{"id":1952,"date":"2017-04-16T19:32:25","date_gmt":"2017-04-16T19:32:25","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=1952"},"modified":"2017-04-16T19:32:28","modified_gmt":"2017-04-16T19:32:28","slug":"memoria-isaac-deutscher-el-emigrante-rojo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=1952","title":{"rendered":"Memoria. Isaac Deutscher, el emigrante rojo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Memoria<\/strong><\/p>\n<p><strong>Isaac Deutscher.\u00a0<\/strong><strong>El emigrante rojo<\/strong><\/p>\n<p><strong>Bruce Robbins *<\/strong><\/p>\n<p><strong>The Nation, 30-4-2017\u00a0<\/strong><strong><a href=\"https:\/\/www.thenation.com\/\">https:\/\/www.thenation.com\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Traducci\u00f3n de Viento Sur\u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.vientosur.info\/\">http:\/\/www.vientosur.info\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>En mayo de 1965, dos a\u00f1os antes de su muerte repentina a causa de un ataque de coraz\u00f3n, Isaac Deutscher habl\u00f3 en un mitin multitudinario contra la guerra en Berkeley, California. En una grabaci\u00f3n de su intervenci\u00f3n se le oye decir que dejar\u00e1 de lado el tema de Vietnam \u2013que los oradores anteriores hab\u00edan tratado tan bien\u2013 y que en vez de ello hablar\u00e1 de la guerra fr\u00eda, que proporcionaba a los responsables de la pol\u00edtica exterior de EE UU la coartada pol\u00edtica que necesitaban para meterse en ese berenjenal. En su discurso, el ritmo pausado de Deutscher y su ligero acento polaco hac\u00edan pensar en un comediante jud\u00edo, pero en gran medida su tono era grave y su entonaci\u00f3n incluso tal vez un poco m\u00e1s sonora de lo necesario. Quiz\u00e1 le preocupaba que el p\u00fablico no se percatara de la relevancia de aquel acontecimiento hist\u00f3rico universal que guardaba relaci\u00f3n con tantas otras cuestiones: la Revoluci\u00f3n Rusa.<\/p>\n<p>Nacido en 1907 en una peque\u00f1a aldea polaca, que por entonces formaba parte del moribundo Imperio Austro-H\u00fangaro, Deutscher contaba diez a\u00f1os de edad cuando los bolcheviques tomaron el poder en Rusia. M\u00e1s tarde escribir\u00eda la cr\u00f3nica de esa historia con un lujo de detalles incre\u00edblemente apasionante, en su monumental biograf\u00eda en tres tomos de Le\u00f3n Trotsky, pero sus preparativos para este trabajo comenzaron con la sensaci\u00f3n de que muchas de las cosas s\u00f3lidas que le rodeaban estaban a punto, o casi, de volatilizarse. Su familia jud\u00eda ortodoxa era practicante estricta, y de ni\u00f1o (dir\u00edase que prodigio) le enviaron a estudiar con un rabino jas\u00eddico. A la edad de 13 a\u00f1os, Deutscher fue ordenado rabino a su vez, pero como revela el cautivador apunte biogr\u00e1fico que su mujer y habitual colaboradora, Tamara Deutscher, incluye en The Non-Jewish Jew \u2013una recopilaci\u00f3n de los ensayos de Deutscher que acaba de reeditar Verso Books\u2013, su padre, que era impresor, tambi\u00e9n le hered\u00f3 su gran pasi\u00f3n, escasamente acorde con la religi\u00f3n, por los escritores alemanes modernos, incluido el poeta Heinrich Heine. Si escribes en polaco, le advirti\u00f3 repetidamente su progenitor, nadie te entender\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de Auschwitz. En aquel entonces, Auschwitz no era m\u00e1s que el nombre de una ciudad cercana.<\/p>\n<p>En noviembre de 1918, la primera semana de la independencia de Polonia trajo a la regi\u00f3n en que viv\u00edan los Deutscher no uno, sino tres pogromos. Sin embargo, ahora que Polonia y otras naciones nuevas emerg\u00edan de las ruinas de imperios destrozados al final de la primera guerra mundial, el joven Deutscher se convirti\u00f3 en algo as\u00ed como un patriota polaco. A los 14 a\u00f1os repudi\u00f3 el juda\u00edsmo de su familia calific\u00e1ndolo de vestigio del feudalismo. A los 16 comenz\u00f3 a publicar poes\u00eda en polaco, influida por el misticismo jud\u00edo y el romanticismo polaco, y tradujo poemas en alem\u00e1n, yidish, hebreo y lat\u00edn al polaco. A los 20 a\u00f1os ingres\u00f3 en el Partido Comunista Polaco.<\/p>\n<p>En 1931, el partido envi\u00f3 a Deutscher a la Rusia sovi\u00e9tica para informar de los resultados econ\u00f3micos del primer plan quinquenal. Se enter\u00f3 de m\u00e1s cosas sobre la trayectoria de la revoluci\u00f3n que lo que el partido ve\u00eda con buenos ojos que supiera. M\u00e1s o menos un a\u00f1o despu\u00e9s fue expulsado por \u201cdesviaciones democr\u00e1ticas\u201d, entre otras cosas por su negativa a tratar a la socialdemocracia occidental como un equivalente moral del nazismo. Obtuvo un empleo en un peri\u00f3dico jud\u00edo en Polonia y, en abril de 1939 lo enviaron a Londres, donde se puso a aprender ingl\u00e9s. El traslado le salv\u00f3 la vida, pues los nazis invadieron Polonia unos cinco meses despu\u00e9s; Deutscher no volvi\u00f3 a ver a sus padres nunca m\u00e1s.<\/p>\n<p>El exilio marc\u00f3 el fin de la etapa europeo-oriental de la carrera de Deutscher, pero este no dej\u00f3 que marcara su pensamiento. En su opini\u00f3n, echaba sus ra\u00edces \u2013y lo dec\u00eda con orgullo\u2013 en la tradici\u00f3n de Spinoza, Heine, Marx, Luxemburgo, Trotsky y Freud, los \u201cjud\u00edos no jud\u00edos\u201d de los que habla en el ensayo que da el t\u00edtulo a la recopilaci\u00f3n reci\u00e9n editada. Tambi\u00e9n ten\u00eda ra\u00edces en el internacionalismo de izquierda, una tradici\u00f3n que le proporcion\u00f3 un hogar dondequiera que viviera. Los compromisos pol\u00edticos de Deutscher y su experiencia en el PCP tambi\u00e9n le infundieron como activista la idea de que el sentido de la oportunidad era por lo menos igual de importante que los principios, una idea que relativiz\u00f3 sutilmente sus juicios y que determin\u00f3 claramente todo lo que iba a escribir, ya fuera en la prensa como comentarista rusoparlante sobre el Kremlin, ya en su cr\u00edtica pol\u00edtica o las obras hist\u00f3ricas que m\u00e1s tarde le har\u00edan famoso.<\/p>\n<p>Aunque en Inglaterra fue bien recibido, Deutscher permaneci\u00f3 ajeno al mundo de la universidad inglesa. A diferencia de muchos de sus coet\u00e1neos de izquierda, escribi\u00f3 sus voluminosos libros, ricamente documentados, sobre Trotsky y Stalin sin la comodidad de un cargo acad\u00e9mico. Las posibilidades de Deutscher de obtener un puesto en la universidad y un ingreso estable fueron desbaratadas nada menos que por Isaiah Berlin, seg\u00fan cuenta Michael Ignatieff en su biograf\u00eda del fil\u00f3sofo e historiador de las ideas ruso-brit\u00e1nico, cuya opini\u00f3n razonada cuando le consultaron sobre la posible contrataci\u00f3n de Deutscher fue: por encima de mi cad\u00e1ver. Tal vez esto se debiera a divergencias pol\u00edticas, o quiz\u00e1 fue el resultado de una rese\u00f1a mordaz sobre Berlin que Deutscher hab\u00eda publicado algunos a\u00f1os antes. Una vez Deutscher qued\u00f3 descartado, Berlin insisti\u00f3 en que su evaluaci\u00f3n no hab\u00eda sido decisiva, pero esta afirmaci\u00f3n no resisti\u00f3 un an\u00e1lisis minucioso. El nombre de Deutscher tambi\u00e9n figuraba en la lista de simpatizantes comunistas que George Orwell entreg\u00f3 en secreto al ministerio de Exteriores brit\u00e1nico en 1949, el a\u00f1o en que se public\u00f3 la biograf\u00eda de Stalin escrita por Deutscher.<\/p>\n<p>En Components of the National Culture (1968), Perry Anderson sostuvo que algunos de los intelectuales m\u00e1s influyentes que huyeron a Gran Breta\u00f1a de la violencia pol\u00edtica en el continente \u2013personas como Berlin, Karl Popper, Bronislaw Malinowski, Melanie Klein y Ludwig Wittgenstein\u2013 ten\u00edan afinidades electivas con la tradici\u00f3n brit\u00e1nica \u2013muy alejada de la experiencia continental\u2013 de la continuidad no violenta y la estabilidad social relativa. Una vez establecidos en Gran Breta\u00f1a, dijo Anderson, reforzaron y extendieron esta tradici\u00f3n, haciendo que Gran Breta\u00f1a fuera todav\u00eda m\u00e1s conservadora.<\/p>\n<p>En opini\u00f3n de Anderson, Deutscher fue la excepci\u00f3n m\u00e1s destacada de esta \u201cemigraci\u00f3n blanca\u201d. Tal vez debido a la idiosincrasia de su radicalismo \u2013que no encajaba en la pol\u00edtica comunista o socialdem\u00f3crata brit\u00e1nica-, Deutscher fue ninguneado por el mundo acad\u00e9mico de la isla. O quiz\u00e1 esto se debiera a su independencia intelectual, su olfato period\u00edstico y su estilo pol\u00e9mico, que no era compatible con la cultura universitaria enclaustrada y a veces aburrida de Inglaterra. En cualquier caso, Anderson nunca dej\u00f3 de prestarle atenci\u00f3n, y de hecho quien busque pruebas de la influencia intelectual de Deutscher no tiene m\u00e1s que contemplar los brillantes logros de Anderson como historiador y analista pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Al igual que Deutscher, Anderson demostr\u00f3 con los a\u00f1os ser un erudito pol\u00edglota; del mismo modo que aquel, no reconoce a ninguna autoridad por encima o m\u00e1s all\u00e1 de lo que Gregory Elliott llama, en su libro sobre Anderson, \u201cel implacable laboratorio de la historia\u201d. Ambos fueron arrastrados al \u201cuniversalismo ol\u00edmpico\u201d de Marx y Engels, aunque quiz\u00e1 no del mismo modo.<\/p>\n<p>Anderson cont\u00f3 una an\u00e9cdota que sugiere una peque\u00f1a pero significativa diferencia entre ambos. En la d\u00e9cada de 1960, Anderson manifest\u00f3 su indignaci\u00f3n por la falta de dinamismo pol\u00edtico de Inglaterra. \u00bfPor qu\u00e9, pregunt\u00f3, Francia pod\u00eda alardear de tantas revoluciones, mientras que la Inglaterra moderna no hab\u00eda conocido ninguna? En un pr\u00f3logo al volumen en que se ha reeditado Components, record\u00f3 que Deutscher le comunic\u00f3 que no pod\u00eda aprobar sin m\u00e1s la negaci\u00f3n por parte de Anderson de las posibilidades pol\u00edticas sobre el terreno, por imperfectas que pudieran ser. Tomando prestada una expresi\u00f3n de la negativa de Rosa Luxemburgo a apoyar la independencia de Polonia antes de la primera guerra mundial, Deutscher dijo que la postura de Anderson adolec\u00eda de \u201cnihilismo nacional\u201d.<\/p>\n<p>Al oponerse al nihilismo incluso en el terreno del nacionalismo, al que no era proclive, Deutscher transmit\u00eda cierta sabidur\u00eda pr\u00e1ctica, una sabidur\u00eda destinada en particular a quienes trataran de mantener el compromiso pol\u00edtico m\u00e1s all\u00e1 del entusiasmo embriagador de la juventud. Juzgar la pol\u00edtica cotidiana en funci\u00f3n del elevado list\u00f3n de la revoluci\u00f3n es condenarse a la desesperaci\u00f3n, o por lo menos a la apat\u00eda. Tambi\u00e9n puede ser contraproducente aplicar con calzador un conjunto de criterios abstractos a una comunidad que, aun siendo receptiva a los objetivos de una pol\u00edtica, se siente confusa o alienada por el lenguaje con el que se persiguen dichos objetivos. Como revolucionario inveterado, Deutscher estaba bien pertrechado para insistir en que existen otros caminos hacia la justicia social.<\/p>\n<p>A diferencia de los cr\u00edticos de la Rusia sovi\u00e9tica m\u00e1s ensalzados en Occidente, Deutscher no fue un liberal. Era un firme defensor de la democracia y sus objeciones al r\u00e9gimen sovi\u00e9tico coincid\u00edan en parte con las consabidas objeciones liberales, pero una de las cosas que apreciaba en Trotsky era la firme convicci\u00f3n de este de que, a pesar del atraso social y econ\u00f3mico de Rusia, los revolucionarios rusos en 1917 no deb\u00edan aspirar a un gobierno liberal que mantuviera intacta la propiedad privada. En vez de ello, como aleg\u00f3 Trotsky, cre\u00eda que la revoluci\u00f3n pod\u00eda saltarse la etapa constitucional en su intento de satisfacer las demandas materiales y de los obreros y campesinos.<\/p>\n<p>Por supuesto, nadie que reflexione sobre lo que finalmente ocurrir\u00eda con la revoluci\u00f3n bajo Stalin concluir\u00e1 probablemente que esta cuesti\u00f3n se ha resuelto dando la raz\u00f3n a Trotsky. \u00bfEstaba Rusia demasiado atrasada para tumbar el capitalismo liberal? Y para concretar m\u00e1s, un sistema constitucional que protegiera los derechos de la burgues\u00eda \u00bfhabr\u00eda creado los obst\u00e1culos necesarios para impedir el terror que se produjo una vez Stalin consolid\u00f3 su poder? El propio Trotsky cambiar\u00eda de opini\u00f3n sobre estas cuestiones y Deutscher \u2013cosa que le honra\u2013 no pretendi\u00f3 que poseyera un conocimiento mayor o privilegiado.<\/p>\n<p>Las preguntas abiertas formuladas por Deutscher sobre el curso ulterior de la Revoluci\u00f3n rusa \u2013una revoluci\u00f3n de la que nunca reneg\u00f3\u2013 tambi\u00e9n ayudan a explicar su extraordinaria generosidad moral, cabr\u00eda decir incluso la calidad tolstoyana de su obra hist\u00f3rica. La defensa estridente era algo de lo que al parecer Deutscher pod\u00eda prescindir. Cada frase que escribi\u00f3 como historiador denotaba algo, aunque fuera muy vago, de un continuo debate consigo mismo.<\/p>\n<p>Esto era as\u00ed incluso cuando escribi\u00f3 sobre Stalin, y tal vez fuera esta una raz\u00f3n por la que muchos encontraron que su biograf\u00eda de Stalin era tan desconcertante. Stalin hab\u00eda ordenado el asesinato de Trotsky, adem\u00e1s de tantas otras personas, y en manos de Deutscher, Stalin es un monstruo, pero no sencillamente un monstruo, y Deutscher trat\u00f3 de comprender los motivos de Stalin. \u201cNo hace falta dar por hecho que actu\u00f3 por pura crueldad o sed de poder\u201d, escribi\u00f3 Deutscher en la biograf\u00eda. \u201cTal vez hall\u00f3 el dudoso amparo en la convicci\u00f3n sincera de que lo que hac\u00eda serv\u00eda a los intereses de la revoluci\u00f3n y de que \u00e9l era el \u00fanico que interpretaba correctamente esos intereses.\u201d Esto no supuso nunca una defensa de Stalin, sino m\u00e1s bien un argumento de que incluso sus actos m\u00e1s atroces no se situaban fuera de toda posibilidad de una explicaci\u00f3n hist\u00f3rica. Colocarlos fuera de toda explicaci\u00f3n hist\u00f3rica ser\u00eda pretender que la revoluci\u00f3n no encerraba sus propias contradicciones, que eran anteriores al periodo de dictadura monomaniaca de Stalin y (como Deutscher no dej\u00f3 de se\u00f1alar) tambi\u00e9n marcaron la carrera pol\u00edtica de Trotsky.<\/p>\n<p>Podr\u00eda parecer que aceptar la existencia de estas contradicciones \u2013contradicciones que Deutscher cre\u00eda inherentes al alma misma del revolucionarismo de izquierda en general y de la Revoluci\u00f3n rusa en particular\u2013 le llevar\u00eda a optar por el fatalismo. Sin embargo, de alguna manera no lo hizo. Deutscher fue capaz de sacar a la luz muy claramente esas contradicciones (y vivir una vida fuera del Partido Comunista) sin abandonar la esperanza en la propia revoluci\u00f3n, tanto en Rusia como a escala planetaria, un objetivo que deb\u00eda seguir sacando fuerza de los triunfos iniciales de 1917. Hab\u00eda que recordar a los pueblos de Occidente, pensaba Deutscher, que cuando los rusos combatieron a los nazis en la segunda guerra mundial, no solo lo hicieron animados por el mero patriotismo, sino que participaban en \u201cuna batalla por la existencia del movimiento obrero\u201d. Hab\u00eda que recordar al p\u00fablico que le escuchaba en Berkeley en 1965 que la amenaza de agresi\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, que supuestamente justificaba la misi\u00f3n de EE UU en Vietnam en plena guerra fr\u00eda, era desde su punto de vista rid\u00edcula. No hab\u00eda equilibrio de poder entre EE UU y la URSS: uno era una superpotencia, mientras que la otra hab\u00eda surgido de la segunda guerra mundial \u201cpostrada y desangrada\u201d.<\/p>\n<p>Ahora el pueblo ruso trataba de sacudirse de encima esa pesadilla junto con el recuerdo de Stalin. Los progresistas de Occidente ten\u00edan la obligaci\u00f3n de ayudarle. Esto supon\u00eda contemplar la guerra fr\u00eda no solo desde el punto de vista occidental, sino tambi\u00e9n desde el del Este. La guerra de Vietnam exacerbaba la guerra fr\u00eda, contribuyendo as\u00ed a empeorar la vida en Rusia. Lo que Deutscher estaba tratando de ofrecer a la muchedumbre de manifestantes contrarios a la guerra en 1965 era una defensa centrada en Rusia frente a la guerra de Vietnam. Casi seguro que no era lo que el p\u00fablico estaba esperando o\u00edr, pero de alguna manera era al mismo tiempo inspirador pol\u00edticamente y refrescante por su independencia con respecto a la simple dualidad moral en que parec\u00eda moverse el movimiento antiguerra.<\/p>\n<p>En 1903, en el congreso de Bruselas en que bolcheviques y mencheviques pusieron de manifiesto por primera vez sus divergencias, Trotsky pronunci\u00f3 uno de los raros discursos en que se calific\u00f3 a s\u00ed mismo de jud\u00edo. Lo hizo con el fin de manifestarse con autoridad personal en contra del Bund jud\u00edo, que reclamaba el derecho a la \u201cautonom\u00eda cultural\u201d, incluida la capacidad de elegir su propio \u00f3rgano de gobierno y definir su propia pol\u00edtica con respecto a la poblaci\u00f3n jud\u00eda. Por supuesto que los jud\u00edos deb\u00edan tener el derecho a ser educados en yidish, explic\u00f3 Trotsky, pero \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda el socialismo \u2013que pretend\u00eda superar las barreras que divid\u00edan a los pa\u00edses, las religiones y las nacionalidades\u2013 contribuir a erigir sus propias barreras frente a esta visi\u00f3n de emancipaci\u00f3n universal?<\/p>\n<p>Deutscher se hab\u00eda criado en el coraz\u00f3n mismo de la cultura yidish en la zona polaca del Imperio Austro-H\u00fangaro y hab\u00eda desempe\u00f1ado un papel activo y creativo en ella. En su opini\u00f3n, el yidish era una lengua y una cultura que siempre hab\u00eda estado enraizada en el movimiento obrero. Al igual que Trotsky, sol\u00eda considerarse primero un revolucionario y solo en segundo lugar un jud\u00edo. Pero Deutscher tambi\u00e9n se consideraba un jud\u00edo, y de una manera que propone una variaci\u00f3n en torno a la cuesti\u00f3n formulada en el ensayo de Anderson: \u00bfCu\u00e1les son los componentes de la identidad jud\u00eda?<\/p>\n<p>Como indica el t\u00edtulo de su recopilaci\u00f3n, le idea de Deutscher sobre la identidad jud\u00eda est\u00e1 completamente desconectada de la religi\u00f3n jud\u00eda. Siendo adulto proclam\u00f3 su ate\u00edsmo sin apolog\u00eda al no hallar ninguna virtud en el jasidismo de su juventud y al calificar de kafkiana \u201cla aspiraci\u00f3n de moda entre los jud\u00edos occidentales de volver al siglo XVI\u201d. No obstante, su laicismo no era \u00fanicamente negativo; tambi\u00e9n ten\u00eda un sentido positivo, activo, emancipatorio y sobre todo sociable. Para los jud\u00edos, supon\u00eda un gesto de confianza en los gentiles de su entorno, confianza en que ellos y los progresistas no jud\u00edos pod\u00edan hacer causa com\u00fan y compartir sus victorias.<\/p>\n<p>Desde esta visi\u00f3n positiva, humanista, del laicismo, Deutscher afirm\u00f3 que la identidad jud\u00eda no pod\u00eda implicar jam\u00e1s el control jud\u00edo sobre un territorio. \u201cNo tengo nada en com\u00fan con los jud\u00edos, digamos, de Mea Shearim \/1 \u201d, declar\u00f3, \u201cni con cualquier clase de nacionalistas israel\u00edes\u201d. La obsolescencia del Estado-naci\u00f3n hab\u00eda quedado demostrada en la matanza sin sentido de la primera guerra mundial. De ah\u00ed que a su juicio la creaci\u00f3n de Israel encerraba una terrible iron\u00eda: los jud\u00edos estaban invirtiendo en un Estado-naci\u00f3n justo cuando este hab\u00eda entrado en lo que Deutscher cre\u00eda (prematuramente) que era una fase de declive terminal.<\/p>\n<p>Y \u00bfqu\u00e9 decir del Holocausto, que bien podr\u00eda haber resquebrajado la confianza de Deutscher en la posibilidad de que los jud\u00edos hicieran causa com\u00fan con el mundo de los gentiles? Aunque parti\u00f3 su vida m\u00e1s o menos en dos, el Holocausto no le llev\u00f3 a desertar del bando de los laicos militantes y de los creyentes en la modernidad. Los nazis fueron despu\u00e9s de todo la raz\u00f3n por la que la cultura jud\u00eda de Europa Oriental en que se hab\u00eda criado hab\u00eda dejado de existir. Sin embargo, cuando Deutscher habla de esta cultura, menciona una conversaci\u00f3n que mantuvo con el sat\u00edrico yidish Moshe Nadir en la d\u00e9cada de 1920. Nadir ya predec\u00eda entonces que el yidish dejar\u00eda de hablarse en el futuro, tal vez por el hecho de que los jud\u00edos, ahora felizmente asimilados, acabar\u00edan hablando polaco o ruso. Nadir contemplaba ese d\u00eda con indiferencia, porque cuando el yidish se convirtiera en una lengua muerta como el lat\u00edn, sus s\u00e1tiras se leer\u00edan como a los cl\u00e1sicos, a la par que Horacio y Ovidio.<\/p>\n<p>Al invocar esa antigua broma de Nadir, Deutscher parec\u00eda decir que la cultura yidish, que los nazis hab\u00edan exterminado, habr\u00eda sucumbido de todos modos bajo el peso de una historia que era al tiempo despiadada y progresista. Lo que hab\u00eda que lamentar, por tanto, no era la cultura, sino las vidas que hab\u00edan desaparecido en las inmensas fauces de la segunda guerra mundial. En cuanto a la propia historia, que siempre hab\u00eda imaginado compartida entre jud\u00edos y no jud\u00edos, sigui\u00f3 confiando en que, a pesar de sus brutalidades, la humanidad saldr\u00eda mejor parada. Una de las cualidades menos obvias que atribuye a la l\u00ednea de los \u201cjud\u00edos no jud\u00edos\u201d, que iba de Spinoza a Freud, era el optimismo. S\u00ed, consideraba que Freud tambi\u00e9n era un optimista.<\/p>\n<p>Si Deutscher hubiera ido a Nueva York en vez de Londres, su izquierdismo antiestalinista, su br\u00edo literario y su viveza en el debate le habr\u00edan abierto sin duda las puertas de los c\u00edrculos tertulianos de la intelectualidad neoyorquina. Trotsky ten\u00eda all\u00ed admiradores y Deutscher les hizo un par de visitas. No obstante, su permanencia en ese mundo tal vez hubiera exigido alguna negociaci\u00f3n entre esa multitud rencorosa. Como muestran estos ensayos, Deutscher no se cortaba a la hora de manifestar su desprecio por los intelectuales jud\u00edos de Occidente, que en su opini\u00f3n se hab\u00edan vuelto conservadores durante la guerra fr\u00eda, convertidos en campeones del llamado \u201cestilo de vida\u201d liberal de Gran Breta\u00f1a y EE UU, y tambi\u00e9n se habr\u00eda sentido inc\u00f3modo con quienes hab\u00edan renunciado a los impulsos universalistas radicales de la cultura jud\u00eda a favor de una visi\u00f3n m\u00e1s particularista.<\/p>\n<p>Para Deutscher, las diferencias geogr\u00e1ficas y de clase entre los jud\u00edos eran suficientemente profundas para que viera con escepticismo la idea de una \u201ccomunidad jud\u00eda\u201d existente o que pod\u00eda surgir a medida que se desvaneciera la observancia religiosa. Durante su vida, la historia de la persecuci\u00f3n todav\u00eda no hab\u00eda sustituido del todo al juda\u00edsmo en el n\u00facleo de la identidad jud\u00eda occidental, pero su propia concepci\u00f3n de la identidad jud\u00eda estaba centrada en el Holocausto, tal vez inevitablemente. \u201cSoy jud\u00edo\u201d, dice en un texto que comenta el Holocausto, \u201cporque siento la tragedia jud\u00eda como mi propia tragedia.\u201d Fue el Holocausto el que llev\u00f3 a Deutscher a inclinarse hacia el sionismo, aunque solo fuera ligeramente. \u201cSi en vez de rebatir el sionismo en los a\u00f1os veinte y treinta\u201d, escribi\u00f3, \u201chubiera urgido a los jud\u00edos europeos a irse a Palestina, podr\u00eda haber salvado algunas de las vidas que despu\u00e9s fueron exterminadas en las c\u00e1maras de gas hitlerianas.\u201d Pero incluso en esta tesitura tiene cuidado de dejar clara su aversi\u00f3n a toda forma de nacionalismo jud\u00edo: \u201cSin embargo, ni siquiera ahora soy sionista.\u201d<\/p>\n<p>El libro contiene dos versiones de una famosa par\u00e1bola de la fundaci\u00f3n de Israel en la estela del Holocausto, una par\u00e1bola que a veces es todo lo que la gente recuerda de Deutscher. En la primera versi\u00f3n, que data de 1954, un hombre salta de un barco en llamas a una balsa. Lo que quer\u00eda se\u00f1alar Deutscher es que todo Estado nacional no es m\u00e1s que una balsa, una soluci\u00f3n temporal que no deber\u00eda convertirse en un programa permanente (nacionalista), como parec\u00eda hacer Israel. En la segunda versi\u00f3n, de 1967, escrita en respuesta a la guerra de los seis d\u00edas, el hombre salta de un edificio en llamas y sobrevive, pero aterriza sobre una persona que estaba en la acera (que representa, por supuesto, a los palestinos) y le rompe brazos y piernas. \u201cSi ambos se comportaran racionalmente\u201d, comenta Deutscher, \u201cno acabar\u00edan siendo enemigos.\u201d Pero no prevalece la racionalidad.<\/p>\n<p>El hombre herido culpa al otro de su miseria y jura que le har\u00e1 pagar por ello. El otro, temeroso de la venganza del lisiado, le insulta, lo patea y lo golpea cada vez que se encuentran. El hombre apaleado vuelve a jurar venganza y de nuevo recibe pu\u00f1etazos y patadas.<\/p>\n<p>Imagino que no muchos estar\u00e1n del todo satisfechos con esta par\u00e1bola. Sin embargo, ofrece una alternativa interesante a la idea de la colonizaci\u00f3n y no hizo que Deutscher dejara de criticar duramente a Israel, recordando a sus lectores que David Ben-Guri\u00f3n calific\u00f3 a los jud\u00edos no sionistas de \u201ccosmopolitas desarraigados\u201d, que era el eufemismo favorito de Stalin para referirse a los bolcheviques jud\u00edos que elimin\u00f3. Seg\u00fan el comentario de Deutscher sobre la guerra \u00e1rabe-israel\u00ed de 1967, escrita dos meses antes de su muerte, en la \u201cvictoria\u201d de Israel ve\u00eda una profec\u00eda del desastre y en Moshe Dayan una especie de vicemariscal Nguyen Cao Ky, el entonces t\u00edtere favorito de EE UU en Vietnam. Tampoco hizo que dejara de criticar la colusi\u00f3n de Israel con la pol\u00edtica exterior de EE UU durante la guerra fr\u00eda y su negativa a comportarse como un vecino con sus vecinos. El futuro de Israel depende, a juicio de Deutscher, de la capacidad de los israel\u00edes \u201cpara encontrar un lenguaje com\u00fan con los pueblos que les rodean\u201d.<\/p>\n<p>Deutscher no pregonaba fan\u00e1ticamente la coherencia con los principios, sino que para \u00e9l esta incoherencia se plasmaba de alguna manera en la pol\u00edtica. Como historiador, cre\u00eda que el sentido de la oportunidad siempre importaba, especialmente a la hora de formular la propia visi\u00f3n del mundo. Comprendi\u00f3 perfectamente el caos que describi\u00f3 tan bien despu\u00e9s de 1917, cuando Trotsky adopt\u00f3 las posiciones de Lenin (como la necesidad de la disciplina absoluta en el seno del partido) y Lenin adopt\u00f3 las de Trotsky (como la necesidad de la Nueva Pol\u00edtica Econ\u00f3mica), y todo se mov\u00eda con demasiada rapidez para que alguien se diera cuenta. La pol\u00edtica, para Deutscher, implicaba en \u00faltima instancia esta clase de flexibilidad de principios, una visi\u00f3n de la acci\u00f3n pol\u00edtica que entend\u00eda que los compromisos de uno y sus condiciones se hallaban en mutua dependencia. Nada, ni siquiera la pol\u00edtica, pod\u00eda colocarse al margen del caos y la incertidumbre de la historia.<\/p>\n<p>Como escribi\u00f3 Deutscher en el \u00faltimo ensayo de la recopilaci\u00f3n, el Holocausto fue el \u00fanico acontecimiento que trascend\u00eda toda explicaci\u00f3n hist\u00f3rica. Al historizar su internacionalismo, cambi\u00f3 de opini\u00f3n sobre su antisionismo program\u00e1tico, pero sin convertirse en sionista. Esto no alter\u00f3 su profunda convicci\u00f3n de que, para los jud\u00edos, como para todo el mundo, la historia no reclama la pureza de una utop\u00eda etnoc\u00e9ntrica, ni cualquier clase de utop\u00eda en este sentido. En vez de ello, la historia reclama de nosotros la dura labor de cambio en el seno de las naciones en que vivimos y con los vecinos que nos ha tocado convivir. Esto tambi\u00e9n requiere prestar mucha atenci\u00f3n al sentido de la oportunidad.<\/p>\n<p>* Bruce Robbins es profesor de ingl\u00e9s en la Universidad de Columbia y autor, entre otros libros, de Feeling Global: Internationalism in Distress (NYU).<\/p>\n<p><strong><u>Nota<\/u><\/strong><\/p>\n<p>1\/ Mea Shearim es un barrio de Jerusal\u00e9n habitado exclusivamente por jud\u00edos ultraortodoxos que proh\u00edbe el acceso a las mujeres que no vayan vestidas \u201cdecentemente\u201d. (N.d.T)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En mayo de 1965, dos a\u00f1os antes de su muerte repentina a causa de un ataque de coraz\u00f3n, Isaac Deutscher habl\u00f3 en un mitin multitudinario contra la guerra en Berkeley, California&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_seo_schema_type":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[],"tags":[1287013,493425,1120025],"class_list":["post-1952","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","tag-heine","tag-leon-trotsky","tag-rosa-luxemburgo"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-vu","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1952","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1952"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1952\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1955,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1952\/revisions\/1955"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1952"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1952"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1952"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}