{"id":19171,"date":"2021-06-27T17:38:18","date_gmt":"2021-06-27T15:38:18","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=19171"},"modified":"2021-06-27T17:51:57","modified_gmt":"2021-06-27T15:51:57","slug":"debates-comprender-y-ser-amables-santiago-alba-rico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=19171","title":{"rendered":"Debates \u2013 Comprender y ser amables. [Santiago Alba Rico]"},"content":{"rendered":"<h5 style=\"text-align: right;\">La muerte de S\u00f3crates. Jacques-Louis David, 1787.<\/h5>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><b>Inocencia<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><b>Ser amables<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><b>Renunciar a comprender el mundo, renunciar a ser amables con el otro, significa sustituir la banalidad del bien y sus curativos efectos inconmensurables por la banalidad del mal y su eficac\u00edsima contabilidad mortal.<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\"><span style=\"color: #000000;\"><b><a href=\"https:\/\/ctxt.es\/es\">CTXT<\/a>, 26-6-2021<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\"><span style=\"color: #000000;\"><b><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 27-6-2021<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Hay tres formas de entender la inocencia. La primera tiene que ver con la pr\u00e1ctica del sacrificio tal y como la conceb\u00edan los pueblos antiguos. En la tradici\u00f3n tanto griega como jud\u00eda, la v\u00edctima del sacrificio, humana o animal, deb\u00eda ser escogida por su especial pureza. A los dioses no se les pod\u00eda ofrecer una criatura con tacha, imperfecta o incompleta. El Lev\u00edtico, por ejemplo, da toda una serie de instrucciones sobre las condiciones que debe cumplir el animal destinado al ara sacrificial: el peso, la belleza, la integridad anat\u00f3mica. O pensemos en el mito griego de Ifigenia, la hija del rey Agamen\u00f3n, a la que \u00e9ste tiene que sacrificar, de vuelta de Troya, para evitar el castigo de los dioses. Ifigenia es escogida porque al m\u00e1ximo rango social y emocional une la m\u00e1xima inocencia, asociada a su edad y condici\u00f3n. Lo mismo ocurre con Isaac (Ismail para los musulmanes), al que su padre Abraham, a petici\u00f3n de Dios, se dispone a sacrificar: es lo m\u00e1s querido y, al mismo tiempo, lo m\u00e1s puro que posee. Esta identidad primitiva entre sacrificio y pureza ha sobrevivido en la ilusi\u00f3n pertinaz de los perdedores y humillados, que deducen su superioridad moral \u2013su condici\u00f3n de pueblos o individuos \u201celegidos\u201d\u2013 del sufrimiento injusto que se les ha infligido. Si me persiguen\u00a0 y me matan, es que soy bueno. Este sentimiento, de origen sacrificial, ha operado de mecanismo de defensa colectivo en el caso de algunas minor\u00edas perseguidas: as\u00ed ocurri\u00f3 con el chiismo hasta la revoluci\u00f3n de Jomeini o con los jud\u00edos europeos hasta la creaci\u00f3n de Israel; y sigue muy vivo en las tradiciones revolucionarias, que han buscado consuelo para sus sucesivas derrotas en la idea misma de la derrota como prueba irrefutable de la verdad superior alojada en sus reivindicaciones.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Un residuo de este atavismo sacrificial pervive en la famosa frase de S\u00f3crates, el fil\u00f3sofo griego ejecutado en Atenas en el a\u00f1o 399 a. de C.: \u201cEs mejor sufrir una injusticia que cometerla\u201d. Pero, m\u00e1s all\u00e1 del prestigio del dolor y la derrota, o del imperativo de una moral absoluta, lo que S\u00f3crates est\u00e1 proponiendo es el fin de la \u201cley de la selva\u201d. En el di\u00e1logo plat\u00f3nico Gorgias, dos oligarcas de su \u00e9poca, Polo y Calicles, se hab\u00edan burlado de \u00e9l en nombre de la naturaleza, que distingue \u2013sosten\u00edan\u2013 entre leones y gacelas y da siempre ventaja leg\u00edtima al m\u00e1s fuerte. S\u00f3crates no est\u00e1 defendiendo exactamente a los m\u00e1s d\u00e9biles; defiende una Ley que no responda a la pregunta \u201cqu\u00e9 es m\u00e1s conveniente para m\u00ed o a para mi tribu o para mi clase\u201d sino a esta otra cuesti\u00f3n mucho m\u00e1s decisiva\u00a0 porque en ella, con todas sus ambig\u00fcedades, va a fundarse el Derecho moderno: \u201cQu\u00e9 es lo m\u00e1s justo para todos\u201d. En t\u00e9rminos jur\u00eddicos, \u201cinocente\u201d no es el m\u00e1s bueno, el m\u00e1s puro, el m\u00e1s guapo, ni tampoco el m\u00e1s griego o el m\u00e1s rico; inocente es aqu\u00e9l que, con independencia de c\u00f3mo se comporte con sus amigos o con su c\u00f3nyuge, no es culpable en el caso particular que se juzga. No soy ni cort\u00e9s ni generoso, es cierto, pero no he robado a Salah ni matado a Sof\u00eda.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pero inocente se dice asimismo \u2013incluso etimol\u00f3gicamente en el caso del lat\u00edn\u2013 del que no hace da\u00f1o. En un mundo tan complejo como el nuestro es muy dif\u00edcil estar seguro de que pasamos por la vida sin hacer ning\u00fan da\u00f1o. Si amamos sinceramente, es probable que inflijamos y recibamos tambi\u00e9n dolor; si vivimos normalmente en una sociedad capitalista, y nos vestimos, hablamos por tel\u00e9fono y comemos en una sociedad capitalista, nuestros gestos m\u00e1s sencillos, inscritos en una red de intercambios y consumo global, tienen efectos inconmensurables sobre el conjunto de la vida. Ahora bien, lo m\u00e1s terrible que se puede decir de este mundo es que a veces, desde la aceptaci\u00f3n c\u00ednica del propio poder o de la propia impotencia, los humanos llegan a un punto en el que desprecian la inocencia y llaman \u201cingenuo\u201d al que intenta hacer el menor da\u00f1o posible e incluso al que pretende introducir alg\u00fan bien menor en su entorno m\u00e1s cercano.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Conviene decir dos palabras, pues, sobre la ingenuidad. Una historia que siempre me ha gustado mucho es \u00e9sa que la tradici\u00f3n medieval cristiana atribuye a San Agust\u00edn, el santo nacido en el a\u00f1o 359 en la actual ciudad argelina de Souk Ahras. Seg\u00fan esta leyenda, paseaba un d\u00eda el te\u00f3logo por la playa, absorto en el problema insoluble de la Trinidad, cuando vio a un ni\u00f1o que recog\u00eda agua del mar con una concha para depositarla a continuaci\u00f3n en un agujero excavado en la arena. Iba una y otra vez de la orilla a la playa, con un tes\u00f3n infatigable, hasta que Agust\u00edn, intrigado, le pregunt\u00f3 por el prop\u00f3sito de su vano azacaneo. \u201cQuiero vaciar el mar\u201d, respondi\u00f3 el ni\u00f1o. Conocemos el resto. El santo le dijo al ni\u00f1o que eso era imposible y el ni\u00f1o, que en realidad era un \u00e1ngel, le replic\u00f3 a su vez: \u201cTan imposible como resolver el enigma en el que est\u00e1s pensando\u201d.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Olvidemos que se trataba de un \u00e1ngel. Es veros\u00edmil imaginar a un ni\u00f1o normal emprendiendo y reanudando sin fatiga, con obstinaci\u00f3n imperturbable, esa tarea infinita. La ingenuidad de un ni\u00f1o no consiste en creer que va a ser capaz de vaciar el mar con un cubo o una concha; consiste en tomarse en serio una tarea que sabe imposible. El t\u00e9rmino \u201cingenuo\u201d tiene en lat\u00edn una etimolog\u00eda muy bonita; remite, por oposici\u00f3n al esclavo, al humano que es libre de nacimiento; y evoca por tanto la idea de \u201corigen\u201d y de \u201ccomienzo\u201d y, si se quiere, la noci\u00f3n un poco parad\u00f3jica de un \u201cempezar otra vez\u201d o \u201cempezar de nuevo\u201d. Es decir, la ingenuidad tiene que ver con la repetici\u00f3n de un gesto que, cada vez que se hace, se hace desde el principio, como si no se hubiera hecho nunca antes: un gesto, si se quiere, \u201clibre\u201d de la memoria de la humanidad que llamamos Historia. El sol, que sale todas las ma\u00f1anas, es ingenuo. El ni\u00f1o que coge una y otra vez un cubo de agua del mar es ingenuo. La mujer que lava y tiende la ropa en medio de las ruinas de una guerra es ingenua. La ingenuidad no consiste en creer que es posible resolver los problemas del mundo; consiste en creer sencillamente que el mundo es posible. La ingenuidad, por as\u00ed decirlo, crea el mundo cada ma\u00f1ana: en medio de la complejidad m\u00e1s inextricable, atrapados en una selva hostil cuya radical maldad no podemos cambiar, la ingenuidad cree todav\u00eda posible llenar un c\u00e1ntaro de agua, coser un bot\u00f3n, encender de nuevo el fuego, ense\u00f1ar a un ni\u00f1o matem\u00e1ticas, curar una herida. Por eso se puede ser al mismo tiempo pesimista e ingenuo. El optimista \u2013casi siempre hombre\u2013 puede destruir alegremente el mundo; el ingenuo \u2013casi siempre mujer\u2013 sigue sosteni\u00e9ndolo entre sus manos, a veces cansado y de mal humor, sin hacerse muchas ilusiones sobre los hombres que lo est\u00e1n destruyendo.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Es lo que yo llamar\u00eda \u201cla banalidad del bien\u201d. De la del mal, lo recordamos, se ocup\u00f3 la fil\u00f3sofa alemana Hannah Arendt en relaci\u00f3n con Adolf Eichmann, el funcionario nazi encargado de transportar a los jud\u00edos a los campos de concentraci\u00f3n: un hombre leal, competente, honrado, obediente, que se convirti\u00f3 en c\u00f3mplice de un exterminio en el ejercicio de estas triviales virtudes burocr\u00e1ticas. La banalidad del bien, mucho m\u00e1s frecuente, es sin embargo mucho menos visible y merece muchos menos laureles. El paleont\u00f3logo darwinista estadounidense Stephen Jay Gould, muerto en 2002, aseguraba que las especies se definen en los momentos de estabilidad, no en los de cambio y mutaci\u00f3n, y que, si hay que seguir considerando a la humanidad una especie, es necesario recordar que, en las largas duraciones, no se define por la violencia, la crueldad o el ego\u00edsmo, como nos hacen creer las grandes conquistas y las grandes matanzas, sino por esa apretada red de peque\u00f1os gestos cotidianos \u2013del intercambio desinteresado de servicios entre vecinos a los cuidados rec\u00edprocos dentro de una comunidad\u2013 que garantizan la consistencia y supervivencia del mundo com\u00fan en medio de las m\u00e1s grandes calamidades.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El problema es que, si podemos contar los muertos de un bombardeo y las heridas de un cuchillo, no podemos medir los beneficios de la \u201cbanalidad del bien\u201d. Las caricias, lo he dicho muchas veces, no dejan huellas, de manera que podemos dejar de acariciarnos sin que sintamos ning\u00fan dolor inmediato. Por eso mismo, en un mundo del que hubiese desaparecido la inconmensurable banalidad del bien \u2013quiero decir\u2013\u00a0 ser\u00edamos muy infelices, s\u00ed, pero sin llegar a averiguar qu\u00e9 es lo que echamos en falta. O dicho de otra forma: si de nuestras vidas se retirasen la belleza, la solidaridad, el cuidado, la cortes\u00eda, nos volver\u00edamos malos sin sentir nada, aceptando m\u00e1s bien la maldad como un instrumento normalizado de supervivencia.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La banalidad del bien que he llamado ingenuidad, como variante de la inocencia, est\u00e1 hoy muy amenazada. Lo est\u00e1 no solamente en escenarios de guerra y dictadura, como es el caso de Siria, sino un poco por todas partes, como resultado de la erosi\u00f3n capitalista de los v\u00ednculos antropol\u00f3gicos, sustituidos por el egocentrismo digital, y de la aceptaci\u00f3n subjetiva de un futuro sin horizonte. Digamos que estamos viviendo un retorno hipertecnol\u00f3gico a esa sociedad primitiva, pre-socr\u00e1tica, en la que los sacrificios humanos y la ley de la selva dominaban sobre la justicia y el derecho. En este contexto civilizacional, los dos enemigos de la inocencia y la ingenuidad son, como ha ocurrido en otras crisis anteriores, la hipocres\u00eda y el cinismo. La hipocres\u00eda es el primer s\u00edntoma de un desmoronamiento, pero no implica inevitablemente el paso al cinismo y, aun m\u00e1s, puede servir a veces de muro de contenci\u00f3n. El hip\u00f3crita habla un \u201cdoble lenguaje\u201d, de manera que \u2013dice el adagio cl\u00e1sico\u2013 homenajea p\u00fablicamente a la virtud mientras practica oscuramente el vicio. Ahora bien, mientras la hipocres\u00eda no renuncie a su doblez la esfera p\u00fablica sigue regida por la \u201cvirtud\u201d, y eso incluye tambi\u00e9n las leyes, los medios de comunicaci\u00f3n y los partidos pol\u00edticos. Es verdad: cuando uno corrompe las instituciones en nombre de la democracia, ocupa pa\u00edses en nombre de la paz o el humanitarismo y bombardea ciudades invocando los Derechos Humanos, se est\u00e1n cometiendo dos acciones graves. Una muy grave: matar seres humanos. Otra grav\u00edsima: matar palabras, principios y valores.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Podemos decir, en todo caso, que la hipocres\u00eda es lo propio de las sociedades estables y que solo se vuelve potencialmente peligrosa en los socavones de las grandes crisis de civilizaci\u00f3n, all\u00ed donde, de pronto, tanto los poderosos como los d\u00e9biles asumen que nada puede ser cambiado: cuando unos y otros aceptan como natural, respectivamente, su poder y su impotencia. Hace unos d\u00edas, en un seminario sobre Palestina, comentaba este deslizamiento inquietante. Hasta hace no mucho tiempo pod\u00eda indignarnos la hipocres\u00eda de los EE.UU. o de la UE, que enunciaban grandes palabras y financiaban peque\u00f1os proyectos, mientras de hecho apoyaban, por activa o por pasiva, a Israel en Gaza y a Bachar el-Asad en Siria. La hipocres\u00eda ten\u00eda que ver, en todo caso, con la hegemon\u00eda formal del discurso de los Derechos Humanos, al que ni los m\u00e1s siniestros asesinos se atrev\u00edan a renunciar. Hoy eso se ha acabado. Hemos pasado de la hipocres\u00eda al cinismo; hemos acabado, si se quiere, con el \u201cdoble lenguaje\u201d y no para ajustar nuestras pr\u00e1cticas a nuestros valores sino, al rev\u00e9s, para acomodar nuestros valores a nuestras pr\u00e1cticas. El cinismo, como demostraba ya el marqu\u00e9s de Sade en sus obras libertinas del siglo XVIII, es lo propio de las clases altas, emancipadas de todo freno democr\u00e1tico, las cuales defienden como \u201cnatural\u201d su poder, su violencia y su impunidad. Lo defienden, es decir, como fatal e inevitable. Lo malo es cuando el cinismo se difunde desde las clases altas a las clases medias y populares. Eso es lo que estamos viendo en Europa con el crecimiento de la ultraderecha, cuya hegemon\u00eda discursiva se impone en algunos casos tambi\u00e9n en la izquierda: respecto de inmigrantes, refugiados, musulmanes, \u201cnos nos podemos permitir\u201d los Derechos Humanos. No seamos hip\u00f3critas, nos dicen: para defender nuestras casas, nuestras familias, nuestro modo de vida, no nos podemos permitir ya ser \u201cbuenos\u201d.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">No nos podemos permitir ni siquiera la amabilidad. En 1956, poco antes de morir, Bertolt Brecht escribi\u00f3 un bell\u00edsimo poema titulado Vergn\u00fcgungen, que algunos traducen como \u201cplaceres\u201d y otros como \u201csatisfacciones\u201d, t\u00edtulo que personalmente prefiero. En \u00e9l el poeta alem\u00e1n ofrece una lista casi oriental de peque\u00f1os placeres vinculantes (mirar por la ventana, nadar, rostros entusiasmados, el viejo libro vuelto a encontrar, la nieve, zapatos c\u00f3modos, la dial\u00e9ctica) completamente incomprensibles para un occidental l\u00edquido disuelto en la velocidad de internet. De todas estas \u201csatisfacciones\u201d diminutas y concretas hay dos ya casi extinguidas, como los dinosaurios y los rinocerontes blancos, incompatibles con el orden del mercado capitalista y que desde Twitter suenan un poco extravagantes: \u201ccomprender\u201d (begreifen) y \u201cser amable\u201d (Freundlich sein).<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u201cComprender\u201d es cada vez m\u00e1s dif\u00edcil porque objetivamente el mundo es crecientemente complejo. Pero hemos olvidado que, si pensar da tanta pereza como lanzarse en verano a la poza de agua helada que \u2013lo sabemos\u2013 aliviar\u00e1 nuestro sofoco, el placer de arrojar luz sobre las sombras no se puede comparar a ning\u00fan otro, ni f\u00edsico ni tecnol\u00f3gico. Resolver un problema matem\u00e1tico, apropiarse el pensamiento de un fil\u00f3sofo despu\u00e9s de horas o d\u00edas de lectura o desenredar el meollo pol\u00edtico que nos ten\u00eda desazonados genera una alegr\u00eda tan pura y profunda como el amor y mucho m\u00e1s intensa que el sexo, la comida o el juego. En cuanto a \u201cser amables\u201d tambi\u00e9n es cada vez m\u00e1s dif\u00edcil en un planeta en el que el propio cinismo desprestigia la amabilidad como signo de irrealismo o de debilidad. En todo caso, \u00bfqu\u00e9 tienen en com\u00fan estos \u201cplaceres\u201d? Que tanto comprender como ser amables son pr\u00e1cticas que requieren atenci\u00f3n; y la atenci\u00f3n es lo primero que se pierde en situaciones de guerra, pero tambi\u00e9n en el marco de una sociedad global que, ni en el terreno laboral ni en el informativo ni en el recreativo, permite detenerse a mirar. Creo que no somos capaces de medir las consecuencias civilizacionales de esta cat\u00e1strofe. Estos placeres de la atenci\u00f3n \u2013uno por la v\u00eda del pensamiento, el otro por la del afecto\u2013 son inseparables del reconocimiento de la existencia del mundo. O, lo que es lo mismo, de su fragilidad radical. Lo que comprendo cada vez que comprendo algo es que el mundo, a punto de desvanecerse, hay que sostenerlo con el pensamiento y con las manos. Lo mismo ocurre con la amabilidad: cada vez que digo \u201cgracias\u201d, que cedo el paso, que me muestro cari\u00f1oso o complaciente, que me detengo y dedico un minuto, arrancado al tiempo veloc\u00edsimo de la digesti\u00f3n, a interesarme por mi vecino, estoy conociendo la fragilidad de los otros y declarando en voz alta la m\u00eda propia. En el revolc\u00f3n de la crisis, lo mismo en Madrid que en Sidney, lo mismo en Damasco que en Nueva York, lo mismo en los c\u00edrculos empresariales que en los militantes, una declaraci\u00f3n de fragilidad es ya una invitaci\u00f3n al desprecio y la agresi\u00f3n. En las grandes ciudades europeas, lo he dicho otras veces, \u201camables\u201d ya s\u00f3lo lo son los que tienen algo que ocultar o algo que temer: los inmigrantes y refugiados, cuya misma cortes\u00eda los pone a merced de todos los golpes y todos los abusos.<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u201cComprender\u201d y \u201cser amables\u201d, pr\u00e1cticas gemelas y hasta siamesas, son verbos dotados hoy de un valor casi \u201crevolucionario\u201d. Nada se parece tanto a una declaraci\u00f3n de derrota como la renuncia al pensamiento y a la amabilidad. Renunciar a comprender el mundo, renunciar a ser amables con el otro, significa sustituir la banalidad del bien y sus curativos efectos inconmensurables por la banalidad del mal y su eficac\u00edsima contabilidad mortal. Llegados a ese punto, cuando hemos descartado o rechazado la tercera forma de inocencia (la que implica el compromiso de \u201cno hacer da\u00f1o\u201d), la salvaci\u00f3n queda en manos de esos pocos ingenuos heroicos que, como el \u00e1ngel-ni\u00f1o de San Agust\u00edn, siguen repitiendo, en medio de las ruinas, el mismo gesto reparador. <\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">(Este art\u00edculo fue originalmente publicado el pasado 17 de junio en el peri\u00f3dico digital en lengua \u00e1rabe aljumhuriya.net, fundado en el a\u00f1o 2012 por intelectuales y acad\u00e9micos sirios. Agradezco a su jefe de redacci\u00f3n, Yassin Swehat, su elegante, precisa y brillante traducci\u00f3n)\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"ox-604ef35d77-MsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>* Santiago Alba Rico<\/strong>, es fil\u00f3sofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos d\u00e9cadas en T\u00fanez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. Sus \u00faltimos dos libros son \u00ab<em>Ser o no ser (un cuerpo)<\/em>\u00ab, editorial Seix Barral, 2017.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Renunciar a comprender el mundo, renunciar a ser amables con el otro, significa sustituir la banalidad del bien y sus curativos efectos inconmensurables por la banalidad del mal y su eficac\u00edsima contabilidad mortal.<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":19175,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","_crdt_document":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[],"tags":[703606605,703606602,703606606,6992,703605872,703605151,374,703606601,703606603,703606600,703605080,703606599,703606604,273938],"class_list":{"0":"post-19171","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","6":"hentry","7":"tag-comprender","8":"tag-la-banalidad-del-bien","9":"tag-ser-amables","10":"tag-debates","11":"tag-derechos-humanos","12":"tag-gaza","13":"tag-ideas","14":"tag-ingenuidad","15":"tag-inocencia","16":"tag-islam","17":"tag-israel","18":"tag-religiones","19":"tag-sade","20":"tag-socrates","22":"fallback-thumbnail"},"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/Debates2706-3248131369-1624808035669.jpg?fit=3889%2C2160&ssl=1","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-4Zd","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19171","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=19171"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19171\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19178,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19171\/revisions\/19178"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/19175"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=19171"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=19171"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=19171"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}