{"id":1758,"date":"2017-04-02T16:50:32","date_gmt":"2017-04-02T16:50:32","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=1758"},"modified":"2017-04-02T16:50:32","modified_gmt":"2017-04-02T16:50:32","slug":"colombia-la-paz-atascada-en-el-barro-desde-los-campamentos-de-las-farc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=1758","title":{"rendered":"Colombia &#8211; La paz atascada en el barro: desde los campamentos de las FARC"},"content":{"rendered":"<p><strong>Colombia<\/strong><\/p>\n<p><strong>El proceso de paz, desde los campamentos de las FARC<\/strong><\/p>\n<p><strong>Colombia, la paz atascada en el barro <\/strong><\/p>\n<p><strong>Dos meses despu\u00e9s de que los miembros de las FARC abandonaran la selva para empezar su transici\u00f3n a la vida civil y pol\u00edtica, el Gobierno no est\u00e1 cumpliendo lo pactado. Cientos de guerrilleros viven en caba\u00f1as improvisadas sin agua corriente, expuestos al barro y la lluvia y desconf\u00edan de que las infraestructuras prometidas lleguen alg\u00fan d\u00eda. El retraso en la aplicaci\u00f3n de los acuerdos de La Habana, denuncian, es generalizado. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Jairo Vargas, Iconozo\/Popay\u00e1n\/Bogot\u00e1<\/strong><\/p>\n<p><strong>P\u00fablico, 11-3-2017 \u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.publico.es\/\">http:\/\/www.publico.es\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Aunque es temprano y hace fr\u00edo en la cordillera central colombiana, G\u00fc\u00e9rima Maheche se afana en su higiene. Un pil\u00f3n de agua turbia le sirve para afeitarse cabeza y barba y para cepillarse los dientes. Lleva haci\u00e9ndolo as\u00ed 22 a\u00f1os, desde que ten\u00eda 15. Toda una vida con el rifle a cuestas, aunque ahora puede colgarlo. Es uno de los 7.000 guerrilleros de las FARC que ha salido de la selva para concentrarse en una de las 26 zonas veredales donde los insurgentes esperan a ser considerados ciudadanos de pleno derecho.<\/p>\n<p>G\u00fc\u00e9rima deja la guerra sin ning\u00fan miedo y sin cansancio, \u201cporque, cuando uno hace las cosas por amor, no se cansa. Hay que dejar las armas porque para eso hemos luchado tanto tiempo, para utilizar la palabra\u201d, apunta. Su vida civil se la imagina similar a la actual, trabajando desde la pol\u00edtica y junto a las comunidades abandonadas por el Estado para mejorar la calidad de vida de los suyos, explica. Le acompa\u00f1a H\u00e9ctor Estiven, su hijo de 12 a\u00f1os, al que hac\u00eda cuatro que no ve\u00eda. En la vereda de La Fila, en la regi\u00f3n de Tolima, centro del pa\u00eds, no hay bombardeos ni disparos ni explosiones de minas. Todo eso qued\u00f3 atr\u00e1s el 26 de septiembre del pasado a\u00f1o, cuando las FARC y el Gobierno colombiano pusieron fin a una guerra que ha durado 52 a\u00f1os, la m\u00e1s larga de Am\u00e9rica Latina. H\u00e9ctor Estiven puede visitar a su padre sin temor, aunque le toque ducharse con agua fr\u00eda en medio de la monta\u00f1a. Parece contento, aunque se queje cada vez que G\u00fc\u00e9rima le vierte una cacerola helada encima. Son las alegr\u00edas que trae la paz, pero todas las partes insisten en que \u00e9sta no se firma, se construye. Y en esas est\u00e1n, aunque el proceso es mucho m\u00e1s lento que el jurado del Premio Nobel, que ya ha otorgado el galard\u00f3n al presidente Juan Manuel Santos.<\/p>\n<p>Basta con subir un kil\u00f3metro desde la feliz escena del ba\u00f1o para comprobar que el Gobierno no est\u00e1 cumpliendo lo pactado. All\u00ed no hay nada salvo un inmenso claro entre \u00e1rboles que, cuando llueve, se convierte en una ci\u00e9naga; y la lluvia es frecuente en las monta\u00f1as de Tolima. Gracias a ella pueden cocinar, lavar la ropa y los platos, porque a\u00fan no tienen agua corriente, ni duchas. Ni siquiera un retrete. Cada paso sin resbalar ya es una victoria, m\u00e1s a\u00fan si se carga con varios kilos de arroz o con tu propio hijo de pocos meses. No era lo que esperaban cuando hace dos meses avanzaban en columnas desde la jungla a los puntos de transici\u00f3n para no volver a pegar un tiro.<\/p>\n<p>\u201cEstamos empe\u00f1ados en la paz, aunque ahora intenten desmoralizarnos. No nos vencieron, no hemos perdido la guerra, tuvieron que sentarse a negociar\u201d, recuerda Carlos Alberto, al mando de la tropa desmovilizada en La Fila. El tono que emplea es algo m\u00e1s duro que el de algunos de sus colegas que dirigen las otras 25 zonas transitorias en las que los guerrilleros pasan su particular cuarentena de 180 d\u00edas. A este paso, puede que sea m\u00e1s tiempo. Quiz\u00e1s hable as\u00ed porque su vereda es una de las peor acondicionadas por parte del Gobierno. Quiz\u00e1s lo diga porque esa situaci\u00f3n \u2500rodeados de barro y en chozas improvisadas expuestos a todo\u2500 s\u00ed parece una derrota ante los ojos de cualquiera.<\/p>\n<p>All\u00ed, a una hora en coche desde Icononzo, la poblaci\u00f3n m\u00e1s cercana, no hay nada m\u00e1s que barro y peque\u00f1as chozas de pl\u00e1stico y bamb\u00fa que han levantado los propios guerrilleros. La mayor\u00eda son para para dormir, algunas m\u00e1s amplias hacen las veces de peluquer\u00eda, otra es una enfermer\u00eda y otras sirven para apilar sus fusiles de asalto. Ah\u00ed viven como pueden alrededor de 350 personas que no paran de reparar lo que el clima va destruyendo. Tienen 38 enfermos, siete guerrilleras est\u00e1n embarazadas y hay una decena de beb\u00e9s, enumera el comandante. El baby boom posterior a los acuerdos se ha hecho notar. La mayor\u00eda de los guerrilleros entraron a filas a edades tempranas, siendo ni\u00f1os y ni\u00f1as que, en muchos casos, han encontrado en su compa\u00f1ero de armas a su compa\u00f1ero de vida. Hoy son j\u00f3venes que, con la tranquilidad del cese al fuego, han decidido formar una familia. Los hijos de la paz, les llaman ellos.<\/p>\n<p><strong>\u00abPeor que en la selva\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Pero denuncian que la asistencia sanitaria que les prometi\u00f3 Santos, al menos en su campamento, brilla por su ausencia. Las condiciones, dicen varios guerrilleros, son peores que cuando estaban en la selva, donde la vegetaci\u00f3n les proteg\u00eda del viento y la lluvia. No est\u00e1n acostumbrados a la fr\u00eda humedad que dejan las nubes atascadas en la monta\u00f1a, mucho menos cuando contaban con un techo, aunque fuera b\u00e1sico. Sigue operando su medicina de guerra que, aunque no es mala, ahora adolece de escasez de medicamentos. Las veredas no son un buen lugar para dar a luz, y el hospital m\u00e1s cercano est\u00e1 a varias horas de los campamentos, en un viaje lleno de baches y peligros.<\/p>\n<p>\u201cNo hemos peleado 52 a\u00f1os para que ahora nos tiren en cartones, como animales\u201d, se queja el comandante insurgente ante el abandono del Gobierno. Pero ya no hay vuelta atr\u00e1s. La guerrilla est\u00e1 decidida a dejar las armas y convertirse en partido pol\u00edtico. Medio siglo de guerra cansa a cualquiera, y m\u00e1s a\u00fan si los avances en tecnolog\u00eda militar decantaban la balanza del lado del Estado. En mayo tendr\u00e1 lugar la conferencia pol\u00edtica de la que saldr\u00e1 su propuesta para las elecciones de 2018. Aquel abrazo en La Habana entre Juan Manuel Santos y Timochenko, l\u00edder de las FARC, marcaba una senda sin retorno. El camino hacia la paz es ya definitivo, aunque por momentos se atasque en el barro, como los guerrilleros de La Fila.<\/p>\n<p>A\u00fan queda mucho por hacer, como el desarme total o la amnist\u00eda e indultos para muchos guerrilleros presos, que son dos de los aspectos que m\u00e1s preocupan a los medios de comunicaci\u00f3n, a los pol\u00edticos y la poblaci\u00f3n colombiana, sobre todo a la urbana, donde el no al acuerdo arras\u00f3 en el plebiscito. \u201cCumpliremos con la dejaci\u00f3n de armas\u201d, aseguraba a El Tiempo en una entrevista reciente Iv\u00e1n M\u00e1rquez, uno de los m\u00e1ximos l\u00edderes de las FARC. Ning\u00fan guerrillero lo duda, pero lo que est\u00e1 en el aire son los plazos.<\/p>\n<p>Walter Mendoza, comandante del bloque occidental Alfonso Cano de las FARC, afirma que entregar\u00e1n las \u00faltimas armas cuando el Gobierno cumpla su parte del trato. \u201cCuando se construyan las instalaciones, cuando se aplique la ley de amnist\u00eda y de justicia especial para la paz, cuando el \u00faltimo guerrillero preso por delitos pol\u00edticos salga de la c\u00e1rcel y, sobre todo, cuando haya garant\u00edas pol\u00edticas y de seguridad para nosotros\u201d, enumera. Mendoza, que luce gorra del Che Guevara y una camiseta con un lema por la paz, dirige a los desmovilizados en la vereda de La Elvira, en el departamento de Cauca, 700 kil\u00f3metros al suroeste del barrizal de Tolima. Ni siquiera se han colocado a\u00fan los contenedores para depositar las armas que debe verificar la ONU, aunque ya se ha anunciado oficialmente el inicio del desarme.<\/p>\n<p>Fuentes de Naciones Unidas que supervisan el proceso aseguran que \u201clos retrasos en los acuerdos existen\u201d. \u201cLos sufrimos todos, tanto las FARC como el Gobierno y la ONU. Nos cuesta mucho avanzar y tenemos problemas, pero lo que s\u00ed es cierto es que la predisposici\u00f3n a resolver diferencias es total por ambas partes. Discutimos, consensuamos y avanzamos, as\u00ed se resume el d\u00eda a d\u00eda\u201d, explica uno de los observadores de la ONU, que achaca a un excesivo centralismo pol\u00edtico la descoordinaci\u00f3n en los territorios. \u201cEs comprensible, no es una tarea f\u00e1cil poner fin a medio siglo de guerra. Algunos campamentos que s\u00ed est\u00e1n en buenas condiciones\u201d, apunta.<\/p>\n<p><strong>Los guerrilleros temen que el dinero para la paz se pierda en tramas de corrupci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La situaci\u00f3n es algo mejor en esta regi\u00f3n, los insurgentes han podido aprovechar los cobertizos que dej\u00f3 en el lugar una empresa maderera y el campamento, tambi\u00e9n precario y levantado por los guerrilleros, se extiende alrededor de una cancha de f\u00fatbol sala cubierta. Es de las pocas cosas que ha construido el Estado recientemente para las comunidades de la zona. Algunas excavadoras aplanan el suelo y varios obreros de una empresa contratista esparcen los cimientos de alguna de las futuras casas de los guerrilleros. Falta mucho trabajo, teniendo en cuenta que son casi 300 personas y que ya han pasado dos meses desde que los milicianos de las FARC empezaron a llegar a las zonas de transici\u00f3n. Las infraestructuras deber\u00edan haber estado listas etonces, pero no fue as\u00ed. Temen que nunca acaben las obras y, lo que es m\u00e1s grave, que parte del dinero de la paz se pierda en los cajones de la corrupci\u00f3n, otro mal end\u00e9mico del pa\u00eds. \u00abSi nos dieran a nosotros los materiales no nos falta disposici\u00f3n ni conocimientos para construirlo todo nosotros mismos\u00bb, explica Mendoza.<\/p>\n<p>Hasta La Elvira no se llega por casualidad. Hay que subir durante horas por estrechas pistas forestales, rozar precipicios de miles de metros de altura, bordear alguna plantaci\u00f3n de coca y tener la suerte de que el batall\u00f3n del Ej\u00e9rcito que \u201cprotege\u201d el campamento fariano te deje pasar. Tras dos horas de retenci\u00f3n y la bronca pertinente entre un cabo veintea\u00f1ero y el comandante de la guerrilla Francisco Gonz\u00e1lez, alias Pacho Chino, que participa en el Mecanismo Tripartito de Monitoreo y Verificaci\u00f3n del proceso de paz, el viaje contin\u00faa una hora m\u00e1s esquivando motocicletas con hasta cinco personas encima. Un gran cartel con los retratos de los \u201cguerrilleros legendarios\u201d da la bienvenida al campamento. Alrededor del rostro del fundador de las FARC, Manuel Marulanda, alias Tirofijo, se extienden las de Guillermo Le\u00f3n S\u00e1enz, alias Alfonso Cano; V\u00edctor Julio Su\u00e1rez, alias Mono Jojoy, y la de Luis \u00c9dgar Devia Silva, alias Ra\u00fal Reyes, cuyo ordenador sirvi\u00f3 al Gobierno colombiano para tratar de vincular a las FARC con el narcotr\u00e1fico y, en Espa\u00f1a, con ETA.<\/p>\n<p>La confianza en que est\u00e9 todo listo en alg\u00fan momento empieza a decaer, aunque la tropa lo asume con la disciplina militar que les caracteriza. Es el caso de Ad\u00e1n, de 33 a\u00f1os. Entr\u00f3 en la guerrilla a los 14, en la regi\u00f3n del Meta, al sur de la capital. \u201cEstaba pelao, hab\u00eda necesidad y no hab\u00eda muchas oportunidades de prosperar en mi aldea\u201d, explica. La decisi\u00f3n no fue f\u00e1cil y lleg\u00f3 muy forzada por la pobreza y por el miedo. Era la \u00e9poca de los \u201cfalsos positivos\u201d, un eufemismo macabro bajo el que se esconde el asesinato de civiles inocentes que el Ej\u00e9rcito hac\u00eda pasar en sus informes por guerrilleros abatidos en combate. Pod\u00eda tocarle a cualquiera que se cruzara con un batall\u00f3n, porque hab\u00eda compensaci\u00f3n econ\u00f3mica por estas muertes.<\/p>\n<p>Hasta 2015, la Fiscal\u00eda ha investigado m\u00e1s de 3.000 de estos casos, pero la impunidad es el denominador com\u00fan de la inmensa mayor\u00eda. \u201cPara morir y pasar por guerrillero sin serlo, prefer\u00ed serlo directamente\u201d, recuerda. \u201cMi pap\u00e1 estuvo de acuerdo, mi mam\u00e1 llor\u00f3 mucho, pero fue mi decisi\u00f3n y la respetaron\u201d, recuerda el joven. No sostuvo un arma hasta pasados los a\u00f1os. Al principio tuvo que instruirse en lo militar y en lo pol\u00edtico. Lo primero fue aprender a leer. \u201cEra como trabajar en una finca\u201d, detalla.<\/p>\n<p>Pero creci\u00f3 y pas\u00f3 a ser insurgente en el otro extremo del pa\u00eds. \u201cHubo una \u00e9poca muy dura, de combates diarios\u201d, rememora. Ten\u00edamos hasta cuatro frentes abiertos contra nosotros. Los paramilitares por un lado, el Ej\u00e9rcito por otro y tambi\u00e9n los elenos\u201d, que no son griegos, sino guerrilleros del Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n Nacional (ELN), la otra guerrilla que hoy sigue activa en Colombia y se encuentra en di\u00e1logos de paz con el Gobierno. Pero ese tiempo qued\u00f3 atr\u00e1s y, hoy, Ad\u00e1n puede sentarse a charlar con sus compa\u00f1eros o recoger los huevos del gallinero del campamento sin miedo a que un avi\u00f3n le tire encima un racimo de bombas. Conf\u00eda en el proceso de paz, pero sobre todo porque conf\u00eda sus superiores. Le guste o no, har\u00e1 lo que le manden, como siempre ha hecho. No cuestiona ninguna acci\u00f3n de la guerrilla, ni admite errores. Pero entre la tranquilidad del campamento, Ad\u00e1n no baja la guardia, recuerda el \u201cenga\u00f1o\u201d del Gobierno a la guerrilla del M-19, que pas\u00f3 de las armas a la pol\u00edtica en 1990, y vive con \u201ccierto temor\u201d porque est\u00e1 aumentando el n\u00famero de asesinatos a l\u00edderes campesinos, sindicales, ambientalistas y de movimientos sociales. Ellos, los guerrilleros desmovilizados, podr\u00edan ser los siguientes.<\/p>\n<p><strong>Temor a los paramilitares<\/strong><\/p>\n<p>Como no ha llovido, los insurgentes deambulan por la cancha y alrededores, donde varios de ellos representan una obra de teatro con tintes de educaci\u00f3n en igualdad de g\u00e9nero. No hay mucho que hacer all\u00ed m\u00e1s que pasar las horas, charlar en corrillos y esperar al almuerzo. Armas se ven pocas y todos visten de civil. S\u00f3lo en la parte norte del campamento, en el final de la zona, tres guerrilleros armados con fusiles de asalto montan guardia. No se f\u00edan de la protecci\u00f3n del Gobierno y aseguran que las \u00e1reas abandonadas por la guerrilla est\u00e1n siendo copadas por los paramilitares, grupos armados de extrema derecha que extorsionan, matan y se lucran con las plantaciones de coca, marihuana y amapola, pero que para el Gobierno son agua pasada. En Bogot\u00e1, la capital, los ministros prefieren hablar de bandas criminales (Badcrim), pero los campesinos y los propios guerrilleros no ven ninguna diferencia entre \u00e9stas y las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que firmaron su propio proceso de paz en tiempos de \u00c1lvaro Uribe, hace una d\u00e9cada.<\/p>\n<p>Entre la tropa y el alto mando sobrevuela el fantasma de la Uni\u00f3n Patri\u00f3tica (UP), el partido pol\u00edtico que en los a\u00f1os 80 conformaron sectores de varios grupos guerrilleros, entre ellos las FARC, y que fueron literalmente exterminados por el paramilitarismo. Alrededor de 5.000 personas, entre cargos electos y militantes de la UP, fueron asesinadas por las AUC en connivencia con sectores del Ej\u00e9rcito y la Polic\u00eda, seg\u00fan varias condenas. Un exterminio ideol\u00f3gico que, si el Estado no lo evita, podr\u00eda repetirse con el partido de las FARC y sus aliados en la perseguida izquierda colombiana.<\/p>\n<p>\u201cLa transici\u00f3n hacia la paz no tiene sentido si no garantizamos la seguridad de los desmovilizados, sobre todo de los que se van a dedicar a la vida p\u00fablica\u201d, reconoce el viceministro de Defensa, An\u00edbal Fern\u00e1ndez de Soto. Afirma que es \u201cuna prioridad del Gobierno\u201d y pide confianza en un Ejecutivo que ha conseguido lo que ning\u00fan otro ha logrado hasta el momento. Fern\u00e1ndez, al igual que el ministro, niega la mayor en cuanto al paramilitarismo. \u201cSon bandas de crimen organizado, la p\u00e1gina del paramilitarismo ya est\u00e1 pasada en este pa\u00eds\u201d, insiste. No quiere una \u201cguerra de t\u00e9rminos ling\u00fc\u00edsticos\u201d porque es \u201ccierto que este crimen organizado busca ocupar el territorio dejado por las FARC cometiendo cr\u00edmenes, con la extracci\u00f3n minera y con los cultivos ilegales\u201d, expone. Es una \u201cgran preocupaci\u00f3n\u201d para el Gobierno, pero afirma que se est\u00e1n \u201credoblando los esfuerzos\u201d para combatirlos. \u201cEl paramilitarismo del que se habla hoy no es contrainsurgencia, s\u00f3lo tiene af\u00e1n de lucro, no de exterminio pol\u00edtico y, lo que es fundamental, no hay permisividad del Ej\u00e9rcito con sus acciones. Hoy se les combate y se investiga a los militares al m\u00e1s m\u00ednimo indicio de relaci\u00f3n con las bandas criminales\u201d, arguye reconociendo, de paso, la oscura y atroz \u00e9poca del uribismo en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Respecto al estado de los acuerdos, Fern\u00e1ndez de Soto lamenta los retrasos, pero los achaca a la falta de recursos y al esquema de prioridades del Gobierno. \u201cHay que establecer prioridades porque unas zonas son m\u00e1s urgentes que otras\u201d, dice refiri\u00e9ndose a regiones que han padecido m\u00e1s violencia, donde el \u00fanico Estado real era la propia guerrilla y en las que hay insurgentes de las FARC disidentes del proceso de paz que se niegan a entregar las armas. Son un 5% de la guerrilla, estima el viceministro. No obstante, insiste en que \u201cel proceso est\u00e1 mostrando sus frutos\u201d.<\/p>\n<p>No lo ve as\u00ed Andr\u00e9s Par\u00eds, otro comandante de las FARC que recibe a P\u00fablico a en un edificio cercano al del despacho del viceministro, en Bogot\u00e1. La paz tambi\u00e9n es eso, compartir espacios. Par\u00eds, cuyo nombre real es Jes\u00fas Emilio Carvajalino, particip\u00f3 en las conversaciones de La Habana y se encarga de supervisar el estado de las zonas de transici\u00f3n, sobre todo en cuanto a la atenci\u00f3n sanitaria. Cree que la esta actitud \u201cdilatoria\u201d por parte del Gobierno responde a una estrategia clara: \u201cQue el partido pol\u00edtico que resulte en mayo y sus posibles alianzas en la izquierda nazca sin fuerzas, sin posibilidad de impactar\u00bb. \u201cSi los acuerdos m\u00e1s b\u00e1sicos como la log\u00edstica no se cumplen, qu\u00e9 podemos esperar de los fundamentales como la amnist\u00eda para los presos o la reorganizaci\u00f3n agraria que hemos pactado para las \u00e1reas rurales e incomunicadas del pa\u00eds\u201d, se pregunta ret\u00f3ricamente. La paz est\u00e1 firmada. S\u00f3lo falta construirla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos meses despu\u00e9s de que los miembros de las FARC abandonaran la selva para empezar su transici\u00f3n a la vida civil y pol\u00edtica, el Gobierno no est\u00e1 cumpliendo lo pactado. 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