{"id":2328,"date":"2017-05-14T18:50:25","date_gmt":"2017-05-14T18:50:25","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=2328"},"modified":"2017-05-16T20:10:24","modified_gmt":"2017-05-16T20:10:24","slug":"uruguay-claves-conservadoras-la-perdida-de-valores-y-la-violencia-en-la-educacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=2328","title":{"rendered":"Uruguay &#8211; Claves conservadoras: la \u00abp\u00e9rdida de valores\u00bb y la violencia en la educaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>Uruguay<\/strong><\/p>\n<p><strong>La \u201cp\u00e9rdida de valores\u201d y la violencia en la educaci\u00f3n: acerca de la necesidad de cuestionar algunas claves interpretativas <\/strong><\/p>\n<p><strong>Nilia Viscardi *<\/strong><\/p>\n<p><strong>La Diaria, 12-5-2017\u00a0<\/strong><strong><a href=\"https:\/\/educacion.ladiaria.com.uy\/\">https:\/\/educacion.ladiaria.com.uy\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>La idea de que \u201cse han perdido los valores\u201d es uno de los recursos explicativos que circula con mayor fuerza cuando emergen violencias asociadas al contexto educativo. Esta expresi\u00f3n parece idealizar un pasado generoso frente un presente que poco ofrece en comparaci\u00f3n con aquella sociedad integrada y pac\u00edfica del Uruguay de mediados del siglo XX. La \u201cp\u00e9rdida de valores\u201d de la sociedad (y de los j\u00f3venes) en el mundo de la educaci\u00f3n es repetida no solamente por las generaciones que vivieron ese mundo, sino por los adultos que lo conocieron por relato ya no de sus padres, sino de sus abuelos. Los padres y docentes de hoy \u2014cada vez que un conflicto estalla\u2014 ven all\u00ed un mundo en decadencia. Se afirma as\u00ed que no se perpet\u00faan aquellos valores y que no se han generado nuevos. Habr\u00eda que pensar que no hay nuevos horizontes y que nada de los \u201cantiguos valores\u201d \u2014que no vale la pena cuestionar\u2014 ha subsistido. Y tan debilitados est\u00e1n los lazos entre docentes, estudiantes y padres en las instituciones educativas, que la \u00fanica forma de hablar de lo que pasa en una escuela, en un liceo, es, en apariencia, apelar a la violencia. La \u00fanica certeza es la de que existe violencia en los centros educativos \u2014junto a la de que no existen logros educativos en Uruguay\u2014, y cada vez que un hecho de violencia ocurre y toma difusi\u00f3n, se reedita la sensaci\u00f3n de que los valores se han perdido.<\/p>\n<p>Tal vez la cuesti\u00f3n de fondo no sea la p\u00e9rdida, sino la dificultad de vivir sin un conjunto de valores propios de una sociedad en la cual las jerarqu\u00edas, la violencia institucional y el patriarcado eran aceptados en el mundo valorativo propio de la modernidad de inicios del siglo XX. Pues lo que se lamenta muchas veces es la p\u00e9rdida de vigencia de un conjunto de visiones que carecen de validez a los ojos de las nuevas generaciones como fruto, en parte, de diversas conquistas. Creo que en este lamento no se observa tanto la dial\u00e9ctica de las diversas concepciones en torno a los nuevos logros y conquistas, sino m\u00e1s bien el reclamo de un orden conservador que confunde jerarqu\u00eda, orden y silencio con paz, limitando el proceso de transformaci\u00f3n de instituciones que acompa\u00f1aron tempranamente el desarrollo nacional del pa\u00eds y cuyas pr\u00e1cticas cotidianas, tradiciones y normativas expresaban una cultura pol\u00edtica en gran parte hoy perimida.<\/p>\n<p>Por lo pronto, no parece acertado afirmar que la vida cotidiana de un centro educativo se resume a los hechos de violencia que puntual y circunstancialmente ocurren, ni que todo lo que se denomina \u201cviolencia en la educaci\u00f3n\u201d lo es. La indagaci\u00f3n m\u00e1s sistem\u00e1tica muestra que parte de nuestros conflictos, incluso aquellos que devienen en violencias, siguen una secuencia clara: la sensaci\u00f3n que resulta del hecho de que un alumno, un trabajador, un padre, siente que no son respetados sus derechos. \u00bfDe qu\u00e9 respeto se habla? En los estudiantes y los j\u00f3venes, de la herida que supone vulnerar su identidad personal, sus elecciones, sus v\u00ednculos familiares y su lugar de pertenencia. Sobre todo si ello es realizado en clave de humillaci\u00f3n de clase. En los adultos, de la falta de reconocimiento de los lugares adquiridos en la instituci\u00f3n: el cargo y el saber que conlleva ese cargo. En los padres, el exceso de poder de la instituci\u00f3n frente a los hijos, la humillaci\u00f3n de su imagen de adulto frente a sus hijos o el rechazo a la nota escolar como anticipo del fracaso social.<\/p>\n<p><strong>En contexto<\/strong><\/p>\n<p>El contexto es conocido. Lejos del progreso, la llegada al siglo XXI nos encontr\u00f3 luchando contra los efectos devastadores del neoliberalismo y la pobreza, la carencia de trabajo, el aumento de la violencia delictiva, la difusi\u00f3n incontrolada de mensajes violentos en algunos medios masivos de comunicaci\u00f3n, la vulnerabilidad de los ni\u00f1os, de los adolescentes y de los j\u00f3venes, y la desigualdad. Pero si estos datos nos han quitado ilusi\u00f3n, tambi\u00e9n debe tenerse en cuenta el modo en que el triunfo de los nuevos gobiernos conservadores de la regi\u00f3n han agravado estas din\u00e1micas. En esta trama es central revertir las din\u00e1micas de una educaci\u00f3n excluyente, identificando sus pr\u00e1cticas. Y una de sus pr\u00e1cticas consiste en la sistem\u00e1tica criminalizaci\u00f3n de las conductas disruptivas de los alumnos en la escuela o en el liceo, criminalizaci\u00f3n que se legitima en la falla normativa y valorativa de estos.<\/p>\n<p>Es en este estado de cosas que se libra una batalla sistem\u00e1tica en el \u00e1mbito educativo. A nivel de las pol\u00edticas, se ha continuado con el trabajo de integraci\u00f3n de alumnos, de construcci\u00f3n de escuelas, liceos y centros educativos terciarios, y se han generado leyes que luchan por plasmar derechos propios de aquellos valores incuestionables de Jos\u00e9 Pedro Varela, pero acordes a las nuevas conquistas. Fundamentalmente la diversidad, la inclusi\u00f3n, la participaci\u00f3n, la no discriminaci\u00f3n, los derechos de las mujeres, la lucha contra la violencia dom\u00e9stica, los nuevos derechos sexuales y reproductivos, la protecci\u00f3n en materia de salud mediante la pol\u00edtica de la reducci\u00f3n de consumo de tabaco y la regulaci\u00f3n de la producci\u00f3n de cannabis, as\u00ed como el respeto al medioambiente. Esta plataforma ha puesto en pr\u00e1ctica un programa que ampl\u00eda los derechos, integra la voz de los que menos poder tienen en la educaci\u00f3n y defiende nuevas formas de convivencia y participaci\u00f3n. Y es una batalla sistem\u00e1tica aquella que se libra por traspasar los muros de la escuela y articular estas pol\u00edticas con los programas escolares y las din\u00e1micas de los centros educativos. Tambi\u00e9n aquella que se libra para hacer visibles y reconocer un sinf\u00edn de experiencias educativas enriquecedoras que se pierden y desacumulan. Este trabajo no se hace sin contradicciones, en una organizaci\u00f3n estatal vertebrada por un sistema burocr\u00e1tico que se afirma en tradiciones, normativas y programas de dif\u00edcil modificaci\u00f3n. Muy por el contrario, se lleva adelante en un contexto a\u00fan adverso, que es preciso continuar desmantelando. Pero es claro que los gobiernos que sostuvieron esta plataforma en Uruguay fueron aquellos que m\u00e1s aumentaron la inversi\u00f3n en educaci\u00f3n: creci\u00f3 el porcentaje del Producto Interno Bruto destinado a ella, mejoraron las condiciones salariales de los docentes, y se realizaron varias inversiones, m\u00e1s all\u00e1 de que estemos realmente lejos de lo deseable y necesario.<\/p>\n<p>Asimismo, el avance de la fragmentaci\u00f3n educativa, la existencia de circuitos y opciones en las cuales los diferentes nunca se encuentran, genera nuevas din\u00e1micas e instala otros problemas: la separaci\u00f3n de los diferentes ha limado la vivencia de las desigualdades de clase m\u00e1s duras en cada escuela. Pero la experiencia educativa no lograr\u00e1 borrar nunca la vivencia de las asimetr\u00edas, desigualdades y diferencias que existen y ocasionan sufrimiento escolar. Y esto, sin entrar en valoraciones relativas a las consecuencias sociales que esta segmentaci\u00f3n cultural produce o a las posibilidades de alterarla en alg\u00fan sentido. Lo que s\u00ed puede la experiencia educativa es brindar herramientas para resolver el conflicto por v\u00eda de la palabra: manejar la argumentaci\u00f3n y generar un espacio de experiencia real de los derechos y de la participaci\u00f3n. Cre\u00edmos que la igualdad en la forma (la defensa del uniforme) podr\u00eda salvarnos de la vivencia de nuestras asimetr\u00edas. Todo muestra que el nuevo programa escolar est\u00e1 enfrentado a reconocer las diferencias y a ense\u00f1ar a los alumnos los criterios con los cuales han de manejarlas democr\u00e1ticamente, comprendiendo su condici\u00f3n y brindando herramientas para afirmarla o interpelarla de un modo consciente. Las desigualdades sociales no se resolver\u00e1n en la escuela. Pero la falta de educaci\u00f3n las radicaliza.<\/p>\n<p>Es en este concierto que el problema de la p\u00e9rdida de valores como explicaci\u00f3n del aumento de la violencia se hace presente como expresi\u00f3n de una visi\u00f3n conservadora a la que le cuesta aceptar las nuevas condiciones en que se produce el intercambio entre las nuevas y viejas generaciones. Pues la educaci\u00f3n ya no es un privilegio que el estado brindaba a los sectores populares. Es un derecho por el cual deben luchar los responsables de esta, y eso profundiza la pr\u00e1ctica educativa en tanto acto pol\u00edtico. La violencia instituciona,l propia de la vieja y antigua escuela en la que el maltrato infantil, el castigo, la sanci\u00f3n, eran democr\u00e1ticamente aplicados en todos los ni\u00f1os, ya no puede ser el sost\u00e9n del v\u00ednculo educativo cuando un estudiante no muestra inter\u00e9s, cuando desobedece o cuando interpela la autoridad del docente. Y este es gran parte del dilema: el largo camino que la instituci\u00f3n educativa debe recorrer para educar respetando los derechos de aquellos sectores vulnerables y cuyo encuentro con el sistema educativo es muy reciente en la ense\u00f1anza media.<\/p>\n<p><strong>Los caminos<\/strong><\/p>\n<p>Si se parte del presupuesto de que las violencias expresan conflictos sociales y no psicopat\u00edas individuales, y que la forma de trabajarlas debe pasar por el camino de la integraci\u00f3n y de la defensa de los derechos, la perspectiva no puede suscribir que la violencia en la educaci\u00f3n, cuando ocurre, sea el objeto de una pol\u00edtica criminal \u2014bullying\u2014 o de seguridad. Debe ser el objeto de una acci\u00f3n educativa. Es en los centros de ense\u00f1anza en que a las conductas violentas de ni\u00f1os, adolescentes y padres debe darse una respuesta. Y esta respuesta puede tener dos sentidos. El primero, incriminar a los m\u00e1s vulnerables \u2014pues la violencia de ni\u00f1os y adolescentes es la violencia de los vulnerables\u2014 y reforzar la exclusi\u00f3n. Ni que hablar de los efectos que estas pr\u00e1cticas tienen cuando estas respuestas se producen en los ni\u00f1os y adolescentes pobres, que suman a la vulnerabilidad que la infancia y la adolescencia suponen, la debilidad que la falta de los soportes sociales y econ\u00f3micos implican. El riesgo es el de reeditar una versi\u00f3n educativa del Estado como agente punitivo. El segundo sentido pasa por potenciar los derechos de los ni\u00f1os y adolescentes trabajando la cultura pol\u00edtica de los centros, sus relaciones de convivencia y educando en el marco de un estado de derecho en el cual la ley no aparece solamente para restringir y prohibir, sino tambi\u00e9n para expresarse, ser escuchado y vincularse con otros. La prevenci\u00f3n del malestar se juega en la capacidad que un centro educativo tiene de impulsar un modelo de resoluci\u00f3n del conflicto que ponga en palabras el desencuentro antes de que este llegue a manifestarse en la violencia contra el cuerpo. Y esa es la esencia de la democracia: la constituci\u00f3n de ciudadan\u00eda. Por lo tanto, cada director, cada docente, tiene por misi\u00f3n formar ciudadanos que puedan argumentar, identificar los desencuentros y resolver el conflicto por la v\u00eda democr\u00e1tica y de la participaci\u00f3n. Tambi\u00e9n, el de favorecer la hospitalidad y no la hostilidad en los v\u00ednculos con la comunidad.<\/p>\n<p>Este segundo camino, es claro, contin\u00faa a contrapelo de las tendencias que reclaman rejas, alarmas, funcionarios policiales, asistencialismo y derivaci\u00f3n psicol\u00f3gica y que han brindado cierta tranquilidad a los actores de la educaci\u00f3n sin por ello resolver el problema del conflicto escolar. Se trata, por tanto, de objetivar la matriz disciplinaria del sistema \u2014el conjunto de pr\u00e1cticas que regulan los cuerpos y en las cuales las sociedades modernas forjaron sus instituciones sociales\u2014 que se aliaba a una noci\u00f3n restrictiva de la norma y de las reglas escolares. En este escenario, la creciente p\u00e9rdida de eficacia simb\u00f3lica y material del conjunto de mandatos morales, normativos y disciplinarios que el sistema intenta refrendar alimenta la frustraci\u00f3n cotidiana de docentes y estudiantes, estimulando el crecimiento de respuestas de defensa social, de culpabilizaci\u00f3n, de estigmatizaci\u00f3n del otro y de patologizaci\u00f3n del conflicto escolar.<\/p>\n<p>En estas pugnas por reconfigurar el sentido de la educaci\u00f3n, la cuesti\u00f3n de la cultura y de los j\u00f3venes es clave en relaci\u00f3n al debate sobre normas y valores. Espec\u00edficamente, la expansi\u00f3n del sistema educativo a amplios conjuntos de la poblaci\u00f3n que se consolid\u00f3 a mediados del siglo XX, gener\u00f3 las bases para la identificaci\u00f3n entre integrantes de las generaciones de j\u00f3venes. Y una vez generadas estas bases, los j\u00f3venes pasaron a ser una cuesti\u00f3n de sociedad, un cuerpo sobre el que hab\u00eda que producir efectos: apareci\u00f3 la necesidad de producir j\u00f3venes capacitados que termin\u00f3 en la expansi\u00f3n, la larga duraci\u00f3n de la formaci\u00f3n escolar y la prolongaci\u00f3n de la adolescencia y de la juventud. Asimismo, junto a este proceso de diferenciaci\u00f3n social establecido en funci\u00f3n de criterios de edad tambi\u00e9n fueron adscriptos a los j\u00f3venes un conjunto de valores que, se entend\u00eda, pose\u00edan en funci\u00f3n de esta pertenencia generacional, tales como la autenticidad y la tendencia al cambio o al cuestionamiento del orden social.<\/p>\n<p>All\u00ed se inscribi\u00f3 tambi\u00e9n la fuente del riesgo. Hasta nuestros d\u00edas se reitera que la debilidad normativa de los adolescentes y j\u00f3venes anticipa la falla social, amenazando la reproducci\u00f3n social y la estabilidad del sistema. Y el debate entr\u00f3 en un c\u00edrculo vicioso. Si falla la socializaci\u00f3n, la explicaci\u00f3n remite a sus dos fuentes b\u00e1sicas: familia o escuela. Si se culpa a la familia, se culpa a la sociedad; si se culpa a la escuela, se culpa al Estado. Otra posibilidad es salvar a la familia, salvar al Estado y culpar a los ni\u00f1os, a los adolescentes y a los j\u00f3venes, que, en definitiva, siempre tienen menos posibilidades de defenderse.<\/p>\n<p>Pero fue tambi\u00e9n en tal panorama, en que el rol de los j\u00f3venes se comprend\u00eda en el marco de las relaciones entre familia, trabajo y educaci\u00f3n, que se produjeron los cambios que alteraron las relaciones de juego y las jerarqu\u00edas que situaban a los j\u00f3venes como receptores pasivos o inadaptados sociales. La participaci\u00f3n pol\u00edtica de las nuevas generaciones que irrumpi\u00f3 en el escenario de los a\u00f1os 60, as\u00ed como los procesos culturales vinculados a la difusi\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n, que generaron un c\u00f3digo y una est\u00e9tica juvenil que fueron capitalizados como signos de belleza, colocaron a los j\u00f3venes en un lugar central, modificando algunas categor\u00edas espec\u00edficas del poder de los m\u00e1s viejos. Contradictoriamente, hoy, lo juvenil y sus s\u00edmbolos son referentes est\u00e9ticos y valorativos de las sociedades contempor\u00e1neas. Referentes capitalizados sobre todo en una din\u00e1mica de mercado que signa las reglas de los medios masivos de comunicaci\u00f3n pero que tiene diversas brechas. El arte, tal vez, contin\u00fae siendo un espacio de interpelaci\u00f3n tanto a los s\u00edmbolos de esta cultura dominante, como a sus formas m\u00e1s tradicionales de expresi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Desaf\u00edos<\/strong><\/p>\n<p>No ha sido sencillo, para el sistema de ense\u00f1anza, enfrentar el desaf\u00edo de una sociedad joven, de la imagen que interpela la jerarqu\u00eda de la escritura y el saber enciclop\u00e9dico cuando su estructura centraliza su mando en el poder de los adultos. Tampoco ha sido sencillo reiterar el discurso del trabajo, cuando a todas luces existe un v\u00ednculo entre educaci\u00f3n y trabajo, pero no de un tipo que permita \u201cobligar\u201d a los j\u00f3venes a estudiar. S\u00ed, tal vez, a realizarse profesional y laboralmente, cuando las reglas del juego del mercado de trabajo al que se sienten destinados as\u00ed lo anticipan a sus ojos. Se recrudece, en este contexto, el discurso sobre la falta de valores y el problema de la falta de respeto en la experiencia cotidiana de los centros educativos. Para muchos docentes la falla proviene del hogar: la familia no transmite valores y eso se observa en el desconocimiento de las jerarqu\u00edas y de las obligaciones. Se reclama el respeto a la autoridad docente fundada en el lugar del cargo y la importancia del \u201csaber\u201d, el silencio como s\u00edmbolo de orden y escucha que conlleva al \u201celogio de la invisibilidad\u201d, el premio a la quietud del cuerpo, la condena del conflicto y su mirada desde un enfoque de seguridad. Asimismo, mucho del ritual escolar busca fundar la primac\u00eda de la instituci\u00f3n enfatizando los valores de la primera modernidad: saber, jerarqu\u00eda, adultocentrismo, igualdad como unidad de la forma, anulaci\u00f3n de la diferencia y poder pol\u00edtico de la centralidad educativa.<\/p>\n<p>Es este legado, pilar de una educaci\u00f3n propia de la expansi\u00f3n de un Estado que hizo de la educaci\u00f3n p\u00fablica uno de sus fundamentos, lo que debe continuar interpel\u00e1ndose y transform\u00e1ndose a la luz de esta voluntad de hacer educaci\u00f3n hoy, con los ni\u00f1os, adolescentes y j\u00f3venes. Ante la emergencia de las m\u00faltiples violencias que llegan a la vida cotidiana de los centros educativos, es claro que debe trabajarse con ellos desde las nuevas claves pol\u00edticas: el rechazo a la discriminaci\u00f3n, la inclusi\u00f3n, el di\u00e1logo, la democracia, la escucha y la participaci\u00f3n. De este modo, podr\u00e1n continuar apropi\u00e1ndose de la parte m\u00e1s igualitaria, constructiva y democr\u00e1tica del legado y tendr\u00e1n herramientas para desechar la violencia, la desigualdad, la discriminaci\u00f3n y los peores aspectos de una herencia que muchas veces reproducen desde el lugar de los m\u00e1s vulnerables y carentes de diversas formas de protecci\u00f3n social.<\/p>\n<p>El empoderamiento de los sectores m\u00e1s d\u00e9biles genera siempre amenazas. Su dificultad en establecer los elementos de su defensa, carentes de colectivos y obstaculizados por su edad, hace dif\u00edcil que puedan explicar, dar cuenta y defenderse de las tensiones que ocasionan conductas y pr\u00e1cticas que no han generado. La criminalizaci\u00f3n y destrucci\u00f3n de sus propuestas, pr\u00e1cticas y acciones es, evidentemente, el mayor de los riesgos en una sociedad que, frente a la complejidad del conflicto, por momentos reivindica la simplicidad del castigo y contin\u00faa proyect\u00e1ndose en un pasado que idealiza. Reivindicar la falla socializadora, culpabilizar a las familias carentes, reclamar por los antiguos valores, ahondar en los psicodiagn\u00f3sticos que patologizan a los m\u00e1s vulnerables, medicalizar, derivar y reprimir son varios de los mecanismos que es preciso desandar para no reproducir una educaci\u00f3n excluyente.<\/p>\n<p>Asumir los desencuentros entre la instituci\u00f3n, sus mandatos, sus tradiciones, acumular sus innovaciones y a la vez aceptar las transformaciones y los nuevos p\u00fablicos pueden ser los caminos para aliviar la sensaci\u00f3n de falta de respeto y habilitar al ejercicio de los derechos en la educaci\u00f3n. Reconocer que de la violencia en la educaci\u00f3n tambi\u00e9n es part\u00edcipe la violencia institucional del sistema que se manifiesta en la exclusi\u00f3n, la violencia simb\u00f3lica, el ausentismo, la masificaci\u00f3n, la falta de espacio, el exceso de horas de clase frente a la falta de \u00e1mbitos de encuentro y di\u00e1logo, las malas cantinas, y esto enumerando apenas algunas de sus m\u00faltiples dimensiones. La participaci\u00f3n, la voz, el arte y la cultura tal vez contin\u00faen siendo aliados m\u00e1s s\u00f3lidos en la construcci\u00f3n com\u00fan de una cultura juvenil que traduce los conflictos sociales de un mundo en el cual la educaci\u00f3n es fundamental y su reapropiaci\u00f3n valorativa, inevitable.<\/p>\n<p>* Doctora en Sociolog\u00eda y profesora, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la Rep\u00fablica (Udelar).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La idea de que \u201cse han perdido los valores\u201d es uno de los recursos explicativos que circula con mayor fuerza cuando emergen violencias asociadas al contexto educativo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"aside","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","_crdt_document":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[1305,12693],"tags":[17212,162456024,539258445,2186151],"class_list":["post-2328","post","type-post","status-publish","format-aside","hentry","category-educacion","category-uruguay","tag-america-latina","tag-diferenciacion-social","tag-nilia-viscardi","tag-udelar","post_format-post-format-aside"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-By","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2328","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2328"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2328\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2332,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2328\/revisions\/2332"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2328"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2328"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2328"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}