{"id":3366,"date":"2017-09-05T19:30:50","date_gmt":"2017-09-05T19:30:50","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=3366"},"modified":"2017-09-05T19:30:50","modified_gmt":"2017-09-05T19:30:50","slug":"uruguay-comcar-un-viaje-al-pozo-mas-profundo-de-la-crueldad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=3366","title":{"rendered":"Uruguay &#8211; Comcar: un viaje al pozo m\u00e1s profundo de la crueldad"},"content":{"rendered":"<p><strong>Uruguay<\/strong><\/p>\n<p><strong>El castigo m\u00e1s cruel<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comcar: un viaje al pozo m\u00e1s profundo<\/strong><\/p>\n<p><strong>Este es el relato de una vida que se fue rompiendo de a poco hasta llegar al Comcar. (1) All\u00ed, donde deber\u00eda reconstruirse, trabajar y estudiar es un privilegio, y terminar hacinado 24 horas en el m\u00f3dulo m\u00e1s tenebroso puede suceder de un d\u00eda para el otro por obra del azar.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Paula Barquet<\/strong><\/p>\n<p><strong>El Pa\u00eds, 3-9-2017 \u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.elpais.com.uy\/\">http:\/\/www.elpais.com.uy\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Mam\u00e1, no me dejes solo\u00bb, sollozaba Guzm\u00e1n (*) la noche que rapi\u00f1\u00f3 ocho \u00f3mnibus en El Pinar. \u00abMam\u00e1, trancame la puerta, encerrame, no me dejes salir\u00bb, le ped\u00eda unos d\u00edas antes de sucumbir a la tentaci\u00f3n de la pasta base y probarse por primera vez como delincuente. \u00abMam\u00e1, intername, esto no me sirve\u00bb, le hab\u00eda dicho tiempo atr\u00e1s, cuando su adicci\u00f3n era bestial y la ayuda que le daba el psiquiatra, insignificante.<\/p>\n<p>Ahora Guzm\u00e1n espera a su mam\u00e1 en el Comcar, desde un rinc\u00f3n del galp\u00f3n donde se reciben las visitas de los presos del m\u00f3dulo ocho. La lluvia de varias horas se col\u00f3 por todos lados, el piso est\u00e1 embarrado y la humedad potencia el olor a encierro. Las 15 mesas de hormig\u00f3n gentilmente vestidas con manteles floreados para los cerca de 60 visitantes est\u00e1n ocupadas, as\u00ed que el resto se acomoda en el suelo sobre frazadas que despu\u00e9s quedar\u00e1n arruinadas. Hoy Guzm\u00e1n le pide a su mam\u00e1 cigarros, s\u00e1banas, un colch\u00f3n, championes, medias. Lo que verdaderamente precisa es un poco de dignidad.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfTocaste fondo? M\u00e1s bajo que esto no pod\u00e9s caer. Esto es lo m\u00e1s hondo que vas a estar\u00bb, le reprende su mam\u00e1, a lo que \u00e9l ofrece una sonrisa conciliadora mientras con sus ojos dice que ya no insista, que entendi\u00f3 el mensaje.<\/p>\n<p>Guzm\u00e1n lleva un a\u00f1o en el Comcar la c\u00e1rcel en la que pagan por sus delitos unos 3.800 hombres, 34% de todos los presos de Uruguay.(2) En el Comcar se registran los \u00edndices m\u00e1s altos de hacinamiento y violencia, y los m\u00e1s bajos de intervenci\u00f3n t\u00e9cnica para la rehabilitaci\u00f3n. Cada d\u00eda hay cuatro heridos y en lo que va del a\u00f1o cuatro presos se suicidaron. Pero el fondo al que alude su madre lo conoci\u00f3 hace 15 d\u00edas, cuando sin explicaci\u00f3n lo trasladaron a \u00e9l y a otros compa\u00f1eros, del ben\u00e9volo m\u00f3dulo seis al ocho. Ah\u00ed s\u00ed que se muere en vida.<\/p>\n<p>Desde que lo cambiaron de m\u00f3dulo, Guzm\u00e1n comparte un espacio de dos metros cuadrados con otros cinco hombres que pr\u00e1cticamente no salen de la celda. Ya no lo dejan trabajar, estudia solo cuando el guardia se dispone a acompa\u00f1arlo a la clase, no sale al patio, no toma su medicaci\u00f3n, come una vez por d\u00eda, duerme cuatro horas, no tiene cama ni colch\u00f3n.<\/p>\n<p>La arbitrariedad con la que se ejecut\u00f3 su traslado no es una rareza: m\u00e1s bien es \u00abconsecuencia de ciertos movimientos de escasa elaboraci\u00f3n t\u00e9cnica que se hacen cada tanto sin contemplar el impacto en los internos\u00bb, dice Juan Miguel Petit, el comisionado parlamentario que vela por los derechos humanos de los presos. \u00abEl director de una c\u00e1rcel es como un m\u00e9dico con sus pacientes, un profesor con sus alumnos, un director t\u00e9cnico con sus jugadores: tiene que saber qui\u00e9n es qui\u00e9n. Pero si hay 3.800 internos, que entran y salen, ning\u00fan director puede saber. El manejo cotidiano se vuelve muy despersonalizado\u00bb, agrega.<\/p>\n<p>La historia de Guzm\u00e1n es testimonio vivo de c\u00f3mo la c\u00e1rcel puede ser el enemigo m\u00e1s cruel de quien cometi\u00f3 un error y se dispone a pagar por ello. El suyo puede ser el relato de otros cientos de presos de caracter\u00edsticas similares.<\/p>\n<p><strong>Color\u00edn colorado<\/strong><\/p>\n<p>Guzm\u00e1n cay\u00f3 un d\u00eda de julio de 2016. Lo buscaban los de Investigaciones porque sospechaban que era autor del delito de moda en El Pinar, y luego de pasar por lo de su novia fueron a lo de su madre. All\u00ed se encontraron a una mujer que hab\u00eda dado m\u00e1s de lo humanamente posible para encaminar a su hijo y que, a esa altura, solo anhelaba un poco de paz. Anot\u00f3 el tel\u00e9fono del polic\u00eda y esper\u00f3. Cuando Guzm\u00e1n se apareci\u00f3 golpeando la puerta en la noche oscura, le pregunt\u00f3 si hab\u00eda robado y \u00e9l se lo neg\u00f3. Le dijo que durante las 24 horas anteriores hab\u00eda ca\u00eddo en un sue\u00f1o profundo en el que la realidad se hab\u00eda desvanecido y ahora solo quer\u00eda quedarse en casa a salvo. Ella no le crey\u00f3 y disc\u00f3 el n\u00famero del oficial: \u00abVenga, Guzm\u00e1n est\u00e1 ac\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>Aquel hombre de 25 a\u00f1os y 1,90 metros, el tercero de tres varones, hab\u00eda sido un problema desde chico. A los cuatro a\u00f1os la maestra no pod\u00eda con \u00e9l; era \u00abinquieto, fatal, hiperactivo\u00bb. La soluci\u00f3n para esos ni\u00f1os hace 20 a\u00f1os era una buena dosis de ritalina. As\u00ed, sin la atenci\u00f3n adecuada, su exceso de energ\u00eda se transform\u00f3 en mala conducta y luego en problemas de aprendizaje. A los ocho a\u00f1os empez\u00f3 tratamiento psicol\u00f3gico y psiqui\u00e1trico en el hospital de la zona, pero las dificultades no ced\u00edan. Cuando termin\u00f3 la escuela, sus padres entendieron que el liceo no era para \u00e9l.<\/p>\n<p>Hizo clases de cocina y dej\u00f3 por la mitad por un conflicto con un compa\u00f1ero. Hizo clases de electricidad a disgusto, y tampoco termin\u00f3. Trabaj\u00f3 un tiempo en una f\u00e1brica de pastas, pero no dur\u00f3. De adolescente pasaba horas jugando al f\u00fatbol con los amigos del barrio y peleando con sus padres. Se escapaba de su casa. A esa altura ya se atend\u00eda con un psiquiatra de adultos y tomaba cinco medicamentos para mantener a raya sus trastornos de conducta y ansiedad. \u00c9l le jura a su madre que solo fumaba marihuana. Ella le cree.<\/p>\n<p>Para fines de 2015 Guzm\u00e1n era un adicto pidiendo ayuda. Se intern\u00f3 en un centro privado durante dos meses y medio y sali\u00f3 peor, con m\u00e1s ganas de consumir. Igual de ansioso pero ahora, adem\u00e1s, obsesivo con las rutinas y siempre al borde de la crisis. Ten\u00eda ganas de superarlo, dice su mam\u00e1, pero no pudo.<\/p>\n<p>Y ella tampoco pudo m\u00e1s cuando lo vio escaparse por la ventana y recaer. Guzm\u00e1n se quedaba noches enteras en la calle, volv\u00eda \u00abpasado\u00bb y agresivo. Se descubri\u00f3 a s\u00ed misma escondiendo hasta el monedero por miedo a su propio hijo. Alguna discusi\u00f3n termin\u00f3 en \u00abte vas de ac\u00e1\u00bb, y alguna vez el psiquiatra intervino diciendo que no era \u00abconveniente\u00bb que \u00e9l, en su estado, viviera \u00aben situaci\u00f3n de calle\u00bb.<\/p>\n<p>Un d\u00eda todo termin\u00f3 y el fin del calvario trajo consigo la ausencia. Guzm\u00e1n ya no estaba. Su madre llor\u00f3 en la cama durante cinco d\u00edas y luego retom\u00f3 su vida. M\u00e1s tarde supo que, a pesar de que el juez y el fiscal hab\u00edan recomendado recluirlo en un centro rehabilitador, la administraci\u00f3n de c\u00e1rceles lo hab\u00eda destinado al Comcar.<\/p>\n<p>El psiquiatra intent\u00f3 incidir. \u00abSiempre expres\u00f3 deseos de abandonar el consumo, logr\u00e1ndolo por per\u00edodos importantes. Siempre mostr\u00f3 deseos genuinos de recuperarse, cumpliendo con los tratamientos y concurriendo peri\u00f3dicamente a controles cl\u00ednicos\u00bb, escribi\u00f3 en una carta dirigida al Instituto Nacional de Rehabilitaci\u00f3n (INR). Detall\u00f3 que, antes de la adicci\u00f3n, se atend\u00eda por \u00abs\u00edntomas de la esfera del humor y la afectividad\u00bb, y lo describi\u00f3 como una persona con \u00abvulnerabilidad ps\u00edquica y baja tolerancia a las frustraciones\u00bb. \u00abPor las caracter\u00edsticas de Guzm\u00e1n creo sumamente perjudicial que se encuentre detenido en el Comcar\u00bb, remat\u00f3.<\/p>\n<p>Su padre se endeud\u00f3 para contratar un abogado al que le pag\u00f3 US$ 1.200 para que consiguiera traslado a un mejor centro penitenciario, pero eso no sucedi\u00f3.<\/p>\n<p>Dentro de lo peor, a Guzm\u00e1n le toc\u00f3 algo cercano a lo mejor. La Unidad de Ingreso, Diagn\u00f3stico y Derivaci\u00f3n del INR lo deriv\u00f3 al m\u00f3dulo seis del Comcar, un sector de m\u00e1xima confianza en el que los reclusos suelen tener a\u00f1os de encierro y ganarse con buena conducta la posibilidad de estudiar, trabajar y ver la luz del sol cada tanto. Tal vez la decisi\u00f3n fue en consideraci\u00f3n a la historia de Guzm\u00e1n y a las recomendaciones del psiquiatra. Tal vez no.<\/p>\n<p>\u00abDe lo mejor que tenemos ac\u00e1, un lujo, respetuoso, buen\u00edsimo, cero problema\u00bb, lo elogiaba una encargada del m\u00f3dulo cuando su madre lo visitaba. Ella, todav\u00eda con el rencor en la piel, ironizaba: \u00abS\u00ed, es la madre Teresa de Calcuta\u00bb.<\/p>\n<p>Durante el a\u00f1o que estuvo en el m\u00f3dulo seis Guzm\u00e1n no tuvo observaciones ni conflictos, trabaj\u00f3 como \u00abvocero\u00bb \u2014el que anuncia las visitas\u2014 y desde marzo le permitieron estudiar. El primer semestre del a\u00f1o curs\u00f3 tres materias de primero de liceo que no aprob\u00f3 porque los guardias no lo llevaron a dar los ex\u00e1menes, pero al menos aquellas idas a la \u00abcomunidad educativa\u00bb le sacaban la cabeza del encierro y le permitieron conocer presos y personal de todo el Comcar.<\/p>\n<p>El viernes 11 de agosto, tras una requisa, el jefe del m\u00f3dulo seis se apareci\u00f3 con una lista y empez\u00f3 a llamar, recluso por recluso. Nombr\u00f3 a decenas. Guzm\u00e1n estaba entre ellos. \u00abHab\u00eda muchos con comisi\u00f3n (trabajo) y estudio. Nos sacaron sin raz\u00f3n alguna, no nos dieron motivo\u00bb, asegura. Un guardia lo condujo por las calles internas de esa ciudad que es el Comcar, y cuando descubri\u00f3 a d\u00f3nde lo estaban llevando, no pudo contenerse: \u00ab\u00bfAl ocho me est\u00e1s llevando, bot\u00f3n?\u00bb. Seguramente ese \u00abbot\u00f3n\u00bb le vali\u00f3 la sanci\u00f3n de interrumpirle las visitas dos semanas despu\u00e9s. Quiz\u00e1s s\u00ed, quiz\u00e1s no. Ya se sabe: todo es demasiado arbitrario aqu\u00ed como para sacar conclusiones certeras.<\/p>\n<p><strong>Se pic\u00f3<\/strong><\/p>\n<p>A la hora de las visitas hay dos reglas. Una: no se mira al visitante ajeno. Dos: las peleas se desencadenar\u00e1n cuando el tiempo se est\u00e9 terminando, de modo que todos hayan podido ver a sus familias. En ese mismo galp\u00f3n, hace una semana, la visita \u00abse pic\u00f3\u00bb. Empezaron a los cuchillazos y se evacu\u00f3 el lugar. Eso en el seis no pasaba.<\/p>\n<p>\u00abTodos o casi todos los hombres ac\u00e1 est\u00e1n armados con cortes carcelarios \u2014afirma Guzm\u00e1n, y eso obviamente lo incluye. Si se pica, yo tengo que cuidarlas a ustedes dos. No puedo dejar que les pase nada\u00bb.<\/p>\n<p>En el m\u00f3dulo seis el patio es abierto, se juega al f\u00fatbol, hay actividades. En el ocho, en cambio, el patio es un piso de hormig\u00f3n con un techo de chapa que impide ver la luz del sol. Solo se puede salir los viernes, y los que van saben que hay m\u00e1s riesgo de terminar herido que ileso. Casi siempre hay pelea. De hecho, en la celda de Guzm\u00e1n hay uno que hace un par de semanas baj\u00f3 al patio y sali\u00f3 con tres pu\u00f1aladas en cuello, brazo y t\u00f3rax. Estuvo grave, pero a los pocos d\u00edas ya estaba de vuelta en el Comcar. Guzm\u00e1n cuenta que est\u00e1 muy dolorido. Le concedieron una de las dos camas que hay en la celda.<\/p>\n<p>Otro de sus compa\u00f1eros debe plata por drogas y hace d\u00edas que est\u00e1 anunciando que va a tener que bajar al patio, que no le va a quedar otra que enfrentar de esa forma su deuda. El m\u00e1s \u00abviejo\u00bb de la celda tiene 40 a\u00f1os y est\u00e1 en huelga de hambre para que lo saquen del m\u00f3dulo ocho. Guzm\u00e1n se ocup\u00f3 de escribir una \u00absolicitud\u00bb para que los guardias est\u00e9n al tanto. All\u00ed todo se comunica por escrito y con un encabezado de manual: \u00abSe\u00f1or encargado, con el debido respeto que usted se merece&#8230;\u00bb. Eso lo aprendi\u00f3 en el seis, y ac\u00e1, en el ocho, es el \u00fanico capaz de hacerlo.<\/p>\n<p>La comida del ocho es la peor del Comcar. Alguna vez ha tenido que resignar dignidad por pura hambre. Del famoso \u00abrancho\u00bb \u2014una olla con un l\u00edquido amarillo intenso, pedazos de chancho, alg\u00fan fideo recocido, alguna verdura\u2014 sacan lo s\u00f3lido, lo hacen \u00abtortilla\u00bb, le ponen sal y condimento. Cada tanto les dan polenta. Cocinar antes era cosa diaria, pero ahora es casi un lujo porque no hay espacio. Adem\u00e1s, requiere ciertas nociones de electricidad, porque lo hacen con una resistencia que introducen en el surco de una piedra para protegerse de las patadas. En cualquier momento, un guardia puede \u00abrequisarla\u00bb para transarla con los mismos presos.<\/p>\n<p>En el m\u00f3dulo ocho Guzm\u00e1n piensa mucho. Piensa en lastimarse, piensa en su madre, en su padre, en sus hermanos. Piensa en la calle. A veces se angustia. Ah\u00ed adentro, al estado de desolaci\u00f3n le llaman \u00abestar en cana\u00bb. Cuando se repone se concentra en buscar una forma de salir. Tiene una estrategia, pero concretarla implicar\u00e1 tiempo, paciencia, suerte, la voluntad de otros, y un poco de inteligencia. Un d\u00eda, un antiguo compa\u00f1ero del seis al que se cruz\u00f3 afuera de clase le dijo \u00abhabl\u00e1 con tal\u00bb, que trabaja en el supermercado interno del Comcar y adem\u00e1s es uno de los encargados del Polo Industrial, donde supuestamente los reclusos de mejor conducta son bendecidos con el privilegio de trabajar. \u00abTal ya me conoce\u00bb, dice Guzm\u00e1n. \u00abHasta con beso me saluda. Me dijo que va a hacer la gesti\u00f3n, que ya tiene mi solicitud, que tiene que ver, que capaz puede sacarme de ac\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>Hay esperanza. Guzm\u00e1n se aferra a ella aunque sabe que el que manda en el Polo es otro, y que no se concretar\u00e1 nada sin hablar con \u00e9l, y que para encontrarlo necesita que los guardias le permitan salir de la celda, algo que no sucede siquiera cuando precisa salir a enfermer\u00eda o cuando le toca estudiar. Si esa ilusi\u00f3n se desvanece, \u00bfqu\u00e9 le queda? \u00bfEn qu\u00e9 momento se volvi\u00f3 tan dif\u00edcil trabajar? \u00bfY sobrevivir?<\/p>\n<p>* El nombre del protagonista de este informe fue cambiado por su seguridad.<\/p>\n<p><strong><u>Notas de Correspondencia de Prensa <\/u><\/strong><\/p>\n<p>1) Comcar, ubicado en Santiago V\u00e1zquez, periferia semiurbana de Montevideo, limitando con el departamento de San Jos\u00e9.<\/p>\n<p>2) Seg\u00fan el Bolet\u00edn estad\u00edstico (2016) presentado por el Comisionado Parlamentario Penintenciario, la cantidad de presos era 11.303 (incluidos 1.100 menores y adolescentes), La tasa de prisionizaci\u00f3n refleja una proporci\u00f3n de 296 cada 100 mil habitantes, las m\u00e1s alta de Am\u00e9rica del Sur. En cuanto a la situaci\u00f3n procesal de la personas \u201cprivadas de libertad\u201d, el 68,% no est\u00e1n sentenciadas a\u00fan, y su detenci\u00f3n se encuadra en el mecanismo jur\u00eddico de la \u201cprisi\u00f3n preventiva\u201d. Datos del Ministerio del Interior (2016), dan cuenta que el 62% de los presos y las presas tienen menos de 29 a\u00f1os. En el primer trimestre de 2017, el sistema carcelario acumul\u00f3 la cifra (aproximada) de 700 nuevos \u201creclusos\u201d.<\/p>\n<h3><strong>Bienvenidos: droga s\u00ed, pero c\u00e9dula vieja y capucha no<\/strong><\/h3>\n<p>Es mi primera vez en el Comcar. Me visto siguiendo al pie de la letra las indicaciones de la mam\u00e1 de Guzm\u00e1n: nada de negro, azul o verde, nada apretado, ropa interior clara y sin enganches de metal, nada de caravanas ni anillos. Elijo un pantal\u00f3n deportivo bien holgado y, como llueve, un buzo rojo con capucha. A 20 minutos del centro en auto, en el 127 o en el 494, se llega a este sitio de Santiago V\u00e1zquez al que las autoridades denominan Compen. Por el camino de ingreso que se toma desde la ruta 1 hay que transitar pocas cuadras hasta que se aparecen los bloques de ladrillo con mil ventanas y ropa colgando que todos alguna vez vimos en las noticias. Al llegar hay una pizzer\u00eda, dos almacenes, dos paradas de \u00f3mnibus y m\u00e1s autos estacionados de lo razonable. Unos metros adelante, un centenar de mujeres, algunos ni\u00f1os y unos pocos hombres hacen fila con sus bolsas transparentes cargadas de verduras, polvorones, az\u00facar, yerba, tabaco, refrescos, tuppers con comida casera, papel higi\u00e9nico, productos de limpieza, alg\u00fan pantal\u00f3n, alg\u00fan colch\u00f3n. Ya ingresaron sus datos y esperan en un sector techado que les permitan entrar a la sala de control.<\/p>\n<p>Para los que tenemos que registrarnos no hay resguardo de la lluvia, pero la fila es corta y avanza r\u00e1pido. Es mi turno. \u00ab\u00bfC\u00e9dula?\u00bb. La extiendo, el polic\u00eda la mira y me dice sin dudar: \u00abAh no, con esta c\u00e9dula as\u00ed no puede entrar\u00bb. Me se\u00f1ala la punta superior izquierda despegada y me recuerda que es un requisito tener el documento en buen estado. Ni mi credencial ni mi libreta de conducir le sirven, y mi cara de shock no lo conmueve. Me corren de la fila porque estoy trancando el paso y en eso alguien me sugiere: \u00abPed\u00ed que te la peguen en el almac\u00e9n\u00bb.<\/p>\n<p>Enfrente, en \u00ablo de Carlitos\u00bb, conocen bien las normas del Comcar y est\u00e1n habituados a las angustias de quienes rebotan, as\u00ed que me ofrecen pegarla con la gotita, no sin antes advertirme que hacerlo puede llegar a enojar mucho a los guardias. \u00abYa estoy jugada\u00bb, les digo. Mientras hacen magia con mi c\u00e9dula, una chica suelta l\u00e1grimas y gotas de sangre frente a un espejo intentando arrancarse de la lengua el piercing que la separa de su marido preso.<\/p>\n<p>Con la c\u00e9dula impecable vuelvo a probar suerte, ahora en la otra ventanilla. La fila creci\u00f3 y la lluvia se volvi\u00f3 tormenta. Mientras espero, veo salir del \u00e1rea de controles a una mujer de unos 50 a\u00f1os, rostro serio y ropa de trabajo. La frenaron: algo en sus bultos no est\u00e1 bien. Mira para todos lados buscando ayuda. Otra se\u00f1ora de unos 70, que un rato antes estaba contando a viva voz c\u00f3mo se hab\u00eda resistido a tirar los panqueques que le hab\u00eda hecho a su hijo, la asiste. No se puede ingresar m\u00e1s de tres kilos de s\u00f3lido. Las veo abrir un tupper y sacar un poco de algo que parece torta. Vuelve a ingresar con su bolsa disminuida y, al parecer, tiene suerte, porque no se la ve m\u00e1s.<\/p>\n<p>Es el momento de la verdad. \u00ab\u00bfC\u00e9dula?\u00bb. La extiendo. Me mira serio. \u00ab\u00bfNo le dijo mi compa\u00f1ero que no puede entrar? \u00bfUsted sabe que esto es un delito, adulteraci\u00f3n de documento, y que puede ir presa tres a\u00f1os?\u00bb. En estricto silencio me doy vuelta y miro a la mam\u00e1 de Guzm\u00e1n. \u00abNo voy a poder entrar\u00bb, le digo en un hilo de voz. Ella s\u00ed entra, y yo voy a esperarla al auto.<\/p>\n<p>En eso, me cae el mensaje providencial de un amigo que, tambi\u00e9n por trabajo, visit\u00f3 varias c\u00e1rceles. Incre\u00edblemente, le pas\u00f3 lo mismo a\u00f1os atr\u00e1s en el Penal de Libertad y lo solucion\u00f3 de una forma insospechada. Me pasa la receta. En unos minutos estoy en el Abitab de Santiago V\u00e1zquez sacando hora para renovar la c\u00e9dula, que aunque no est\u00e1 vencida, se merece ir a la basura. Vuelvo con el papel que indica la hora de la cita y los $ 302 que pagu\u00e9 por ella. Lo protejo de la lluvia como puedo, hago la fila y, sin mucha esperanza, me presento otra vez. Pido mil disculpas al oficial que me rezong\u00f3. Esta vez, la suerte est\u00e1 de mi lado: \u00abAh, con eso s\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Como no tengo bultos enfilo directo a la sala de control, pero ahora me frena una polic\u00eda femenina. No puedo entrar con capucha, dice. Ese dato no estaba entre las indicaciones previas, pero discutir no es una opci\u00f3n. As\u00ed que, empapada, me saco el buzo y quedo de remera. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s?<\/p>\n<p>La sala que sigue se parece mucho al \u00e1rea de control de un aeropuerto. Los que llevan comida o ropa se someten a la revisi\u00f3n del lado izquierdo. Los que no llevamos nada vamos por la derecha y nos paramos en una cinta con las piernas abiertas y los brazos separados. Espero unos segundos mientras el equipo me escanea, y listo. Una chica se lamenta porque el polic\u00eda que mira la pantalla es un viejo conocido. Comparte conmigo su verg\u00fcenza. \u00ab\u00a1Ac\u00e1 me lo vengo a encontrar! Bueno, siempre se puede decir que el preso es un primo\u00bb, se consuela.<\/p>\n<p>Por fin adentro. Se abre un port\u00f3n que revela una ciudad, con calles, canteros y construcciones. No tengo idea d\u00f3nde es el m\u00f3dulo ocho, pero voy preguntando a los que me encuentro por el camino y, al parecer, la mala racha para m\u00ed fue suficiente. Paso el m\u00f3dulo siete, el seis, luego el nueve y el Polo Industrial. Finalmente doy con un bloque de ladrillos pintado de blanco que anuncia \u2014\u00a1aleluya!\u2014 que estoy en el m\u00f3dulo ocho. Dos guardias me reciben con una calidez inesperada, me piden mis datos y los del interno al que voy a visitar, y me acompa\u00f1an al galp\u00f3n de las visitas donde me encuentro con Guzm\u00e1n y su mam\u00e1 conversando en un rinc\u00f3n.<\/p>\n<p>En ese momento, en ese lugar, hay familiares yendo al ba\u00f1o para sacarse del ano la droga que lograron entrar envuelta en papel plomo e introducida en un preservativo. Marihuana, pasta base, coca\u00edna: todo circula en el Comcar, sobre todo los d\u00edas de visita. Doy un vistazo a mi alrededor y diviso varios buzos con capucha. Ya aprend\u00ed: las reglas son para principiantes.<\/p>\n<h3><strong>Los desnutridos que zafaron del m\u00f3dulo 8 <\/strong><\/h3>\n<p>El Comcar se divide en 11 m\u00f3dulos que son como barrios de una ciudad. Algunos, como el nueve, se notan prolijos y amigables. Otros, como el ocho, el 10 y el 11, de afuera no dicen mucho pero adentro dejan a cualquiera sin habla. El comisionado parlamentario penitenciario, Juan Miguel Petit, ha definido a estos \u00faltimos tres como \u00abagujeros negros\u00bb en los que se da un \u00abtrato cruel, inhumano o degradante\u00bb. En total, en estos tres m\u00f3dulos, vive casi la mitad de los 3.800 internos del Comcar y los que estudian y trabajan se cuentan por decenas.<\/p>\n<p>El m\u00f3dulo ocho (aloja a 680 presos) entr\u00f3 en consideraci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica recientemente porque all\u00ed se detect\u00f3 en estado de adelgazamiento cr\u00edtico a ocho internos. El INR los cambi\u00f3 de m\u00f3dulo para mejorar su alimentaci\u00f3n, porque en el ocho la comida es mala, escasa, y en la celda de estos reclusos algunos se adue\u00f1aban de la comida de otros. Mediante un recurso de amparo, Petit logr\u00f3 que las autoridades se vieran obligadas a dise\u00f1ar un plan de atenci\u00f3n integral para esos reclusos. El comisionado est\u00e1 a la espera de un informe oficial respecto a su implementaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La cantidad de presos era 11.303 (incluidos 1.100 menores y adolescentes), La tasa de prisionizaci\u00f3n refleja una proporci\u00f3n de 296 cada 100 mil habitantes, las m\u00e1s alta de Am\u00e9rica del Sur. 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