{"id":3491,"date":"2017-09-25T19:17:49","date_gmt":"2017-09-25T19:17:49","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=3491"},"modified":"2017-09-25T19:17:49","modified_gmt":"2017-09-25T19:17:49","slug":"debates-feminismo-y-marxismo-notas-sobre-genero-en-el-capital-de-marx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=3491","title":{"rendered":"Debates &#8211; Feminismo y marxismo: notas sobre g\u00e9nero en El capital de Marx"},"content":{"rendered":"<p><strong>Debates<\/strong><\/p>\n<p><strong>Feminismo y marxismo<\/strong><\/p>\n<p><strong>Notas sobre g\u00e9nero en El capital de Marx<\/strong><\/p>\n<p><strong>Silvia Federici *<\/strong><\/p>\n<p><strong>Viento Sur, 20-9-2017\u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.vientosur.info\/\">http:\/\/www.vientosur.info\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Al tiempo que se renueva el inter\u00e9s en el marxismo y el feminismo y la mirada de Marx sobre \u201cg\u00e9nero\u201d recibe una nueva atenci\u00f3n, emergen nuevos consensos entre las feministas que tambi\u00e9n moldean mi abordaje del tema.1\/ En primer lugar, mientras que en los trabajos tempranos de Marx pueden encontrarse denuncias sobre las desigualdades de g\u00e9nero y el control patriarcal en la familia y en la sociedad, es de com\u00fan acuerdo que \u201cMarx no ten\u00eda mucho para decir sobre el g\u00e9nero y la familia\u201d (Brown, 2012:143)2\/ y que, incluso en El capital,su mirada al respecto debe reconstruirse de observaciones dispersas.<\/p>\n<p>No obstante, el trabajo de Marx ha sido de gran contribuci\u00f3n para el desarrollo de la teor\u00eda feminista, aunque no se basa en su totalidad en sus pronunciamientos directos sobre el tema. No solo su m\u00e9todo hist\u00f3rico materialista ha ayudado a demostrar que las jerarqu\u00edas e identidades gen\u00e9ricas son constructos (Holmstrom, 2002a), sino que su an\u00e1lisis de la acumulaci\u00f3n capitalista y la creaci\u00f3n del valor ha dotado a las feministas de mi generaci\u00f3n con poderosas herramientas para repensar tanto las formas espec\u00edficas de explotaci\u00f3n a las que las mujeres han sido sometidas en la sociedad capitalista como la relaci\u00f3n entre sexo, raza y clase (James, 1975). Sin embargo, el uso que las feministas han hecho de Marx las ha conducido en el mejor de los casos en una direcci\u00f3n diferente de la que \u00e9l traz\u00f3.<\/p>\n<p>Escribir sobre g\u00e9nero en El capital es reconciliarse con dos Marx diferentes y, agrego, dos puntos de vista diferentes sobre g\u00e9nero y la lucha de clases. De acuerdo con esto, se observan dos partes a continuaci\u00f3n. En la primera parte, examino la mirada de Marx sobre el g\u00e9nero tal como la articula en el volumen 1 en su an\u00e1lisis sobre el empleo de mujeres en el trabajo industrial. Tambi\u00e9n comento sus silencios, especialmente en relaci\u00f3n con el trabajo dom\u00e9stico, ya que resultan elocuentes respecto de las inquietudes que estructuraban su pensamiento en el momento en que escribi\u00f3.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, mi idea principal es que Marx no teoriz\u00f3 sobre g\u00e9nero porque, en parte, la \u201cemancipaci\u00f3n de las mujeres\u201d ten\u00eda una importancia perif\u00e9rica en su trabajo pol\u00edtico; es m\u00e1s, \u00e9l naturalizaba el trabajo dom\u00e9stico y, tal como el movimiento socialista europeo en su conjunto, idealizaba el trabajo industrial como la forma normativa de producci\u00f3n social y como potencial nivelador de las desigualdades sociales. Entonces, consideraba que, eventualmente, las distinciones en torno al g\u00e9nero y a la edad se disipar\u00edan. No logr\u00f3 apreciar la importancia estrat\u00e9gica, tanto para el desarrollo del capitalismo como para la lucha en su contra, de la esfera de actividades y relaciones por las cuales se reproducen nuestras vidas y la fuerza de trabajo, comenzando por la sexualidad, la procreaci\u00f3n y, primero y principal, el trabajo dom\u00e9stico no remunerado de las mujeres.<\/p>\n<p>Estos \u201cdescuidos\u201d sobre la importancia del trabajo reproductivo de las mujeres implican que Marx, pese a su condena de las relaciones patriarcales, nos ha dejado un an\u00e1lisis del capital y de clase conducido desde una perspectiva masculina \u2013la del \u201chombre que trabaja\u201d, el asalariado industrial en cuyo nombre se form\u00f3 la Internacional, considerado el portador de la aspiraci\u00f3n universal a la liberaci\u00f3n humana\u2013.<\/p>\n<p>Asimismo, implican que muchos marxistas se han visto justificados en tratar el g\u00e9nero y la raza como tem\u00e1ticas culturales, disoci\u00e1ndolas de la clase, y que el movimiento feminista ha tenido que comenzar con una cr\u00edtica a Marx.<\/p>\n<p>Entonces, mientras este art\u00edculo se enfoca en el tratamiento del g\u00e9nero en el gran texto de Marx, en la segunda parte reviso brevemente la reconstrucci\u00f3n de las categor\u00edas de Marx desarrollada por las feministas en la d\u00e9cada de 1970, especialmente en el \u201cMovimiento a favor del Salario por el Trabajo Dom\u00e9stico\u201d, del cual fui parte. Sostengo que estas feministas encontraron en Marx el fundamento para una teor\u00eda feminista centrada en la lucha de las mujeres en contra del trabajo dom\u00e9stico no remunerado porque le\u00edmos su an\u00e1lisis del capitalismo de modo pol\u00edtico, que proven\u00eda de la experiencia personal directa, en busca respuestas para nuestro rechazo de las relaciones dom\u00e9sticas. En aquel entonces pudimos llevar la teor\u00eda de Marx a lugares donde Marx hab\u00eda permanecido oculto. A la vez, leer a Marx en clave pol\u00edtica revel\u00f3 las limitaciones de su marco te\u00f3rico, lo cual demostr\u00f3 que una perspectiva feminista anticapitalista no puede ignorar su trabajo, al menos mientras el capitalismo sea el modo de producci\u00f3n dominante (Gimenez, 2005: 11-12), pero debe ir m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l.<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Marx y el g\u00e9nero en el \u00e1rea de producci\u00f3n industrial<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Los l\u00edmites del trabajo de Marx sobresalen de modo claro en el volumen 1 de El capital, ya que all\u00ed examina por primera vez la cuesti\u00f3n de \u201cg\u00e9nero\u201d no en relaci\u00f3n con la subordinaci\u00f3n de las mujeres dentro de la familia burguesa, sino respecto de las condiciones del trabajo fabril de la mujer en la revoluci\u00f3n industrial. Esta era la \u201cquerella de las mujeres\u201d de la \u00e9poca,3\/ en ambos lados del canal, en contra de la cual economistas, pol\u00edticos y fil\u00e1ntropos clamaban por la destrucci\u00f3n de la vida familiar que produc\u00eda, la nueva independencia que confer\u00eda a las mujeres, y su contribuci\u00f3n a la protesta de los trabajadores, expresada en en el ascenso de sindicatos y el cartismo.<\/p>\n<p>Por lo tanto, para el momento que Marx comenz\u00f3 a escribir, las reformas ya estaban en marcha, y contaba con copiosa literatura sobre el tema, que consist\u00eda en informes de los inspectores fabriles que, en la d\u00e9cada de 1840, el gobierno ingl\u00e9s empleaba para que se cumpliera el l\u00edmite impuesto a las horas de trabajo de mujeres y ni\u00f1os.4\/<\/p>\n<p>El volumen 1 cita p\u00e1ginas enteras de estos informes, especialmente en los cap\u00edtulos sobre \u201cLa jornada de trabajo\u201d y \u201cMaquinaria y gran industria\u201d, que ilustran las tendencias estructurales de la producci\u00f3n capitalista \u2013las tendencias a extender las horas de trabajo hasta el l\u00edmite de la resistencia f\u00edsica de los trabajadores, a devaluar la fuerza de trabajo, a extraer el m\u00e1ximo de trabajo del n\u00famero m\u00ednimo de trabajadores\u2013 y denuncian los horrores a los que mujeres y ni\u00f1os eran sometidos en cada etapa del desarrollo industrial.<\/p>\n<p>Ellos nos informan sobre las costureras que mor\u00edan por exceso de trabajo y falta de aire y alimento (Marx, 1995: 198), sobre muchachas que trabajaban sin alimentarse catorce horas por d\u00eda, o que se arrastraban semidesnudas en las minas para llevar el carb\u00f3n a la superficie, sobre ni\u00f1os a los que a medianoche se los sacaba de su cama \u201cy se les obliga a trabajar para ganarse un m\u00edsero sustento\u201d (ib\u00edd.: 188): \u201cse llevaba a los ni\u00f1os al matadero\u201d ( Ib\u00edd.: 233) [donde\/ m\u00e1quinas vamp\u00edricas consum\u00edan sus vidas \u201cmientras que quede un m\u00fasculo, un tend\u00f3n, una gota de sangre que chupar\u201d (ib\u00edd.: 241).<\/p>\n<p>Debe reconocerse que pocos escritores pol\u00edticos han descripto sin hacer concesiones, como lo ha hecho Marx, la brutalidad del sistema capitalista \u2013por fuera de la esclavitud\u2013. Particularmente impresionante es su denuncia de la barbarie de la explotaci\u00f3n del trabajo infantil, sin par en la literatura marxista. Pero pese a su elocuencia, su explicaci\u00f3n es m\u00e1s descriptiva que anal\u00edtica y llama la atenci\u00f3n la ausencia de la discusi\u00f3n de las problem\u00e1ticas de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>No se nos informa, por ejemplo, c\u00f3mo el empleo de mujeres y ni\u00f1os en las f\u00e1bricas afect\u00f3 las luchas de los trabajadores, qu\u00e9 debates motiv\u00f3 en sus organizaciones, o c\u00f3mo afect\u00f3 las relaciones entre mujeres y hombres. Tenemos, en cambio, varios comentarios moralistas tales como que el trabajo fabril degradaba el \u201ccar\u00e1cter moral\u201d de las mujeres al promover conductas \u201cpromiscuas\u201d y las hac\u00eda descuidar sus deberes maternales. Casi nunca se retratan mujeres como actores capaces de pelear por s\u00ed mismas.5\/ Generalmente, aparecen como v\u00edctimas, aunque sus contempor\u00e1neos notaron su independencia, su conducta estrepitosa y su capacidad de defender sus intereses en contra de los intentos por parte de los due\u00f1os de las f\u00e1bricas de reformar sus costumbres.6\/<\/p>\n<p>En la explicaci\u00f3n de Marx sobre el g\u00e9nero en el \u00e1rea de producci\u00f3n tambi\u00e9n falta un an\u00e1lisis de la crisis que la extinci\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico en las comunidades proletarias provoc\u00f3 a favor de la expansi\u00f3n de relaciones capitalistas, y el dilema que el capital enfrent\u00f3 \u2013en aquel momento como en la actualidad\u2013 respecto del lugar \u00f3ptimo y del uso del trabajo de las mujeres. Estos silencios son especialmente significativos ya que los cap\u00edtulos que mencion\u00e9 son los \u00fanicos en los que las problem\u00e1ticas en torno a las relaciones de g\u00e9nero tienen presencia.<\/p>\n<p>Las problem\u00e1ticas de g\u00e9nero tienen un lugar marginal en El capital. En un texto de tres vol\u00famenes de miles de p\u00e1ginas, solo unas cien refieren a la familia, la sexualidad, el trabajo de las mujeres, y estas son observaciones al pasar. Faltan referencias al g\u00e9nero incluso donde m\u00e1s se las espera, como en los cap\u00edtulos sobre la divisi\u00f3n social del trabajo o sobre los salarios.<\/p>\n<p>Solo al final del cap\u00edtulo \u201cMaquinaria y gran industria\u201d encontramos algunas pistas sobre pol\u00edticas de g\u00e9nero que sabemos que Marx defend\u00eda en su quehacer pol\u00edtico, como secretario de la Primera Internacional, en calidad de lo cual se opuso a los intentos de excluir a las mujeres del trabajo fabril.7\/ Esto es coherente con su creencia de toda la vida de que el capitalismo \u2013pese a toda su violencia y brutalidad\u2013 era un mal necesario y una fuerza progresiva, dado que el verdadero capitalista obliga a [\u2026] desarrollar las fuerzas sociales productivas y a crear las condiciones materiales de producci\u00f3n que son la \u00fanica base real para una forma superior de sociedad cuyo principio fundamental es el desarrollo pleno y libre de todos los individuos (Marx, 1995: 499; cursivas en el original).<\/p>\n<p>Aplicado al g\u00e9nero, esto significaba que, al \u201cliberar\u201d el trabajo de las limitaciones de la especializaci\u00f3n y de la necesidad de la fuerza f\u00edsica, y al incorporar a mujeres y ni\u00f1os en la producci\u00f3n social, el desarrollo capitalista y la industrializaci\u00f3n en particular allanaban el camino para relaciones de g\u00e9nero m\u00e1s igualitarias. Por un lado, liberaban a las mujeres y ni\u00f1os de la dependencia personal y explotaci\u00f3n parental de su trabajo \u2013distintivas de la industria nacional\u2013; por otro, les permit\u00eda participar en igualdad de condiciones con los hombres en la producci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Tal como \u00e9l lo plantea al discutir la introducci\u00f3n de la educaci\u00f3n b\u00e1sica para los ni\u00f1os que trabajaban en la f\u00e1brica:<\/p>\n<p>Y, por muy espantosa y repugnante que nos parezca la disoluci\u00f3n de la antigua familia dentro del sistema capitalista, no es menos cierto que la gran industria, al asignar a la mujer, al joven y al ni\u00f1o de ambos sexos un papel en los procesos socialmente organizados de la producci\u00f3n, arranc\u00e1ndolos con ello [de] la \u00f3rbita dom\u00e9stica, crea las nuevas bases econ\u00f3micas para una forma superior de familia y de relaciones entre ambos sexos (ib\u00edd.: 410).<\/p>\n<p>C\u00f3mo ser\u00eda esta nueva familia, c\u00f3mo reconciliar\u00eda \u201cproducci\u00f3n con reproducci\u00f3n\u201d no es algo que Marx investigue. Solo agreg\u00f3 con cautela que:<\/p>\n<p>la existencia de un personal obrero combinado, en el que entran individuos de ambos sexos y de las m\u00e1s diversas edades \u2013aunque hoy, en su forma primitiva y brutal, en que el obrero existe para el proceso de producci\u00f3n y no este para el obrero, sea fuente apestosa de corrupci\u00f3n y esclavitud\u2013, bajo las condiciones que corresponden a este r\u00e9gimen se trocar\u00e1 necesariamente en fuente de progreso humano (\u00edd.).<\/p>\n<p>Para la suposici\u00f3n de Marx de que el desplazamiento de lo dom\u00e9stico a la gran escala industrial producir\u00eda una sociedad m\u00e1s humana era clave, indudablemente, aunque no se articulara de manera expl\u00edcita, la idea (a la que \u00e9l retornaba en varias secciones de El capital) de que el trabajo industrial es m\u00e1s que un multiplicador del poder de producci\u00f3n y (supuesto) garante de la abundancia social. Es \u2013potencialmente\u2013 el creador de un tipo diferente de asociaci\u00f3n cooperativa y de un tipo diferente de ser humano, libre de la dependencia personal y no \u201cdeterminado\u201d para un tipo particular de habilidades, capaz, por lo tanto, de involucrarse en un amplio rango de actividades y de asumir el tipo de conducta requerido por una organizaci\u00f3n \u201cracional\u201d del proceso de trabajo.<\/p>\n<p>Concomitante con su concepci\u00f3n de comunismo como el final de la divisi\u00f3n del trabajo, y con su visi\u00f3n en La ideolog\u00eda alemana de una sociedad donde uno pescar\u00eda y cazar\u00eda por la ma\u00f1ana y escribir\u00eda poemas por la tarde (Marx y Engels, 1974: 34), puede resultar seductora la idea de una sociedad industrial, cooperativa e igualitaria, donde (parafraseando un pronunciamiento provocativo en el Manifiesto comunista)8\/ las diferencias de g\u00e9nero hayan perdido toda \u201cvalidez social\u201d en la clase trabajadora. No sorprende que esta idea haya inspirado a generaciones de activistas sociales, incluidas las feministas.<\/p>\n<p>No obstante, como descubrieron las feministas en la d\u00e9cada de 1970, esta perspectiva tiene importantes limitaciones. Vale la pena mencionar cuatro de ellas, todas con implicancias m\u00e1s all\u00e1 del g\u00e9nero, relacionadas con el concepto de Marx en torno a la industrializaci\u00f3n y al desarrollo capitalista como fuerzas emancipadoras y condiciones para la liberaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Al celebrar la industria moderna por liberar a las mujeres de las cadenas tanto del trabajo dom\u00e9stico como del r\u00e9gimen patriarcal y por hacer posible su participaci\u00f3n en la producci\u00f3n social, Marx supuso que:<\/p>\n<ol>\n<li>a) las mujeres nunca antes se hab\u00edan involucrado en la producci\u00f3n social, es decir, el trabajo reproductivo no deber\u00eda considerarse una labor socialmente necesaria; b) lo que ha limitado en el pasado su participaci\u00f3n en el trabajo ha sido la falta de fuerza f\u00edsica; c) el salto tecnol\u00f3gico es esencial para la igualdad de g\u00e9nero; d) lo que es m\u00e1s importante, en anticipaci\u00f3n de lo que los marxistas repetir\u00edan por generaciones: el trabajo fabril es la forma paradigm\u00e1tica de producci\u00f3n social, en consecuencia, la f\u00e1brica, no la comunidad, es el sitio de la lucha anticapitalista.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Deben plantearse preguntas a cada uno de estos puntos.<\/p>\n<p>Podemos deshacernos r\u00e1pidamente del argumento de la \u201cfuerza f\u00edsica\u201d como explicaci\u00f3n de la discriminaci\u00f3n basada en el g\u00e9nero. Basta con decir que la propia descripci\u00f3n de Marx de las condiciones de empleo fabril de mujeres y ni\u00f1os es un contraargumento, y que los informes fabriles que \u00e9l cit\u00f3 dejan en claro que se empleaban mujeres para el trabajo industrial no porque la automatizaci\u00f3n disminu\u00eda la carga de su labor (Marx, 1995: 331), sino porque se les pagar\u00eda menos, se las consideraba m\u00e1s d\u00f3ciles y con mayor tendencia a dejar todas sus energ\u00edas en su puesto. Tambi\u00e9n debemos disipar la idea del confinamiento de mujeres a las tareas del hogar antes del advenimiento de la industrializaci\u00f3n. La industria dom\u00e9stica de la cual las mujeres se liberaron empleaba una peque\u00f1a parte del proletariado femenino, y era en s\u00ed misma una innovaci\u00f3n relativamente reciente que result\u00f3 del colapso de las agrupaciones de artesanos.9\/ En realidad, antes de la revoluci\u00f3n industrial, y durante ella, las mujeres desempe\u00f1aron diferentes trabajos, desde agricultura hasta comercio, servicio y trabajo dom\u00e9sticos. Por lo tanto, como lo documentaron Bock y Duden, no hay base hist\u00f3rica para la idea \u2013a la que Marx y otros socialistas han suscripto\u2013 de que \u201cel desarrollo del capitalismo, con su trabajo crecientemente industrial (\u201cproductivo\u201d) para las mujeres, las liber\u00f3 y las libera de la edad de los reinos feudales de trabajo dom\u00e9stico y del tutelaje de los hombres\u201d (1980: 157).<\/p>\n<p>Marx tambi\u00e9n minimiz\u00f3, en su concepci\u00f3n de la industria a gran escala como un igualador de distinciones biol\u00f3gicas y sociales, el peso de las jerarqu\u00edas sexuales heredadas y reconstruidas que aseguraban que las mujereas experimentar\u00edan el trabajo fabril de modos espec\u00edficos, distinto de los modos de los hombres. \u00c9l not\u00f3 que los supuestos sobre el g\u00e9nero mantendr\u00edan su prominencia en el trabajo industrial \u2013utilizados, por ejemplo, para justificar el menor salario de las mujeres en comparaci\u00f3n con el de los hombres\u2013 y que las condiciones laborales \u201cpromiscuas\u201d podr\u00edan significar una vulnerabilidad al abuso sexual, que con frecuencia resultaba en el embarazo a una temprana edad (Marx, 1995: 591). Pero, como hemos visto antes, \u00e9l supuso que esos abusos se superar\u00edan cuando los trabajadores tomaran el poder pol\u00edtico y redirigieran los objetivos de la industria hacia su bienestar. Sin embargo, luego de dos siglos de industrializaci\u00f3n, podemos ver que, mientras no se vislumbra el fin del capitalismo por ning\u00fan lado, la igualdad en el \u00e1mbito del trabajo ha sido un producto de las luchas de las mujeres y no un regalo de las m\u00e1quinas.M\u00e1s crucial resulta que la identificaci\u00f3n por parte de Marx de la labor industrial con la forma normativa de trabajo y el sitio privilegiado para la producci\u00f3n social no deja ning\u00fan espacio para la consideraci\u00f3n de actividades reproductivas dom\u00e9sticas, que, como ha se\u00f1alado Fortunati, Marx solo mencion\u00f3 para notar que el capital las destruye al apropiarse de todo el tiempo de las mujeres.10\/<\/p>\n<p>Hay un contraste interesante con el trabajo de Alfred Marshall, el padre de la econom\u00eda neocl\u00e1sica, respecto del abordaje de la relaci\u00f3n entre la f\u00e1brica y el hogar. La mirada de Marx de la labor industrial como un tipo de trabajo m\u00e1s racional recuerda la \u201chabilidad general para trabajar\u201d de Marshall, que describi\u00f3 como una nueva capacidad con la que [en aquel momento] contaban pocos trabajadores en el mundo: \u201cno espec\u00edfica de cualquier ocupaci\u00f3n, pero deseada por todos, que permite a los trabajadores sostener por un largo per\u00edodo de tiempo cualquier tipo de trabajo, tener en cuenta muchas cosas a la vez, acomodarse r\u00e1pidamente a los cambios en los detalles del trabajo realizado, mantenerse estable y ser confiable\u201d (Marshall, 1890: 206- 207).<\/p>\n<p>Marshall, sin embargo, en l\u00ednea con los reformistas contempor\u00e1neos, cre\u00eda que el mayor contribuyente a la producci\u00f3n de esta \u201chabilidad general\u201d era la vida hogare\u00f1a y especialmente la influencia de la madre (ib\u00edd.: 207), por lo que se opon\u00eda firmemente al empleo exterior de las mujeres. Marx, por el contrario, presta poca atenci\u00f3n al trabajo dom\u00e9stico. No hay una discusi\u00f3n al respecto en su an\u00e1lisis sobre la divisi\u00f3n social del trabajo, donde solo afirma que la divisi\u00f3n del trabajo en la familia tiene una base fisiol\u00f3gica.11\/ M\u00e1s llamativo resulta su silencio sobre el trabajo dom\u00e9stico de las mujeres en su an\u00e1lisis de la reproducci\u00f3n de la fuerza de trabajo en su cap\u00edtulo \u201cReproducci\u00f3n simple\u201d.12\/<\/p>\n<p>Aqu\u00ed apela a un tema crucial para la comprensi\u00f3n del proceso de la creaci\u00f3n del valor en el capitalismo: la fuerza de trabajo, nuestra capacidad de trabajar, no nos es dada. Consumida a diario en el proceso de trabajo, debe (re)producirse constantemente, y esta (re)producci\u00f3n es tan esencial a la valorizaci\u00f3n del capital como lo es \u201cla limpieza de las m\u00e1quinas\u201d (Marx, 1995: 481), dado que \u201ces producci\u00f3n y reproducci\u00f3n del medio de producci\u00f3n indispensable para el capitalista, del propio obrero\u201d (\u00cdd).<\/p>\n<p>En otras palabras, como tambi\u00e9n sugiri\u00f3 en las notas luego publicadas bajo el t\u00edtulo de Teor\u00edas acerca de la plusval\u00eda13\/ y en El capital, Marx indica que la reproducci\u00f3n del trabajador es parte esencial y condici\u00f3n de la acumulaci\u00f3n de capital. No obstante, solo la concibe bajo el aspecto de \u201cconsumo\u201d y coloca su realizaci\u00f3n solamente dentro del circuito de producci\u00f3n de mercanc\u00edas. Los trabajadores \u2013seg\u00fan Marx\u2013 usan su salario para comprar las necesidades de la vida y, al consumirlas, se reproducen a s\u00ed mismos. Es literalmente la producci\u00f3n de asalariados por medio de las mercanc\u00edas producidas por los asalariados.14\/ Por lo tanto, \u201cel valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de vida necesarios para asegurar la subsistencia de su poseedor\u201d (ib\u00edd.: 124; cursivas en el original), y se determina por el tiempo de trabajo necesario para la producci\u00f3n de mercanc\u00edas que los trabajadores consumen.<\/p>\n<p>En ninguna parte de El capital Marx reconoce que la reproducci\u00f3n de fuerza de trabajo supone el trabajo no remunerado de las mujeres \u2013preparar comida, lavar la ropa, criar a los ni\u00f1os, hacer el amor\u2013. Por el contrario, insiste en retratar al asalariado como reproductor de s\u00ed. Incluso al considerar las necesidades que el trabajador debe satisfacer, lo retrata como un comprador de mercanc\u00edas autosuficiente; enumera entre otras necesidades para la vida la comida, vivienda, vestimenta, pero omite extra\u00f1amente el sexo, ya sea obtenido dentro de la configuraci\u00f3n familiar o comprado, lo cual sugiere que la vida del trabajador es inmaculada mientras que la mujer solo es moralmente mancillada por la labor industrial (\u00edd.). A la prostituta se la niega como trabajadora, y se la relega a un ejemplo de la degradaci\u00f3n de la mujer; solo se las representa como pertenecientes a \u201clos \u00faltimos despojos de la superpoblaci\u00f3n\u201d (ib\u00edd.: 545), ese \u201clumpenproletariado\u201d (\u00edd.) que en El Dieciocho Brumario de Louis Bonaparte \u00e9l hab\u00eda descripto como \u201cescoria de todas las clases\u201d (1972: 80).<\/p>\n<p>Son los pocos pasajes en los que Marx se aproxima a romper su silencio y admitir impl\u00edcitamente que lo que se presenta como \u201cconsumo\u201d al asalariado puede ser trabajo reproductivo desde el punto de vista de su contraparte femenino. En una nota al pie a la discusi\u00f3n sobre la determinaci\u00f3n del valor de la fuerza de trabajo, en \u201cMaquinaria y gran industria\u201d, escribe: \u201cbasta con lo dicho para observar c\u00f3mo el capital usurpa en su propio provecho hasta el trabajo familiar indispensable para el consumo\u201d (Marx, 1995: 324). Y agrega:<\/p>\n<p>Como en la familia hay ciertas funciones, por ejemplo la de atender y amamantar los ni\u00f1os, que no pueden suprimirse radicalmente, las madres confiscadas por el capital se ven en mayor o en menor medida a alquilar obreras que las sustituyan. Los trabajos impuestos por el consumo familiar, tales como coser, remendar, etc. se suplen comprando mercanc\u00edas confeccionadas. Al disminuir la inversi\u00f3n de trabajo dom\u00e9stico, aumenta, como es l\u00f3gico, la inversi\u00f3n de dinero. Por tanto, los gastos de producci\u00f3n de la familia obrera crecen y contrapesan los ingresos obtenidos del trabajo. A esto se a\u00f1ade el hecho de que a la familia obrera le es imposible atenerse a normas de econom\u00eda y convivencia en el consumo y preparaci\u00f3n de sus v\u00edveres (\u00edd.).<\/p>\n<p>No obstante, no se dice nada m\u00e1s de este trabajo dom\u00e9stico \u201cque no pued[e] suprimirse\u201d y que debe reemplazarse por bienes adquiridos. Y adem\u00e1s nos resta preguntarnos si el costo de la producci\u00f3n solo aumenta para el trabajador o tambi\u00e9n para el capitalista, supuestamente a trav\u00e9s de las luchas que los trabajadores emprender\u00edan para obtener salarios m\u00e1s altos.<\/p>\n<p>Incluso cuando se refiere a la reproducci\u00f3n generacional de la fuerza de trabajo, Marx no menciona la contribuci\u00f3n de las mujeres, y descarta la posibilidad de tomas de decisiones aut\u00f3nomas por su parte en lo que respecta a la procreaci\u00f3n, a la que se refiere como \u201cel crecimiento natural de la poblaci\u00f3n\u201d (ib\u00edd.: 537). Comenta que \u201cel capitalista puede dejar tranquilamente el cumplimiento de esta condici\u00f3n al instinto de propia conservaci\u00f3n y al instinto de perpetuaci\u00f3n de los obreros\u201d (ib\u00edd.: 481-482) \u2013una contradicci\u00f3n con el comentario anteriormente citado sobre el descuido de los deberes maternales por parte de las mujeres trabajadoras fabriles, que equivale pr\u00e1cticamente al infanticidio\u2013. Tambi\u00e9n sugiri\u00f3 que el capitalismo no depende de la capacidad reproductiva de las mujeres para su propia expansi\u00f3n, dada la creaci\u00f3n constante de poblaci\u00f3n excedente a partir de las revoluciones tecnol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>En el intento de dar cuenta de la ceguera de Marx sobre la ubicuidad del trabajo reproductivo, que debi\u00f3 haberse desplegado a diario bajo sus ojos en su propia casa, he enfatizado en ensayos anteriores su ausencia en los hogares proletarios en la \u00e9poca en la que escribe, dado que la f\u00e1brica empleaba a la familia entera de sol a sol (Federici, 2012: 94). El mismo Marx sugiere esta conclusi\u00f3n cuando, al citar a un m\u00e9dico enviado por el gobierno ingl\u00e9s para evaluar el estado de salud de los distritos industriales, not\u00f3 que la clausura de los molinos de algod\u00f3n causada por la Guerra de Secesi\u00f3n estadounidense hab\u00eda tenido al menos un beneficio. Las mujeres<\/p>\n<p>Disponen ahora del tiempo necesario para dar el pecho a sus ni\u00f1os, en vez de envenenarlos con Godfrey\u2019s Cordial (una especie de narc\u00f3tico). Disponen de tiempo para aprender a cocinar. Desgraciadamente, el tiempo para dedicarse a las faenas de la cocina coincid\u00eda con unos momentos en que no ten\u00edan que comer [\u2026] La crisis a la que nos referimos se aprovech\u00f3 tambi\u00e9n para ense\u00f1ar a las hijas de los obreros a coser en las escuelas. \u00a1Fue necesario que estallase en Norteam\u00e9rica una revoluci\u00f3n y se desencadenase una crisis mundial para que aprendiesen a coser unas muchachas obreras, cuyo oficio consist\u00eda en hilar para el mundo entero! (1995: 324)<\/p>\n<p>Pero la reducci\u00f3n abismal del tiempo y recursos necesarios para la reproducci\u00f3n de los trabajadores que Marx document\u00f3 no era una condici\u00f3n universal. Los empleados fabriles eran solo el 20% -30% de la poblaci\u00f3n de mujeres trabajadoras. Incluso entre ellas, muchas mujeres abandonaban el trabajo fabril una vez que ten\u00edan hijos. Adem\u00e1s, como hemos visto, el conflicto entre el trabajo fabril y los \u201cdeberes reproductivos\u201d de las mujeres era un problema clave en la \u00e9poca de Marx, como demuestran los informes fabriles que cit\u00f3 y las reformas que produjeron.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9, entonces, esta exclusi\u00f3n sistem\u00e1tica? \u00bfY por qu\u00e9 Marx no podr\u00eda darse cuenta de que la tendencia parlamentaria de reducir el trabajo fabril en mujeres y ni\u00f1os perge\u00f1aba una nueva estrategia de clase que cambiar\u00eda el rumbo de la lucha de clases?<\/p>\n<p>Sin dudas, parte de la respuesta es que, como los economistas pol\u00edticos cl\u00e1sicos, Marx no consideraba las tareas del hogar como un tipo de trabajo hist\u00f3ricamente determinado con una historia social espec\u00edfica, sino como una fuerza natural y una vocaci\u00f3n femenina, uno de esos productos de esa gran alacena que la tierra, arguy\u00f3, es para nosotras. Cuando, por ejemplo, coment\u00f3 que el trabajo en exceso y la fatiga produc\u00edan un \u201caborrecimiento\u201d (ib\u00edd.: 327) entre las mujeres trabajadoras fabriles y sus hijos, apel\u00f3 a una imagen de maternidad que condec\u00eda con una concepci\u00f3n naturalizada de los roles de g\u00e9nero. Posiblemente contribuy\u00f3 a ello que en la primera fase del desarrollo capitalista el trabajo reproductivo de la mujer estaba, seg\u00fan su terminolog\u00eda, \u201cformalmente subsumido\u201d en la producci\u00f3n capitalista,15\/ es decir, no se hab\u00eda moldeado para adecuarse a las necesidades espec\u00edficas del mercado de trabajo. S\u00ed, un te\u00f3rico tan poderoso y orientado a la historia como Marx deber\u00eda haberse dado cuenta de que el trabajo dom\u00e9stico, aunque aparec\u00eda como una actividad de anta\u00f1o, que satisfac\u00eda puramente \u201cnecesidades naturales\u201d, su forma era en realidad una forma de trabajo hist\u00f3ricamente espec\u00edfica, producto de la separaci\u00f3n entre producci\u00f3n y reproducci\u00f3n, trabajo remunerado y no remunerado, que nunca hab\u00eda existido en sociedades precapitalistas o sociedades no reguladas por la ley de valor de cambio. Luego de habernos advertido en contra de la mistificaci\u00f3n producida por la relaci\u00f3n salarial, deber\u00eda haber visto que, desde su origen, el capitalismo ha subordinado las actividades reproductivas \u2013en la forma de trabajo de mujeres no remunerado\u2013 a la producci\u00f3n de fuerza de trabajo y, en consecuencia, el trabajo no remunerado que los capitalistas extraen de los trabajadores es mucho m\u00e1s conspicuo que el extra\u00eddo durante la jornada de trabajo remunerado, dado que incluye los quehaceres dom\u00e9sticos no remunerados de mujeres, incluso reducidos a un m\u00ednimo.<\/p>\n<p>\u00bfEl silencio de Marx sobre el trabajo dom\u00e9stico era a causa de que, como ya se ha sugerido, \u201cno consideraba que las fuerzas sociales eran capaces de conducir el trabajo dom\u00e9stico en una direcci\u00f3n revolucionaria\u201d? Esta es una pregunta leg\u00edtima si \u201cleemos a Marx de modo pol\u00edtico\u201d16\/ y consideramos que sus teorizaciones siempre se ocupaban de sus implicancias organizacionales y su potencial.17\/ Se abre la posibilidad de que mantuvo reserva en torno a la cuesti\u00f3n de los quehaceres dom\u00e9sticos porque tem\u00eda que la atenci\u00f3n a su trabajo le hiciera el juego a las organizaciones de trabajadores y a los reformistas burgueses que glorificaban el trabajo dom\u00e9stico para excluir a las mujeres del trabajo fabril. Pero para las d\u00e9cadas de 1850 y 1860 los quehaceres dom\u00e9sticos y la familia hab\u00edan estado por a\u00f1os en el centro de una acalorada discusi\u00f3n entre socialistas, anarquistas y un emergente movimiento feminista, y se experimentaban reformas en el hogar y los quehaceres dom\u00e9sticos.18\/<\/p>\n<p>Debemos concluir que su desinter\u00e9s en el trabajo dom\u00e9stico tiene ra\u00edces m\u00e1s profundas, que nacen tanto de su naturalizaci\u00f3n como de su devaluaci\u00f3n, que la hicieron en apariencia \u2013en comparaci\u00f3n con el trabajo fabril\u2013 una forma arcaica que pronto ser\u00eda superada por el progreso de la civilizaci\u00f3n. Sea como fuere, la consecuencia de la falta de teorizaci\u00f3n de Marx del trabajo dom\u00e9stico es que su explicaci\u00f3n de la explotaci\u00f3n capitalista y su concepci\u00f3n de comunismo ignoran la actividad m\u00e1s extendida del planeta y una causa mayor de las divisiones dentro de la clase trabajadora.<\/p>\n<p>Hay un paralelo aqu\u00ed con el lugar de la \u201craza\u201d en la obra de Marx. Aunque reconoc\u00eda que \u201cel trabajo de los blancos no puede emanciparse all\u00ed donde est\u00e1 esclavizado el trabajo de los negros\u201d (ib\u00edd.: 239), no dedic\u00f3 demasiado an\u00e1lisis al trabajo esclavo y al uso del racismo para ejecutar y naturalizar una forma de explotaci\u00f3n m\u00e1s intensa. Su trabajo, por lo tanto, no pudo desafiar la ilusi\u00f3n \u2013dominante en el movimiento socialista\u2013 de que el hombre blanco asalariado representaba los intereses de la totalidad de la clase obrera \u2013una mistificaci\u00f3n que en el siglo XX condujo a luchadores anticoloniales a concluir que el marxismo era irrelevante en su lucha\u2013.<\/p>\n<p>M\u00e1s cerca de casa, Marx no anticip\u00f3 que las formas brutales de explotaci\u00f3n que con tanta fuerza describi\u00f3 ser\u00edan en breve parte del pasado, al menos en gran parte de Europa. Amenazada por un conflicto armado entre clases y la posible extinci\u00f3n de la fuerza de trabajo, la clase capitalista, en complot con algunas organizaciones de trabajadores, se embarcar\u00eda en un nuevo rumbo estrat\u00e9gico, incrementando la inversi\u00f3n en la reproducci\u00f3n de la fuerza de trabajo y el salario de los asalariados hombres, enviando a las mujeres de regreso al hogar para hacer tareas dom\u00e9sticas y, en este proceso, cambiando el curso de la lucha de clases.<\/p>\n<p>Aunque Marx era consciente del gran desperdicio de vida que el sistema capitalista produc\u00eda y estaba convencido de que el movimiento de reforma fabril no proced\u00eda de inclinaciones humanitarias, no se percat\u00f3 de que lo que estaba en juego en la \u201clegislaci\u00f3n protectora\u201d era m\u00e1s que una reforma del trabajo fabril. Reducir las horas de trabajo de mujeres era el camino para una nueva estrategia de clase que reasignaba a las mujeres proletarias al hogar para producir no mercanc\u00edas f\u00edsicas sino trabajadores.<\/p>\n<p>Mediante esta estrategia, el capital logr\u00f3 disipar la amenaza de la insurgencia de la clase trabajadora y crear un nuevo tipo de trabajador: m\u00e1s fuerte, m\u00e1s disciplinado, m\u00e1s resiliente, m\u00e1s apto para hacer suyos los objetivos del sistema; el tipo de trabajador, de hecho, que considera los requisitos de la producci\u00f3n capitalista como \u201clas m\u00e1s l\u00f3gicas leyes naturales\u201d (ib\u00edd.: 627). Este era el tipo de trabajador que permiti\u00f3 que el capitalismo brit\u00e1nico y norteamericano de fin de siglo pasara de la industria liviana a la pesada, de la industria textil a la sider\u00fargica, de la explotaci\u00f3n basada en extensi\u00f3n de la jornada laboral a una basada en la intensificaci\u00f3n de la explotaci\u00f3n. Esto implica que la creaci\u00f3n de la familia trabajadora y el ama de casa proletaria de tiempo completo fueron una parte esencial y una condici\u00f3n de la transici\u00f3n desde un excedente absoluto a uno relativo. En este proceso, los quehaceres dom\u00e9sticos atravesaron un proceso de \u201csubsunci\u00f3n real\u201d, convirti\u00e9ndose por primera vez en objeto de una iniciativa estatal espec\u00edfica que los lig\u00f3 m\u00e1s fuerte a la necesidad del mercado de trabajo y la disciplina de trabajo capitalista.<\/p>\n<p>En consonancia con el apogeo de la expansi\u00f3n imperial brit\u00e1nica (que trajo numerosas riquezas al pa\u00eds, aumentando el sueldo de los trabajadores), a esta innovaci\u00f3n no puede atribu\u00edrsele solo la pacificaci\u00f3n de la fuerza de trabajo. Pero fue un acontecimiento de \u00e9poca, que inaugur\u00f3 la estrategia que m\u00e1s tarde culmin\u00f3 con el fordismo y el New Deal, por los que la clase capitalista invertir\u00eda en la reproducci\u00f3n de trabajadores para adquirir una fuerza de trabajo m\u00e1s disciplinada y productiva. Este fue el deal que se extendi\u00f3 hasta la d\u00e9cada de 1970 cuando el surgimiento internacional de la lucha de mujeres y el movimiento feminista le dieron un punto final.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Feminismo, Marxismo y la cuesti\u00f3n de la \u201creproducci\u00f3n\u201d<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Mientras Marx, como propulsor de \u201cla emancipaci\u00f3n de la mujer\u201d mediante su participaci\u00f3n en la producci\u00f3n social entendida como trabajo industrial, inspir\u00f3 a generaciones de socialistas, las feministas descubrieron en la d\u00e9cada de 1970 un nuevo Marx: en contra de los quehaceres dom\u00e9sticos, la domesticidad, la dependencia econ\u00f3mica de los hombres, apelaron a su trabajo en busca de una teor\u00eda capaz de explicar las ra\u00edces de la opresi\u00f3n de la mujer desde una perspectiva de clase. El resultado fue una revoluci\u00f3n te\u00f3rica que cambi\u00f3 tanto al marxismo como al feminismo.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de Mariarosa Dalla Costa sobre el trabajo dom\u00e9stico como un elemento clave en la producci\u00f3n de la fuerza de trabajo,19\/ la localizaci\u00f3n por parte de Selma James de la ama de casa en un continuum con los no asalariados del mundo20\/ \u2013quienes, aun as\u00ed, han sido centrales en el proceso de acumulaci\u00f3n de capital\u2013, la redefinici\u00f3n a cargo de otros activistas del movimiento de la relaci\u00f3n salarial como un instrumento de naturalizaci\u00f3n de \u00e1reas enteras de explotaci\u00f3n, y la creaci\u00f3n de nuevas jerarqu\u00edas dentro del proletariado: todos estos desarrollos te\u00f3ricos y las discusiones que generaron se han descripto en ocasiones como el \u201cdebate sobre el hogar\u201d, supuestamente centrados en la pregunta sobre si los quehaceres dom\u00e9sticos son productivos o no. Pero esta es una gran distorsi\u00f3n. Lo que se redefini\u00f3 al percibirse la centralidad del trabajo no remunerado de la mujer en el hogar en lo que respecta a la producci\u00f3n de la fuerza de trabajo no fue solo el trabajo dom\u00e9stico, sino la naturaleza del capitalismo y la lucha en su contra.<\/p>\n<p>No sorprende que la discusi\u00f3n de Marx sobre la \u201creproducci\u00f3n simple\u201d fue una iluminaci\u00f3n te\u00f3rica en este proceso, tal como la confirmaci\u00f3n de nuestra sospecha de que la clase capitalista nunca hubiese permitido que tanto trabajo dom\u00e9stico sobreviva si no hubiese visto la posibilidad de explotarlo. Leer que las actividades que reproducen la fuerza de trabajo son esenciales para la acumulaci\u00f3n capitalista sac\u00f3 a la luz la dimensi\u00f3n de clase de nuestro rechazo. Mostr\u00f3 que este trabajo tan despreciado, siempre naturalizado, siempre desde\u00f1ado por parte de los socialistas por retr\u00f3grado, ha sido en realidad el pilar de la organizaci\u00f3n capitalista del trabajo. Esto resolvi\u00f3 la pol\u00e9mica cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre g\u00e9nero y clase, y nos dio herramientas para conceptualizar no solo la funci\u00f3n de la familia, sino la profundidad del antagonismo de clase en las ra\u00edces del capitalismo. Desde un punto de vista pr\u00e1ctico, confirm\u00f3 que, como mujeres, no ten\u00edamos que unirnos a los hombres en la f\u00e1brica para ser parte de la clase trabajadora y librar una lucha anticapitalista. Pod\u00edamos luchar de manera aut\u00f3noma, comenzando por nuestro propio trabajo en el hogar, como el \u201ccentro nervioso\u201d de la producci\u00f3n de la fuerza de trabajo.21\/ Y nuestra lucha ten\u00eda que librarse primero en contra de los hombres de nuestras familias, dado que por medio del salario de los hombres, el matrimonio y la ideolog\u00eda del amor, el capitalismo ha permitido que los hombres dirigieran nuestro trabajo no remunerado y disciplinaran nuestro tiempo y espacio.<\/p>\n<p>Ir\u00f3nicamente, entonces, nuestro encuentro con Marx y nuestra apropiaci\u00f3n de su teor\u00eda sobre la reproducci\u00f3n de la fuerza de trabajo, de alg\u00fan modo consagrando la importancia de Marx para el feminismo, tambi\u00e9n nos ofreci\u00f3 la evidencia concluyente de que deb\u00edamos poner a Marx patas para arriba y comenzar nuestro an\u00e1lisis y nuestra lucha precisamente a partir de la parte de la \u201cf\u00e1brica social\u201d que \u00e9l hab\u00eda excluido de su trabajo.<\/p>\n<p>Descubrir la centralidad del trabajo reproductivo para la acumulaci\u00f3n de capital tambi\u00e9n condujo a la pregunta de c\u00f3mo ser\u00eda la historia del desarrollo del capitalismo si no se viera desde el punto de vista de la formaci\u00f3n del hombre proletario asalariado, sino desde el punto de vista de las cocinas y los dormitorios donde la fuerza de trabajo se produce a diario, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La necesidad de una perspectiva de g\u00e9nero para la historia del capitalismo \u2013m\u00e1s all\u00e1 de la \u201chistoria de mujeres\u201d o la historia del trabajo asalariado- es lo que me condujo, entre otras cosas, a repensar la explicaci\u00f3n de Marx sobre la acumulaci\u00f3n originaria y descubrir la caza de brujas en los siglos XVI y XVII como momento fundacional en la devaluaci\u00f3n del trabajo de la mujer y el surgimiento de una divisi\u00f3n del trabajo sexual espec\u00edficamente capitalista.22\/<\/p>\n<p>La percepci\u00f3n, en simult\u00e1neo, de que, al contrario de la anticipaci\u00f3n de Marx, la acumulaci\u00f3n originaria se ha tornado un proceso permanente tambi\u00e9n pone en tela de juicio su concepci\u00f3n sobre la relaci\u00f3n necesaria entre el capitalismo y el comunismo. Invalid\u00f3 la mirada de Marx sobre la historia en t\u00e9rminos de estadios, en la que el capitalismo se retrata como el purgatorio que necesitamos habitar de cara al mundo de la libertad y el rol liberador de la industrializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El surgimiento del ecofeminismo, que conect\u00f3 la devaluaci\u00f3n por parte de Marx de las mujeres y la reproducci\u00f3n con su mirada de que la misi\u00f3n hist\u00f3rica de la humanidad es la dominaci\u00f3n de la naturaleza, fortaleci\u00f3 nuestra posici\u00f3n. Especialmente importantes han sido los trabajos de Maria Mies y Ariel Salleh, que han demostrado que el acto por parte de Marx de borrar las actividades reproductivas no es accidental, contingente a las tareas que \u00e9l asign\u00f3 a El capital, sino sistem\u00e1tica. Como lo se\u00f1ala Salleh, todo en Marx establece que lo que es creado por el hombre y la tecnolog\u00eda tiene un mayor valor: la historia comienza con el primer acto de producci\u00f3n, los seres humanos se realizan a s\u00ed mismos a trav\u00e9s de su trabajo. Una medida de la realizaci\u00f3n de s\u00ed es su capacidad de dominar la naturaleza y adaptarla a las necesidades humanas. Y todas las actividades transformativas positivas se conciben en masculino: el trabajo se describe como el padre, la naturaleza como la madre, la tierra tambi\u00e9n se concibe como femenina (Salleh, 1997: 72-76). Madame la Terre, la llama Marx, en oposici\u00f3n al Monsieur le Capital.<\/p>\n<p>Las ecofeministas han demostrado que existe una profunda conexi\u00f3n entre el desd\u00e9n de los quehaceres dom\u00e9sticos, la devaluaci\u00f3n de la naturaleza y la idealizaci\u00f3n de lo que la industria humana y la tecnolog\u00eda producen.<\/p>\n<p>Este no es el espacio para reflexionar sobre las ra\u00edces de la mirada antropoc\u00e9ntrica. Basta con decir que el gran error de c\u00e1lculo que Marx y las generaciones de marxistas socialistas han cometido en relaci\u00f3n con los efectos liberadores de la industrializaci\u00f3n hoy son muy obvios. En la actualidad nadie se animar\u00eda a so\u00f1ar, como hizo August Bebel en Woman Under Socialism, en el d\u00eda en que la comida ser\u00eda producida qu\u00edmicamente y en el que \u201ctodos llevar\u00edan una peque\u00f1a caja de qu\u00edmicos en su bolsillo con la que satisfacer su necesidad de nutrientes provenientes de la clara, la grasa y los hidratos de carbono, sin importar la \u00e9poca del a\u00f1o ni la estaci\u00f3n de lluvia, sequ\u00eda, escarcha, granizo e insectos destructivos\u201d (1910: 391).<\/p>\n<p>Mientras la industrializaci\u00f3n avanza sobre la tierra y los cient\u00edficos al servicio del desarrollo del capitalismo est\u00e1n jugando con la producci\u00f3n de vida por fuera de los cuerpos de las mujeres, la idea de extender la industrializaci\u00f3n a todas nuestras actividades reproductivas es una pesadilla peor de la que estamos experimentando con la industrializaci\u00f3n de la agricultura.<\/p>\n<p>No es sorprendente que en c\u00edrculos radicales hemos sido testigos de un \u201ccambio de paradigma\u201d, mientras que la esperanza puesta en la m\u00e1quina como una fuerza para el \u201cprogreso hist\u00f3rico\u201d se reemplaza por una refocalizaci\u00f3n del trabajo pol\u00edtico en problem\u00e1ticas, valores y relaciones vinculados con la reproducci\u00f3n de nuestras vidas y la vida de los ecosistemas en los que vivimos.<\/p>\n<p>Nos han dicho que Marx en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida reconsider\u00f3 su perspectiva hist\u00f3rica y, al leer sobre las comunidades igualitarias y matrilineales del noreste de Am\u00e9rica, comenz\u00f3 a reconsiderar su idealizaci\u00f3n del desarrollo industrial y capitalista y a valorar la fuerza de la mujer.23\/<\/p>\n<p>No obstante, la mirada prometeica sobre el desarrollo tecnol\u00f3gico promovido por Marx y toda una tradici\u00f3n marxista, lejos de perder su atractivo, est\u00e1 de regreso. En \u00e9l, la tecnolog\u00eda digital juega para algunos el mismo rol emancipador que Marx le asign\u00f3 a la automatizaci\u00f3n, por lo que el mundo de la reproducci\u00f3n y trabajos de cuidado, que las feministas han valorizado como un terreno de transformaci\u00f3n y lucha, se encuentra nuevamente en riesgo de que se le reste importancia.<\/p>\n<p>Esta es la raz\u00f3n por la que, aunque Marx dedic\u00f3 poco espacio a las teor\u00edas de g\u00e9nero en su trabajo, y supuestamente cambi\u00f3 parte de su mirada en sus \u00faltimos a\u00f1os, es todav\u00eda importante discutirlas y enfatizar, como he intentado hacerlo en este trabajo, que sus silencios al respecto no son descuidos, sino el signo del l\u00edmite que su trabajo te\u00f3rico y pol\u00edtico no pudo superar, pero que nosotros debemos hacerlo.<\/p>\n<p><strong><u>Notas<\/u><\/strong><\/p>\n<p>1\/ Las publicaciones recientes de Heather A. Brown, Marx on Gender and the Family (2012), y de Shahrzad Mojabed, Marxism and Feminism (2015) \u2013publicado junto con la conferencia sobre el tema organizado por la fundaci\u00f3n Rosa Luxemburgo el mismo a\u00f1o\u2013, son signos de este nuevo inter\u00e9s en la teor\u00eda de g\u00e9nero de Marx.<\/p>\n<p>2\/ Estas y todas las traducciones de la bibliograf\u00eda en ingl\u00e9s pertenecen a la traductora.<\/p>\n<p>3\/ Sobre el debate en torno a las consecuencias del trabajo industrial de mujeres tales como \u201cla querellas de las mujeres\u201d en la Inglaterra del siglo XIX, ver Judy Lown, Women and Industrialization: Gender at Work in Nineteenth-Century England (1990). Sobre los mismos debates en Francia, ver, especialmente el cap\u00edtulo 7 en Gender and the Politics of History, de Joan Wallach Scott (1988).<\/p>\n<p>4\/ Para la reforma sobre el trabajo de mujeres e infantile en Inglaterra, adem\u00e1s del volumen 1 de El capital, ver Judy Lown (1990) y Laura Levin Frader (1987).<\/p>\n<p>5\/ La \u00fanica referencia a la lucha de mujeres fabriles menciona que las tejedoras del telar mec\u00e1nico realizaron una huelga por el problema en torno al control de horas trabajadas (Marx, 1995: 352).<\/p>\n<p>6\/ Ver Lown, que habla de la oposici\u00f3n de las mujeres asalariadas a las leyes fabriles de 1830 (1990: 214) y de lucha de las trabajadoras de la seda \u201cpor mantener control sobre aquellos aspectos de la vida que siempre hab\u00edan sido centrales para la experiencia de las mujeres trabajadoras: cuidado de los ni\u00f1os, higiene personal y vestimenta\u201d (ib\u00edd.: 162). Sobre las muchachas fabriles \u201cque representan una independencia recientemente descubierta y la libertad para las mujeres\u201d, ver Lown (In\u00edd.: 43 y ss.) y Seccombe (1986: 121).<\/p>\n<p>7\/ Ver Brown (2012: 115).<\/p>\n<p>8\/ Marx agrega que, en consecuencia, \u201c[l]os intereses, las condiciones de vida del proletariado se nivelan cada vez m\u00e1s a medida que la maquinaria va borrando las diferencias entre los trabajos\u201d (2008: 36).<\/p>\n<p>9\/ Sobre este tema, ver Bock y Duden (1980) y Henninger (2014: 296- 297).<\/p>\n<p>10\/ Fortunati agrega que Marx conceb\u00eda el trabajo reproductivo de las mujeres \u201ca partir de la lectura de los informes del gobierno, que hab\u00eda percibido mucho antes el problema planteado por la usurpaci\u00f3n que el trabajo fabril hac\u00eda sobre los quehaceres dom\u00e9sticos\u201d (1997: 169).<\/p>\n<p>11\/ \u201cDentro de la familia, y m\u00e1s tarde, al desarrollarse esta, dentro de la tribu, surge una divisi\u00f3n natural del trabajo, basada en las diferencias de edades y de sexo, es decir, en causas puramente fisiol\u00f3gicas\u201d (Marx, 1995: 285-286).<\/p>\n<p>12\/ Ver el cap\u00edtulo 23 de la parte 7, del volume 1 de El capital (Marx, 1995).<\/p>\n<p>13\/ En la primera parte de Teor\u00edas acerca de la plusval\u00eda, Marx afirma: \u201cEl trabajo productivo ser\u00eda aquel que produce mercanc\u00edas o directamente produce, forma, desarrolla la fuerza de trabajo en s\u00ed misma\u201d (1969: 172). Como veremos luego, las feministas tomaron esto para indicar que el trabajo dom\u00e9stico es \u201ctrabajo productivo\u201d en el sentido marxiano.<\/p>\n<p>14\/ La referencia aqu\u00ed es a Piero Sraffa y su Production of Commodities by Means of Commodities (1960).<\/p>\n<p>15\/ Marx emplea el concepto de subsunci\u00f3n formal versus subsunci\u00f3n real para describir el proceso por el cual en la primera fase de acumulaci\u00f3n capitalista el capital se apropia del trabajo \u201ctal como lo encuentra\u201d, \u201csin ninguna modificaci\u00f3n de la naturaleza real del proceso de trabajo\u201d (1021). Por el contrario, existe subsunci\u00f3n real cuando el capital moldea el trabajo\/producci\u00f3n para sus propios fines.<\/p>\n<p>16\/ Aqu\u00ed me refiero al trabajo de Harry Cleaver, Reading Capital Politically (2000).<\/p>\n<p>17\/ Sobre esto insiste Negri en Marx Beyond Marx (1991).<\/p>\n<p>18\/ Al respecto, ver el trabajo de Dolores Hayden, The Grand Domestic Revolution (1985).<\/p>\n<p>19\/ Ver \u201cWomen and the Subversion of the Community\u201d en The Power of Women and the Subversion of the Community (1975).<\/p>\n<p>20\/ Ver Sex, Race, and Class (James, 1975).<\/p>\n<p>21\/ Ver Fortunati (1997).<\/p>\n<p>22\/ Ver Caliban and the Witch. Women, the Body and Primitive Accumulation (2004).<\/p>\n<p>[23] Ver la discusi\u00f3n de Heather Brown sobre The Ethnological Notebooks of Karl Marx (Krader, 1974) en sus cap\u00edtulos 6 y 7 (2012).<\/p>\n<p><strong><u>Bibliograf\u00eda<\/u><\/strong><\/p>\n<p>Bebel, August. Woman and Socialism. Trad. de Meta L. Stern. Nueva York: The Co-Operative Press, 1910.<\/p>\n<p>Gisela Bock \/ Duden, Barbara, \u201cLabor of love\u2013 Love as labor: On the genesis of housework in capitalism\u201d. En: Altback, Edith Hoshino (ed.), From Feminism to Liberation. Cambridge: Schenkman Publishing Company, Inc., 1980, pp. 153-192.<\/p>\n<p>Brown, Heather A., Marx on Gender and the Family. A Critical Study. Leiden-Boston: Brill, 2012.<\/p>\n<p>Cleaver, Harry, Reading Capital Politically. Leeds: Anti\/Theses, 2000.<\/p>\n<p>Custer, Peter, Capital Accumulation and Women\u2019s labor in Asian Economies. Nueva York: Monthly Review Press, 2012.<\/p>\n<p>Dalla Costa, Mariarosa, \u201cWomen and the Subversion of the Community\u201d. En: \u2013, y James, Selma, The Power of Women and the Subversion of the Community. Bristol: Falling Wall Press, 1975.<\/p>\n<p>Engels, Friedrich, The Condition of the Working-Class in England. Moscow: Progress Publishers, 1980.<\/p>\n<p>Federici, Silvia, Caliban and the Witch. 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Buenos Aires \/ Madrid \/ M\u00e9xico: Siglo XXI, 2007.<\/p>\n<p>Engels, Friedrich, La ideolog\u00eda alemana. Trad. de Wenceslao Roces. Montevideo: Pueblos Unidos \/ Barcelona: Ediciones Grijalbo, 1974.<\/p>\n<p>Manifiesto del Partido Comunista. Ap\u00e9ndice: Friedrich Engels, Principios del comunismo. Introd., trad. y notas de Miguel Vedda. Buenos Aires: Herramienta, 2008.<\/p>\n<p>Mies, Maria, Patriarchy and Accumulation on a Large Scale. Londres: Zed Books, 1986.<\/p>\n<p>Negri, Antonio, Marx Beyond Marx. Lesson on the Grundrisse. Trad. de Henry Cleaver. Brooklyn: Autonomedia, 1991.<\/p>\n<p>Mojab, Shahrzad (ed.), Marxism and Feminism. Londres: Zed Books, 2015.<\/p>\n<p>Pinchbeck, Ivy, Women Workers and the Industrial Revolution. 1750-1850. Nueva York: F.S. Crofts &amp; Co., 1930.<\/p>\n<p>Salleh, Ariel, Ecofeminism as Politics. Nature, Marx and the postmodern. 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No solo su m\u00e9todo hist\u00f3rico materialista ha ayudado a demostrar que las jerarqu\u00edas e identidades gen\u00e9ricas son constructos (Holmstrom, 2002a), sino que su an\u00e1lisis de la acumulaci\u00f3n capitalista y la creaci\u00f3n del valor ha dotado a las feministas de mi generaci\u00f3n con poderosas herramientas para repensar tanto las formas espec\u00edficas de explotaci\u00f3n a las que las mujeres han sido sometidas en la sociedad capitalista&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"aside","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","_crdt_document":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[248103],"tags":[6992,591076356],"class_list":["post-3491","post","type-post","status-publish","format-aside","hentry","category-marxismo","tag-debates","tag-relaciones-patriarcales","post_format-post-format-aside"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-Uj","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3491","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3491"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3491\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3495,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3491\/revisions\/3495"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3491"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3491"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3491"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}