc\u00edan las luchas de los dirigentes obreros Demetrio Vallejo, Valent\u00edn Campa y los otros presos pol\u00edticos. Ni siquiera las conoc\u00eda la mayor\u00eda de los estudiantes movilizados. Tampoco conoc\u00edan la Constituci\u00f3n ni el texto del art\u00edculo 145. Pero r\u00e1pido concluyeron que eran mexicanos injustamente presos. Por eso pidieron su libertad y la derogaci\u00f3n del art\u00edculo en cuesti\u00f3n, la llamada \u00abley de disoluci\u00f3n social\u00bb, promulgada de emergencia en tiempos de guerra.<\/p>\n<p>Defendieron sus demandas en forma tan entusiasta y tumultuosa que llenaron en tres ocasiones la Plaza de la Constituci\u00f3n (los d\u00edas 5, 13 y 27 de agosto). Fueron manifestaciones populares espont\u00e1neas tan importantes como la de 1938, cuando el general L\u00e1zaro C\u00e1rdenas expropi\u00f3 el petr\u00f3leo y el pueblo lo apoy\u00f3 en las calles. La del 27 de agosto reuni\u00f3 a 250 mil personas en el Z\u00f3calo. Los estudiantes izaron la bandera rojinegra en una de las torres de la catedral. En la madrugada fueron desalojados por el Ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p>Instigados por sectores ultraconservadores, el consorcio Televisa y su \u00abcomunicador\u00bb estrella, Jacobo Zabludovsky, manipularon el sentimiento religioso al amplificar la noticia de que la catedral hab\u00eda sido \u00abprofanada\u00bb. Pero la campa\u00f1a de \u00abdesagravio\u00bb auspiciada por la ultraderecha, que buscaba enfrentar a los cat\u00f3licos con los estudiantes, pronto qued\u00f3 desactivada. Siguiendo instrucciones del arzobispo Miguel Dar\u00edo Miranda, el encargado de comunicaci\u00f3n social del Episcopado, Francisco Orozco Lomel\u00edn, declar\u00f3 que \u00abno hubo profanaci\u00f3n alguna de la catedral\u00bb. Por su parte, la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Mexicana aclar\u00f3 que ninguna de sus organizaciones hab\u00eda promovido actos de desagravio.<\/p>\n<p>Siguieron tres d\u00edas de des\u00f3rdenes, con tanques en las calles, manifestantes golpeados, tiros y aprehensiones. El DF fue patrullado por tropas. El 1 de setiembre, al rendir su informe a la naci\u00f3n, el presidente D\u00edaz Ordaz \u00abtendi\u00f3 su mano\u00bb a los estudiantes. Con la mejor sonrisa en su cara de momia viviente, pronunci\u00f3 un discurso de \u00abaqu\u00ed no pas\u00f3 nada\u00bb. De las tres horas que habl\u00f3, dedic\u00f3 40 minutos al tema del movimiento estudiantil. No acept\u00f3 ninguna demanda y exhort\u00f3 a los estudiantes a volver a la normalidad. Advirti\u00f3 que en caso contrario ser\u00edan reprimidos. No pod\u00eda imaginar que con ese discurso estaba dando paso a un nuevo per\u00edodo de violencia pol\u00edtica en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Para octubre el r\u00e9gimen presidencialista, con 40 a\u00f1os ininterrumpidos en el poder, hab\u00eda preparado un magno evento destinado a servir de n\u00famero central del exhibicionismo mexicano. La nueva edici\u00f3n de los Juegos Ol\u00edmpicos catapultar\u00eda al mundo la id\u00edlica visi\u00f3n del ex asesor de la Oficina de Seguridad Nacional de Kennedy Walt Rostow \u2013cuyo libro Las etapas del crecimiento econ\u00f3mico era la biblia del momento\u2013: un M\u00e9xico apacible y pr\u00f3spero, alegre, de charros cantores con guitarra y pistola al cinto, con una arquitectura colonial envidiable y maravillas como las pir\u00e1mides de Teotihuac\u00e1n y las playas de Acapulco, Vallarta o Canc\u00fan. La imagen de una gran campa\u00f1a publicitaria que en esos d\u00edas ten\u00eda como eje a Estados Unidos (\u00abVisit Mexico Now\u00bb) se complementaba con el socorrido \u00abComo M\u00e9xico no hay dos\u00bb, orgulloso clich\u00e9 de una revoluci\u00f3n institucionalizada y precursora, a la que miraban con respeto otros aut\u00f3cratas del subcontinente latinoamericano.<\/p>\n<h3><strong>Un hast\u00edo desbordante <\/strong><\/h3>\n<p>El presidente y el partido de Estado, el Revolucionario Institucional (Pri), estaban magnetizados por la fiesta deportiva que, a la vez, les servir\u00eda como una pantalla para ocultar la realidad de un pa\u00eds adormecido por la repetici\u00f3n constante del santo nombre de una revoluci\u00f3n que hab\u00eda tenido su \u00faltimo aire de renovaci\u00f3n a comienzos de los a\u00f1os cuarenta. Un pa\u00eds de 45 millones de habitantes, donde m\u00e1s de 20 millones, en su mayor\u00eda campesinos analfabetos, viv\u00edan en absoluta miseria, sojuzgados. Peor: sin esperanza posible de que algunos de los logros de la gesta de Villa y Zapata los alcanzara alg\u00fan d\u00eda.<\/p>\n<p>En 1968 casi el 60 por ciento de la poblaci\u00f3n mexicana era menor de 25 a\u00f1os. Para esa masa de j\u00f3venes la revoluci\u00f3n mexicana s\u00f3lo exist\u00eda en la copiosa propaganda oficial y en las versiones de sus padres. El M\u00e9xico real ten\u00eda pies de barro. Estaba signado por la corrupci\u00f3n, el caudillismo y un corrosivo conformismo. El patr\u00f3n mandaba en la empresa y en los sindicatos. Los l\u00edderes \u00abcharros\u00bb se eternizaban y se convert\u00edan en diputados y senadores millonarios. No hab\u00eda canales de representaci\u00f3n popular. La justicia era deficiente y estaba permeada por influencias, compadrazgos, y la \u00abmordida\u00bb (soborno) ya era una instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Controlado por los priistas, hab\u00eda un parlamento servil. La \u00abdictadura de partido\u00bb contaba con una maquinaria triturante. La oposici\u00f3n serv\u00eda de comparsa al r\u00e9gimen. No hab\u00eda libertad de prensa ni de opini\u00f3n. Salvo excepciones, los periodistas cobraban en la n\u00f3mina del gobierno. Como corearon los estudiantes, era una \u00abprensa vendida\u00bb, d\u00f3cil.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica mexicana era oscura, secreta e inescrutable. El presidente de turno designaba a su sucesor; era el reino del \u00abtapadismo\u00bb y el \u00abdedazo\u00bb. Se viv\u00eda en una democracia simulada, sin ciudadanos. Mandaba la \u00abfamilia revolucionaria\u00bb, y los \u00abcachorros\u00bb en el poder irradiaban un paternalismo agobiante. Todos los mexicanos eran tratados como menores de edad.<\/p>\n<p>Muchas expresiones de este estado de cosas las intu\u00edan los j\u00f3venes capitalinos de clase media que ahora protestaban en las calles. El gobierno los hab\u00eda llenado de un lenguaje revolucionario hueco. Sus mayores hab\u00edan renunciado a la lucha pol\u00edtica y a la justicia social. Un mundo en crisis ped\u00eda cambios. Era el fin de una \u00e9poca.<\/p>\n<p>Por eso los estudiantes enarbolaron las gastadas demandas de sus cansados padres. Salieron a las calles a revitalizar una cultura que mostraba signos de vejez y caducidad. Reclamaron autenticidad y arremetieron contra los formalismos y los valores tradicionales. En particular rechazaron la imagen paternalista del presidente, no por ser D\u00edaz Ordaz sino por ser el v\u00e9rtice de un sistema hegem\u00f3nico de dominaci\u00f3n. Como los j\u00f3venes de las barricadas de un mundo transformado ya en aldea global, mostraron creatividad, conciencia de s\u00ed mismos, idealismo, espontaneidad, inconformismo radical, agresividad. Quer\u00edan la gloria de una revoluci\u00f3n de verdad, no pura m\u00e1scara. A falta de partidos pol\u00edticos, las universidades hab\u00edan terminado por ser los \u00e1mbitos donde los profesores y estudiantes expresaban libremente sus ideas. En el calor de la revuelta, los estudiantes proclamaban: \u00abUnam, territorio libre de M\u00e9xico\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que revent\u00f3 en julio del 68 fue el hast\u00edo. El hast\u00edo de la demagogia, de la marginaci\u00f3n, del enmudecimiento, de la injusticia, del vac\u00edo, de la claudicaci\u00f3n. El grito estudiantil sacudi\u00f3 las arcaicas estructuras del sistema. Todo M\u00e9xico cab\u00eda en las demandas de los j\u00f3venes sesentayocheros. Pero el planteo fue demasiado inquietante y peligroso para un r\u00e9gimen autoritario. La movilizaci\u00f3n estudiantil llevaba al caos, fue la lectura desde la c\u00faspide del poder central. Una juventud idealista, ingenua, estaba siendo manipulada por los profesionales de la agitaci\u00f3n y la violencia. Fue el discurso oficial: la \u00abconjura comunista\u00bb como coartada. El gobierno no pod\u00eda hablar y menos dialogar; se necesitaba una mano de hierro.<\/p>\n<p>Esa fue la l\u00f3gica del mon\u00f3logo presidencial del 1 de setiembre, que exacerb\u00f3 los \u00e1nimos de los estudiantes. Cuando dijo con esa sutileza de indio cazurro que \u00abla pluralidad de ideolog\u00edas\u00bb no deber\u00eda romper \u00abla unidad nacional\u00bb, D\u00edaz Ordaz estaba pr\u00e1cticamente pidiendo m\u00e1s conformismo y a\u00f1os de gobierno indiscutido para el Pri. Los due\u00f1os del sistema se resist\u00edan a todo cambio que viniera de los de abajo. Pero los mexicanos j\u00f3venes hab\u00edan roto el silencio y no estaban dispuestos a aceptar la \u00abunidad\u00bb quieta diazordacista. Y se sucedieron los mitines en la ciudad universitaria de la Unam, el Ipn, Chapingo, la Normal Superior y en la \u00abprepa m\u00e1rtir\u00bb de San Ildefonso.<\/p>\n<p>El 13 de setiembre la Marcha del Silencio congreg\u00f3 a m\u00e1s de 300 mil obreros y estudiantes en el Z\u00f3calo. A la cabeza iba el rector Barros Sierra. Muchos marchaban con los labios sellados con tela adhesiva, mudos, para ratificar su rechazo a la violencia f\u00edsica y verbal que se les imputaba, y que era provocada por grupos de choque organizados por el r\u00e9gimen. Desde 1958 no hab\u00eda quien se atreviera a protestar. Diez a\u00f1os despu\u00e9s, como escribi\u00f3 Elena Poniatowska, \u00abM\u00e9xico se levant\u00f3 de la tumba, despert\u00f3 de su letargo y su estallido nos conmovi\u00f3 a todos\u00bb. El grito de coraje estudiantil termin\u00f3 con el \u00abni modo\u00bb mexicano.<\/p>\n<p>La manifestaci\u00f3n acab\u00f3 por exasperar a un gobernante que no admit\u00eda disenso ni r\u00e9plica. Los medios repet\u00edan los dictados de D\u00edaz Ordaz sobre la \u00abconjura comunista internacional\u00bb que se abat\u00eda sobre M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Se intoxic\u00f3 a la opini\u00f3n p\u00fablica. Se prepar\u00f3 el terreno. El 18 de setiembre el Ej\u00e9rcito ocup\u00f3 la ciudad universitaria. Cinco d\u00edas despu\u00e9s, con apoyo de 400 carros blindados, tropas militares y polic\u00edas tomaron a balazo limpio varias escuelas del Polit\u00e9cnico, entre ellas Zacatenco y Santo Tom\u00e1s. Hubo operaciones de \u00ablimpieza\u00bb, detenciones, heridos y muertos en varios puntos de la capital. El 1 de octubre Richard Nixon cancel\u00f3 su viaje a M\u00e9xico.<\/p>\n<h3><strong>La noche de Tlatelolco<\/strong><\/h3>\n<p>Fue el 2 de octubre de 1968. Plaza de las Tres Culturas. Una multitud de estudiantes se arremolinaba frente al edificio Chihuahua del complejo habitacional Nonoalco-Tlatelolco.<\/p>\n<p>El mitin ten\u00eda lugar en un sitio hist\u00f3rico, orgullo arquitect\u00f3nico del M\u00e9xico moderno.<\/p>\n<p>All\u00ed mismo, el 21 de agosto de 1519 hab\u00eda sido una fecha tr\u00e1gica. Ese d\u00eda, reza una inscripci\u00f3n en m\u00e1rmol, ah\u00ed fue sacrificado Cuauht\u00e9moc, el hijo del emperador, despu\u00e9s de una heroica defensa: \u00abNo fue ni triunfo ni derrota. Fue el doloroso nacimiento del M\u00e9xico mestizo de hoy\u00bb.<\/p>\n<p>Sobre las ruinas del soberbio e imponente mercado ind\u00edgena, orgullo del antiguo reino sat\u00e9lite del imperio azteca, los conquistadores espa\u00f1oles erigieron el templo de Santiago Tlatelolco, primera iglesia y sede episcopal de M\u00e9xico, habitada por fray Juan de Zum\u00e1rraga. Cuatro siglos despu\u00e9s, enmarcado por el conjunto habitacional, la iglesia, las ruinas y el rascacielos que albergaba a la canciller\u00eda mexicana, el lugar fue bautizado Plaza de las Tres Culturas: la ind\u00edgena, la hisp\u00e1nica y la del M\u00e9xico moderno.<\/p>\n<p>Ca\u00eda la tarde de aquel 2 de octubre. Un helic\u00f3ptero sobrevol\u00f3 la plaza. De pronto, tres, cuatro bengalas verdes salieron del piso 15 de la canciller\u00eda y comenzaron las r\u00e1fagas de ametralladoras sobre la multitud. \u00abEn Vietnam lanzan bengalas para identificar el lugar que hay que atacar\u00bb, record\u00f3 la periodista Oriana Fallaci, que esa tarde estaba en Tlatelolco. Hab\u00eda llegado a cubrir los Juegos Ol\u00edmpicos y una bala la alcanz\u00f3 en una pierna.<\/p>\n<p>Los hombres del Batall\u00f3n Olimpia, que se identificaban entre s\u00ed por un guante blanco en una mano y que, vestidos de civil, se infiltraron entre los estudiantes, hicieron su trabajo: m\u00e1s de 300 muertos. S\u00f3lo 35 seg\u00fan la versi\u00f3n oficial. Hubo 700 heridos y 5 mil estudiantes detenidos. La prensa s\u00f3lo identific\u00f3 cifras, nunca nombres. Los cad\u00e1veres presentaban heridas de bayoneta y de balas de calibres oficiales. Cuando los familiares fueron a recoger a sus muertos se los trat\u00f3 como a traidores a la patria. Se les oblig\u00f3 a firmar declaraciones de conformidad con una \u00abmuerte por accidente\u00bb, sin derecho a investigaci\u00f3n ni reclamaci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>Un d\u00eda antes de la masacre el general Luis Guti\u00e9rrez Oropeza, jefe del Estado Mayor, hab\u00eda reunido y aleccionado a los elementos del Batall\u00f3n Olimpia: hab\u00eda que \u00absalvar a la patria\u00bb del enemigo comunista. El pa\u00eds atravesaba \u00abmomentos peligrosos\u00bb, les dijo.<\/p>\n<p>El 3 de octubre algo hab\u00eda cambiado en el pa\u00eds. El movimiento estudiantil hab\u00eda durado 68 d\u00edas, y ahora una paz triste, atemorizante, envolv\u00eda a la ciudad capital. Los tanques segu\u00edan en Tlatelolco. Muchos habitantes del populoso complejo habitacional iniciaron un \u00e9xodo, mientras otros recorr\u00edan el Distrito Federal en busca de parientes desaparecidos. El Campo Militar n\u00famero 1 se llen\u00f3 de presos pol\u00edticos. Oficiales del Ej\u00e9rcito mexicano emularon a los gorilas del Cono Sur en la pr\u00e1ctica del sadismo contra los prisioneros.<\/p>\n<p>El gobierno proclam\u00f3 la estabilidad del peso y los priistas de la C\u00e1mara de Diputados aplaudieron la \u00absoluci\u00f3n final\u00bb. La naci\u00f3n hab\u00eda triunfado frente a los \u00abelementos extranjeros\u00bb. M\u00e9xico se hab\u00eda salvado. Lo que en otro pa\u00eds hubiera desatado una guerra civil, s\u00f3lo conmocion\u00f3 a un pu\u00f1ado de mexicanos. El pa\u00eds regres\u00f3 al silencio. A su normalidad.<\/p>\n<p>En la ruta de la gran marat\u00f3n ol\u00edmpica estaba la calle de San Juan de Letr\u00e1n, por la que diez d\u00edas despu\u00e9s pasar\u00edan los atletas, ahora manchada por la sangre de los estudiantes. La masacre y su horror dieron la vuelta al mundo y exhibieron el paroxismo criminal de D\u00edaz Ordaz, el \u00abpadre col\u00e9rico\u00bb que escindi\u00f3 de un tajo la vida p\u00fablica de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Pero no fue s\u00f3lo la represi\u00f3n ordenada con autonom\u00eda t\u00e1ctica por el general Marcelino Garc\u00eda Barrag\u00e1n, ministro de Defensa del r\u00e9gimen y perseguidor en el sexenio anterior de huelguistas ferrocarrileros, telegrafistas, petroleros, maestros y m\u00e9dicos, y promotor del asesinato del l\u00edder zapatista Rub\u00e9n Jaramillo y su familia. Ni la paranoia de D\u00edaz Ordaz y el oportunismo ubicuo de su secretario de Gobernaci\u00f3n, Luis Echeverr\u00eda. Ni rojo amanecer. Fue mucho m\u00e1s. Fue una revoluci\u00f3n traicionada.<\/p>\n<p>El 12 de octubre, bajo la consigna orwelliana \u00abTodo es posible en la paz\u00bb, Gustavo D\u00edaz Ordaz inaugur\u00f3 los XIX Juegos Ol\u00edmpicos en el estadio de la ciudad universitaria. Muchos de los asistentes eran soldados vestidos de civil; su corte de pelo los delataba. El gobierno tem\u00eda un incidente. Los estudiantes hab\u00edan pintado manchas rojas de sangre sobre la paloma de la paz, el s\u00edmbolo de la justa deportiva.<\/p>\n<p>Un par de d\u00edas despu\u00e9s, los longil\u00edneos Tommie Smith y John Carlos, entonces los dos hombres m\u00e1s veloces de la Tierra, levantaron en el podio sus pu\u00f1os cerrados envueltos en guantes negros \u2013al estilo black power, s\u00edmbolo de los Panteras Negras\u2013, para escarnio del M\u00e9xico 68 y del racista Avery Brundage, el multimillonario presidente del Comit\u00e9 Ol\u00edmpico Internacional.<\/p>\n<p>Corr\u00eda octubre. \u00abEl asesinato de los estudiantes fue un sacrificio ritual (en Tlatelolco estaba el Teocalli, donde se hac\u00edan los sacrificios humanos) (\u2026) se trataba de aterrorizar a la poblaci\u00f3n, usando los mismos m\u00e9todos de sacrificio de los aztecas\u00bb, declar\u00f3 Octavio Paz a Le Monde, despu\u00e9s de renunciar como embajador mexicano en India.<\/p>\n<p>Desde su imaginaria Santa Mar\u00eda, Juan Carlos Onetti escrib\u00eda \u00abUsted perdone, Guevara\u00bb, y arremet\u00eda contra los quim\u00e9ricos periodistas compadritos de Jorge Luis Borges que, en el lugar com\u00fan, repet\u00edan: \u00abMuri\u00f3 en su ley\u00bb. Desafiando los tiempos, Onetti arriesg\u00f3: \u00abPero la porf\u00eda del Che, profetizamos, es inmortal\u00bb.<\/p>\n<p>Los estudiantes mexicanos crearon su propia consigna: \u00ab2 de octubre no se olvida\u00bb. La matanza de Tlatelolco fue un parteaguas. El pa\u00eds vitrina hecho a\u00f1icos. M\u00e9xico tambi\u00e9n era Am\u00e9rica Latina. La amenaza al orden establecido hab\u00eda sido conjurada. Y pronto, de la mano de Pinochet y los Chicago Boys, irrumpir\u00eda el neoliberalismo en toda la regi\u00f3n. El capitalismo hab\u00eda asimilado su crisis y se reestructuraba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como en Berl\u00edn, Rio, Berkeley, Par\u00eds, Praga y Montevideo, el af\u00e1n de democracia, de respeto a los derechos individuales, de rechazo a las autoridades establecidas, estuvo presente tambi\u00e9n en M\u00e9xico. 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