{"id":1965,"date":"2017-04-17T19:20:18","date_gmt":"2017-04-17T19:20:18","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=1965"},"modified":"2017-04-17T19:20:18","modified_gmt":"2017-04-17T19:20:18","slug":"debates-populismos-latinoamericanos-en-el-fin-del-ciclo-progresista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=1965","title":{"rendered":"Debates &#8211; Populismos latinoamericanos en el fin del ciclo progresista"},"content":{"rendered":"<p><strong>Debates<\/strong><\/p>\n<p><strong>Populismos Latinoamericanos en el fin del ciclo progresista (1)<\/strong><\/p>\n<p><strong>Maristella Svampa * <\/strong><\/p>\n<p><strong>Infrapolitical Deconstruction, 11-4-2017\u00a0<\/strong><strong><a href=\"https:\/\/infrapolitica.wordpress.com\/\">https:\/\/infrapolitica.wordpress.com\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>En esta charla propongo reflexionar desde una \u00f3ptica comprensiva cr\u00edtica sobre los populismos latinoamericanos del siglo XXI. Un tema que ha vuelto a estar en el centro de la agenda pol\u00edtica, y sobre el cual adem\u00e1s existe una enorme bibliograf\u00eda as\u00ed como controversias te\u00f3rico-ideol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Para ello, voy a hacer una presentaci\u00f3n en tres bloques:<\/p>\n<p>\u25feEn primer lugar, voy a hacer referencia al concepto de progresismo como lingua franca, ligado al cambio de \u00e9poca que se produce en Am\u00e9rica Latina hacia el a\u00f1o 2000.<\/p>\n<p>\u25feEn segundo lugar, voy a introducir el concepto de populismo, cuya discusi\u00f3n no aparece asociado al inicio del cambio de \u00e9poca, sino sobre todo a la consolidaci\u00f3n de los gobiernos progresistas y el final del ciclo. Voy a sintetizar las diferentes posiciones para finalmente presentar mi propia lectura vinculada a los populismos latinoamericanos.<\/p>\n<p>\u25feEn tercer lugar, har\u00e9 algunas reflexiones sobre el agotamiento y el fin del ciclo progresista y el nuevo escenario pol\u00edtico.<\/p>\n<p><strong>1-El progresismo como \u201clingua franca\u201d<\/strong><\/p>\n<p>A partir del a\u00f1o 2000, Am\u00e9rica Latina ingres\u00f3 a un cambio de \u00e9poca, esto es, un nuevo ciclo pol\u00edtico y econ\u00f3mico marcado por el protagonismo creciente de los movimientos sociales, por la crisis de los partidos pol\u00edticos tradicionales y de sus formas de representaci\u00f3n, en fin, por el cuestionamiento al neoliberalimo y la relegitimaci\u00f3n de discursos pol\u00edticamente radicales. Este cambio de \u00e9poca tom\u00f3 un nuevo giro a partir de la emergencia de diferentes gobiernos que, apoy\u00e1ndose en pol\u00edticas econ\u00f3micas heterodoxas, se propusieron articular las demandas promovidas desde abajo, al tiempo que valorizaron la construcci\u00f3n de un espacio regional latinoamericano. Frente a tal escenario, muchos escribieron con optimismo acerca del \u201cgiro a la izquierda\u201d, la \u201cnueva izquierda latinoamericana\u201d, el \u201cposneoliberalismo\u201d, entre otros.<\/p>\n<p>Para designar a estos nuevos gobiernos se impuso como lugar com\u00fan la denominaci\u00f3n gen\u00e9rica de progresismo. Originariamente remite a la Revoluci\u00f3n Francesa y hace referencia a aquellas corrientes ideol\u00f3gicas que abogaban por las libertades individuales y el cambio social (el \u201cprogreso\u201d le\u00eddo como horizonte de cambio). Pese a ser una categor\u00eda demasiado amplia, \u00e9sta permit\u00eda abarcar una diversidad de corrientes ideol\u00f3gicas y experiencias pol\u00edticas gubernamentales, desde aquellas m\u00e1s institucionalistas hasta las m\u00e1s radicales, vinculadas a procesos constituyentes.<\/p>\n<p>En una Am\u00e9rica Latina diezmada por d\u00e9cadas de neoliberalismo, el progresismo fue emergiendo como una suerte de lingua franca, m\u00e1s all\u00e1 de la diversidad de experiencias pol\u00edticas, lo cual r\u00e1pidamente fue generando un nuevo espacio regional. Dicho arco abarcaba desde el Chile de Patricio Lagos y Michele Bachelet, el Brasil del PT, con Lula Da Silva y Dilma Roussef, el Uruguay bajo el Frente Amplio, la Argentina de N\u00e9stor y Cristina Kirchner, el Ecuador de Rafael Correa, la Bolivia de Evo Morales, la Venezuela de Ch\u00e1vez-Maduro, hasta el fallido gobierno de Fernando Lugo en Paraguay y incluso el sandinista Daniel Ortega, en Nicaragua.<\/p>\n<p>Esta apertura fue expresada de modo paradigm\u00e1tico por los nuevos gobiernos de Bolivia y Ecuador, pa\u00edses donde las nuevas Constituciones tuvieron un fuerte contenido descolonizador y contaron con gran participaci\u00f3n popular, cuyo corolario fue la ampliaci\u00f3n de las fronteras de derechos. Alentadas por los gobiernos emergentes, categor\u00edas tales como \u201cEstado Plurinacional\u201d, \u201cAutonom\u00edas Ind\u00edgenas\u201d, \u201cBuen Vivir\u201d, \u201cDerechos de la Naturaleza\u201d, pasaron a formar parte de la nueva gram\u00e1tica pol\u00edtica, impulsadas por diferentes movimientos sociales y organizaciones ind\u00edgenas.<\/p>\n<p>Sin embargo, desde el inicio, pod\u00eda advertirse la existencia de un campo de tensi\u00f3n en el cual coexist\u00edan con dificultad matrices pol\u00edticas y narrativas descolonizadoras diferentes: por un lado, la populista y desarrollista, marcada por una dimensi\u00f3n reguladora y centralista, que apuntaba a recrear el Estado nacional y a reducir la pobreza; por otro lado, la indianista e incipientemente ecologista, que apostaba a la creaci\u00f3n de un Estado Plurinacional y al reconocimiento de las autonom\u00edas ind\u00edgenas, as\u00ed como al respeto y cuidado del Ambiente. Con el correr de la d\u00e9cada los progresismos fueron consolid\u00e1ndose, de la mano de una narrativa populista-desarrollista y de un proceso de personalizaci\u00f3n del poder, desplazando otras narrativas de corte descolonizador, fueran indianistas, ecologistas o de izquierda.<\/p>\n<p><strong>2- El regreso de los populismos infinitos<\/strong><\/p>\n<p>Es sabido que el concepto de populismo cuenta con una larga historia y una carga pol\u00edtica negativa. Esto sucede tanto en la tradici\u00f3n interpretativa latinoamericana como, muy especialmente, en Europa y Estados Unidos.<\/p>\n<p>El caso es que en Am\u00e9rica Latina, hacia fines de la primera d\u00e9cada del siglo XXI, con gobiernos progresistas consolidados y varios de ellos atravesando segundos y hasta terceros mandatos, la categor\u00eda de populismo fue ganando m\u00e1s terreno, hasta tornarse r\u00e1pidamente un lugar com\u00fan. As\u00ed, una vez m\u00e1s, el populismo como categor\u00eda devino un campo de batalla pol\u00edtico e interpretativo. Pero a diferencia de otras \u00e9pocas en las cuales la visi\u00f3n descalificadora era la dominante, el actual retorno se inserta en escenarios pol\u00edticos e intelectuales m\u00e1s complejos y disputados<\/p>\n<p>En esta l\u00ednea podemos destacar tres posiciones interpretativas diferentes:<\/p>\n<p>Por un lado, est\u00e1n aquellas visiones peyorativas o condenatorias, que recorren el campo acad\u00e9mico y muy especialmente el medi\u00e1tico. Desde la academia, suele afirmarse la recurrencia del populismo como mito, describi\u00e9ndolo como un fen\u00f3meno instalado entre la religi\u00f3n y la pol\u00edtica, contrapuesto al ethos democr\u00e1tico. Por ejemplo, para el historiador italiano Loris Zanata, no habr\u00eda grandes diferencias entre el populismo de C. Fernandez de Kirchner, el de Ch\u00e1vez y ahora el de Donald Trump. Desde los medios de comunicaci\u00f3n, las lecturas suelen ser m\u00e1s reduccionistas, pues se asocia el populismo a una matriz de corrupci\u00f3n, en la cual convergen una pol\u00edtica macroecon\u00f3mica ligada al derroche y el gasto social, con el autoritarismo y el clientelismo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>En segundo lugar, en un sentido completamente inverso, una lectura que tuvo gran repercusi\u00f3n en la \u00faltima d\u00e9cada fue la del argentino Ernesto Laclau, cuyos trabajos en favor del populismo, derivaron en posicionamientos pol\u00edticos en apoyo al conjunto de los gobiernos progresistas, muy especialmente, a los gobiernos de Nestor y Cristina Kirchner. En 2005, Laclau public\u00f3 el libro La raz\u00f3n Populista, en el cual desarrollaba la premisa de que el populismo constituye una l\u00f3gica inherente a lo pol\u00edtico y, como tal, \u00e9ste se erigir\u00eda en una plataforma privilegiada para observar el espacio pol\u00edtico. Lejos de la condena \u00e9tica impulsada por la visi\u00f3n primera, Laclau propon\u00eda pensar el populismo como ruptura, a partir de la dicotomizaci\u00f3n del espacio pol\u00edtico (dos bloques opuestos), y de una articulaci\u00f3n de las demandas populares (por la v\u00eda del la l\u00f3gica de la equivalencia).<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, una tercera l\u00ednea de interpretaci\u00f3n subraya el car\u00e1cter bic\u00e9falo del populismo. Si bien esta lectura se destaca por su aspiraci\u00f3n cr\u00edtico-comprensiva, existen dentro de ella \u00e9nfasis muy diferentes. As\u00ed el polit\u00f3logo paraguayo Benjamin Arditti define el populismo como un rasgo recurrente de la pol\u00edtica moderna, pasible de ser encontrado en contextos democr\u00e1ticos y no democr\u00e1ticos (2009:104). En sus trabajos m\u00e1s relevantes dialoga con la inglesa Margareth Canovan y retoma a Jacques Derrida, para pensar el populismo como un \u201cespectro\u201d, antes que como la sombra de la democracia, sugiriendo la idea de \u201cun retorno inquietante\u201d, que \u201cremite a la indecidibilidad estructural del populismo, pues \u00e9ste puede ser algo que acompa\u00f1a o bien, que acosa a la democracia\u201d (Cito a Arditi, 2004).<\/p>\n<p>En el otro extremo, de cero empat\u00eda con el fen\u00f3meno populista, se insertan las lecturas del ecuatoriano Carlos De La Torre y la venezolana Margarita L\u00f3pez Maya, quienes sin embargo subrayan tambien los aspectos bivalentes del populismo. L\u00f3pez Maya analiza el populismo rentista en Venezuela, y retoma ciertos elementos de Laclau (por ejemplo, el populismo como forma de articulaci\u00f3n de necesidades insatisfechas a trav\u00e9s de significantes vac\u00edos) y se centra en el pasaje hacia formas m\u00e1s directas de relaci\u00f3n entre las masas y el l\u00edder.<\/p>\n<p>Desde mi punto de vista, esta tercera posici\u00f3n, que ya en los `90 desarrollamos en \u201cLa plaza vac\u00eda. Las transformaciones del peronismo\u201d con un colega francoperuano, Danilo Martuccelli, tiene el m\u00e9rito de captar lo propio del populismo, su ambivalencia, desde una \u00f3ptica cr\u00edtico-comprensiva, que cuestiona los reduccionismos propios de las anteriores interpretaciones. Hoy, veinte a\u00f1os despues de aquel texto, quisiera agregar nuevos elementos interpretativos a esta lectura de aquellos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Recordemos que a principios de los `90, con el ingreso al Consenso de Washington, corrieron r\u00edos de tinta que buscaban describir un nuevo populismo latinoamericano, asociado a Carlos Menem, en Argentina, Alberto Fujimori en el Per\u00fa, o el malogrado Fernando Collor de Melo en Brasil. Usos y abusos hicieron que la categor\u00eda se tornara m\u00e1s resbalosa y ambigua, al borde mismo de la distorsi\u00f3n y el vaciamiento conceptual. De manera acertada, en 1993 el colega argentino An\u00edbal Viguera propuso un tipo ideal, distinguiendo dos dimensiones; una, seg\u00fan el tipo de participaci\u00f3n; la otra, seg\u00fan las pol\u00edticas sociales y econ\u00f3micas. As\u00ed, desde su perspectiva, el neopopulismo de los \u00b490 presentaba un estilo pol\u00edtico populista, pero \u2013a diferencia de los populismos cl\u00e1sicos- estaba desligado de un determinado programa econ\u00f3mico (nacionalista o vinculado a una matriz estadoc\u00e9ntrica). Retomando esta distinci\u00f3n anal\u00edtica propongo llamar a tal fen\u00f3meno populismos de baja intensidad, dado el car\u00e1cter unidimensional del mismo (estilo pol\u00edtico y liderazgo).<\/p>\n<p>En contraste con ello, los populismos latinoamericanos del nuevo siglo se\u00f1alan similitudes con los populismos cl\u00e1sicos del siglo XX (aquel de los a\u00f1os 40 y 50). Ciertamente, los gobiernos de Hugo Ch\u00e1vez N\u00e9stor y Cristina Fern\u00e1ndez de Kirchner, Rafael Correa y Evo Morales; todos ellos pa\u00edses con una notoria y persistente tradici\u00f3n populista, habilitaron el retorno de un uso del concepto en sentido fuerte, esto es, de un populismo de alta intensidad, a partir de la reivindicaci\u00f3n del Estado como constructor de la naci\u00f3n, luego del pasaje del neoliberalismo; del ejercicio de la pol\u00edtica como permanente contradicci\u00f3n entre dos polos antag\u00f3nicos y, por \u00faltimo, de la centralidad de la figura del l\u00edder.<\/p>\n<p>Cinco precisiones se hacen necesarias en esta aproximaci\u00f3n a los populismos de alta intensidad, t\u00edpicos de la \u00e9poca actual.<\/p>\n<p>1- Entiendo al populismo como un fen\u00f3meno pol\u00edtico complejo y contradictorio que presenta una tensi\u00f3n constitutiva entre elementos democr\u00e1ticos y elementos no democr\u00e1ticos. Como ya dije, dicha definici\u00f3n se aparta del tradicional uso peyorativo y descalificador del concepto, que predomina en el \u00e1mbito pol\u00edtico-medi\u00e1tico, que deja de lado, interesadamente, otros componentes del mismo.<\/p>\n<p>2- De modo recurrente, el populismo comprende la pol\u00edtica en t\u00e9rminos de polarizaci\u00f3n y de esquemas binarios, lo cual tiene varias consecuencias: por un lado, esto implica la constituci\u00f3n de un espacio dicot\u00f3mico, a trav\u00e9s de la divisi\u00f3n en dos bloques antag\u00f3nicos (el nuevo bloque popular versus sectores de la oligarqu\u00eda regional y\/o medios de comunicaci\u00f3n dominante); por otro lado, esta divisi\u00f3n del campo pol\u00edtico implica la selecci\u00f3n y jerarquizaci\u00f3n de determinados antagonismos, en detrimento de otros. M\u00e1s claro; se procede al ocultamiento y obturaci\u00f3n de otros conflictos, los cuales tienden a ser denegados o minimizados en su relevancia y\/o validez, en fin, en gran medida, expulsados de la agenda pol\u00edtica.<\/p>\n<p>3- La tensi\u00f3n constitutiva propia de los populismos hace que \u00e9stos traigan a la palestra, tarde o temprano, una perturbadora pregunta; en realidad, la pregunta fundamental de la pol\u00edtica: \u00bfQu\u00e9 tipo de hegemon\u00eda se est\u00e1 construyendo, en esa tensi\u00f3n peligrosa e insoslayable entre lo democr\u00e1tico y lo no democr\u00e1tico, entre una concepci\u00f3n plural y otra organicista de la democracia; entre la inclusi\u00f3n de las demandas y la cancelaci\u00f3n de las diferencias?<\/p>\n<p>4- Existen diferentes tipos de populismos, tal como lo muestra la abundante literatura sobre el tema (Laclau, Di Tella, Ianni, entre otros). En esa l\u00ednea, para el caso latinoamericano, propongo establecer la distinci\u00f3n entre, por un lado, aquellos populismos plebeyos, que han venido desarrollando pol\u00edticas de contenido m\u00e1s innovador y radical, desembocando en procesos de redistribuci\u00f3n del poder social hacia abajo (Bolivia, Venezuela); y, por otro lado, populismos de clases medias, visibles en el empoderamiento \u2013e incluso una fragmentaci\u00f3n intra-clase- de los sectores medios (Argentina, Ecuador). A\u00fan si estos gobiernos se montaron en sus inicios sobre movilizaciones plebeyas, tanto el caso argentino como el ecuatoriano est\u00e1n lejos de haber producido un cambio en la distribuci\u00f3n del poder social. Tampoco fueron populismos de car\u00e1cter antielitista, impugnadores de la llamada cultura leg\u00edtima. En realidad convalidaron valores de las clases medias, fueran \u00e9sta clases medias progresistas o tecnocr\u00e1ticas-meritocr\u00e1ticas. Tampoco buscaron impulsar un paradigma de la participaci\u00f3n, como si sucedi\u00f3 \u2013al menos en parte- en Venezuela y Bolivia.<\/p>\n<p>5- M\u00e1s all\u00e1 del lenguaje de guerra, lo propio de populismo es la consolidaci\u00f3n de un esquema de gobernanza, en el cual conviven \u2013aun de manera contradictoria- la tendencia a la inclusi\u00f3n social con el pacto con el gran capital. En esa l\u00ednea, y m\u00e1s all\u00e1 del proceso de nacionalizaciones, hay que resaltar las alianzas econ\u00f3micas de los progresismos con las grandes corporaciones transnacionales (agronegocios, industria, sectores extractivos como la miner\u00eda y el petr\u00f3leo), lo que aument\u00f3 el peso de \u00e9stas en la econom\u00eda nacional. Ejemplos de ello son Ecuador, donde las empresas m\u00e1s importantes incrementaron sus ganancias respecto del per\u00edodo anterior y la Argentina, que durante el ciclo kirchnerista mostr\u00f3 una mayor concentraci\u00f3n y extranjerizaci\u00f3n de la c\u00fapula empresarial.<\/p>\n<p>As\u00ed, tensi\u00f3n constitutiva, polarizaci\u00f3n y grilla de lectura; construcci\u00f3n de hegemon\u00eda y existencia de tipos diferentes, inclusi\u00f3n social y pacto con el gran capital, son aspectos que, interconectados, a mi juicio, constituyen el punto de partida ineludible para leer los populismos latinoamericanos del siglo XXI.<\/p>\n<p>Por otro lado, la hegemon\u00eda del progresismo populista-desarrollista estuvo ligado al nuevo boom de los commodities, ligada a los altos precios internacionales de los productos primarios (soja, metales y minerales, hidrocarburos, entre otros). En este per\u00edodo de rentabilidad extraordinaria, Am\u00e9rica Latina comenz\u00f3 a vivir un crecimiento econ\u00f3mico sin precedentes. En todos los pa\u00edses, independientemente del signo pol\u00edtico-ideol\u00f3gico de los gobiernos, el boom de los commodities y sus ventajas comparativas, permiti\u00f3 la ampliaci\u00f3n del gasto social -por la v\u00eda de pol\u00edticas sociales o bonos- y una reducci\u00f3n importante de la pobreza respecto del per\u00edodo neoliberal. En todos los pa\u00edses, el proceso estuvo marcado por la tendencia a la reprimarizaci\u00f3n de las econom\u00edas, a partir de la acentuaci\u00f3n de las actividades econ\u00f3micas hacia actividades primario-extractivas, con escaso valor agregado. En todos los pa\u00edses, tambi\u00e9n independientemente de los discursos pol\u00edticos-ideol\u00f3gicos, lo que he llamado el Consenso de los Commodities, trajo como consecuencia la explosi\u00f3n de conflictos socio-ambientales y el inicio de un nuevo ciclo de violaci\u00f3n de derechos humanos.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n de disputa y de conflicto introducida por el ingreso a una nueva fase de acumulaci\u00f3n del capital traz\u00f3 as\u00ed una primera l\u00ednea de divisi\u00f3n interna e instal\u00f3 dilemas y fracturas dentro del ancho campo del progresismo, en torno a la discusi\u00f3n sobre las estrategias de desarrollo y la relaci\u00f3n sociedad-naturaleza; sobre el v\u00ednculo entre izquierdas, los lenguajes emancipatorios, as pr\u00e1cticas productivistas y los imaginarios hegem\u00f3nicos. M\u00e1s simple, el car\u00e1cter del progresismo como nueva lingua franca ser\u00eda cuestionado primeramente por las corrientes indianistas y ecologistas de izquierda, generando con los a\u00f1os un conflicto cada vez m\u00e1s profundo al interior de los movimientos sociales y del pensamiento de izquierdas.<\/p>\n<p>Por otro lado, los nuevos populismos reeditaron formas hist\u00f3ricas de dominaci\u00f3n, como el modelo de la participaci\u00f3n social controlada, esto es, la subordinaci\u00f3n de los actores colectivos al l\u00edder y bajo el tutelaje estatal. En ese marco de hegemon\u00eda populista, los gobiernos consolidaron esquemas de resubalternizaci\u00f3n hacia las organizaciones sociales, a trav\u00e9s de diversos dispositivos, entre ellos, el de la estatalizaci\u00f3n. No por casualidad en algunos pa\u00edses, como en Bolivia, el doble proceso (institucionalizaci\u00f3n y estatalizaci\u00f3n), suele leerse en t\u00e9rminos de \u201cexpropiaci\u00f3n\u201d, por parte de del gobierno de Evo Morales, de aquella energ\u00eda social colectiva acumulada, cuya movilizaci\u00f3n y lucha hicieron posible el cambio de \u00e9poca (la guerra del Agua -2000- y la guerra del gas -2003-).<\/p>\n<p>Los diferentes gobiernos progresistas aumentaron el gasto p\u00fablico social, lograron disminuir la pobreza a trav\u00e9s de pol\u00edticas sociales y mejoraron la situaci\u00f3n de los sectores con menos ingresos, a partir de una pol\u00edtica de aumento salarial y del consumo. Sin embargo, no tocaron los intereses de los sectores m\u00e1s poderosos: las desigualdades persistieron, al comp\u00e1s de la concentraci\u00f3n econ\u00f3mica y del acaparamiento de tierras. En esta l\u00ednea, los progresismos realizaron pactos de gobernabilidad con el gran capital, m\u00e1s all\u00e1 de las confrontaciones sectoriales que marcaron la agenda. Asimismo, s\u00f3lo realizaron t\u00edmidas reformas del sistema tributario, cuando no inexistentes, aprovechando el contexto de captaci\u00f3n de renta extraordinaria.<\/p>\n<p>Con el correr de los a\u00f1os, los progresismos realmente existentes no s\u00f3lo ser\u00edan cuestionados por las pol\u00edticas de neodesarrollollistas de car\u00e1cter extractivista y por el avance de la criminalizaci\u00f3n de las luchas socioambientales, sino tambi\u00e9n por la disociaci\u00f3n creciente entre la narrativa de izquierda y las pol\u00edticas p\u00fablicas, visibles en diferentes campos (la ausencia de transformaci\u00f3n en la matriz productiva, en la salud, en la educaci\u00f3n, respecto de los objetivos de la integraci\u00f3n latinoamericana, entre otros t\u00f3picos). Como dijera en una oportunidad un sindicalista argentino, Julio Fuentes, \u201centre el relato y la realidad hubo mucha diferencia: todos quer\u00edamos vivir en el pa\u00eds del otro, porque lo que est\u00e1bamos viendo era el relato\u201c.\u00a0 \u201cTodos quer\u00edamos vivir en el pa\u00eds del otro\u201d\u2026<\/p>\n<p>El tono cuasi humor\u00edstico de la frase no puede ocultar la incomodidad que los progresismos populistas generaron al interior del campo de las izquierdas, instalando brechas profundas y debates acerca de lo que se entiende por izquierda. No por casualidad, con el paso de los a\u00f1os, hacia el final del ciclo, el ya evidente desacoplamiento entre progresismos e izquierdas habilitar\u00eda la reintroducci\u00f3n de categor\u00edas recurrentes como las de Populismo y Transformismo, las cuales ir\u00edan permeando una parte importante de los an\u00e1lisis cr\u00edticos contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>Ahora bien, quien dice populismo, dice tambi\u00e9n polarizaci\u00f3n de la pol\u00edtica. Y advierte que los progresismos no se convirtieron de modo autom\u00e1tico en populismos. Mientras que el proceso venezolano se instal\u00f3 r\u00e1pidamente en un escenario de polarizaci\u00f3n social y pol\u00edtica (con el golpe de Estado de 2002), en Argentina la dicotomizaci\u00f3n del espacio pol\u00edtico aparece reci\u00e9n a comienzos en 2008, a ra\u00edz del conflicto del Gobierno de Cristina Fern\u00e1ndez de Kirchner con las patronales agrarias, por la distribuci\u00f3n de la renta sojera, y se exacerbar\u00eda a l\u00edmites insoportables en los a\u00f1os siguientes. En Bolivia, la polarizaci\u00f3n sign\u00f3 los comienzos del Gobierno del MAS, en la confrontaci\u00f3n con las oligarqu\u00edas regionales; sin embargo, esta etapa de \u201cempate catastr\u00f3fico\u201d se clausura hacia 2009, para abrir luego a un per\u00edodo de consolidaci\u00f3n de la hegemon\u00eda del partido de gobierno. En este segundo per\u00edodo se rompen las alianzas con diferentes movimientos y organizaciones sociales contestatarias, sobre todo, a ra\u00edz del conflicto del TIPNIS (Territorio Ind\u00edgena Parque Nacional Isidoro Secure), en 2011. Esto es, la inflexi\u00f3n populista se oper\u00f3 en un contexto de ruptura con importantes sectores indigenistas rurales.<\/p>\n<p>Para la misma \u00e9poca, Rafael Correa inserta su mandato en un marco de polarizaci\u00f3n ascendente que involucra tanto a sectores de la derecha pol\u00edtica, como \u2014de modo creciente\u2014 a los movimientos indigenistas y sectores de izquierda. El afianzamiento de la autoridad presidencial y la creciente implantaci\u00f3n territorial de Alianza Pa\u00eds tuvieron como contrapartida el alejamiento del Gobierno respecto de las orientaciones marcadas por la Asamblea Constituyente y su confrontaci\u00f3n directa con las organizaciones ind\u00edgenas de mayor protagonismo (CONAIE) y los movimientos y organizaciones socioambientales, que hab\u00edan acompa\u00f1ado su ascenso.<\/p>\n<p>As\u00ed, entre 2000 y 2015, mucha agua corri\u00f3 bajo el puente. Frente a ello vale la pena preguntarse si la tensi\u00f3n entre transformaci\u00f3n y restauraci\u00f3n en este cambio de \u00e9poca no fue desembocando en un fin de ciclo, que bien podr\u00eda caracterizarse como Revoluci\u00f3n Pasiva, una categor\u00eda de an\u00e1lisis hist\u00f3rico que pertenece a Gramsci, asociada al transformismo y el cesarismo democr\u00e1tico, que expresa la reconstituci\u00f3n de las relaciones sociales en un nuevo orden de dominaci\u00f3n jer\u00e1rquico. La modernizaci\u00f3n conservadora habr\u00eda apuntado a desmovilizar y subalternizar a los actores que fueron protagonistas del ciclo de lucha anterior, incorporando parte de sus demandas y asimilando parte de sus grupos dirigentes.<\/p>\n<p><strong>3- Entre el agotamiento y fin de ciclo<\/strong><\/p>\n<p>Desde el punto pol\u00edtico, estamos frente a populismos de alta intensidad, en el cual coexisten la cr\u00edtica al neoliberalismo con el pacto con el gran capital; los efectos de democratizaci\u00f3n con la subordinaci\u00f3n de los actores sociales al l\u00edder; la apertura a nuevos derechos con la reducci\u00f3n del espacio del pluralismo y la tendencia a la cancelaci\u00f3n de las diferencias.<\/p>\n<p>Sin embargo, promediando la segunda d\u00e9cada del nuevo siglo, el escenario pol\u00edtico latinoamericano fue cambiando. La regi\u00f3n comienza a vivir un periodo de alternancia pol\u00edtico-electoral, que va marcando con un filo dram\u00e1tico el fin de ciclo y el progresivo giro hacia gobiernos de car\u00e1cter abiertamente conservador. A excepci\u00f3n de los casos uruguayos y chilenos, muy probablemente debido a sus contornos m\u00e1s institucionalistas, en otros pa\u00edses, la sola posibilidad del fin de ciclo y la alternancia electoral se vive con hondo dramatismo: sucedi\u00f3 en la Argentina, cuando el kirchnerismo fue desplazado de modo inesperado por la v\u00eda electoral, en 2015; sucede actualmente con el gobierno de Nicol\u00e1s Maduro en la Venezuela chavista, que perdi\u00f3 la mayor\u00eda parlamentaria y atraviesa una crisis generalizada.<\/p>\n<p>Pese al innegable frente de tormenta y de los efectivos cuestionamientos provenientes por derecha y por izquierda, uno de los grandes problemas de los populismos progresistas es la cuesti\u00f3n de los liderazgos, frente a la imposibilidad constitucional de renovar indefinidamente los mandatos presidenciales. En efecto, con los a\u00f1os y a medida en que los reg\u00edmenes se fueron consolidando, la concentraci\u00f3n y personalizaci\u00f3n de poder pol\u00edtico impidieron la emergencia y renovaci\u00f3n de otros liderazgos dentro del campo progresista, al tiempo que alentaron formas de disciplinamiento y de obsecuencia que socavaron cualquier posibilidad de pluralismo pol\u00edtico al interior de los diferentes oficialismos, lo cual incluye desde organizaciones y movimientos sociales -que otrora ten\u00edan agenda propia y se caracterizaban por su accionar contestatario- hasta intelectuales, acad\u00e9micos y periodistas \u2013antes defensores del derecho a la disidencia y del pensamiento cr\u00edtico-.<\/p>\n<p>El tema no es menor y nos confronta a un tema recurrente en la historia pol\u00edtica latinoamericana, que marca a fuego el fin del ciclo progresista; a saber, el hiperliderazgo y, a trav\u00e9s de ello, la tendencia de los gobernantes a perpetuarse en el poder o, por lo menos, a buscar permanecer longevamente en \u00e9l. As\u00ed, en los \u00faltimos a\u00f1os el debate sobre las \u201cre-reelecciones\u201d fueron motivo de polarizaci\u00f3n social. En 2013 la presidenta argentina Cristina Fern\u00e1ndez de Kirchner, que transitaba su segundo mandato, tante\u00f3 a trav\u00e9s de sus voceros m\u00e1s leales la posibilidad de una reforma constitucional, pero se encontr\u00f3 con que la sociedad pon\u00eda un l\u00edmite a sus aspiraciones, primero en la calle y luego en las urnas. Evo Morales sufri\u00f3 en carne propia la derrota y el golpe del \u201cno\u201d que la sociedad boliviana le propin\u00f3 a sus aspiraciones re-reeleccionistas, a trav\u00e9s del refer\u00e9ndum de febrero de 2016, lo cual le impide legalmente presentarse para un cuarto mandato consecutivo, a partir de 2019. Pese a ello, Morales no se resigna a no ser candidato presidencial por cuarta vez consecutiva, y todo indica que buscar\u00e1 \u2013mediante diversos artilugios- transgredir el marco constitucional vigente.<\/p>\n<p>Desde Ecuador, luego de un 2015 atravesado por una crisis econ\u00f3mica ligada al precio del petr\u00f3leo, y diferentes conflictos que enfrentaron al partido gobernante tanto con la cl\u00e1sica derecha como con organizaciones indigenistas y la izquierda, Rafael Correa logr\u00f3 que se votara una enmienda constitucional que habilita la reelecci\u00f3n indefinida, pero \u00e9sta no aplic\u00f3 en las elecciones de febrero de 2017, con lo cual Correa se vio obligado a buscar un sucesor cercano, su entonces vicepresidente Lenin Moreno. Solo Ch\u00e1vez, en 2009, en lo que fuera su segundo intento, logr\u00f3 hacer aprobar v\u00eda refer\u00e9ndum la reelecci\u00f3n indefinida para todos los cargos, seguido luego, en 2013 por un Daniel Ortega, en Nicaragua, quien obtuvo que la Asamblea legislativa votara a favor de las reformas constitucionales que legalizaban la misma.<\/p>\n<p>Por otro lado, el modelo extractivista tampoco condujo a un salto de la matriz productiva, sino a una mayor reprimarizaci\u00f3n de la econom\u00eda, lo cual se vio agravado por el ingreso de China, potencia que de modo acelerado se va imponiendo como socio desigual en el conjunto de la regi\u00f3n latinoamericana. Esto ech\u00f3 por tierra la tesis de las \u201cventajas comparativas\u201d que alent\u00f3 el crecimiento econ\u00f3mico de la regi\u00f3n entre 2003 y 2013, al tiempo que inserta a la regi\u00f3n en un nuevo ciclo de crisis econ\u00f3mica, que ilustra la consolidaci\u00f3n de un patr\u00f3n primario-exportador dependiente. La creciente baja del precio de las materias primas genera un d\u00e9ficit de la balanza comercial que impulsa a los gobiernos a contraer mayor endeudamiento y a multiplicar los proyectos extractivos, por lo cual se suele entrar en una espiral perversa, que conlleva tambi\u00e9n una mayor criminalizaci\u00f3n de la protesta socioambiental.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos regionales, las promesas de creaci\u00f3n de un regionalismo aut\u00f3nomo desafiante (la expresi\u00f3n de J. Preciado Coronado) quedaron truncas. Pese a la abundante ret\u00f3rica latinoamericanista, los v\u00ednculos con China, estuvieron lejos de concretar la emergencia de un bloque regional com\u00fan que buscara a negociar mejores condiciones a nivel regional. Al contrario, esto impuls\u00f3 la competencia entre los pa\u00edses, a trav\u00e9s de acuerdos bilaterales con China, los cuales se han multiplicado en los \u00faltimos a\u00f1os. En consecuencia, las negociaciones bilaterales acentuaron los intercambios asim\u00e9tricos con el gigante asi\u00e1tico, y fueron instalando a los diferentes pa\u00edses en el marco de una nueva dependencia, cuyos contornos apenas est\u00e1n emergiendo.<\/p>\n<p>Asimismo, el pasaje a un Unasur de baja intensidad, posteriormente la crisis del Mercosur, el descalabro econ\u00f3mico y social en Venezuela, en fin, el surgimiento de nuevos alineamientos regionales, como la Alianza del Pac\u00edfico (2011), dejan entrever una pol\u00edtica m\u00e1s aperturista, en concordancia con el TTP (Tratado TransPac\u00edfico), una suerte de nueva versi\u00f3n del TLC (Tratado de Libre Comercio) que la regi\u00f3n rechazara en bloque en 2005, al inicio del ciclo progresista. En fin, los cambios de orden geopol\u00edtico, luego del triunfo de Trump, indican el ingreso a un escenario de mayor incertidumbre, m\u00e1xime si consideramos la salida del TPP por parte de Estados Unidos y la acentuaci\u00f3n de la puja interhegem\u00f3nica con China. As\u00ed, el fin de ciclo y el eventual giro pol\u00edtico se inserta en un escenario mundial muy perturbador, marcado por el avance de las derechas m\u00e1s xenof\u00f3bicas y nacionalistas en Europa, as\u00ed como por el inesperado triunfo de Trump en Estados Unidos. Todo ello augura importantes cambios geopol\u00edticos que adem\u00e1s de producir un empeoramiento del clima ideol\u00f3gico internacional, en el cual las demandas antisistemas de la poblaci\u00f3n m\u00e1s vulnerada se articulan con los discursos m\u00e1s racistas y proteccionistas, impactar\u00e1n de modo negativo en la regi\u00f3n latinoamericana, en un contexto global de mayor desigualdad.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, en el marco del boom de los commodities, los populismos mostraron tambi\u00e9n una creciente tendencia al desdibujamiento de la frontera entre lo p\u00fablico y lo privado, al abuso de poder y los hechos de corrupci\u00f3n; lo cual los fue despojando de su aura redentora, relativizando aquella narrativa inicial sobre la relaci\u00f3n entre transparencia, justicia social e inclusi\u00f3n. No obstante, ser\u00eda injusto reducir los progresismos realmente existentes (sean populistas o en t\u00e9rminos m\u00e1s gramscianos, transformistas) a una pura matriz de corrupci\u00f3n, como quieren hacer de modo interesado muchos de sus detractores, desde posiciones de derecha.<\/p>\n<p>El caso es que en la actualidad los progresismos realmente existentes entraron en una fase de agotamiento y de crisis, lo cual es ilustrado por el giro conservador que adoptaron dos de los pa\u00edses m\u00e1s importantes de la regi\u00f3n, Argentina y Brasil. Cabe aclarar que este agotamiento no se debe s\u00f3lo a factores externos (como el fin del superciclo de los commodities y el deterioro de los \u00edndices econ\u00f3micos), sino tambi\u00e9n a factores internos (el aumento de la polarizaci\u00f3n ideol\u00f3gica, la concentraci\u00f3n de poder pol\u00edtico, el incremento de la corrupci\u00f3n).<\/p>\n<p>El giro conservador est\u00e1 vinculado, en gran parte, a las limitaciones, mutaciones y desmesuras de los gobiernos progresistas, aunque tambi\u00e9n existen otras cuestiones. Para decirlo de otro modo: no todo es ilusi\u00f3n conspirativa. En Am\u00e9rica Latina los procesos de polarizaci\u00f3n pol\u00edtica habilitaron la v\u00eda del golpe parlamentario, posibilitando la expulsi\u00f3n de Zelaya, en Honduras (2009), la destituci\u00f3n de Fernando Lugo, en Paraguay (2012) y, la m\u00e1s resonante de todas, el escandaloso impeachement a la presidenta del Brasil, Dilma Roussef (2016), acelerando en estos pa\u00edses el retorno a un escenario abiertamente conservador.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista pol\u00edtico, la crisis de los progresismos gubernamentales asest\u00f3 un golpe duro al conjunto de las izquierdas. Pues m\u00e1s all\u00e1 de los debates acerca de que se entiende por izquierda, el caso es que en el juego de las oposiciones binarias, gran parte de los gobiernos progresistas lograron monopolizar el espacio de la centroizquierda\/izquierda, seg\u00fan los casos, neutralizando otras narrativas de cambio y obturando la posibilidad de la emergencia de posiciones pol\u00edticas m\u00e1s radicales, con lo cual su crisis y debilitamiento impacta en gran parte del espacio.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, en Am\u00e9rica Latina la emergencia de una nueva derecha parece ser todav\u00eda la excepci\u00f3n, no la regla. Tanto en Argentina como en Brasil, se trata de gobiernos no consolidados, que han profundizado la crisis econ\u00f3mica en un contexto de creciente protesta social. Se tratar\u00eda, en principio, de gobiernos m\u00e1s o menos d\u00e9biles, obligados a la negociaci\u00f3n permanente. Todav\u00eda no se perciben los contornos de un (nuevo) esquema de estabilidad pol\u00edtica, que necesariamente debe estar orientado a generar un modelo de resubalternizaci\u00f3n con el fin de contener tanto a las clases medias (que sufren la reducci\u00f3n del consumo) como a los sectores populares (golpeados por el empobrecimiento y la amenaza de la exclusi\u00f3n a gran escala). Por a\u00f1adidura, existen claras diferencias entre los dos gobiernos citados, pues mientras el de Michel Temer es, adem\u00e1s de impopular, un gobierno ileg\u00edtimo; el de Mauricio Macri es un gobierno que cuenta con una legitimidad de origen, basada en el voto popular. Sin embargo, hay un innegable aire de familia entre los dos: sin que signifique volver de modo lineal al neoliberalismo, ambos recrean y alientan n\u00facleos b\u00e1sicos del mismo, a trav\u00e9s, entre otras cosas, de pol\u00edticas aperturista y de ajuste que favorecen abiertamente a los sectores econ\u00f3micos m\u00e1s concentrados, as\u00ed como el endurecimiento del contexto represivo.<\/p>\n<p>En esta l\u00ednea, el agotamiento y fin del ciclo progresista no es algo que pueda festejarse; tampoco algo que pueda reivindicarse sin m\u00e1s; antes bien nos lleva a pensar sobre la disociaci\u00f3n elocuente entre progresismos e izquierdas, pese a las expectativas pol\u00edticas iniciales, y a su identificaci\u00f3n \u00faltima con modelos de dominaci\u00f3n m\u00e1s tradicional. Lo que queda claro es que el fin de ciclo marca importantes inflexiones, no s\u00f3lo en lo econ\u00f3mico sino tambi\u00e9n en lo pol\u00edtico, pues no es lo mismo hablar de nueva izquierda latinoamericana que de populismos del siglo XXI.\u00a0 En el pasaje de una caracterizaci\u00f3n a otra, algo importante se perdi\u00f3, algo que evoca el abandono, la p\u00e9rdida de la dimensi\u00f3n emancipatoria de la pol\u00edtica y la evoluci\u00f3n hacia modelos de dominaci\u00f3n de corte m\u00e1s tradicional, basados en el culto al l\u00edder, su identificaci\u00f3n con el Estado, y la b\u00fasqueda o aspiraci\u00f3n de perpetuarse en el poder.<\/p>\n<p>El nuevo per\u00edodo nos confronta con otro escenario, cada vez m\u00e1s desprovisto de un lenguaje com\u00fan. Por un lado, la emergencia de una \u201cnueva derecha\u201d es todav\u00eda la excepci\u00f3n, antes que la regla. Ah\u00ed donde hubo alternancia en el poder, se perciben continuidades y rupturas; continuidades ligadas a la profundizaci\u00f3n de los extractivismos vigentes; rupturas, vinculadas a la pol\u00edtica de despojo de derechos sociales conquistados. Estas continuidades y rupturas se dan en un marco que coloca cada vez m\u00e1s en un tembladeral el respeto de libertades y derechos b\u00e1sicos de las poblaciones m\u00e1s vulnerables. Se abre as\u00ed un nuevo escenario a nivel global y regional, m\u00e1s atomizado e imprevisible, que marca el final de ciclo del progresismo como \u201clingua franca\u201d; pero siempre atravesado por m\u00faltiples protestas sociales; todo lo cual seguramente ser\u00e1 el punto de partida para pensar el postprogresismo que se viene.<\/p>\n<p>* Soci\u00f3loga, integra la Plataforma 2012 (Argentina), iniciativa de un colectivo de trabajadores de la cultura para recuperar el pensamiento cr\u00edtico, promoviendo la formaci\u00f3n y el debate: <a href=\"http:\/\/www.plataforma2012.org.ar\/\">http:\/\/www.plataforma2012.org.ar\/<\/a><\/p>\n<p><strong><u>Nota<\/u><\/strong><\/p>\n<p>1) Esta es una versi\u00f3n corta de un texto m\u00e1s largo, presentado en la Jornada sobre Populismos, organizada por la Universidad de Princeton, 07\/4\/217. El mismo retoma aspectos ya desarrollados en Debates Latinoamericanos. Indianismo, Desarrollo, Dependencia y Populismo (Edhasa, 216) y Del cambio de \u00c9poca al fin de ciclo. Gobiernos progresistas, extractivismo y movimientos sociales\u201d, Buenos Aires, Edhasa, en prensa (junio de 2017).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En esta charla propongo reflexionar desde una \u00f3ptica comprensiva cr\u00edtica sobre los populismos latinoamericanos del siglo XXI. 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