{"id":22541,"date":"2021-11-30T15:47:22","date_gmt":"2021-11-30T14:47:22","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=22541"},"modified":"2021-11-30T15:47:22","modified_gmt":"2021-11-30T14:47:22","slug":"sociedad-selfie-maquillar-el-espejo-santiago-alba-rico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=22541","title":{"rendered":"Sociedad selfie &#8211; Maquillar el espejo. [Santiago Alba Rico]"},"content":{"rendered":"<h5 style=\"text-align: right;\">La ic\u00f3nica escena del rodaje con Norma Desmond (Gloria Swanson) en la pel\u00edcula <em>El crep\u00fasculo de los dioses<\/em>.\u00a0 Paramount Pictures<\/h5>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\"><span style=\"color: #000000;\"><b><a href=\"https:\/\/ctxt.es\/\">Ctxt<\/a>, 26-11-2021<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\"><span style=\"color: #000000;\"><strong><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 30-11-2021<\/strong><\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Dec\u00eda Walter Benjamin en su <em>Libro de los Pasajes<\/em> que \u201cel v\u00ednculo de las conquistas t\u00e9cnicas con la naturaleza no se produce en el aura de la novedad sino en el de la costumbre\u201d. Eso quiere decir, en suma, que estamos mucho m\u00e1s acostumbrados a los artefactos tecnol\u00f3gicos que a los objetos\u00a0 naturales; mucho m\u00e1s acostumbrados a los artefactos tecnol\u00f3gicos que a las costumbres mismas. Un ni\u00f1o considera normal que los aviones vuelen, pero no que el gallo cacaree o que el pez nade en el agua. Un incendio o un volc\u00e1n constituyen una novedad, un cohete espacial o el \u00faltimo modelo automovil\u00edstico no. O m\u00e1s radicalmente: integramos en la percepci\u00f3n como algo esperado la \u00faltima generaci\u00f3n de iphone mientras que nos parece una novedad inaudita la repetici\u00f3n del amor. Ahora bien, si esto es as\u00ed, entonces hay que concluir, de manera parad\u00f3jica, que en un mundo cuya regla es precisamente el cambio tecnol\u00f3gico, y lo real nuestra absorci\u00f3n en su interior, la experiencia de la costumbre \u2013que no es realmente una experiencia\u2013 domina sobre la experiencia de la novedad. Por m\u00e1s extra\u00f1o que parezca, y si aceptamos el principio benjaminiano, una sociedad que produce sin interrupci\u00f3n im\u00e1genes nuevas es una sociedad que ha abolido de ra\u00edz la novedad y, por lo tanto, la sorpresa y el asombro. Vivimos en la rutinaria inmanencia de la continuidad tecnol\u00f3gica como un oxiuro en el intestino grueso de un ni\u00f1o enfermo.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Me atrever\u00e9 a dividir la experiencia en tres instancias o compartimentos vitales: el mundo, la realidad y la verdad. El mundo son los \u00e1rboles. La realidad es internet. La verdad es el amor y la muerte. O de otra manera: el mundo es el lugar donde tengo mi cuerpo; la realidad es lo que la mayor parte de la gente ve la mayor parte del d\u00eda; la verdad es lo que nos iguala a todos. Durante un largo per\u00edodo de la historia \u2013no necesariamente mejor\u2013 estas tres instancias se han cruzado y, sin ceder su jurisdicci\u00f3n, han enredado sus tramas: la realidad, donde reside el yo, siempre un poco atontado, ten\u00eda filtraciones, como un tejado con grietas: en ella se colaban a menudo los \u00e1rboles y los dolores. En nuestra \u00e9poca \u2013necesariamente peor\u2013 estas tres instancias se han separado; la realidad se ha cerrado y al mismo tiempo ensanchado, dejando cada vez menos espacio para el mundo y para la verdad, que no encuentran ya fisuras por las que penetrar. Nos queda poco mundo; nos queda poca verdad. Y ello se debe a que, por primera vez, la realidad, siempre un poco irreal, se ha \u201cirrealizado\u201d del todo bajo el dominio tecnol\u00f3gico. El ego en la \u00e9poca de su reproductibilidad t\u00e9cnica \u2013en una f\u00f3rmula que forj\u00e9 hace a\u00f1os evocando un famoso t\u00edtulo del propio Benjamin\u2013 vive desenganchado del cuerpo y completamente descuidado de su muerte. En las valvas de internet, realidad e irrealidad coinciden completamente por primera vez en la historia de la humanidad. O est\u00e1n a punto de coincidir. En ese \u201ca punto de\u201d, casi invisible, casi invivible, casi ya clausurado, tenemos que proteger los \u00e1rboles y proteger nuestra propia supervivencia, como la de un \u00e1rbol m\u00e1s entre los \u00e1rboles.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Podr\u00eda empezar por los espejos. Un amigo carnicero de mi edad me hac\u00eda el pasado verano una interesante observaci\u00f3n. Me dec\u00eda \u2013mientras troceaba un morcillo sobre el tajo\u2013 que en el espejo siempre se ve\u00eda igual a s\u00ed mismo, inmune al paso del tiempo, y necesitaba ver una fotograf\u00eda para darse cuenta, de pronto y con horror, de cu\u00e1nto hab\u00eda envejecido. Es verdad. Al contrario de lo que pretend\u00eda Borges, el espejo no multiplica los cuerpos: no es m\u00e1s que la prolongaci\u00f3n del yo que ha capturado para siempre ese primer momento lacaniano en que nos reconocimos, siendo ni\u00f1os, en uno de ellos; en el espejo nos vemos, por as\u00ed decirlo, desde nosotros mismos, no desde el mundo; nos vemos, a\u00fan m\u00e1s, desde la infancia; desde nuestra alma infantil inalterable, que no se corresponde con nuestro cuerpo, en permanente transformaci\u00f3n. El espejo va por un lado y nuestro cuerpo por otro, sin encontrarse jam\u00e1s. No maduramos nunca; solo envejecemos.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El espejo, pues, no est\u00e1 en el mundo: tampoco en la verdad. Es pura realidad. As\u00ed que la fotograf\u00eda \u2013podr\u00eda pensarse\u2013 supuso un salto hacia adelante, un impulso de exosomatizaci\u00f3n de la existencia que coloc\u00f3 nuestro cuerpo un poco m\u00e1s en el mundo y un poco m\u00e1s en la verdad. Podr\u00eda pensarse. La fotograf\u00eda gener\u00f3 una ilusi\u00f3n de transparencia, inmediatez y fidelidad que no proporcionaba la pintura y de hecho jubil\u00f3 o recicl\u00f3 a decenas de pintores mediocres que se quedaron sin empleo. Lo que ocurr\u00eda ante la c\u00e1mara \u2013ahora s\u00ed\u2013 era verdad. Lo que recog\u00eda la c\u00e1mara era por fin la verdad. Hasta el siglo XIX, los pintores trabajaban con elaboradas, fatigosas analog\u00edas que convert\u00edan la mirada \u2013la del artista y la del espectador\u2013 en un campo de batalla; mirar era, en efecto, un trabajo y, si se alcanzaba a veces el mundo y la verdad, era a trav\u00e9s de un esfuerzo que pod\u00eda descodificarse en el interior del cuadro. Los fot\u00f3grafos, de pronto, se limitaban a recibir el mundo y la verdad en sus aparatos; se pasaba de la analog\u00eda, con todos sus desajustes mundanos y sus rugosidades verdaderas, a la identidad: no hab\u00eda ninguna diferencia, no, entre el original y la copia. El retrato fotogr\u00e1fico, digamos, identificabaal retratado. Contra esta ilusi\u00f3n de transparencia e inmediatez se soliviantaron enseguida los buenos fot\u00f3grafos, a sabiendas de que en la imagen \u201creal\u201d se perd\u00eda precisamente aquello que se quer\u00eda capturar; y que para llegar al mundo y a la verdad hab\u00eda que utilizar la c\u00e1mara como si fuera un pincel y no como si fuera un ojo. Mientras las c\u00e1maras fueron anal\u00f3gicas \u2013es decir, corp\u00f3reas\u2013 fue f\u00e1cil y hasta inevitable la rasgadura; con la digitalizaci\u00f3n, a la que se siguen resistiendo los fot\u00f3grafos profesionales, se ahond\u00f3, en cambio, la distancia entre el artista y el turista, transformado por esta ilusi\u00f3n de transparencia en un angustiado man\u00edaco: la vida se ha convertido por entero en una obsesiva visita tur\u00edstica a la propia cama, al propio desayuno, a la propia boda, a la propia fiesta de cumplea\u00f1os, a la propia casa de campo y hasta al propio entierro. \u00bfPara qu\u00e9 hacer el esfuerzo de vivir si puedo recoger mi vida, sin fatiga ni veladuras, en su identidad manifiesta? (\u00bfPero qu\u00e9 estamos fotografiando \u2013eh\u2013 si solo estamos fotografiando?).\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Ahora bien, el problema es que la identidad \u2013entre la copia y el original\u2013 es muy molesta. El espejo nos tranquiliza; la fotograf\u00eda, como dec\u00eda mi amigo Quique, nos asusta. As\u00ed que, empujados por el curso del tiempo, hemos pasado de maquillarnos en el espejo a maquillar el espejo mismo. Es muy importante recordar que el salto del espejo a la fotograf\u00eda es el salto de la identidad subjetiva a la identidad objetiva y que la identidad objetiva es el resultado, a su vez, de la intervenci\u00f3n de una tecnolog\u00eda que garantiza, como antes el sello del rey, la fidelidad del retrato. Puesto que la fotograf\u00eda no es un espejo, donde se refleja mi alma infantil, sino el ojo de otro, la fotograf\u00eda refleja mi verdadero rostro en el mundo. Ahora bien, nuestro verdadero rostro en el mundo no puede gustarnos o solo puede gustarnos un minuto, el de ese presente azaroso y fugitivo que congela esta imagen, desplazada enseguida por otra imagen \u2013y otra y otra\u2013 igualmente eterna e inobjetable. Por eso, desde el principio, la fotograf\u00eda, que es la verdad, induce y permite la manipulaci\u00f3n; y lo m\u00e1s crucial: asegura la permanencia de la subcopia en la identidad; es decir, en la verdad misma. Una fotograf\u00eda manipulada no es menos verdadera que la fotograf\u00eda primera, la cual, a su vez, nos dice la verdad del objeto. As\u00ed que \u2013en perfecto silogismo\u2013 la fotograf\u00eda manipulada es la verdad del objeto. Trotsky dej\u00f3 de existir porque Stalin lo retir\u00f3 de todas las fotograf\u00edas; y nadie pudo negar la existencia de las hadas desde que se las fotografi\u00f3 en 1917 en compa\u00f1\u00eda de las hermanas Elsie. Hoy, como sabemos, hace falta un permanente trabajo de deconstrucci\u00f3n para que no nos entre por el ojo un fake fotogr\u00e1fico: la ilusi\u00f3n de transparencia determina que de entrada nos creamos el contenido de cualquier imagen manufacturada que se pose en nuestra pantalla. Por mucho que sepamos que la fotograf\u00eda es manipulable \u2013e incluso si nosotros mismos utilizamos el photoshop\u2013 la visi\u00f3n artefacta conserva el prestigio natural del mundo verdadero. Me parece que se ha reflexionado poco sobre esta v\u00eda tecnol\u00f3gica a la post-verdad, la cual no es otra cosa que la verdad inmanente del recinto de las im\u00e1genes, emancipado del mundo antiguo, anal\u00f3gico, impreciso y doloroso de los cuerpos vivos.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El problema es que la identidad, s\u00ed, al rev\u00e9s que la analog\u00eda, prescinde del objeto; es decir, del cuerpo. Apenas es tecnol\u00f3gicamente posible, nuestra sed de copias busca el selfie, que es lo contrario del espejo. Y lo es no solo porque invierte \u2013reajustando\u2013 la relaci\u00f3n entre la derecha y la izquierda, inasible para nuestra mirada, sino porque consuma ese proceso de emancipaci\u00f3n en virtud del cual nuestra imagen, manipulada y por lo tanto verdadera, ha suplantado por completo el lugar de nuestro cuerpo. En realidad, esa suplantaci\u00f3n hab\u00eda comenzado ya en el \u00e1mbito criminal. Es una experiencia que todos hemos tenido alguna vez. En una aduana, en la cuneta de una carretera, un polic\u00eda nos pide nuestro carnet y compara la fotograf\u00eda con nuestro rostro; y espera que nuestro rostro \u2013y no al rev\u00e9s\u2013 se parezca a nuestra fotograf\u00eda, que en t\u00e9rminos policiales es el verdadero original o, si se prefiere, el verdadero ciudadano, de tal manera que cualquier peque\u00f1a diferencia nos hace sospechosos de impostura. El polic\u00eda no dice: \u00a1cu\u00e1n t\u00fa pareces en esta fotograf\u00eda! Dice: t\u00fa eres el de la fotograf\u00eda. Durante el siglo XX, y al margen del \u00e1mbito securitario, esta suplantaci\u00f3n s\u00f3lo hab\u00eda hecho da\u00f1o a las estrellas de Hollywood: pensemos, por ejemplo, en los trabajos quir\u00fargicos de Rita Hayworth o Marilyn Monroe, obligadas a vivirse siempre en el exterior, desde fuera, y a parecerse a los fotogramas de sus pel\u00edculas. Hoy el selfie, pensado para ser volcado en las redes, reclamado por las redes, ha suprimido los espejos y nos ha convertido a todos en tr\u00e1gicas estrellas de cine en decadencia. Todos somos ya Gloria Swanson en El crep\u00fasculo de los dioses de Billy Wilder, salvo porque, de alguna manera, obligados a elegir entre la imagen y el cuerpo, hemos abandonado a su suerte a nuestro cuerpo, en el que nos reconocemos tan poco como en los \u00e1rboles y en la muerte del otro. El fot\u00f3grafo italiano Ferdinando Scianna cuenta la an\u00e9cdota de una madre joven a la que elogi\u00f3 la belleza de su hijo, conducido en un carrito: \u201c\u00a1Y eso que no lo ha visto usted en fotograf\u00eda!\u201d, le respondi\u00f3. Le dijo \u2013es decir\u2013: \u00a1Y eso que no ha visto usted todav\u00eda a mi verdadero hijo!<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">En esta sucesi\u00f3n de suplantaciones el narcisismo ingenuo y \u201cmoderno\u201d del espejo deja paso a una negaci\u00f3n mucho m\u00e1s radical, mucho m\u00e1s \u201creal\u201d, del mundo y de la verdad. El selfie es el motor de una angustia narcisista sin precedentes porque en \u00e9l no contemplamos nuestra infancia en el espejo sino esa \u201cmanipulaci\u00f3n verdadera\u201d a la altura de la cual nunca podremos estar: nuestro cuerpo no se parece lo bastante a nuestra foto y, por lo tanto, dejamos a un lado nuestro cuerpo y pasamos a vivir fuera de nosotros, en efecto, pero no en el mundo, donde tendr\u00edamos que cargar a nuestras espaldas nuestras propias espaldas, sino en la realidad, ce\u00f1ida ahora por la ansiedad comparativa, emulativa, superativa, de instagram y las otras redes sociales. Hemos ido demasiado lejos sin ning\u00fan esfuerzo, desliz\u00e1ndonos como oxiuros por el intestino grueso de internet. La imagen manufacturada nos dio la oportunidad de romper la atadura narcisista del espejo, pero acab\u00f3 cuestionando, a trav\u00e9s de la identidad entre las copias, la atadura con el mundo y con la verdad. El cine de fantas\u00eda del siglo pasado ten\u00eda que recurrir a\u00fan a material corporal para elaborar sus cutres fantasmas visuales: la nave, el monstruo, el duende. Luego las im\u00e1genes empezaron a sacarse de otras im\u00e1genes y enseguida incluso ex nihilo. El colof\u00f3n son las redes neuronales antag\u00f3nicas, capaces de generar \u201cpersonas\u201d totalmente reales sin cuerpo; es decir, despojadas de verdad y de mundo, pero que pueblan la realidad con los mismos derechos y la misma credibilidad que los adolescentes que suben su selfiepost-coitum desde un min\u00fasculo cuarto de Carabanchel. El metaverso de Zuckerberg, como cierre categorial, propone la liberaci\u00f3n definitiva de los cuerpos al igual que la fantas\u00eda de Bezos propone la liberaci\u00f3n definitiva de la tierra; a los cuerpos, a la tierra, volveremos de paso, \u201cde turismo\u201d, como al polvoriento desv\u00e1n donde guardamos los trastos viejos. No s\u00e9 si somos capaces de medir la relaci\u00f3n que existe entre estas fantas\u00edas, realizables o no, y el descuido de la salud, de las instituciones p\u00fablicas, del medio ambiente.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Nos hemos metido en un buen atolladero. Hace unos meses le\u00eda un art\u00edculo muy inquietante sobre los deepfake, la manipulaci\u00f3n de im\u00e1genes de famosas con el prop\u00f3sito de incluirlas en pel\u00edculas pornogr\u00e1ficas. Si es terrible descubrir que un novio o un amigo ha subido a la red, sin tu autorizaci\u00f3n, fotos tuyas de car\u00e1cter sexual, mucho m\u00e1s terrible es pensar que, al abrir el ordenador y conectarte a internet, puedes tropezar de pronto con un v\u00eddeo en el que est\u00e1s haciendo una felaci\u00f3n que no has hecho a un hombre que no conoces. M\u00e1s terrible a\u00fan \u2013seg\u00fan la informaci\u00f3n del art\u00edculo\u2013 es la indefensi\u00f3n de las v\u00edctimas ante estos atropellos. No hay forma de evitarlo, ni con leyes ni con represi\u00f3n inform\u00e1tica, y es necesario explicar por qu\u00e9: porque la realidad, agotada en la red, se ha emancipado de la verdad y del mundo. La mujer que dice \u201cesa no soy yo\u201d ante un deepfake pornogr\u00e1fico se aferra a la superstici\u00f3n de la identidad entre cuerpo e imagen. Si soy mi cuerpo, piensa, \u00e9sa no soy yo. Pero ocurre que ahora la identidad se da entre im\u00e1genes: yo soy mi imagen. Y si yo soy mi imagen puedo estar haciendo por ah\u00ed lo que mi imagen quiera o lo que otros quieran hacer con mi imagen sin que mi cuerpo pueda reclamar ninguna anterioridad, originalidad o \u201cautor\u00eda\u201d. El ser es la imagen y aqu\u00ed ya no hay esencia y apariencia, realidad y ficci\u00f3n, verdad o falsedad. Sencillamente la imagen manufacturada, puesta en circulaci\u00f3n por nosotros mismos, ha dejado de servir para establecer esas diferencias: verum index sui et falsi. No es eso lo peor: lo peor es que, no sirviendo para esa elemental distinci\u00f3n antropol\u00f3gica, ha sustituido cualquier otro mundo posible en el que esa diferencia pudiera tener a\u00fan alg\u00fan valor. Si no hay m\u00e1s que im\u00e1genes en la red, si nuestra identidad es fotogr\u00e1fica, si aceptamos que es ah\u00ed donde se decide nuestra vida, es absurdo protestar o reclamar protecci\u00f3n. La sola cosa que podr\u00edamos hacer es practicar una iconoclastia activa, una retirada total del mundo de las im\u00e1genes, lo que materialmente no es nada f\u00e1cil, pues la \u201crealidad\u201d est\u00e1 en estos momentos habitada por la misma econom\u00eda capitalista que ha devorado el \u201cmundo\u201d y destruido la \u201cverdad\u201d. Los \u00fanicos que pueden retirarse son precisamente los ricos y poderosos que nos han metido en este l\u00edo, un l\u00edo que \u2013no lo olvidemos\u2013 cuesta la vida a muchos j\u00f3venes s\u00e9lficos incapaces al mismo tiempo de encajar en la \u201crealidad\u201d y de salir de nuevo al \u201cmundo\u201d. Como sabemos, el suicidio es ya la primera causa de muerte entre los adolescentes.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Se dir\u00e1 que soy viejo y tecn\u00f3fobo. No lo creo. No me preocupa la tecnolog\u00eda. A veces me es \u00fatil y a veces me proporciona placer; y en todo caso acepto que habr\u00e1 que dar tambi\u00e9n ah\u00ed la batalla. Pero no nos enga\u00f1emos. Nada puede ser \u00fatil si nos arrebata el mundo y la verdad; y nada puede ser placentero si nos arrebata el mundo y la verdad. Me preocupa, pues, que la tecnolog\u00eda se apodere de la realidad y deje fuera el mundo y la verdad, sin filtraciones posibles entre las tres instancias. Me preocupa una sociedad sin novedades y sin asombro \u2013sin peces y sin gallos, sin la portentosa repetici\u00f3n del amor\u2013 y en la que los \u00e1rboles queden desprotegidos; y en la que nosotros, \u00e1rboles entre otros \u00e1rboles, no seamos capaces de afrontar la muerte con esperanza y con dignidad.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>*\u00a0Santiago Alba Rico<\/strong>, es fil\u00f3sofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos d\u00e9cadas en T\u00fanez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. Sus \u00faltimos dos libros son \u00ab<em>Ser o no ser (un cuerpo)<\/em>\u00bb y \u00ab<em>Espa\u00f1a<\/em>\u00ab.<\/span><\/p>\n<div class=\"ox-b7338556f1-MsoNormal\" align=\"center\">\n<hr align=\"center\" size=\"2\" width=\"100%\" \/>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La realidad, agotada en la red, se ha emancipado de la verdad y del mundo.<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":22545,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","_crdt_document":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[703606798,703607742],"tags":[703607738,703607739,703607366,374,22,703604642,493425,703607737,703607740,703607578,703607741,703605106,703604875,703607577],"class_list":{"0":"post-22541","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","6":"hentry","7":"category-sin-fronteras","8":"category-sociedad","9":"tag-espejo","10":"tag-fotografia","11":"tag-hollywood","12":"tag-ideas","13":"tag-internet","14":"tag-jeff-bezos","15":"tag-leon-trotsky","16":"tag-libro-de-los-pasajes","17":"tag-marilyn-monroe","18":"tag-metaverso","19":"tag-rita-hayworth","20":"tag-stalin","21":"tag-walter-benjamin","22":"tag-zuckerberg","24":"fallback-thumbnail"},"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/Sociedad3011-546495213-1638283585497.jpg?fit=569%2C316&ssl=1","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-5Rz","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/22541","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=22541"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/22541\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22546,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/22541\/revisions\/22546"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/22545"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=22541"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=22541"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=22541"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}