{"id":16726,"date":"2021-02-13T18:19:03","date_gmt":"2021-02-13T17:19:03","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=16726"},"modified":"2021-02-13T18:19:31","modified_gmt":"2021-02-13T17:19:31","slug":"debates-contra-el-optimismo-santiago-alba-rico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=16726","title":{"rendered":"Debates &#8211; Contra el optimismo. [Santiago Alba Rico]"},"content":{"rendered":"<h5 style=\"text-align: right;\">Santiago Alba Rico<\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>Se puede vivir sin esperanza y ser amable, generoso, ingenuo, valeroso, exigente, comprometido\u2026De hecho, creo que es la \u00fanica forma de encarar con dignidad y sin cinismo los tiempos venideros. Que empezaron, por cierto, hace ya mucho tiempo.<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong><a href=\"https:\/\/ctxt.es\/\">CTXT<\/a>, 9-2-2021<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><strong><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 13-2-2021<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Escucho una brillante intervenci\u00f3n del periodista Pedro Vall\u00edn en la que, contra el prestigio f\u00e1cil de los sombr\u00edos, reivindica el optimismo al mismo tiempo que se desmarca de la ingenuidad. Yo sostengo lo contrario: hay que ser pesimista y defender la ingenuidad. Vall\u00edn, que dice cosas muy sensatas, confunde planos paralelos. Todas las noticias \u2013las sedicentes \u201cnuevas\u201d\u2013 proceden de la historia y si alguna excepcionalmente es buena tiene que ver con el hero\u00edsmo, es decir, tambi\u00e9n con la excepci\u00f3n. No puede ser noticia que \u201cuna madre ha cambiado a rega\u00f1adientes, sin un gramo de optimismo, los pa\u00f1ales de su hijo y luego le ha besado el ombligo\u201d. La normalidad, que es bonachona, no est\u00e1 en la historia y no hace la historia; remienda sus desaguisados y sostiene sus ruinas. Hace falta mucha ingenuidad para volver a empezar todos los d\u00edas en un mundo tan malo; hace falta mucha ingenuidad para volver a encender el fuego, regar las flores, velar al enfermo. Constituir\u00eda una mala noticia, a mi juicio, que esos gestos cotidianos pasaran a ser noticia, pues indicar\u00eda que tambi\u00e9n la rutina salv\u00edfica se ha convertido en anomal\u00eda hist\u00f3rica. Abusando de una met\u00e1fora de \u201cg\u00e9nero\u201d, podr\u00edamos decir que el optimismo es propio de los hombres, que se enga\u00f1an sobre el futuro, sobre el gobierno, sobre sus propios m\u00e9ritos; y que se embarcan, con destructivo optimismo, en proyectos fantasiosos que bombardean ciudades y levantan pat\u00edbulos. Las mujeres no suelen enga\u00f1arse sobre sus maridos ni sobre sus pol\u00edticas; son pesimistas y lo son precisamente porque est\u00e1n acostumbradas a reparar da\u00f1os que saben inevitables. Son pesimistas pero ingenuas. No esperan nada mejor de la historia, pero siguen creando en sus anfractuosidades las condiciones para que, mientras se viene abajo, el mundo siga siendo vivible. Por eso precisamente no se ha venido abajo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pero no se pueden confundir los dos niveles \u2013el de la condici\u00f3n humana y el de la condici\u00f3n hist\u00f3rica del ser humano\u2013 y considerar que la banalidad del bien desmiente de alg\u00fan modo el progreso hist\u00f3rico hacia la destrucci\u00f3n del mundo. Las malas noticias estridentes dicen mucho acerca de la historia, incluidos en ella los peri\u00f3dicos; las buenas inaudibles dicen mucho acerca de la humanidad. El optimismo consiste en confundir una y otra; en creer que la humanidad que engrana en la historia es la misma que remienda sus harapos; en pensar que la humanidad que cuida enfermos y da abrigo al friolero est\u00e1 al mando de la historia. El ingenuo acomete estas gigantescas minucias a sabiendas de que la sociedad y la vida son ya solo refugios frente a una nueva Naturaleza cuyas leyes severas se imponen una y otra vez al margen de nuestra solidaridad y nuestra abnegaci\u00f3n. Nuestra sorpresa al ver a los buenos vecinos que ayer nos prestaron sal hacer el mal al d\u00eda siguiente quedar\u00eda muy amortiguada si comprendi\u00e9semos este desdoblamiento vital: unos d\u00edas trabajamos para la historia y otros para la humanidad. De hecho, trabajamos muchos m\u00e1s d\u00edas para la humanidad sin que se note; pero el d\u00eda \u2013o la hora\u2013 en que trabajamos para la historia destruimos de un plumazo todo lo que hemos levantado. Por eso la historia siempre nos va a llevar ventaja; y por eso no podemos ni debemos ser optimistas. Debemos ser \u2013m\u00e1s bien\u2013 ingenuos pesimistas capaces de coser lentamente un bot\u00f3n en medio de los escombros o de abrir trabajosamente un paraguas frente a la avalancha del tsunami (o de estudiar a fondo los gaster\u00f3podos y el teatro isabelino mientras se incendia la casa). El optimismo suele ser la antesala del cinismo, que es el m\u00e1s potente acelerador de la historia, pues desprecia a esa humanidad que se opone a ella con trebejos caseros, con cucharas y vendas y palillos. El que ha perdido la ingenuidad a fuerza de optimismo, se regodea en la impotencia; el c\u00ednico obtiene ventaja en ridiculizar el gesto ingenuo del bombero pesimista, de la madre rega\u00f1ona, del enfermero brusco. El trabajo en favor de la humanidad es un trabajo perdido, es verdad, salvo porque mantiene con vida a la humanidad, donde a\u00fan pasamos algunas horas al d\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Por lo dem\u00e1s, solo las pel\u00edculas tienen final. Las necesitamos por eso, porque \u2013felices o desalentadoras\u2013 tienen final. Es muy cansado pensar en nuestra vida como en un flujo infinito con un solo l\u00edmite: la muerte. Necesitamos asideros provisionales, rellanos simb\u00f3licos, cierres de ficci\u00f3n cuyo placer autocomplaciente estriba en la idea misma del cierre. Lo que nos gusta de los cuentos es que tienen principio y fin. Los relatos, s\u00ed, vienen a saciar nuestra sed de desenlace. La historia no los tiene: despu\u00e9s de la paz viene de nuevo la guerra y con medios m\u00e1s modernos y m\u00e1s destructivos. Podemos creer que, puesto que hemos conseguido una vez la paz, la paz es la regla y no la guerra. Puede ser, y desde luego habr\u00e1 que luchar sin cesar por la paz a sabiendas de que ya una vez \u2013o mil veces\u2013 puso fin a una guerra. Pero basta hoy una guerra \u2013una nueva excepci\u00f3n a la regla de la humanidad\u2013 para que la humanidad desaparezca. La humanidad, tarde o temprano, se cansa de la guerra; la guerra cada vez tiene menos en cuenta nuestro cansancio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La diferencia entre la historia y la humanidad \u2013el hecho de que trabajamos en ambos campos en d\u00edas, o en minutos, alternos\u2013 se expresa de la manera m\u00e1s precisa y conmovedora en el que es, a mi juicio, el mejor final del cine cl\u00e1sico. Me refiero a esa escena de Senderos de gloria, de Kubrick, en la que Kirk Douglas, tras haber intentado salvar a sus hombres de la historia, asqueado de la corrupci\u00f3n de los generales, vuelve amargado a su despacho. Al pasar por la cantina, escucha el bullicio de los soldados. Acaban de fusilar injustamente a sus compa\u00f1eros inocentes y deber\u00edan estar de \u00e1nimo luctuoso o rebelde. Pero no. Ah\u00ed est\u00e1n, esas bestias insensibles, entrechocando jarras de cerveza, cont\u00e1ndose chistes verdes, celebrando su supervivencia con alegres risotadas. \u00bfMerec\u00edan tanto esfuerzo? El desenga\u00f1o mis\u00e1ntropo de Douglas se ve confirmado cuando el cantinero saca al escenario, para entretener a la soldadesca, a una temblorosa prisionera alemana, joven y guapa, a la que anuncia del modo m\u00e1s grosero, provocando en el p\u00fablico silbidos, pataleos y exclamaciones procaces. Los rostros de los soldados expresan la m\u00e1s abyecta vileza; se arrojar\u00edan sobre ese cuerpo doblemente enemigo \u2013alem\u00e1n y femenino\u2013 para saciar en \u00e9l su deseos ambiguos de carne y de venganza. Y de pronto la muchacha, aterrorizada, con l\u00e1grimas en los ojos, rompe a cantar. Primero canta muy bajito, sin que los gritos de la tropa permitan escuchar su voz. Luego, uno de los soldados de la primera fila alcanza a o\u00edrla y guarda repentino silencio, un silencio que va doblando, como el oleaje en retirada, uno por uno, los pinchos del griter\u00edo. De pronto todos callan y escuchan. Y se transforman m\u00e1s radicalmente que si les hubiera tocado la varita m\u00e1gica del hada de Cenicienta. La muchacha alemana canta una sencilla canci\u00f3n de amor, El h\u00fasar fiel, que los soldados, obviamente, comprenden sin entender la letra. Ella canta, llora, se acuerda de su patria y de su novio y, a fuerza de cantar, se olvida de todo lo que no sea su canto. Las caras de los soldados, en medio de ese silencio sagrado, se transfiguran; la emoci\u00f3n m\u00e1s intensa los embellece; muchos de ellos \u2013rudos soldadotes curtidos en las trincheras\u2013 dejan rodar gruesos lagrimones por sus mejillas. Ella canta, ellos tararean; ella llora, ellos lloran, y ya no hay alemanes ni franceses ni guerra mundial ni generales asesinos; la humanidad com\u00fan se vuelca en esa balada que, en su sencillez universal, se convierte en alegato contra la historia, en lamento por los ca\u00eddos y, por eso mismo, en curaci\u00f3n ancestral. Volver\u00e1n m\u00e1s tarde a la historia, claro, y matar\u00e1n y se dejar\u00e1n matar y sufrir\u00e1n injusticias sin protestar. Pero cuando el asistente se acerca a Douglas para decirle que los soldados deben volver a las trincheras, \u00e9ste le dice: \u201cD\u00e9jelos dos minutos m\u00e1s\u201d. Como quien dice: deles dos minutos m\u00e1s de humanidad. Porque los soldados lo necesitan; y porque \u00e9l mismo, sacudida milagrosamente su misantrop\u00eda, necesita esos dos minutos de humanidad de sus soldados para volver a creer en ellos. Y para seguir luchando contra los generales que hacen nuestra historia.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Coincidiendo con este di\u00e1logo mental con Vall\u00edn, leo un extraordinario <a href=\"https:\/\/www.elsaltodiario.com\/el-rumor-de-las-multitudes\/cancelacion-futuro-jameson-fisher\">art\u00edculo de Germ\u00e1n Cano sobre Mark Fisher<\/a>, el cr\u00edtico de la cultura tempranamente malogrado (al que confieso haber le\u00eddo poco). A\u00fan a riesgo de arrimar abusivamente el ascua a mi sardina, dir\u00eda que no puedo estar m\u00e1s de acuerdo con \u00e9l sobre ese parad\u00f3jico elitismo de la izquierda que consiste en considerar democr\u00e1tica la estupidez y clasista el razonamiento y la cultura; ni sobre su propuesta de un \u201cmodernismo popular\u201d. Pero no estoy seguro de coincidir en lo que se refiere al \u201crealismo capitalista\u201d y el \u201cbloqueo de la imaginaci\u00f3n\u201d que lo acompa\u00f1a. Fisher piensa las cosas como si no fu\u00e9semos capaces de imaginar una alternativa a consecuencia de un candado epistemol\u00f3gico que tiene que ver con la \u201ccultura capitalista\u201d.<sup class='footnote'><a href='https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=16726#fn-16726-1' id='fnref-16726-1' onclick='return fdfootnote_show(16726)'>1<\/a><\/sup> Es razonable. Es indudable. Pero hay que preguntarse enseguida, \u00bfel capitalismo ha bloqueado la imaginaci\u00f3n o ha bloqueado tambi\u00e9n las salidas? Puede que yo sea incapaz de imaginar una alternativa porque la imaginaci\u00f3n capitalista se ha apoderado completamente de m\u00ed \u2013en una curiosa reproducci\u00f3n del determinismo marxista, trasladado ahora del \u00e1mbito de la producci\u00f3n al de la cultura\u2013 o puede que sea incapaz de imaginarla porque realmente no hay ninguna alternativa. El capitalismo, que se reproduce gracias a la convergencia de muchas imaginaciones negativas, no es, sin embargo, un producto de la imaginaci\u00f3n. No lo es la amenaza nuclear ni el cambio clim\u00e1tico ni el cerrojo tecnol\u00f3gico ni la desigualdad apabullante ni el consumismo des-almante. Desde la l\u00f3gica de \u201cla cancelaci\u00f3n del futuro\u201d, mi pretensi\u00f3n de que el capitalismo ha bloqueado todas las salidas s\u00f3lo demostrar\u00eda que yo, atrapado en el \u201crealismo capitalista\u201d, soy incapaz de imaginar una. Es posible. Es seguro. Pero aceptar ese principio inhabilita de entrada todo pensamiento que no conduzca 1) a inhabilitar mi propio pensamiento o 2) a enunciar una salida ilusoria que contradice el estado actual del mundo. El hura\u00f1o y antip\u00e1tico Gunther Anders escribi\u00f3 en los a\u00f1os 80 del pasado siglo un texto titulado \u201cLl\u00e1mese cobard\u00eda a esa esperanza\u201d. \u00bfSe puede vivir sin esperanza? S\u00ed, pero no sin alegr\u00eda. \u00bfSe puede vivir sin esperanza y ser amable, generoso, ingenuo, valeroso, chistoso, cuidadoso, estudioso, exigente, comprometido? Esa es la buena noticia: se puede. De hecho, creo que es la \u00fanica forma de encarar con dignidad y sin cinismo \u2013y sin renunciar a la historia\u2013 los tiempos venideros. Que empezaron, por cierto, hace ya mucho tiempo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>* Santiago Alba Rico<\/strong> es fil\u00f3sofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos d\u00e9cadas en T\u00fanez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El \u00faltimo de sus libros se titula \u00abSer o no ser\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong><u>Nota <\/u><\/strong><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se puede vivir sin esperanza y ser amable, generoso, ingenuo, valeroso, exigente, comprometido\u2026De hecho, creo que es la \u00fanica forma de encarar con dignidad y sin cinismo los tiempos venideros. 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