{"id":41242,"date":"2024-05-12T20:31:31","date_gmt":"2024-05-12T18:31:31","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242"},"modified":"2024-05-12T20:31:31","modified_gmt":"2024-05-12T18:31:31","slug":"literatura-paul-auster-nunca-te-vi-siempre-te-ame-maria-jose-santacreu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242","title":{"rendered":"Literatura &#8211; Paul Auster. Nunca te vi, siempre te am\u00e9. [Mar\u00eda Jos\u00e9 Santacreu]"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><sub>Paul Auster, el 18-10-2006, en una rueda de prensa en Oviedo, Espa\u00f1a. Rafa Rivas, AFP<\/sub><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-3c8db6ddae4ccfa2f416b5bbd7e10217 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong><em><a href=\"https:\/\/brecha.com.uy\/nunca-te-vi-siempre-te-ame\/\">Brecha<\/a><\/em>, 10-5-2024<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-71cc5796f79944b0f5eaa3554d212533 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong><em><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a><\/em>, 12-5-2024<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-b2a59f4b42afc81036611265ee166cb7 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong>Fue uno de los escritores estadounidenses m\u00e1s queridos y respetados de finales del siglo XX y uno de los pocos en adquirir ese estatus de estrella tan elusivo a los literatos. Paul Auster ha muerto; bien vale la pena mirar atr\u00e1s y echar un vistazo a su legado.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-2bca48ea9d480e280240801198bcf55b wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Seguramente sea un ejercicio de nostalgia y el recuerdo, m\u00e1s bien una especie de espejismo, ese que frecuentemente se produce cuando miramos hacia atr\u00e1s, a la infancia, a la juventud, a cualquier momento de esa era en la que los sue\u00f1os todav\u00eda no se han roto, para bien o para mal. Me refiero a atesorar el deslumbramiento y la admiraci\u00f3n que nos caus\u00f3 Paul Auster en los a\u00f1os noventa. Porque lo cierto es que cuando \u00e9l apareci\u00f3 fue como un rayo y, claro, nosotras nos convertimos en la costurerita que dio el mal paso, totalmente encandiladas, perdidamente austeras para siempre, a pesar de que en el futuro nos aguardaran, por ejemplo, <em>Tombuct\u00fa<\/em> o <em>Sunset Park<\/em>. Por este entonces todav\u00eda no lo sab\u00edamos, pero seguramente tampoco nos hubiera importado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-181caf6abc29b71f8d9816bd9b600459 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">En los a\u00f1os ochenta la literatura anglosajona pasaba por un gran momento: en Reino Unido, la brillante generaci\u00f3n de Martin Amis, Ian McEwan, Julian Barnes, Kazuo Ishiguro y Salman Rushdie parec\u00eda que iba a comerse el mundo y, en los Estados Unidos\u2026, bueno, en los Estados Unidos los a\u00f1os ochenta ven\u00edan con una mezcla rara. Por un lado, llenos de neoliberalismo (y coca\u00edna), el auge de todo aquel <em>yuppismo<\/em> representado por el viejo de traje adecuadamente blanco, el Tom Wolfe que se reinventaba con su primera novela, <em>La hoguera de las vanidades<\/em>, o la versi\u00f3n m\u00e1s oscura del mismo fen\u00f3meno, con la aparici\u00f3n del siempre pasado de rosca Bret Easton Ellis, o, en la literatura de g\u00e9nero, el <em>hard-boiled<\/em> de James Ellroy. Por otro lado, la resaca <em>beatnik<\/em> se negaba a morir y Shepard y Bukowski hac\u00edan como si todav\u00eda fuese 1969, mientras que Carver se mor\u00eda desconsideradamente a los 50 a\u00f1os despu\u00e9s de publicar <em>\u00bfQuieres hacer el favor de callarte?<\/em> y <em>Catedral<\/em> a principios de la d\u00e9cada. En medio, el silencio ensordecedor de Thomas Pynchon, que terminar\u00eda en 1990 con la publicaci\u00f3n de Vineland \u2013sin la que no existir\u00eda, por ejemplo, <em>El gran Lebowski<\/em>\u2013; el triunfo de DeLillo al recibir el Premio Nacional de Literatura con <em>Ruido de fondo<\/em>, su mejor libro desde <em>Americana<\/em> (1971); el nobel para la \u00e1rida Toni Morrison; la genial excentricidad de John Kennedy Toole; el advenimiento del bueno de Cormac, que se estuvo cociendo tres d\u00e9cadas para llegar a la gloria a comienzos de los noventa, y la extra\u00f1a noci\u00f3n de que una historieta pod\u00eda ser buena literatura con el Pulitzer para el <em>Maus<\/em> de Spiegelman, que dio nacimiento a todo un g\u00e9nero: la novela gr\u00e1fica. Es por ese entonces, cuando los ochenta languidecen, que empiezan a asomar los nuevos: David Foster Wallace, Michael Chabon, Jonathan Franzen y, ya entrando en los noventa, Jeffrey Eugenides, Jonathan Lethem, George Saunders, Chuck Palahniuk. \u00bfY d\u00f3nde encaja Paul Auster? A decir verdad, no encaja mucho. Demasiado europeo para ser estadounidense, con su larga carrera de poeta y traductor, y la incomprensible demora en decantarse por la prosa, Auster no terminaba de entrar en el radar. Tanto as\u00ed que empez\u00f3 a hacerse conocer en los Estados Unidos v\u00eda Francia y, a pesar de su estatus de estrella y de neoyorquino dilecto \u2013al mismo nivel que Woody Allen en el cine o Lou Reed en la m\u00fasica\u2013, nunca logr\u00f3 un lugar de verdadero prestigio en las letras estadounidenses.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-22389bf8f1a1416a2da8b78043b5c4f5 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">El m\u00e1s neoyorquino de los escritores hab\u00eda nacido en 1947 en Nueva Jersey, en un hogar de inmigrantes jud\u00edos provenientes de Galitzia y Bielorrusia, en los C\u00e1rpatos. \u00abTierra de hombres y de libros\u00bb, como la defini\u00f3 Paul Celan, un pobre y conflictivo punto de Europa y, como tal, tierra de migrantes. De all\u00ed salieron poetas, novelistas y cineastas: Paul Celan, como dijimos, pero tambi\u00e9n los Roth \u2013Philip y Joseph\u2013, Bruno Schulz, Billy Wilder y Stanis\u0142aw Lem. Y eso es exactamente lo que ser\u00eda Paul Auster.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-68ae7581019ba40925075b9a28b1ace0 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Es el descubrimiento, a los 10 a\u00f1os, de la biblioteca de su t\u00edo, Allen Mandelbaum, lo que le abri\u00f3 un universo nuevo. Mandelbaum, traductor de los cl\u00e1sicos griegos y latinos al ingl\u00e9s, dej\u00f3 en la casa de su hermana las cajas que conten\u00edan su biblioteca cuando se radic\u00f3 una docena de a\u00f1os en Europa. \u00abTen\u00eda una biblioteca fastuosa. Era un cambio con respecto a mi casa, donde no hab\u00eda un solo libro. Mi madre los hab\u00eda guardado en un rinc\u00f3n del granero y con ella fui abriendo las cajas, una a una. Fue mi primera biblioteca. Sin aquellos vol\u00famenes, quiz\u00e1s nunca habr\u00eda llegado a ser escritor\u00bb.<sup class='footnote'><a href='https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242#fn-41242-1' id='fnref-41242-1' onclick='return fdfootnote_show(41242)'>1<\/a><\/sup> No hace falta mucho para reconocer en esta an\u00e9cdota familiar el origen del personaje del t\u00edo Victor de <em>El palacio de la luna<\/em>, su tercera novela. Y ac\u00e1 conviene hacer un peque\u00f1o excurso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-aadfa0b1e625bdfe5100a9add6f27ede wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong>L<\/strong><strong>argo excurso chismogr\u00e1fico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-a208c82efd62ca0d172431c0da4b99ab wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">La primera novela de Paul Auster fue, como todos saben, <em>La trilog\u00eda de Nueva York<\/em>, pero no fue su primer libro en prosa. Su primer libro publicado fue el escrito autobiogr\u00e1fico \u2013lo que los yanquis llaman <em>memoir<\/em>\u2013 <em>La invenci\u00f3n de la soledad<\/em>. Por entonces, lo de Auster y la escritura no terminaba de arrancar. En 1965 hab\u00eda empezado a traducir del franc\u00e9s y hab\u00eda hecho su primer viaje a Europa. Un poco a la desesperada, hab\u00eda intentado dedicarse al cine, pero su intento de matricularse en el prestigioso Institut des Hautes \u00c9tudes Cin\u00e9matographiques \u2013donde estudiaron Alain Resnais, Costa Gavras, Theo Angelopoulos, Laurent Cantet y Claire Denis, entre otros\u2013 hab\u00eda fracasado. Volvi\u00f3 a Estados Unidos a terminar sus estudios de Columbia e hizo las cosas que hacen los escritores estadounidenses antes de volverse asquerosamente famosos, por ejemplo, enrolarse en un petrolero, en el que limpiaba inodoros y tend\u00eda las camas mientras navegaba por el golfo de M\u00e9xico, o trabajar de empleado del censo en Harlem. En 1971 volvi\u00f3 a Par\u00eds, tradujo, cuid\u00f3 una casa, fue a M\u00e9xico, luego de nuevo a Estados Unidos. Public\u00f3 <em>Exhumaci\u00f3n<\/em>, su primer libro de poes\u00edas, se cas\u00f3 con la escritora Lydia Davis, public\u00f3 su segundo libro de poemas, <em>Escritura mural<\/em>, naci\u00f3 su hijo Daniel. \u00abTodo iba mal. No ten\u00eda dinero, mi matrimonio se estaba desintegrando a pesar de que mi hijo era a\u00fan muy peque\u00f1o, la casa se me ca\u00eda encima. En aquella \u00e9poca decid\u00ed dejar de escribir poes\u00eda. No hac\u00eda nada.\u00bb<sup class='footnote'><a href='https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242#fn-41242-2' id='fnref-41242-2' onclick='return fdfootnote_show(41242)'>2<\/a><\/sup> Era 1978 y entonces Auster hizo lo que hacen los escritores estadounidenses antes de tener un \u00e9xito abrumador: invent\u00f3 un juego de cartas de b\u00e9isbol (que si usted es extremadamente curioso puede ver \u2013y no entender\u2013 en las p\u00e1ginas de <em>A salto de mata<\/em>) y escribi\u00f3 una novela policial con seud\u00f3nimo. Ambas cosas fracasaron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-ac9fb88249e1508c65e968034c103d79 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">El matrimonio de Auster y Davis no funcion\u00f3 y nadie ha dicho demasiado al respecto, lo cual est\u00e1 muy bien y as\u00ed hubiera quedado todo si no fuera por las tragedias que tuvo que enfrentar Auster en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, y a las que vamos a referir aqu\u00ed porque viene un poco a cuento y despu\u00e9s seguramente no vendr\u00e1, y ya no querremos contarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-a5c7fdfa818eb3721ab4f16a987ffe40 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">En 2022, cuando ya no pens\u00e1bamos muy a menudo en Paul Auster, su nombre volvi\u00f3 a estar en todas partes. Su peque\u00f1a nieta Ruby, de 10 meses de edad, muri\u00f3 intoxicada mientras estaba bajo el cuidado de Daniel, su hijo. La autopsia determin\u00f3 que la ni\u00f1a ten\u00eda en su cuerpo una cantidad de hero\u00edna y fentanilo capaz de tumbar a un adulto. Daniel reconoci\u00f3 haber consumido drogas antes de acostarse a dormir junto a la ni\u00f1a y admiti\u00f3 que guardaba sustancias prohibidas en el ba\u00f1o. Fue acusado de homicidio involuntario y liberado bajo fianza. Dos semanas m\u00e1s tarde, Daniel muri\u00f3 de sobredosis en una estaci\u00f3n de metro de Nueva York.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-86253781860094e485278729602f2450 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Los problemas del hijo de Auster con las drogas eran conocidos, pero, a pesar de que nadie pod\u00eda imaginar una tragedia semejante \u2013que parece calcada de la muerte de Dawn, el beb\u00e9 de Sick Boy en <em>Trainspotting<\/em>\u2013, Daniel ya hab\u00eda estado involucrado en un episodio macabro. A los 18 a\u00f1os frecuentaba la escena de los <em>dance clubs <\/em>neoyorquinos conocida como los Club Kids, que se caracterizaba por la vestimenta extravagante, el comportamiento petulante y el consumo de drogas. Liderado por Michel Alig y James St. James, el movimiento oscilaba entre la creaci\u00f3n art\u00edstica y el descontrol, involucraba una red de narcotr\u00e1fico y negocios turbios con las discotecas y solamente lleg\u00f3 a su fin cuando Michael Alig y Robert Freeze Riggs mataron, y \u2013luego de tener el cad\u00e1ver diez d\u00edas descomponi\u00e9ndose en la ba\u00f1era\u2013 descuartizaron y tiraron al r\u00edo Hudson adentro de una caja de TV al <em>dealer<\/em> Andr\u00e9 Mel\u00e9ndez, asesinato en el que, probablemente, Daniel haya participado. El <em>New York Post<\/em>, <sup class='footnote'><a href='https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242#fn-41242-3' id='fnref-41242-3' onclick='return fdfootnote_show(41242)'>3<\/a><\/sup> que ciertamente no es el peri\u00f3dico m\u00e1s confiable del mundo, ha sugerido que Daniel se salv\u00f3 de la c\u00e1rcel gracias a los contactos de Auster, ya que el muchacho se guard\u00f3 en el bolsillo 3 mil d\u00f3lares que pertenec\u00edan al muerto y que Alig supuestamente le entreg\u00f3 a cambio de su silencio sobre el asesinato. Todo esto sucedi\u00f3 en 1996 y, siempre seg\u00fan el <em>Post<\/em>, nadie estaba interesado en perseguir al hijo de Auster, ya que Giuliani estaba poniendo en marcha su programa para limpiar Nueva York e iba tras Peter Gatien, propietario del club The Limelight, por donde pasaba toda la escena <em>dance<\/em> y la ruta de las drogas. Como sabemos, a Giuliani le fue bastante bien con Nueva York \u2013y d\u00e9cadas despu\u00e9s bastante mal con Trump\u2013 y logr\u00f3 terminar con los clubes. A Gatien no lograron vincularlo con el tr\u00e1fico de drogas, pero fue deportado a Canad\u00e1 por evadir impuestos (igual que Al Capone) y Alig fue a la c\u00e1rcel, de donde sali\u00f3 17 a\u00f1os m\u00e1s tarde solo para morir de una sobredosis en la Nochebuena de 2020.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-6226f76790046e220dad7d7f4245a421 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">La historia de los Club Kids y del asesinato de Mel\u00e9ndez est\u00e1 en la base del libro de James St. James <em>Disco Bloodbath<\/em>, en el que se basa la (muy mala) pel\u00edcula <em>Party Monster <\/em>(2003), protagonizada por Macaulay Culkin. Pero no solamente el cine y los diarios sensacionalistas se han ocupado del asunto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-aba8f4dfafbb3cc104887cdf1265c52f wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong>V<\/strong><strong>ida familiar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-db98eae4ffabb9316c2e7812db17889c wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">La problem\u00e1tica conducta de Daniel se ha colado tanto en la obra de su padre como en la de su madrastra, la segunda esposa de Auster, Siri Hustvedt. En <em>Todo cuanto am\u00e9<\/em>, Hustvedt escribe sobre la relaci\u00f3n entre un cr\u00edtico de arte llamado Leo, un artista llamado Bill Wechsler, su err\u00e1tico hijo Mark y su aterrorizada madrastra Violet, que ayud\u00f3 a criarlo. De manera harto transparente, en la novela Mark se involucra con un <em>performer<\/em> cuyo arte consiste en \u00abcortar cosas\u00bb llamado Teddy Giles, que asesina a un <em>dealer<\/em>, Rafael Hern\u00e1ndez, asesinato en el que Mark pudo haber estado involucrado. Hustvedt relata as\u00ed la confusi\u00f3n del padre respecto a su hijo: \u00abDe haber sido Mark un anarquista, [Bill] lo habr\u00eda entendido. Si tan solo hubiera pretendido defender su propio hedonismo o incluso escaparse de casa para vivir la vida de acuerdo con sus ideas, por necias que estas fueran, Bill le habr\u00eda permitido marchar. Pero Mark no hac\u00eda esas cosas, sino que encarnaba todo aquello contra lo que Bill hab\u00eda luchado tan larga y denodadamente: el compromiso superficial, la hipocres\u00eda y la cobard\u00eda. Cuando hablaba conmigo, Bill parec\u00eda m\u00e1s confuso ante su hijo que otra cosa\u00bb. <sup class='footnote'><a href='https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242#fn-41242-4' id='fnref-41242-4' onclick='return fdfootnote_show(41242)'>4<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-4f5703374aae0576e2c127ac7dd0ec1f wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Por su parte, en su novela <em>La noche del or\u00e1culo<\/em>, Paul Auster escribe sobre Jacob, el hijo heroin\u00f3mano del escritor John Trause, apellido que anagrama el de Auster. \u00abDesde luego no pod\u00eda decirse que se hubiese preocupado mucho de la educaci\u00f3n de su hijo, y luego, tras la muerte de Tina, desapareci\u00f3 casi por completo de su vida, vi\u00e9ndolo solo un par de veces desde que el chico ten\u00eda doce a\u00f1os hasta los diecis\u00e9is. Ahora, a los veinte, Jacob se hab\u00eda convertido en una aut\u00e9ntica calamidad, y ya fuera culpa suya o no, John se responsabilizaba de todo aquel desastre.\u00bb <sup class='footnote'><a href='https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242#fn-41242-5' id='fnref-41242-5' onclick='return fdfootnote_show(41242)'>5<\/a><\/sup> Auster no tiene palabras muy amables para la madre de Jacob, tampoco. Dice que es taca\u00f1a, que nunca se sabe cu\u00e1ndo habla en serio, y la caracteriza como desde\u00f1osa y pretenciosa. Dice que, en la familia de John, \u00abno se sorprendieron cuando el matrimonio acab\u00f3, y nadie lament\u00f3 el d\u00eda que [Eleanor] se perdi\u00f3 de vista. Lo \u00fanico malo, dec\u00eda Grace, era que John se hab\u00eda visto obligado a seguir en contacto con ella. No porque quisiera, sino por las continuas payasadas de su hijo Jacob, de personalidad totalmente inestable\u00bb. <sup class='footnote'><a href='https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242#fn-41242-6' id='fnref-41242-6' onclick='return fdfootnote_show(41242)'>6<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-7caf6c53da1903465254e3c4ed50263c wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Para el p\u00fablico hispanoparlante, Lydia Davis, la primera esposa de Auster, es una escritora un poco misteriosa. Talentosa y respetada en los c\u00edrculos literarios estadounidenses, traductora del franc\u00e9s, de Proust y de Flaubert, gan\u00f3 el premio Man Booker en 2013. \u00abSus escritos abren sus \u00e1giles brazos para abarcar muchos tipos diferentes. \u00bfC\u00f3mo categorizarlos? Se les ha llamado cuentos, pero igualmente podr\u00edan ser miniaturas, an\u00e9cdotas, ensayos, chistes, par\u00e1bolas, f\u00e1bulas, textos, aforismos o incluso apotegmas, oraciones o simplemente observaciones\u00bb, escribi\u00f3 el jurado. Un cuento de Lydia Davis luce as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-6fadca4b552969a1360d7a39de4bf726 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong><em>El paseo<\/em><\/strong><br><em>Un estallido de ira cerca de la carretera, una negativa a hablar en el camino, un silencio en el bosque de pinos, un silencio al otro lado del viejo puente del ferrocarril, un intento de ser amigable en el agua, una negativa a poner fin a la discusi\u00f3n sobre las piedras planas, un grito de ira en la empinada orilla de tierra, un llanto entre los arbustos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-16ac0fac0ea1bc4ad70c774888e3c76c wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Su obra ha sido publicada por Alpha Decay, Eterna Cadencia y Seix Barral, pero, como todav\u00eda no la he le\u00eddo y solo s\u00e9 que se caracteriza por la brevedad de sus relatos, me la imagino como la Ana Mar\u00eda Shua de la literatura anglosajona, algo que seguramente sea totalmente equivocado. James Wood, el cr\u00edtico del <em>New Yorker<\/em>, la ha puesto por los cielos: \u00abUna obra \u00fanica en la literatura estadounidense que ser\u00e1 considerada dentro de un tiempo como una de las mayores y m\u00e1s ins\u00f3litas contribuciones a las letras norteamericanas\u00bb. Es el mismo James Wood que hizo la m\u00e1s lapidaria rese\u00f1a sobre Auster, proponiendo la existencia de una plantilla Auster, es decir, un modelo perezoso y f\u00e1cilmente parodiable. \u00abUn protagonista, casi siempre var\u00f3n, a menudo escritor o un intelectual, vive como un monje curando una p\u00e9rdida: una esposa fallecida o divorciada, hijos muertos, un hermano desaparecido. Accidentes violentos perforan las narrativas, tanto como medio para insistir en la contingencia de la existencia como para mantener al lector leyendo: una mujer arrastrada y descuartizada en un campo de concentraci\u00f3n alem\u00e1n, un hombre decapitado en Irak, una mujer brutalmente golpeada por un hombre con el que est\u00e1 a punto de tener relaciones sexuales, un ni\u00f1o mantenido en una habitaci\u00f3n a oscuras durante nueve a\u00f1os y golpeado peri\u00f3dicamente, una mujer con un disparo accidental en el ojo, etc\u00e9tera. Las narraciones se comportan como historias realistas, salvo por una ligera falta de convicci\u00f3n y una atm\u00f3sfera general de pel\u00edcula clase B. La gente dice cosas como \u201cEres un tipo duro, muchacho\u201d o \u201cMi co\u00f1o no est\u00e1 a la venta\u201d o \u201cEs una vieja historia, amigo. Dejas que tu pene piense por ti y eso es lo que sucede\u201d. Un texto lateral (Chateaubriand, Rousseau, Hawthorne, Poe, Beckett) se desliza elegantemente en el libro anfitri\u00f3n. Hay dobles, <em>alter ego<\/em>, <em>doppelg\u00e4ngers<\/em> y apariciones de un personaje llamado Paul Auster. Al final de la historia, las pistas que han quedado esparcidas como excrementos de rat\u00f3n nos llevan al agujero posmoderno del libro por donde se meti\u00f3 el roedor: la revelaci\u00f3n de que parte o la totalidad de lo que hemos estado leyendo probablemente haya sido imaginado por el protagonista.\u00bb <sup class='footnote'><a href='https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242#fn-41242-7' id='fnref-41242-7' onclick='return fdfootnote_show(41242)'>7<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-504cbe23910b2552cc76f1b9b58ec1e9 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong>Pero volvamos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-59d79b51d70c7a0c9efe110b1f0b485e wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Est\u00e1bamos en el a\u00f1o en que Paul se divorci\u00f3 de Lydia y abandon\u00f3 al pobre Daniel. Todo le sali\u00f3 mal y, entonces, escribi\u00f3 el texto llamado <em>Espacios en blanco<\/em> y se convenci\u00f3 de que ese texto ser\u00eda, dice, \u00abun puente entre mis dos vidas de escritor\u00bb. A la ma\u00f1ana siguiente son\u00f3 el tel\u00e9fono. Era su t\u00edo, para anunciarle la muerte de su padre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-3de356b57dc9a8f9414721b8cab40cd8 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">No s\u00e9 si el t\u00edo es Allen Mandelbaum, el modelo sobre el que Auster traza a su t\u00edo Victor de <em>El palacio de la lun<\/em>a, u otro. Lo cierto es que, a ra\u00edz de la muerte de su padre, escribi\u00f3 <em>La invenci\u00f3n de la soledad<\/em>. El libro se public\u00f3 en la peque\u00f1a editorial Sun and Moon Press y recogi\u00f3 buenas cr\u00edticas, pero pocas ventas. Y eso es lo que provoc\u00f3 que, en Montevideo, ley\u00e9ramos primero <em>El palacio de la luna<\/em> y, mucho despu\u00e9s, sus primeros libros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-ec90bd50dbb3715a5faeae2c9bc713cc wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><em>La trilog\u00eda de Nueva York<\/em> la public\u00f3 la editorial asturiana J\u00facar en 1988, en tres vol\u00famenes separados; <em>La invenci\u00f3n de la soledad<\/em> y <em>El pa\u00eds de las \u00faltimas cosas<\/em>, Edhasa, en 1989 y 1990. Jorge Herralde, el director de Anagrama, logr\u00f3 poner sus manos sobre la obra de Paul Auster en 1990, cuando para el mercado anglosaj\u00f3n lo empez\u00f3 a publicar \u00abla poderos\u00edsima Viking\u00bb. <sup class='footnote'><a href='https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242#fn-41242-8' id='fnref-41242-8' onclick='return fdfootnote_show(41242)'>8<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-f154894aa548790aec256f1069d12206 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">As\u00ed fue como nos adentramos en la obra de Auster y empezamos a ver c\u00f3mo tej\u00eda autobiograf\u00eda con ficci\u00f3n, c\u00f3mo se instalaban, uno a uno, esos marcadores que hacen tan reconocible su manera de escribir y construir las tramas (exactamente lo que le molesta a Woods), y tambi\u00e9n eso que resulta un poco m\u00e1s inexplicable, que es algo que, a falta de mejor denominaci\u00f3n, llamaremos su voz, y que es lo que, a mi juicio, provoc\u00f3 esa incondicionalidad en los lectores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-fb5f0572a1b1187884bda5f7d121d6af wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">En estos d\u00edas que siguieron a su muerte, muchos dijeron que lo que iban a extra\u00f1ar no era a un escritor, sino algo m\u00e1s parecido a un amigo. Que los pon\u00eda muy tristes saber que no habr\u00eda ya una pr\u00f3xima novela. Que iban a echar de menos esa cercan\u00eda con la que Auster les hablaba. En <em>El palacio de la luna<\/em> no hace falta leer mucho para encontrar esa voz, esos temas, el tono que, para nosotros, los lectores, es \u00abAuster\u00bb. En el primer p\u00e1rrafo, cuando nos habla de Kitty Wu, acota: \u00abLa hab\u00eda conocido por casualidad muy poco antes, pero con el tiempo, llegu\u00e9 a considerar esa casualidad una forma de predisposici\u00f3n, un modo de salvarme por medio de la mente de otros\u00bb. El azar, la buena o la mala suerte, la casualidad, es un tema mayor que estructura su narrativa. Cuando el protagonista Marc\/Phileas se lleva las cajas que le dej\u00f3 su t\u00edo como herencia \u2013la biblioteca\u2013, nos cuenta c\u00f3mo, apil\u00e1ndolas, las convirti\u00f3 en muebles. Es algo ingenioso y extravagante, pero no lejano. Es algo que nosotros, en su situaci\u00f3n, tambi\u00e9n hubi\u00e9ramos hecho. Pero lo que logra Auster, en un mismo movimiento de l\u00e1piz de escritor, es hacer aparecer lo excepcional como una continuaci\u00f3n natural de lo anterior y, por lo tanto, transmite la seguridad de que es algo que nosotros tambi\u00e9n hubi\u00e9ramos hecho o pensado: instalarnos en la cama y saber que nuestros sue\u00f1os descansar\u00edan sobre la literatura norteamericana del siglo XIX, por ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-d370bff611813ae3a04a0498dbd59e82 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Es que la literatura de Auster est\u00e1 sembrada de peque\u00f1as ideas interesantes, cosas dichas de paso, sin bombos ni platillos. No es de los que piensan que cada peque\u00f1a idea tiene que ser explotada al m\u00e1ximo, sino que ya vendr\u00e1n otras, tantas que pueden, incluso, ser malgastadas como un apunte lateral de un personaje. Yo creo que es por eso que lo queremos como si fuera un amigo verborr\u00e1gico al que tenemos el privilegio de acompa\u00f1ar a un largo paseo durante el cual no puede evitar compartir sus asociaciones y pensamientos. Leyendo sus libros, es posible subrayar esas ideas peque\u00f1as, interesantes y generosamente ofrecidas en las p\u00e1ginas. Por ejemplo, la idea de que el precio de un libro deber\u00eda ser proporcional a su valor literario: \u00abUn Homero con las esquinas levantadas era m\u00e1s valioso que un Virgilio impecable, por ejemplo; tres vol\u00famenes de Descartes, menos que uno de Pascal\u00bb. Es una idea c\u00f3mica, pero que sirve para trazar la diferencia entre el librero, que le compra los libros como mercanc\u00eda, y \u00e9l, para quien los libros son otra cosa. O la idea, adjudicada a Victor, de que un beisbolista llamado Glen Hobbie \u00abnunca triunfar\u00eda como lanzador porque su nombre implicaba falta de profesionalidad\u00bb. Un determinismo nomencl\u00e1tor que podr\u00eda suscribir, con entusiasmo, Darwin Desbocatti.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-0b722f243994ee29bb727e8dd46c8807 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Tal vez ahora no nos parezca, pero lo cierto es que pasaron muchos a\u00f1os antes de que pudi\u00e9ramos leer la <em>Trilog\u00eda de Nueva York<\/em>. Si no me salen mal las cuentas, el desembarco de Auster en Montevideo fue as\u00ed:<em> El palacio de la luna <\/em>(1990), <em>La m\u00fasica del azar<\/em> (1991), <em>Leviat\u00e1n<\/em> (1993), <em>La invenci\u00f3n de la soledad y El cuaderno roj<\/em>o (1994), <em>Mr. V\u00e9rtigo <\/em>(1995) y, reci\u00e9n en 1997, <em>La trilog\u00eda de Nueva York<\/em>, seguida al a\u00f1o siguiente de <em>A salto de mata<\/em>. <sup class='footnote'><a href='https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=41242#fn-41242-9' id='fnref-41242-9' onclick='return fdfootnote_show(41242)'>9<\/a><\/sup> All\u00ed se cierra lo mejor de su obra, que abarca una d\u00e9cada. Con <em>Tombuct\u00fa<\/em> Auster perdi\u00f3 lectores, a los que, en consecuencia, se les escap\u00f3 la posibilidad de leer algunos libros todav\u00eda meritorios. A lo mejor, ahora que la muerte lo ha alcanzado y ya lo empezamos a extra\u00f1ar, podemos emprender el retorno: empezar por <em>Baumgartner<\/em>, la novela que escribi\u00f3 durante su estad\u00eda en Cancerlandia, como la llamaba Hustvedt, e ir hacia atr\u00e1s, como Benjamin Button, como <em>La flecha del tiempo<\/em> de Amis, hasta llegar a <em>La invenci\u00f3n de la soledad<\/em> y a la muerte del padre. Por el camino nos vamos a encontrar, por ejemplo, con <em>El libro de las ilusiones<\/em>, con la improbable biograf\u00eda de Stephen Crane, con <em>Brooklyn Follie<\/em>s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color has-link-color wp-elements-4412eab3f0827dd06b2c94215ad4997f wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\">Los libros de Auster nos invitan, siempre, a entrar en lo que podr\u00eda describirse como \u00abuna vida corriente extraordinaria\u00bb. No son alegres, sino, m\u00e1s bien, sombr\u00edos; no se caracterizan por el sentido del humor, pero, sobre todo, son libros que, escritos en una \u00e9poca en la que reinaba la iron\u00eda, la dejaron elegantemente afuera y sin alharaca. Quiz\u00e1s por eso hay en ellos una especie de bondad y de respeto humanos, de parte de un escritor que no se consideraba m\u00e1s inteligente que sus lectores. Quiz\u00e1s por eso entramos a sus libros tranquilos y desarmados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-link-color wp-elements-41996f3e46c5bede901fd278ddd98315 wp-block-paragraph\" style=\"color:#010000\"><strong>Notas<\/strong><\/p>\n\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fue uno de los escritores estadounidenses m\u00e1s queridos y respetados de finales del siglo XX y uno de los pocos en adquirir ese estatus de estrella tan elusivo a los literatos. Paul Auster ha muerto; bien vale la pena mirar atr\u00e1s y echar un vistazo a su legado.<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":41250,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[703609785],"tags":[703610253,703610256,703610255,703610257,703610252],"class_list":["post-41242","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lecturas","tag-carver","tag-el-palacio-de-la-luna","tag-exhumacion","tag-la-trilogia-de-nueva-york","tag-tombuctu","fallback-thumbnail"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Auster12052024-4157559928-e1715538389346.jpg?fit=1048%2C534&ssl=1","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-aJc","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/41242","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=41242"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/41242\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":41251,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/41242\/revisions\/41251"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/41250"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=41242"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=41242"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=41242"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}