{"id":4148,"date":"2018-01-08T18:11:57","date_gmt":"2018-01-08T18:11:57","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4148"},"modified":"2018-01-08T18:12:19","modified_gmt":"2018-01-08T18:12:19","slug":"socialismo-debates-el-sentido-del-trabajo-en-una-sociedad-sostenible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4148","title":{"rendered":"Socialismo \/ Debates &#8211; El sentido del trabajo en una sociedad sostenible"},"content":{"rendered":"<p><strong>John Bellamy Foster *<\/strong><\/p>\n<p><strong>Este art\u00edculo es una versi\u00f3n revisada de \u201cThe Meaning of Work in a Sustainable Society: A Marxian View\u201d, publicado en marzo de 2017 por el Center for the Understanding of Sustainable Prosperity de la University of Surrey.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Sin Permiso, 7-1-2018 <\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.sinpermiso.info\/\">http:\/\/www.sinpermiso.info\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Traducci\u00f3n de Pablo Scotto Benito<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00a1Al diablo con esta vida ociosa! Quiero trabajar.<\/em> William Shakespeare, Enrique IV, Parte I, Acto II, Escena IV.<\/p>\n<p>La naturaleza y el sentido del trabajo, en lo que respecta a una sociedad futura, ha dividido profundamente a los pensadores ecologistas, socialistas, ut\u00f3picos y rom\u00e1nticos desde la Revoluci\u00f3n Industrial.[1] Algunos te\u00f3ricos radicales han considerado que una sociedad m\u00e1s justa simplemente requiere la racionalizaci\u00f3n de las actuales relaciones laborales, junto con un incremento del tiempo de ocio y una distribuci\u00f3n m\u00e1s equitativa de los frutos del trabajo. Otros han defendido la necesidad de trascender todo el sistema de trabajo alienado, haciendo del desarrollo de relaciones laborales creativas el elemento central de una nueva sociedad revolucionaria. En lo que parece ser un esfuerzo por eludir este viejo conflicto, los discursos actuales sobre desarrollo sostenible, aunque no niegan la necesidad del trabajo, a menudo lo llevan a un segundo plano, haciendo hincapi\u00e9 en las ventajas que supondr\u00eda el aumento de las horas de ocio.[2] Parece dif\u00edcil poner en duda las bondades de este aumento del tiempo de no-trabajo, y resulta adem\u00e1s sencillo imaginar tal posibilidad en el contexto de una sociedad sin crecimiento. La cuesti\u00f3n del trabajo, en cambio, est\u00e1 cargada de dificultades intr\u00ednsecas, ya que afecta a las ra\u00edces del sistema socioecon\u00f3mico actual, desde la forma de dividir las actividades productivas hasta las relaciones de clase. Sin embargo, sigue siendo cierto que no es posible concebir de forma coherente un futuro ecol\u00f3gicamente sostenible sin abordar el problema del homo faber, es decir, el papel creativo, constructivo e hist\u00f3ricamente determinado que juega el ser humano en la transformaci\u00f3n de la naturaleza: la relaci\u00f3n social con el mundo f\u00edsico que distingue a la humanidad en tanto que especie.<\/p>\n<p>Dentro de la literatura ut\u00f3pica socialista de finales del siglo XIX, es posible distinguir dos tendencias fundamentales con respecto al futuro del trabajo, representadas por un lado por Edward Bellamy, autor de Mirando atr\u00e1s, y por el otro por William Morris, autor de Noticias de ninguna parte. Bellamy, imaginando algo que hoy es familiar para nosotros, concibi\u00f3 el avance de la mecanizaci\u00f3n, junto con una completa organizaci\u00f3n tecnocr\u00e1tica del trabajo, como la base para un mayor tiempo de ocio, considerado este como el bien supremo. En contraste, Morris, cuyo an\u00e1lisis derivaba de Charles Fourier, John Ruskin y Karl Marx, enfatiz\u00f3 la centralidad del trabajo \u00fatil y agradable, lo cual requerir\u00eda la abolici\u00f3n de la divisi\u00f3n capitalista del trabajo. Hoy, la mayor\u00eda de concepciones sobre una econom\u00eda sostenible se parecen m\u00e1s a la visi\u00f3n mecanicista de Bellamy que a la perspectiva m\u00e1s radical de Morris. Esta idea de \u201cliberaci\u00f3n del trabajo\u201d como fundamento del desarrollo sostenible ha estado muy presente en los escritos de los primeros ecosocialistas y de los te\u00f3ricos del decrecimiento, como Andr\u00e9 Gorz o Serge Latouche.[3]<\/p>\n<p>Sostendr\u00e9 aqu\u00ed que la idea de la liberaci\u00f3n casi total del trabajo, por su unilateralidad e incompletud, es en \u00faltima instancia incompatible con una sociedad genuinamente sostenible. Despu\u00e9s de examinar, en primer lugar, la visi\u00f3n hegem\u00f3nica del trabajo en la historia del pensamiento occidental, que se remonta a los antiguos griegos, paso a considerar las ideas sobre el asunto de Marx y Adam Smith, mostrando la oposici\u00f3n entre ambas. Esto me lleva a la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo los pensadores socialistas y ut\u00f3picos han discrepado unos con otros en la cuesti\u00f3n del trabajo, tema que abordar\u00e9 centr\u00e1ndome en el contraste entre Bellamy y Morris. Todo esto, me parece, apunta a la conclusi\u00f3n de que el verdadero potencial de cualquier sociedad sostenible del futuro reside no tanto en el aumento del tiempo libre, sino en la capacidad para generar un nuevo mundo de trabajo creativo y colectivo, controlado por los productores asociados.<\/p>\n<p><strong>La ideolog\u00eda hegem\u00f3nica del trabajo y del ocio<\/strong><\/p>\n<p>El relato que aparece hoy en todos los libros de texto de econom\u00eda neocl\u00e1sica retrata el trabajo en t\u00e9rminos puramente negativos, como desutilidad o sacrificio. Los soci\u00f3logos y economistas suelen presentar esto como un fen\u00f3meno transhist\u00f3rico, que se extiende desde la Grecia Cl\u00e1sica hasta el presente. As\u00ed, el te\u00f3rico cultural italiano Adriano Tilgher declar\u00f3 en 1929, como es bien sabido: \u201cPara los griegos el trabajo era una maldici\u00f3n y nada m\u00e1s\u201d, apoyando su afirmaci\u00f3n con citas de S\u00f3crates, Plat\u00f3n, Jenofonte, Arist\u00f3teles, Cicer\u00f3n y otras figuras, que representan la perspectiva aristocr\u00e1tica sobre el asunto en la Antig\u00fcedad.[4]<\/p>\n<p>Con el surgimiento del capitalismo, el trabajo fue visto como un mal necesario que requer\u00eda, para ser realizado, del uso de la coacci\u00f3n. En 1776, en los albores de la Revoluci\u00f3n Industrial, La riqueza de las naciones de Adam Smith defini\u00f3 el trabajo como un sacrificio, que requer\u00eda \u201cel esfuerzo y la fatiga [&#8230;] de nuestro propio cuerpo\u201d. El trabajador \u201csacrificar\u00e1 siempre [\u2026] su tranquilidad, su libertad y su felicidad\u201d.[5] Unos a\u00f1os antes, en 1770, apareci\u00f3 un tratado an\u00f3nimo titulado An essay on trade and commerce, escrito por una figura (que m\u00e1s tarde se asoci\u00f3 a J. Cunningham) a quien Marx describi\u00f3 como \u201cel representante m\u00e1s fan\u00e1tico de la burgues\u00eda del siglo XVIII\u201d. En opini\u00f3n del autor, para romper el esp\u00edritu de independencia y ociosidad de los trabajadores ingleses, deber\u00edan establecerse \u201ccasas de trabajo\u201d, para encarcelar en ellas a los pobres, convirti\u00e9ndolas en \u201ccasas de terror, donde deber\u00edan trabajar catorce horas al d\u00eda, de tal manera que cuando se dedujera el tiempo de la comida, quedaran doce horas completas de trabajo.\u201d Thomas Robert Malthus promovi\u00f3 puntos de vista similares en las d\u00e9cadas posteriores, lo que condujo a la New Poor Law de 1834.[6]<\/p>\n<p>La ideolog\u00eda econ\u00f3mica neocl\u00e1sica trata hoy la cuesti\u00f3n del trabajo (work) como un t\u00e9rmino medio entre el ocio y el tiempo de trabajo (labor). Contradice as\u00ed, al menos parcialmente, su propia definici\u00f3n m\u00e1s general del trabajo como desutilidad, present\u00e1ndolo m\u00e1s como una opci\u00f3n financiera personal que como el resultado de la coerci\u00f3n.[7] Sin embargo, sigue siendo cierto, como observ\u00f3 el economista alem\u00e1n Steffen R\u00e4tzel en 2009, que en el fondo el \u201ctrabajo\u201d, en la teor\u00eda neocl\u00e1sica, \u201ces visto como un mal necesario, cuya \u00fanica utilidad es la de generar ingresos para el consumo\u201d (cursivas a\u00f1adidas por el autor).[8]<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n del trabajo, cuya credibilidad deriva en gran medida de la alienaci\u00f3n que caracteriza a la sociedad capitalista, ha sido puesta en duda una y otra vez por los pensadores radicales. Estos nos recuerdan que los puntos de vista actualmente hegem\u00f3nicos sobre esta cuesti\u00f3n no son ni universales ni eternos, y que el trabajo no tiene por qu\u00e9 ser considerado simplemente como desutilidad \u2015aunque las condiciones en las que se desarrolla en la sociedad contempor\u00e1nea tiendan a convertirlo en una carga y en algo asociado, por lo tanto, a la coacci\u00f3n\u2015.[9]<\/p>\n<p>De hecho, el mito de que los pensadores griegos antiguos eran todos anti-trabajo, de tal forma que existir\u00eda una continuidad hist\u00f3rica desde entonces hasta la ideolog\u00eda dominante actual, fue refutado por el clasicista y fil\u00f3sofo de la ciencia marxista Benjamin Farrington en su estudio de 1947, Mano y cerebro en la Grecia Antigua. Farrington demostr\u00f3 que tales puntos de vista, aunque eran lo suficientemente comunes entre las facciones aristocr\u00e1ticas representadas por S\u00f3crates, Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles, resultaban contrarios a los de los fil\u00f3sofos presocr\u00e1ticos, y estaban lejos de ser predominantes si se ten\u00eda en cuenta el m\u00e1s amplio contexto hist\u00f3rico de la filosof\u00eda, la ciencia y la medicina griegas, que hunden sus ra\u00edces en tradiciones de conocimiento artesanal pr\u00e1ctico. \u201cLa teor\u00eda central de los milesios\u201d, el origen de la filosof\u00eda griega \u2015escribi\u00f3 Farrington\u2015, \u201cse basaba en la idea de que todo el universo funciona de la misma manera que las peque\u00f1as partes del mismo, que est\u00e1n bajo el control del hombre\u201d. As\u00ed, \u201ctoda t\u00e9cnica humana\u201d desarrollada en el proceso de trabajo, como la de cocineros, alfareros, herreros y agricultores, era evaluada no solo en t\u00e9rminos de sus fines pr\u00e1cticos, sino tambi\u00e9n por lo que ten\u00eda que decir sobre la naturaleza de las cosas. En tiempos helen\u00edsticos, los epic\u00fareos, y m\u00e1s tarde Lucrecio, desarrollaron esta visi\u00f3n materialista, explicando el reino de la naturaleza desde la experiencia proveniente del trabajo artesanal. Todo esto es evidencia del enorme respeto que desde Grecia se ha otorgado al trabajo, y al trabajo artesanal en particular.[10]<\/p>\n<p>Los materialistas en la Antig\u00fcedad construyeron sus ideas desde un conocimiento profundo del trabajo y desde el respeto por los avances que este trajo al mundo, en claro contraste con los idealistas, quienes, representando el desprecio aristocr\u00e1tico por el trabajo manual, promovieron mitos celestiales e ideales anti-trabajo. Esta visi\u00f3n la encontramos, por ejemplo, en una declaraci\u00f3n atribuida a S\u00f3crates por Jenofonte: \u201clos llamados oficios manuales est\u00e1n desacreditados y, l\u00f3gicamente, tienen muy mala fama en nuestras ciudades\u201d (Econ\u00f3mico, IV, 2). Nada podr\u00eda estar m\u00e1s lejos de la cosmovisi\u00f3n de los materialistas griegos, que vieron el trabajo como la encarnaci\u00f3n de las relaciones dial\u00e9cticas entre la naturaleza y la sociedad.[11]<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n individualista-posesiva del trabajo de Smith, que representaba el punto de vista burgu\u00e9s, fue igualmente cuestionada por los pensadores socialistas. Escribiendo en 1857-58, Marx afirm\u00f3:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Trabajar\u00e1s con el sudor de tu frente! fue la maldici\u00f3n que Jehov\u00e1 lanz\u00f3 a Ad\u00e1n. Y esto es el trabajo para Smith, una maldici\u00f3n. La \u201ctranquilidad\u201d aparece como el estado adecuado, como id\u00e9ntico a \u201clibertad\u201d y \u201cfelicidad\u201d. Smith no parece tener en cuenta que el individuo, \u201cen su estado normal de salud, vigor, actividad, habilidad, destreza\u201d, tambi\u00e9n necesita una porci\u00f3n normal de trabajo y de suspensi\u00f3n de la tranquilidad. [&#8230;] Tiene raz\u00f3n, por supuesto, en que en sus formas hist\u00f3ricas de trabajo esclavo, trabajo servil y trabajo asalariado, el trabajo se presenta siempre como algo repulsivo, siempre como trabajo forzado, impuesto desde el exterior; frente a lo cual el no-trabajo aparece como \u201clibertad y felicidad\u201d. [&#8230;] [En tales formaciones sociales] el trabajo [&#8230;] a\u00fan no ha creado las condiciones subjetivas y objetivas [&#8230;] en las que el trabajo se convierte en trabajo atractivo, en la autorrealizaci\u00f3n del individuo. [&#8230;] En fin, A. Smith solo tiene en mente a los esclavos del capital\u00bb.[12]<\/p>\n<p>Marx est\u00e1 explicando que la idea de Smith de la libertad como \u201cno-trabajo\u201d, lejos de ser una verdad inmutable, es el producto de condiciones hist\u00f3ricas espec\u00edficas, las del trabajo asalariado desarrollado en condiciones de explotaci\u00f3n. \u201cEl trabajo se convierte en trabajo atractivo\u201d, para Marx, solo en circunstancias de no alienaci\u00f3n, cuando ya no es una mercanc\u00eda. Esto requiere formas nuevas y superiores de producci\u00f3n social bajo el control de los productores asociados. Todo esto tiene sus ra\u00edces, por supuesto, en la poderosa cr\u00edtica del joven Marx al trabajo alienado en sus Manuscritos econ\u00f3micos y filos\u00f3ficos de 1844.[13] Para Marx, los seres humanos son fundamentalmente seres corporales. Disociar la humanidad de las relaciones materiales de los hombres, separando radicalmente el trabajo intelectual del trabajo manual, es la forma de perpetuar la alienaci\u00f3n humana.[14]<\/p>\n<p><strong>El utopismo socialista: Bellamy y Morris<\/strong><\/p>\n<p>Si bien era esperable que los socialistas rechazaran la visi\u00f3n hegem\u00f3nica de las relaciones de trabajo propias del capitalismo, la medida en que esto se tradujo en concepciones de las relaciones de trabajo realmente diferentes de las del status quo vari\u00f3 de forma significativa dentro de la misma literatura socialista. Veamos esto con cierto detalle. Mirando atr\u00e1s, de Edward Bellamy, una obra de 1888 poco le\u00edda actualmente, fue el libro m\u00e1s popular de su \u00e9poca, solo superado por La caba\u00f1a del t\u00edo Tom y Ben-Hur, vendiendo millones de ejemplares y siendo traducido a m\u00e1s de veinte idiomas. Erich Fromm relata, por ejemplo, que en 1935 \u201ctres destacadas personalidades, Charles Beard, John Dewey y Edward Weeks\u201d, consideraron (por separado) que la novela de Bellamy era el segundo libro m\u00e1s influyente del medio siglo anterior, solo superado por El Capital de Marx.[15]<\/p>\n<p>La novela ut\u00f3pica de Bellamy apareci\u00f3 en un per\u00edodo de r\u00e1pida expansi\u00f3n econ\u00f3mica, industrializaci\u00f3n y concentraci\u00f3n de capital en los Estados Unidos. El protagonista, Julian West, se despierta en Boston en el a\u00f1o 2000 para descubrir una sociedad completamente transformada, en un sentido socialista.[16] Las pol\u00edticas implementadas para crear confianza en la Edad Dorada hab\u00edan llevado a la creaci\u00f3n de una empresa monopol\u00edstica gigante que, al ser despu\u00e9s nacionalizada, hab\u00eda situado la econom\u00eda bajo el control absoluto del Estado. El resultado es una sociedad altamente organizada e igualitaria. Se requiere a todos los individuos que se unan al ej\u00e9rcito de trabajadores a los veinti\u00fan a\u00f1os, pasen tres a\u00f1os contribuyendo como trabajadores comunes, y luego avancen a una ocupaci\u00f3n cualificada, con trabajo obligatorio hasta los cuarenta y cinco a\u00f1os. Despu\u00e9s de esto, cada ciudadano puede aspirar a convertirse en un hombre o una mujer de ocio. En esta sociedad ideada por Bellamy, el trabajo se concibe todav\u00eda como un sufrimiento, no como un placer, y el objetivo final es trascenderlo.<\/p>\n<p>William Morris, que era entonces el principal impulsor de la Liga Socialista con sede en Londres, escribi\u00f3 una rese\u00f1a muy cr\u00edtica del libro de Bellamy, centr\u00e1ndose en sus descripciones del trabajo y del ocio. En 1890 public\u00f3 su propia novela ut\u00f3pica socialista, Noticias de ninguna parte, que presentaba una visi\u00f3n del trabajo muy diferente. Morris, en palabras de E. P. Thompson, \u201cera un utopista comunista, con toda la fuerza de la tradici\u00f3n rom\u00e1ntica detr\u00e1s de \u00e9l\u201d.[17] Las principales influencias en su comprensi\u00f3n del papel del trabajo en la sociedad eran Fourier, Ruskin y Marx, quienes hab\u00edan criticado, aunque desde perspectivas pol\u00edticas marcadamente distintas, la divisi\u00f3n del trabajo y las relaciones de trabajo distorsionadas y alienantes bajo el capitalismo. De Fourier, Morris tom\u00f3 la idea de que el trabajo pod\u00eda estructurarse de manera que fuera placentero.[18] De Ruskin adopt\u00f3 la idea de que las artes decorativas y la arquitectura de la Baja Edad Media reflejaban las condiciones en las que los artesanos hab\u00edan vivido y trabajado: en su opini\u00f3n, estas circunstancias les hab\u00edan permitido canalizar, de forma libre, sus pensamientos espont\u00e1neos, sus creencias y sus ideas est\u00e9ticas en todo lo que hicieron. Como escribi\u00f3 Thompson, \u201cRuskin [&#8230;] fue el primero en se\u00f1alar que el placer de los hombres por el trabajo que les da de comer constituye el cimiento mismo de la sociedad, y en relacionar esto con toda su cr\u00edtica de las artes\u201d.[19] De Marx, Morris tom\u00f3 la cr\u00edtica hist\u00f3rico-materialista de la explotaci\u00f3n en el trabajo, que est\u00e1 en la ra\u00edz de la sociedad de clases capitalista.<\/p>\n<p>La s\u00edntesis resultante llev\u00f3 a la famosa idea de Morris de que \u201cEl arte es la expresi\u00f3n de la alegr\u00eda del hombre en el trabajo\u201d. El trabajo creativo, argument\u00f3, es esencial para los seres humanos, que deben \u201cestar haciendo algo o creer que est\u00e1n haci\u00e9ndolo\u201d. Estudiando la conexi\u00f3n hist\u00f3rica entre el arte y el trabajo en la \u00e9poca preindustrial, Morris sostuvo que \u201ctodos los hombres que han dejado alg\u00fan rastro de su existencia detr\u00e1s de ellos han practicado el arte\u201d. Siempre hay un \u201cplacer sensible\u201d concreto en el trabajo, en la medida en que es arte, y lo mismo en el arte, en la medida en que es trabajo no alienado; y este placer aumenta \u201cen proporci\u00f3n a la libertad y la individualidad del trabajo\u201d. El objetivo principal de la sociedad deber\u00eda ser la maximizaci\u00f3n del placer en el trabajo, a fin de satisfacer las necesidades humanas genuinas. Es \u201cla falta de este placer en el trabajo diario\u201d bajo el capitalismo, observa Morris, \u201clo que ha hecho de nuestras ciudades y viviendas insultos s\u00f3rdidos y horribles a la belleza de la Tierra, a la cual desfiguran, y lo que ha convertido a todos los accesorios de la vida en algo miserable, trivial, feo\u201d.[20]<\/p>\n<p>Morris critic\u00f3 el desperdicio de trabajo dedicado a producir cantidades inagotables de productos in\u00fatiles, como \u201calambre de p\u00faas, armas de 100 toneladas y paneles publicitarios que afean el paisaje a lo largo de las v\u00edas ferroviarias, entre otras cosas\u201d. Tambi\u00e9n critic\u00f3 las \u201cmercanc\u00edas adulteradas\u201d, que echan a perder vidas humanas y contaminan, adem\u00e1s, el entorno natural y social.[21]<\/p>\n<p>Los ejemplos de Morris estaban bien escogidos. \u201cAlambre de p\u00faas\u201d y \u201carmas de 100 toneladas\u201d eran metonimias de la guerra imperial brit\u00e1nica y la producci\u00f3n de armas que esta acarreaba. (A d\u00eda de hoy, los Estados Unidos gastan m\u00e1s de un bill\u00f3n de d\u00f3lares al a\u00f1o en gastos militares reales, aunque la cifra oficial sea menor).[22] La referencia a los \u201cpaneles publicitarios\u201d alud\u00eda a todo el fen\u00f3meno, m\u00e1s amplio, de la publicidad. (Hoy en d\u00eda se gasta m\u00e1s de un bill\u00f3n de d\u00f3lares en publicidad en los Estados Unidos).[23] Finalmente, con su referencia a las \u201cmercanc\u00edas adulteradas\u201d, Morris estaba se\u00f1alando el problema de la adulteraci\u00f3n de alimentos, pero tambi\u00e9n el desarrollo de aditivos \u2015estrategias empleadas, ambas, para reducir los costos y aumentar las ventas\u2015, as\u00ed como la producci\u00f3n de diversos productos de mala calidad, caracterizados por lo que ahora se llama obsolescencia programada. (Actualmente, la penetraci\u00f3n de las estrategias publicitarias en el dise\u00f1o de la producci\u00f3n afecta a casi todas las mercanc\u00edas).[24]<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de Morris, la producci\u00f3n de bienes que no contribuyen a la reproducci\u00f3n social o que son da\u00f1inos es un desperdicio de trabajo humano.[25] Afirm\u00f3, por ejemplo: \u201cpiensen, les ruego, en la producci\u00f3n de Inglaterra, el taller del mundo: \u00bfacaso no les produce desconcierto, como a m\u00ed, pensar en la cantidad de cosas que ning\u00fan hombre en su sano juicio podr\u00eda desear, pero que con in\u00fatil esfuerzo nos dedicamos a fabricar y vender?\u201d[26]<\/p>\n<p>Al criticar tal tipo de producci\u00f3n, por su despilfarro, falta de valor est\u00e9tico y alienaci\u00f3n laboral, Morris no pretend\u00eda atacar la mecanizaci\u00f3n de la producci\u00f3n como tal. Estaba se\u00f1alando, m\u00e1s bien, la necesidad de que la producci\u00f3n se organizase de tal forma que el ser humano no se redujese a ser, como hab\u00eda dicho Marx, un \u201cap\u00e9ndice de una m\u00e1quina\u201d. Como dijo el propio Morris, el trabajador resulta degradado en la sociedad capitalista industrial, de forma que no es \u201cni tan siquiera una m\u00e1quina, sino una porci\u00f3n calculada de esa m\u00e1quina grande y casi milagrosa que es la f\u00e1brica\u201d.[27]<\/p>\n<p>En palabras similares a las empleadas por Marx al tratar la cuesti\u00f3n del trabajo alienado en los Manuscritos econ\u00f3micos y filos\u00f3ficos de 1844, Morris afirm\u00f3 en su conferencia de 1888 \u201cArt and its producers\u201d que los intereses vitales del obrero \u201cest\u00e1n divorciados del objeto de su trabajo\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEl trabajo del proletario se ha convertido en \u201cempleo\u201d, es decir, en la mera oportunidad de ganarse la vida gracias a la voluntad de otra persona. Los intereses que gu\u00edan la producci\u00f3n de mercanc\u00edas en este sistema se han alejado completamente de los del obrero ordinario, y responden \u00fanicamente a los de los organizadores de su trabajo; adem\u00e1s, estos intereses tienen generalmente poco que ver con la producci\u00f3n de mercanc\u00edas, en tanto que cosas destinadas a ser manejadas, observadas, usadas\u2026 se reducen, en cambio, al intento de posicionarse bien en el gran juego del mercado mundial\u201d.[28]<\/p>\n<p>Para Morris, la visi\u00f3n de Bellamy era \u201cpuramente moderna, ahist\u00f3rica, poco art\u00edstica\u201d. Representaba el ideal del \u201cprofesional de clase media\u201d que, en el ut\u00f3pico Boston de Mirando atr\u00e1s, est\u00e1 al alcance de todos despu\u00e9s de unos a\u00f1os de trabajo ordinario. \u201cLa imagen que provoca [Bellamy] es la de un gran ej\u00e9rcito permanente, firmemente organizado, obligado por un misterioso destino a producir mercanc\u00edas de forma ansiosa e incesante, y satisfacer as\u00ed cualquier capricho, por derrochador y absurdo que pueda ser\u201d.<\/p>\n<p>En agudo contraste, para Morris \u201cel ideal del futuro no apunta a la disminuci\u00f3n de la energ\u00eda del hombre mediante la reducci\u00f3n del trabajo al m\u00ednimo, sino m\u00e1s bien a la reducci\u00f3n del sufrimiento en el trabajo a un m\u00ednimo, tan peque\u00f1o que el trabajo dejar\u00e1 de ser pesado\u201d. En su visi\u00f3n, no hay ninguna barrera para que el trabajo sea creativo y art\u00edstico, porque la producci\u00f3n no est\u00e1 determinada por un concepto estrecho de productividad, orientado a las ganancias capitalistas. La utop\u00eda de Bellamy, con su amortiguado \u201csemi-fatalismo econ\u00f3mico\u201d, se preocupaba \u201cinnecesariamente\u201d por la b\u00fasqueda de \u201calg\u00fan incentivo para trabajar, que pudiese reemplazar el miedo al hambre, que es actualmente el \u00fanico, cuando en realidad el verdadero incentivo al trabajo \u00fatil y feliz no puede ser otro que el placer en el trabajo mismo\u201d.[29]<\/p>\n<p>Noticias de ninguna parte transform\u00f3 estas cr\u00edticas de Morris a Bellamy en una visi\u00f3n ut\u00f3pica alternativa. Un hombre llamado William \u2015a quien aquellos que va conociendo llaman William Guest\u2015 se despierta de un sue\u00f1o (aunque se deja intencionalmente ambiguo si todav\u00eda est\u00e1 so\u00f1ando) y aparece en Londres a principios del siglo XXII, alrededor de un siglo y medio despu\u00e9s de un estallido revolucionario en la d\u00e9cada de 1950, que condujo a la creaci\u00f3n de una sociedad comunal socialista.[30] En la utop\u00eda de Morris, la tecnolog\u00eda se usa para reducir el trabajo tedioso, pero no para restarle importancia al trabajo en general. La producci\u00f3n est\u00e1 orientada a la satisfacci\u00f3n de necesidades genuinas y a la creaci\u00f3n art\u00edstica. Existen nuevas formas de producci\u00f3n de energ\u00eda, menos destructivas, y la contaminaci\u00f3n ha sido erradicada. Los trabajadores hab\u00edan permanecido atados, al principio, a la visi\u00f3n mecanicista del trabajo, pero despu\u00e9s del Gran Cambio, \u201cbajo la apariencia de placer que no se supon\u00eda que era trabajo, el trabajo que era placer comenz\u00f3 a desplazar al trabajo mec\u00e1nico. [&#8230;] las m\u00e1quinas no pod\u00edan producir obras de arte y [&#8230;] las obras de arte eran cada vez m\u00e1s demandadas\u201d. Se demostr\u00f3 que el arte y la ciencia eran \u201cinagotables\u201d, al igual que las posibilidades de la creatividad humana a trav\u00e9s del trabajo significativo, desplazando as\u00ed a la producci\u00f3n capitalista anterior, que fabricaba \u201cuna gran cantidad de cosas in\u00fatiles\u201d.[31]<\/p>\n<p>Actualmente, a muchos les puede resultar extra\u00f1a, sin duda, esta \u201ccr\u00edtica art\u00edstica\u201d, pintoresca y moralizante, del capitalismo. Pensadores como Luc Boltanski y \u00c9ve Chiapello ven la actual ausencia de cr\u00edticas de este tipo, representadas en el pasado por figuras tan diversas como Morris o Charles Baudelaire, como una de las principales consecuencias de la flexibilidad postfordista de finales del siglo XX. El \u201cnuevo esp\u00edritu del capitalismo\u201d, argumentan, implica una integraci\u00f3n generalizada de las formas art\u00edsticas en la producci\u00f3n capitalista.<\/p>\n<p>La debilidad del an\u00e1lisis de Boltanski y Chiapello radica en que mezclan las apariencias de superficie con los problemas estructurales. Caen presos del fetichismo de las mercanc\u00edas en sus formas m\u00e1s nuevas y de moda, sin explicar adecuadamente hasta qu\u00e9 punto la \u201ccr\u00edtica art\u00edstica\u201d y la \u201ccr\u00edtica social\u201d est\u00e1n inextricablemente conectadas y en qu\u00e9 medida existen, en ambas dimensiones, obst\u00e1culos infranqueables dentro del sistema capitalista. As\u00ed las cosas, parece que tras la crisis del capitalismo global de 2008-09, las cr\u00edticas cl\u00e1sicas \u2015tanto sociales como art\u00edsticas\u2015 de la alienaci\u00f3n y la explotaci\u00f3n, representadas por Marx o Morris, son m\u00e1s necesarias que nunca.[32]<\/p>\n<p>Un punto fuerte de la visi\u00f3n del trabajo de Morris en Noticias de ninguna parte radica en la relativa igualdad de g\u00e9nero existente en el centro de trabajo. La figura del maestro artesano aparece una \u00fanica vez en toda la novela, en un cap\u00edtulo titulado \u201cLos disidentes obstinados\u201d, y esa posici\u00f3n es ocupada por una mujer, la se\u00f1ora Philippa, una talladora de piedra y alba\u00f1il. Aunque el capataz es hombre, es Philippa quien decide cu\u00e1ndo y c\u00f3mo se lleva a cabo el trabajo. Su hija tambi\u00e9n es talladora de piedra, mientras que un joven sirve la comida. La divisi\u00f3n del trabajo, en la sociedad ideada por Morris, ya no est\u00e1 estrictamente relacionada con el g\u00e9nero (aunque, al abordar esta cuesti\u00f3n, Morris incorpora algunas contradicciones de forma intencional, representando un mundo que todav\u00eda est\u00e1 en proceso de cambio).[33]<\/p>\n<p>Al igual que Marx, Morris acompa\u00f1\u00f3 su an\u00e1lisis sobre la posibilidad de un trabajo creativo y no alienado con cuestiones ecol\u00f3gicas, viendo con claridad que la degradaci\u00f3n de las relaciones laborales humanas y la degradaci\u00f3n de la naturaleza est\u00e1n inseparablemente conectadas. Marx lleg\u00f3 a comparar la propiedad de la tierra con la propiedad sobre los seres humanos, afirmando que ambas son irracionales, pues conducen a la explotaci\u00f3n de unos hombres por otros y a la destrucci\u00f3n de la naturaleza. Del mismo modo, para Morris, en la sociedad capitalista \u2015como dice Clara en Noticias de ninguna parte\u2015 la gente buscaba \u201chacer a la \u2018naturaleza\u2019 su esclava, ya que pensaban que la \u2018naturaleza\u2019 era algo que estaba fuera de ellos\u201d.[34] Morris argument\u00f3, adem\u00e1s, que la producci\u00f3n de carb\u00f3n deber\u00eda reducirse a la mitad, por ser un trabajo que debilita a la humanidad y destruye la salud de los seres humanos, pero tambi\u00e9n por la contaminaci\u00f3n masiva que genera. Una sociedad m\u00e1s racional ser\u00eda aquella que realizase recortes profundos en la producci\u00f3n de carb\u00f3n, mientras profundiza en la satisfacci\u00f3n de las necesidades humanas, abriendo nuevos espacios para el progreso humano.[35]<\/p>\n<p><strong>La cr\u00edtica de la divisi\u00f3n del trabajo<\/strong><\/p>\n<p>Marx y Morris argumentaron que la repulsi\u00f3n hacia el trabajo en la sociedad burguesa se debe a la organizaci\u00f3n alienante del trabajo, en una visi\u00f3n que combinaba la cr\u00edtica est\u00e9tica del capitalismo con la cr\u00edtica pol\u00edtico-econ\u00f3mica. Desde las primeras civilizaciones humanas, e incluso antes, las divisiones del trabajo se establecieron entre el g\u00e9nero masculino y el femenino, entre la ciudad y el campo, y entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. El capitalismo extendi\u00f3 y profundiz\u00f3 esta divisi\u00f3n desigual, d\u00e1ndole una forma a\u00fan m\u00e1s alienante, al separar a los trabajadores de los medios de producci\u00f3n e imponer un r\u00e9gimen laboral r\u00edgidamente jer\u00e1rquico que no solo divide a los trabajadores en funci\u00f3n de las tareas que realizan, sino que fragmenta al propio individuo. Esta profunda divisi\u00f3n del trabajo es la base sobre la que la clase capitalista garantiza el orden social. Derrocar el r\u00e9gimen del capital significa, ante todo, trascender el extra\u00f1amiento en el trabajo y crear una sociedad profundamente igualitaria basada en la organizaci\u00f3n colectiva del trabajo por parte de productores asociados.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica a la divisi\u00f3n del trabajo bajo el capitalismo no fue un elemento menor para Morris, como tampoco lo fue para Marx. En una traducci\u00f3n libre de la edici\u00f3n francesa de El Capital, Morris escribi\u00f3: \u201cNo es solo el trabajo el que se divide, subdivide y reparte entre diversos hombres: es el hombre mismo el que se escinde, transform\u00e1ndose en el resorte autom\u00e1tico de una operaci\u00f3n \u00fanica y repetitiva\u201d.[36] Morris, que se lamentaba tambi\u00e9n de la \u201ctransformaci\u00f3n del operario en una m\u00e1quina\u201d, vio esto como la esencia de la cr\u00edtica socialista (y rom\u00e1ntica) del proceso de trabajo capitalista.[37]<\/p>\n<p>Estos temas volvieron a aparecer, una vez m\u00e1s, a finales del siglo XX, en la obra de Harry Braverman El trabajo y el capital monopolista: la degradaci\u00f3n del trabajo en el siglo XX (1974). Braverman document\u00f3 la forma en que el ascenso de la gesti\u00f3n cient\u00edfica del trabajo bajo el capitalismo monopolista, implementada en base a las aportaciones de Frederick Winslow Taylor en Los principios de la administraci\u00f3n cient\u00edfica, hab\u00eda convertido la \u201csubsunci\u00f3n formal del trabajo en el capital\u201d en un proceso material real.[38] La centralizaci\u00f3n del conocimiento y el control tecnocr\u00e1tico del proceso de trabajo permitieron una enorme extensi\u00f3n de la divisi\u00f3n del trabajo y, en consecuencia, mayores ganancias para el capital. Lo que Braverman llam\u00f3 la generalizada \u201cdegradaci\u00f3n del trabajo bajo el capitalismo monopolista\u201d constituy\u00f3 la base material de la creciente alienaci\u00f3n y p\u00e9rdida de cualificaci\u00f3n que se extendieron en el mundo laboral para la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, la evoluci\u00f3n de la tecnolog\u00eda y de las capacidades humanas apuntaban hacia nuevas posibilidades revolucionarias, que estaban m\u00e1s en sinton\u00eda con Marx que con Smith. Como Braverman escribi\u00f3:<\/p>\n<p>\u201cLa tecnolog\u00eda moderna, de hecho, tiene una poderosa tendencia a romper las antiguas divisiones del trabajo, volviendo a unificar los procesos de producci\u00f3n. [&#8230;] Los alfileres de Adam Smith, por ejemplo, ya no los hace un trabajador que estira los alambres, otro que corta las medidas, un tercero que da forma a las cabezas, un cuarto que las fija a los alfileres, un quinto que afila la punta, un sexto que les da un ba\u00f1o de esta\u00f1o y los blanquea, el de m\u00e1s all\u00e1 que los coloca en un papel, etc. El proceso total se reunifica en un sola m\u00e1quina, que transforma grandes rollos de alambre en millones de alfileres, preparados en su papel y listos para la venta. [\u2026] El proceso reunificado, en el cual la ejecuci\u00f3n de todos los pasos corresponde al mecanismo operativo de una sola m\u00e1quina, parece casar bien con un colectivo de productores asociados, ninguno de los cuales deber\u00eda dedicar toda su vida a una sola funci\u00f3n, siendo posible que todos ellos participaran en la ingenier\u00eda, dise\u00f1o, mejora, reparaci\u00f3n y puesta en marcha de m\u00e1quinas cada vez m\u00e1s productivas. Tal sistema no implicar\u00eda p\u00e9rdida de productividad y representar\u00eda la reunificaci\u00f3n de la f\u00e1brica en un cuerpo de trabajadores muy superior a los antiguos artesanos. En definitiva: los trabajadores pueden convertirse hoy en maestros de la tecnolog\u00eda que manejan y controlar el proceso productivo desde el terreno de la ingenier\u00eda, y pueden, adem\u00e1s, distribuir entre ellos de manera equitativa las diversas tareas relacionadas con esta forma de producci\u00f3n, que se ha vuelto tan f\u00e1cil y autom\u00e1tica\u201d.[39]<\/p>\n<p>Para Braverman, el desarrollo tanto de la tecnolog\u00eda como del conocimiento y capacidades humanas, junto con la automatizaci\u00f3n, permiten una relaci\u00f3n m\u00e1s completa y creativa del trabajador con respecto al proceso de trabajo, en contraste con la extrema divisi\u00f3n del trabajo que caracteriza a un sistema capitalista basado \u00fanicamente en la acumulaci\u00f3n de beneficios. Esto abre nuevos horizontes para el trabajo no alienado y el desarrollo de destrezas en el puesto de trabajo, recuperando, a un nivel superior, lo que se ha perdido con la desaparici\u00f3n del trabajador artesanal. Pero hacer de esta posibilidad una realidad efectiva requiere un cambio social radical.<\/p>\n<p>Un aspecto clave de la obra de Braverman era la cr\u00edtica al marxismo, en la forma en que este se hab\u00eda desarrollado en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, donde hab\u00edan surgido entornos de trabajo degradado similares a los del capitalismo, pero sin la coacci\u00f3n del desempleo, lo que resultaba en problemas cr\u00f3nicos de productividad. Lenin hab\u00eda abogado por la adaptaci\u00f3n de algunos aspectos de la gesti\u00f3n cient\u00edfica de Taylor en la industria sovi\u00e9tica, alegando que combinaba \u201cla refinada brutalidad de la explotaci\u00f3n burguesa y algunos de los mayores logros cient\u00edficos en su campo\u201d. Los planificadores sovi\u00e9ticos posteriores hicieron caso omiso de los elementos m\u00e1s cr\u00edticos de la propuesta de Lenin e implementaron un taylorismo puro, reproduciendo as\u00ed los m\u00e9todos m\u00e1s crudos de la organizaci\u00f3n del trabajo capitalista.<\/p>\n<p>En la URSS y en la izquierda en general, la cr\u00edtica de Marx (y Morris) al proceso de trabajo capitalista fue en gran parte olvidada, y el horizonte de progreso se vio reducido a mejoras relativamente menores en las condiciones de trabajo, a un cierto grado de \u201ccontrol obrero\u201d y a la planificaci\u00f3n centralizada de la econom\u00eda. \u201cLas similitudes entre las pr\u00e1cticas sovi\u00e9ticas y las propias del capitalismo\u201d, escribi\u00f3 Braverman, \u201cpueden conducir a la conclusi\u00f3n de que no hay otra manera de organizar la industria moderna\u201d \u2015una conclusi\u00f3n que, sin embargo, va en contra del verdadero potencial contenido en la tecnolog\u00eda moderna para el desarrollo de las capacidades y necesidades humanas\u2015.[40] Para Braverman, la alienaci\u00f3n y la degradaci\u00f3n del trabajo no son inherentes a las relaciones de trabajo modernas, sino que son el resultado de priorizar, por encima de cualquier otra cosa, el beneficio y el crecimiento; una v\u00eda, esta, que al ser parcialmente imitada en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, socav\u00f3 la inicial promesa de liberaci\u00f3n contenida en la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Un mundo de trabajo creativo<\/strong><\/p>\n<p>Lo anterior sugiere que la esencia de una futura sociedad socialista sostenible debe ubicarse en el proceso de trabajo \u2015dicho en t\u00e9rminos de Marx: debe girar en torno a la cuesti\u00f3n del metabolismo naturaleza-sociedad\u2015. Las visiones de un futuro postcapitalista que giran en torno a la expansi\u00f3n del tiempo de ocio y la prosperidad general, sin abordar la necesidad de un trabajo con sentido, est\u00e1n destinadas a fracasar.<\/p>\n<p>Sin embargo, hoy en d\u00eda la mayor\u00eda de las representaciones de una sociedad futura sostenible toman el trabajo y la producci\u00f3n como dimensiones absolutamente determinadas por la econom\u00eda y la tecnolog\u00eda, o simplemente como realidades que ir\u00e1n siendo desplazadas por la automatizaci\u00f3n. En consecuencia, la maximizaci\u00f3n del ocio aparece como el objetivo m\u00e1s elevado de la sociedad, a menudo acompa\u00f1ado de la garant\u00eda de alg\u00fan tipo de renta b\u00e1sica.[41] Esto se puede ver en los trabajos de te\u00f3ricos como Serge Latouche o Andr\u00e9 Gorz. El primero define el \u201cdecrecimiento\u201d, del cual es un destacado defensor, como una formaci\u00f3n social \u201cm\u00e1s all\u00e1 de la sociedad basada en el trabajo\u201d. Despacha r\u00e1pidamente los argumentos de aquella izquierda que aboga por el desarrollo de una sociedad en la que el trabajo asuma un papel m\u00e1s creativo, tild\u00e1ndolos de \u201cpropaganda pro-trabajo\u201d. Es partidario, en cambio, de una sociedad en la que \u201cel ocio y el juego tengan tanto valor como el trabajo\u201d.[42]<\/p>\n<p>Los primeros an\u00e1lisis ecosocialistas de Gorz adoptan una postura similar. En su libro Los caminos del para\u00edso (1983), subtitulado (en la traducci\u00f3n inglesa) Sobre la liberaci\u00f3n del trabajo, regresa a la noci\u00f3n aristocr\u00e1tica de Arist\u00f3teles, seg\u00fan la cual la vida es m\u00e1s gratificante fuera del \u00e1mbito mundano del trabajo. Gorz prev\u00e9 una gran reducci\u00f3n del tiempo de trabajo \u2015\u201cel fin de la sociedad del trabajo\u201d\u2015, calculando que los empleados trabajar\u00e1n solamente mil horas al a\u00f1o, en el transcurso de veinte a\u00f1os de vida laboral. Esta reducci\u00f3n del tiempo de trabajo formal planteada por Gorz, seg\u00fan \u00e9l inevitable en una sociedad futura, es la idea de una sociedad en la que todos somos peque\u00f1o burgueses \u2015gracias a la \u201crevoluci\u00f3n microelectr\u00f3nica\u201d y a la automatizaci\u00f3n\u2015, como explicaremos enseguida.<\/p>\n<p>Las relaciones de trabajo est\u00e1ndar, tal como se conciben en Los caminos del para\u00edso, estar\u00edan dominadas por la automatizaci\u00f3n, y la reducci\u00f3n resultante de las horas de trabajo permitir\u00eda compartir los trabajos m\u00e1s divertidos y profesionales entre m\u00e1s personas. Sin embargo, todo esto ocupa un lugar secundario: lo m\u00e1s importante es la promesa de un gran aumento del tiempo libre, permitiendo a las personas participar en todo tipo de actividades aut\u00f3nomas, concebidas como actividades de ocio individual y de producci\u00f3n dom\u00e9stica, y no en t\u00e9rminos de trabajo asociado. El centro de trabajo capitalista sigue organiz\u00e1ndose en base a la administraci\u00f3n cient\u00edfica taylorista, mientras que las cuestiones m\u00e1s complejas relacionadas con la automatizaci\u00f3n y la degradaci\u00f3n del trabajo apenas se examinan. La libertad es vista como no-trabajo, en la forma de puro ocio, o como producci\u00f3n casera o informal. El punto de vista socialista alternativo, que pone el foco en la transformaci\u00f3n del trabajo mismo en una sociedad futura, es descartado rotundamente como un dogma de \u201clos disc\u00edpulos de la religi\u00f3n del trabajo\u201d.[43]<\/p>\n<p>Lo relevante es darse cuenta de que este tipo de proyecciones acerca de la sociedad capitalista avanzada, basadas en la automatizaci\u00f3n y la robotizaci\u00f3n \u2015y que con frecuencia se consideran representativas de tendencias teleol\u00f3gicas inevitables, provocando discusiones sobre \u201cun mundo sin trabajo\u201d\u2015, no concuerdan con una concepci\u00f3n de la econom\u00eda y la sociedad en estado estacionario, donde los seres humanos no ser\u00edan ap\u00e9ndices de las m\u00e1quinas ni sus siervos.[44] El fatalismo hoy dominante no est\u00e1 suficientemente cimentado en una cr\u00edtica de las contradicciones capitalistas contempor\u00e1neas. Es posible afirmar, por ejemplo, y a diferencia de lo que suele suponerse, que en la econom\u00eda pol\u00edtica actual la productividad no es demasiado baja, sino demasiado alta. El mero desarrollo cuantitativo \u2015medido en t\u00e9rminos de crecimiento del PIB\u2015 ya no es el desaf\u00edo clave si se quieren satisfacer las necesidades sociales. En una sociedad m\u00e1s racional y pr\u00f3spera, como argumentan Robert W. McChesney y John Nichols en People Get Ready, se enfatizar\u00edan los aspectos cualitativos de las condiciones de trabajo.[45] Las relaciones laborales se ver\u00edan como una base de igualdad y sociabilidad, en lugar de desigualdad y asocialidad. Los empleos repetitivos y poco cualificados ser\u00edan reemplazados por formas de empleo activo, que pudieran contribuir al desarrollo humano integral. La tecnolog\u00eda, que constituye un valioso conjunto de conocimientos hist\u00f3ricamente acumulados, se utilizar\u00eda para la promoci\u00f3n del progreso social sostenible, en lugar de para aumentar las ganancias y la concentraci\u00f3n de capital de unos pocos.<\/p>\n<p>Los seres humanos no solo necesitan un trabajo creativo en sus roles como individuos, sino que tambi\u00e9n lo necesitan en sus roles sociales, ya que el trabajo es un elemento constitutivo de la sociedad misma. Un mundo en el que la mayor\u00eda de la gente se retira de las actividades laborales, como sucede en la novela futurista de Kurt Vonnegut, La pianola, ser\u00eda poco m\u00e1s que una distop\u00eda.[46] El fin del trabajo, al que se aspira en muchas proyecciones de futuro, solo podr\u00eda conducir a una especie de alienaci\u00f3n absoluta: supondr\u00eda alejarnos del n\u00facleo de nuestra \u201cactividad vital\u201d, la que nos hace seres humanos, agentes transformadores que interact\u00faan con la naturaleza. Abolir el trabajo constituir\u00eda una ruptura con nuestra existencia objetiva en su forma m\u00e1s significativa, activa y creativa \u2015una ruptura con la propia especie humana\u2015.[47]<\/p>\n<p>La incapacidad de la que adolecen algunas visiones de una prosperidad sostenible para entender todo el potencial del trabajo humano libremente asociado socava, adem\u00e1s, las (a menudo valientes) cr\u00edticas al crecimiento econ\u00f3mico que caracterizan al ecologismo radical actual. La desgraciada consecuencia es que muchos de los argumentos a favor de una sociedad pr\u00f3spera sin crecimiento tienen m\u00e1s en com\u00fan con Bellamy que con Morris (o con Marx), ya que se centran casi exclusivamente en la expansi\u00f3n del ocio como no trabajo, mientras que minimizan las posibilidades productivas y creativas de la especie humana. En verdad, es imposible imaginar un futuro viable que no se centre en la metamorfosis del trabajo en s\u00ed mismo. Para Morris, como hemos visto, el arte y la ciencia son los dos \u00e1mbitos \u201cinagotables\u201d de la creatividad humana, en los que todas las personas podr\u00edan participar activamente en un contexto de trabajo humano asociado.<\/p>\n<p>En una sociedad socialista futura, caracterizada por una prosperidad sostenible, que reconociera los l\u00edmites materiales de la Tierra como su principio esencial \u2015de acuerdo con la m\u00e1xima de Epicuro, seg\u00fan la cual \u201cla riqueza, sin l\u00edmites, es una gran pobreza\u201d\u2015, ser\u00eda crucial concebir nuevas relaciones de trabajo, social y ecol\u00f3gicamente reproductivas.[48] La idea heredada de que la maximizaci\u00f3n del ocio, el lujo y el consumo es el objetivo principal del progreso humano, y de que la gente se negar\u00e1 a producir si no est\u00e1 sujeta a la coacci\u00f3n o impulsada por la codicia, pierde gran parte de su fuerza a la luz de las contradicciones cada vez m\u00e1s profundas de nuestra sociedad sobre-productora y excesivamente consumista. Esta visi\u00f3n hegem\u00f3nica va en contra de nuestros conocimientos antropol\u00f3gicos con respecto a muchas culturas precapitalistas y est\u00e1 lejos de constituir una concepci\u00f3n realista de la naturaleza humana, que tenga en cuenta la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de los seres humanos en tanto que animales sociales. La motivaci\u00f3n de cada uno para crear y contribuir a la reproducci\u00f3n social de la humanidad, junto con las normas superiores resultantes del trabajo colectivo, proporcionan est\u00edmulos poderosos para continuar el libre desarrollo humano. La crisis universal de nuestro tiempo necesita una \u00e9poca de cambio revolucionario intransigente; uno destinado a aprovechar la energ\u00eda humana para el trabajo creativo y socialmente productivo en un mundo ecol\u00f3gicamente sostenible y sustantivamente igualitario. Al final, no hay otra manera de concebir una prosperidad verdaderamente sostenible.<\/p>\n<p>* John Bellamy Foster es el editor general de Monthly Review. Su \u00faltimo libro es Trump in the White House: Tragedy and Farce, publicado en 2017 por Monthly Review Press. Fuente del art\u00edculo: <a href=\"https:\/\/monthlyreview.org\/2017\/09\/01\/the-meaning-of-work-in-a-sustainable-society\/\">https:\/\/monthlyreview.org\/2017\/09\/01\/the-meaning-of-work-in-a-sustainable-society\/<\/a><\/p>\n<p><strong><u>Notas<\/u><\/strong><\/p>\n<p>[1] Este ensayo est\u00e1 dedicado a Harry Magdoff, y encontr\u00f3 inspiraci\u00f3n en su art\u00edculo \u201cThe Meaning of Work: A Marxist Perspective\u201d, Monthly Review, vol. 34, n\u00ba 5 (octubre de 1982), pp. 1-15.<\/p>\n<p>[2] Para un libro importante sobre sostenibilidad ecol\u00f3gico-econ\u00f3mica que, sin embargo, dedica solo una peque\u00f1a parte de su an\u00e1lisis al asunto del trabajo, v\u00e9ase Tim Jackson, Prosperity without Growth, Londres: Earthscan, 2011.<\/p>\n<p>[3] V\u00e9ase Andr\u00e9 Gorz, Paths to Paradise, Londres: Pluto, 1985; Serge Latouche, Farewell to Growth, Cambridge: Polity, 2009. Los primeros pensadores ecosocialistas, como Gorz, intentaron combinar el an\u00e1lisis verde y la teor\u00eda socialista, y lo primero a menudo prevaleci\u00f3 sobre lo segundo. En contraste, los ecosocialistas de la segunda etapa, o marxistas ecol\u00f3gicos, han buscado como punto de partida para sus an\u00e1lisis los fundamentos ecol\u00f3gicos subyacentes al materialismo hist\u00f3rico cl\u00e1sico. Sobre esta distinci\u00f3n, v\u00e9ase John Bellamy Foster y Paul Burkett, Marx and the Earth, Boston: Brill, 2016, pp. 1-11.<\/p>\n<p>[4] Adriano Tilgher, Homo Faber, Chicago: Regnery, 1958, pp. 3-10; Arist\u00f3teles, The Politics, Oxford: Oxford University Press, 1958.<\/p>\n<p>[5] Adam Smith, The Wealth of Nations, Nueva York: Modern Library, 1937, pp. 30-33.<\/p>\n<p>[6] Autor an\u00f3nimo citado en Paul Lafargue, \u201cThe Right to Be Lazy\u201d (1883), cap\u00edtulo 2; Karl Marx, Capital, vol. 1, Londres: Penguin, 1976, pp. 685, 789 y 897.<\/p>\n<p>[7] David A. Spencer, The Political Economy of Work, Londres: Routledge, 2009, p. 70.<\/p>\n<p>[8] Steffen R\u00e4tzel, \u201cRevisiting the Neoclassical Theory of Labor Supply \u2013 Disutility of Labor, Working Hours, and Happiness\u201d, Otto von Guericke University Magdeburg, n\u00ba 5, p. 2.<\/p>\n<p>[9] En el estudio citado anteriormente, R\u00e4tzel demuestra que, incluso en las condiciones actuales, el trabajo no es simplemente una desutilidad, sino una base para la felicidad humana. Parece claro que esto ser\u00eda a\u00fan m\u00e1s cierto en entornos de trabajo no alienado.<\/p>\n<p>[10] Benjamin Farrington, Head and Hand in Ancient Greece, Londres: Watts, 1947, pp. 1-9 y 28-29. V\u00e9ase tambi\u00e9n Ellen Meiksins Wood, Peasant-Citizen and Slave, Londres: Verso, 1998, pp. 134-45.<\/p>\n<p>[11] V\u00e9ase Foster y Burkett, Marx and the Earth, p. 65. Las opiniones de la sociedad griega sobre el trabajo se vieron profundamente afectadas por la existencia de la esclavitud. Sin embargo, esto tuvo un mayor impacto en la aristocracia, que depend\u00eda en gran medida del trabajo esclavo, que en el demos, el conjunto de ciudadanos pobres a quienes su trabajo como artesanos o campesinos les proporcionaba el sustento necesario para ser pol\u00edticamente libres. Estas distinciones de clase dentro de la polis tuvieron su reflejo en la esfera de las ideas, donde es posible diferenciar entre puntos de vista idealistas y materialistas. V\u00e9ase Ellen Meiksins Wood y Neal Wood, Class Ideology and Ancient Political Theory, Oxford: Oxford University Press, 1978.<\/p>\n<p>[12] Karl Marx, Grundrissse, Londres: Penguin, 1973, pp. 611-12. Marx se estaba refiriendo aqu\u00ed al mismo pasaje de Smith citado anteriormente.<\/p>\n<p>[13] Karl Marx, Early Writings, London: Penguin, 1974, pp. 322-34.<\/p>\n<p>[14] Joseph Fracchia, \u201cOrganisms and Objectifications: A Historical-Materialist Inquiry into the \u2018Human and Animal\u2019\u201d, Monthly Review, vol. 68, n\u00ba 10 (marzo de 2017), pp. 1-16.<\/p>\n<p>[15] Erich Fromm, \u201cIntroduction\u201d, en Edward Bellamy, Looking Backward, Nueva York: New American Library, 1960, p. v. El primer volumen de El Capital no se tradujo al ingl\u00e9s hasta 1886, por lo que en 1935 pod\u00eda considerarse todav\u00eda una obra del medio siglo anterior.<\/p>\n<p>[16] Bellamy, Looking Backward; Magdoff, \u201cThe Meaning of Work,\u201d pp. 1-2.<\/p>\n<p>[17] E. P. Thompson, William Morris, Romantic to Revolutionary, Nueva York: Pantheon, 1976, p. 792. Para un excelente estudio sobre la concepci\u00f3n del trabajo en Morris, v\u00e9ase Phil Katz, Thinking Hands: The Power of Labour in William Morris, Londres: Heatherington, 2005.<\/p>\n<p>[18] William Morris, News from Nowhere, Oxford: Oxford University Press, p. 79; William Morris y Ernest Belfort Bax, Socialism: Its Growth and Outcome, Londres: Sonnenschein, 1893, p. 215; Jonathan Beecher, Charles Fourier, Berkeley: University of California Press, 1986, pp. 274-96.<\/p>\n<p>[19] Thompson, William Morris, pp. 35-37; John Ruskin, The Stones of Venice, vol. 2, Nueva York: Collier, 1900, pp. 163-65.<\/p>\n<p>[20] William Morris, Collected Works, vol. 23, Nueva York: Longmans, Green, 1910, p. 173; News from Nowhere and Selected Writings and Designs, Londres: Penguin, 1962, pp. 140-43; Signs of Change, Londres: Longmans, Green, 1896, p. 119.<\/p>\n<p>[21] May Morris (ed.), William Morris: Artist, Writer, Socialist, vol. 2, Cambridge: Cambridge University Press, 1936, pp. 478-79; William Morris, Signs of Change, p. 17.<\/p>\n<p>[22] Mark Strauss, \u201cTen Inventions that Inadvertently Transformed Warfare\u201d, Smithsonian, 18 de septiembre, 2010; John Bellamy Foster, Hannah Holleman y Robert W. McChesney, \u201cThe U.S. Imperial Triangle and Military Spending\u201d, Monthly Review, vol. 60, n\u00ba 5 (octubre de 2008), pp. 1-19.<\/p>\n<p>[23] Fred Magdoff y John Bellamy Foster, What Every Environmentalist Needs to Know about Capitalism, Nueva York: Monthly Review Press, 2011, pp. 46-53.<\/p>\n<p>[24] Sobre el an\u00e1lisis de Marx acerca de la adulteraci\u00f3n de los alimentos en la Inglaterra del siglo XIX, que sin duda influy\u00f3 en Morris, v\u00e9ase John Bellamy Foster, \u201cMarx as a Food Theorist\u201d, Monthly Review, vol. 68, n\u00ba 7 (diciembre de 2016), pp. 2-8.<\/p>\n<p>[25] La cr\u00edtica al despilfarro econ\u00f3mico y ecol\u00f3gico y su abordaje te\u00f3rico, en t\u00e9rminos de reproducci\u00f3n social, han sido durante mucho tiempo centrales para la econom\u00eda pol\u00edtica marxista, incluidos los conceptos de \u201cvalor de uso capitalista\u201d y \u201cvalor de uso negativo\u201d. V\u00e9ase, por ejemplo, Paul A. Baran y Paul M. Sweezy, Monopoly Capital, Nueva York: Monthly Review Press, 1966; Michael Kidron, Capitalism and Theory Londres: Pluto, 1974; John Bellamy Foster, \u201cThe Ecology of Marxian Political Economy\u201d, Monthly Review, vol. 63, n\u00ba 4 (septiembre de 2011), pp. 1-16. Estos an\u00e1lisis estudian y critican el desperdicio no en t\u00e9rminos \u00e9ticos, sino desde un punto de vista econ\u00f3mico y ecol\u00f3gico, tomando como criterio la reproducci\u00f3n social. El desarrollo de armas nucleares, por ejemplo, es un callej\u00f3n sin salida desde esta perspectiva, porque no contribuye, en modo alguno, a la reproducci\u00f3n social.<\/p>\n<p>[26] Morris, Signs of Change, pp. 148-49.<\/p>\n<p>[27] Marx, Capital, vol. 1, p. 799; William Morris, \u201cArt and its Producers,\u201d en Art and its Producers and the Arts and Crafts of to-Day, Londres: Longmans, 1901, pp. 9-10.<\/p>\n<p>[28] Morris, \u201cArt and its Producers\u201d, pp. 9-10.<\/p>\n<p>[29] William Morris, Escritos Pol\u00edticos, Bristol: Thoemmes 1994, pp. 419-25.<\/p>\n<p>[30] Las fechas proporcionadas en el texto dejan algunas cuestiones abiertas. Morris cambi\u00f3 algunas de las fechas que aparec\u00edan en la versi\u00f3n original por entregas publicada en Commonweal, retrasando ciertos eventos a fechas posteriores. El puente mencionado en el cap\u00edtulo 2, por ejemplo, se construy\u00f3 en 1971 en la versi\u00f3n del Commonweal, mientras que en el libro data de 2003. Tomando las fechas de la edici\u00f3n de 1891, el Gran Cambio ocurre durante los primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada de 1950. La guerra civil comienza en 1952, y parece haber terminado en el momento de la \u201climpieza de casas\u201d, en 1955. A William Guest se le informa al principio del texto de que el puente construido en 2003 \u201cno es muy antiguo\u201d en t\u00e9rminos hist\u00f3ricos. Despu\u00e9s, Hammond dice que la nueva \u00e9poca tiene unos 150 a\u00f1os de duraci\u00f3n, lo que presumiblemente ubicar\u00eda la novela en los primeros a\u00f1os despu\u00e9s de 2100. Una referencia m\u00e1s indirecta a \u201cdoscientos a\u00f1os atr\u00e1s\u201d parecer\u00eda referirse al tiempo transcurrido desde finales del siglo XIX o principios del siglo XX. Morris, News from Nowhere, pp. 8, 14, 46, 69, 94 y 184.<\/p>\n<p>[31] Morris, News from Nowhere, 40, 78-85, 140 y 153-55.<\/p>\n<p>[32] Luc Boltanski y \u00c9ve Chiapello, The New Spirit of Capitalism, Londres: Verso, 2005, pp. 38, 466-67 y 535-36. Sobre las contradicciones hist\u00f3ricas del pensamiento fordista y postfordista, v\u00e9ase John Bellamy Foster, \u201cThe Fetish of Fordism\u201d, Monthly Review, vol. 39, n\u00ba 10 (marzo de 1988), pp. 1-13.<\/p>\n<p>[33] Morris, News from Nowhere, pp. 148-51. La intenci\u00f3n feminista de Morris es evidente, adem\u00e1s, en el propio nombre de Philippa, un claro homenaje a su contempor\u00e1nea Philippa Fawcett, una matem\u00e1tica de una inteligencia excepcional, defensora de los derechos de las mujeres, a quien Morris admiraba mucho. William Morris, We Met Morris: Interviews with William Morris, 1895-96, Reading: Spire, 2005, pp. 93-95. En tanto que obra literaria compleja, con pretensiones realistas, la novela ut\u00f3pica de Morris representa una sociedad que ha experimentado un gran cambio y que a\u00fan est\u00e1 cambiando. La dimensi\u00f3n imaginativa de la obra se complementa con la mim\u00e9tica, reflejando no solo la prehistoria capitalista, sino tambi\u00e9n el presumible pasado, presente y potencial futuro de la nueva sociedad. Esto se ve especialmente claro en la forma que tiene Morris de tratar las cuestiones de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>[34] Morris, News from Nowhere, p. 154; Marx, Capital, vol. 3, Londres: Penguin, 1981, p. 911.<\/p>\n<p>[35] V\u00e9ase Morris, News from Nowhere, p. 59; John Bruce Glasier, William Morris and the Early Days of the Socialist Movement, Londres: Longmans, Green, 1921, pp. 76, 81-82.<\/p>\n<p>[36] Thompson, William Morris, pp. 37-38; Marx, Capital, vol. 1, p. 481.<\/p>\n<p>[37] Ruskin, The Stones of Venice, vol. 2, p. 163; Thompson, William Morris, pp. 37-38.<\/p>\n<p>[38] Harry Braverman, Labor and Monopoly Capital, Nueva York: Monthly Review Press, 1998.<\/p>\n<p>[39] Braverman, Labor and Monopoly Capital, p. 320.<\/p>\n<p>[40] Braverman, Labor and Monopoly Capital, pp. 8-11. A partir de la d\u00e9cada de 1930, la psicolog\u00eda de las relaciones humanas se introdujo en la gesti\u00f3n de la empresa, supuestamente para hacer que el trabajo fuera m\u00e1s placentero y menos alienante, aunque en realidad no se introdujo ning\u00fan cambio significativo que pudiese contrarrestar la degradaci\u00f3n objetiva que sufri\u00f3 el trabajo. Braverman aborda esto en un cap\u00edtulo titulado \u201cThe Habituation of the Worker to the Capitalist Mode of Production\u201d.<\/p>\n<p>[41] Aunque tambi\u00e9n hay algunas visiones progresistas del futuro que no caen en el determinismo tecnol\u00f3gico y otorgan un papel central a la agencia humana. V\u00e9anse, por ejemplo, los argumentos de Paul Mason, Postcapitalism, Londres: Penguin, 2015.<\/p>\n<p>[42] Latouche, Farewell to Growth, pp. 81-88.<\/p>\n<p>[43] Gorz, Paths to Paradise, pp. 29-40, 53, 67 y 117; Herbert Applebaum, The Concept of Work, Albany: State University of New York Press, 1992, pp. 561-65. Se podr\u00eda argumentar que el an\u00e1lisis del trabajo que hace Gorz en su posterior Capitalism, Socialism, Ecology es m\u00e1s matizado. Pero en esta obra Gorz sigue dando por buena la idea de que, seg\u00fan la concepci\u00f3n cl\u00e1sica, el trabajo es \u201cdolor, irritaci\u00f3n y fatiga\u201d. La idea del trabajo como un proceso creativo ser\u00eda, de acuerdo con esto, una invenci\u00f3n del movimiento obrero en el siglo XIX. Gorz afirma, por ejemplo: \u201cLa ideolog\u00eda del trabajo, seg\u00fan la cual \u2018el trabajo es la vida\u2019, y que exige tom\u00e1rselo en serio y tratarlo como a una vocaci\u00f3n \u2015junto con la concomitante utop\u00eda de una sociedad gobernada por los productores asociados [la concepci\u00f3n de Marx]\u2015, favorece los intereses de los empresarios, consolida las relaciones capitalistas de producci\u00f3n y dominaci\u00f3n, y legitima los privilegios de una \u00e9lite laboral\u201d, Capitalism, Socialism, Ecology, Londres: Verso, 1994, pp. 53 y 56.<\/p>\n<p>[44] Derek Thompson, \u201cA World Without Work\u201d, Atlantic, julio-agosto de 2015.<\/p>\n<p>[45] Robert W. McChesney y John Nichols, People Get Ready, Nueva York: Nation, 2016, pp. 96-114.<\/p>\n<p>[46] Kurt Vonnegut, Jr., Player Piano, Nueva York: Simon and Schuster, 1952.<\/p>\n<p>[47] Marx, Early Writings, pp. 327-29.<\/p>\n<p>[48] Brad Inwood y L. P. Gerson (eds.), The Epicurus Reader, Indianapolis: Hackett, 1994, p. 37.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El relato que aparece hoy en todos los libros de texto de econom\u00eda neocl\u00e1sica retrata el trabajo en t\u00e9rminos puramente negativos, como desutilidad o sacrificio. 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