{"id":3260,"date":"2017-08-27T19:51:12","date_gmt":"2017-08-27T19:51:12","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=3260"},"modified":"2017-08-27T19:51:12","modified_gmt":"2017-08-27T19:51:12","slug":"historia-nuestra-revolucion-rusa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=3260","title":{"rendered":"Historia: Nuestra revoluci\u00f3n rusa"},"content":{"rendered":"<p><strong>Historia<\/strong><\/p>\n<p><strong>Centenario de la revoluci\u00f3n rusa\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>Nuestra revoluci\u00f3n rusa *<\/strong><\/p>\n<p><strong>Charles Michaloux y Fran\u00e7ois Sabado <\/strong><\/p>\n<p><strong>Viento Sur, 24-8-2017\u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.vientosur.info\/\">http:\/\/www.vientosur.info\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>El centenario de la Comuna de Par\u00eds, en mayo de 1971 en Par\u00eds, estuvo marcado por una gran marcha en la que la muy reciente energ\u00eda de Mayo del 68 flotaba en el ambiente de la primavera parisina delante del cementerio del P\u00e8re-Lachaise y el Muro de los Federados. Era la celebraci\u00f3n de un evento fundador pero que termin\u00f3 en derrota. Si bien el recuerdo de la masacre de los Comuneros por los Versallescos y la burgues\u00eda parisina otorgaba a ese centenario toda su gravedad, estaba impregnado por la feliz esperanza de la juventud que sali\u00f3 a la calle aquel d\u00eda.<\/p>\n<p>El centenario de la Revoluci\u00f3n Rusa se presenta de manera muy diferente. Sin embargo, Octubre de 1917, a diferencia de la Comuna de Paris, concluy\u00f3 con una victoria; una victoria prolongada, de forma brillante, por la que se gan\u00f3 contra el cerco contrarrevolucionario de todas las grandes potencias de la \u00e9poca. Pero, tras los destrozos del estalinismo, la implosi\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica se dio sin que este brutal colapso reavivara la memoria de Octubre. No est\u00e1 previsto ninguna movilizaci\u00f3n [conmemorativa], y actualmente, tras una d\u00e9cada de crisis en la que se siente cada vez m\u00e1s la violencia de un capitalismo sin fronteras, empieza a pesar el esp\u00edritu de los tiempos. Se aprovecha el centenario para hacer propaganda sobre lo nocivo o in\u00fatil de esa revoluci\u00f3n que termin\u00f3 en dictadura, o dando a entender que desde su nacimiento fue el instrumento de esta \u00faltima gracias al golpe de Estado.<\/p>\n<p>En este escrito tomamos partido en defensa de la Revoluci\u00f3n Rusa como un gran acontecimiento en la historia de la emancipaci\u00f3n de los pueblos, un momento fuera de lo com\u00fan en el que las clases dominantes perdieron el control que esperaban tener para los siglos futuros, y en el que las masas populares arrasaron con todo para tomar las riendas de su destino. Estamos convencidos de que la respuesta a la decisiva pregunta hist\u00f3rica y te\u00f3rica sobre si hab\u00eda que tomar el poder en las condiciones precisas de Octubre de 1917 sigue siendo que s\u00ed. El impulso de la movilizaci\u00f3n antes, durante y despu\u00e9s de Octubre de 1917, el entusiasmo que suscit\u00f3 y la sacudida que provoc\u00f3 en el mundo entero muestran el alcance de esta revoluci\u00f3n. \u201cConcretamente, lo que podr\u00e1 sacar a la luz los tesoros de las experiencias y las ense\u00f1anzas no ser\u00e1 la apolog\u00eda ciega, sino la cr\u00edtica penetrante y reflexiva\u201d. \u201cPues una revoluci\u00f3n proletaria modelo en un pa\u00eds aislado, agotado por la guerra mundial, estrangulado por el imperialismo, traicionado por el proletariado internacional, ser\u00eda un milagro. Lo que importa es distinguir, en la pol\u00edtica de los bolcheviques, lo esencial de lo accesorio, lo substancial de lo fortuito\u201d, escrib\u00eda Rosa Luxemburg en sus notas de prisi\u00f3n sobre la Revoluci\u00f3n Rusa.<\/p>\n<p>Frente a una burgues\u00eda rusa que, zigzagueante durante los diferentes estadios de la movilizaci\u00f3n revolucionaria, se bat\u00eda para que continuara la guerra, para que el campesinado siguiera sin tierra y para que las duras condiciones de vida de los obreros no cambiaran en nada, los bolcheviques optaron por la organizaci\u00f3n independiente del movimiento en s\u00f3viets y acompa\u00f1aron la profundizaci\u00f3n del movimiento se\u00f1alando los objetivos que lo alejaban de toda conciliaci\u00f3n hasta lograr derrocar al gobierno a trav\u00e9s de la insurrecci\u00f3n que dar\u00eda \u201ctodo el poder a los s\u00f3viets\u201d. Pero lo que en el corto per\u00edodo que sigui\u00f3 a la revoluci\u00f3n era (o pod\u00eda parecer) accesorio se mostr\u00f3 despu\u00e9s como algo fundamental; en cualquier caso, as\u00ed lo presentaron no solo los adversarios de la revoluci\u00f3n sino tambi\u00e9n sus principales actores, en los a\u00f1os 20.<\/p>\n<p>El contexto explica algunos de los errores o desviaciones: una revoluci\u00f3n proletaria en un oc\u00e9ano campesino, una guerra civil de una crueldad descabellada, el agotamiento de las fuerzas productivas y de toda la sociedad, el aislamiento internacional, la historia del pa\u00eds y su carencia de tradiciones democr\u00e1ticas. Pero estas circunstancias no explican todo. Los bolcheviques \u2014y, en su direcci\u00f3n, los m\u00e1s eminentes de entre ellos, Lenin y Trotsky\u2014 hicieron de tripas coraz\u00f3n y transformaron las medidas de excepci\u00f3n de la guerra en leyes y reglas de funcionamiento del Estado y de la sociedad. Se sofoc\u00f3 a la oposici\u00f3n y la vida democr\u00e1tica del pa\u00eds de forma progresiva y r\u00e1pidamente (en apenas unos a\u00f1os). Por tanto, es necesario reevaluar la pol\u00edtica impulsada en los primeros a\u00f1os de la Revoluci\u00f3n por Lenin y Trotsky en este \u00e1mbito. Ya que este fue el caldo de cultivo en el que la contrarrevoluci\u00f3n estalinista, una vez \u201ccongelada\u201d la revoluci\u00f3n (como dec\u00eda Saint-Just de la francesa), pudo acabar con lo que a\u00fan quedaba de la herencia viva de Octubre.<\/p>\n<p>A nuestro entender, este enfoque se inscribe de manera deliberada en la continuidad de las reflexiones cr\u00edticas de Rosa Luxemburg desde los primeros meses que siguieron a la toma del poder (v\u00e9anse sus Notas sobre la Revoluci\u00f3n Rusa), de la defensa de Ernest Mandel de la \u201clegitimidad de la Revoluci\u00f3n Rusa\u201d (Octubre de 1917: golpe de Estado o revoluci\u00f3n social, <a href=\"http:\/\/www.vientosur.info\/spip.php?article12178\" rel=\"nofollow\">http:\/\/www.vientosur.info\/spip.php?article12178<\/a> ) y del balance cr\u00edtico de Daniel Bensa\u00efd en 1997 (<a href=\"http:\/\/danielbensaid.org\/Questions-d-Octobre?lang=fr\">http:\/\/danielbensaid.org\/Questions-d-Octobre?lang=fr).<\/a><\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda nos parece importante sistematizar y dar forma a este balance cr\u00edtico, m\u00e1s de lo que ya lo hicieron Mandel y Bensa\u00efd. Aun as\u00ed, el tel\u00f3n de fondo de esta reflexi\u00f3n sigue siendo el mismo: la Revoluci\u00f3n Rusa es la primera revoluci\u00f3n proletaria victoriosa de la historia. Lo que consigui\u00f3 contin\u00faa siendo una inspiraci\u00f3n viva; en este marco, la acci\u00f3n de las mujeres y los hombres que tuvieron esa audacia merece un examen cr\u00edtico, por respeto a sus logros y por la voluntad de extraer las mejores lecciones posibles de ellas. Toda revoluci\u00f3n tendr\u00e1 que cargar con estas cuestiones, como ya perfila la fuerte sensibilidad democr\u00e1tica en todas las movilizaciones de cierto alcance.<\/p>\n<p><strong>Revoluci\u00f3n e insurrecci\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>\u00bfGolpe de Estado? La insurrecci\u00f3n fue a la vez la culminaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n iniciada en febrero y el punto de partida de una nueva situaci\u00f3n revolucionaria. \u00a1En cualquier caso, no fue un golpe de Estado! Preparada y debatida abiertamente, la insurrecci\u00f3n fue el punto culminante de un proceso de radicalizaci\u00f3n de masas y de su representaci\u00f3n en los s\u00f3viets que \u2014a trompicones en funci\u00f3n de los acontecimientos que sacud\u00edan Rusia\u2014 dio la mayor\u00eda a quienes defend\u00edan la toma del poder por los s\u00f3viets. La insurrecci\u00f3n de Octubre no fue una operaci\u00f3n tramada por c\u00edrculos pol\u00edtico-militares sin la intervenci\u00f3n o a espaldas de las masas. Desde este punto de vista, la referencia a Blanqui no es m\u00e1s justa que la caracterizaci\u00f3n de \u201cgolpe de Estado\u201d.<\/p>\n<p>Tuvo lugar con dificultades y sobresaltos, incluso en el seno del partido bolchevique. Pero cuando se reunieron las condiciones, a finales de septiembre, surgi\u00f3 un debate m\u00e1s avanzado.<\/p>\n<p>Lenin, que ya hab\u00eda tenido que pelear duro para obtener un acuerdo sobre la perspectiva de la toma del poder, desconfiaba de las tergiversaciones que, a su parecer, no ten\u00edan otra funci\u00f3n que la de retrasar los plazos. As\u00ed pues, preconiza ir r\u00e1pido, y exige que se lancen los regimientos y batallones de la flota y las tropas de Finlandia, fieles a los bolcheviques, al asalto del Palacio de Invierno, para derrocar al gobierno provisional de Kerenski. Se dirige a la direcci\u00f3n del partido sin ambig\u00fcedad: \u201cLos bolcheviques han de tomar el poder\u201d. Trotsky, que resist\u00eda a sus conminaciones cada vez m\u00e1s apremiantes, hace hincapi\u00e9 en la necesidad de que la insurrecci\u00f3n, o sea la toma del poder, emane de la legalidad sovi\u00e9tica. Vela porque el s\u00f3viet de Petrogrado \u2014del que fue nombrado presidente\u2014 se dote de un Comit\u00e9 Militar Revolucionario (CMR) al que respondan los s\u00f3viets de soldados, los cuales representan un ej\u00e9rcito en plena efervescencia revolucionaria. Y es el CMR el que organiza la insurrecci\u00f3n en la noche del 25 al 26 de octubre (en nuestro calendario, es la que va del 6 al 7 de noviembre).<\/p>\n<p>La divergencia entre Lenin y Trotsky remite a una cuesti\u00f3n m\u00e1s sustancial que el simple car\u00e1cter \u201ct\u00e9cnico\u201d de la insurrecci\u00f3n, sobre cuya necesidad estaban de acuerdo. Evidentemente, toda organizaci\u00f3n insurreccional exige preparativos militares espec\u00edficos y secretos de orden conspirativo. Todo ello fue llevado a cabo con un perfecto dominio por el CMR dirigido por los bolcheviques, con Trotsky a la cabeza. Los centros neur\u00e1lgicos del poder (correos, comunicaciones, cuarteles) fueron ocupados r\u00e1pidamente por los batallones revolucionarios. Como sabemos, la toma del Palacio de Invierno, donde resid\u00eda el gobierno provisional, fue un poco m\u00e1s lenta por una menor organizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este episodio, que es en cierto sentido el primero del nuevo poder, es bastante revelador de ciertos problemas que se agravar\u00e1n m\u00e1s tarde con las terribles dificultades de la guerra civil.<\/p>\n<p>Lenin ve los s\u00f3viets como una m\u00e1quina de destrucci\u00f3n del zarismo, de su Estado, de todas sus instituciones, y como el instrumento de la movilizaci\u00f3n de las masas contra el zarismo y contra el gobierno provisional. Desde este punto de vista, los s\u00f3viets eran tambi\u00e9n un organismo de frente \u00fanico para derrocar al poder establecido. De ah\u00ed las consignas de Lenin a favor de \u201ctodo el poder a los s\u00f3viets\u201d y la presi\u00f3n para que mencheviques y socialrevolucionarios constituyesen un gobierno de ruptura con la burgues\u00eda, apoyado por los s\u00f3viets. En esta situaci\u00f3n revolucionaria, anterior a la conquista del poder, con un partido bolchevique minoritario, la democracia sovi\u00e9tica ocupaba un lugar importante, con sus distintos componentes (corrientes, partidos, sindicatos). Pero confrontado a los problemas t\u00e1cticos y estrat\u00e9gicos de la toma del poder (\u00bfqui\u00e9n toma el poder?), Lenin relega la auto-organizaci\u00f3n a un segundo plano, y no conf\u00eda m\u00e1s que en la direcci\u00f3n militar bolchevique. No se concibe ya a los s\u00f3viets como el verdadero lugar del poder sino como el instrumento, o incluso como la \u201ctapadera\u201d del poder bolchevique.<\/p>\n<p>Trotsky tiene otra manera de proceder. Su papel en la revoluci\u00f3n de 1905, a la cabeza del s\u00f3viet de San Petersburgo, su imagen de defensor de la unidad en el movimiento revolucionario ruso, lo conducen a otorgar un lugar m\u00e1s central a la auto-organizaci\u00f3n popular; de ah\u00ed su insistencia en lo relativo a la toma del poder por el CMR. La fuerza de la din\u00e1mica sovi\u00e9tica, pero sobre todo Trotsky y los principales dirigentes bolcheviques, obligaron a Lenin a pasar por el CMR y el s\u00f3viet para dirigir la insurrecci\u00f3n. En el coraz\u00f3n mismo de la insurrecci\u00f3n se expresa este crucial problema: \u00bfqui\u00e9n toma y qui\u00e9n tiene el poder? \u00bfLos s\u00f3viets o el partido? Es as\u00ed como se plantea de entrada la cuesti\u00f3n de un cierto sustitucionismo (del Partido respecto a los \u00f3rganos revolucionarios).<\/p>\n<p><strong>La paradoja de El Estado y la revoluci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Unos meses antes de estas jornadas de Octubre, Lenin se ve empujado a la clandestinidad por la represi\u00f3n que sigue a las jornadas de julio. En su exilio forzado, vuelve a los textos de Marx y Engels, especialmente sobre la Comuna de Par\u00eds. En agosto de 1917 acaba El Estado y la revoluci\u00f3n. Este texto capital es una carga contra el l\u00edder alem\u00e1n de la social-democracia (Karl Kautsky) y sus seguidores en Alemania y en Rusia. Volviendo a los fundamentos, da con una f\u00f3rmula a menudo sorprendente de la necesidad de destruir la vieja m\u00e1quina burocr\u00e1tica y militar del Estado para construir un nuevo gobierno, una nueva administraci\u00f3n y un nuevo ej\u00e9rcito \u2014cuyo objetivo es transformar de arriba abajo la sociedad y cuya funci\u00f3n es perecer nada m\u00e1s creados\u2014. Siguiendo y citando a Marx, Lenin ve en la Comuna \u201cla forma pol\u00edtica al fin encontrada\u201d de esta empresa revolucionaria.<\/p>\n<p>\u201cLa Comuna es la forma al fin encontrada, por la revoluci\u00f3n proletaria, bajo la cual puede lograrse la emancipaci\u00f3n econ\u00f3mica del trabajo\u201d. (Lenin, O.E. pp. 169).<\/p>\n<p>\u201cLa Comuna es el primer intento de la revoluci\u00f3n proletaria de destruir la m\u00e1quina estatal burguesa y la forma pol\u00edtica, descubierta al fin, que puede y debe sustituir a lo destruido\u00bb. (ibid).<\/p>\n<p>Y Lenin concluye que \u201clas revoluciones rusas de 1905 y de 1917 prosiguen, en otras circunstancias, bajo condiciones diferentes, la obra de la Comuna y confirman el genial an\u00e1lisis hist\u00f3rico de Marx\u201d. (ibid. pp 171).<\/p>\n<p>La paradoja es que este texto, escrito tres meses antes de la toma del poder, si bien es muy eficaz para echar por tierra las pseudo-teor\u00edas marxistas ortodoxas de la \u00e9poca \u2014que justificaban para los socialdem\u00f3cratas alemanes o los mencheviques rusos la perspectiva de amoldarse al Estado burgu\u00e9s\u2014, no dice nada sobre las cuestiones espec\u00edficas de la democracia y de la representaci\u00f3n pol\u00edtica para un r\u00e9gimen de transici\u00f3n entre el capitalismo y el socialismo. Haciendo suya la profesi\u00f3n de fe de Engels en el Anti-D\u00fchring (\u201cel gobierno de las personas deja lugar a la administraci\u00f3n de las cosas y a la direcci\u00f3n de las operaciones de producci\u00f3n\u201d), El Estado y la revoluci\u00f3n arrasa con fuerza las antiguallas reformistas de adaptaci\u00f3n a la sociedad burguesa y a su Estado represivo; sin embargo, no dice nada sobre el debate pol\u00edtico propiamente dicho, o sobre el pluralismo de opiniones y de corrientes organizadas para defenderlas. En fin, no se aborda la pol\u00edtica como tal, como si ella tambi\u00e9n tuviera que perecer despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, lo parad\u00f3jico es que el aliento revolucionario aut\u00e9ntico que recorre este folleto parece al mismo tiempo desfasado respecto a la realidad de las intensas luchas pol\u00edticas que tienen lugar entonces en Rusia (y en los partidos obreros mismos), y respecto a aquella que va a aparecer tras la toma del poder.<\/p>\n<p>Pero lo que Lenin deja sin abordar relativo a la democracia socialista que ha de poner en la agenda la revoluci\u00f3n, bajo circunstancias y decisiones extra\u00f1as. a la argumentaci\u00f3n central de El Estado y la revoluci\u00f3n, se va a ver cargado con otro contenido, realmente diferente.<\/p>\n<p>Este callej\u00f3n sin salida tiene un doble origen: la ausencia de tradiciones pol\u00edticas democr\u00e1ticas, siquiera parlamentarias, en la vieja Rusia, combinada a la concepci\u00f3n dominante en la Segunda Internacional seg\u00fan la cual la socialdemocracia era la expresi\u00f3n org\u00e1nica de la clase obrera y del movimiento obrero, y en la que al movimiento sindical se le considera subordinado al partido. Las tendencias exist\u00edan, pero en el seno de un solo y mismo partido: la socialdemocracia. En el movimiento obrero, el multipartidismo no formaba parte de la cultura de la \u00e9poca: una sola clase, un solo sindicato, un solo partido. Sin embargo, la lucha entre tendencias y fracciones eran extremadamente agudas, especialmente en Rusia, incluso en el partido bolchevique de marzo a octubre de 1917. Las cosas cambiar\u00edan progresivamente tras la conquista del poder.<\/p>\n<p><strong>El giro de los a\u00f1os 20 y la asfixia democr\u00e1tica<\/strong><\/p>\n<p>Tanto en la ciudad como en el campo, la econom\u00eda estaba muy desorganizada, y la clase obrera terriblemente debilitada. El ej\u00e9rcito se encontraba en gran parte descompuesto debido a la movilizaci\u00f3n de los soldados. La Administraci\u00f3n, m\u00e1s que reticente hacia el poder de los s\u00f3viets, hac\u00eda todo lo que pod\u00eda para no hacer nada. R\u00e1pidamente, la situaci\u00f3n tom\u00f3 un rumbo dram\u00e1tico.<\/p>\n<p>La primera cuesti\u00f3n espinosa fue poner fin a la guerra sin entorpecer el desarrollo de la revoluci\u00f3n, tan esperada en Alemania y en Europa. Al respecto, el partido bolchevique se vio desgarrado por fuertes discusiones, al igual que las dem\u00e1s corrientes presentes en los s\u00f3viets como los mencheviques, los socialrevolucionarios, los anarquistas. Este debate impidi\u00f3 terminar pronto [la guerra], como lo deseaba Lenin, que preconizaba con realismo aceptar las exigencias alemanas. Unos meses m\u00e1s tarde, el ej\u00e9rcito alem\u00e1n penetraba profundamente en territorio ruso. Y el tratado de Brest-Litovsk, firmado en marzo de 1918, ratificaba la amputaci\u00f3n de un cuarto del territorio ruso y de su poblaci\u00f3n, as\u00ed como la p\u00e9rdida del 70 % de los recursos agr\u00edcolas y de acero. Una verdadera sangr\u00eda que, sin duda, la hubiera podido evitar o reducir una decisi\u00f3n m\u00e1s r\u00e1pida. Pero tan pronto como fue firmado, el tratado provoc\u00f3 la salida de los mencheviques internacionalistas y de los SR de izquierda de los organismos sovi\u00e9ticos, para denunciarlo. Algunos sectores de los SR a\u00f1adieron tambi\u00e9n la vuelta al terrorismo contra dirigentes bolcheviques (Volodarski fue asesinado en Petrogrado en junio de 1918).<\/p>\n<p>Desde finales de 1917, una mayor\u00eda de la direcci\u00f3n hab\u00eda impuesto a Lenin (que no quer\u00eda) la entrada de los llamados mencheviques internacionalistas y de los SR de izquierda (ambos en disidencia con la orientaci\u00f3n conciliadora de su direcci\u00f3n) en las instancias del nuevo gobierno. As\u00ed pues, su presencia dur\u00f3 poco. Pero este clima que tanto nos cuesta imaginar ahora mismo, tiene bastante que ver con las propensiones monol\u00edticas que se agudizar\u00edan m\u00e1s adelante. Las tergiversaciones y la inmadurez puestas de manifiesto en el debate en relaci\u00f3n a la paz costar\u00edan muy caras al final. Y la inconstancia pol\u00edtica de los mencheviques y de los SR de izquierda (los de derecha se fueron r\u00e1pidamente a unirse a la contrarrevoluci\u00f3n) tampoco ayud\u00f3 a reducir la tentaci\u00f3n de gobernar solos. Sobre todo teniendo en cuenta que la guerra civil y la intervenci\u00f3n extranjera franco-brit\u00e1nica comenzaron bastante r\u00e1pido, en el oto\u00f1o de 1918.<\/p>\n<p>Las circunstancias jugaron su papel pero, durante todo este per\u00edodo, los bolcheviques no tuvieron una pol\u00edtica orientada a la construcci\u00f3n de coaliciones que tradujeran las correlaciones de fuerzas pol\u00edticas del pa\u00eds. Los bolcheviques eran mayoritarios en los s\u00f3viets de las principales ciudades. Lo que no era el caso en el campo, donde la tradici\u00f3n populista (narodniki) y los socialrevolucionarios eran ampliamente mayoritarios. Adem\u00e1s, subsist\u00edan corrientes y sensibilidades de los partidos de la democracia revolucionaria, mencheviques, SR y anarquistas. La cuesti\u00f3n de las alianzas o de las coaliciones gubernamentales se plante\u00f3 desde la toma del poder, a pesar de la desconfianza o la oposici\u00f3n de Lenin. Lenin y Trotsky nunca teorizaron el poder de un partido \u00fanico\u2026 pero, una vez conquistado el poder, no tuvieron un enfoque unitario, como dir\u00edamos ahora. Al contrario, Lenin lleg\u00f3 a declarar en mayo de 1918: \u201cAhora que el poder ha sido conquistado, conservado, consolidado entre las manos de un solo partido, no toca compartirlo\u201d.<\/p>\n<p>Por supuesto, hab\u00eda que combatir, reprimir y condenar a quienes tomaban las armas contra la revoluci\u00f3n. \u00bfPero al resto? Hab\u00eda que encontrar los medios y las mediaciones para que pudieran encontrar su lugar en el seno del poder sovi\u00e9tico, en la medida en que se inscrib\u00edan en el proyecto revolucionario. Este rechazo de una representaci\u00f3n pol\u00edtica pluralista no solamente aislar\u00e1 a los bolcheviques, sino que les conducir\u00e1 a servirse cada vez m\u00e1s de m\u00e9todos administrativos, represivos y, por \u00faltimo, del terror hacia otros partidos y corrientes pol\u00edticas.<\/p>\n<p>La guerra civil y la lucha encarnizada contra el ej\u00e9rcito blanco y sus aliados extranjeros pusieron al pa\u00eds de rodillas. Durante el a\u00f1o 1920 se gana la prueba porque las fuerzas sociales que se enfrentan en este cruel combate disciernen perfectamente sus v\u00ednculos y sus intereses. Los campesinos no quer\u00edan dar sus tierras a los grandes propietarios y los obreros se negaban a perder el control de su producci\u00f3n, a pesar de que tanto las tierras como la producci\u00f3n industrial estaban asfixiadas. En esta tormenta, los bolcheviques teorizar\u00e1n una transici\u00f3n al socialismo identificada con el comunismo de guerra. La pol\u00edtica, la econom\u00eda y la sociedad deb\u00edan estar centralizadas al m\u00e1ximo. Trotsky no dej\u00f3 de preconizar por entonces la militarizaci\u00f3n del trabajo y de los sindicatos. Por fortuna, Lenin se neg\u00f3 a seguirle por ese camino.<\/p>\n<p>Una vez ganada la guerra, se plante\u00f3 la cuesti\u00f3n de la salida del comunismo de guerra (con las expropiaciones en el campo y las milicias en las f\u00e1bricas para forzar la producci\u00f3n). Un a\u00f1o antes de la adopci\u00f3n de la Nueva Pol\u00edtica Econ\u00f3mica (NEP), Trotsky, de vuelta de sus concepciones ultra-centralistas, propuso realizar este giro. Confrontado a la resistencia de Lenin y de la mayor\u00eda de la direcci\u00f3n, tuvo que esperar hasta marzo de 1921 para que los problemas se agravaran, plante\u00e1ndose todos al mismo tiempo. Las revueltas en el campo eran numerosas (dirigidas a veces por anarquistas como Makhno en Ucrania), y la atm\u00f3sfera apenas era mejor en las f\u00e1bricas, donde los s\u00f3viets sobreviv\u00edan en el papel. La revuelta de los marinos de Cronstadt vino a completar un cuadro catastr\u00f3fico. \u201cEl rel\u00e1mpago ha iluminado la realidad m\u00e1s vivazmente que todo lo dem\u00e1s\u201d, dice Lenin en el X Congreso bolchevique que tiene lugar en ese mismo momento.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n que se sacar\u00e1 de ello no deja de plantear serias interrogaciones.<\/p>\n<p>La NEP estaba absolutamente justificada por la necesidad de relanzar la industria \u2014incluso con inversiones extranjeras\u2014, as\u00ed como la producci\u00f3n agr\u00edcola dando el control de ella a un campesinado que pagase impuestos. Pero la mejor protecci\u00f3n contra las posteriores derivas de la NEP (el enriquecimiento r\u00e1pido de ciertos koulaks, campesinos medios y comerciantes) resid\u00eda sin duda en un r\u00e9gimen reactivado de apertura pol\u00edtica, paralela a la apertura econ\u00f3mica. Una NEP pol\u00edtica para todos los partidarios de la revoluci\u00f3n, tras la victoria sobre la contrarrevoluci\u00f3n interna y externa. Ello habr\u00eda estimulado el renacimiento de la vida pol\u00edtica, sovi\u00e9tica, sindical y asociativa, que habr\u00eda visto en el resurgimiento de sus derechos una motivaci\u00f3n para acompa\u00f1ar la reactivaci\u00f3n de la econom\u00eda y del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Pero lo que se puso en marcha fue todo lo contrario. En primer lugar, por la terrible represi\u00f3n contra los marineros y los obreros de Cronstadt. Fuesen los que fuesen los peligros que estos \u00faltimos hac\u00edan correr a la revoluci\u00f3n al sublevarse, la violencia de esta represi\u00f3n no tiene justificaci\u00f3n. En segundo lugar, por un proceso de represi\u00f3n molecular que se extiendieron por todo el pa\u00eds, como se\u00f1ala Boris Souvarine. Y por \u00faltimo, por las decisiones del X Congreso bolchevique, que asfixiar\u00edan el debate pol\u00edtico en el partido y en el pa\u00eds. La prohibici\u00f3n de tendencias y fracciones en el seno del partido, ya transformado en comunista, respond\u00eda sin lugar a dudas al temor de un desgarro o de una explosi\u00f3n tras las crisis que lo hab\u00edan atravesado. El remedio fue, evidentemente, peor que la enfermedad. Adem\u00e1s, ratific\u00f3 \u2014fuera del partido y para toda la sociedad\u2014 el monolitismo de un partido \u00fanico que conllevaban tales medidas disciplinarias.<\/p>\n<p>A finales de la d\u00e9cada de los 20, cuando Stalin y la burocracia germinada a partir de estas reglas sangraron al partido, no les ser\u00e1 dif\u00edcil encontrar justificaciones leninistas, que Lenin puso en tela de juicio al final de su vida y que Trotsky comenz\u00f3 a denunciar demasiado tarde.<\/p>\n<p>Este balance cr\u00edtico en el terreno de las libertades pol\u00edticas no estar\u00eda completo sin considerar la cuesti\u00f3n del terror y de su instrumento, la Checa. Todas las revoluciones han tenido que hacer frente a proyectos contrarrevolucionarios que utilizan todos los medios violentos a su alcance. A los que hay que responder. En su Historia socialista de la Revoluci\u00f3n Francesa, Jean Jaur\u00e8s describ\u00eda las cosas as\u00ed: \u201cCuando un pa\u00eds lucha al mismo tiempo contra las facciones interiores y contra el mundo, cuando la m\u00e1s m\u00ednima duda o el m\u00ednimo error pueden comprometer, quiz\u00e1 por siglos, el destino del nuevo orden, aquellos que dirigen esta empresa inmensa no tienen tiempo de incorporar a los disidentes, de convencer a sus adversarios. No pueden dejar demasiado lugar al esp\u00edritu del debate o al esp\u00edritu de la artima\u00f1a. Tienen que abatir, que actuar y, para guardar intacta su fuerza de acci\u00f3n, para no disiparla, preguntar a la muerte que establezca a su alrededor la unanimidad inmediata que necesitan\u201d.<\/p>\n<p>El problema es entonces el de distinguir entre las medidas de excepci\u00f3n que por desgracia son necesarias y la utilizaci\u00f3n de dichas medidas como medio perenne de gobierno. Ahora bien, Lenin no tarda en exclamar, en enero de 1918: \u201c\u00a1Mientras no empleemos el terror contra los especuladores fusil\u00e1ndolos de inmediato, nada cambiar\u00e1!\u201d. Declaraci\u00f3n intempestiva que conducir\u00e1 al SR de izquierda Isaac Steinberg a preguntar inocentemente por qu\u00e9 se le hab\u00eda nombrado Comisario del pueblo para la Justicia. Las derivas fueron, en efecto, numerosas para estos chequistas vestidos de cuero que se cre\u00edan la punta de lanza de la revoluci\u00f3n (revoluci\u00f3n en la que no todos hab\u00edan participado). Un dirigente bolchevique de la Checa, Latsis, escribir\u00e1 con frialdad en una orden de misi\u00f3n: \u201cLa cuesti\u00f3n que est\u00e1 al orden del d\u00eda es la de saber a qu\u00e9 clase social pertenecen, su extracci\u00f3n, su instrucci\u00f3n, su profesi\u00f3n. Su destino se decido en funci\u00f3n de eso\u201d.<\/p>\n<p>En su momento, el uso del terror fue justificado tanto en t\u00e9rminos de principio (\u201cinstrumento de la dictadura del proletariado\u201d) como en t\u00e9rminos de reacci\u00f3n circunstancial (\u201cen la guerra como en la guerra\u201d). La verdad obliga a decir que las protestas contra este estado de cosas, y hubo muchas, fueron apartadas de un manotazo como si fueran escr\u00fapulos peque\u00f1oburgueses. En un clima en el que se despreciaba el pluralismo con sarcasmos en nombre de la lucha de clases, estas derivas no dejaron de corromper profundamente los ideales de la revoluci\u00f3n, y sobre todo a los autores de dichas conductas. Despu\u00e9s, se les podr\u00e1 reclutar m\u00e1s f\u00e1cilmente en las tropas de choque del estalinismo.<\/p>\n<p>Creyendo, probablemente de manera sincera, que todo ello era necesario dadas las duras circunstancias, los dirigentes bolcheviques no volvieron a abordar de forma expl\u00edcita lo ocurrido, lo cual nos deja una herencia que hoy preferir\u00edamos no tener. Lenin no hizo balance cr\u00edtico hasta poco antes de su muerte. Trotsky esperar\u00e1 mucho tiempo. Es cierto que las plataformas de la Oposici\u00f3n reclamaban la restauraci\u00f3n de la libertad de discusi\u00f3n en el partido, pero no se pronunciaban en lo relativo a la libertad de las dem\u00e1s corrientes.<\/p>\n<p>En 1936, en La revoluci\u00f3n traicionada, Trotsky escribe a prop\u00f3sito de las medidas del X Congreso de 1921, quince a\u00f1os antes: \u201cLa prohibici\u00f3n de los partidos de oposici\u00f3n produjo la de las fracciones; la prohibici\u00f3n de las fracciones llev\u00f3 a prohibir el pensar de otra manera que el jefe infalible. El monolitismo polic\u00edaco del partido tuvo por consecuencia la impunidad burocr\u00e1tica que, a su vez, se transform\u00f3 en la causa de todas las variantes de la desmoralizaci\u00f3n y de la corrupci\u00f3n\u201d. (pp.75)<\/p>\n<p>En 1938, en el Programa de transici\u00f3n, dec\u00eda: \u00abEs imposible una democratizaci\u00f3n de los s\u00f3viets sin legalizaci\u00f3n de los partidos sovi\u00e9ticos. Los obreros y campesinos deben indicar mediante su voto qu\u00e9 partidos reconocen como sovi\u00e9ticos.\u201d.(Edit. Traficantes de sue\u00f1os, Madrid, pp.66)Lo cual supone de manera impl\u00edcita el derecho de existencia, de reuni\u00f3n y de expresi\u00f3n para las organizaciones y las corrientes pol\u00edticas que deseen presentarse a elecciones. Y la organizaci\u00f3n de elecciones libres. Si hubiera sido as\u00ed en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica de Lenin y de Trotsky en los a\u00f1os 20, justo despu\u00e9s de la victoria sobre los Blancos, no cabe duda de que habr\u00eda habido mencheviques, socialrevolucionarios, anarquistas y quiz\u00e1s otras fuerzas representadas.<\/p>\n<p>Podemos a\u00f1adir que hoy sabemos mejor que antes, que los votos populares pueden ir a corrientes que no se identifican con el socialismo, o para los cuales la palabra no es m\u00e1s que una tapadera que esconde otras baratijas. Este tipo de problema ya surgi\u00f3 durante las elecciones a la Asamblea Constituyente Rusa, a finales de 1917. Vale la pena volver a abordarlo.<\/p>\n<p><strong>La Constituyente, las elecciones y la democracia socialista<\/strong><\/p>\n<p>Contra las acusaciones de \u201cputschismo\u201d o de \u201cblanquismo\u201d que florec\u00edan ya contra los bolcheviques, Lenin exclamaba en mayo de 1917: \u201cNo queremos hacernos con el poder, pues toda la experiencia de las revoluciones nos ense\u00f1a que s\u00f3lo est\u00e1 s\u00f3lidamente establecido un poder que se apoye en la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n\u201d. En efecto, esta mayor\u00eda, en la clase obrera y el campesinado pero tambi\u00e9n en una parte de la peque\u00f1a burgues\u00eda urbana, se gan\u00f3 con el paso de los meses. Se manifiesta con resplandor en septiembre de 1917, cuando la mayor parte de los s\u00f3viets de las principales ciudades de Rusia bascula a favor de los bolcheviques. Es entonces cuando la cuesti\u00f3n de la toma del poder se plantea y se debate abiertamente.<\/p>\n<p>Pero, a principios de febrero de 1917, la lucha contra la autocracia zarista hab\u00eda tomado el estandarte de la convocatoria de una Asamblea Constituyente, que era a\u00fan m\u00e1s imperiosa tras la abdicaci\u00f3n de Nicolas Romanoff y la sucesi\u00f3n de gobiernos provisionales hasta el \u00faltimo, presidido por Kerenski. Adem\u00e1s, sus dudas e indecisiones se refugiaban de manera regular tras el futuro dominado por la llegada de la Constituyente. Las elecciones que ten\u00edan que conducir a ella fueron retrasadas una y otra vez debido a distintos acontecimientos. Y en un pa\u00eds como Rusia, cuya extensi\u00f3n es la de un continente, en plena guerra mundial, la organizaci\u00f3n del escrutinio tom\u00f3 meses. Pero esta asamblea fue elegida finalmente y reflej\u00f3 m\u00e1s la situaci\u00f3n de febrero-marzo que la de septiembre-octubre de 1917. \u201cEste estado de cosas permite comprender hasta qu\u00e9 punto la Constituyente se ha quedado rezagada respecto al desarrollo de la lucha pol\u00edtica y de los cambios conseguidos en la correlaci\u00f3n de fuerzas entre los distintos partidos\u201d, comenta Trotsky en ese momento, defendiendo pues la decisi\u00f3n tomada de disolverla.<\/p>\n<p>Merece la pena mencionar la composici\u00f3n de la asamblea elegida. Los bolcheviques representan m\u00e1s o menos un cuarto, los mencheviques casi nada (un 3 %), la derecha (kadetes) un 10 %, los partidos nacionales y musulmanes un 22 %; al final, la fracci\u00f3n m\u00e1s grande es la de los SR (tomando en cuenta en la misma lista a los de derecha y a los de izquierda), con un 41 %. Una eventual alianza, realizada tras un nuevo escrutinio, entre bolcheviques, mencheviques internacionalistas y SR de izquierda (esto es, favorables a la revoluci\u00f3n), as\u00ed como al menos una parte de las corrientes \u201cnacionales y musulmanas\u201d, no parece ser una apuesta insensata.<\/p>\n<p>Muchos testimonios de la \u00e9poca, incluso de la parte de adversarios de la revoluci\u00f3n, dan fe de que la disoluci\u00f3n de la Constituyente no provoc\u00f3 una gran perturbaci\u00f3n. Pero el problema no es ese. Las descripciones efectuadas del desajuste entre la situaci\u00f3n rusa y el resultado de estas elecciones prolongadas no son cuestionables. Lo que s\u00ed lo es, es la ausencia de alternativa presentada por los dirigentes revolucionarios frente a este callej\u00f3n sin salida democr\u00e1tico, cuando ellos mismos hab\u00edan defendido con entusiasmo esta perspectiva durante largo tiempo.<\/p>\n<p>Todo ocurre como si a partir de entonces juzgaran, tras la insurrecci\u00f3n victoriosa y la toma del poder, como superflua toda manifestaci\u00f3n electoral general distinta de la renovaci\u00f3n peri\u00f3dica de la representaci\u00f3n en los distintos s\u00f3viets. En cierto modo, esta Constituyente se revel\u00f3 finalmente como caduca desde su formaci\u00f3n, pero el proceso que la defendi\u00f3 y defendi\u00f3 la Revoluci\u00f3n durante largos meses, proceso de una vibrante aspiraci\u00f3n democr\u00e1tica, hac\u00eda necesaria una respuesta institucional, paralela a la representaci\u00f3n sovi\u00e9tica y no contra ella. El nuevo poder no lo quiso y, r\u00e1pidamente, dej\u00f3 esta cuesti\u00f3n en el olvido.<\/p>\n<p>Por el contrario, Rosa Luxemburg, en sus Notas sobre la Revoluci\u00f3n Rusa, aborda la cuesti\u00f3n de manera m\u00e1s pr\u00e1ctica: \u201cSi la Asamblea Constituyente ya estaba elegida mucho antes del punto cr\u00edtico, de la rebeli\u00f3n de octubre, y en su composici\u00f3n reflejaba la imagen de un pasado superado y no de la nueva situaci\u00f3n, la conclusi\u00f3n evidente era liquidar esa asamblea caduca, no nata, y convocar sin tardanza nuevas elecciones para la Constituyente. Los bolcheviques no quer\u00edan y no deb\u00edan encomendar el futuro de la revoluci\u00f3n a una asamblea que reflejaba la Rusia de ayer, el periodo de las debilidades y de la coalici\u00f3n con la burgues\u00eda; perfecto, lo \u00fanico que hab\u00eda que hacer era convocar de inmediato otra asamblea que representase a la Rusia m\u00e1s avanzada y renovada.<\/p>\n<p>\u00abEn lugar de llegar a esta conclusi\u00f3n, Trotski se centra en las deficiencias espec\u00edficas de la Asamblea Constituyente reunida en octubre y llega a generalizar acerca de la inutilidad de toda representaci\u00f3n popular surgida del sufragio universal durante el per\u00edodo de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 quedar\u00eda, en realidad, si todo esto desapareciese? Lenin y Trotski han sustituido las instituciones representativas, surgidas del sufragio popular universal, por los soviets, como \u00fanica representaci\u00f3n aut\u00e9ntica de las masas trabajadoras. Pero al sofocarse la vida pol\u00edtica en todo el pa\u00eds, tambi\u00e9n la vida en los soviets tiene que resultar paralizada.<\/p>\n<p>\u00abSin sufragio universal, libertad ilimitada de prensa y de reuni\u00f3n y sin contraste libre de opiniones, se extingue la vida de toda instituci\u00f3n p\u00fablica, se convierte en una vida aparente, en la que la burocracia queda como \u00fanico elemento activo.Es \u00e9sta una ley suprema y objetiva, a la que no puede sustraerse ning\u00fan partido. La vida p\u00fablica se adormece poco a poco. El error b\u00e1sico de la teor\u00eda de Lenin y Trotski es que, exactamente igual que Kautsky, contraponen la dictadura a la democracia. \u00abDictadura o democracia\u00bb, es como plantean la cuesti\u00f3n tanto los bolcheviques como Kautsky; el \u00faltimo se pronuncia l\u00f3gicamente por la democracia y, concretamente, por la democracia burguesa, a la que considera como una opci\u00f3n frente a la revoluci\u00f3n socialista; Lenin y Trotski se pronuncian, en cambio, por la dictadura en oposici\u00f3n a la democracia, es decir, por la dictadura de un pu\u00f1ado de personas, por la dictadura seg\u00fan el modelo burgu\u00e9s. Son dos polos opuestos, equidistantes de la verdadera pol\u00edtica socialista.\u201d.<\/p>\n<p>La opini\u00f3n de Rosa Luxemburg es ilustradora. Pero ser\u00eda presuntuoso decir hoy en d\u00eda que hac\u00eda falta nuevas elecciones para la Constituyente. Su disoluci\u00f3n forzada en marzo de 1918 precede, por pocos meses, al inicio de la guerra civil y de la coalici\u00f3n extranjera que intentar\u00eda ahogar la Revoluci\u00f3n. Pero despu\u00e9s de la victoria, en 1920, la reanimaci\u00f3n de la vida democr\u00e1tica era de nuevo una necesidad tan abrasadora como la de relanzar la econom\u00eda. Ello pasaba, como hemos dicho anteriormente, por el reimpulso de los s\u00f3viets exang\u00fces a trav\u00e9s de una transfusi\u00f3n masiva de libertades recuperadas en su interior, pero tambi\u00e9n por la reconstrucci\u00f3n de un debate democr\u00e1tico nacional que condujera a elecciones y a un organismo capaz de convertirse en el lugar de debate y de toma de decisiones sobre las opciones pol\u00edticas globales que afectaban a todo el pa\u00eds. As\u00ed pues, no adoptar esta v\u00eda cost\u00f3 mucho m\u00e1s caro que los riesgos que se hubieran corrido tom\u00e1ndola.<\/p>\n<p><strong>El poder: \u00bftomarlo?, \u00bfconservarlo?, \u00bfsiempre?<\/strong><\/p>\n<p>El mayor de los riesgos es, efectivamente, el de perder el poder. En nombre de este riesgo y de manera expl\u00edcita, la deriva condujo una dictadura (en principio del proletariado) que, sin duda, era inevitable durante la guerra civil, hacia una dictadura del partido, a pesar de que este se encontraba en gran medida limitado respecto a sus propias tradiciones. Este riesgo era evidente durante toda la guerra civil, pero lo que estaba en juego entonces era muy claro. Por supuesto, si la guerra se gan\u00f3 tras dos a\u00f1os de combates encarnizados, es gracias a la movilizaci\u00f3n de todo el pa\u00eds detr\u00e1s de los s\u00f3viets y de su Ej\u00e9rcito Rojo. Pero esta movilizaci\u00f3n fue el resultado de los desaf\u00edos sociales que prolongaban aquellos que estaban en juego en la propia revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Antes de Octubre, la alternativa no estaba entre la toma del poder por los s\u00f3viets o una democracia parlamentaria m\u00e1s o menos estabilizada. Se resum\u00eda a la disyuntiva entre la revoluci\u00f3n hasta el final o el retorno hacia una autocracia reinstalada por los complotistas de la reacci\u00f3n. Durante la guerra entre el ej\u00e9rcito blanco y rojo, el primero fue rechazado y vencido porque, en las zonas que controlaron temporalmente, no hac\u00edan m\u00e1s que reinstaurar la supremac\u00eda de los grandes propietarios y de los capitalistas, esto es, la deshonrosa autocracia, ya sin zar.<\/p>\n<p>Esta componente social \u2014que se tiende a relativizar demasiado en todos los debates sobre la pol\u00edtica propiamente dicha\u2014 habr\u00eda seguido siendo determinante m\u00e1s adelante si la apertura pol\u00edtica hubiera acompa\u00f1ado a las reformas econ\u00f3micas. Probablemente, habr\u00eda existido el riesgo de que las elecciones nacionales vieran retroceder a los bolcheviques o, incluso, que fueran minoritarios. Un siglo despu\u00e9s, la cuesti\u00f3n es: \u00bfse puede dudar de que esta eventualidad era menos peligrosa que la cat\u00e1strofe hist\u00f3rica que fue la degeneraci\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica? Desde luego, las masas rusas estaban agotadas y hartas de la guerra; aspiraban a un cambio r\u00e1pido de sus condiciones de vida. Pero es improbable que hubieran optado entonces por votar a fuerzas que amenazaban con restituir a aquellos que la revoluci\u00f3n hab\u00eda derrotado y que la guerra hab\u00eda vencido. Y a\u00fan si hubiera sido as\u00ed, la lucha habr\u00eda renacido r\u00e1pidamente para defender por todos los medios las conquistas de la revoluci\u00f3n, y habr\u00eda encontrado su traducci\u00f3n pol\u00edtica en las siguientes elecciones, renovando la confianza hacia los responsables del cambio social iniciado en 1917 por la revoluci\u00f3n y los s\u00f3viets.<\/p>\n<p>\u201cPero la minor\u00eda, el Partido, no puede implantar el socialismo. Podr\u00e1n implantarlo decenas de millones de seres cuando aprendan a hacerlo ellos mismos\u201d, dec\u00eda Lenin en el IV Congreso Panruso de los S\u00f3viets. En evidente contradicci\u00f3n con esta profesi\u00f3n de fe, las decisiones de los primeros a\u00f1os impidieron la representaci\u00f3n de las correlaciones reales de fuerzas pol\u00edticas, as\u00ed como el reparto del poder en el seno de los s\u00f3viets.<\/p>\n<p>Se puede comprender que estas opciones parezcan hoy en d\u00eda mucho m\u00e1s claras que en el espeso humo de las batallas de entonces. Los revolucionarios de Octubre no eran, desde luego, conscientes de las consecuencias de sus decisiones, obligados y limitados como estaban por las circunstancias dram\u00e1ticas de los a\u00f1os 20. Las consecuencias, sin embargo, se manifestaron de forma clara y bastante r\u00e1pida. Sin embargo, durante la d\u00e9cada de los 20, hasta los terribles a\u00f1os 30, aun era posible un cambio de tendencia; es m\u00e1s, se debati\u00f3 su posibilidad en el seno del partido bolchevique, en lo que quedaba de los dem\u00e1s partidos y en toda la sociedad.<\/p>\n<p><strong>Continuidad, discontinuidad, ruptura<\/strong><\/p>\n<p>No hay comparaci\u00f3n entre la represi\u00f3n de los a\u00f1os 1918-1924 y la degeneraci\u00f3n estalinista; no solamente en t\u00e9rminos cuantitativos sino tambi\u00e9n en lo que respecta a sus mecanismos m\u00e1s profundos. La represi\u00f3n bolchevique se inscrib\u00eda en la situaci\u00f3n de excepci\u00f3n del choque violento de la guerra civil. La simultaneidad del XI Congreso y de Cronstadt marca un cambio que va favorecer, sin lugar a dudas, la degeneraci\u00f3n estalinista. Pero la situaci\u00f3n no se hab\u00eda estabilizado a\u00fan. La lucha entre fracciones y los debates en el partido dan cuenta de una situaci\u00f3n que a\u00fan pod\u00eda evolucionar. Es verdad que hay elementos de continuidad entre la \u00e9poca leninista y la reacci\u00f3n estalinista, pero las discontinuidades y las rupturas son a\u00fan m\u00e1s importantes. A finales de la d\u00e9cada de los 20, y con la colectivizaci\u00f3n forzosa de 1928, se produce una ruptura hist\u00f3rica, primero con la derrota de todas las oposiciones, y m\u00e1s adelante con la normalizaci\u00f3n del partido bolchevique, la difusi\u00f3n de un poder totalitario de represi\u00f3n pol\u00edtica y social en toda la sociedad rusa, las deportaciones, las liquidaciones masivas.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica estalinista no se inscribi\u00f3 en la din\u00e1mica revolucionaria, sino en la defensa de los intereses particulares del centro estalinista y de la burocracia, con sus privilegios, que fue la base del poder personal de Stalin. Es tambi\u00e9n una pol\u00edtica reaccionaria a nivel internacional. El poder establecido no defend\u00eda ya los mismos intereses. El poder de la burocracia sustituye al de los obreros y campesinos, representado todav\u00eda en los s\u00f3viets y en el partido de principios de los a\u00f1os 20. Es en el seno mismo de la revoluci\u00f3n donde se desarrolla la contrarrevoluci\u00f3n estalinista. Esta no es el resultado de lo anterior, a pesar de que haya habido graves errores durante el per\u00edodo leninista; es una contrarrevoluci\u00f3n violenta contra la propia base pol\u00edtica del proceso revolucionario, que finalmente pudo usurpar el poder.<\/p>\n<p>La combinaci\u00f3n fatal entre asfixia democr\u00e1tica, hartazgo social, cristalizaci\u00f3n burocr\u00e1tica y, sobre todo, la purga brutal a gran escala con una tremenda represi\u00f3n, hizo que la continuidad revolucionaria de Octubre saltara en pedazos. Y ahora que est\u00e1 rota, es necesario analizar claramente lo que pas\u00f3, para que el transcurso de los acontecimientos pueda ser distinto en el futuro, cuando la revoluci\u00f3n se ponga a escribirlo de nuevo.<\/p>\n<p>* Publicado en el N\u00b0 34 de la revista Contretemps, Francia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tras los destrozos del estalinismo, la implosi\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica se dio sin que este brutal colapso reavivara la memoria de Octubre. 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