{"id":2734,"date":"2017-06-22T19:26:55","date_gmt":"2017-06-22T19:26:55","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=2734"},"modified":"2017-06-22T19:26:56","modified_gmt":"2017-06-22T19:26:56","slug":"paraguay-augusto-roa-bastos-arte-supremo-de-un-gran-novelista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=2734","title":{"rendered":"Paraguay &#8211; Augusto Roa Bastos: arte supremo de un gran novelista"},"content":{"rendered":"<p><strong>Paraguay<\/strong><\/p>\n<p><strong>Augusto Roa Bastos<\/strong><\/p>\n<p><strong>Arte supremo de un gran novelista<\/strong><\/p>\n<p><strong>A cien a\u00f1os del nacimiento del escritor paraguayo, se reeditan Yo el Supremo e Hijo de hombre y se publican los cuentos de Encuentro con el traidor.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Alfredo Grieco y Bavio, desde Asunci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Revista \u00d1, 20-6-2017<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/revista-n\/\">https:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/revista-n\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Uno de los efectos del boom editorial de la literatura latinoamericana de los a\u00f1os 60 que este a\u00f1o festeja su cincuentenario favoreci\u00f3 el nacionalismo capitalizador y monop\u00f3lico. Para cada naci\u00f3n ilustraba en los cat\u00e1logos y en las librer\u00edas cosmopolitas, un novelista best-seller; preferentemente, unos pocos, con tendencia a concentrarse en un solo nombre, como una sola bandera luc\u00eda en los mapas pol\u00edticos coloreados del subcontinente. En el Urupabol, el Benelux de Sudam\u00e9rica, a Uruguay correspondi\u00f3 Juan Carlos Onetti, a Bolivia acaso el hoy menos recordado N\u00e9stor Taboada Ter\u00e1n, a Paraguay, sin duda alguna, Augusto Roa Bastos, cuyo centenario y cuya vigencia festejan este mes de junio la lengua castellana y todas las lenguas, incluso, no sin renuencias de algunos de sus hablantes, el guaran\u00ed.<\/p>\n<p>Primer exportador mundial de energ\u00eda el\u00e9ctrica y primer importador mundial de whisky, Paraguay es el pa\u00eds americano que protagoniz\u00f3 m\u00e1s guerras internacionales y civiles. En 2011, un presidente de un signo pol\u00edtico nuevo, el obispo Fernando Lugo (derribado al a\u00f1o siguiente por un golpe legislativo express) celebr\u00f3 el Bicentenario de una patria que se hab\u00eda vuelto tambi\u00e9n ella monop\u00f3lica. El 2% de la poblaci\u00f3n es due\u00f1o del 98% de las tierras, y en siglo y medio de historia gobern\u00f3 casi sin interrupciones mayores, con elecciones y dictaduras, el mismo Partido, el Colorado, el que gobierna hoy, el que hab\u00eda liderado esa concentraci\u00f3n terrateniente despu\u00e9s de la guerra genocida (1864-1870) en que Paraguay fue derrotado por Brasil, Argentina y Uruguay con connivencia brit\u00e1nica.<\/p>\n<p>Estas convulsiones y par\u00e1lisis bicentenarias atraviesan como tema y problema constante, bajo y alto continuo, los cuentos, los ensayos y las grandes novelas de Roa Bastos: entre \u00e9stas, Hijo de hombre (1960) y Yo el Supremo (1974) destacan por sobre las otras cuatro.<\/p>\n<p>En Paraguay, pa\u00eds oficialmente biling\u00fce, \u00fanico del mundo donde la bandera tiene dos lados diferentes, el monopolio de Roa Bastos como representante literario exterior parece inconmovible. Con la lucidez sin desfallecimientos que la caracteriza, la cr\u00edtica, poeta y narradora Montserrat Alvarez observa que suscita y regurgita Roa a cien a\u00f1os de nacido: \u201cun banquete de ep\u00edtetos \u2013todos un tanto obscenos\u2013 proferidos, para decirlo con la debida pompa, por \u2018referentes\u2019: nuestro m\u00e1s profundo escritor \/ sublime art\u00edfice del verbo \/ tr\u00e1gico paraguayo de \u00falceras recubiertas por fino papel \/ devoto artesano de la palabra \/ paraguayo universal \/ alquimista tit\u00e1nico del verbo \/ orfebre de la prosa cintilante. En un juego especular, Roa se mira en Paraguay, que se mira en Roa: una naci\u00f3n, una obra\u201d.<\/p>\n<p>El narrador Javier Viveros no contradice a la editora del Cultural del ABC Color, y dice a \u00d1 desde Asunci\u00f3n: \u201cDecir que Roa Bastos es la figura se\u00f1era de nuestras letras es menos un axioma que una verdad de Perogrullo. Nuestro supremo escritor es un faro que abri\u00f3 caminos a la literatura paraguaya, que la coloc\u00f3 en el mapa, en un lugar de preeminencia. Roa posey\u00f3 el castellano en un nivel en el que nadie lo hab\u00eda hecho hasta entonces (tampoco despu\u00e9s de \u00e9l). Solo alguien profundamente enamorado del lenguaje pudo ser capaz de firmar esa monumental obra de brillo cervantino y quevediano como sin dudas lo es Yo el Supremo\u201d. Concuerda Jos\u00e9 P\u00e9rez Reyes, autor de Asuncenarios: \u201cUna vez que pase el \u2018trueno\u2019 de su centenario habr\u00e1 que volver a las \u2018hojas\u2019, ir al origen de sus obras m\u00e1s all\u00e1 del mito\u201d.<\/p>\n<p>Un padre, un parricidio Con sobriedad, con atenci\u00f3n al detalle, Carla Daniela Benisz, especialista en el \u00e1mbito cultural paraguayo, apunta sobre el autor centenario: \u201cEn sus \u00faltimos a\u00f1os y ya ca\u00edda la dictadura stronista, Roa Bastos fue una especie de divisor de aguas en el campo intelectual paraguayo. Su consagraci\u00f3n internacional y sus propias declaraciones pol\u00e9micas alimentaron ciertos gestos \u2018parricidas\u2019 por parte de algunos escritores paraguayos que vieron en \u00e9l el t\u00f3tem con el cual se deb\u00eda confrontar. Cuando regresa al Paraguay en los primeros 90, Roa intenta participar activamente de la vida pol\u00edtica de la transici\u00f3n y para ello hace valer ese peso de escritor que se hab\u00eda ganado fuera de su pa\u00eds. En ese contexto, Roa realiza un balance pesimista del estado de la literatura paraguaya, que muchos escritores sintieron como una impugnaci\u00f3n personal. Sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de ciertas ambivalencias intelectuales de Roa y su ajuste de cuentas personal, creo que hay ciertas discusiones que \u00e9l despert\u00f3 y que la literatura paraguaya todav\u00eda se deb\u00eda. La principal es la de centrarse en el conflicto colonial como factor estructural de la cultura paraguaya y, en consecuencia, de su literatura\u201d.<\/p>\n<p>Muchas de estas discusiones resume para \u00d1 el escritor paraguayo Ever Rom\u00e1n, a partir de un Congreso sobre la obra de Roa que la semana pasada sesion\u00f3 en la Fundaci\u00f3n Paraguay Cultura: \u201cUno de los cuestionamientos que se dieron en el congreso fue que el mundo de Roa, el Paraguay rural de los a\u00f1os 30, 40, no existe m\u00e1s. Por lo tanto, el de ahora es otro pa\u00eds. La gente ahora vive en las ciudades, engrosando los cordones de pobreza, o ha emigrado, pero por razones no solamente pol\u00edticas, sino econ\u00f3micas. Entonces, el pa\u00eds escrito es el de la ciudad, el comercio, con sus dramas particulares y su sensibilidad especial. Y el exilio, tan importante en la actualidad como en la \u00e9poca de Roa, tiene un car\u00e1cter distinto. Ya no es el exilio pol\u00edtico, sino que es econ\u00f3mico, los paraguayos emigran a causa de la miseria, o por alguna otra cuesti\u00f3n relacionada con la globalizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De Yo el Supremo prepara la Real Academia espa\u00f1ola una edici\u00f3n cr\u00edtica de homenaje para este 2017, dirigida por la acad\u00e9mica paraguaya Maribel Barreto. A pedido de \u00d1, Susana Santos, heredera de David Vi\u00f1as en la c\u00e1tedra de Problemas de Literatura Latinoamericana un la Universidad de Buenos Aires, y \u00fanica especialista de la Argentina invitada por la RAE para participar con un estudio cr\u00edtico en esta edici\u00f3n, caracteriza la singularidad de esta \u2018novela de dictador\u2019 cuya primera edici\u00f3n es argentina: \u201cEl jueves 27 de junio de 1974 coincidieron en Buenos Aires la aparici\u00f3n de la novela Yo el Supremo de Roa Bastos y la desaparici\u00f3n del general Juan Domingo Per\u00f3n, hasta entonces presidente por tercera vez de la Rep\u00fablica que terminaba as\u00ed una etapa hist\u00f3rica. En correlaci\u00f3n, El yo supremo significaba el inicio de una nueva literatura por su forma ling\u00fc\u00edstica, filos\u00f3fica e incluso pol\u00edtica en la narrativa de Roa Bastos\u201d.<\/p>\n<p>En Hijo de hombre, novela cuyo fondo es la Guerra del Chaco (1932-1935), en la que Paraguay derrot\u00f3 a Bolivia y cuya paz fue firmada en Buenos Aires, los problemas literarios que el autor enfrent\u00f3, y a los que ofreci\u00f3 soluci\u00f3n original, tambi\u00e9n involucran al otro bando beligerante, y a la Argentina. Con la erudici\u00f3n que caracteriza una obra de varias d\u00e9cadas, la cr\u00edtica y catedr\u00e1tica boliviana Alba Mar\u00eda Paz Sold\u00e1n, comenta: \u201cRoa, escritor que responsabiliza de su escritura a sus lecturas, tiene que haber le\u00eddo una y otra vez los cuentos de Sangre de mestizos (1936) de Augusto C\u00e9spedes, el boliviano que public\u00f3 estos textos al a\u00f1o siguiente de terminada la Guerra del Chaco. Esto mismo nos autoriza a hablar de una intertextualidad no solo referida al tema del conflicto b\u00e9lico sino tambi\u00e9n a ciertas im\u00e1genes presentes en cada uno de los autores que, aunque en su propio estilo, remiten unas a otras\u201d.<\/p>\n<p>Por su parte, el narrador Mario Castells, a prop\u00f3sito de esta novela hoy reeditada, dirige nuestra atenci\u00f3n hacia otro escritor de fronteras, el uruguayo-argentino Horacio Quiroga: \u201cComo sabemos, Quiroga naci\u00f3 uruguayo; se radic\u00f3 en Buenos Aires pero escribi\u00f3 cuentos sobre la antigua regi\u00f3n guaran\u00ed de Misiones, zona de frontera donde la muerte era un riesgo y un desaf\u00edo cotidiano. No es dif\u00edcil ver en la elecci\u00f3n literaria de Quiroga a su precursor, Rafael Barrett, el que seg\u00fan palabras del mismo Roa le ense\u00f1\u00f3 a escribir a \u00e9l y a los escritores paraguayos de su generaci\u00f3n. Roa toma el m\u00e9todo de Quiroga y se enfrenta a la lengua popular campesina de otra manera. Esto es muy claro si lo cotejamos con El trueno entre las hojas. Y por \u00faltimo, y no menos importante, por la identificaci\u00f3n del letrado como traidor que se desprende de los personajes que fungen como \u00e1lter ego de los escritores\u201d.<\/p>\n<p>Desde la explosi\u00f3n del sesentista boom literario de Latinoam\u00e9rica a los sollozos del crash con el Mercosur y el Nafta arrumbados, Roa Bastos ha transitado, fatal aunque no letalmente, el camino de toda carne. Autor de poderosas ficciones \u2018de personaje\u2019, tras morir \u00e9l mismo acab\u00f3 por ser uno en la ficci\u00f3n de sus compatriotas Cristino Bogado y M\u00f3nica Bustos. Deshizo as\u00ed un camino borgesiano, y su figura, hoy centenaria, march\u00f3 de las novelas a las alegor\u00edas.<\/p>\n<p><strong><u>Reediciones<\/u><\/strong><\/p>\n<p>Yo el Supremo, Augusto Roa Bastos. Eterna Cadencia, 576 p\u00e1gs. Pr\u00f3logo de Josefina Ludmer.<\/p>\n<p>Hijo de hombre, Augusto Roa Bastos. Eterna Cadencia, 416 p\u00e1gs.<\/p>\n<p>Encuentro con el traidor, Augusto Roa Bastos. Mil Botellas, 182 p\u00e1gs.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Paraguay, pa\u00eds oficialmente biling\u00fce, \u00fanico del mundo donde la bandera tiene dos lados diferentes, el monopolio de Roa Bastos como representante literario exterior parece inconmovible. 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