{"id":20747,"date":"2021-09-18T20:09:38","date_gmt":"2021-09-18T18:09:38","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=20747"},"modified":"2021-09-18T20:09:38","modified_gmt":"2021-09-18T18:09:38","slug":"homeopatias-el-camino-de-damasco-santiago-alba-rico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=20747","title":{"rendered":"Homeopat\u00edas &#8211; El camino de Damasco. [Santiago Alba Rico]"},"content":{"rendered":"<h5 style=\"text-align: right;\">La conversi\u00f3n de San Pablo (Luca Giordano, 1690).<\/h5>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><b>Las cosas peque\u00f1as no salvan, pero sostienen. Agarran. Por eso constituyen una garant\u00eda de supervivencia y un peligro.<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><b><a href=\"https:\/\/ctxt.es\/\">CTXT<\/a>, 15-9-2019<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\"><span style=\"color: #000000;\"><b><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 18-9-2021<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Como todos sabemos, Paulo de Tarso, San Pablo para los cristianos, se cay\u00f3 del caballo camino de Damasco y se convirti\u00f3 as\u00ed en el verdadero fundador de la Iglesia de Cristo. \u00bfPero acaso sabemos cu\u00e1ntos m\u00e1s, antes y despu\u00e9s de \u00e9l, se cayeron en ese mismo tramo del camino? Quiz\u00e1s fueron decenas que no han dejado la menor huella en la memoria. Quiz\u00e1s miles se cayeron, se sacudieron la ropa y reanudaron la marcha, ignorando la llamada de Dios porque prefer\u00edan acudir a la llamada de la amada, de la taberna o del partido de los domingos. Quiz\u00e1s muchos reemprend\u00edan la marcha llevando cautelosamente el caballo de la brida, no fuera que a Dios se le ocurriera llamarlos de nuevo. Quiz\u00e1s todo el mundo sab\u00eda que Dios se hab\u00eda instalado precisamente en ese punto del camino de Damasco y por eso algunos eleg\u00edan una calzada alternativa y los que no ten\u00edan m\u00e1s remedio que pasar por all\u00ed lo hac\u00edan a pie o en un asno lento y plebeyo, para amortiguar la costalada. Quiz\u00e1s hab\u00eda incluso un letrero en la cuneta que advert\u00eda del riesgo, como los que hoy en nuestras carreteras indican \u201ccurva peligrosa\u201d; y San Pablo lo tom\u00f3 a sabiendas de lo que hac\u00eda, atra\u00eddo, como era propio de \u00e9l, por todas las experiencias extremas e irregulares.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La expresi\u00f3n \u201cca\u00edda de Damasco\u201d se utiliza para referirse a esa revelaci\u00f3n inesperada que parte en dos una vida; al \u2013as\u00ed llamado\u2013 \u201cmomento de la verdad\u201d en el que se decide el curso de la existencia. Es lo que, en los aleda\u00f1os del concepto, los griegos y luego los cristianos denominaron kayros, t\u00e9rmino traducido a menudo como \u201coportunidad\u201d; y no deja de ser curioso \u2013o inevitable\u2013 que esta idea muy filos\u00f3fica se la haya apropiado hoy la gesti\u00f3n emresarial para localizar y transmitir a sus soldados el momento \u201cverdadero\u201d en el que, cautivo en las redes del agente de viajes, el cliente decide comprar el producto: la oportunidad, en definitiva, de un negocio. Kayros era para los griegos, frente a Cronos, el tiempo corto, intenso, decisivo, en el que el Destino, por as\u00ed decirlo, aflojaba la mano; y en el que, por tanto, el Car\u00e1cter, seg\u00fan la reflexi\u00f3n de Walter Benjamin, se hac\u00eda cargo, por unos instantes o por unos d\u00edas, de la propia experiencia vital. Para los creyentes, digamos, Dios es el Car\u00e1cter del Mundo que, en el camino de Damasco, deshace el Destino de Saulo y lo reencarrila en un nuevo fatum ya sin retorno o, si se quiere, despojado a partir de ahora de todo Car\u00e1cter propio. Para los no creyentes, en cambio, lo que los cristianos llaman \u201crevelaci\u00f3n\u201d no es m\u00e1s que la manifestaci\u00f3n m\u00e1s radicaldel frente al acoplamiento rutinario a ese Destino com\u00fan siempre al trote, sin ca\u00eddas estrepitosas, que preside las vidas normalas y norbuenas de los seres humanos de a pie: el Car\u00e1cter, en definitiva, que derriba el caballo llamado Destino. Lo bonito de las hagiograf\u00edas cristianas es que nos hablan de una \u00e9poca maravillosa en la que la gente se \u201cconvert\u00eda\u201d; es decir, se sustra\u00eda de pronto, en un kayros fulminante, a su destino familiar, social y religioso. La idea misma de \u201cconversi\u00f3n\u201d, expresi\u00f3n de un volteo disruptivo y radical, nos recuerda dos cosas muy importantes: la primera, que es posible e inevitable cambiar; la segunda, que en la vida humana son m\u00e1s frecuentes (\u00a1y no digamos bajo el capitalismo!) los accidentes que los cambios.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">En realidad, no es cierto. En realidad cambiamos sin cesar, pero no nos damos cuenta, salvo retrospectivamente, porque los cambios no suelen ser consecuentes a una conversi\u00f3n; incluso los accidentes se incorporan blandamente a una vida cuya mon\u00f3tona continuidad es la centralidad del yo. No nos damos cuenta porque despu\u00e9s de afiliarnos a una nueva iglesia o a un nuevo partido \u2013valga decir\u2013 nos seguimos reconociendo en el espejo. Quiz\u00e1s en el recuerdo, a los sesenta a\u00f1os, localizamos en nuestro pasado dos o tres \u201cmomentos de la verdad\u201d en los que \u2013enseguida reparamos\u2013 intervinimos poco o nada o intervinimos de tal modo que, en ese momento crucial, nos parec\u00eda estar cediendo m\u00e1s al Destino que imponiendo nuestro Car\u00e1cter. Frente a la idea de \u201cconversi\u00f3n\u201d, que ilumina un kayros o \u201cmomento de la verdad\u201d, las vidas normalas y norbuenas van acumulando decisiones, si se quiere, homeop\u00e1ticas. Es verdad: en alg\u00fan sentido muy radicalmente existencialista podr\u00edamos decir, s\u00ed, que en las vidas normalas y norbuenas cada momento es el momento de la verdad porque cada momento es el momento en el que, contra la n\u00e1usea y el cansancio, decidimos no cambiar de vida; cada momento es, a\u00fan m\u00e1s, el momento de la verdad porque cada momento es el momento en que decidimos no suicidarnos, pues es tambi\u00e9n el momento en que suena el tel\u00e9fono m\u00f3vil, borbotea la olla en el fog\u00f3n o queda una cerveza en la nevera. Lo que ocurre es que, si cada momento es el momento de la verdad, no hay en puridad ning\u00fan momento m\u00e1s verdadero que otro. No hay \u201cmomentos de la verdad\u201d. Por muy deprisa que cambien nuestras costumbres y nuestras opiniones (\u00a1y bajo el capitalismo altamente tecnologizado cambian casi cada d\u00eda!) ninguno de esos cambios, mientras lo vivimos, podemos fecharlo o anclarlo en una experiencia de revelaci\u00f3n paulina.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Nuestras vidas, por tanto, se componen de decisiones y transformaciones homeop\u00e1ticas. La homeopat\u00eda es completamente in\u00fatil para curar enfermedades, pero provee, frente a la \u201cconversi\u00f3n\u201d, una buena met\u00e1fora para describir la normalidad y norbonidad de la existencia humana, y ello en la medida en que invierte el conocido adagio: \u201ca grandes males grandes remedios\u201d. La homeopat\u00eda, en efecto, nos sugiere m\u00e1s bien lo contrario, la idea de que a grandes males hay que oponer peque\u00f1os o peque\u00f1\u00edsimos remedios, los cuales, a veces, como el famoso \u201crecuerdo del agua\u201d, no mantienen ya ninguna relaci\u00f3n con el mal original. De hecho, nuestras decisiones homeop\u00e1ticas discurren casi siempre completamente en paralelo al Destino de cuya entra\u00f1a surgen. Es lo que en otro tiempo llam\u00e1bamos \u201csupersticiones\u201d y \u201cneurosis\u201d: dos fen\u00f3menos casi indiferenciados que convergen en un gesto diminuto, concreto y reglado, que nos relaja de una tensi\u00f3n estructural, abstracta y gigantesca. Pondr\u00e9 un ejemplo negativo y otro positivo. El negativo: un hombre (o una mujer), abrumado por el paro y la pobreza, privado de todo poder y que acaba de escuchar una noticia realista y apocal\u00edptica sobre el cambio clim\u00e1tico, propina con alivio un bastonazo al perro que se acerca a lamerle la rodilla. El positivo: un hombre (o una mujer), abrumado por el paro y la pobreza, privado de todo poder y que acaba de escuchar una noticia realista y apocal\u00edptica sobre el cambio clim\u00e1tico, acude a la cama donde duerme su hijo de cuatro a\u00f1os (ahora que precisamente no hace fr\u00edo) y lo arropa y le ahueca la almohada para protegerlo de todo mal.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Las cosas peque\u00f1as no salvan, pero sostienen. Agarran. Por eso constituyen una garant\u00eda de supervivencia y un peligro. Miles de millones de personas haciendo gestos peque\u00f1os en paralelo a la Historia que trabaja contra ellos ofrece la imagen m\u00e1s tierna, esperanzadora y preocupante que cabe concebir en un mal momento.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00bfCu\u00e1les no lo son? \u00bfCu\u00e1les no lo han sido? Porque no es ya el Destino sino la Historia la que preside, como un destino, nuestras vidas. Curiosamente, si la vida humana, la normala y la norbuena, est\u00e1 compuesta de decisiones homeop\u00e1ticas sin \u201cmomentos de la verdad\u201d, percibimos la Historia, en cambio, cada vez que bregamos en ella, como compuesta s\u00f3lo de \u201cmomentos de la verdad\u201d a cuya llamada ser\u00eda irresponsable o criminal no responder. Pero ni la normalidad-norbonidad es puramente reproductiva u homeop\u00e1tica ni la Historia, ya totalmente absorbida en el capitalismo, es el camino de Damasco. Podemos percibir como un peligro la normalidad y norbonidad de los que, derribados del caballo, se sacuden el polvo y reemprenden a pie su mon\u00f3tono avatar. Pero podemos percibir como no menos peligrosa la concepci\u00f3n de la pol\u00edtica que considera la Historia un permanente sobresalto de kayros de emergencia, fr\u00e1giles, apremiantes y finalmente desperdiciados. Es como si no hubiera enlace posible entre la homeopat\u00eda humana, sin la cual la vida social no es posible, y la intervenci\u00f3n en la Historia, sin la cual la salvaci\u00f3n no es posible. Ahora bien, la \u00fanica soluci\u00f3n para la especie es que haya alguno: que el lujo \u2013pues es un gesto innecesario y hermoso\u2013 de arropar a un ni\u00f1o cambie, y no s\u00f3lo sostenga, el mundo y que cada kayros desperdiciado se funda con la vida y no se pierda para siempre.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pensemos en la pol\u00edtica espa\u00f1ola de la \u00faltima d\u00e9cada.\u00a0 \u00bfNo nos queda un poco la sensaci\u00f3n de que hemos perdido muchas oportunidades por el temor a perder la oportunidad irrepetible en que se decid\u00eda nuestro destino? Y esa impaciencia, en la medida en que ha dejado fuera muchos gestos homeop\u00e1ticos, \u00bfno ha abierto una \u201cventana\u201d \u2013a\u00fan m\u00e1s que la normalidad del que no atiende la llamada\u2013 a la pol\u00edtica del enemigo?<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Los grandes remedios son tambi\u00e9n grandes males. Ni siquiera la urgencia del cambio clim\u00e1tico deber\u00eda llevarnos a olvidar esa gran ense\u00f1anza del siglo XX. No debemos dar bastonazos al perro; no debemos dejar de arropar al ni\u00f1o.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-2442b62aa9-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>* Santiago Alba Rico<\/strong>, es fil\u00f3sofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos d\u00e9cadas en T\u00fanez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. Sus \u00faltimos dos libros son \u00ab<em>Ser o no ser (un cuerpo)<\/em>\u00ab.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las cosas peque\u00f1as no salvan, pero sostienen. Agarran. 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