{"id":3016,"date":"2017-07-21T20:06:47","date_gmt":"2017-07-21T20:06:47","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=3016"},"modified":"2017-07-21T20:06:47","modified_gmt":"2017-07-21T20:06:47","slug":"argentina-mujeres-encerradas-manicomios-decalogo-de-la-denigracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=3016","title":{"rendered":"Argentina &#8211; Mujeres encerradas: manicomios, dec\u00e1logo de la denigraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>Argentina<\/strong><\/p>\n<p><strong>Mujeres encerradas<\/strong><\/p>\n<p><strong>Manicomios, dec\u00e1logo de la denigraci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Josefina L\u00f3pez Mac Kenzie y Mar\u00eda Laura D\u2019 Amico (1) <\/strong><\/p>\n<p><strong>Revista Anfibia, julio 2017\u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.revistaanfibia.com\/\">http:\/\/www.revistaanfibia.com\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>En Melchor Romero, a diez kil\u00f3metros de La Plata, funciona uno de los tres grandes neuropsiqui\u00e1tricos estatales de la provincia de Buenos Aires. En un edificio rodeado de un gran parque hay 526 personas internadas; de ellas, 217 son mujeres. Algunas viven ah\u00ed desde hace 30, 40 y hasta 60 a\u00f1os. Aisladas, con la memoria de los tratamientos de electroshock y sin derecho a la intimidad, sus destinos est\u00e1n atados a una cuestionada instituci\u00f3n que debe desaparecer en el a\u00f1o 2020.<\/p>\n<p>Ella acepta conversar en la penumbra de la sala, mirando hacia una puerta por donde se quiere meter la ma\u00f1ana. Disfruta de observar los p\u00e1jaros sobre los \u00e1rboles, y sonr\u00ede en ese acto sencillo. Carmen es una de las mujeres con m\u00e1s manicomio encima: acaba de pasar sesenta inviernos en el hospital Alejandro Korn. Es tambi\u00e9n una de las pocas pacientes que no toman medicaci\u00f3n psiqui\u00e1trica. Y la \u00fanica que todos los d\u00edas deja su sala con alg\u00fan objetivo: conseguir hilo para bordar, cortar flores de los jardines, hacer mandados. Si tiene plata, compra masas finas en una panader\u00eda que queda a unas cuarenta cuadras. Cuando se cansa le pide a alg\u00fan polic\u00eda que la devuelva en patrullero, gratis.<\/p>\n<p>\u2212\u00bf\u00a1Qu\u00e9 me va a pasar!? \u2212dice.<\/p>\n<p>Otras mujeres llevan demasiado tiempo alojadas en este neuropsiqui\u00e1trico p\u00fablico creado a fines del siglo XIX a diez kil\u00f3metros de La Plata, en un predio verde y abierto pensado para transmitir la ilusi\u00f3n de la libertad. Am\u00e9rica vive ah\u00ed hace 43 a\u00f1os; Ana, hace 38; Beatriz, hace 35. Sus nombres reales son otros y la lista es larga.<\/p>\n<p>Casi todas llegaron con \u201cesquizofrenia paranoide\u201d y sin obra social cuando ten\u00edan entre 20 y 50 a\u00f1os y eran solteras sin hijos, madres solteras o viudas. Estaban \u201cenfermas de los nervios\u201d. \u201cTrastocaban la vida familiar\u201d con sus conductas. Ten\u00edan alguna pena de amor, alg\u00fan aborto o hab\u00edan sufrido alg\u00fan abuso. Ayer \u201cenfermas\u201d y hoy \u201cusuarias\u201d del servicio de salud mental, todav\u00eda habitan las salas de pacientes cr\u00f3nicas, soport\u00e1ndose y soport\u00e1ndolo todo, comiendo poco y feo, sin derecho a la intimidad, al silencio, a la soledad.<\/p>\n<p>Para el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias (GTDA) de la ONU, en historias como \u00e9stas existe una privaci\u00f3n de la libertad arbitraria. En mayo, despu\u00e9s de su segunda visita oficial a la Argentina, el GTDA difundi\u00f3 un informe preliminar que enfoca casos \u201calarmantes\u201d de personas confinadas hasta 63 a\u00f1os en instituciones \u201csin perspectivas reales de liberaci\u00f3n por carecer de recursos y de redes sociales para vivir en la comunidad\u201d, a pesar de lo que plantean la ley nacional de salud mental y su par provincial, en marcha desde 2013. Este universo incluye las internaciones eternas de personas con padecimientos mentales que salieron del sistema penal. Es el caso de una mujer de 87 a\u00f1os, madre soltera y ama de casa, que en 1984 lleg\u00f3 a Romero desde la c\u00e1rcel de Olmos, donde estaba presa por homicidio, y aunque obtuvo el alta lleva 33 a\u00f1os en las fauces de la maquinaria psiqui\u00e1trica: no tiene a d\u00f3nde ir.<\/p>\n<p>En otras palabras, aunque no haya m\u00e1s internaciones forzosas y las puertas de Romero \u2212el primer neuropsiqui\u00e1trico open-door que tuvo el pa\u00eds\u2212 est\u00e9n m\u00e1s abiertas que nunca, cuando las familias no existen, no pueden o no quieren cuidarlas, estas personas dependen del apoyo del Estado para cruzar el muro. Eso es lo que la ONU le exige al gobierno argentino para concretar un desaf\u00edo de la envergadura del cierre de los manicomios.<\/p>\n<p><strong>Carmen y los electroshocks<\/strong><\/p>\n<p>Carmen (85) tuvo una infancia alegre; le gustaba pasear por Villa Dom\u00ednico, hizo hasta cuarto grado y trabaj\u00f3 en una f\u00e1brica de botones hasta que muri\u00f3 su madre adoptiva. No se cas\u00f3 ni tuvo hijos.<\/p>\n<p>El 1\u00ba de julio de 1957, hace sesenta a\u00f1os, su hermana la intern\u00f3 en Romero, donde le diagnosticaron \u201cesquizofrenia paranoide\u201d. Otros m\u00e9dicos escribieron: \u201cHISTERIA\u201d. Ten\u00eda 24 a\u00f1os y \u201ctendencia al suicidio\u201d. Hab\u00eda estado internada en el Policl\u00ednico de Lan\u00fas. Al Korn lleg\u00f3 un poco desorientada y preguntando si ah\u00ed tambi\u00e9n la iban a castigar. La respuesta lleg\u00f3 r\u00e1pido.<\/p>\n<p>En los primeros diez d\u00edas la sometieron a diez comas insul\u00ednicos que para los m\u00e9dicos no dieron resultado. Se le indic\u00f3 entonces un tratamiento con electricidad. \u201cLuego de practicados varios shock muestra remisi\u00f3n sintomatol\u00f3gica\u201d, escribe alguien en su maltratada historia cl\u00ednica el 15 de agosto de 1957, y esto motiva su alta. Pero al a\u00f1o siguiente Carmen vuelve al neuropsiqui\u00e1trico y eso significa la vuelta a los comas profundos (treinta en total) y a los electroshocks \u201ccada d\u00eda y medio, hasta completar veinte\u201d. El c\u00f3ctel de electricidad, insulina y contenci\u00f3n mec\u00e1nica continu\u00f3 cinco a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n<p>Medio siglo despu\u00e9s, mientras mira los p\u00e1jaros por la puerta entreabierta de la sala Bejarano y se hace crecer un rodete gris sobre la tapa de la cabeza, ella denuncia esas pr\u00e1cticas con palabras \u2212algunas m\u00e1s comprensibles que otras\u2212 y con gestos: las manos en las sienes, la mueca de morder algo duro y el dolor en el rostro. Luego se envuelve con sus propios brazos para recordar que lleg\u00f3 a Romero en ambulancia y \u201ccomo un matambre\u201d.<\/p>\n<p>\u2212Eso no se hace \u2212repite.<\/p>\n<p>Al parecer se hizo hasta hace poco. Durante una recorrida a pie por el predio una ma\u00f1ana en que la bruma borra las copas de los \u00e1rboles, una trabajadora del hospital asegura que ella presenci\u00f3 una sesi\u00f3n en 2011. En 2014, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) incluy\u00f3 \u201cla persistencia de intervenciones como el electroshock\u201d en una extensa presentaci\u00f3n judicial sobre condiciones de vida en Melchor Romero que termin\u00f3 con la intervenci\u00f3n de la Direcci\u00f3n Asociada de Psiquiatr\u00eda de este hospital. Y el a\u00f1o pasado, el \u00d3rgano de Revisi\u00f3n Local (ORL) de Salud Mental bonaerense adhiri\u00f3 a una resoluci\u00f3n de la Secretar\u00eda de Salud Mental de Jujuy que proh\u00edbe la \u201cterapia electroconvulsiva\u201d. Pero algunos profesionales consultados en Romero para esta nota relativizan la demonizaci\u00f3n de esta pr\u00e1ctica: \u201cEl tema es el abuso que se hizo de esto ac\u00e1\u201d, distinguen. Y agregan que, salvo por el impacto visual que produce en los testigos, no es peor que bloquear las emociones de las personas con psicof\u00e1rmacos; llamarlas por el apellido a los gritos; dejarlas sin privacidad; o manejarles los cuerpos con traslados entre salas y modos de vestirse.<\/p>\n<p>\u2212La anulaci\u00f3n de ese otro, la masificaci\u00f3n, la p\u00e9rdida de singularidad \u2212resume Andrea Tomasini, trabajadora social del neuropsiqui\u00e1trico\u2212. Que sea para todos lo mismo.<\/p>\n<p>En seis d\u00e9cadas, Carmen conoci\u00f3 todo este dec\u00e1logo de la denigraci\u00f3n. Por milagro, a su cuerpo \u00e1gil y menudo le queda resto para pasear por Melchor Romero, su barrio; un pueblo armado en funci\u00f3n del hospital cuando se diagram\u00f3 la ciudad de La Plata y se fue empujando a esa zona a los locos, a los retrasados mentales y a los presos. Ella sale del hospital todos los d\u00edas, aunque el personal de seguridad tienda a pararla, por vicio institucional o sobreprotecci\u00f3n. Por ahora siempre vuelve. Su capital es la voluntad.<\/p>\n<p><strong>Ana y el para\u00edso terrenal<\/strong><\/p>\n<p>Los electroshocks tambi\u00e9n se hac\u00edan en la instituci\u00f3n de Lomas de Zamora de donde huy\u00f3 Ana (79). \u201cDos veces me escap\u00e9 de ah\u00ed\u201d, dice, e igual que Carmen representa estos experimentos con las manos en las sienes.<\/p>\n<p>Ana dej\u00f3 la escuela primaria para ir a limpiar a lo de una se\u00f1ora. Nunca se cas\u00f3 ni tuvo hijos. A Romero lleg\u00f3 con su madre desde Villa Ballester, en 1979. Ten\u00eda 42 a\u00f1os y un cuadro de \u201cesquizofrenia paranoide residual\u201d. La ficha de ingreso informa que se negaba a comer. La opini\u00f3n de\u00a0 Ana es que la internaron por trastornos en los intestinos y estar \u201cenferma de los nervios\u201d.<\/p>\n<p>\u2212A m\u00ed me trajeron enga\u00f1ada. Llegu\u00e9 ac\u00e1 a la una de la tarde, en ambulancia.<\/p>\n<p>Los informes institucionales dicen que, si hubiera tenido dinero, su familia la hubiera podido \u201cexternar\u201d. Hoy s\u00f3lo la visita su hermana, que es peluquera y una vez al mes le corta y ti\u00f1e de negro el pelo lacio, ahora corto, tesoro de su juventud. Tambi\u00e9n le lleva obleas rellenas, le deja unos pesos y le regal\u00f3 la l\u00e1mina en tonos naranja que est\u00e1 pegada contra la pared y enmarca su cama. Su vida.<\/p>\n<p>\u2212Es un \u00e1ngel del para\u00edso terrenal, se merece el cielo y la tierra entera \u2212dice, y muestra unas zapatillas blancas sin cordones que le regal\u00f3 su hermana, su \u00e1ngel, la \u00faltima vez.<\/p>\n<p>Ana tiene pocas pulgas. Cuando se enoja levanta la voz y manda a la mierda revoleando un brazo por encima del hombro. Si est\u00e1 de buen humor canta canciones de iglesia y conversa. Cuenta que a ella le dec\u00edan \u201cmuerta de hambre\u201d y con raz\u00f3n, porque no tiene a d\u00f3nde ir. Y que recordarlo le \u201cpudre la sangre\u201d.<\/p>\n<p>\u2212El pasado pisado \u2212prefiere.<\/p>\n<p>Los 38 a\u00f1os de encierro han hecho un trabajo implacable en su cuerpo: est\u00e1 muy encorvada, siempre parece cansada y pesa 37 kilos. Lleg\u00f3 a pesar 30 y depender de cuidados intensivos. Hasta hace poco sal\u00eda a hacer mandados e iba a misa en la parroquia del hospital. Pero en una ca\u00edda desde su propia altura se fractur\u00f3 el brazo derecho y ya casi no deja la sala Bejarano, que habita con 26 compa\u00f1eras de vida no elegidas.<\/p>\n<p>Como en otras salas de mujeres del Korn, hay poca ventilaci\u00f3n y pocos espejos, un comedor gris y un ba\u00f1o sin puerta. Dos perros y gatos de todo tama\u00f1o y color andan por las camas, las frazadas y los roperitos. En el hall de entrada se exhiben carpetas con el apellido de las pacientes en el lomo; est\u00e1n divididas en la historia cl\u00ednica y la psiqui\u00e1trica, como quien escinde cuerpo y alma. Y afuera se juntan colchones viejos y sillas de ruedas desvencijadas.<\/p>\n<p>\u2212La comida es una porquer\u00eda \u2212dice\u00a0 Ana\u2212. Ni los chanchos comen esto.<\/p>\n<p>El desayuno se sirve entre las 5 y las 6, el almuerzo a las 11 o 12, la merienda tipo 3 y la cena a eso de las 7. Varias mujeres de esta sala mendigan comida. Ana a veces pide \u201cel refuerzo\u201d (un par de galletitas, un huevo duro, un pedazo de queso) y se lo da a una mujer que vive postrada en otra cama.<\/p>\n<p>\u2212Ella antes era linda y trabajaba \u2212se\u00f1ala.<\/p>\n<p>Experta en nombres y apellidos, edades, fechas de cumplea\u00f1os, y circuitos de mujeres por el hospital, se acuerda de una que lleg\u00f3 de la sala Maldonado: \u201cEsas eran bravas\u2026\u201d. De la que se fue \u201ca vivir con la hija\u201d. De otra que cazaba palomas al vuelo y se las com\u00eda crudas. Y de una espa\u00f1ola de La Coru\u00f1a que \u201cten\u00eda una hija con plata que la dej\u00f3 ac\u00e1. Muri\u00f3 en la guardia\u201d.<\/p>\n<p>Su capital es la memoria, robusta en su cuerpo fr\u00e1gil. Y con ella lee el paso del tiempo. Su deseo actual es salir a visitar a su madre, que tiene 90 a\u00f1os y se est\u00e1 quedando ciega en Villa Ballester. Pero no se ilusiona mucho: no tiene plata. (*)<\/p>\n<p><strong>Edith Piaff<\/strong><\/p>\n<p>\u201cMujer con mu\u00f1eca\u201d, la foto que Helen Zout le sac\u00f3 en Melchor Romero para la serie El dolor, es de 1989, cuando ella ten\u00eda 44 a\u00f1os y ya llevaba nueve internada. Era viuda. En ese instante en blanco y negro que dio la vuelta al mundo, ella sostiene, absorta, una mu\u00f1eca de trapo. De fondo se ve la sala del hospital que esta profesora sigui\u00f3 habitando hasta el 29 de junio pasado.<\/p>\n<p>Ese jueves, a media ma\u00f1ana, la externaci\u00f3n de esta paciente hist\u00f3rica sorprende a los trabajadores del Centro de Atenci\u00f3n Primaria en Rehabilitaci\u00f3n (Caper), que tienen su foto m\u00e1s famosa pinchada en un panel del consultorio y corren a despedirse, conmovidos.<\/p>\n<p>\u2212Gracias, muchas gracias por todo. Y sigan trabajando por los pacientes \u2212dice la mujer, desde el auto que la traslada con unas pocas cajas donde caben sus pertenencias, 72 a\u00f1os de vida y 36 de manicomio.<\/p>\n<p>\u2212Me alegra que te vayas de este lugar \u2212la alienta tom\u00e1ndole las manos Sandra Vitale, jefa del Caper. Una vez que el auto se aleja, la m\u00e9dica se permite la emoci\u00f3n:\u2212 \u00a1Que lo pari\u00f3! \u2212. Sabe que su destino no es una casa sino otra instituci\u00f3n, privada, que quiz\u00e1 no garantice d\u00edas mejores.<\/p>\n<p>Este centro de salud para personas internadas funciona en el hospital desde 2001 y, dentro del Movimiento por la Desmanicomializaci\u00f3n de Romero (MDR), pelea por \u201cun proceso de sustituci\u00f3n del manicomio democr\u00e1tico y sustentable\u201d. En su fachada un mural dice Libert\u00e1. Movimiento. Amor. A pocos metros hay una sala de varones y una de mujeres. Y al lado un edificio con faja de seguridad guarda un voluminoso dep\u00f3sito de papeles y carpetas abandonados a su suerte.<\/p>\n<p>En la sala F, donde vivi\u00f3 la mujer con mu\u00f1eca, quedan su cama vac\u00eda, un almanaque 2014, algunas otras fotos suyas y lo mejor: el recuerdo de sus canciones en franc\u00e9s, que explica por qu\u00e9 alguien anot\u00f3 en su historia cl\u00ednica \u201cEdith Piaff\u201d en birome azul. Por lo dem\u00e1s, es una ma\u00f1ana como cualquiera: una enfermera acomoda pastillas en una bandeja de madera; una muchacha desnutrida enfila al comedor; una mujer espera el almuerzo doblada en una silla pl\u00e1stica; y una se\u00f1ora ciega pide Garc\u00eda Lorca en braille (quiere Bodas de sangre y poemas). Hay cucarachas, una rata muerta y las ventanas est\u00e1n cerradas.<\/p>\n<p>Afuera, en la inmensidad del predio, una figura camina cargando bolsas; asoma moment\u00e1neamente entre pl\u00e1tanos, pinos y hojas secas, y desaparece en la bruma. M\u00e1s all\u00e1, un muchacho te\u00f1ido de amarillo fuma en soledad sobre un tronco. Se oye el motor de un cami\u00f3n que recoge ropa sucia de las salas en bolsas de tela roja. Y llegan ruidos desde la sala D, donde hay refacciones en marcha. Entre los andamios, en un mural con dibujos infantiles en colores, se lee: No seamos normales, seamos felices. Tambi\u00e9n: Vivir solo cuesta vida.<\/p>\n<p><strong>\u201cTodos tienen que salir\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Al cierre de esta nota quedaban 526 personas internadas en Melchor Romero, uno de los tres grandes loqueros estatales de la provincia de Buenos Aires. De ellas, 217 son mujeres, distribuidas en distintas salas. En las de cr\u00f3nicos ya no se permiten nuevos ingresos, aunque a veces ocurren; son personas sin redes de afecto o personas en situaci\u00f3n de calle, que encuentran una cama y un plato de comida.<\/p>\n<p>\u2212Todos est\u00e1n mal internados y tienen que salir \u2212dice Bel\u00e9n Maruelli, m\u00e9dica generalista del Caper\u2212. Pero para m\u00ed la gente grande, que ha sido encerrada y torturada muchos a\u00f1os ac\u00e1 adentro, deber\u00eda ser la primera en salir, para poder vivir de otra manera los a\u00f1os que le quedan, y porque no me gustar\u00eda que nadie m\u00e1s se muera ac\u00e1 adentro.<\/p>\n<p>En 2014 desapareci\u00f3 ah\u00ed Bernarda Saucedo (84), una mujer institucionalizada por medio siglo a la que la Justicia nunca busc\u00f3; en su historia cl\u00ednica dice que pasaba hambre en la casa donde limpiaba, que la intern\u00f3 esa familia en complicidad con su novio y que cuando lleg\u00f3 al Korn crey\u00f3 entrar en una morgue. En 2015 falleci\u00f3 Celina Trezeguet, una obrera de frigor\u00edfico que pas\u00f3 74 a\u00f1os encerrada. Las muertes y su falta de investigaci\u00f3n abundan y son motivo de denuncia constante del CELS y la Comisi\u00f3n por la Memoria de la provincia de Buenos Aires (CPM).<\/p>\n<p>\u2212Toda muerte en un sistema de encierro es dudosa \u2212define Maruelli, miembro de la \u201ccomisi\u00f3n de \u00f3bito\u201d de Romero, y se\u00f1ala que all\u00ed la probabilidad de morir es de cuatro a diez veces mayor que afuera, aun cuando hay un hospital general enfrente. Las causas principales son infecciones generalizadas, neumon\u00eda, insuficiencia card\u00edaca, broncoaspiraciones y c\u00e1ncer.<\/p>\n<p><strong>\u2212\u00bfCu\u00e1nto queda de manicomio?<\/strong><\/p>\n<p>\u2212Seg\u00fan la ley, hasta 2020. Yo creo que no se va a llegar, porque se necesitan condiciones materiales afuera y parecer\u00eda que no hay una intenci\u00f3n clara de financiar externaciones sustentables. Equipos interdisciplinarios que puedan trabajar como corresponde con las personas, casas para que vivan afuera y curadur\u00edas que puedan recorrer este cambio paradigm\u00e1tico para garantizar el acceso a las personas sin dinero. Muchas veces se traba ah\u00ed. Yo lo veo re dif\u00edcil.<\/p>\n<p>En 2015, la escasez de recursos humanos y el estado deficiente de este edificio llegaron hasta la Corte bonaerense, que le dio a la Provincia un a\u00f1o para resolver ambos temas. Hoy faltan trabajadores sociales y psic\u00f3logos, y no hay acompa\u00f1antes terap\u00e9uticos del hospital para las personas internadas; entonces, aunque no todas accedan a una pensi\u00f3n (muchas ni siquiera tienen DNI), para afrontar su reconexi\u00f3n con el afuera se tienen que financiar un acompa\u00f1ante personal.<\/p>\n<p>En Romero, la transici\u00f3n hacia un pa\u00eds sin manicomios va lento, pero hay algunos jirones de cambio. Por ejemplo, tres salas de la Direcci\u00f3n Asociada de Psiquiatr\u00eda, que hoy dirige la psiquiatra Patricia Pauluc, ya est\u00e1n a cargo de profesionales que no son psiquiatras \u2212dos trabajadores sociales y una psic\u00f3loga\u2212. Por otro lado, una mesa permanente \u2212creada por orden judicial\u2212 re\u00fane a organizaciones pol\u00edticas (el MDR, la CPM, el CELS) y representantes del hospital, del Poder Ejecutivo provincial, de curadur\u00edas y del ORL. Y tambi\u00e9n se estren\u00f3 un protocolo que pone patas para arriba la l\u00f3gica de la circulaci\u00f3n: ya no hay que autorizar a personas como Carmen sus salidas por el predio o por la ciudad, sino justificar cu\u00e1ndo \u2212y por qu\u00e9 y por cu\u00e1nto tiempo\u2212 no pueden salir.<\/p>\n<p>Otro avance es que hay menos silencios: las y los pacientes, mezclados con trabajadores, dirimen en asambleas cuestiones de convivencia y condiciones de vida: desde qu\u00e9 perros castrar o admitir en las salas hasta c\u00f3mo exigir comida digna; se empez\u00f3 a poder hablar de la h\u00edper medicaci\u00f3n y de los abusos sexuales intramuros; y van apareciendo nuevas preocupaciones: \u201cEn el Caper \u2212advierte Maruelli\u2212 empezaron a consultar por incontinencia urinaria: cuando la gente empieza a andar en colectivo o a insertarse un poco m\u00e1s en la comunidad necesita no estar toda meada, porque sabe que eso de alguna manera lo aleja de otras personas. Los motivos de consulta cl\u00ednicos est\u00e1n cambiando y eso tuvo que ver, para m\u00ed, con ubicar a las personas como sujetos de derechos\u201d.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>La salida del manicomio est\u00e1 en la 175 y 520, una avenida partida por un bulevar gris donde camiones, motos y colectivos escupen humo a los vendedores en los sem\u00e1foros. Es Romero, una de las localidades m\u00e1s pobladas de La Plata, llena de barrios, villas y quintas, que en 1884, cuando se inaugur\u00f3 el hospital, ten\u00eda poco m\u00e1s que una estaci\u00f3n de ferrocarril. Ese mundo de ruido espera a quienes pasaron d\u00e9cadas aislados.<\/p>\n<p>\u2212El cajero. El colectivo. La Sube. Los turnos por internet. Los tr\u00e1mites. A veces te piden que les conviertas la plata a australes\u2026 \u2212enumera Camila Azzerboni, trabajadora social y militante del MDR\u2212. Vos ten\u00e9s que acompa\u00f1ar a la persona para que se haga una red, en principio, sabiendo que estamos en un momento re hostil de la sociedad\u2026 Pero acompa\u00f1\u00e1s a alguien a un tr\u00e1mite y si no resuelve enseguida una pregunta toda la cola ya est\u00e1 bufando. Una vez iba con un se\u00f1or que iba juntando todas las colillas que encontraba y se las iba fumando. \u00bf\u00a1Y de \u00faltima, a qui\u00e9n le jode!? \u00a1Pero no se tolera ni eso! Las inmobiliarias \u2212agrega\u2212 no quieren alquilarle a un loco o a un grupo de locos. Y un centro de jubilados de Romero adonde fuimos a proponer hacer talleres integradores tampoco quiere que vayan personas que viven en el hospital.<\/p>\n<p><strong>\u2212\u00bfQu\u00e9 es el manicomio?<\/strong><\/p>\n<p>\u2212El manicomio es el capitalismo extremo encarnado en una instituci\u00f3n. Ellos no est\u00e1n ac\u00e1 porque s\u00ed\u2026 Hay todo un contexto que habilit\u00f3, habilita y va a seguir habilitando que esto exista. Y todo lo que pasa ac\u00e1 es lo que pasa afuera, aunque ac\u00e1 llega a un nivel de crudeza mayor\u2026 Hay que ser muy fuerte para soportar esto\u201d.<\/p>\n<p>De la 520 para adentro se abre un horizonte verde y calmo de belleza inusual, salpicado de \u00e1rboles viejos y edificios heterog\u00e9neos, algunos en ruina, unidos por senderos de tierra y asfalto. En esta especie de pueblo rural todav\u00eda funciona un museo vivo de la segregaci\u00f3n, donde muchos tambi\u00e9n practican la haza\u00f1a de la fraternidad.<\/p>\n<p>* Durante la edici\u00f3n de esta nota, Ana se cay\u00f3 y se quebr\u00f3 la cadera. Fue internada y operada en el hospital de Romero donde contrajo una neumon\u00eda intrahospitalaria. Muri\u00f3 el 13 de julio, a los 79 a\u00f1os.<\/p>\n<p><strong>1) Las autoras<\/strong><\/p>\n<p>Josefina L\u00f3pez Mac Kenzie, periodista y traductora. Coautora de un libro period\u00edstico sobre la inundaci\u00f3n de 2013 (2A. El naufragio de La Plata), y hoy edita y corrige libros en una editorial. En 2011 fue finalista del premio Nuevas Plumas, por su cr\u00f3nica sobre un viaje entre Salta y Paraguay.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Laura D\u2019 Amico, periodista y fot\u00f3grafa. En 2007 se recibi\u00f3 de Licenciada en Comunicaci\u00f3n Social y ha colaborado con cr\u00f3nicas de pol\u00edtica e inter\u00e9s general en el diario P\u00e1gina 12 y la revista La Pulseada. Actualmente trabaja en la Secretar\u00eda de Medios de la provincia de Buenos Aires y es colaboradora del sitio web Diario sobre Diarios bonaerense.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Melchor Romero, a diez kil\u00f3metros de La Plata, funciona uno de los tres grandes neuropsiqui\u00e1tricos estatales de la provincia de Buenos Aires. 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