{"id":43880,"date":"2024-10-05T21:41:10","date_gmt":"2024-10-05T19:41:10","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=43880"},"modified":"2024-10-05T21:41:10","modified_gmt":"2024-10-05T19:41:10","slug":"uruguay-el-horror-y-nosotros-la-situacion-de-las-carceles-como-fruto-del-consenso-punitivo-rafael-paternain","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=43880","title":{"rendered":"Uruguay &#8211; El horror y nosotros. La situaci\u00f3n de las c\u00e1rceles como fruto del consenso punitivo. [Rafael Paternain]"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><sub>Vista exterior de celdas del Comcar.<\/sub><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-726bcf0193a8a2454efeb7925bd930e6 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong>El horror y nosotros. La situaci\u00f3n de las c\u00e1rceles como fruto del consenso punitivo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-572e9676802d607c085343c1dfabfe5c wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong>Rafael Paternain<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-9b4c62df1aaa15199318c6bf8f796fec wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong><em><a href=\"https:\/\/brecha.com.uy\/el-horror-y-nosotros\/\">Brecha<\/a><\/em>, 4-10-2024<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-8086418f089ca961c0c3834ce38d5f87 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong><em><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a><\/em>, 5-10-2024<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-text-color has-link-color wp-elements-a33880cbe609b2d6729ed78c38ae0ea8 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><em>En memoria de Serrana Mesa<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-cef64d479f10c9d9565b0169849a2bc9 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">El 25 de setiembre, un incendio en la celda 94 del sector B del m\u00f3dulo 4 del ex-Comcar (c\u00e1rcel) se cobr\u00f3 la vida de seis personas privadas de libertad. Una nueva tragedia se cierne sobre el sistema carcelario. La \u00faltima hab\u00eda ocurrido en diciembre del a\u00f1o pasado, lo que motiv\u00f3 que el comisionado parlamentario penitenciario promoviera un \u00e1mbito de trabajo para la elaboraci\u00f3n de un documento con propuestas que ya est\u00e1 en manos de los candidatos a la presidencia de la rep\u00fablica. Es el mismo comisionado parlamentario que viene se\u00f1alando en sus informes anuales que cerca de la mitad de las personas recluidas se encuentra en condiciones \u00abcrueles, inhumanas y degradantes\u00bb. Esta \u00faltima tragedia tuvo sus repercusiones \u2013imposible que no las tuviera\u2013, pero las reacciones se fueron amortiguando con rapidez, pues estamos en plena campa\u00f1a electoral y nadie quiere enredarse m\u00e1s de la cuenta con estos asuntos. En Uruguay, los derechos humanos en las c\u00e1rceles se violan a cada instante. A los que sostienen que el compromiso con los derechos humanos debe plasmarse sin importar los contextos y los lugares (y postulan a gritos la intolerancia con lo intolerable), habr\u00eda que avisarles que estas cosas ocurren en nuestro pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-5e1782360d5a631234898834f1769dc7 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">El horror cotidiano en las c\u00e1rceles produce una marcada indiferencia moral. Estamos en presencia de dos fen\u00f3menos que, en rigor, se retroalimentan: por un lado, hay un modo de producci\u00f3n del horror, que se aloja en distintos mecanismos materiales y simb\u00f3licos que son fruto de las acumulaciones ideol\u00f3gicas, institucionales y pol\u00edticas. Por el otro, existen formas de neutralizaci\u00f3n y desresponsabilizaci\u00f3n que se tramitan a nivel social, moral y pol\u00edtico. El tema inquieta y se reconoce, pero a la larga la voluntad sucumbe a las reglas de juego existentes. El horror se produce por nuestra inacci\u00f3n, y esta, a su vez, solo se revierte para promover un sistema de castigos que profundiza el horror. La ra\u00edz pol\u00edtica de la responsabilidad del horror es lo \u00fanico que no puede soslayarse en cualquier discusi\u00f3n razonable. Y en esa bolsa estamos todos, incluso los que m\u00e1s se indignan cuando les conviene o guardan silencio cuando est\u00e1n involucrados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-ccb04247aeeffcab2c96fb1ea13ae409 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">La c\u00e1rcel es una vieja instituci\u00f3n que siempre se actualiza. Ha sido y es el lugar por excelencia para regular la pobreza y para incapacitar a los m\u00e1s j\u00f3venes, sobre todo a los varones, aunque en el \u00faltimo tiempo tambi\u00e9n a las mujeres. La c\u00e1rcel es una necesidad pol\u00edtica. Una necesidad sobre la que la pol\u00edtica no reflexiona en profundidad y no est\u00e1 dispuesta a reconfigurar. Transformar la c\u00e1rcel implicar\u00eda un desaf\u00edo mayor en t\u00e9rminos de la alteraci\u00f3n radical de un orden de desigualdades sociales. La c\u00e1rcel es el lugar en el que se materializan sanciones y castigos. Entre lo retributivo y lo instrumental, la c\u00e1rcel arraiga en imperativos morales y en razones vinculadas con el control de la criminalidad. Sin embargo, hay un largo y fundamentado debate que sostiene que la crueldad sistem\u00e1tica rompe con cualquier posici\u00f3n moral y que la utilidad de la c\u00e1rcel para reducir el delito es nula.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-85f3cf7d36352c2b2b489cd9f4b83c5a wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">La retribuci\u00f3n es una promesa imposible de cumplir. Aun as\u00ed, los defensores del encierro se sienten c\u00f3modos con sus razonamientos, pues los justos y merecidos castigos a quienes violan las normas sociales siempre son una fuente inagotable para sostener discursos y posiciones. Por otro lado, los utilitaristas, los que se\u00f1alan que las personas que cometen delitos tienen que estar presas para que no lo sigan haciendo, apelan a la visi\u00f3n tecnocr\u00e1tica y a la idea de neutralidad del sistema penal. El mal se vuelve banal y justificable t\u00e9cnicamente. Esa posibilidad racionalizadora, que en la mejor versi\u00f3n pide m\u00e1s recursos y una gesti\u00f3n m\u00e1s humanizante, es tan responsable del horror como la jaur\u00eda que grita sin pruritos que \u00abse pudran adentro\u00bb. La c\u00e1rcel es una instituci\u00f3n que produce dolor, un espacio legitimado para que la tortura pueda tener lugar. Es obvio que esto no est\u00e1 formulado a texto expreso en sus bases program\u00e1ticas, y tampoco es homog\u00e9neo en todo el sistema de reclusi\u00f3n, pero s\u00ed es parte constitutiva de su sentido pr\u00e1ctico, de su forma de ser y estar. No hay sistema, por muy racionalizado que est\u00e9, que no produzca dolor ni deshumanice.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-a8ac6f55f059d16891275d98f94097f2 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">La producci\u00f3n de horror y las reacciones de indiferencia moral responden a la conjugaci\u00f3n de din\u00e1micas que ocurren en distintos niveles. Las vicisitudes del modelo de desarrollo econ\u00f3mico y social originan desigualdades de toda \u00edndole y son la base para habilitar el lugar funcional de las c\u00e1rceles. La pobreza infantil, el desempleo juvenil, la deserci\u00f3n educativa, la falta de ingresos para garantizar la subsistencia, la segregaci\u00f3n territorial, las dificultades de acceso a la vivienda, la ausencia de un sistema universal de cuidados, la presi\u00f3n del consumo, etc\u00e9tera, son asuntos de larga data que tampoco se han logrado revertir en los momentos de mayor caudal compensatorio. El delito se ha insertado como una opci\u00f3n m\u00e1s para vastos sectores de la poblaci\u00f3n afectados por una honda precariedad. La c\u00e1rcel, a su vez, aparece con claridad en el horizonte para moldear trayectorias de vida de miles de personas. Los j\u00f3venes pobres que han pasado y pasan por las c\u00e1rceles descienden varios escalones en t\u00e9rminos de posibilidades objetivas de integraci\u00f3n social. Si bien todos estos datos constituyen una obviedad flagrante, no aparecen ni en los discursos ni en las conversaciones p\u00fablicas como elementos estructurantes de acciones prioritarias. Parecen inmodificables y sobre ellos se labra el dilema entre \u00abconstruir m\u00e1s c\u00e1rceles\u00bb o \u00abliberar presos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-f31a8699aca306b56e155e46cb12dd7d wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Hay un segundo elemento que contribuye a este panorama. La violencia, la criminalidad y la inseguridad han modificado las caracter\u00edsticas y las intensidades de las pol\u00edticas de seguridad. La vigilancia, el control y la focalizaci\u00f3n se han expandido por los lugares m\u00e1s integrados, pero tambi\u00e9n se han reestructurado en los territorios con mayores niveles de vulnerabilidad socioecon\u00f3mica. Las nuevas maneras de regular los conflictos y las desigualdades sociales han dado como resultado principal una pol\u00edtica de segregaci\u00f3n punitiva. El control de la criminalidad se ha hecho a base de golpes, rupturas, cesuras, desgarramientos, encierros. Nada de ello parece haber tenido un efecto \u00abaleccionador\u00bb o disuasivo, al punto incluso de expandirse los mercados y las redes ilegales. Lo que algunos llaman aumento de la \u00abeficacia policial\u00bb, es, en realidad, un incremento de la intensidad selectiva sobre sectores precarizados a los que se les atribuye mayor actividad criminal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-093143ff70beecfbf52e9a4b18aca162 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Como complemento de todo lo anterior, aparecen la pol\u00edtica criminal, el sistema institucional y los modelos de gesti\u00f3n. El aumento de penas (m\u00e1ximos y m\u00ednimos), la eliminaci\u00f3n o la restricci\u00f3n de todas las instancias liberatorias (la excarcelaci\u00f3n regulada como un evento altamente improbable), las carencias en materia de infraestructura, las pr\u00e1cticas institucionales dise\u00f1adas para la mortificaci\u00f3n, la priorizaci\u00f3n de la seguridad como tarea excluyente, la presencia en establecimientos de polic\u00eda militarizada, etc\u00e9tera, han sido factores decisivos para promover el hacinamiento y las condiciones degradantes. A riesgo de repetirnos, no podemos dejar de se\u00f1alar lo central: el horror de hoy en d\u00eda es el resultado directo de una pol\u00edtica que ha tenido \u00abconsensos\u00bb y de una voluntad generalizada de no transitar por otros lugares. Los momentos de impulsos a contracorriente (el centro nacional de rehabilitaci\u00f3n, el modelo de Punta de Rieles o la propia ley de humanizaci\u00f3n del sistema carcelario de 2005) han quedado neutralizados y estigmatizados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-f093965b327e3913633affe2995395b4 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Por \u00faltimo, la legitimidad de la pol\u00edtica y los importantes niveles de indiferencia moral tambi\u00e9n se nutren de razones culturales. Hay una sensibilidad de \u00e9poca que moldea un \u00abpunitivismo desde abajo\u00bb y justifica las pr\u00e1cticas de segregaci\u00f3n. Todos abogamos por el control y la seguridad, y aspiramos a que se incapacite a quienes cometen delitos. Como esa seguridad nunca llega, las exigencias se hacen permanentes y esas l\u00f3gicas terminan permeando las decisiones pol\u00edticas. El horror es el fruto de ese c\u00edrculo vicioso que nos atrapa desde siempre. Tambi\u00e9n como clave de \u00e9poca, hay que decir que los intentos por romper esas din\u00e1micas se combaten con esl\u00f3ganes de miedo: \u00abliberaci\u00f3n de presos\u00bb, \u00abaumento de impuestos\u00bb y \u00abdesestabilizaci\u00f3n y fuga de capitales\u00bb son las amenazas que se utilizan para disciplinar a una sociedad cuando se buscan caminos alternativos para superar desigualdades o irracionalidades flagrantes. Salir de este infierno solo ser\u00e1 posible cuando se asuma plenamente que la estrategia pol\u00edtica debe combinar la reducci\u00f3n del delito y tambi\u00e9n del castigo. Para ello hay que dise\u00f1ar dispositivos preventivos, sanciones comunitarias, reformas en la pol\u00edtica criminal, nuevos modelos de gesti\u00f3n, acciones de reinserci\u00f3n con protecci\u00f3n de trayectorias, y todo ello en el marco de una pol\u00edtica general de reducci\u00f3n de las desigualdades. En realidad, salir del horror implica escuchar otras voces, enrolar a t\u00e9cnicos y funcionarios de la primera l\u00ednea, dar lugar a las organizaciones que demandan y se\u00f1alan, y honrar el compromiso de quienes han trabajado en el sistema carcelario para garantizar algo de dignidad.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una nueva tragedia se cierne sobre el sistema carcelario. La \u00faltima hab\u00eda ocurrido en diciembre del a\u00f1o pasado. 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