{"id":4325,"date":"2018-04-02T12:10:23","date_gmt":"2018-04-02T15:10:23","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4325"},"modified":"2018-04-02T12:10:31","modified_gmt":"2018-04-02T15:10:31","slug":"marxismo-debates-el-valor-explicativo-de-la-teoria-del-desarrollo-desigual-y-combinado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4325","title":{"rendered":"Marxismo\/Debates &#8211; El valor explicativo de la teor\u00eda del desarrollo desigual y combinado"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Susan Dianne Brophy * <\/strong><\/h3>\n<p><strong>Historical Materalism, 26-3-2018 <\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.historicalmaterialism.org\/\">http:\/\/www.historicalmaterialism.org\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Traduccion de Viento Sur <\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.vientosur.info\/\">http:\/\/www.vientosur.info\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>El capitalismo no se desenvuelve de forma lineal ni uniforme. La desigualdad, que se manifiesta con diferentes niveles de penetraci\u00f3n de los mercados o de desarrollo industrial, puede estar presente en un solo \u00e1mbito, mientras que elementos no capitalistas pueden combinarse en grado diverso con fuerzas productivas capitalistas. Articulado de este modo, el desarrollo desigual y combinado (DDC) del capitalismo es un hecho demostrable y tan asumido como tal que algunos sostienen que es una ley del desarrollo 1\/. El DDC es tan de sentido com\u00fan que hace dos d\u00e9cadas Justin Rosenberg se preguntaba en las p\u00e1ginas de New Left Review por qu\u00e9 una perspectiva hist\u00f3rica que proporciona tal \u201csimplicidad retrospectiva\u201d tard\u00f3 tanto en aparecer 2\/. Sin embargo, esta supuesta simplicidad nos lleva a otra curiosidad: \u00bfc\u00f3mo es posible que lo que es manifiestamente obvio sea (hoy incluso) tan controvertido?<\/p>\n<p>Las sospechas de Rosenberg en 2013 estaban en lo cierto. Para dar respuesta a esta pregunta hay que adentrarse en los asilvestrados parajes filos\u00f3ficos donde este concepto ech\u00f3 ra\u00edces por primera vez 3\/; y si se quieren estudiar las bases filos\u00f3ficas del DDC, la estaci\u00f3n t\u00e9rmino no se encuentra solo en Trotsky, sino en los fundamentos filos\u00f3ficos m\u00e1s amplios del marxismo: en el materialismo dial\u00e9ctico.<\/p>\n<p>Todav\u00eda hoy prosiguen los debates en torno al DDC, sobre todo, aunque no exclusivamente, en los \u00e1mbitos de la sociolog\u00eda hist\u00f3rica 4\/ y en el marco te\u00f3rico de las relaciones internacionales 5\/. Entre las controversias m\u00e1s interesantes est\u00e1n las que se dan entre marxistas pol\u00edticos (generalmente aquellos que invocan el enfoque de Robert Brenner, asentado en t\u00e9rminos de clase, sobre la transici\u00f3n al capitalismo), como es el caso de Benno Teschke 6\/, y aquellos que propugnan el DDC en las relaciones internacionales, como es el caso del reciente trabajo de Alexander Anievas y Kerem Ni\u015fanc\u0131o\u011flu 7\/. En este debate se entrecruzan entonces dos l\u00edneas divisorias, una que tiene que ver con la amplitud temporal del DDC y otra que plantea dudas acerca del valor explicativo del concepto. Quiz\u00e1s si solo nos pusi\u00e9ramos de acuerdo acerca de si el DDC es una ley transhist\u00f3rica o simplemente una caracter\u00edstica exclusiva del capitalismo, entonces podr\u00edamos zanjar la cuesti\u00f3n de su utilidad inherente. Sin embargo, este arreglo tan apresurado no contribuye a resolver la tautolog\u00eda subyacente, que sostiene que el DDC explica el desarrollo del capitalismo, pero al mismo tiempo el propio DDC requiere una elaboraci\u00f3n mayor, o dicho de una forma m\u00e1s sucinta, aclarar la noci\u00f3n de que \u201cel DDC explica el DDC\u201d 8\/. Al quedar lastrado con inconvenientes tan arraigados, sostengo que una mirada m\u00e1s atenta sobre las premisas de materialismo dial\u00e9ctico en el DDC nos puede llevar a resolver la cuesti\u00f3n. Si se reformula en estos t\u00e9rminos la ley del DDC no vendr\u00eda a ser m\u00e1s que una simple manifestaci\u00f3n de la l\u00f3gica del materialismo dial\u00e9ctico, a la que se llega mediante la aplicaci\u00f3n de una metodolog\u00eda del materialismo hist\u00f3rico. Desde este replanteamiento filos\u00f3fico podemos obtener claridad l\u00f3gica, algo que al menos enfriar\u00e1 las representaciones ap\u00f3crifas del DDC y quiz\u00e1s lo resituar\u00e1 como un marco instructivo para el estudio del cambio.<\/p>\n<h3><strong>Para empezar: Trotsky<\/strong><\/h3>\n<p>Dirijamos primero nuestra mirada a Trotsky, dado que se encuentra entre los principales creadores de la noci\u00f3n del DDC como ley hist\u00f3rica 9\/. Incluso una comprensi\u00f3n b\u00e1sica del materialismo hist\u00f3rico nos obliga a reconocer que Trotsky inicia una explicaci\u00f3n hist\u00f3rica \u2013muy detallada en el caso de la Revoluci\u00f3n Rusa\u2013 y, desde esa evidencia, plantea el DDC como una ley hist\u00f3rica 10\/. El caso ruso le convence del \u201ccar\u00e1cter impremeditado, complejo, combinado\u201d del desarrollo cuando describe su curso como algo que sucede con rupturas y \u201csaltos\u201d. Observa brechas y disparidades donde los saltos del desarrollo no solo son posibles, sino inevitables en ciertas circunstancias; esto lo identifica con el desarrollo desigual. Al mismo tiempo percibe \u201cla confluencia de diferentes etapas\u201d, donde lo disociado deviene unificado a fin de crear una nueva amalgama desarrollista; esto lo identifica con el desarrollo combinado. Por medio de saltos, rupturas, disparidades y desigualdad, por un lado, y fusi\u00f3n, interdependencia, adaptaciones y combinaci\u00f3n, por otro, tenemos constancia de las fuerzas contradictorias que jalonan el cambio hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Estamos ante el esquema de las principales controversias que persisten a d\u00eda de hoy y que ahora me limito a esbozar, pero que m\u00e1s adelante retomar\u00e9 con m\u00e1s detalle. En primer lugar, si la ley de DDC de Trotsky es el producto de su an\u00e1lisis hist\u00f3rico de las relaciones sociales end\u00e9micas del capitalismo \u00bfes admisible o acertado asumir que dicha ley pueda tambi\u00e9n aplicarse transhist\u00f3ricamente a una diversidad de \u00e9pocas caracterizadas por modos de producci\u00f3n no capitalistas? En segundo lugar, aun cuando dicha ley solo sea aplicable al desarrollo capitalista, \u00bfcu\u00e1l es su valor explicativo m\u00e1s amplio, m\u00e1s all\u00e1 de la reivindicaci\u00f3n tautol\u00f3gica de que el capitalismo se desenvuelve de un modo desigual y combinado porque\u2026 el capitalismo se desarrolla de forma desigual y combinada? Por muy intratables que parezcan estas disputas, tambi\u00e9n podemos vislumbrar la posibilidad de resolverlas una vez que nos embarquemos en una cuidadosa disecci\u00f3n del funcionamiento interno del DDC.<\/p>\n<p>Trotsky llega a la ley del DDC porque entiende el cambio hist\u00f3rico como algo esencialmente condicionado, sujeto a una geograf\u00eda y un tiempo, bien dando saltos adelante o experimentando lentos bandazos, pero siempre en movimiento. Como ley hist\u00f3rica es tanto general como abstracta, pero, como ley hist\u00f3rica derivada de la aplicaci\u00f3n de una metodolog\u00eda del materialismo hist\u00f3rico, refleja en s\u00ed la volatilidad y las contradicciones de la transformaci\u00f3n social. Pienso que esto es algo as\u00ed como la hegemon\u00eda de la insumisi\u00f3n que, para Trotsky, fundamenta otras dos afirmaciones decisivas: el rechazo del determinismo econ\u00f3mico, que da lugar a un enfoque etapista de la historia 11\/, y la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n permanente. Dado que los restos de \u00e9pocas de producci\u00f3n anteriores se mantienen y entran en conflicto con nuevos medios de producci\u00f3n, el cambio econ\u00f3mico se desvela como algo altamente contingente y sujeto a un conjunto de influencias internas y externas (por ejemplo, internacionales) 12\/. La revoluci\u00f3n debe entenderse asimismo como inacabada porque ninguna fase secuencial es totalmente completa hasta que el mismo sistema de clases no haya sido abolido de forma decisiva. \u201cEl proceso de desarrollo\u201d, en t\u00e9rminos inequ\u00edvocamente dial\u00e9cticos, es la desintegraci\u00f3n e integraci\u00f3n ininterrumpida y no lineal de fases diferenciadas en que diferentes rasgos del cambio hist\u00f3rico se compenetran para constituir una \u201ctotalidad\u201d o, m\u00e1s precisamente, una \u201cunidad diferenciada\u201d 13\/.<\/p>\n<p>De forma casi subrepticia, pero en absoluto accidental, estamos ante las premisas filos\u00f3ficas del materialismo dial\u00e9ctico \u2013negaci\u00f3n, contradicci\u00f3n y s\u00edntesis\u2013 cada una de las cuales sirve a un com\u00fan imperativo l\u00f3gico: a lo que Frantz Fanon, el experto, aunque infravalorado, materialista dial\u00e9ctico, denominaba el \u201ceterno interrogante\u201d sobre la relaci\u00f3n entre lo concreto y lo abstracto 14\/. Entiendo la ley de desarrollo que nos propone Trotsky como una reiteraci\u00f3n de este imperativo del materialismo dial\u00e9ctico; ambos son inseparables, si no sin\u00f3nimos, de modo que ignorar esta profunda vinculaci\u00f3n implica malinterpretar los fundamentos filos\u00f3ficos del DDC. De aqu\u00ed se infiere entonces que las distorsiones m\u00e1s atroces del DDC en los debates contempor\u00e1neos provienen (en el mejor de los casos) de una falta de atenci\u00f3n o (en el peor de los casos) de una negaci\u00f3n rotunda de esta correlaci\u00f3n expl\u00edcita.<\/p>\n<h3><strong>Debates a la deriva<\/strong><\/h3>\n<p>Partiendo de las divergencias en torno a la fidelidad relativa, sobre las que los estudiosos insisten cuando hacen referencia a las formulaciones originales de Trotsky, podemos encontrar una diversidad de expectativas relacionadas con el DDC. Aunque solo haga referencia a una selecci\u00f3n de estas proposiciones, la muestra es suficiente para exhibir tanto las distorsiones que caracterizan los debates contempor\u00e1neos sobre el DDC como para poner en valor el regreso al materialismo dial\u00e9ctico como respuesta.<\/p>\n<p>Ernest Mandel, en la primera p\u00e1gina del primer cap\u00edtulo del El capitalismo tard\u00edo, inicia su defensa de la ley del DDC con una nota sobre la relaci\u00f3n entre lo abstracto y lo concreto 15\/. Casi inc\u00f3modo por tener que abordar una reflexi\u00f3n tan elemental, basa este apartado en una cita de los Grundrisse que abarca tres cuartos de una p\u00e1gina. Despu\u00e9s proporciona un h\u00e1bil resumen \u2013con las Notas Filos\u00f3ficas de Lenin como suplemento\u2013 en forma de cuatro reglas que sirvan para protegernos de toda simplificaci\u00f3n del m\u00e9todo de Marx: en primer lugar, lo concreto es tanto el supuesto inicial como el objetivo \u00faltimo; en segundo lugar, lo abstracto y lo concreto se generan mutuamente en un proceso de progresi\u00f3n dial\u00e9ctica; en tercer lugar, esta forma de progresi\u00f3n unifica \u201can\u00e1lisis y s\u00edntesis\u201d, manteniendo intacta la relaci\u00f3n mutuamente constitutiva entre lo abstracto y lo concreto como una \u201cunidad de contrarios\u201d; y, en cuarto lugar, cada sucesiva fase cognitiva tiene que \u201cponerse a prueba en la pr\u00e1ctica\u201d como una forma de validaci\u00f3n. Con esta l\u00f3gica filos\u00f3fica a mano, se apresta a entender lo distintivo del capitalismo tard\u00edo, no sin antes identificar las leyes del capitalismo en general.<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n que hace Mandel del desarrollo del capitalismo descansa en la ley del DDC que, seg\u00fan \u00e9l, le distingue de aquellos que plantean el equilibrio como ley. Para Mandel, el desequilibrio es la \u201cesencia del capital\u201d; c\u00f3mo y con qu\u00e9 fin puede extraerse y acumularse plusval\u00eda en un sector est\u00e1 relacionado con c\u00f3mo y para qu\u00e9 puede extraerse y acumularse en otro. La \u201cyuxtaposici\u00f3n de desarrollo y subdesarrollo\u201d que Mandel observa le lleva a respaldar la ley del DDC, y a considerarla universal en tanto que se aplica al desarrollo capitalista en general, pero no de forma transhist\u00f3rica, en el sentido de que sea aplicable a otras \u00e9pocas no capitalistas. A simple vista podr\u00edamos adjudicar a Mandel esta diferenciaci\u00f3n entre lo universal y lo transhist\u00f3rico; sin embargo, si profundizamos algo m\u00e1s, podremos comprobar c\u00f3mo un abuso de sus propias reglas desemboca en una confusi\u00f3n acerca del alcance temporal del DDC y, por extensi\u00f3n, de sus inferencias tautol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Mandel est\u00e1 posiblemente m\u00e1s preocupado por defender las leyes abstractas del capitalismo y, en general, del marxismo que en entender el capitalismo como una unidad diferenciada, sujeta a cambios constantes. Este es el planteamiento de Chris Harman en su mordaz cr\u00edtica a El capitalismo tard\u00edo, donde sostiene que los procesos de cambio perpetuo pueden repercutir en las propias leyes y que Mandel, al errar con sus propios supuestos filos\u00f3ficos, \u201creemplaza la explicaci\u00f3n por el eclecticismo\u201d 16\/. Una vez que dejamos de indagar sobre abstracciones, estas pierden validez y se convierten en reliquias que solo pueden ser desplegadas de manera ecl\u00e9ctica. Esto quiz\u00e1s explique lo que ocurre con la ley del DDC cuando se transforma en un sello distintivo espec\u00edfico para el desarrollo capitalista; la limitaci\u00f3n temporal del DDC lo elimina como una idiosincrasia del capitalismo, de hecho hipostasiando la abstracci\u00f3n y disolviendo la unidad de contrarios en una total identificaci\u00f3n. Cuando se asume que lo abstracto es lo concreto, el valor explicativo del DDC da paso a una tautolog\u00eda: la existencia del DDC explica la ley del DDC, algo que se toma como un fen\u00f3meno dado.<\/p>\n<p>Y si dej\u00e1ramos de atribuir a la ley del DDC el car\u00e1cter de ley, \u00bfno quedar\u00eda as\u00ed solucionado el problema? Marcel van der Linden nos ofrece esta propuesta. Las leyes cient\u00edficas cumplen una funci\u00f3n de predicci\u00f3n, pero Van der Linden no est\u00e1 convencido de que la ley del DDC pueda alcanzar este prop\u00f3sito con fiabilidad alguna. Lo argumenta se\u00f1alando que la ley del DDC es \u201cinsuficientemente espec\u00edfica\u201d y como tal no es una ley en absoluto 17\/. En cierta medida, Jon Elster aporta un pronunciamiento similar sobre el DDC, si bien con un tono de renuncia mayor. A su juicio, como marxista anal\u00edtico que es, el DDC es \u201cinsulso\u201d y hay que meterlo en el mismo saco que otras teor\u00edas marxistas que \u00e9l considera sugestivas y escurridizas 18\/. Sostiene, en apoyo esta desestimaci\u00f3n, que existe una falta de claridad respecto a c\u00f3mo los elementos \u201cobjetivos\u201d (por ejemplo, las condiciones econ\u00f3micas) y los elementos \u201csubjetivos\u201d (por ejemplo, el clima pol\u00edtico o social) podr\u00edan combinarse de modo que nos permitan predecir d\u00f3nde y c\u00f3mo se producir\u00eda una revoluci\u00f3n comunista. Mientras Van der Linden se\u00f1ala que una vez que nos deshacemos del yugo de la ley, ello nos permitir\u00e1 examinar mejor las relaciones sociales que producen los \u201csaltos hist\u00f3ricos\u201d para el DDC, Elster rechaza totalmente el DDC debido a su escaso valor de predicci\u00f3n. Sin embargo, ambos impugnan el DDC como una abstracci\u00f3n est\u00e1tica y ambos reniegan tambi\u00e9n de la abstracci\u00f3n porque pierde de vista lo concreto.<\/p>\n<p>Pero no, no podemos eliminar simplemente el t\u00e9rmino \u201cley\u201d en nuestra comprensi\u00f3n del DDC, porque de hacerlo corremos el riesgo de ir demasiado lejos en la otra direcci\u00f3n: es decir, sacrificando la dial\u00e9ctica por el materialismo y socavando la l\u00f3gica que nos llev\u00f3 en primer lugar al DDC. Elster estar\u00eda contento con este resultado, pero esto de entrada solo nos mostrar\u00eda lo estrechamente identificado que est\u00e1 el DDC con el materialismo dial\u00e9ctico. La respuesta quiz\u00e1s sea mantener la noci\u00f3n de ley, pero extendiendo su aplicaci\u00f3n a \u00e9pocas no capitalistas, ya que procediendo as\u00ed llegamos a una noci\u00f3n menos restrictiva de la ley abstracta, una que permita una diferenciaci\u00f3n mayor de lo concreto. Esto es lo que Rosenberg aporta a la teor\u00eda de las relaciones internacionales.<\/p>\n<p>Para Rosenberg, el DDC sirve a un fin m\u00e1s amplio, que consiste en introducir en este \u00e1mbito una comprensi\u00f3n m\u00e1s sistem\u00e1tica de la historia de la transformaci\u00f3n social 19\/. Plantea que el DDC es una v\u00eda para el debate porque hace que lo social incida en lo internacional al tiempo que proporciona \u201cuna abstracci\u00f3n general del proceso hist\u00f3rico\u201d (l\u00e9ase: el DDC como algo no exclusivo del capitalismo) 20\/. Y, con respecto al segundo punto, sostiene que tratar el DDC como un efecto colateral, exclusivamente capitalista, no viene sino a distorsionar la formulaci\u00f3n original que hiciera Trotsky al presentar el DDC como una ley hist\u00f3rica con un alcance temporal m\u00e1s generalizable. Alex Callinicos, respondiendo a la interpretaci\u00f3n que Rosenberg hace de Trotsky (presumiblemente de una manera que recuerda a Mandel), aboga por un enfoque de modo de producci\u00f3n, recurriendo a conceptos de El Capital para acentuar las formas espec\u00edficas con que se reviste el capitalismo cuando aparece en determinados periodos y \u00e1mbitos geogr\u00e1ficos 21\/. Aunque reconoce que el DDC, seg\u00fan el enfoque de Trotsky, resiste el esencialismo econ\u00f3mico, este reconocimiento no protege al propio Callinicos de la acusaci\u00f3n de abordar el DDC en \u201ct\u00e9rminos exclusivamente econ\u00f3micos\u201d 22\/. En suma, este productivo intercambio entre Callinicos y Rosenberg en el \u00e1mbito de la teor\u00eda de las relaciones internacionales no hace sino reflejar un debate m\u00e1s general en torno al DDC. Si se aplica de una manera \u2013el DDC como marco anal\u00edtico\u2013, puede dar cuenta de lo social y ser resistente al reduccionismo economicista. Y, contemplado desde otro \u00e1ngulo, generaliza en exceso y por ello es insuficientemente explicativo, haciendo que el que lo invoca sea incapaz de considerar las particularidades del desenvolvimiento capitalista.<\/p>\n<p>El intercambio de ideas entre Callinicos y Rosenberg dio lugar en 2008 a una secci\u00f3n especial dedicada al DDC, publicada en 2009, en la Cambridge Review of International Affairs. Aqu\u00ed pisamos de nuevo el mismo disputado terreno de antes, pero dotado de un inter\u00e9s compartido por la contenciosa lectura transhist\u00f3rica del DDC por parte de Rosenberg. En el art\u00edculo inicial, Neil Davidson sostiene que el DDC \u2013al que se refiere Trotsky\u2013 no es el DDC transhist\u00f3rico al que se adhiere Rosenberg, sino m\u00e1s bien un momento espec\u00edfico de la historia de Rusia que \u201cs\u00f3lo llega con la industrializaci\u00f3n capitalista\u201d 23\/. Sam Ashman coincide al confirmar que el capitalismo genera un tipo de desigualdad espec\u00edfico que de hecho no es transhist\u00f3rico, porque al utilizar el DDC como una ley transhist\u00f3rica perdemos de vista, por de pronto, los rasgos singulares del capitalismo que dieron lugar al DDC 24\/. Una apreciaci\u00f3n similar proviene de Jamie C. Allinson y Alexander Anievas, pues ambos sostienen que solo se puede llegar al DDC una vez que se reconoce que los principales motores de la expansi\u00f3n capitalista (competencia y plusval\u00eda) cuentan lo mismo 25\/. Este punto de partida limita necesariamente la aplicaci\u00f3n transhist\u00f3rica del DDC, aunque sepa valorar de alg\u00fan modo c\u00f3mo el DDC vincula la historia precapitalista con la capitalista. El hecho de que Anievas, en particular, valore el DDC se pone de manifiesto en el trabajo monogr\u00e1fico que m\u00e1s tarde coedita con Ni\u015fancio\u011flu bajo el t\u00edtulo C\u00f3mo lleg\u00f3 a dominar Occidente. Los autores identifican tres aplicaciones del DDC: como ley abstracta, como metodolog\u00eda y (su enfoque preferido) como teor\u00eda, y plantean, en l\u00ednea con el punto de vista de Rosenberg, que la mejor parte del DDC es la promoci\u00f3n que Trotsky hace de lo internacional como una fuerza en el cambio hist\u00f3rico 26\/.<\/p>\n<p>Entre los comentarios m\u00e1s \u00e1speros al enfoque que Rosenberg confiere al DDC se encuentra el de Teschke, de 2014. Teschke es esc\u00e9ptico respecto al giro retorcido de las relaciones internacionales que aquel imprime al DDC, tach\u00e1ndolo de producto lamentable, fruto de una fusi\u00f3n de neorrealismo y estructuralismo 27\/. Para \u00e9l el colapso del DDC como ley y como teor\u00eda en las relaciones internacionales socava su promesa explicativa al encerrarlo en una abstracci\u00f3n, una eventualidad que juzga insoportable, porque viola el principal postulado del m\u00e9todo dial\u00e9ctico de Marx, a saber, la \u201ceterna interrogaci\u00f3n\u201d de la relaci\u00f3n que guarda lo abstracto con lo concreto. Lo que Teschke encuentra por cierto desconcertante es aquello que otros ya han abanderado: hipostasiar la ley abstracta que pierde de vista lo concreto, desembocando en una tautolog\u00eda. Sin embargo, quisiera a\u00f1adir que, lo que es por lo dem\u00e1s un an\u00e1lisis mordaz, el rechazo del DDC del que Teschke hace gala es poco sincero. Elimina cualquier rastro de materialismo dial\u00e9ctico en su forma de entender el DDC, introduce una tautolog\u00eda en el vac\u00edo resultante y declara que \u201csigue siendo incierto lo que impulsa el desarrollo desigual y combinado\u201d. El retal transhist\u00f3rico que queda no sirve para identificar la funci\u00f3n productiva con \u201cla mediaci\u00f3n pol\u00edtica\u201d en el desarrollo hist\u00f3rico, y por ello debe ser rechazado.<\/p>\n<p>La simplicidad del DDC al entenderlo solo como una ley abstracta socava su esperado valor explicativo. A primera vista, el DDC pretende explicar el desarrollo del capitalismo al ofrecer un esquema para entender el cambio econ\u00f3mico; sin embargo, este esquema demuestra ser insuficiente, lo que nos lleva a la conclusi\u00f3n de que el propio concepto de DDC requiere una mayor elaboraci\u00f3n. Teschke hace referencia a esto cuando habla de la inevitable \u201crotunda tautolog\u00eda\u201d del DDC; pero esta valoraci\u00f3n paliativa es antit\u00e9tica con el materialismo dial\u00e9ctico y es una consignaci\u00f3n enga\u00f1osa del valor explicativo del DDC. En concreto, Teschke maneja como sin\u00f3nimo la noci\u00f3n del DDC como ley abstracta y el DDC como algo hist\u00f3ricamente diferenciado, lo que equivale a una deserci\u00f3n de la metodolog\u00eda del materialismo dial\u00e9ctico que nos conduce a una trampa tautol\u00f3gica. Lejos de ser algo fatal o inevitable, la trampa viene a ser algo de su propia cosecha: el DDC solo puede ser calificado de \u201crotunda tautolog\u00eda\u201d cuando se ha laminado la mutua dial\u00e9ctica constitutiva entre lo abstracto y lo concreto.<\/p>\n<p>Como he tratado de demostrar, algunos proyectan la ley del DDC como un irremediable impostor transhist\u00f3rico excesivamente generalizador; ahora bien, cuando repatriamos el DDC a los dominios del materialismo dial\u00e9ctico, estos diagn\u00f3sticos tan l\u00fagubres resultan insoportables por dos razones. En primer lugar, porque el DDC como ley abstracta es el producto razonable de la l\u00f3gica del materialismo dial\u00e9ctico en la pr\u00e1ctica y, dado que esta l\u00f3gica de la \u201ceterna interrogaci\u00f3n\u201d no puede soportar semejante aseveraci\u00f3n tautol\u00f3gica 28\/, aquellos que proscriben el DDC en virtud de su car\u00e1cter tautol\u00f3gico tambi\u00e9n dan la espalda a la esencia del materialismo dial\u00e9ctico. En segundo lugar, porque el DDC solo es tautol\u00f3gico si permanece en los confines de la abstracci\u00f3n est\u00e1tica. Dado que el deber del materialista dial\u00e9ctico es concretar las abstracciones (y a la inversa), el DDC no debe entenderse como un toque de clar\u00edn para un an\u00e1lisis ulterior o, como explican Anievas y Ni\u015fanc\u0131o\u011flu, como una empresa que \u201copera por medio de una serie de \u201cniveles de abstracci\u00f3n descendentes para alcanzar una mayor aproximaci\u00f3n a la realidad emp\u00edrica, remodelada en el pensamiento, a cada paso del trayecto\u201d 29\/ Nos vemos innecesariamente arrastrados al sendero tautol\u00f3gico cuando abandonamos el n\u00facleo de la filosof\u00eda del materialismo dial\u00e9ctico, es decir, confundiendo la simple abstracci\u00f3n con una categor\u00eda concreta 30\/. En lugar de operar con estos conceptos de forma intercambiable con fines autodestructivos deber\u00edamos tener presente la relaci\u00f3n mutuamente constitutiva entre la ley del DDC como simple abstracci\u00f3n y el DDC hist\u00f3ricamente diferenciado como categor\u00eda concreta.<\/p>\n<h3><strong>Una r\u00e9plica<\/strong><\/h3>\n<p>Mientras Teschke se muestra cauteloso ante el \u201cresultado circular seg\u00fan el cual el DDC explica el DDC\u201d 31\/, un principio esencial del an\u00e1lisis del materialismo dial\u00e9ctico plantea que no debemos tomar conceptos comparables como abstracciones fijas e id\u00e9nticas, y as\u00ed nos lo recuerda Trotsky al se\u00f1alar que \u201cen realidad, Ano es igual a A\u201d 32\/. Haciendo referencia a medidas de az\u00facar, dice que una libra de az\u00facar en una balanza no es igual a una libra de az\u00facar medida en un aparato m\u00e1s preciso. La correspondencia absoluta requiere formalismo y fijeza, y donde no hay cambio alguno (temporal o de otro tipo), no hay vida alguna o \u201cexistencia\u201d. En cambio, el \u201cpensamiento dial\u00e9ctico analiza todas las cosas y fen\u00f3menos en su continuo cambio, al tiempo que determina, bajo las condiciones materiales de tales cambios, el l\u00edmite cr\u00edtico tras el cual A deja de ser A \u201c. Desde esta perspectiva, el diagn\u00f3stico del DDC como una \u201csimple tautolog\u00eda\u201d se manifiesta como una pista falsa: el DDC no es igual al DDC, a no ser que se entienda al margen de la dial\u00e9ctica y, por extensi\u00f3n, de modo inconsistente con respecto a su forma original de interacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un argumento de peso contra la idea del DDC como algo temporalmente condicionado proviene de Anievas y Ni\u015fanc\u0131o\u011flu, que contemplan los tent\u00e1culos del DDC extendi\u00e9ndose m\u00e1s all\u00e1 del capitalismo europeo 33\/. Sin embargo, en t\u00e9rminos m\u00e1s filos\u00f3ficos, la persistencia de este debate sobre si el DDC es o no transhist\u00f3rico tiene su origen en la falta de una demarcaci\u00f3n m\u00e1s adecuada entre un DDC como mera abstracci\u00f3n frente a una categor\u00eda concreta, todo lo cual se complica con divergencias formalistas que acompa\u00f1an a la insistencia de que el DDC es tautol\u00f3gico. Al prestar atenci\u00f3n con m\u00e1s detalle a la relaci\u00f3n entre lo abstracto y lo concreto, logramos excavar las entrelazadas ra\u00edces existentes entre el materialismo dial\u00e9ctico y el DDC, lo que nos permite revalorar lo que razonablemente podemos esperar del DDC al estudiar el cambio hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Sabemos que la abstracci\u00f3n pura congela la dial\u00e9ctica y fomenta la tautolog\u00eda al confundir lo abstracto con lo concreto; ahora bien, la manera de salir de este aprieto requiere algo m\u00e1s que el cuestionamiento de la abstracci\u00f3n por medio de la concreci\u00f3n. Trotsky insiste en que el movimiento de concretar lo abstracto no da pie a veredictos categ\u00f3ricos sobre las relaciones sociales, de hecho m\u00e1s bien a que \u201ccuanto m\u00e1s concreto sea el pron\u00f3stico, tanto m\u00e1s condicional viene a ser\u201d. Podemos, por ejemplo, tener por un lado el trabajo como una categor\u00eda (abstracta) indiferenciada y, por otro, el trabajo asalariado como una categor\u00eda m\u00e1s diferenciada hist\u00f3ricamente. Aunque \u00e9sta sea hist\u00f3ricamente m\u00e1s espec\u00edfica, sigue siendo una categor\u00eda abstracta en modo alguno resuelta 34\/; nos encontramos solo en \u201cel proceso de la \u2018verdadera abstracci\u00f3n\u2019\u201d, y no en el punto final de nuestro an\u00e1lisis. En efecto, a medida que avanzamos en una evaluaci\u00f3n del desarrollo hist\u00f3rico, nuestras demandas de verdad en torno a lo concreto se tornan cada vez m\u00e1s relativas. Pero no debemos confundir esto con un descenso al puro relativismo, pues de hacerlo ser\u00eda a costa de perder la conexi\u00f3n constitutiva con la totalidad. O como lo expresar\u00eda Lenin al afirmar que la l\u00f3gica del materialismo dial\u00e9ctico nos protege frente a esta degeneraci\u00f3n porque \u201creconoce la relatividad de todo nuestro conocimiento, no en el sentido de negar la verdad objetiva, sino en el sentido de que los l\u00edmites de aproximaci\u00f3n de nuestro conocimiento a esta verdad est\u00e1n hist\u00f3ricamente condicionados\u201d 35\/. A pesar de la unidad de \u201can\u00e1lisis y s\u00edntesis\u201d, mantenemos intacta la diferenciaci\u00f3n entre lo abstracto y lo concreto, oblig\u00e1ndonos a cuestionar nuestra propia comprensi\u00f3n de la totalidad. Lo que tenemos entonces es una dial\u00e9ctica entre verdad relativa y verdad objetiva, y donde nuestro conocimiento de la verdad objetiva es condicional, aun cuando la verdad objetiva exista incondicionalmente. En este sentido, nuestra comprensi\u00f3n de lo incondicional y objetivo ocurre mediante nuestra comprensi\u00f3n de lo condicional y relativo, y a la inversa.<\/p>\n<p>Por ello, m\u00e1s que concretar lo abstracto, tambi\u00e9n es cuesti\u00f3n de abordar lo que entendemos por lo concreto y saber mantenerlo para un an\u00e1lisis posterior, a saber, haciendo abstracci\u00f3n de lo concreto. Por ejemplo, el contrato como simple abstracci\u00f3n aparece recorriendo varias \u00e9pocas. No obstante, el tipo de contrato espec\u00edfico que est\u00e1 integrado en el modo de producci\u00f3n capitalista solo puede entenderse desarrollando su forma espec\u00edfica con relaci\u00f3n a otros desarrollos hist\u00f3ricos espec\u00edficos. Cuando se interroga a la simple abstracci\u00f3n con arreglo a las singularidades de un determinado espacio y tiempo, esta est\u00e1 siendo subordinada al \u201cproceso de la \u2018verdadera abstracci\u00f3n\u2019\u201d, donde tenemos la uni\u00f3n de \u201cs\u00edntesis\u201d y \u201can\u00e1lisis\u201d. Esto implica situar los desarrollos hist\u00f3ricos espec\u00edficos del contrato capitalista (respecto a qui\u00e9n est\u00e1 autorizado a contraer un contrato en un determinado espacio y tiempo) frente al concepto abstracto de contrato (enraizado tempranamente en forma de juramento) 36\/. La abstracci\u00f3n compenetra lo concreto, y aunque ambas categor\u00edas sigan siendo distintas, el desarrollo hist\u00f3rico del contrato en su forma capitalista asume tanto como niega el contrato como una simple abstracci\u00f3n. En esta transformaci\u00f3n, los elementos contradictorios pueden permanecer intactos en distintos niveles, lo que nos permite entender c\u00f3mo el contrato, en la pr\u00e1ctica un testimonio de enemistad en el capitalismo, permanece conectado a la noci\u00f3n del contrato como una expresi\u00f3n de lealtad de otras \u00e9pocas.<\/p>\n<p>Un ejemplo que pone mejor de manifiesto estas conexiones dial\u00e9cticas es el temprano contexto de los asentamientos coloniales en Canad\u00e1. Al crearse en 1812 el primer asentamiento en las praderas de Red River (en la actual Manitoba), el contrato feudal que vincul\u00f3 a los siervos a la compa\u00f1\u00eda de comercio de pieles de Hudson Bay se estaba transformando, a medida que algunos siervos llegaron a ser colonos propietarios de tierras. Para que esto ocurriera, el siervo ten\u00eda que \u201cemanciparse, trabajar por su cuenta\u201d y \u201cpoder ser consignado como deudor\u201d en la tienda de la compa\u00f1\u00eda, adoptando as\u00ed las t\u00edpicas tempranas libertades burguesas 37\/. Pero esto no fue un simple cuento de c\u00f3mo la lealtad del contrato de servidumbre quedaba negada por la llamada \u201clibertad\u201d del contrato del colono, basada en su capacidad de endeudamiento. De crucial importancia fue que esta transformaci\u00f3n presagiara cambios en la libertad de los pueblos ind\u00edgenas. La libertad sint\u00e9tica que formaba el n\u00facleo de la nueva situaci\u00f3n contractual del colono era una condici\u00f3n abstracta moldeada por la realidad de lo que supon\u00eda ser un deudor y por el hecho de que la posesi\u00f3n de tierra entra\u00f1aba llegar a compromisos con la libertad de ciertos pueblos ind\u00edgenas. Y, a su vez, la libertad sint\u00e9tica de estos pueblos ind\u00edgenas reflejaba la realidad que requer\u00eda sus firmas para los tratados que legitimaban la desposesi\u00f3n de tierras 38\/. Su libertad, contemplada como \u201cno familiarizada con el control y la subordinaci\u00f3n\u201d, fue reconocida por los agentes coloniales mediante instancias que facilitaban relaciones contractuales de desposesi\u00f3n 39\/. Por ello, hacia 1812, en Red River, contraer contratos vino a ser un instrumento de cambio, si bien el proceso en s\u00ed estuvo compenetrado de conceptos abstractos de libertad y de realidades de clase y raza.<\/p>\n<p>Empezar a entender la totalidad de las transformaciones implica identificar una manifestaci\u00f3n hist\u00f3ricamente espec\u00edfica del DDC, lo que requiere un atento an\u00e1lisis de las contradicciones, negaciones y s\u00edntesis que acaecen en un determinado espacio y tiempo hist\u00f3rico. En el ejemplo que hemos aportado, las dimensiones abstractas e indiferenciadas del contrato llegan a ser comprensibles cuando se presta atenci\u00f3n a las facetas relativas e hist\u00f3ricamente espec\u00edficas, lo que a su vez ilustra c\u00f3mo los elementos abstractos est\u00e1n diferenciados, si bien por ello no dejan de ser menos constitutivos que en las relaciones contractuales reales. Incluso con este breve ejemplo podemos empezar a ver la din\u00e1mica desigual y combinada en un espec\u00edfico periodo de cambio que clarifica la relaci\u00f3n consustancial entre el contrato como un constructo indiferenciado, las libertades de tipo burgu\u00e9s asociadas a los contratos capitalistas y el contrato a\u00fan m\u00e1s espec\u00edfico en un contexto de temprano asentamiento colonial. Al progresar por medio de \u201cniveles de abstracci\u00f3n descendentes\u201d resulta posible conectar y sin embargo diferenciar el contrato como una abstracci\u00f3n fija respecto a pr\u00e1cticas contractuales hist\u00f3ricamente espec\u00edficas. Al mismo tiempo, percibimos que el DDC en su forma de ley general abstracta y el DDC en un contexto hist\u00f3rico m\u00e1s concreto son mutuamente constitutivos, aunque no id\u00e9nticos.<\/p>\n<p>El DDC como ley de desarrollo hist\u00f3rico viene a ser la ley general en su acepci\u00f3n extrema; podemos considerar esto como un ejemplo de una \u201csimple categor\u00eda\u201d en la medida en que consiste en \u201cdeterminaciones generales abstractas que por ese motivo pertenecen m\u00e1s o menos a todas las formas de sociedad\u201d 40\/. Cuando hablamos de la ley del DDC como una caracter\u00edstica definitiva del capitalismo (por ejemplo), tenemos en mente una articulaci\u00f3n m\u00e1s espec\u00edfica de la extrema abstracci\u00f3n; podemos considerar esto como un ejemplo de una \u201ccategor\u00eda m\u00e1s concreta\u201d en la medida en que pertenece a una articulaci\u00f3n espec\u00edfica de las relaciones sociales. Incluso en su orientaci\u00f3n m\u00e1s exclusivamente capitalista todav\u00eda estamos hablando generalmente sobre modalidades mientras avanzamos hacia una mayor comprensi\u00f3n. La cuesti\u00f3n m\u00e1s importante de esta diferenciaci\u00f3n consiste en reconocer que la ley del DDC puede aparecer como una extrema abstracci\u00f3n en un sentido realmente universal, mientras que la ley del DDC aplicada espec\u00edficamente al capitalismo viene a ser una articulaci\u00f3n m\u00e1s particular de lo general. Como lo explica Rosenberg: \u201clo transhist\u00f3rico y lo hist\u00f3ricamente espec\u00edfico pueden \u2013y de hecho deben\u2013 combinarse en el an\u00e1lisis de cualquier concreto particular\u201d, teniendo siempre cuidado de no meter lo abstracto en lo concreto con el fin de obtener una visi\u00f3n m\u00e1s clara de la totalidad 41\/. Esta demarcaci\u00f3n entre lo abstracto y lo concreto no resta en absoluto valor para entender el DDC como una ley del capitalismo; de hecho promueve nuestra comprensi\u00f3n del DDC porque el debate ya no queda atrapado en un paradigma de esto o aquello que nos obliga a elegir entre una versi\u00f3n transhist\u00f3rica o una espec\u00edficamente capitalista. Desde un principio, la l\u00f3gica del materialismo dial\u00e9ctico nos demuestra la falacia de esta elecci\u00f3n. El dilema de esto o aquello, en lugar de clarificar el tema del DDC, lo simplifica extremadamente negando aquello que deber\u00edamos analizar: la relaci\u00f3n dial\u00e9ctica entre lo abstracto y lo concreto. La negaci\u00f3n de esta relaci\u00f3n esencial es el primer paso para aceptar que \u201cA\u201d es igual a \u201cA\u201d 42\/, lo que viene a ser el puerto de entrada a un panorama filos\u00f3fico totalmente hostil a la comprensi\u00f3n del desarrollo hist\u00f3rico. Con este giro nos alejamos de la concepci\u00f3n fundacional de que \u201ctodo est\u00e1 sujeto a permanente cambio\u201d y comenzamos a pedalear por \u201cabstracciones fijas\u201d 43\/.<\/p>\n<p>Si despu\u00e9s de esta demarcaci\u00f3n m\u00e1s precisa entre lo abstracto y lo concreto nos inclinamos todav\u00eda por insistir en que el DDC es un fen\u00f3meno exclusivo del capitalismo y que carece de una dimensi\u00f3n universal, entonces deber\u00edamos intentar buscar un argumento m\u00e1s convincente. Una ulterior abstracci\u00f3n del DDC para alcanzar un nivel m\u00e1s universal no implica que la ley del DDC, como algo espec\u00edfico del capitalismo, tambi\u00e9n pueda aplicarse universalmente. Ciertamente que no, pues se dan atributos espec\u00edficos del DDC a los que no se puede dar una traslaci\u00f3n universal, como por ejemplo la dependencia del mercado y la acumulaci\u00f3n por medio de la plusval\u00eda. No obstante, es demasiado precipitado afirmar que solo donde veamos el capitalismo como el modo de producci\u00f3n dominante sea cuando tambi\u00e9n podamos identificar el DDC como el modelo general de la evoluci\u00f3n, un hecho que se puso de manifiesto con el ejemplo del Red River. Al negar una aplicabilidad m\u00e1s amplia estamos peligrosamente a punto de sugerir \u2013sin pruebas\u2013 que el desarrollo hist\u00f3rico no se desenvuelve de forma desigual y combinada. Entonces \u00bfcu\u00e1ndo comienza este proceso de DDC en la historia?<\/p>\n<p>Ahora podemos realmente ver lo que est\u00e1 en juego cuando vinculamos el DDC de forma tan exclusiva al capitalismo. Si reconocemos que la ley del DDC es en esencia una expresi\u00f3n de la l\u00f3gica del materialismo dial\u00e9ctico, entonces el impulso de encasillarlo temporalmente tiene como consecuencia una amputaci\u00f3n de la propia dial\u00e9ctica. Contradicci\u00f3n, s\u00edntesis y negaci\u00f3n vienen a ser el \u00e1mbito singular para el capitalismo, dado que la escala completa del desarrollo del materialismo dial\u00e9ctico se pierde en aplicaciones selectivas de las leyes generales.<\/p>\n<p>Tengamos tambi\u00e9n en cuenta que ya concedemos tal flexibilidad a la ley del DDC en otro \u00e1mbito, como es la geograf\u00eda. Trotsky conceptualiz\u00f3 la ley del DDC mediante un minucioso estudio de la Revoluci\u00f3n Rusa, pero ser\u00eda absurdo deducir de ello que la ley del DDC carece de valor fuera del caso ruso. Que la ley del DDC se extiende m\u00e1s all\u00e1 de la jurisdicci\u00f3n espec\u00edfica de la Rusia revolucionaria es un reconocimiento impl\u00edcito de que la ley en s\u00ed apunta a un modelo abstracto, generalizable y general del desarrollo que puede estar presente en otras \u00e9pocas y lugares. Tambi\u00e9n resulta prudente se\u00f1alar que las observaciones de Trotsky que respaldan la ley del DDC derivan de una sociedad y econom\u00eda en transici\u00f3n, como era el caso de la Rusia revolucionaria y que en su d\u00eda no era un basti\u00f3n del capitalismo.<\/p>\n<h3><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>La ley del DDC, desprovista del falaz dilema de esto o aquello que da lugar a un an\u00e1lisis no dial\u00e9ctico, viene fortalecida por la filosof\u00eda del materialismo dial\u00e9ctico. La principal diferenciaci\u00f3n de la ley del DDC como una simple abstracci\u00f3n en general y la ley del DDC en el capitalismo como una categor\u00eda m\u00e1s completa, viene a desempe\u00f1ar dos objetivos cruciales: en primer lugar, abandona la noci\u00f3n de la ley del DDC como una abstracci\u00f3n fija y, en segundo lugar, nos obliga a reforzar nuestro an\u00e1lisis del DDC como una ley del capitalismo. Con estos dos movimientos dejamos atr\u00e1s lo que era una vez un terreno abonado para inferencias tautol\u00f3gicas. Al final de nuestro trayecto podemos incluso volver la cabeza para ver d\u00f3nde empezamos y para amonestarnos por haber sostenido una vez la ingenua creencia de que el DDC deber\u00eda \u201cexplicar\u201d todo. Tal expectativa trata al DDC como un \u201cmero instrumento productor de evidencias\u201d, implicando que deber\u00edamos estar satisfechos con medias verdades y preguntas parciales en lugar de manejar la \u201ceterna interrogaci\u00f3n\u201d. La ley del DDC, si se toma en s\u00ed como una abstracci\u00f3n fija, no explica nada y tampoco debemos esperar que lo haga.<\/p>\n<p>Sin embargo, es desacertado concluir afirmando sobre esta base que la ley del DDC carece de valor; tambi\u00e9n podr\u00eda decirse que el materialismo dial\u00e9ctico no posee valor alguno. La l\u00f3gica del materialismo dial\u00e9ctico viene a ser algo intr\u00ednseco al propio desarrollo hist\u00f3rico, y como nos se\u00f1ala Marx, \u201cel curso seguido por el pensamiento abstracto que avanza de lo elemental a lo combinado se corresponde con el propio proceso hist\u00f3rico\u201d 44\/. Cuando abrazamos la l\u00f3gica del materialismo dial\u00e9ctico, ahondamos gradualmente en nuestra comprensi\u00f3n de la naturaleza de la correspondencia entre lo real y la idea y, por a\u00f1adidura, en nuestro conocimiento de la totalidad del cambio hist\u00f3rico 45\/.<\/p>\n<p>Hasta que no retomemos la l\u00f3gica del materialismo dial\u00e9ctico no podremos empezar a apreciar la relaci\u00f3n que guarda la ley del DDC como una constante no diferenciada y la ley del DDC como una categor\u00eda hist\u00f3ricamente diferenciada en el capitalismo (o en otras \u00e9pocas y lugares de signo no capitalista). Esta perspectiva libera al DDC de las persistentes controversias y promueve valoraciones m\u00e1s razonables sobre el cambio hist\u00f3rico. Avances sustantivos en esta direcci\u00f3n ya han sido realizados por Anievas y Ni\u015fanc\u0131o\u011flu 46\/, y si se ampl\u00eda el marco explicativo m\u00e1s all\u00e1 de las relaciones internacionales, est\u00e1 mucho m\u00e1s a nuestro alcance. El DDC, como las leyes de la dial\u00e9ctica en general, no es un \u201cmero instrumento productor de evidencias\u201d, sino una ley abstracta a la que se ha llegado por medio del an\u00e1lisis hist\u00f3rico. Y, lo que es m\u00e1s, como ley abstracta tiene siempre que estar en proceso de ser verificada objetivamente de acuerdo con la l\u00f3gica del materialismo dial\u00e9ctico; cualquier cosa menos que esto implica malinterpretar lo abstracto como verdad en lugar de como una b\u00fasqueda condicional. En \u00faltima instancia, ese es el verdadero valor de la ley del DDC: es expresi\u00f3n de nuestro compromiso incondicional por entender el desarrollo hist\u00f3rico por medio de la \u201ceterna interrogaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>* Susan Dianne Brophy es doctora en Pensamiento Pol\u00edtico y Social por la Universidad de York, Toronto, Canad\u00e1, y actualmente es Profesora Titular de Estudios Jur\u00eddicos en la Universidad St. Jerome, Waterloo, Canad\u00e1.<\/p>\n<p><strong><u>Notas<\/u><\/strong><\/p>\n<p>1\/ Le\u00f3n Trotsky, Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa, <a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/trotsky\/1932\/histrev\/tomo1\/\" rel=\"nofollow\">https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/trotsky\/1932\/histrev\/tomo1\/<\/a>; George Novack, Understanding History: Marxist Essays (Nueva York, 1974); Ernest Mandel, El capitalismo tard\u00edo (M\u00e9xico, 1975).<\/p>\n<p>2\/ Justin Rosenberg, \u201cIsaac Deutscher and the Lost History of International Relations\u201d, New Left Review, I, n.\u00ba 215 (1996).<\/p>\n<p>3\/ Justin Rosenberg, \u201cThe \u2018Philosophical Premises\u2019 of Uneven and Combined Development\u201d, Review of International Studies, XXXIX (2013).<\/p>\n<p>4\/ Benno Teschke, \u201cIR Theory, Historical Materialism and the False Promise of International Historical Sociology\u201d, Spectrum, VI; S\u00e9bastien Rioux, \u201cInternational Historical Sociology: Recovering Sociohistorical Causality\u201d, Rethinking Marxism, XXI (2009).<\/p>\n<p>5\/ Jessica Evans, \u201cThe Uneven and Combined Development of Class Forces: Migration as Combined Development\u201d, Cambridge Review of International Affairs, XXIX (2016); Sam Ashman, \u201cCapitalism, Uneven and Combined Development and the Transhistoric\u201d, Cambridge Review of International Affairs, XX (2009). Tambi\u00e9n es notable la aparici\u00f3n del DDC en estudios literarios.<\/p>\n<p>6\/ Robert Brenner, \u201cAgrarian Class Structure and Economic Development in Pre-Industrial Europe\u201d, Past &amp; Present, LXX (1976); Robert Brenner, \u201cAgrarian Class Structure and Economic Development in Pre-Industrial Europe: The Agrarian Roots of European Capitalism\u201d, Past &amp; Present, XCVII (1982).<\/p>\n<p>7\/ Jamie C. Allinson y Alexander Anievas, \u201cThe Uses and Misuses of Uneven and Combined Development: An Anatomy of a Concept\u201d, Cambridge Review of International Affairs, xx (2009); Alexander Anievas y Kerem Ni\u015fanc\u0131o\u011flu, How the West Came to Rule: The Geopolitical Origins of Capitalism (London, 2015).<\/p>\n<p>8\/ Benno Teschke, \u201cIR Theory, Historical Materialism and the False Promise of International Historical Sociology\u201d, Spectrum, vi (2014).<\/p>\n<p>9\/ Hay quienes creen sit\u00faan los or\u00edgenes de las elaboraciones m\u00e1s loadas del siglo xx sobre el DDC a los escritos del siglo xix de Karl Marx y Friedrich Engels, v\u00e9ase Karl Marx y Friedrich Engels, Obras escogidas de Marx y Engels, <a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/m-e\/oe\/index.htm\" rel=\"nofollow\">https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/m-e\/oe\/index.htm<\/a>; Jairus Banaji, Theory As History: Essays on Modes of Production and Exploitation (Chicago, 2011); Neil Smith, Uneven Development: Nature, Capital, and the Production of Space, 3\u00aa edici\u00f3n (Atenas, GA, 2008); David Harvey, \u201cNotes Towards a Theory of Uneven Geographical Development\u201d, en Spaces of Neoliberalization: Towards a Theory of Uneven Geographical Development, vol. 8, Hettner-Lectures (Stuttgart, 2005); Radhika Desai, Geopolitical Economy: After US Hegemony, Globalization and Empire (Nueva York, 2013). Pero tambi\u00e9n sucede que muchos te\u00f3ricos del DDC solo reconocen estos or\u00edgenes de pasada, v\u00e9ase George Novack, \u201cThe Law of Uneven and Combined Development and Latin America\u201d, Latin American Perspectives, III (1976). A su vez, Lenin abord\u00f3 el desarrollo desigual, en particular, en su escrito de 1917 sobre el imperialismo, que se centra en la naturaleza expansiva del capitalismo y su efecto desestabilizador en las relaciones internacionales. Este expansionismo comporta o lleva inherente la b\u00fasqueda por un pa\u00eds capitalista del control exclusivo sobre otros territorios que determinaron la Gran Guerra. Lenin se refiere a la manera en que \u201cel desarrollo desigual y espasm\u00f3dico de empresas, sectores y pa\u00edses individuales es inevitable en el sistema capitalista\u201d, v\u00e9ase Vlad\u00edmir Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo (esbozo popular), <a href=\"http:\/\/www.fundacionfedericoengels.net\/images\/PDF\/lenin_imperialismo.pdf\" rel=\"nofollow\">http:\/\/www.fundacionfedericoengels.net\/images\/PDF\/lenin_imperialismo.pdf<\/a>. Tambi\u00e9n se\u00f1ala que Inglaterra no podr\u00eda haber logrado la condici\u00f3n de primer Estado capitalista mundial sin establecer un monopolio imperialista sobre los recursos primos que nutrieron el desarrollo de su industria nacional. M\u00e1s tarde revis\u00f3 estos planteamientos en la coda del escrito, donde asocia la compulsi\u00f3n expansionista del capitalismo a la creciente desigualdad entre Estados. Pese a que su interpretaci\u00f3n del imperialismo como fase se resiste a la noci\u00f3n del desarrollo combinado, la din\u00e1mica de su denuncia del imperialismo, sin embargo, se basa en una concepci\u00f3n particular del desarrollo desigual.<\/p>\n<p>10\/ Le\u00f3n Trotsky, Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa.<\/p>\n<p>11\/ Michael L\u00f6wy, The Politics of Combined and Uneven Development: The Theory of Permanent Revolution (Londres: 1981).<\/p>\n<p>12\/ Le\u00f3n Trotsky, La revoluci\u00f3n permanente y Balance y perspectivas.<\/p>\n<p>13\/ John Rees, The Algebra of Revolution: The Dialectic and the Classical Marxist Tradition (Londres y Nueva York, 1998).<\/p>\n<p>14\/ Frantz Fanon, Piel negra, m\u00e1scaras blancas (Madrid: Akal, 1952).<\/p>\n<p>15\/ Ernest Mandel, El capitalismo tard\u00edo.<\/p>\n<p>16\/ Chris Harman, \u201cMandel\u2019s Late Capitalism\u201d, International Socialism II (1978).<\/p>\n<p>17\/ Marcel van der Linden, \u201cThe \u2018Law\u2019 of Uneven and Combined Development: Some Underdeveloped Thoughts\u201d, Historical Materialism XV (2007).<\/p>\n<p>18\/ Jon Elster, The Theory of Combined and Uneven Development: A Critique, en Analytical Marxism, ed. John Roemer (Cambridge, 1986).<\/p>\n<p>19\/ S\u00e9bastien Rioux, \u201cInternational Historical Sociology: Recovering Sociohistorical Causality\u201d, Rethinking Marxism, XXI (2009).<\/p>\n<p>20\/ Rosenberg, The \u201cPhilosophical Premises\u201d of Uneven and Combined Development.<\/p>\n<p>21\/ Alex Callinicos y Justin Rosenberg, \u201cUneven and Combined Development: The Social-Relational Substratum of \u2018the International\u2019? An Exchange of Letters\u201d, Cambridge Review of International Affairs, XXI (2008).<\/p>\n<p>22\/ Desai, Geopolitical Economy. Es posible atribuir este enfoque m\u00e1s estrecho al \u00e1mbito del estudio de Callinicos, que se centra menos en consideraciones ideol\u00f3gicas o sociales; no obstante, uno de los rasgos definitorios del desarrollo combinado es que \u201ces mucho m\u00e1s que un fen\u00f3meno econ\u00f3mico, sino que abarca la totalidad de las relaciones que constituyen un orden social en su conjunto\u201d, Anievas y Ni\u015fanc\u0131o\u011flu, How the West Came to Rule.<\/p>\n<p>23\/ Neil Davidson, \u201cPutting the Nation Back into \u2018the International\u2019\u201d, Cambridge Review of International Affairs, XX (2009).<\/p>\n<p>24\/ Sam Ashman, \u201cCapitalism, Uneven and Combined Development and the Transhistoric\u201d, Cambridge Review of International Affairs XX (2009).<\/p>\n<p>25\/ Jamie C. Allinson y Alexander Anievas, \u201cThe Uses and Misuses of Uneven and Combined Development: An Anatomy of a Concept\u201d, Cambridge Review of International Affairs XX (2009).<\/p>\n<p>26\/ Alexander Anievas y Kerem Ni\u015fanc\u0131o\u011flu, How the West Came to Rule.<\/p>\n<p>27\/ Teschke, IR Theory, Historical Materialism and the False Promise of International Historical Sociology, 12.<\/p>\n<p>28\/ Lenin, Obras completas, vol. 38.<\/p>\n<p>29\/ Anievas y Ni\u015fanc\u0131o\u011flu, How the West Came to Rule.<\/p>\n<p>30\/ Marx y Engels, Economic Works 1857-1861, vol. 28; Banaji, Theory as History.<\/p>\n<p>31\/ Teschke, IR Theory, Historical Materialism and the False Promise of International Historical Sociology.<\/p>\n<p>32\/ Le\u00f3n Trotsky, En defensa del marxismo, <a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/trotsky\/1940s\/dm\/index.htm\">https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/trotsky\/1940s\/dm\/index.htm<\/a><\/p>\n<p>33\/ Anievas y Ni\u015fanc\u0131o\u011flu, How the West Came To Rule.<\/p>\n<p>34\/ Banaji, Theory as History.<\/p>\n<p>35\/ Lenin, Obras completas, vol. 14.<\/p>\n<p>36\/ Giorgio Agamben, The Time That Remains: A Commentary on the Letter to the Romans, trad. Patricia Dailey (Stanford, 2005); Giorgio Agamben, The Sacrament of Language: An Archaeology of the Oath, trad. Adam Kotsko, vol. II, 3, 9 vols., Homo Sacer (Stanford, 2011); J. G. Manning, \u201cThe Representation of Justice in Ancient Egypt\u201d, Yale Journal of Law &amp; the Humanities XXIV (2012).<\/p>\n<p>37\/ Thomas Douglas Selkirk, \u201cInstructions to Miles McDonell\u201d, 1811. Reel C-1. Library and Archives of Canada &#8211; Selkirk Collection. Para m\u00e1s an\u00e1lisis del trabajo de los pueblos ind\u00edgenas durante el comercio de pieles, v\u00e9ase mi pr\u00f3ximo ensayo en Settler Colonial Studies, titulado \u201cReciprocity as Dispossession: A Dialectical Materialist Analysis of the Fur Trade\u201d.<\/p>\n<p>38\/ Esto es lo que ocurri\u00f3 en el mismo lugar en 1817 con el Tratado Selkirk-Peguis.<\/p>\n<p>39\/ George Prevost, \u201cInstructions for the Good Government of the Indian Department, 1812\u201d, en Collections and Researches Made by the Michigan Pioneer and Historical Society (Lansing: Robert Smith &amp; Co., State Printers and Binders, 1895), vol. 23.<\/p>\n<p>40\/ Marx y Engels, Economic Works 1857-1861, vol. 28.<\/p>\n<p>41\/ Rosenberg, The Follies of Globalisation Theory.<\/p>\n<p>42\/ Como explican Anievas y Ni\u015fanc\u0131o\u011flu, manteniendo intacto el DDC como \u201cabstracci\u00f3n general\u201d\u2026 sin duda plantear\u00eda un problema: descontextualizado de toda concepci\u00f3n de estructuras sociales hist\u00f3ricamente diferenciadas, dif\u00edcilmente podr\u00edan vislumbrarse las escalas, mecanismos y formas cualitativas precisas de la desigualdad y la combinaci\u00f3n, How the West Came to Rule.<\/p>\n<p>43\/ Trotsky, En defensa del marxismo.<\/p>\n<p>45\/ Karl Marx y Friedrich Engels, Obras escogidas de Marx y Engels, vol. 25.<\/p>\n<p>[45] Marx y Engels, Economic Works 1857-1861, vol. 28.<\/p>\n<p>46\/ V\u00e9ase tambi\u00e9n mi ensayo en Law and Critique, titulado \u201cAn Uneven and Combined Development Theory of Law\u201d (2017).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Trotsky llega a la ley del DDC porque entiende el cambio hist\u00f3rico como algo esencialmente condicionado, sujeto a una geograf\u00eda y un tiempo, bien dando saltos adelante o experimentando lentos bandazos, pero siempre en movimiento. 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