{"id":4069,"date":"2017-12-15T20:39:08","date_gmt":"2017-12-15T20:39:08","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4069"},"modified":"2017-12-15T20:39:08","modified_gmt":"2017-12-15T20:39:08","slug":"colombia-san-carlos-el-pueblo-donde-conviven-los-enemigos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=4069","title":{"rendered":"Colombia &#8211; San Carlos: el pueblo donde conviven los enemigos"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Colombia<\/strong><\/h3>\n<h3><strong>La paz imperfecta<\/strong><\/h3>\n<h3><strong>San Carlos, el pueblo colombiano donde conviven los enemigos<\/strong><\/h3>\n<p><strong>A 100 kil\u00f3metros de Medell\u00edn est\u00e1 uno de los municipios m\u00e1s afectados por el enfrentamiento entre la guerrilla y los paramilitares. Entre 1998 y 2005, el 70 por ciento de sus habitantes huy\u00f3. Despu\u00e9s de a\u00f1os de masacres y desapariciones, los sancarlitanos se enfrentan hoy a la reconciliaci\u00f3n en tiempos de paz.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Alejandra S\u00e1nchez Inzunza y Jos\u00e9 Luis Pardo Veiras, desde San Carlos <\/strong><\/p>\n<p><strong>New York Times, edici\u00f3n en espa\u00f1ol, 14-12-2017 <\/strong><strong><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/\">https:\/\/www.nytimes.com\/es\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Antes de terminar su caf\u00e9, \u00c1ngela Moreno, una activista mulata de 44 a\u00f1os, baj\u00f3 la cabeza y susurr\u00f3: \u201cEse es el hombre que mat\u00f3 a mi hermano\u201d.<\/p>\n<p>Hab\u00eda lanzado una mirada furtiva a un hombre mayor que ella que caminaba cerca de la plaza de San Carlos, un municipio de 16.000 habitantes a unos 100 kil\u00f3metros de Medell\u00edn en el que los dos hab\u00edan crecido y conocido la guerra.<\/p>\n<p>Cuando el presunto asesino de su hermano se alejaba, \u00c1ngela, que ayuda a sus paisanos a convivir despu\u00e9s de la guerra, se retorci\u00f3 en su silla y dijo: \u201cPuede que alg\u00fan d\u00eda hable con \u00e9l, pero a estas alturas del conflicto no creo que los grupos armados sean los \u00fanicos actores. El solo hecho de permitir que pasara lo que pas\u00f3 nos hace actores del conflicto a todos, todos, todos\u201d.<\/p>\n<p>Era un viernes de agosto y los habitantes de las veredas llenaban la plaza para comprar v\u00edveres donde hasta hace una d\u00e9cada hab\u00eda vac\u00edo: el 70 por ciento de los sancarlitanos hab\u00eda huido del terror de los grupos guerrilleros y los paramilitares.<\/p>\n<p>La noche anterior, \u00c1ngela estaba sentada en otra terraza de la plaza cuando un exparamilitar se acerc\u00f3 para contarle qui\u00e9n hab\u00eda matado a su hermano Nodier Moreno \u2014el tercero de los cuatro hermanos que le quit\u00f3 la guerra\u2014, hac\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os: le dijo que a Nodier le hab\u00edan disparado despu\u00e9s de raparle la cabeza porque no acept\u00f3 la oferta forzosa de reclutamiento de los paramilitares. Y que quien lo mat\u00f3 fue ese vecino que ella conoc\u00eda desde ni\u00f1a.<\/p>\n<p>Hace m\u00e1s de una d\u00e9cada que la guerra en San Carlos no se ve pero se recuerda. O, en algunos casos, se evita recordar. Los sancarlitanos han desarrollado dos memorias: la de la vida tranquila de un pueblo en el oriente del departamento de Antioquia y la de tres d\u00e9cadas de guerra.<\/p>\n<p>Entre 1998 y 2005, en los a\u00f1os m\u00e1s duros del conflicto en San Carlos, cerca de 18.000 personas abandonaron el municipio, convirtiendo a la regi\u00f3n en una de las cinco con mayor n\u00famero de desplazados en Colombia.<\/p>\n<p>Hoy, por su plaza de baldosas color ladrillo cruza gente de maneras sencillas y traumas complejos: Betty Loaiza, una profesora rural que se comi\u00f3 una hoja de un cuaderno con una lista llena de nombres delante del comandante paramilitar que hab\u00eda dado la orden de matarla; Judith Flores, que buscaba cad\u00e1veres con un grupo de mujeres porque si lo hac\u00edan los hombres los mataban;\u00a0 don Adolfo Urrea, un anciano que perdi\u00f3 un brazo por la explosi\u00f3n de un coche bomba de la guerrilla; Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez, un exparamilitar que se desmoviliz\u00f3 en 2005 y ahora trabaja en el \u00fanico billar del pueblo.<\/p>\n<p>A unas cuadras de la plaza, en una casa colonial, vive Herminia Casta\u00f1o, una mujer que entre 1998 y 2005 compr\u00f3 en secreto decenas de peri\u00f3dicos cuando no se vend\u00eda prensa en el pueblo \u2014porque los diarios no llegaban o porque los quemaban al llegar\u2014 porque ten\u00eda miedo de que nadie se acordara de los 1250 homicidios, las 327 v\u00edctimas por minas antipersona, las 210 desapariciones forzadas, las 12 v\u00edctimas de violencia sexual y las 33 masacres que, seg\u00fan el Centro de Acercamiento, Reconciliaci\u00f3n y Reparaci\u00f3n (CARE) del municipio, se produjeron en los a\u00f1os en los que San Carlos se convirti\u00f3 casi en un pueblo fantasma.<\/p>\n<p>Ahora, v\u00edctimas y asesinos toman caf\u00e9 y comentan los chismes del pueblo mientras construyen la paz y lidian con su guerra interna.<\/p>\n<p><strong>\u2018\u00bfUsted por qu\u00e9 me va a matar?\u2019<\/strong><\/p>\n<p>El padre de \u00c1ngela Moreno tuvo once hijos y dos de ellos nacieron el mismo d\u00eda en la casa familiar: uno era hijo de su esposa, otro de su cu\u00f1ada. Su suegra atendi\u00f3 los dos partos. Con el tiempo, uno se hizo conductor de autob\u00fas y result\u00f3 herido en un atentado de un grupo guerrillero; el otro, Gildardo, el hijo de la cu\u00f1ada, ser\u00eda el primero de la familia en morir asesinado.<\/p>\n<p>Pero hasta los a\u00f1os setenta, para los hermanos la guerra solo era una historia que contaba la abuela sobre La Violencia, la lucha entre conservadores y liberales que en d\u00e9cadas anteriores hab\u00eda dejado unos 200.000 muertos en Colombia.<\/p>\n<p>\u00c1ngela Moreno recuerda que fue despu\u00e9s de la muerte de su padre, cuando ella todav\u00eda era una ni\u00f1a y ya se encargaba de muchos quehaceres de la casa, que empez\u00f3 a escuchar historias presentes de violencia. Una gran hidroel\u00e9ctrica hab\u00eda llegado al municipio y tres de sus hermanos empezaron a trabajar para la empresa, que se convirti\u00f3 en la principal fuente de trabajo.<\/p>\n<p>Los sacerdotes advert\u00edan a los fieles que ten\u00edan que cuidar el pueblo, porque la vida sencilla de San Carlos en la que los ni\u00f1os chapoteaban en los charcos y jugaban con cartones en los montes ajenos al peligro, se iba a acabar. Llegaron los trabajadores extranjeros. Lleg\u00f3 el dinero. Y llegaron los grupos armados: primero el ELN, la d\u00e9cada siguiente las FARC y, desde los a\u00f1os noventa, los grupos paramilitares.<\/p>\n<p>Muchos sancarlitanos denuncian que, a medida que la violencia iba asfixiando al municipio, el ej\u00e9rcito pas\u00f3 del abuso de poder al asesinato de civiles que hac\u00edan pasar por guerrilleros y, despu\u00e9s, a la connivencia con los paramilitares.<\/p>\n<p>Una noche de 1991, cuando la familia velaba a la abuela en la casa, \u00c1ngela escuch\u00f3 un grito: \u201c\u00a1Gildardo!\u201d. Era de madrugada y todos los asistentes al velorio salieron a la calle, donde encontraron el cad\u00e1ver de su hermanastro. Una cuadrilla del MAS (Muerte a Secuestradores), un grupo paramilitar creado con el dinero del Cartel de Medell\u00edn, hab\u00eda llegado a la ciudad. Le preguntaron a Gildardo Moreno por el paradero de un guerrillero. \u201c\u00bfYo qu\u00e9 hijueputas voy a saber?\u201d, respondi\u00f3. Le pegaron un tiro. El cuerpo qued\u00f3 en la calle hasta el amanecer y la familia volvi\u00f3 a velar a la abuela.<\/p>\n<p>\u201cAl principio la guerrilla era sana, nunca pensamos que \u00edbamos a llegar a esto, pero nos equivocamos. Despu\u00e9s pensaba: \u2018Mi familia no ha hecho nada malo, \u00bfpor qu\u00e9 nos iban a hacer algo?\u2019 Y, otra vez, nos equivocamos demasiado\u201d, dice Angela Moreno.<\/p>\n<p>Los grupos paramilitares no tomar\u00edan el control del pueblo hasta unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, pero la violencia ya se engendraba en el monte. \u00c1ngela Escudero, una mujer rolliza que ha enterrado a su marido y a uno de sus hijos, cont\u00f3 c\u00f3mo las FARC y el ELN llevaban d\u00e9cadas instalados cerca de Dos Quebradas, una de las 76 veredas del municipio de San Carlos. En los noventa empezaron los asesinatos selectivos.<\/p>\n<p>\u201cEn diez a\u00f1os mataron a siete personas\u201d, dijo Escudero. \u201cPor sospechas, vicios o chismes de vecinos\u201d. La guerra tambi\u00e9n se utilizaba para resolver problemas personales. A uno lo acusaban de guerrillero y los paramilitares lo desaparec\u00edan. Tambi\u00e9n ocurr\u00eda en el otro sentido. Dar un vaso de agua a un enemigo en un territorio controlado pod\u00eda causar la muerte.<\/p>\n<p>En Dos Quebradas, una finca comunitaria que depend\u00eda de su ganado, esto comenz\u00f3 el 31 de octubre de 2001 cuando la guerrilla les rob\u00f3 entre ochenta y cien vacas. \u201cSobrevivimos de milagro\u201d, coment\u00f3 Escudero. La comunidad, en aquel entonces de unas cincuenta familias, empez\u00f3 a sembrar pl\u00e1tano, yuca y caf\u00e9 para mantenerse. \u201cCuando las autodefensas llegaron a San Carlos, la guerrilla nos amenaz\u00f3 y nos prohibi\u00f3 llevar productos all\u00e1 porque era ir a alimentar a los contrarios. Nosotros no entend\u00edamos de esa guerra. Solo entend\u00edamos de trabajar\u201d.<\/p>\n<p>En 2002, la guerrilla mat\u00f3 a su esposo por ser el l\u00edder de la comunidad.<\/p>\n<p>En las veredas contiguas se escuchaba de masacres y las Autodefensas Unidas de Colombia empezaban a incursionar en la zona y pintaban las paredes con sus siglas. \u201cNosotros borr\u00e1bamos todas las letras, tanto de las guerrillas como de los paramilitares. Era una manera de decir \u2018No estamos con nadie\u2019\u201d, dijo Escudero.<\/p>\n<p>Ella llevaba productos al pueblo a pesar de la prohibici\u00f3n. Algunas familias aprovechaban la noche para escapar. Unas treinta veredas del municipio de San Carlos quedaron abandonadas y en otras veinte solo quedaron un pu\u00f1ado de personas. Todav\u00eda es com\u00fan ver las casas vac\u00edas de los que nunca regresaron.<\/p>\n<p>El 16 de enero de 2003, Escudero fue a San Carlos para matricular a uno de sus hijos en un hogar juvenil porque en las veredas muchos j\u00f3venes eran reclutados por las FARC. Cuando lleg\u00f3 al pueblo se encontr\u00f3 con decenas de hombres camuflados. Entr\u00f3 a su casa y se sent\u00f3 en la cama con su otro hijo de 10 a\u00f1os desde donde escuchaba las r\u00e1fagas de las metralletas. Ese d\u00eda mataron a casi todos los hombres y a cinco mujeres. En las veredas contiguas, Dinamarca y la Tupida, tambi\u00e9n hubo masacres.<\/p>\n<p>Entre los muertos estaba su hijo de 17 a\u00f1os: \u201c\u00c9l se fue a otra vereda a una oraci\u00f3n. Se qued\u00f3 con unos amiguitos ah\u00ed compartiendo cuando lleg\u00f3 la guerrilla y masacr\u00f3 a los ni\u00f1os\u201d, cuenta Escudero. Aquella noche, los habitantes de Dos Quebradas se fueron. \u201c\u00bfQu\u00e9 \u00edbamos a hacer con una serie de muertes, con tantas amenazas? Entonces dijimos: \u2018Organic\u00e9monos y v\u00e1monos todos a San Carlos a ver qu\u00e9 hacen con nosotros\u2019\u201d.<\/p>\n<p>En San Carlos, los paramilitares ya controlaban el pueblo. Betty Loaiza, una maestra rural, recordaba la primera incursi\u00f3n del grupo paramilitar Bloque Metro en 1998: \u201cEntraron armados y uniformados. Si tocaban la puerta y alguien sal\u00eda, se lo llevaban para el coliseo, ah\u00ed empezaron a clasificar gente para matarla\u201d.<\/p>\n<p>Esa vez las autodefensas reunieron a unos mil hombres. Ten\u00edan listas con nombres y le ped\u00edan a cada uno su c\u00e9dula para confirmar si hab\u00eda que matarlo o no. El mismo d\u00eda, a unos pocos kil\u00f3metros all\u00ed, en la vereda La Holanda, asesinaron a trece personas y quince m\u00e1s desaparecieron. Fue el comienzo del terror sistem\u00e1tico con el que operaron los paramilitares.<\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed, las llamadas \u201crutas del terror\u201d \u2014recorridos en los que los paramilitares dejaban una estela de muerte por las veredas\u2014, las listas y las masacres p\u00fablicas se hicieron comunes en el pueblo. Los asesinos dejaban los cuerpos en las calles o en medio del monte.<\/p>\n<p>\u201cLleg\u00f3 un momento tan horrible que los hombres no pod\u00edan ni recoger los cuerpos porque tambi\u00e9n los mataban, entonces se form\u00f3 un grupo de mujeres voluntarias que se encargaba de enterrar a los muertos\u201d, dijo Judith Flores, que fue una de las llamadas Damas de Negro. \u201cA nosotras no nos tiraban\u201d.<\/p>\n<p>Judith Flores fue una de las llamadas Damas de Negro: un grupo de mujeres voluntarias que se encargaba de enterrar a los muertos, ya que los hombres no pod\u00edan recoger los cuerpos porque tambi\u00e9n los mataban. Credit Federico Rios Escobar para The New York Times<\/p>\n<p>La cercan\u00eda con la muerte tambi\u00e9n se convierte en h\u00e1bito. Antes de pagar la factura de la luz cerca de la plaza, Flores cont\u00f3 que las FARC le asesinaron a su primer marido y los paramilitares al segundo: \u201cCon ese me hicieron un favor\u2026 porque viv\u00edamos muy mal\u201d.<\/p>\n<p>Los que se quedaron en San Carlos durante esos a\u00f1os, como la maestra Betty Loaiza, fueron conocidos como los Resistentes. A pesar de ver a sus vecinos marcharse, de encontrarse con muertos en su camino a la escuela, de que su hermano fuera desaparecido en 2002 y de saber que su nombre estaba en una lista de gente para ser asesinada, Loaiza se negaba a dejar su casa.<\/p>\n<p>\u201cYo no hab\u00eda hecho nada malo. \u00bfPor qu\u00e9 me iba a ir? Yo dije: \u2018No, lo que tengo que hacer es hablar con quien me va a matar\u2019\u201d. La maestra se llev\u00f3 una virgen y se fue a hablar con el l\u00edder paramilitar. \u201cYo me confi\u00e9 en Dios y le dije: \u2018\u00bfUsted por qu\u00e9 me va a matar?\u2019\u201d.<\/p>\n<p>El jefe la mir\u00f3 sonriendo y le explic\u00f3 que ella estaba en la lista por darle clases a los hijos de guerrilleros. Loaiza cuenta que le explic\u00f3 que ella ense\u00f1aba a ni\u00f1os sin importar de d\u00f3nde fueran, mientras \u00e9l le mostraba un cuaderno que ten\u00eda en la mano. \u201cEstaba lleno de gente para matar, eso era impresionante, con nombre y c\u00e9dula de cada uno\u201d. El jefe tuvo una concesi\u00f3n con ella y la dej\u00f3 arrancar la hoja en la que estaba su nombre. A ella solo se le ocurri\u00f3 com\u00e9rsela por pedacitos.<\/p>\n<p><strong>\u2018Yo nunca sent\u00ed odio\u2019<\/strong><\/p>\n<p>A mediados del a\u00f1o 2000, los paramilitares le advirtieron a Ana Vel\u00e1squez y al resto de los habitantes que ten\u00edan tres d\u00edas para abandonar Saman\u00e1, el corregimiento donde ella so\u00f1aba que iba a envejecer entre plantaciones de ma\u00edz, frijol y gallinas y ganado.<\/p>\n<p>Vel\u00e1squez recogi\u00f3 sus cosas y se llev\u00f3 a sus ocho hijos a Medell\u00edn. Saman\u00e1 qued\u00f3 casi vac\u00edo. Cuando lleg\u00f3 a la ciudad, su marido, que se hab\u00eda ido un a\u00f1o antes tambi\u00e9n amenazado, estaba con otra mujer. Busc\u00f3 trabajo, pero no sab\u00eda hacer otra cosa que no fueran las tareas del campo. Algunos d\u00edas cog\u00eda un autob\u00fas y deambulaba durante horas en la ciudad sin destino. Por eso decidi\u00f3 volver al municipio, aunque la guerra no hab\u00eda acabado.<\/p>\n<p>Unos meses despu\u00e9s de regresar estall\u00f3 una bomba y su hijo m\u00e1s peque\u00f1o se meti\u00f3 debajo de la cama mientras gritaba: \u201cMam\u00e1, \u00bfpor qu\u00e9 me ha tra\u00eddo a este pueblo otra vez?\u201d.<\/p>\n<p>Vel\u00e1squez se fue a vivir a otra veredas y solo regres\u00f3 a Saman\u00e1 una vez. La \u00faltima imagen que vio fue la de un cami\u00f3n con cad\u00e1veres, incluido el de uno de sus hermanos y un t\u00edo. El 10 de julio de 2004, las FARC masacraron a siete campesinos que hab\u00edan vuelto para recuperar sus tierras. Al a\u00f1o siguiente, la mayor\u00eda de los paramilitares de la regi\u00f3n se acogi\u00f3 al proceso de desmovilizaci\u00f3n y finaliz\u00f3 el periodo m\u00e1s crudo de la guerra.<\/p>\n<p>\u201cLo peor despu\u00e9s de la guerra es que hemos perdido la confianza con el vecino y para la gente como mi padre, un tiempo que no tienen y eso es irrecuperable\u201d, dijo Vel\u00e1squez en la plaza del pueblo. \u201cA veces me siento forastera\u201d.<\/p>\n<p>El retorno de los Vel\u00e1squez, como el de todo el municipio, fue un regreso a medias. Su padre, un hombre anciano y enfermo que vive en casa de un hermano en Medell\u00edn, quiere volver al campo, pero no tiene ad\u00f3nde regresar.<\/p>\n<p>\u201cEst\u00e1 encerrado y lo \u00fanico que quiere es pasar sus \u00faltimos d\u00edas en el campo. Pero \u00e9l vendi\u00f3 sus tierras despu\u00e9s de la muerte de mi hermano y mi t\u00edo porque pensaba que nunca podr\u00eda volver. Yo no quiero dinero\u201d, dijo Vel\u00e1zquez. \u201cYo lo que quiero es un pedacito de tierra para mi padre\u201d. Ella, que ahora coordina una asociaci\u00f3n de mujeres del campo retornadas, calculaba que, de las 85 integrantes de la asociaci\u00f3n, unas 50 est\u00e1n sin tierra.<\/p>\n<p>A Judith Flores las Farc le mataron al primer marido; los paramilitares, al segundo. Credit Federico Rios Escobar para The New York Times<\/p>\n<p>Hace m\u00e1s de una d\u00e9cada que la guerra no se ve en la plaza de San Carlos, pero en las veredas la recuerdan las casas vac\u00edas de la gente que nunca regres\u00f3. Hasta 2011, el periodo en el que se produjo el regreso m\u00e1s grande, hab\u00edan retornado 9000 personas al municipio, poco m\u00e1s de la mitad de los que huyeron de la guerra.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de contarle a \u00c1ngela la verdad sobre el asesinato de su hermano, el exparamilitar acept\u00f3 ser entrevistado a cambio del anonimato.<\/p>\n<p>Aparc\u00f3 su mototaxi y se dirigi\u00f3 a las oficinas del Centro de Acercamiento, Reconciliaci\u00f3n y Reparaci\u00f3n (CARE), ubicado en lo que durante los a\u00f1os duros de la guerra era el Hotel Punchin\u00e1 y fue utilizado como sede paramilitar.<\/p>\n<p>Pastora Mira, una mujer a la que le asesinaron a su padre y a dos hijos, le desaparecieron a una hija y la amenazaron, es la coordinadora del centro que funciona en lo que, en otra \u00e9poca, fue conocido como la Casita del Terror por las torturas, violaciones y asesinatos que se cometieron all\u00ed. La otra integrante de CARE es \u00c1ngela Moreno.<\/p>\n<p>El edificio donde funciona CARE hoy es el s\u00edmbolo de la convivencia en San Carlos, un pueblo que pas\u00f3 de ser ejemplo del horror de la guerra a un ejemplo de que v\u00edctimas y victimarios pueden convivir en el mismo espacio. Porque a\u00fan con la desconfianza, los sancarlitanos ahora hablan, caminan y se mantienen all\u00ed.<\/p>\n<p>Una vez en la oficina, el exparamilitar, un hombre esquel\u00e9tico con el pelo cortado a cepillo y grandes cadenas de oro colg\u00e1ndole en el pecho, cont\u00f3 que hab\u00eda estado veintiocho meses en las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), hasta 2004, cuando pens\u00f3 \u201cque hab\u00eda cumplido un ciclo porque hab\u00edamos limpiado el pueblo\u201d. Se fue de San Carlos, pero volvi\u00f3 cuatro a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Dice que se uni\u00f3 a los paramilitares para \u201cdespojar al pueblo de la opresi\u00f3n\u201d y asegura que hoy puede caminar tranquilo por all\u00ed, a pesar de haber sido parte de un grupo que masacraba a sus vecinos. \u201cHubo muertes que no fueron injustas\u201d, dijo.<\/p>\n<p>Un mes despu\u00e9s de haberse incorporado, el hombre patrullaba con un fusil R15 cuando escuch\u00f3 en la radio que Nodier Moreno, el hermano de \u00c1ngela, hab\u00eda sido asesinado. Dice que sinti\u00f3 un fr\u00edo en el cuerpo desde la cabeza a los pies. \u201cNunca me imagin\u00e9 que el conflicto lo fuera a tocar a \u00e9l\u201d. Durante a\u00f1os, la familia de Moreno pens\u00f3 que \u00e9l hab\u00eda estado involucrado en la muerte de Nodier. Lo evad\u00edan en la calle y un par de veces lo increparon para saber qu\u00e9 hab\u00eda pasado; pero hasta esa tarde de agosto, nunca hab\u00eda contado lo que sab\u00eda.<\/p>\n<p>\u201cSiempre hay tres verdades: la del que supuestamente lo mat\u00f3 o el que dio la orden. La verdad que se llev\u00f3 \u00e9l y la de Dios, que es el \u00fanico que sabe lo que hizo. Anoche ella me pregunt\u00f3 y yo le dije mi verdad, que es la \u00fanica que garantizo\u201d, explic\u00f3 el hombre, que dec\u00eda sentirse sereno tras la conversaci\u00f3n con \u00c1ngela.<\/p>\n<p>En su escritorio, en silencio, \u00c1ngela Moreno presenci\u00f3 la conversaci\u00f3n. Cuando el exparamilitar volvi\u00f3 a su mototaxi, ella dijo: \u201cYo nunca sent\u00ed odio, esto es una paz para las generaciones que vienen, para no repetir la historia\u201d. Su historia dice que la guerra le quit\u00f3 a cuatro hermanos: a Gildardo, primero, en el velorio de la abuela, y en solo tres a\u00f1os, desde 2000 hasta 2003, a Francisco Luis en una masacre de los paramilitares, a Nodier por negarse a ser reclutado y a Sergio en una masacre de las FARC.<\/p>\n<p>Durante los peores a\u00f1os del enfrentamiento entre guerrilleros y paramilitares en Colombia, siete de cada diez sancarlitanos huyeron del municipio para escapar del terror y la violencia. Las casas vac\u00edas de aquellos que nunca regresaron siguen recordando la guerra. Credit Federico Rios Escobar para The New York Times<\/p>\n<p>En aquel tiempo \u00c1ngela tuvo dos hijas. La mayor estudia en Medell\u00edn, la peque\u00f1a vive con ella. En esos d\u00edas preparaba su solicitud para la universidad. Viven en una casa grande, antigua, a pocas cuadras de la plaza del pueblo.<\/p>\n<p>Cuando \u00c1ngela se va de viaje, su hija solo sale de casa para ir al colegio. Es callada, t\u00edmida, le cuesta dar afecto. \u201cYo creo que son traumas, porque a ella la tuve en los peores a\u00f1os del conflicto\u201d. A veces, cuando las dos caminan por la calle, su hija se gira bruscamente y mira hacia atr\u00e1s como si hubiese visto un fantasma.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A 100 kil\u00f3metros de Medell\u00edn est\u00e1 uno de los municipios m\u00e1s afectados por el enfrentamiento entre la guerrilla y los paramilitares. Entre 1998 y 2005, el 70 por ciento de sus habitantes huy\u00f3. Despu\u00e9s de a\u00f1os de masacres y desapariciones, los sancarlitanos se enfrentan hoy a la reconciliaci\u00f3n en tiempos de paz&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"aside","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[],"tags":[17212,44148208,180564,516644],"class_list":["post-4069","post","type-post","status-publish","format-aside","hentry","tag-america-latina","tag-dos-quebradas","tag-medellin","tag-san-carlos","post_format-post-format-aside"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-13D","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4069","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4069"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4069\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4070,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4069\/revisions\/4070"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4069"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4069"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4069"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}