{"id":2129,"date":"2017-04-30T20:23:45","date_gmt":"2017-04-30T20:23:45","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=2129"},"modified":"2017-04-30T20:23:46","modified_gmt":"2017-04-30T20:23:46","slug":"marxismo-apuntes-sobre-el-pensamiento-politico-estrategico-de-antonio-gramsci","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=2129","title":{"rendered":"Marxismo: Apuntes sobre el pensamiento pol\u00edtico-estrat\u00e9gico de Antonio Gramsci"},"content":{"rendered":"<p><strong>Marxismo<\/strong><\/p>\n<p><strong>En el 80 aniversario de su muerte <\/strong><\/p>\n<p><strong>Apuntes sobre el pensamiento pol\u00edtico-estrat\u00e9gico de Antonio Gramsci <\/strong><\/p>\n<p><strong>Jaime Pastor *<\/strong><\/p>\n<p><strong>Viento Sur, 27-4-2017\u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.vientosur.info\/\">http:\/\/www.vientosur.info\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>\u201cEl contenido de los Cuadernos de la c\u00e1rcel se resume en la b\u00fasqueda del nexo pol\u00edtico entre la filosof\u00eda de la praxis y la hegemon\u00eda, como aquella relaci\u00f3n que s\u00f3lo puede impedir una reducci\u00f3n administrativa de los conflictos y un \u00e9xito pasivo de la hegemon\u00eda\u201d (Frosini, 2013: 70).<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Contexto y evoluci\u00f3n <\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La tarea de comentar con cierto rigor la aportaci\u00f3n del pensador sardo a la b\u00fasqueda de una estrategia revolucionaria en Occidente \u2013condensada principalmente en los Cuadernos de la c\u00e1rcel, escritos durante los a\u00f1os de 1929 a 1935- no es nada f\u00e1cil debido a las dificultades en las cuales se vio obligado a desarrollar sus reflexiones y propuestas y a la necesidad de tener en cuenta siempre el contexto \u2013hist\u00f3rico, pol\u00edtico, ideol\u00f3gico y cultural- en el que las fue desarrollando. A todo esto se suma el propio car\u00e1cter fragmentario, multidimensional (Anderson, 1978: 15-16; 2016) e inacabado de su pensamiento, agravado por la necesidad de obviar una terminolog\u00eda m\u00e1s clara debido a la censura carcelaria. Reconocer esos factores condicionantes y tenerlos siempre en cuenta es importante si queremos evitar una codificaci\u00f3n en forma de tesis o, sobre todo, extrapolaciones interesadas, como ha ocurrido posteriormente en sucesivas ocasiones hasta llegar a nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Dada la extraordinaria relaci\u00f3n de trabajos y publicaciones que han ido saliendo en torno a la interpretaci\u00f3n de su pensamiento, no es prop\u00f3sito de este texto entrar en di\u00e1logo o controversia con todas ellas, tarea adem\u00e1s imposible, si bien me apoyar\u00e9 en las que me parecen m\u00e1s relevantes para mi prop\u00f3sito en las siguientes p\u00e1ginas. Me limitar\u00e9 \u00fanicamente a ofrecer una selecci\u00f3n de las categor\u00edas y conceptos que pueden ser extra\u00eddos de su lectura y que me parecen fundamentales para nuestros debates actuales.<\/p>\n<p>Comenzando por el marco hist\u00f3rico general, conviene recordar que Gramsci se apoy\u00f3 en las lecciones que dentro de la Internacional Comunista (IC) se fueron extrayendo de la experiencia de la Revoluci\u00f3n rusa triunfante de 1917 1\/, pero tambi\u00e9n de las fracasadas en Alemania, Hungr\u00eda y la misma Italia, en cuyo proceso \u00e9l particip\u00f3 activamente. Como resultado de los debates suscitados en torno a las mismas (sobre todo, de las derrotas sufridas en Alemania en 1921 y 1923) y en el tr\u00e1nsito hacia el cambio de per\u00edodo que se abr\u00eda, la tesis de la \u201cofensiva revolucionaria\u201d pas\u00f3 a ser muy minoritaria dentro de la IC, vi\u00e9ndose pronto contrarrestada -por parte de Lenin 2\/ y Trotsky especialmente- por la propuesta de una nueva orientaci\u00f3n basada en una pol\u00edtica de Frente \u00danico Obrero \u2013incluyendo a la socialdemocracia-, as\u00ed como por la necesidad de elaborar programas que superaran la vieja divisi\u00f3n entre programa m\u00ednimo y programa m\u00e1ximo mediante la inclusi\u00f3n de reivindicaciones de tipo transitorio que hicieran un papel de puente entre ambas. Frente \u00danico Obrero y programas de transici\u00f3n aparec\u00edan, por tanto, estrechamente articulados en el nuevo per\u00edodo que se abr\u00eda. As\u00ed, en su IV Congreso la IC, al mismo tiempo que defiende la \u201cunidad del frente proletario\u201d, \u201cse pronuncia decididamente tanto contra el intento de presentar la introducci\u00f3n de reivindicaciones transitorias en el programa como oportunismo, como contra toda pretensi\u00f3n de atenuar o sustituir los objetivos revolucionarios fundamentales por reivindicaciones parciales\u201d 3\/. Una orientaci\u00f3n que, sin embargo, no lleg\u00f3 a obtener suficiente acuerdo dentro de la mayor\u00eda de los PCs, afectados por diferencias internas y muy pronto \u201cbolchevizados\u201d y subordinados al estalinismo ascendente dentro de la nueva URSS.<\/p>\n<p>Conviene, empero, subrayar que las reflexiones sobre la experiencia vivida directamente en la revoluci\u00f3n italiana fracasada son \u201cel comienzo de la madurez de Gramsci\u201d, el cual a partir de entonces \u201cconserva la idea motriz de los consejos: la necesidad de que la revoluci\u00f3n pol\u00edtica arraigue en la \u201cproductiva\u201d, y el poder pol\u00edtico en el de la producci\u00f3n (\u2026); \u00e9sta fue la raz\u00f3n de ser de la pol\u00edtica de los consejos en 1920 y ser\u00e1 la clave de la \u2018guerra de trincheras\u2019 del proletariado en la larga noche de la estabilizaci\u00f3n relativa capitalista de los a\u00f1os 20 y 30\u201d (Sacrist\u00e1n, 1998: 144-145).<\/p>\n<p>Partiendo de la reorientaci\u00f3n propuesta desde la direcci\u00f3n de la IC (si bien Gramsci se refiri\u00f3 \u00fanicamente a Lenin como \u201cpadre\u201d de esa reorientaci\u00f3n, atribuyendo err\u00f3neamente a Trotsky la simple defensa de una \u201cguerra de maniobra\u201d 4\/), el esfuerzo por convencer a la izquierda comunista occidental de la necesidad de superar el mimetismo con el \u201cmodelo ruso\u201d fue la principal preocupaci\u00f3n del dirigente comunista italiano. Con mayor raz\u00f3n cuando constat\u00f3 la entrada en un per\u00edodo de reflujo de las expectativas revolucionarias que dio paso al ascenso del fascismo en toda Europa, primero en Italia y, m\u00e1s tarde, del nazismo en Alemania.<\/p>\n<p>El balance desastroso de la aplicaci\u00f3n de la pol\u00edtica ultraizquierdista del PC alem\u00e1n, a medida que se fue materializando el triunfo del nazismo, tuvo precisamente en Trotsky a uno de sus principales cr\u00edticos. Tampoco debemos olvidar otras llamadas de alerta que resaltaron las debilidades de la IC en la comprensi\u00f3n de los factores que explicaban el ascenso del nazismo como, por ejemplo, la que partiendo ya del psicoan\u00e1lisis y el papel de las emociones hiciera Wilhelm Reich 5\/.<\/p>\n<p>Gramsci parti\u00f3 de aquellos debates, como record\u00f3 hace tiempo Perry Anderson (1978), con el fin de darles continuidad y tratar de responder al impasse estrat\u00e9gico que se abr\u00eda. A su vez, insert\u00f3 esa preocupaci\u00f3n en el marco de las influencias que en la formaci\u00f3n de su pensamiento tuvieron sus lecturas: adem\u00e1s de las obras de Marx y Engels publicadas hasta entonces, la de \u201ccl\u00e1sicos\u201d como Maquiavelo, Hegel, Kant o Ricardo, o, last but not least, Benedetto Croce, Giovanni Gentile, Georges Sorel, Piero Sraffa o Matteo Bartoli (Losurdo, 2015: 11-164; Liguori, 2014. 44-45; Sacrist\u00e1n, 1998: 105, 111; Jessop, 2014).<\/p>\n<p>As\u00ed pues, concentraremos nuestra atenci\u00f3n en los Cuadernos de la c\u00e1rcel, como han hecho cantidad de lectores e int\u00e9rpretes de su pensamiento, no sin dejar de reconocer los problemas de \u201ctraducci\u00f3n\u201d (en un doble sentido de la palabra) que plantea debido a las condiciones de censura y autocensura en que tuvo que escribirlas, as\u00ed como a los matices y distinciones no siempre claras que aparecen en sus notas sucesivas.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Contra el economicismo <\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Con todo, su preocupaci\u00f3n por responder a la nueva etapa post-revolucionaria va unida a otra m\u00e1s te\u00f3rica, a medida que ve c\u00f3mo en la nueva direcci\u00f3n de la Internacional Comunista que sucede a Lenin y Trotsky se va imponiendo una concepci\u00f3n economicista del materialismo hist\u00f3rico (con Bujarin como protagonista pol\u00edtico-intelectual) 6\/ que, adem\u00e1s, sirve de sustento ideol\u00f3gico a una estrategia ultraizquierdista a partir de su V Congreso. Frente a ella, para Gramsci la met\u00e1fora base-superestructura del marxismo no pod\u00eda reducirse a ver la segunda como mero reflejo de la primera y, por tanto, hab\u00eda que investigar sobre el papel de los distintos elementos de la superestructura y su influencia o interacci\u00f3n con las relaciones de producci\u00f3n. Para ese prop\u00f3sito se remite directamente a las consideraciones del propio Marx:<\/p>\n<p>\u201cLa pretensi\u00f3n (presentada como postulado esencial del materialismo hist\u00f3rico) de presentar y exponer toda fluctuaci\u00f3n de la pol\u00edtica y de la ideolog\u00eda como expresi\u00f3n inmediata de la estructura tiene que ser combatida en la teor\u00eda como un infantilismo primitivo, y en la pr\u00e1ctica hay que combatirla con el testimonio aut\u00e9ntico de Marx, escritor de obras pol\u00edticas e hist\u00f3ricas concretas. A este respecto son de especial importancia el 18 Brumario y los escritos acerca de la Cuesti\u00f3n oriental, pero tambi\u00e9n otros (Revoluci\u00f3n y contrarrevoluci\u00f3n en Alemania, La guerra civil en Francia y otros menores) (\u2026). As\u00ed podr\u00e1 observarse cu\u00e1ntas cautelas reales introduce Marx en sus investigaciones concretas, cautelas que no pod\u00edan formularse en las obras generales. Entre esas cautelas podr\u00edan enumerarse como ejemplo las siguientes: 1) La dificultad que tiene el identificar en cada caso, est\u00e1ticamente (como imagen fotogr\u00e1fica instant\u00e1nea), la estructura; la pol\u00edtica es de hecho en cada caso reflejo de las tendencias de desarrollo de la estructura, pero no est\u00e1 dicho que esas tendencias vayan a realizarse necesariamente (\u2026). 2) De lo anterior se deduce que un determinado acto pol\u00edtico puede haber sido un error de c\u00e1lculo de los dirigentes de las clases dominantes, error que el desarrollo hist\u00f3rico corrige y supera a trav\u00e9s de las \u2018crisis\u2019 parlamentarias gubernativas de las clases dirigentes; el materialismo hist\u00f3rico mec\u00e1nico no considera la posibilidad de error, sino que entiende todo acto pol\u00edtico como determinado por la estructura de un modo inmediato, o sea, como reflejo de una modificaci\u00f3n real y permanente (en el sentido de adquirida) de la estructura (\u2026) 3) No se considera lo suficiente el hecho de que muchos actos pol\u00edticos se deben a necesidades internas de car\u00e1cter organizativo, o sea, que est\u00e1n vinculados a la necesidad de dar coherencia a un partido, a un grupo, a una sociedad\u201d (Gramsci, 1984a): 161-162) (las cursivas son m\u00edas) 7\/.<\/p>\n<p>Empero, nada m\u00e1s lejos de la reformulaci\u00f3n de esa met\u00e1fora que la tendencia a interpretarla en un sentido \u201cculturalista\u201d, sin por ello negar su influencia en el desarrollo de los \u201cestudios culturales\u201d 8\/, subalternos 9\/ o \u00e9tnicos 10\/; ni tampoco cabe entenderla un sentido \u201cpoliticista\u201d 11\/, pese a la relevancia que dio a la pol\u00edtica. Su cr\u00edtica del esencialismo economicista no le condujo a un relativismo reduccionista o a un \u201cpan-politicismo\u201d, ni tampoco la versi\u00f3n que del mismo difundiera el \u201caventurerismo parlamentario\u201d que represent\u00f3 el eurocomunismo (Thomas, 2009: 264-265 y 2014: 301-302)12\/.<\/p>\n<p>Por eso, movido siempre por su preocupaci\u00f3n estrat\u00e9gica, apuesta por un an\u00e1lisis comparado de las diferentes evoluciones hist\u00f3ricas y especificidades de las formaciones sociales y de los Estados. Un primer punto a subrayar es su insistencia en destacar las diferencias en las relaciones entre el Estado y la sociedad civil que observaba entre Oriente y Occidente y, posteriormente, Estados Unidos de Norteam\u00e9rica. De forma sucinta, podr\u00eda resumirse diciendo que sosten\u00eda que en Oriente la sociedad civil era m\u00e1s d\u00e9bil y pesaban m\u00e1s el dominio y la coerci\u00f3n, mientras que en Occidente aqu\u00e9lla era m\u00e1s fuerte y predominaban la hegemon\u00eda y el consenso, aunque en \u00faltimo t\u00e9rmino esa hegemon\u00eda estaba \u201cacorazada de coerci\u00f3n\u201d:<\/p>\n<p>\u201cEn Oriente el Estado lo era todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa; en Occidente, entre Estado y sociedad civil hab\u00eda una justa relaci\u00f3n y en el temblor del Estado se discern\u00eda de inmediato una robusta estructura de la sociedad civil. El Estado era s\u00f3lo una trinchera avanzada, tras la cual se hallaba una robusta cadena de fortalezas y de casamatas; en mayor o menor medida de un Estado a otro, se comprende, pero precisamente esto exig\u00eda un cuidadoso reconocimiento de car\u00e1cter nacional\u201d (Gramsci, 1984: 157).<\/p>\n<p>Dentro del continente europeo tambi\u00e9n distingue entre unos pa\u00edses y otros en funci\u00f3n precisamente de qu\u00e9 tipo de revoluciones burguesas se hab\u00edan producido: no es lo mismo Francia \u2013en donde se hab\u00eda producido una revoluci\u00f3n nacional-popular- que Alemania o Italia \u2013resultados de \u201crevoluciones pasivas\u201d, como comentaremos m\u00e1s abajo.<\/p>\n<p>As\u00ed mismo, dentro de Occidente reconoc\u00eda notables diferencias entre Europa y EE UU: la especificidad de este pa\u00eds sin pasado feudal y, por tanto, sin clases parasitarias, y sin instituciones de mediaci\u00f3n previas 13\/, explicaba que \u201cindustrialistas como Ford fueron capaces de aplicar su programa de \u00b4racionalizaci\u00f3n\u2019 sobre toda la sociedad bas\u00e1ndose en su predominio en el mundo de la producci\u00f3n\u201d: en ese sentido all\u00ed, incontestablemente, \u201cla hegemon\u00eda nace de la f\u00e1brica y no tiene necesidad de ejercerse m\u00e1s que por una cantidad m\u00ednima de intermediarios profesionales de la pol\u00edtica y la ideolog\u00eda\u201d; y a\u00f1ade que se trata de un \u201ctipo de sociedad racionalizada, en la que la \u2018estructura\u2019 domina m\u00e1s inmediatamente las superestructuras y \u00e9stas son \u2018racionalizadas\u2019 (simplificadas y disminuidas en n\u00famero\u201d (Gramsci, 2000: 66) 14\/. 3.<\/p>\n<p>\u201cEstado integral\u201d, bloque hist\u00f3rico, hegemon\u00eda y sentido com\u00fan Pero, \u00bfqu\u00e9 definici\u00f3n de Estado nos ofrece Gramsci? De sus escritos se puede desprender una evoluci\u00f3n o\/y una distinci\u00f3n entre una concepci\u00f3n reducida (gobierno, aparato) y otra, que es la que desarrolla, la cual le lleva a sostener que el Estado integral es \u201ctodo el conjunto de actividades pr\u00e1cticas y te\u00f3ricas con que la clase gobernante no s\u00f3lo justifica y mantiene su dominio sino que logra obtener el consenso activo de los gobernados\u201d (Gramsci, 1999: 186). Una propuesta que sin duda tiene que ver con los cambios que ha ido observando tambi\u00e9n en el caso italiano con la crisis del Estado liberal y el advenimiento del fascismo (Buci-Glucksmann, 1978: 137) En resumen, de ese Estado integral formar\u00edan parte todos aquellos elementos que aseguren la hegemon\u00eda de una clase o un grupo social sobre toda la sociedad: una combinaci\u00f3n de coerci\u00f3n y consentimiento variable seg\u00fan contextos, circunstancias y relaciones de fuerzas, para cuya descripci\u00f3n se apoya en la referencia al Centauro de Maquiavelo:<\/p>\n<p>\u201cOtro punto que establecer y desarrollar es el de la \u2018doble perspectiva\u2019 en la acci\u00f3n pol\u00edtica y en la vida estatal. Varios grados en que puede presentarse la doble perspectiva, desde los m\u00e1s elementales hasta los m\u00e1s complejos. Pero tambi\u00e9n este elemento est\u00e1 vinculado a la doble naturaleza del Centauro maquiav\u00e9lico, de la fuerza y del consenso, del dominio y de la hegemon\u00eda, de la violencia y de la civilizaci\u00f3n (\u201cde la Iglesia y del Estado\u201d, como dir\u00eda Croce), de la agitaci\u00f3n y de la propaganda, de la t\u00e1ctica y de la estrategia\u201d (Gramsci, 1984, 259-260).<\/p>\n<p>Una \u201cdoble naturaleza\u201d que se complementa con la \u201ccorrupci\u00f3n-fraude\u201d 15\/, capaz de lograr \u201cla despotenciaci\u00f3n y la par\u00e1lisis del antagonista o antagonistas\u201d, y que se desarrolla, no siempre con una distinci\u00f3n clara, en \u201cdos planos superestructurales, el que se puede llamar de la \u2018sociedad civil\u2019, o sea, del conjunto de organismos vulgarmente llamados \u2018privados\u2019, y el de la \u2018sociedad pol\u00edtica o Estado\u2019 y que corresponden a la funci\u00f3n de \u2018hegemon\u00eda\u2019 que el grupo ejerce en toda la sociedad y al de \u2018dominio directo\u2019 o de mando que se expresa en el Estado y en el gobierno \u2018jur\u00eddico\u201d (Gramsci, 1986: 357).<\/p>\n<p>Para \u00e9l, por tanto, el poder no se encuentra solo en lo que entiende por Estado en sentido estricto (el aparato estatal) sino que aparece reflejado en ese \u201cconjunto de actividades pr\u00e1cticas y te\u00f3ricas\u201d que se desarrollan en muchos centros de la sociedad. Se propone as\u00ed como tarea investigar esas actividades de los aparatos de hegemon\u00eda, incluyendo entre ellos los medios de comunicaci\u00f3n, la Iglesia (no olvidemos la centralidad que el catolicismo ten\u00eda y tiene en la sociedad italiana), las instituciones educativas, los centros culturales, los partidos o los sindicatos.<\/p>\n<p>Sin embargo, se puede coincidir con la apreciaci\u00f3n de que \u201cla atenci\u00f3n de Gramsci tendi\u00f3 siempre m\u00e1s hacia las instituciones puramente culturales para garantizar el consentimiento de las masas \u2013iglesias, escuelas, peri\u00f3dicos y dem\u00e1s- que a las instituciones espec\u00edficamente pol\u00edticas que garantizan la estabilidad del capitalismo con una complejidad y ambig\u00fcedad necesariamente mayores\u201d (Anderson, 1978). En realidad, el inter\u00e9s de Gramsci est\u00e1 m\u00e1s en estudiar el poder estatal en t\u00e9rminos estrat\u00e9gico-relacionales y no tanto las instituciones como tales, como propone Bob Jessop (2014b)). A prop\u00f3sito de esto, la concepci\u00f3n de Gramsci de los \u201caparatos de hegemon\u00eda\u201d es distinta de la que posteriormente desarrollar\u00e1 Louis Althusser con su concepto de \u201caparatos ideol\u00f3gicos de Estado\u201d, sin negar por ello, como hace Jessop (2014 c)) la validez de la cr\u00edtica que el fil\u00f3sofo franc\u00e9s hiciera a la interpretaci\u00f3n derechista por el eurocomunismo del pensamiento gramsciano (Althusser, 2003: 163-173). En cambio, posteriormente los an\u00e1lisis de Foucault sobre las relaciones de poder y la \u201cgubernamentalidad\u201d pueden ser vistos desde algunos enfoques como una propuesta superadora de la categor\u00eda de \u201cconsentimiento\u201d de Gramsci (Dardot y Laval, 2013).<\/p>\n<p>Con todo, lo que le interesa es analizar el poder estatal en t\u00e9rminos relacionales y no tanto estudiando cada instituci\u00f3n como tal; un enfoque que se ver\u00eda luego ampliado, con por Jessop (2008: 7), apoyado a su vez en la contribuci\u00f3n de Nicos Poulantzas.<\/p>\n<p>Dentro de ese marco general, y siempre en relaci\u00f3n-oposici\u00f3n con la clase dominante, la historia de los \u201cgrupos sociales subalternos\u201d es percibida por Gramsci como \u201cnecesariamente disgregada y epis\u00f3dica\u201d:<\/p>\n<p>\u201cEs indudable que en la actividad hist\u00f3rica de estos grupos existe la tendencia a la unificaci\u00f3n, si bien seg\u00fan planes provisionales, pero esta tendencia es continuamente rota por la iniciativa de los grupos dominantes, y por lo tanto s\u00f3lo puede ser demostrada a ciclo hist\u00f3rico cumplido, si \u00e9ste concluye con un triunfo. Los grupos subalternos sufren siempre la iniciativa de los grupos dominantes, aun cuando se rebelan y sublevan: solo la victoria \u2018permanente\u2019 rompe, y no inmediatamente, la subordinaci\u00f3n. En realidad, aun cuando parecen triunfantes, los grupos subalternos est\u00e1n s\u00f3lo en estado de defensa activa (esta verdad se puede demostrar con la historia de la revoluci\u00f3n francesa hasta 1830 por lo menos)\u201d (Gramsci, 2000: 178-179).<\/p>\n<p>De ah\u00ed la importancia que da a la necesidad de no \u201cpasar por alto y, peor a\u00fan, despreciar los movimientos llamados \u2018espont\u00e1neos\u2019, o sea, renunciar a darles una direcci\u00f3n consciente, a elevarlos a un plano superior introduci\u00e9ndolos en la pol\u00edtica\u201d, ya que \u201cpuede tener a menudo consecuencias muy serias y graves\u201d (Gramsci, 1981b): 54).<\/p>\n<p>Con su definici\u00f3n de grupos o clases subalternas Gramsci se referir\u00e1, por tanto, a \u201cun conjunto diversificado de clases, todas caracterizadas por no ser todav\u00eda hegem\u00f3nicas o dominadas pero muy diferenciadas en su interior\u201d (Liguori, 2016). Y a\u00f1ade:<\/p>\n<p>\u201cEntre los grupos subalternos uno ejercer\u00e1 o tender\u00e1 a ejercer una cierta hegemon\u00eda a trav\u00e9s de un partido, y esto hay que establecerlo estudiando incluso los desarrollos de todos los dem\u00e1s partidos en cuanto que incluyen elementos del grupo hegem\u00f3nico o de los otros grupos subalternos que sufren tal hegemon\u00eda\u201d (Gramsci, 2000: 183).<\/p>\n<p>La lucha por la hegemon\u00eda aparece as\u00ed como la tarea estrat\u00e9gica fundamental para estar en condiciones de conquistar el poder: para ello un grupo social o una clase social determinada \u2013que para Gramsci deber\u00eda ser la clase trabajadora- ha de ser capaz de constituirse en grupo dirigente antes de llegar a ser tambi\u00e9n dominante:<\/p>\n<p>\u201cEl criterio hist\u00f3rico-pol\u00edtico en que debe basarse la investigaci\u00f3n es \u00e9ste: que una clase es dominante de dos maneras, esto es, es \u2018dirigente\u2019 y \u2018dominante\u2019. Es dirigente de las clases aliadas, es dominante de las clases adversarias. Por ello una clase ya antes de subir al poder puede ser \u2018dirigente\u2019 (y debe serlo): cuando est\u00e1 en el poder se vuelve dominante pero sigue siendo tambi\u00e9n \u2018dirigente\u201d (Gramsci, 1981 a): 107).<\/p>\n<p>Es as\u00ed como se ha ido conformando o se puede ir construyendo un bloque hist\u00f3rico nuevo (concepto tomado de Georges Sorel). Un bloque hist\u00f3rico que ha de ser algo m\u00e1s que una alianza de clases, ya que, frente a lecturas sesgadas, \u201cimplica la transformaci\u00f3n de la estructura y las superestructuras. Existe cuando es completa la hegemon\u00eda de una clase sobre el conjunto social; dicha clase es dominante y dirigente cuando disgrega a sus adversarios, logra el consenso de las clases y grupos sociales afines, posee intelectuales org\u00e1nicos, produce una crisis org\u00e1nica en el viejo orden social, aglutina y configura una voluntad colectiva en un partido revolucionario, tiene las riendas de la econom\u00eda para transformarla de ra\u00edz y consigue la primac\u00eda en las superestructuras ideol\u00f3gicas, convirtiendo su filosof\u00eda en cosmovisi\u00f3n de masas y sus intereses en universales (nacionales)\u201d (D\u00edaz-Salazar, 1991: 141).<\/p>\n<p>Gramsci entiende, por tanto, las \u201cclases\u201d o \u201cgrupos\u201d subalternos, en relaci\u00f3n\/oposici\u00f3n inmediata con la clase dominante, como un conjunto diversificado de clases que abarcar\u00edan desde el proletariado industrial hasta los estratos sociales m\u00e1s marginales, perif\u00e9ricos y espont\u00e1neos: padecen la iniciativa de la clase dominante, pero intentan defenderse, por lo que siempre puede haber en ellas un germen de resistencia activa (Liguori, 2016). El \u201cgrupo social\u201d que aspira a ser hegem\u00f3nico debe ir introduciendo mecanismos de direcci\u00f3n de clase \u2013no solo pol\u00edtica sino tambi\u00e9n moral e intelectual- en la sociedad civil. Y aqu\u00ed conviene resaltar este comentario del pensador sardo:<\/p>\n<p>\u201cEl hecho de la hegemon\u00eda presupone indudablemente que se tomen en cuenta los intereses y las tendencias de los grupos sobre los cuales la hegemon\u00eda ser\u00e1 ejercida, que se forme un cierto equilibrio de compromiso, esto es, que el grupo dirigente haga sacrificios de orden econ\u00f3mico-corporativo, pero tambi\u00e9n es indudable que tales sacrificios y tal compromiso no pueden afectar a lo esencial, porque si la hegemon\u00eda es \u00e9tico-pol\u00edtica, no puede dejar de ser tambi\u00e9n econ\u00f3mica, no puede dejar de tener su fundamento en la funci\u00f3n decisiva que el grupo dirigente ejerce en el n\u00facleo decisivo de la actividad econ\u00f3mica\u201d (Gramsci, 1999: 42). Apunta, por tanto, a la necesidad de un compromiso entre los distintos grupos sociales y, a la vez, a la necesidad de que la hegemon\u00eda se d\u00e9 tambi\u00e9n en el plano econ\u00f3mico, sin por ello reducir \u00e9sta a las meras relaciones de clase en la esfera de la producci\u00f3n (Cospito, 2007: 80).<\/p>\n<p>Precisamente, ese esfuerzo dirigido a conseguir que \u201dla hegemon\u00eda \u00e9tico-pol\u00edtica\u201d llegue a ser \u201ctambi\u00e9n econ\u00f3mica\u201d no puede obviar los l\u00edmites a los que puede llegar aqu\u00e9lla bajo el capitalismo debido a las diferencias que Marx establec\u00eda entre la naturaleza de las revoluciones burguesas y la de las revoluciones proletarias y que no siempre Gramsci subray\u00f3, especialmente cuando establec\u00eda analog\u00edas con el jacobinismo. En efecto, como recuerda Perry Anderson, \u201ces importante recordar el conocido principio marxista de que la clase obrera bajo el capitalismo es inherentemente incapaz de ser la clase culturalmente dominante a causa de haber sido estructuralmente expropiada, por su posici\u00f3n de clase, de algunos de los medios esenciales de producci\u00f3n cultural (educaci\u00f3n, tradici\u00f3n, ocio), a diferencia de la burgues\u00eda de la Ilustraci\u00f3n que pudo generar su propia cultura superior dentro del marco del ancien regime\u201d (Anderson, 1978).<\/p>\n<p>En resumen, el concepto de hegemon\u00eda implica \u201cla articulaci\u00f3n de un bloque hist\u00f3rico en torno a una clase dirigente, y no la simple adici\u00f3n no diferenciada de la categor\u00eda de descontentos; la formulaci\u00f3n de un proyecto pol\u00edtico capaz de solucionar una crisis hist\u00f3rica de la naci\u00f3n y del conjunto de las relaciones sociales\u201d (Bensa\u00efd, 2013: 93). Es as\u00ed como se puede llegar al \u201cmomento\u201d de la hegemon\u00eda, o sea, \u201cplanteando todas las cuestiones en torno a las cuales hierve la lucha, no sobre un plano corporativo sino sobre un plano \u2018universal y creando as\u00ed la hegemon\u00eda de un grupo social fundamental sobre una serie de grupos subordinados\u201d (Gramsci, 1984 b); Campione, 2014: 13).<\/p>\n<p>El objetivo a alcanzar es, por tanto, romper el \u201ccemento ideol\u00f3gico\u201d que asegura el consentimiento de las masas a la hegemon\u00eda de la burgues\u00eda. Aqu\u00e9l se basa en un sentido com\u00fan que equivale a la concepci\u00f3n popular tradicional del hombre medio, pero que est\u00e1 siempre en transformaci\u00f3n continua, potencialmente bajo la influencia de lo que define como el buen sentido, es decir, el elemento cr\u00edtico respecto a las cristalizaciones y dogmatizaciones del sentido com\u00fan: es ese \u201cbuen sentido\u201d el que ha de servirnos para luchar por un nuevo sentido com\u00fan, impulsado por el nuevo bloque intelectual y moral. El sentido com\u00fan aparece as\u00ed como una variante de la ideolog\u00eda o concepci\u00f3n del mundo y, por tanto, como \u201cun concepto equ\u00edvoco, contradictorio, multiforme, y que referirse al sentido com\u00fan como confirmaci\u00f3n de la verdad es una insensatez\u201d (Gramsci, 1986: 264) (Liguori, 2009).<\/p>\n<p>En el caso italiano, para Gramsci, ya desde 1916, el sentido com\u00fan aparece claramente asociado con la religi\u00f3n -y el papel que juega la Iglesia cat\u00f3lica como \u201caparato hegem\u00f3nico\u201d-, ya que se ha establecido como la concepci\u00f3n del mundo y de la vida t\u00edpica de las masas populares. Empero, su reconocimiento de que existe una relaci\u00f3n entre la fe religiosa y las normas de conducta conformes a ella no le lleva a plantear la eliminaci\u00f3n de la religi\u00f3n o las Iglesias sino a superarlas \u201ccr\u00edtica y progresivamente hasta sustituirlas con una concepci\u00f3n superior de la vida y del mundo y con una organizaci\u00f3n social y pol\u00edtica diferente\u201d; \u00e9sa es la funci\u00f3n que atribuye precisamente al \u201cmovimiento-partido-Estado obrero\u201d (La Rocca, 2009: 704), armado, eso s\u00ed, de la \u201cfilosof\u00eda de la praxis\u201d. Esta ha de ser precisamente \u201cla cr\u00edtica y la superaci\u00f3n de la religi\u00f3n y del sentido com\u00fan y en ese sentido coincide con el \u2018buen sentido\u2019 que se contrapone al sentido com\u00fan\u201d (Gramsci, 1986: 327).<\/p>\n<p>Fundamenta adem\u00e1s esa apuesta partiendo de su distinci\u00f3n dentro del complejo cultural en el que se mueven las clases subalternas (y que denomina \u201cfolklore\u201d) entre la religi\u00f3n popular y la religi\u00f3n oficial, viendo por tanto la Iglesia como \u201cun campo de la lucha de clases\u201d (Tafalla, 2014: 173), como ha ocurrido hist\u00f3ricamente y ha de volver a ocurrir 16\/.<\/p>\n<p>Por eso \u201cun movimiento cultural que tienda a sustituir el sentido com\u00fan y las viejas concepciones del mundo en general\u201d ha de asumir determinadas tareas: \u201c1) no cansarse nunca de repetir sus propios argumentos (variando literariamente su forma): la repetici\u00f3n es el medio did\u00e1ctico m\u00e1s eficaz para operar sobre la mentalidad popular; 2) trabajar sin cesar para elevarla intelectualmente a estratos populares cada vez m\u00e1s vastos, lo que significa trabajar para crear elites de intelectuales de un tipo nuevo que surjan directamente de la masa aunque permaneciendo en contacto con ella para convertirse en el \u2018armaz\u00f3n\u2019 del busto. Esta segunda necesidad, si es satisfecha, es la que realmente modifica el \u2018panorama ideol\u00f3gico\u2019 de la \u00e9poca\u201d (Gramsci, 1984: 258). Partiendo de todas estas consideraciones \u2013expuestas sucintamente en este trabajo-, Gramsci reformula el ya viejo debate estrat\u00e9gico introducido por Kautsky en la Segunda Internacional en torno a qu\u00e9 tipo de \u201cguerra\u201d hay que desarrollar para hacer posible la revoluci\u00f3n. Teniendo en cuenta el nuevo contexto hist\u00f3rico \u2013de relativo reflujo-, distingue entre guerra de posiciones y guerra de maniobra o de movimiento, insistiendo en la necesidad de priorizar la primera, en realidad asimilable a la lucha por la hegemon\u00eda 17\/: \u201cse trata, pues, de estudiar con profundidad cu\u00e1les son los elementos de la sociedad civil que corresponden a los sistemas de defensa de la guerra de posiciones\u201d (Gramsci, 1984: 152), con el fin de ir construyendo un nuevo consenso que permita transformar los intereses corporativos en intereses solidarios para as\u00ed ir articulando ese bloque hist\u00f3rico que aspira a crear un nuevo tipo de sociedad. Para esto \u00faltimo s\u00ed que ser\u00e1 necesario pasar a la guerra de maniobra o movimiento, o sea, a la confrontaci\u00f3n abierta. Un horizonte al que, tambi\u00e9n frente a lecturas interesadas posteriores, nunca renunci\u00f3 el pensador sardo, como reconoce, desde su discrepancia, Chantal Mouffe (Errej\u00f3n y Mouffe, 2015: 32-33).<\/p>\n<p>Un desacuerdo que sin duda tiene que ver con la sobreestimaci\u00f3n por parte de Mouffe y Ernesto Laclau de la autonom\u00eda de la esfera pol\u00edtica -y, con ella, de la capacidad performativa del discurso y del liderazgo carism\u00e1tico en la construcci\u00f3n de un \u201cpueblo\u201d en las \u201c(post)democracias de audiencia\u201d- y del Estado respecto a sus bases materiales y a la relaci\u00f3n de fuerzas que en ellas se dan. Por eso se entiende que Mouffe apueste por convertir el antagonismo pueblo vs. oligarqu\u00eda en una democracia ag\u00f3nica en la que el \u201cenemigo\u201d pase a ser \u201cadversario\u201d, sustituyendo as\u00ed el horizonte rupturista por una \u201cmultiplicidad de rupturas\u201d (ibid.), o sea, por una estrategia gradualista de conquista del Estado y desde el Estado para ir sentando las bases de una democracia radical y pluralista (Thomassen, 2016: 168-169). Tampoco sorprende que desde su tendencia a sobrevalorar el papel del liderazgo carism\u00e1tico desde el ejecutivo estatal Laclau defendiera un presidencialismo fuerte en casos como el de la Argentina de los Kirchner (Rivera, 2015: 48)18\/.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong> \u201cVoluntad colectiva\u201d nacional-popular, reforma intelectual y moral y partido pol\u00edtico. Una pasi\u00f3n razonada <\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Otra aportaci\u00f3n fundamental en esas reflexiones es la de la necesidad de ir conformando una voluntad colectiva nacional-popular. Se trata de una propuesta que extrae Gramsci del fracaso de la \u201crevoluci\u00f3n de los consejos\u201d de 1920 por considerar que el proletariado del Norte no supo forjar una alianza con el campesinado del Sur. Ya en 1924 escrib\u00eda: \u201cLa cuesti\u00f3n meridional no puede ser resuelta por la burgues\u00eda m\u00e1s que transitoriamente, epis\u00f3dicamente, con la corrupci\u00f3n a hierro y fuego. El fascismo ha exasperado la situaci\u00f3n y la ha aclarado en gran parte. El no haber sido situado con claridad el problema, en toda su extensi\u00f3n y con todas sus consecuencias pol\u00edticas, ha impedido la acci\u00f3n de la clase obrera y ha contribuido, en gran parte, al fracaso de la revoluci\u00f3n de los a\u00f1os 1919-1920\u201d (Gramsci, 1978: 46).<\/p>\n<p>Para este \u201cmarxista de la subjetividad\u201d, como le defin\u00eda Manuel Sacrist\u00e1n, los jacobinos son una referencia a seguir para llevar a cabo esa tarea. \u00c9stos \u201clucharon hasta la extenuaci\u00f3n por asegurar un v\u00ednculo pr\u00e1ctico entre la ciudad y el campo y, en este sentido, el esp\u00edritu del jacobinismo ha tenido una relaci\u00f3n directa con la configuraci\u00f3n hist\u00f3rica de la voluntad colectiva nacional-popular\u201d (Fern\u00e1ndez Buey, 2014: 33).<\/p>\n<p>Por tanto, esa voluntad nacional-popular ha de ser el resultado de la construcci\u00f3n de un pueblo como el conjunto de clases subalternas bajo la direcci\u00f3n de la clase obrera, pero para esto habr\u00e1 que llegar a suscitar un \u201cesp\u00edritu de escisi\u00f3n\u201d 19\/ en la sociedad que permita a aquellas desligarse de los sistemas de consenso de la clase dominante; la v\u00eda para conseguirlo, subraya, ser\u00eda la de poner en pie una nueva reforma intelectual y moral (t\u00e9rminos tomados, por cierto, del t\u00edtulo de una obra de Ernest Renan a trav\u00e9s de Sorel), entendida como una nueva concepci\u00f3n del mundo, \u201cequivalente laico\u201d de lo que signific\u00f3 la reforma protestante dentro del cristianismo; o sea, una concepci\u00f3n radical, de cambio de sentido de \u00e9poca, nada menor.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqui\u00e9n es el sujeto pol\u00edtico principal para impulsar esa estrategia que, aunque Gramsci no la lleg\u00f3 a emplear, podemos calificar como \u201ccontrahegem\u00f3nica\u201d? Aqu\u00ed entra, reformulando a Maquiavelo, el \u201cPr\u00edncipe Moderno\u201d: \u201cSi hubiera que traducir en lenguaje pol\u00edtico moderno la noci\u00f3n de \u2018Pr\u00edncipe\u2019, tal como \u00e9sta se utiliza en el libro de Maquiavelo, habr\u00eda que hacer una serie de distinciones: \u2018pr\u00edncipe\u2019 podr\u00eda ser un jefe de Estado, un jefe de gobierno, pero tambi\u00e9n un dirigente pol\u00edtico que quiere conquistar un Estado o fundar un nuevo tipo de Estado; en este sentido \u2018pr\u00edncipe\u2019 podr\u00eda traducirse en lenguaje moderno por \u2018partido pol\u00edtico\u201d (Gramsci, 1984: 345) (Fortes, 2015).<\/p>\n<p>El partido es concebido como el \u201cintelectual colectivo\u201d 20\/ de la clase obrera, como el sujeto activo de la construcci\u00f3n de una nueva voluntad colectiva mediante una \u201cpedagog\u00eda democr\u00e1tica\u201d que sea portadora de un modelo de democracia sustancial alternativo. El partido ser\u00eda como el aparato pr\u00e1ctico del aparato te\u00f3rico, el marxismo -o \u201cfilosof\u00eda de la praxis\u201d-, entendido como un materialismo hist\u00f3rico depurado de mecanicismo y determinismo (Cospito, 2009). Sus fronteras tambi\u00e9n han de ser porosas, ya que \u201cel partido pol\u00edtico no es s\u00f3lo la organizaci\u00f3n pol\u00edtica del partido mismo, sino todo el bloque social activo del cual el partido es la gu\u00eda porque es la expresi\u00f3n necesaria\u201d (Gramsci, 1999: 228).<\/p>\n<p>Con todo, no pod\u00eda olvidar las ense\u00f1anzas que cab\u00eda extraer de la involuci\u00f3n de muchos partidos en los a\u00f1os 20 y 30 del pasado siglo, como demuestran sus comentarios sobre la obra de Robert Michels, interesante y esquem\u00e1tica a la vez en su opini\u00f3n, especialmente en lo relacionado con sus procesos de burocratizaci\u00f3n interna:<\/p>\n<p>\u201cLa burocracia es la fuerza consuetudinaria y conservadora m\u00e1s peligrosa: si \u00e9sta acaba por constituir un grupo solidario, que se apoya en s\u00ed mismo y se siente independiente de la masa, el partido acaba por volverse anacr\u00f3nico, y en los momentos de crisis aguda queda vac\u00edo de su contenido social y queda como apoyado en el aire\u201d (1999: 53). El nuevo Pr\u00edncipe es, por tanto, el que ha de ser capaz de forjar un \u201cesp\u00edritu de escisi\u00f3n\u201d \u201cen t\u00e9rminos pol\u00edticos, sin el cual las clases subalternas permanecen disgregadas en una sociedad civil meramente corporativa y no directiva de sus clases antagonistas\u201d (Thomas, 2009: 438). Su tarea hist\u00f3rica es, por tanto, enorme. Con palabras, de nuevo, del pensador sardo:<\/p>\n<p>\u201cEl moderno Pr\u00edncipe debe y no puede dejar de ser el pregonero y organizador de una reforma intelectual y moral, lo que adem\u00e1s significa crear el terreno para un ulterior desarrollo de la voluntad colectiva nacional popular hacia el cumplimiento de una forma superior y total de civilizaci\u00f3n moderna\u201d (Gramsci, 1999: 17) 21\/.<\/p>\n<p>Empero, insiste en su relaci\u00f3n con la esfera socio-econ\u00f3mica:<\/p>\n<p>\u201c\u00bfPuede haber reforma cultural y, por lo tanto, elevaci\u00f3n civil de los estratos deprimidos de la sociedad sin una previa reforma econ\u00f3mica y un cambio en la posici\u00f3n social y en el mundo econ\u00f3mico? Por eso una reforma intelectual y moral no puede dejar de estar ligada a un programa de reforma econ\u00f3mica, incluso el programa de reforma econ\u00f3mica es precisamente el modo concreto en que se presenta toda reforma intelectual y moral\u201d (1999: 17).<\/p>\n<p>Conviene recordar que su concepci\u00f3n del intelectual es muy amplia: para este pensador-estratega no existen los no-intelectuales, ya que todas las personas (aunque \u00e9l se refer\u00eda a \u201clos hombres\u201d) son fil\u00f3sofas de alg\u00fan modo, aunque no todas ejercen la funci\u00f3n de intelectual en la sociedad. Existen los intelectuales org\u00e1nicos y los tradicionales y el proletariado necesita dotarse de los primeros para su emancipaci\u00f3n. Para ello deber\u00eda haber una interconexi\u00f3n entre saber-comprender-sentir; las masas, sobre todo, \u201csienten\u201d, pero no siempre \u201ccomprenden\u201d y \u201csaben\u201d; a la inversa, los intelectuales \u201csaben\u201d, pero no siempre \u201ccomprenden\u201d y \u201csienten\u201d las aspiraciones de las masas\u201d (Voza, 2009: 72).<\/p>\n<p>Partiendo de reflexiones como la anterior sobre la relaci\u00f3n entre el \u201csaber\u201d y el \u201csentir\u201d se entiende \u201cla pasi\u00f3n (razonada) con que Gramsci defendi\u00f3 siempre la veracidad en pol\u00edtica\u201d (Fern\u00e1ndez Buey, 2001: 118). En efecto, insiste el pensador sardo en que \u201cno se hace pol\u00edtica-historia sin esa pasi\u00f3n, o sea, sin esa conexi\u00f3n sentimental entre intelectuales y \u2018pueblo-naci\u00f3n\u2019. En ausencia de tal nexo las relaciones del intelectual con el pueblo naci\u00f3n son o se reducen a relaciones de orden puramente burocr\u00e1tico, formal; los intelectuales se convierten en una casta o un sacerdocio (el llamado centralismo org\u00e1nico)\u201d (Gramsci, 1986: 347; Forenze, 2009: 628).<\/p>\n<p>De lo anterior se desprende tambi\u00e9n su preocupaci\u00f3n creciente por el uso de un lenguaje adecuado a la lucha por la hegemon\u00eda cultural:<\/p>\n<p>\u201cCada vez que aflora, de un modo u otro, el problema de la lengua, significa que se est\u00e1 imponiendo una serie de otros problemas: la formaci\u00f3n y ampliaci\u00f3n de la clase dirigente, la necesidad de establecer v\u00ednculos m\u00e1s s\u00f3lidos y seguros entre los grupos dirigentes y la masa popular-nacional. Es decir, la necesidad de reorganizar la hegemon\u00eda cultural\u201d (Gramsci, 2000: 229)22 \/.<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong> Crisis, cesarismos y transformismo vs. hegemon\u00eda expansiva. El factor geopol\u00edtico <\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La crisis \u201cde autoridad\u201d, \u201cde hegemon\u00eda e incluso del Estado en su conjunto\u201d (Gramsci, 1999: 52) y el interregno que abre fue descrita por Gramsci en muchas partes de sus notas. Una de ellas ha sido quiz\u00e1s la m\u00e1s repetida en los \u00faltimos tiempos:<\/p>\n<p>\u201cSi la clase dominante ha perdido el consenso, o sea, si ya no es \u2018dirigente\u2019, sino \u00fanicamente \u2018dominante\u2019, detentadora de la pura fuerza coercitiva, esto significa precisamente que las grandes masas se han apartado de las ideolog\u00edas tradicionales, no creen ya en lo que antes cre\u00edan, etc\u00e9tera. La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fen\u00f3menos morbosos m\u00e1s variados\u201d (1981 b): 37)<\/p>\n<p>Partiendo de esa necesidad de prepararse ante la crisis de hegemon\u00eda del bloque hist\u00f3rico dominante, Gramsci propone una estrategia que puede llegar a ser aplicable en mayor o menor grado en funci\u00f3n de los distintos tipos de crisis que surjan en un pa\u00eds. Por eso encontramos en sus apuntes la distinci\u00f3n entre crisis org\u00e1nica (la que llega a afectar al propio Estado), o sea, aqu\u00e9lla que, debido al fracaso de la pol\u00edtica de la clase dirigente, puede conducir a la disgregaci\u00f3n del bloque hist\u00f3rico dominante frente al desaf\u00edo organizado de las clases subalternas, sin el cual la crisis no provocar\u00e1 repercusiones en el interior de aqu\u00e9l); crisis coyuntural, de gobierno, o de r\u00e9gimen, dir\u00edamos ahora, y crisis hist\u00f3rica, que puede estar relacionada con la primera pero como trasfondo econ\u00f3mico e incluso sist\u00e9mico.<\/p>\n<p>Es la primera la que merece m\u00e1s atenci\u00f3n, ya que del desarrollo de la misma pueden resultar diferentes salidas, sobre todo si se da un \u201cequilibrio de fuerzas de perspectivas catastr\u00f3ficas\u201d: es en esas circunstancias cuando pueden surgir los \u201cmonstruos\u201d o los \u201ccesarismos\u201d, que pueden ser conservadores pero tambi\u00e9n progresistas:<\/p>\n<p>\u201cSe puede decir que el cesarismo o bonapartismo expresa una situaci\u00f3n en la que las fuerzas en lucha se equilibran de modo catastr\u00f3fico, o sea que se equilibran de modo tal que la continuaci\u00f3n de la lucha no puede concluir m\u00e1s que con la destrucci\u00f3n rec\u00edproca (\u2026). Pero el cesarismo, si bien expresa siempre la soluci\u00f3n \u2018arbitral\u2019, confiada a una gran personalidad, de una situaci\u00f3n hist\u00f3rico-pol\u00edtica caracterizada de equilibrio de las fuerzas de tendencia catastr\u00f3fica, no tiene siempre el mismo significado hist\u00f3rico. Puede haber un cesarismo progresista o un cesarismo regresivo, y el significado exacto de cada forma de cesarismo, en \u00faltimo an\u00e1lisis, puede ser reconstruido por la historia concreta y no por un esquema sociol\u00f3gico. Es progresista el cesarismo cuando su intervenci\u00f3n ayuda a la fuerza progresista a triunfar aunque sea con ciertos compromisos limitativos de la victoria; es regresivo cuando su intervenci\u00f3n ayuda a triunfar a la fuerza regresiva, tambi\u00e9n en este caso con ciertos compromisos y limitaciones, que no obstante tienen un valor, un alcance y un significado distintos que en el caso precedente. C\u00e9sar y Napole\u00f3n I son ejemplos de cesarismo progresista. Napole\u00f3n III (y tambi\u00e9n Bismark) de cesarismo regresivo\u201d (Gramsci, 1986: 102).<\/p>\n<p>En contextos como \u00e9sos es cuando la lucha por la hegemon\u00eda y la conformaci\u00f3n de un nuevo bloque hist\u00f3rico son tareas clave a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de un partido que sepa evitar el transformismo (trasvase de una clase al grupo enemigo, bien por voluntad propia o por dejarse absorber gradualmente por los dirigentes de la clase antag\u00f3nica); o, lo que es lo mismo, la revoluci\u00f3n pasiva:<\/p>\n<p>\u201cEl concepto de revoluci\u00f3n pasiva me parece exacto no s\u00f3lo para Italia sino tambi\u00e9n para los dem\u00e1s pa\u00edses que modernizaron el Estado a trav\u00e9s de una serie de reformas o de guerras nacionales, sin pasar por la revoluci\u00f3n pol\u00edtica de tipo radical-jacobino\u201d (Gramsci, 1984a): 216-217).<\/p>\n<p>\u00c9sa es la ense\u00f1anza que saca del Risorgimento italiano \u2013en donde el Partido de Acci\u00f3n sufri\u00f3 un proceso de transformismo y se fue configurando un nuevo bloque hist\u00f3rico entre la oligarqu\u00eda agraria del Sur y la burgues\u00eda industrial emergente del Norte-, que aplica tambi\u00e9n a los casos del fascismo y el \u201camericanismo\u201d: o sea, las \u201crevoluciones pasivas\u201d son aqu\u00e9llas en las que en el mejor de los casos se logre cambiar las formas pol\u00edticas de la sociedad (el gobierno, el r\u00e9gimen) pero no sus contenidos econ\u00f3micos, ya que para lograr esto \u00faltimo har\u00eda falta llegar al \u201cmomento jacobino-popular\u201d, o sea, a una revoluci\u00f3n protagonizada por un bloque hist\u00f3rico alternativo.<\/p>\n<p>Superado el riesgo de \u201ctransformismo\u201d mediante ese momento de ruptura con el viejo orden, es cuando se puede ir m\u00e1s lejos, hacia una \u201chegemon\u00eda expansiva\u201d que vaya abriendo el camino hacia una \u201csociedad regulada\u201d y, por tanto, hacia una redefinici\u00f3n de las funciones del Estado. Ser\u00e1 entonces cuando se podr\u00e1 pasar a \u201cuna fase de Estado-vigilante nocturno, o sea de una organizaci\u00f3n coercitiva que tutelar\u00e1 el desarrollo de los elementos de sociedad regulada en continuo incremento, y por lo tanto reduciendo gradualmente sus intervenciones autoritarias y coactivas\u201d (Gramsci, 1984: 76).<\/p>\n<p>Esa idea de \u201csociedad regulada\u201d es, por tanto, la de una sociedad que podr\u00eda definirse como autogestionada; en suma, una sociedad en la que se ir\u00e1 superando la distinci\u00f3n gobernantes-gobernados (Liguori, 2009: 211).<\/p>\n<p>En el desarrollo de los per\u00edodos de crisis el an\u00e1lisis de la evoluci\u00f3n de las relaciones de fuerzas es fundamental. Gramsci distingue diferentes \u201cmomentos o grados\u201d: primero, el de las relaciones de fuerzas sociales objetivas, o sea, de las clases sociales, \u201cestrictamente ligada a la estructura\u201d; luego, el de las relaciones de fuerzas pol\u00edticas, entre las que incluye la valoraci\u00f3n del grado de homogeneidad, autoconciencia y organizaci\u00f3n de los distintos grupos sociales, pero tambi\u00e9n el factor internacional o geopol\u00edtico en un sentido o en otro: en ese marco se deber\u00eda producir el paso del nivel econ\u00f3mico-corporativo al de solidaridad de intereses y, finalmente, el de la existencia real de una conciencia \u00e9tico-pol\u00edtica de clase; es entonces cuando considera que se hace necesario tener en cuenta cu\u00e1l es la relaci\u00f3n de fuerzas entre los contendientes en el plano militar (Gramsci, 1981 b): 169-171).<\/p>\n<p>El factor internacional o geopol\u00edtico fue resaltado por el pensador sardo en muchas de sus notas. Propon\u00eda analizar los elementos que se debe tener en cuenta para analizar la jerarqu\u00eda de poder entre los Estados (extensi\u00f3n del territorio, fuerza hegem\u00f3nica, fuerza militar y posibilidad de imprimir a su actividad una direcci\u00f3n aut\u00f3noma, cuya influencia deban sufrir las otras potencias (Gramsci, 1981b): 223), distinguiendo tambi\u00e9n entre los hegem\u00f3nicos y los subalternos:<\/p>\n<p>\u201cComo en cierto sentido en un Estado la historia es historia de las clases dirigentes, as\u00ed en el mundo la historia es historia de los Estados hegem\u00f3nicos. La historia de los Estados subalternos se explica por la historia de los Estados hegem\u00f3nicos\u201d (1999: 181).<\/p>\n<p>De lo anterior deduc\u00eda que \u201ccuanto m\u00e1s subordinada est\u00e1 la vida econ\u00f3mica inmediata de una naci\u00f3n a las relaciones internacionales, tanto m\u00e1s representa esta situaci\u00f3n un determinado partido y la explota para impedir que ganen ventaja los partidos adversarios\u201d. Por eso, \u201ca menudo el llamado \u201cpartido del extranjero\u201d no es precisamente el que como tal es vulgarmente indicado, sino precisamente el partido m\u00e1s nacionalista que, en realidad, m\u00e1s que representar las fuerzas vitales de su propio pa\u00eds, representa su subordinaci\u00f3n y el sometimiento econ\u00f3mico a las naciones o a un grupo de naciones hegem\u00f3nicas\u201d (Gramsci, 1999: 19). Unas consideraciones que le llevaban a reafirmar los conceptos de \u201crevolucionario\u201d e \u201cinternacionalista\u201d, ya que \u201cen el sentido moderno de la palabra, son correlativos al concepto preciso de Estado y de clase: escasa comprensi\u00f3n del Estado significa escasa conciencia de clase (comprensi\u00f3n del Estado existe no s\u00f3lo cuando se le defiende sino tambi\u00e9n cuando se le ataca para derrocarlo), en consecuencia, escasa eficiencia de los partidos, etc\u00e9tera\u201d (Gramsci, 1981b): 50).<\/p>\n<p>\u00c9ste es el breve y sint\u00e9tico recorrido que me ha parecido de m\u00e1s inter\u00e9s hacer en torno a las principales categor\u00edas de an\u00e1lisis y de estrategia pol\u00edtica que a lo largo de sus trabajos he podido extraer, siendo consciente de que son unas reflexiones complejas e inconclusas, en reelaboraci\u00f3n permanente y en unas condiciones personales, f\u00edsicas y psicol\u00f3gicas cada vez m\u00e1s dif\u00edciles que le conducir\u00edan finalmente a su temprana muerte (Fern\u00e1ndez Buey, (2010).<\/p>\n<p>* Jaime Pastor es profesor de Ciencia Pol\u00edtica de la UNED y editor de Viento Sur.<\/p>\n<p><strong><u>Notas<\/u><\/strong><\/p>\n<p>1\/ Una breve s\u00edntesis sobre las posiciones de Gramsci ante esta revoluci\u00f3n y el devenir del nuevo Estado se puede encontrar en Modonesi (2017).<\/p>\n<p>2\/ La enfermedad infantil del \u2018izquierdismo\u2019 en el comunismo\u2019, publicada en 1920, supone ya una primera y dura controversia con los comunistas \u201cde izquierda\u201d de distintos pa\u00edses europeos.<\/p>\n<p>3\/ Para un balance cr\u00edtico de esta orientaci\u00f3n: Romero (2015).<\/p>\n<p>4\/ Si bien no por ello deja de reconocer la distinci\u00f3n que hace Trotsky entre Oriente y Occidente en su discurso ante el IV Congreso de la IC en noviembre de 1922, aunque no ve en el mismo \u201cindicaciones de car\u00e1cter pr\u00e1ctico\u201d (Gramsci, 1999: 63 y 468-469). En cambio, el Informe (\u201cCinco a\u00f1os de la revoluci\u00f3n rusa y perspectivas de la revoluci\u00f3n mundial\u201d) que present\u00f3 Lenin en ese Congreso, al que asisti\u00f3 Gramsci, s\u00ed influy\u00f3 mucho en \u00e9l (Ragionieri, 1976: 192-196).<\/p>\n<p>5\/ Reich escrib\u00eda en junio de 1934: \u201cMientras nosotros expon\u00edamos a las masas magn\u00edficos an\u00e1lisis hist\u00f3ricos y disquisiciones econ\u00f3micas sobre las contradicciones interimperialistas, ellas se entusiasmaban por Hitler desde lo m\u00e1s profundo de sus sentimientos. Hab\u00edamos dejado la pr\u00e1ctica del factor subjetivo, por decirlo con Marx, a los idealistas y nos hab\u00edamos convertido en materialistas mecanicistas y economicistas\u201d (1974: 86). A prop\u00f3sito de estas reflexiones: Jakopovich (2008).<\/p>\n<p>6\/ Con su obra Teor\u00eda del materialismo hist\u00f3rico. Ensayo popular de sociolog\u00eda marxista, publicada en 1921; como recuerda Michael Kr\u00e4tke (2011), Gramsci, amigo de Piero Sraffa, no lleg\u00f3 a conocer otras obras relevantes, como las de Issac Rubin y Yevgueni Preobrazhenski, que le habr\u00edan permitido un conocimiento mayor del debate que se abri\u00f3 en los primeros a\u00f1os del nuevo Estado.<\/p>\n<p>7\/ As\u00ed ser\u00e1 tambi\u00e9n en las siguientes citas de este autor. Para facilitar el acceso a sus fuentes en castellano me remitir\u00e9 siempre a los sucesivos Tomos de Cuadernos de la c\u00e1rcel, publicados por Era.<\/p>\n<p>8\/ Si bien no por parte de Raymond Williams, quien, apoy\u00e1ndose en la referencia de Gramsci a El 18 Brumario de Luis Bonaparte (Williams,1980:94-95), resalt\u00f3 su contribuci\u00f3n a \u201cpensar\u201d el poder de una forma, a la vez cultural y material, que fuera m\u00e1s all\u00e1 de la dicotom\u00eda \u201cbase-sobreestructura\u201d (Alonso, 2014: 11).<\/p>\n<p>9\/ Con Ranajit Guha como pionero de esa corriente, cuya obra Dominance without Hegemony (1997) es considerada por Perry Anderson la m\u00e1s relevante entre las inspiradas en Gramsci (Anderson, 2016).<\/p>\n<p>10\/ Empero, Stuart Hall, figura destacada de esta corriente, sobresali\u00f3 en dar relevancia a la aportaci\u00f3n de Gramsci al estudio del racismo pero tambi\u00e9n para analizar el ascenso del \u201cthatcherismo\u201d como \u201crevoluci\u00f3n regresiva\u201d; pese a las cr\u00edticas que recibi\u00f3 por sobrevalorar el papel de la ideolog\u00eda, reconoc\u00eda que para el pensador sardo \u201cno puede haber hegemon\u00eda sin \u2018el decisivo n\u00facleo de lo econ\u00f3mico\u201d (Hall, 1988: 171; cit. por Blackburn, 2014: 93); para un balance cr\u00edtico posterior del debate de Hall con Thompson y Milliband, entre otros: Falzon (2013).<\/p>\n<p>11\/ \u00c9sa es la tendencia achacable principalmente a Laclau y Mouffe (Jessop, 2014 a)).<\/p>\n<p>12\/ Ernest Mandel desarroll\u00f3 tambi\u00e9n una cr\u00edtica a la interpretaci\u00f3n oportunista de Gramsci por el eurocomunismo en el cap\u00edtulo 9 de su Cr\u00edtica del eurocomunismo (1977).<\/p>\n<p>13\/ \u201cEl americanismo (\u2026) consiste en el hecho de que no existen clases numerosas sin una funci\u00f3n esencial en el mundo productivo, vale decir, clases absolutamente parasitarias. La \u2018tradici\u00f3n\u2019, la \u2018civilizaci\u00f3n\u2019 europea, se caracteriza en cambio por la existencia de tales clases, creadas por la \u2018riqueza\u2019 y \u2018complejidad\u2019 de la historia pasada, que dej\u00f3 un c\u00famulo de sedimentaciones pasivas\u201d (Gramsci, 1984 b): 287).<\/p>\n<p>14\/ Es precisamente en torno al papel que puede jugar EE UU en el futuro de Europa que Gramsci se pregunta: \u201cEl problema es \u00e9ste: si Am\u00e9rica, con el peso implacable de su producci\u00f3n econ\u00f3mica, obligar\u00e1 y est\u00e1 obligando a Europa a una transformaci\u00f3n de su base econ\u00f3mico-social, que igualmente se hubiera producido pero con ritmo lento y que por el contrario se presenta como un contragolpe de la \u2018prepotencia americana\u2019, esto es, se est\u00e1 creando una transformaci\u00f3n de las bases materiales de la civilizaci\u00f3n, lo que a largo plazo (y no muy largo, porque en el per\u00edodo actual todo es m\u00e1s r\u00e1pido que en los per\u00edodos pasados) llevar\u00e1 a una transformaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n existente y al nacimiento de una nueva\u201d (1981 b): 23).<\/p>\n<p>15\/ \u201cEntre el consenso y la fuerza est\u00e1 la corrupci\u00f3n-fraude (que es caracter\u00edstica de ciertas situaciones de dif\u00edcil ejercicio de la funci\u00f3n hegem\u00f3nica, presentando el empleo de la fuerza demasiados peligros) o sea, el debilitamiento y la par\u00e1lisis infligidos al adversario o a los adversarios acaparando sus dirigentes bien sea encubiertamente o, en caso de peligro emergente, abiertamente, para provocar confusi\u00f3n y desorden en las filas adversarias\u201d (Gramsci, 1984b): 126). Perry Anderson (2002) subraya este factor, generalmente poco mencionado, extendiendo su aplicaci\u00f3n al \u00e1mbito de las relaciones entre Estados.<\/p>\n<p>16\/ Para un estudio sistem\u00e1tico, y a la vez cr\u00edtico, de las reflexiones de Gramsci sobre la religi\u00f3n: D\u00edaz-Salazar (1991).<\/p>\n<p>17\/ \u201cLa guerra de posiciones, en pol\u00edtica, es el concepto de hegemon\u00eda, que s\u00f3lo puede nacer despu\u00e9s del advenimiento de ciertas premisas, a saber las grandes organizaciones populares de tipo moderno, que representan como las \u2018trincheras\u2019 y las fortificaciones permanentes en la guerra de posiciones\u201d (Gramsci, 1984 a): 244).<\/p>\n<p>18\/ En realidad, para Laclau, como bien observa Villaca\u00f1as, \u201cel punto de palanca es el dominio del poder ejecutivo\u201d (2015: 89). Con todo, no pretendo simplificar, ya que la funcionalidad electoral del populismo en determinados contextos y momentos cr\u00edticos es innegable y en todo caso \u201cimplica un desaf\u00edo para la izquierda, pues debe abandonar todo aristocratismo pol\u00edtico basado en el concepto de \u2018falsa conciencia\u2019 y ser capaz de superar el populismo sobrepujando y articulando toda una serie de valores, demandas e identidades. Se trata de distinguir el contenido estrat\u00e9gicamente diferencial entre el socialismo y el populismo, as\u00ed como comprender su entrecruzamiento\u201d (Sanmartino, (2007).<\/p>\n<p>19\/ \u201c\u00bfQu\u00e9 puede oponerse, por parte de una clase innovadora, a este complejo formidable de trincheras y fortificaciones de la clase dominante? El esp\u00edritu de escisi\u00f3n, o sea la progresiva adquisici\u00f3n de la conciencia de la propia personalidad hist\u00f3rica, esp\u00edritu de escisi\u00f3n que debe tender a extenderse de la clase protagonista a las clases aliadas potenciales: todo ello exige un complejo ideol\u00f3gico, cuya primera condici\u00f3n es el exacto conocimiento del campo que se ha de vaciar de su elemento de masa humana\u201d (Gramsci, 1981 b): 55-56).<\/p>\n<p>20\/ \u201cQue todos los miembros de un partido pol\u00edtico deban ser considerados como intelectuales: he aqu\u00ed una afirmaci\u00f3n que puede prestarse a la burla; no obstante, si se reflexiona, nada es m\u00e1s exacto. Habr\u00e1 que hacer distinciones de grado, un partido podr\u00e1 tener mayor o menor composici\u00f3n del grado m\u00e1s alto o del grado m\u00e1s bajo; no es eso lo que importa: importa la funci\u00f3n que es educativa y directa, o sea, intelectual\u201d (Gramsci, 1981 b): 190).<\/p>\n<p>21\/ La voluntad colectiva nacional-popular podr\u00eda ser, por tanto, asociada a la reivindicaci\u00f3n de la soberan\u00eda popular \u201co, m\u00e1s precisamente, como base de la acci\u00f3n del legislador\u201d (Coutinho, 2009). Para una reflexi\u00f3n de inter\u00e9s sobre el partido en Gramsci y los problemas de \u201canacronismo\u201d que suscita hoy: Douet (2017).<\/p>\n<p>22\/ Citado por F. Fern\u00e1ndez Buey (2000: 192).<\/p>\n<p><strong><u>Referencias<\/u><\/strong><\/p>\n<p>Alonso, A. (2014) \u201cAntonio Gramsci en los estudios culturales de Raymond Williams\u201d, methaodos. revista de ciencias sociales, 2 (1), 8-22<\/p>\n<p>Althusser, L. 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M\u00e9xico: Era<\/p>\n<p>-(1984b) Notas sobre Maquiavelo, sobre la pol\u00edtica y sobre el Estado moderno. Buenos Aires: Nueva Visi\u00f3n<\/p>\n<p>-(1986) Cuadernos de la c\u00e1rcel, 4. M\u00e9xico: Era -(1999) Cuadernos de la c\u00e1rcel, 5. M\u00e9xico: Era -(2000) Cuadernos de la c\u00e1rcel, 6. M\u00e9xico: Era<\/p>\n<p>Hall, S. (1988) \u201cGramsci and Us\u201d, en The Hard Road to Renewal. Thatcherism and the crisis of the left, Londres, Verso, pp. 161-174<\/p>\n<p>Jakopovich, D. (2008) \u201cLa r\u00e9volution et le parti dans la pens\u00e9e de Gramsci, une actualisation\u201d, Inprecor, 541-542, pp. 57-64<\/p>\n<p>Jessop, R. (2008) El futuro del Estado capitalista. Madrid: Los libros de la catarata<\/p>\n<p>&#8211; (2014 a)) \u201cThe relevance of Luhmann\u2019s systems theory and of Laclau and Mouffe\u2019s discourse analysis to the elaboration of Marx\u2019s state theory\u201d, <a href=\"http:\/\/bobjessop.org\/2014\/02\/09\/the-relevance-of-luhmanns-systems-theory-and-of-laclau-and-mouffes-discourse-analysis-to-the-elaboration-of-marxs-state-theory\">http:\/\/bobjessop.org\/2014\/02\/09\/the-relevance-of-luhmanns-systems-theory-and-of-laclau-and-mouffes-discourse-analysis-to-the-elaboration-of-marxs-state-theory<\/a><\/p>\n<p>-(2014b)) \u201cLectures on Gramsci\u201d, <a href=\"http:\/\/www.bobjessop.org\/2014\/04\/21\/lectures-on-Gramsci\" rel=\"nofollow\">http:\/\/www.bobjessop.org\/2014\/04\/21\/lectures-on-Gramsci<\/a><\/p>\n<p>-(2014c)) \u201cAlthusser, Poulantzas, Buci-Glucksmann: Elaborations of Gramsci\u2019s Concept of the integral State\u201d, <a href=\"http:\/\/bobjessop.org\/2014\/02\/01\/althusser-poulantzas-buci-glucksmann-elaborations-of-gramscis-concept-of-the-integral-state\">http:\/\/bobjessop.org\/2014\/02\/01\/althusser-poulantzas-buci-glucksmann-elaborations-of-gramscis-concept-of-the-integral-state<\/a><\/p>\n<p>Kr\u00e4tke, M. R. (2011) \u201cAntonio Gramsci\u2019s Contribution to a Critical Economics\u201d, Historical Materialism, 19, 3, pp. 63-105<\/p>\n<p>La Rocca, T. (2009) \u201c\u201dreligione\u201d, en G. Liguori y P. Voza (eds.), op. cit., pp. 700-704<\/p>\n<p>Liguori, G. (2009) \u201cdemocrazia\u201d, en G. Liguori y P. Voza (eds.), op. cit., pp. 209-2911<\/p>\n<p>-(2014) \u201c\u00bfTraducido o traicionado? Las aventuras del pensamiento de Gramsci en el mundo \u2018grande y terrible\u2019 de hoy\u201d, en G. Pala et al., op. cit., pp. 43-62<\/p>\n<p>-(2016) \u201cClases subalternas marginales y fundamentales en Gramsci\u201d, <a href=\"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=880\" rel=\"nofollow\">http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=880<\/a>, marzo<\/p>\n<p>Losurdo, D. (2015) Antonio Gramsci. Del liberalismo al comunismo cr\u00edtico. Madrid: Disenso<\/p>\n<p>Mandel, E. (1977) Cr\u00edtica del eurocomunismo. Barcelona: Fontamara<\/p>\n<p>Modonesi, M. 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(2015) El origen de la pol\u00edtica de Frente \u00fanico: debates de estrategia en la Internacional Comunista (1919-1923). Textos de Combate, Izquierda Anticapitalista, Madrid Sacrist\u00e1n, M. (1998) El Orden y el Tiempo. Madrid: Trotta<\/p>\n<p>Sanmartino, J. (2007) \u201cPopulismo y estrategia en Am\u00e9rica latina\u201d, 10 de junio. Disponible en <a href=\"http:\/\/www.aporrea.org\/ideologia\/a36864.html\">www.aporrea.org\/ideologia\/a36864.html<\/a><\/p>\n<p>Tafalla, J. (2014) \u201cSentido com\u00fan, moral popular, derecho natural y Revoluci\u00f3n Francesa en Gramsci\u201d, en G. Pala et al., op. cit., pp. 157-184<\/p>\n<p>Thomas, P. D. (2009) The Gramscian Moment. Leiden: Brill Academic Publishers<\/p>\n<p>-(2014) \u201cGramsci\u2019s Reading of the Base \/ Superstructure Metaphor\u201d, en Sara R. Farris (ed.), Returns of Marxism. Amsterdam: IIRE<\/p>\n<p>Thomassen, L. 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Barcelona: Pen\u00ednsula &#8211; See more at:<a href=\"http:\/\/www.vientosur.info\/spip.php?article12514#sthash.aCIHllQA.dpuf\"> http:\/\/www.vientosur.info\/spip.php?article12514#sthash.aCIHllQA.dpuf<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl contenido de los Cuadernos de la c\u00e1rcel se resume en la b\u00fasqueda del nexo pol\u00edtico entre la filosof\u00eda de la praxis y la hegemon\u00eda, como aquella relaci\u00f3n que s\u00f3lo puede impedir una reducci\u00f3n administrativa de los conflictos y un \u00e9xito pasivo de la hegemon\u00eda\u201d&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"aside","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","_crdt_document":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[248103],"tags":[],"class_list":["post-2129","post","type-post","status-publish","format-aside","hentry","category-marxismo","post_format-post-format-aside"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-yl","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2129","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2129"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2129\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2133,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2129\/revisions\/2133"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2129"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2129"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2129"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}