{"id":17976,"date":"2021-04-07T23:28:35","date_gmt":"2021-04-07T21:28:35","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=17976"},"modified":"2021-04-08T20:03:49","modified_gmt":"2021-04-08T18:03:49","slug":"cultura-economia-afectiva-de-los-objetos-indeterminados-y-estetica-de-la-baratija-victor-del-rio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=17976","title":{"rendered":"Fetichismo &#8211; Econom\u00eda afectiva de los objetos indeterminados y est\u00e9tica de la baratija. [V\u00edctor del R\u00edo]"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000000;\"><strong><a href=\"https:\/\/vientosur.info\/\">Viento Sur<\/a>, 7-4-2021 <\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><strong><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 7-4-2021<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">De todos los objetos que poseemos, hay algunos que ocupan un lugar destacado en el reino de lo in\u00fatil. Entre esos enseres que nos acompa\u00f1an en las mudanzas hay algunos que no tienen un uso espec\u00edfico y que conservamos, sin embargo, por alguna atracci\u00f3n t\u00e1ctil que nos invita a tocarlos de vez en cuando. Sobreviven a los intentos siempre incompletos de zafarnos de lo superfluo, porque estas peque\u00f1as cosas tienen la facultad de situarse en alg\u00fan lugar ventajoso en el orden de nuestras preferencias, como si en su forma hubiera alg\u00fan asidero para la memoria, o como si las necesit\u00e1ramos afectivamente. La dimensi\u00f3n t\u00e1ctil y la contemplativa est\u00e1n arraigadas e interconectadas en ellas y remiten a una p\u00e9rdida de su funci\u00f3n o a su completo alejamiento de la aplicaci\u00f3n cotidiana. Se trata de objetos que ni siquiera tienen una utilidad propiamente decorativa, son pobladores de los escritorios y de las estanter\u00edas, esperan en lugares que les hemos asignado para que no estorben demasiado, pero tambi\u00e9n para mantenerlos al alcance de la mano con relativa facilidad: piezas desprendidas de alg\u00fan artefacto al que ya no sirven, pisapapeles cuya verdadera utilidad siempre fue dudosa, suvenires desfasados, juguetes antiguos, navajas rescatadas del pasado de alg\u00fan familiar, mu\u00f1ecos de la industria de la animaci\u00f3n, piedras con formas curiosas, figurillas de animales, conocidos personajes de peluche, art\u00edculos kitsch&#8230;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pueden tener alg\u00fan significado para nosotros o ser adquisiciones extempor\u00e1neas de mercadillo, pueden ser incluso productos de merchandising, pero el papel de esas cosas es el de activar un ensimismamiento de quien los conserva. Remiten a una intimidad de pensamientos m\u00e1s o menos err\u00e1ticos, son m\u00e9diums que desvelan recuerdos a trav\u00e9s de sus formas y sus texturas, pero no porque ellos mismos sean protagonistas de esos recuerdos, sino porque act\u00faan como una invitaci\u00f3n interior y porque est\u00e1n claramente fuera de lugar. En ese poder meditativo hay algo est\u00e9tico, en parte derivado de la desactivaci\u00f3n de sus funciones anteriores, si es que en alg\u00fan momento las tuvieron; pero, ante todo, ocupan el lugar indeterminado de las cosas recontextualizadas, extra\u00eddas de su origen, desarraigadas. Esa diversidad de procedencias, formas o materiales que pueden constituirlas, y la coincidencia de ocupar ese lugar sin una funci\u00f3n clara es lo que apunta a esa indeterminaci\u00f3n que ser\u00eda, a fin de cuentas, de orden est\u00e9tico. Su procedencia no siempre es tan relevante como para que puedan ser considerados trofeos arrebatados a la p\u00e9rdida. El manoseo al que son sometidos hace que liberen significados privados, pero el v\u00ednculo con los motivos de su adquisici\u00f3n se ha debilitado y han pasado ahora a un limbo sobre el que su propia materialidad es prioritaria como cauce de la divagaci\u00f3n. Est\u00e1n ah\u00ed, esperando un nuevo encuentro que tal vez no tenga lugar hasta dentro de unos meses. Mientras tanto, su peque\u00f1a irradiaci\u00f3n tot\u00e9mica sabr\u00e1 esperarnos y encontrar el momento para que volvamos a tocarlos sin raz\u00f3n aparente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Las numerosas variantes que podr\u00edan adoptar estas presencias objetuales, por as\u00ed llamarlas, inducir\u00edan al error de creer que son parte de una colecci\u00f3n en potencia. Una misma persona puede tener a su alrededor, orbitando, un buen n\u00famero de estos objetos, pero aquellos a los que me refiero no responder\u00edan a un reclamo amparado por criterios clasificatorios. No necesitan siquiera una carga sem\u00e1ntica considerable y su iconograf\u00eda podr\u00eda ser arbitraria. Aun as\u00ed, sin duda, establecen un parentesco con los objetos de colecci\u00f3n en la medida en que estos tambi\u00e9n se mantienen petrificados en esa confiscaci\u00f3n que los extrae de la calle, del afuera, de lo que no es nuestro, y son portadores de un valor estrictamente privado en tanto que preservaci\u00f3n de un deseo indeterminado. A veces estos objetos muestran un enlace con significantes relacionados con la actividad que sus due\u00f1os desarrollan. Ser\u00eda el caso, por ejemplo, del conjunto de figurillas que Sigmund Freud ten\u00eda en su escritorio. Sabemos por Paula Fichtl, el ama de llaves que acompa\u00f1\u00f3 a la familia durante tantos a\u00f1os, que Freud sol\u00eda acariciar con una especial frecuencia una figurilla de m\u00e1rmol del dios Thoth en su forma de babuino. Podemos imaginar al doctor repasando con el pulgar la cabeza de aquel mono de m\u00e1rmol. En ese momento, con toda seguridad, el objeto ejerc\u00eda esa funci\u00f3n aprehensiva por la que el tacto parece servir de anclaje material a la especulaci\u00f3n.<img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17987\" data-permalink=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?attachment_id=17987\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Cultura704-II.jpg?fit=627%2C376&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"627,376\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Cultura704 II\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Cultura704-II.jpg?fit=627%2C376&amp;ssl=1\" class=\" size-full wp-image-17987 aligncenter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Cultura704-II.jpg?resize=627%2C376&#038;ssl=1\" alt=\"Cultura704 II\" width=\"627\" height=\"376\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Cultura704-II.jpg?w=627&amp;ssl=1 627w, https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Cultura704-II.jpg?resize=300%2C180&amp;ssl=1 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">En el intento de congelar el h\u00e1bitat de una persona ilustre, las casas museo desvelan a veces estas constelaciones objetuales bastante reveladoras. Sin embargo, ese tipo de instituciones, creadas para sostener la fantas\u00eda de que en ellas participamos de la intimidad de personajes hist\u00f3ricos, tiende a conceder un valor art\u00edstico a lo que tuvo en realidad otra funci\u00f3n o a lo que simplemente no tiene demasiada importancia. La colecci\u00f3n de estatuillas de Freud es mucho menos interesante como conjunto art\u00edstico que como constelaci\u00f3n de objetos en relaci\u00f3n al interior dom\u00e9stico o a la condici\u00f3n ambigua de objetos indeterminados. El v\u00ednculo secreto con su propietario no podr\u00eda desentra\u00f1arse ni siquiera interrogando psicoanal\u00edticamente los rastros dejados en la casa museo de Londres, pero permite entender una pr\u00e1ctica de aprehensiones objetuales relacionadas con aspectos m\u00e1s sensoriales y t\u00e1ctiles que aleg\u00f3ricos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Podr\u00eda resultar obvio sugerir que existe un substrato com\u00fan entre el psicoan\u00e1lisis y la arqueolog\u00eda, una arqueolog\u00eda de la que aquellas piezas, algunas de ellas no exentas de cierto valor, act\u00faan como vestigios. Psicoan\u00e1lisis y arqueolog\u00eda parecen as\u00ed trabajos afines que las figuritas ilustran bajo el rastro obtuso de haber sido toqueteadas por su propietario. Sin embargo, en su materialidad, en su iconograf\u00eda y en sus significados originarios habr\u00eda algo de irreductible que tendr\u00eda mucho m\u00e1s que ver con esa indeterminaci\u00f3n de las presencias objetuales de la que aqu\u00ed hablamos. Su alineaci\u00f3n sobre la mesa, mirando a quien se sienta a trabajar en ella, su tama\u00f1o vagamente regular a escala de la mano humana y su aire de elecci\u00f3n caprichosa las convierten en una marca casi territorial. El espacio que delimitan para ese di\u00e1logo silencioso con el doctor Freud es compartido por otros muchos objetos decorativos ubicados en la misma estancia, y, c\u00f3mo no, por el c\u00e9lebre div\u00e1n cubierto con un tapiz en el que se recostaron aquellos pacientes transfigurados en personajes de los relatos cl\u00ednicos. Dora, Catalina, Miss Lucy, el hombre lobo, el hombre de las ratas\u2026, todos ellos visitaban aquella estancia decorada con el calculado equilibrio entre el despacho donde se desarrolla un trabajo intelectual y el recibidor de un domicilio particular. Esa hospitalidad de la pr\u00e1ctica psicoanal\u00edtica, por otro lado estudiada en distintos contextos acad\u00e9micos y explicada en los anales de la disciplina, instaura un espacio reflexivo y transitivo al mismo tiempo. Es decir, sirve para pensar sobre los m\u00e9todos y las formas del an\u00e1lisis y se aplica de facto en cada sesi\u00f3n sobre sujetos cuyos relatos se vierten en el interior profuso y acolchado por los tapices. Esta hospitalidad del lugar de trabajo del psiquiatra, esta indistinci\u00f3n entre la casa y el estudio, entre el hogar y la consulta, es en parte fruto de algo muy distinto de la evocaci\u00f3n arqueol\u00f3gica y m\u00edtica del psicoan\u00e1lisis. Es en realidad la configuraci\u00f3n de un entorno dotado de la econom\u00eda afectiva del interior burgu\u00e9s. Y es que el psicoan\u00e1lisis consagraba cl\u00ednicamente la narrativa de ese yo atribulado y tr\u00e1gico, protagonista de aquellos s\u00edndromes y complejos nombrados como los personajes de la mitolog\u00eda cl\u00e1sica. Esa relaci\u00f3n con lo m\u00edtico y con la pulsi\u00f3n de una narratividad autocontemplativa, celebrada como m\u00e9todo de cura, podr\u00eda articular tambi\u00e9n toda una teor\u00eda de la novela rastreable en la transici\u00f3n entre el siglo XIX y el XX. Podr\u00eda vincularse, en definitiva, con una autoconciencia tr\u00e1gica de la discontinuidad del yo y podr\u00eda explicar de paso, si apuramos la hip\u00f3tesis, por qu\u00e9 un materialista dial\u00e9ctico como Theodor L. W. Adorno no perd\u00eda ocasi\u00f3n para repartir puyas tanto al psicoan\u00e1lisis como a Marcel Proust, ejemplos ambos de una exhibici\u00f3n de esa subjetividad burguesa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pero si regresamos al problema de los objetos como detonadores autocontemplativos, y en particular a ese tipo de elementos indeterminados, podr\u00edamos quiz\u00e1 preguntarnos: \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n podemos establecer entre esos objetos y las diversas teor\u00edas en torno a la mercanc\u00eda? \u00bfSon alg\u00fan tipo de variante an\u00f3mala del fetiche? \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n podemos establecer entre esos objetos y las diversas teor\u00edas en torno a la mercanc\u00eda?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">En los albores de la edad moderna los se\u00f1ores feudales comenzaron a adquirir mercanc\u00edas ex\u00f3ticas procedentes de los burgos. Dejaron quiz\u00e1 de despreciar las cosas labradas en materiales nobles como obsequios para mujeres, y quisieron quedarse algunas de esas cursiler\u00edas para ellos. No siempre conoc\u00edan su origen o su verdadera funci\u00f3n, tal vez eran cosas tra\u00eddas de regiones remotas. Simplemente eran adquiridas por capricho. Ya no eran los trofeos de la guerra, partes amojamadas del cuerpo de los enemigos o huesos reconocibles que colgaban de sus atuendos; eran otro tipo de objetos que reten\u00edan el acabado minucioso que solo los buenos artesanos pueden imprimir a cualquier mercanc\u00eda. Aquellas cosas ser\u00edan ejemplo del papel que tienen en nuestra econom\u00eda afectiva los objetos, as\u00ed como del irresistible encanto de la mercanc\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de la cobertura de una necesidad. Este fen\u00f3meno de inter\u00e9s por lo que carece de funci\u00f3n aparente, estar\u00eda en la base de un suplemento de valor incorporado al halo de los \u00fatiles que configuran nuestro mundo, y es llamativo que se reconozca desde muy pronto como un fen\u00f3meno inscrito hist\u00f3ricamente en la matriz de un sistema econ\u00f3mico incipiente que modifica los comportamientos violentos o el mero ejercicio de la depredaci\u00f3n entre los humanos. En un pasaje penetrante de La riqueza de las naciones (1776), Adam Smith explica c\u00f3mo los se\u00f1ores feudales adquir\u00edan esas baratijas como esquirlas de un lujo incipiente. En ello encuentra el germen de un viraje del instinto de dominaci\u00f3n en el entorno tendencialmente violento de la Edad Media. De hecho, en la teor\u00eda econ\u00f3mica de Smith, el comercio, que se basar\u00eda en gran medida en esta nueva irisaci\u00f3n de los valores materiales a trav\u00e9s de los suplementos del valor en las calidades y la manufactura, representar\u00eda un factor civilizatorio. La idea es m\u00e1s tarde analizada como una parte de la filosof\u00eda legitimadora del capitalismo en la obra cl\u00e1sica de Albert Hirschman Las pasiones y los intereses. Argumentos pol\u00edticos en favor del capitalismo previos a su triunfo (1977), en un ensayo que, al margen de posibles objeciones hist\u00f3ricas o argumentales, es una magn\u00edfica acumulaci\u00f3n de hip\u00f3tesis bien enlazadas y sostenidas por una prosa convincente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pero lo revelador de este origen del objeto artesanal es que al mismo tiempo sirvi\u00f3 para entender el mecanismo de seducci\u00f3n de la mercanc\u00eda como suplemento en la funci\u00f3n o la utilidad inmediata. Sugiri\u00f3, de hecho, el \u00edntimo n\u00facleo est\u00e9tico con el que opera la estratificaci\u00f3n social de las distinciones de estatus y el ribete de impostura que adornar\u00eda desde muy pronto toda forma de privilegio y las consiguientes expectativas generadas a su alrededor. Por ello, lo est\u00e9tico y lo econ\u00f3mico quedaban anudados desde el origen. La idea que subyace a la cuesti\u00f3n de la econom\u00eda afectiva de los objetos, por tanto, es que al capricho de la forma le corresponde un capricho de posesi\u00f3n. Es decir, que las formas caprichosas que adopta la mercanc\u00eda, variadas, alternantes, ex\u00f3ticas\u2026, suscitan una arbitrariedad de las voluntades que se traduce en el instinto de posesi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El fetichismo de la mercanc\u00eda, y por extensi\u00f3n del dinero, tan decisivo como modelo te\u00f3rico en la herencia del marxismo sobre los modos de pensar el problema del deseo en la cultura de consumo, permite una serie de extrapolaciones antropol\u00f3gicas. Est\u00e1 arraigado en aquella constataci\u00f3n que anticipaba Adam Smith, anterior a la paradoja por la que, en nuestro sistema econ\u00f3mico, otorgamos m\u00e1s valor a los objetos suntuarios que a los de primera necesidad, enunciada en su obra m\u00e1s influyente para la econom\u00eda pol\u00edtica. La cuesti\u00f3n se remontar\u00eda entonces a esta otra reflexi\u00f3n sobre las baratijas que se describe en Teor\u00eda de los sentimientos morales (1759), antes que en La riqueza de las naciones (1776). En el tratado de 1759, el balance sobre los valores morales en relaci\u00f3n a la riqueza o el \u00e9xito, Adam Smith tiene muy presente, ya sea como met\u00e1fora o como t\u00e9rmino recurrente, esas baratijas en las que se transforman todas las riquezas al llegar el final de la vida. En su cap\u00edtulo \u201cDe la belleza que la apariencia de utilidad confiere a todas las producciones art\u00edsticas, y de la generalizada influencia de esta especie de belleza\u201d, el trasfondo est\u00e9tico de este v\u00ednculo con la moral se hace patente en sinton\u00eda con otros tratadistas europeos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El enfoque antropol\u00f3gico de la mercanc\u00eda concuerda, en efecto, con la orientaci\u00f3n y los discursos subyacentes de los principales tratados de la est\u00e9tica del siglo XVIII, incluida la Cr\u00edtica del juicio (1790), lo que fundar\u00eda un v\u00ednculo a\u00fan no muy desarrollado, ni siquiera en el plano historiogr\u00e1fico, entre las disciplinas filos\u00f3ficas de la est\u00e9tica y la teor\u00eda econ\u00f3mica del siglo XVIII, as\u00ed como entre las implicaciones del comercio en rasgos inmanentes del comportamiento humano tras el triunfo de las sociedades burguesas. En ello radicar\u00eda, tal vez, esa econom\u00eda afectiva de los objetos y la indisociable sensualidad de las mercanc\u00edas, pero sobre la base antropol\u00f3gica que la convierte en un comportamiento consustancial al intercambio econ\u00f3mico, anterior incluso a la estructura psicosocial del capitalismo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Si retornamos ahora a la empresa m\u00e1s modesta de interrogar a esos objetos extra\u00f1os que pueblan escritorios y estanter\u00edas, podr\u00edamos pensar que estamos ante un fen\u00f3meno distinto del m\u00e1s generalizado y complejo fetichismo de la mercanc\u00eda. Estas presencias objetuales no son propiamente dispositivos de ostentaci\u00f3n, no se rigen siquiera por el mecanismo de ocultaci\u00f3n de sus condiciones y agentes productores, a veces son estos mismos aspectos los que las hacen persistir entre nosotros. Tal vez habr\u00eda en ellas incluso un v\u00ednculo con cierta autoconciencia sobre esa extra\u00f1a arbitrariedad de la posesi\u00f3n, como si fueran restos del naufragio del fetiche, como si quedaran despu\u00e9s de darnos cuenta de la p\u00e9rdida potencial de todo o casi todo lo que tenemos, como si realmente esa preferencia que acaba por salvarlas de las mudanzas y limpiezas generales del interior dom\u00e9stico fuera el deseo de sobrevivir del objeto, o nuestro deseo por sobrevivirnos a trav\u00e9s de humildes y secretas pertenencias.<img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17985\" data-permalink=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?attachment_id=17985\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Copas2-3447931843-1617831097100.jpg?fit=805%2C446&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"805,446\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Copas2\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Copas2-3447931843-1617831097100.jpg?fit=656%2C363&amp;ssl=1\" class=\"  wp-image-17985 aligncenter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Copas2-3447931843-1617831097100.jpg?resize=656%2C362&#038;ssl=1\" alt=\"Copas2\" width=\"656\" height=\"362\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Copas2-3447931843-1617831097100.jpg?w=805&amp;ssl=1 805w, https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Copas2-3447931843-1617831097100.jpg?resize=300%2C166&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Copas2-3447931843-1617831097100.jpg?resize=768%2C426&amp;ssl=1 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 656px) 100vw, 656px\" \/><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El repertorio de alusiones a esta dimensi\u00f3n afectiva de los objetos puede llevarnos a repasar la historia del arte, desde los trasfondos de los retratos de Holbein, guarnecidos por una constelaci\u00f3n de cosas que representan los atributos profesionales del personaje, hasta las inagotables eleg\u00edas dedicadas a cosas nimias, implosivas y melanc\u00f3licas detonantes de infinitas meditaciones. Pero de todas esas posibles habr\u00eda una ilustraci\u00f3n cinematogr\u00e1fica bastante clara en el intento de dotar de una proyecci\u00f3n aleg\u00f3rica al sentido obtuso de la posesi\u00f3n a trav\u00e9s de una metonimia objetual. Me refiero a la escena con la que comienza Ciudadano Kane (1941), en la que un domo de nieve rueda desde la mano del magnate, protagonista de la pel\u00edcula, para romperse a los pies de la cama en el momento mismo de su muerte. En esa exhalaci\u00f3n final el personaje pronuncia la palabra Rosebud, que ser\u00e1 el secreto biogr\u00e1fico que sirve de hilo narrativo para toda la historia, y que, para concluir, y quiz\u00e1 de un modo un tanto decepcionante, remite a la infancia perdida. En este caso, la bola de cristal que contiene la miniatura sobre la que cae la nieve en suspensi\u00f3n almacenada en el objeto, ser\u00eda un perfecto elemento kitsch recargado de condensaci\u00f3n autobiogr\u00e1fica en la que descansa el misterio de la pel\u00edcula. Sin embargo, en este caso, la presencia objetual, la pertenencia escogida de entre las desaforadas posesiones del hombre inmensamente rico, es solo una alegor\u00eda sobre la futilidad de las riquezas que, desde el punto de vista del argumento de la pel\u00edcula, podr\u00eda rayar la banalidad. Indudablemente, Orson Welles consigue imprimir otras tensiones y calidades a la narraci\u00f3n cinematogr\u00e1fica, pero su elecci\u00f3n del objeto indeterminado en este caso tiene una funci\u00f3n metaf\u00f3rica que solo sirve a la circularidad del relato. Si bien ilustra reveladoramente la importancia de ese tipo de objetos, no es como tal una de esas presencias objetuales si se piensa que la mayor parte de ellas tiene en la vida real una cierta distancia respecto a recuerdos tan espec\u00edficos y sentimentales. Por el contrario, forman parte de una anomal\u00eda del v\u00ednculo con la mercanc\u00eda. Podr\u00edamos pensar que inciden m\u00e1s bien en una obtenci\u00f3n azarosa, pr\u00f3xima a la indeterminaci\u00f3n de orden est\u00e9tico de la que venimos hablando.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El caso de Ciudadano Kane es ejemplo del obvio contraste entre las riquezas extravagantes que adquiere el magnate y la humildad del recuerdo en forma de domo de nieve. Esta dial\u00e9ctica entre la joya y la baratija, entre lo inasequiblemente precioso y lo que carece de valor material, establecer\u00eda un c\u00edrculo de identificaciones y un juego de sustituciones en el que podemos reconocer mecanismos como la falsificaci\u00f3n de las mercanc\u00edas de lujo. En esta adecuaci\u00f3n al capital simb\u00f3lico de las marcas o al producto exclusivo se produce una transmutaci\u00f3n que redunda en una devaluaci\u00f3n afectiva respecto al instinto de posesi\u00f3n. Este parece conformarse entonces con la apariencia externa en una especie de autoconciencia de la relatividad del valor de lo material. El tema aparece como t\u00f3pico en toda la tradici\u00f3n moralista, y es registrado tambi\u00e9n por Adam Smith en su particular est\u00e9tica de la mercanc\u00eda, al describir la vanidad de los empe\u00f1os de mejora social como fuente de frustraciones. La dial\u00e9ctica circular entre la joya y la baratija no solo activa las vanitas que reconocemos en una parte significativa de las representaciones pict\u00f3ricas contrarreformistas, sino que genera esos \u00e1mbitos marginales de relaci\u00f3n con los objetos de consumo que transmutan lo caro en lo barato. Esta transferencia, perfectamente reconocible en la convocatoria peri\u00f3dica de las rebajas y en la admiraci\u00f3n por las buenas imitaciones de las mercanc\u00edas de lujo, a su vez basadas en un mercado paralelo que establece su propia jerarqu\u00eda en la calidad, se denota tambi\u00e9n en la marginalidad por la que los objetos indeterminados son puestos en valor en el universo privado. Nos gustan esos chismes porque son baratos, cutres, fueron obtenidos gratis o se devaluaron en alg\u00fan momento. Si los situamos en esos lugares preventivos, si se mantienen a nuestro lado, es casi porque son el resultado de un rescate.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Las marcas populares de ropa y complementos visten a la gente humilde con atributos con los que representar alg\u00fan arquetipo de lo masculino o de lo femenino, con letras de campus universitario norteamericano en las chaquetas bomber, pin ups estampadas en camisetas, lemas de alg\u00fan escuadr\u00f3n de marines, estampas vintage de la publicidad de refrescos, mensajes en ingl\u00e9s venidos de otros tiempos como complicidades obtusas que ni los portadores de esas prendas alcanzan a entender\u2026 Algunos de los trabajos del dise\u00f1o de juguetes y disfraces se basan en la creaci\u00f3n de variantes de los personajes de la tele para sortear el pago de derechos. Para este dise\u00f1o pirata la tarea consiste en crear personajes de manera que sean reconocibles y al mismo tiempo eludan los rasgos patentados por la marca comercial a partir de peque\u00f1as variaciones. El resultado es un personaje al mismo tiempo falso y reconocible en su original. Un hermano o un primo alterado de Bob Esponja, o del Chewaka de Star Wars. Se realizan as\u00ed disfraces para los que se proyecta el patronaje, se eligen los tejidos intentando que sean los m\u00e1s baratos para que los corten y los monten en China. Luego son enviados a Manresa ya cosidos y son probados para ver si dan el pego. Tambi\u00e9n para comprobar que est\u00e1n bien ensamblados. El esfuerzo de ingenio para establecer esa imitaci\u00f3n autoconsciente cuenta con una complicidad global sobre la importancia relativa de la autenticidad de las mercanc\u00edas. En este caso, por tanto, la mercanc\u00eda presenta una doble falsedad, porque no solo usurpa la forma del original, como har\u00eda una imitaci\u00f3n, sino que adem\u00e1s la pervierte transform\u00e1ndola en un juego casi par\u00f3dico de correlaciones o comparaciones entre el aut\u00e9ntico y su copia. El resultado es un producto an\u00f3malo que se conforma con ese parentesco lejano y que opera en el plano de la derivaci\u00f3n de rasgos peculiares y a su vez arbitrarios en la figura original.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La industria china, como potencia disruptora del capitalismo occidental, ha creado algunos de los artefactos m\u00e1s insospechados de la mercader\u00eda de baratijas. Peque\u00f1os h\u00edbridos monstruosos de doble uso que parecen tener alguna aplicaci\u00f3n indescifrable para personas ajenas al c\u00edrculo m\u00e1s cercano de los fabricantes. El encanto de estas idioteces no es ya propiamente kitsch, sino parte de otro circuito marginal que encontramos en una suerte de bazar de lo bizarro. La alusi\u00f3n a series casi olvidadas de la televisi\u00f3n o la recuperaci\u00f3n de los imaginarios otaku para un nuevo universo de la mercanc\u00eda permiten una transferencia entre la nueva baratija de los supermercados chinos y el hallazgo m\u00e1s sofisticado de las tiendas seudofrikis. El frikismo en su marginalidad se integra entonces en un mercado de emulaci\u00f3n de los objetos indeterminados en un claro intento por copar ese v\u00ednculo con las cosas excedentarias que nos empe\u00f1amos en conservar sin motivo aparente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>* V\u00edctor del R\u00edo<\/strong> es profesor titular de Teor\u00eda del Arte en la Universidad de Salamanca. Ha publicado recientemente La memoria de la fotograf\u00eda. Historia, documento y ficci\u00f3n (C\u00e1tedra, 2021)<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De todos los objetos que poseemos, hay algunos que ocupan un lugar destacado en el reino de lo in\u00fatil. 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