{"id":30919,"date":"2022-11-19T09:10:15","date_gmt":"2022-11-19T08:10:15","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=30919"},"modified":"2022-11-19T09:16:21","modified_gmt":"2022-11-19T08:16:21","slug":"literatura-marcel-proust-el-infinito-en-una-taza-de-te-angeles-blanco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=30919","title":{"rendered":"Literatura &#8211; Marcel Proust: El infinito en una taza de t\u00e9. [\u00c1ngeles Blanco]"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\" style=\"font-size:12px\">El escritor Marcel Proust (Par\u00eds, 10 de julio de 1871-Par\u00eds, 18 de noviembre de 1922). Foto: BERNARD ANNEBICQUE (SYGMA VIA GETTY IMAGES)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\"><strong><a href=\"https:\/\/ladiaria.com.uy\/libros\/articulo\/2022\/11\/marcel-proust-el-infinito-en-una-taza-de-te\/\">La Diaria<\/a>, 18-11-2022<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\"><strong><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 19-11-2022<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">En 1971, la peque\u00f1a localidad de Illiers, cercana a Chartres, sufri\u00f3 un cambio significativo en su nomenclatura. A partir de entonces, y al conmemorar un siglo del nacimiento de Marcel Proust, pasar\u00eda a denominarse Illiers-Combray, en alusi\u00f3n, este \u00faltimo a\u00f1adido, al escenario campestre y ficticio creado por el autor para ambientar la deliciosa infancia del narrador de su obra cumbre, <em>A la b\u00fasqueda del tiempo perdido<\/em>, inspirada en sus propias estad\u00edas veraniegas en Illiers. Una r\u00e1pida indagaci\u00f3n en la web con la indicaci\u00f3n \u201cIlliers-Combray\u201d devuelve postales que la imaginaci\u00f3n del lector no tarda en asociar con algunos lugares emblem\u00e1ticos de la <em>Recherche,<\/em> desde la c\u00fapula de la iglesia de Saint Hilaire que responde al nombre real de Saint-Jacques y que parece estar siempre perforando un poco el cielo, a los camalotes que reposan suavemente sobre el Vivonne (r\u00edo Loira). Desde luego, la estrategia de marketing tur\u00edstico parece evidente, y seguramente haya rendido sus jugosos frutos. Pero, de alg\u00fan modo tambi\u00e9n, la maniobra resulta elocuente para ilustrar ese poder sublimador de la literatura capaz de convertir un conjunto de construcciones y coordenadas geogr\u00e1ficas en alimento del imaginario colectivo y, finalmente, en s\u00edmbolo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">Hoy, a 100 a\u00f1os exactos de la muerte del demiurgo de Combray, ocurrida un 18 de noviembre de 1922, parece buen momento para volver tras los pasos de aquel muchacho que, de impecable mostacho, mirada evocativa y flor en el ojal, tal como lo revela el sepia de la fotograf\u00eda, concibi\u00f3 una de las grandes cumbres de la literatura universal: una proeza inclasificable, fascinante y tan sobrecogedora y eterna como esas catedrales que, irisado su interior por la luz caleidosc\u00f3pica del vitral, tanto supo admirar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\"><strong>Impresionista y snob<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">Tras el fin de la Gran Guerra, cuando los alegres twenties imprim\u00edan su v\u00e9rtigo de jazz y electricidad, un Proust reconocido tras la publicaci\u00f3n de <em>Por el camino de Swann<\/em>, primero de los siete tomos de la <em>Recherche,<\/em> tem\u00eda que ya no hubiera lectores para su obra. En efecto, aquella exquisita cadencia destilada en cada p\u00e1gina de su libro, macerada en unos salones de la <em>belle \u00e9poque<\/em> que cultivaban el arte de la conversaci\u00f3n y miraban de reojo, desde el pedestal de su nobleza rancia, el ascenso social de una burgues\u00eda deseosa de dar lustre a sus millones, poco o nada ten\u00edan ahora que ver con esta nueva sensibilidad desprejuiciada y arrebatadora. Le hab\u00eda costado publicar su primer libro: nadie parec\u00eda tomar en serio aquellas p\u00e1ginas iniciales que, tras uno de los comienzos m\u00e1s c\u00e9lebres de la historia de la literatura (\u201cHace tiempo que me estoy acostando temprano\u201d), se daban el lujo de dedicar l\u00edneas interminables a las idas y venidas de su protagonista para conciliar el sue\u00f1o. Muy pronto se corri\u00f3 la voz de que aquella era la obra de un snob, un ep\u00edteto que el propio Proust se hab\u00eda ganado con su incansable peregrinaje por las reuniones de la alta sociedad. Ni el l\u00facido Andr\u00e9 Gide se dio cuenta, entonces, del valor de aquella pieza inicial de un engranaje mayor, siendo el suyo, as\u00ed, uno de los arrepentimientos literarios m\u00e1s c\u00e9lebres de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">Pero el libro se public\u00f3, y lo que sigui\u00f3 es ya conocido: el reconocimiento de una obra transgresora cuya innovaci\u00f3n narrativa, presente en ese fluir de conciencia que renovar\u00eda la narrativa del siglo XX junto con los nombres de James Joyce, Franz Kafka o Virginia Woolf, romper\u00eda para siempre la linealidad de la novela realista que hab\u00eda reinado durante la segunda mitad del siglo XIX. Frente a la pretensi\u00f3n de objetividad del realismo y su vocaci\u00f3n descriptiva, Proust propone el impresionismo narrativo, la realidad fragmentaria y subjetiva, tal como es percibida por el ojo humano. Aceptar el viaje que supone la lectura de la <em>Recherche <\/em>es, de alg\u00fan modo, entrar en un cuadro impresionista, atravesar el paisaje de una tarde de picnic en un Surat o contemplar los nen\u00fafares alilados de un Monet desde la perspectiva de un peque\u00f1o puente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">En aquellos albores del siglo XX en que la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica primitiva era ya capaz de captar con fidelidad la realidad, la pintura deb\u00eda encontrar otros caminos expresivos, y ese cambio de sensibilidad, que tambi\u00e9n abonar\u00eda la experiencia de los primeros quinetoscopios y esa reproductibilidad t\u00e9cnica en el arte que tan bien sabr\u00eda explorar Walter Benjamin, parece ya manifiesta en la<em> Recherche<\/em>. Y es por eso, por ejemplo, que los ojos de Gilberta, hija del matrimonio inconveniente entre el exquisito Charles Swann y la cocotte del demi monde Odette de Cr\u00e9cy, pueden ser negros o azules en ese primer encuentro con el narrador en uno de los caminos de Combray. Todo depender\u00e1 del recuerdo de Marcel, el efecto de la luz o la distancia que se acorta entre ambos caminantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">Siete libros que a falta de mejor denominaci\u00f3n componen una sola novela (<em>Por el camino de Swann, A la sombra de las muchachas en flor, El mundo de Guermantes, Sodoma y Gomorra, La prisionera, La fugitiva, El tiempo recobrado); <\/em>tres mil quinientas p\u00e1ginas; m\u00e1s de un mill\u00f3n de palabras (cifras que pueden variar seg\u00fan el idioma de traducci\u00f3n<em>); <\/em>unos doscientos personajes, y una paleta de temas que involucran la reflexi\u00f3n sobre el arte, el<em> tiempo<\/em> y el recuerdo (notablemente influido, esto \u00faltimo, por la filosof\u00eda de Henri Bergson); m\u00e1s una estructura narrativa sin trama definida, son datos que pueden intimidar al lector deseoso de lanzarse a la aventura. Pero transitar esa espesura, animarse al viaje que supone la inmersi\u00f3n en una novela oce\u00e1nica, puede ser tambi\u00e9n una experiencia transformadora, como suele ocurrir con los cl\u00e1sicos. Antes de iniciar el viaje, no obstante, conviene saber que, siendo el narrador un escritor de nombre Marcel, que procura un m\u00e9todo para llevar adelante su obra y guarda enormes similitudes con el Marcel de carne y hueso, no es esta una novela autobiogr\u00e1fica. Y una novela que, por lo dem\u00e1s, resulta un libro dentro de un libro: el texto que sostiene en sus manos el lector es, curiosamente, ese que el narrador planea escribir al final de los siete tomos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">Al igual que el Marcel narrador, Proust hab\u00eda nacido en un hogar acomodado de la alta burgues\u00eda parisina. Fue el primer hijo de un matrimonio compuesto por Adrien Proust, un prestigioso m\u00e9dico epidemi\u00f3logo que no tuvo m\u00e1s remedio que resignarse al ocio creativo y desmedido de su hijo mayor, y por Jeanne Weil, una madre cult\u00edsima de origen ilustre, acomodado y jud\u00edo. Asm\u00e1tico a temprana edad, debilucho de nacimiento, Marcel fue mimado por esa madre amorosa que supo cincelar su inter\u00e9s por el arte y la cultura, y que lleg\u00f3 a asistirlo, incluso, en la considerable tarea de traducir a John Ruskin, autor de La Biblia de Amiens, de probable influencia en el pensamiento proustiano. Para entonces, el joven aspirante a escritor ya hab\u00eda publicado Los placeres y los d\u00edas (1896), una miscel\u00e1nea de textos que ciment\u00f3 su fama pertinaz de snob, y se habr\u00eda embarcado en la escritura de una novela que s\u00f3lo vio la luz de forma fragmentaria y p\u00f3stuma: Jean Santeuil, una suerte de borrador de la <em>Recherche<\/em>, en la que ya despunta ese hecho de singular impacto social que fue el caso Dreyfus. Habiendo sido Proust un defensor de primera hora de la inocencia del capit\u00e1n Alfred Dreyfus, injustamente acusado de espionaje, no debi\u00f3 haber sido poco su estremecimiento ante la actitud abiertamente antisemita de esa nobleza que, desde entonces, ya no volver\u00eda a ver de la misma manera. Fue una inevitable toma de conciencia de esa mitad jud\u00eda de su herencia familiar y el motivo seguro de su desencantado retiro de los grandes salones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\"><strong>Dos caminos y una magdalena<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">La muerte de su madre, en 1905, hundi\u00f3 a Proust en una depresi\u00f3n que decidi\u00f3 transitar en solitario hasta su reclusi\u00f3n voluntaria en su apartamento parisino, donde sol\u00eda llevar un r\u00e9gimen extravagante de sue\u00f1o diurno y trabajo nocturno, matizado este con sus cenas en el Ritz. La irrupci\u00f3n de Alfred Agostinelli en 1907, su chofer, secretario y una de las relaciones importantes en la vida de Marcel luego del pianista de origen venezolano Reynaldo Hahn, supuso un b\u00e1lsamo para salir del duelo. La historia de amor acab\u00f3 con un accidente fatal en 1914, preludiando el comienzo de esa Gran Guerra en la que Proust quiso y no pudo participar (hab\u00eda hecho el servicio militar con entusiasmo), pero sirvi\u00f3 de sustrato para la historia de amor entre Marcel y Albertina. El amor homosexual, de hecho, destila en la<em> Recherche<\/em> ya desde el primer volumen, cuando el narrador observa accidentalmente a la hija del viudo compositor Vinteuil junto a otra chica, siendo evidente en la construcci\u00f3n del Bar\u00f3n de Charlus, quintaesencia de la fauna aristocr\u00e1tica que morir\u00eda con el <em>fin de si\u00e8cle.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">El amor de pareja, en definitiva, sea cual sea su orientaci\u00f3n, es uno de los grandes temas del libro, y uno que ya nada tiene que ver con la construcci\u00f3n rom\u00e1ntica de un siglo atr\u00e1s. De los tres grandes amores que aparecen en la novela, es decir, el de los ya referidos Swann y Odette, y los de Marcel con Gilberta primero y con Albertina despu\u00e9s, el de Swann y Odette, cuyo tratamiento mereci\u00f3 uno de los tres apartados del primer volumen, resulta paradigm\u00e1tico para explorar la subjetividad intr\u00ednseca a la experiencia amorosa. Cuando Swann conoce a Odette no se entusiasma particularmente, si bien reconoce su belleza. Pero es reci\u00e9n al identificar en su rostro cierta fisonom\u00eda que la acerca a la representaci\u00f3n de S\u00e9fora en un cuadro de Botticelli, cuando cae irremediablemente enamorado. El amor, pues, no es para Proust m\u00e1s que una construcci\u00f3n puramente subjetiva, un concepto rompedor para una \u00e9poca que reci\u00e9n estaba descubriendo, en las teor\u00edas freudianas, la poderosa influencia del inconsciente en nuestras afinidades y elecciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\"><em>Por el camino de Swann<\/em>, primero de los siete tomos, presenta ya la gran met\u00e1fora que estructurar\u00e1 la novela, esos dos caminos por los que la familia de Marcel decid\u00eda realizar sus paseos en Combray. Uno, el que pasaba por Tansonville, la mansi\u00f3n de Charles Swann, amigo de la familia de origen jud\u00edo, mercader de arte e integrante insospechado (para la familia del narrador) del gran mundo social parisino. El otro, el de Guermantes, la poderosa familia arist\u00f3crata con ascendencia merovingia, idealizada especialmente en esa duquesa que el narrador ni\u00f1o sabe descendiente de la mism\u00edsima Genoveva de Bravante, personaje que preludia la llegada del sue\u00f1o desde la linterna m\u00e1gica de su dormitorio. Ambos caminos resultan, claramente, irreconciliables, la representaci\u00f3n m\u00e1s gr\u00e1fica posible de esos dos universos que s\u00f3lo podr\u00e1n entrelazarse una vez concluida la Gran Guerra, cuando el mundo sea otro muy distinto. Es entonces cuando, ya hacia el final de la novela, ocurre lo impensado, esa s\u00edntesis nueva que surge de los matrimonios entre<em> madame<\/em> Verdurin (la nueva rica en cuyo sal\u00f3n ocurren algunos de los pasajes m\u00e1s humor\u00edsticos de la novela) y el viudo duque de Guermantes, y entre Gilberta y Robert de Saint-Loup, sobrino de los Guermantes, es decir, entre el nuevo y el viejo orden social, la burgues\u00eda avasallante y los \u00faltimos estertores de la vieja aristocracia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">Ninguna nota sobre Proust, por modesta que sea, podr\u00eda obviar una m\u00ednima referencia a Gustave Flaubert en la incidencia de esa fluidez caracter\u00edstica de la prosa proustiana, del mismo modo que tampoco podr\u00eda ignorar ese pasaje epif\u00e1nico por excelencia que es el de la c\u00e9lebre magdalena mojada en t\u00e9. Un trozo del famoso bizcocho, tan caracter\u00edstico de la <em>p\u00e2tisserie<\/em> francesa, embebido en la infusi\u00f3n que la madre le ofrece al narrador, obra en su contacto con el paladar un efecto revelador que, a la postre, indicar\u00e1 un camino imprevisto para la creaci\u00f3n art\u00edstica. \u201cDej\u00e9 de sentirme mediocre, contingente y mortal\u201d, explica el narrador ante la emoci\u00f3n de recuperar de pronto, sin mediaci\u00f3n de la voluntad y a partir de ese signo sensible que supone el h\u00famedo bocado, todo su pasado en Combray. \u201c\u00bfDe d\u00f3nde podr\u00eda venirme aquella alegr\u00eda tan fuerte?\u201d, se pregunta en medio del \u00e9xtasis, para constatar lo infruct\u00edfero que resulta repetir la operaci\u00f3n, porque la memoria involuntaria obra as\u00ed, fuera de las leyes de la l\u00f3gica, a merced del m\u00e1s estricto azar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"color:#090000\">Ya en <em>El tiempo recobrado<\/em>, cuando tome nota de otros signos sensibles que despiertan reminiscencias \u2013el tropiezo con una baldosa en la entrada del palacio de Guermantes que le trae a la memoria el baptisterio de San Marcos en sus viajes a Venecia; la servilleta con forma de cola de pavo real que lo remite a las olas del balneario de Balbec\u2013, entender\u00e1 que all\u00ed reside la clave para la ansiada construcci\u00f3n de esa novela que se ha propuesto largamente escribir, el c\u00f3digo definitivo para recuperar el tiempo que ahora, por fin, parece haber recobrado. Y es all\u00ed tambi\u00e9n, en esos destellos de eternidad donde el pasado y el presente conviven sin conflicto, donde el lector ha entendido por fin de qu\u00e9 ha ido el viaje: de que lo extraordinario, trascendente e inmortal de una catedral g\u00f3tica irisada de vitrales puede ser tambi\u00e9n una potencialidad muy humana, tan singular y \u00fanica como una pieza de arte exquisita.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy, a 100 a\u00f1os exactos de la muerte del demiurgo de Combray, ocurrida un 18 de noviembre de 1922, parece buen momento para volver tras los pasos de aquel muchacho que, de impecable mostacho, mirada evocativa y flor en el ojal, concibi\u00f3 una de las grandes cumbres de la literatura universal.<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":30928,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","_crdt_document":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[],"tags":[703609248,17212,703609250,4438,703609249],"class_list":{"0":"post-30919","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","6":"hentry","7":"tag-a-la-recherche-du-temps-perdu","8":"tag-america-latina","9":"tag-belle-epoque","10":"tag-libros","11":"tag-swann","13":"fallback-thumbnail"},"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Proust1911b-2599863281-e1668845762534.jpg?fit=1154%2C575&ssl=1","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-82H","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/30919","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=30919"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/30919\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":30926,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/30919\/revisions\/30926"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/30928"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=30919"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=30919"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=30919"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}