{"id":16055,"date":"2021-01-12T17:51:20","date_gmt":"2021-01-12T16:51:20","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=16055"},"modified":"2021-01-12T17:51:20","modified_gmt":"2021-01-12T16:51:20","slug":"contagio-global-capitalismo-pandemico-santiago-alba-rico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=16055","title":{"rendered":"Contagio global &#8211; Capitalismo pand\u00e9mico. [Santiago Alba Rico]"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000000;\"><strong>Si el capitalismo es una sindemia, va a seguir produciendo virus y pandemias. Ese es el futuro y no es halag\u00fce\u00f1o. La pol\u00edtica y la ciencia deber\u00edan estar luchando para liberar a la humanidad y a ellas mismas del capitalismo. Eso s\u00ed ser\u00eda bueno para todos<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><strong><a href=\"https:\/\/ctxt.es\/es\/\">CTXT<\/a>, 4-1-2021<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><strong><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 12-1-2021<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El pasado mes de septiembre, Richard Horton publicaba en la conocida revista The Lancet un art\u00edculo cuyo t\u00edtulo puede resultar provocativo o sospechoso: No es una pandemia. Obviamente, no se trata de que uno de los medios cient\u00edficos m\u00e1s prestigiosos del mundo hubiese colado entre sus p\u00e1ginas la opini\u00f3n de un negacionista. Horton no negaba la existencia de la covid-19 ni alimentaba delirios conspirativos. Bas\u00e1ndose en un concepto forjado en 1990 por el epidemi\u00f3logo Merrill Singer, Horton sosten\u00eda que no nos enfrentamos hoy a una pandemia sino a algo m\u00e1s complejo y, por lo tanto, m\u00e1s peligroso: una \u201csindemia\u201d; es decir, un cuadro epid\u00e9mico en el que la enfermedad infecciosa se entrelaza con otras enfermedades, cr\u00f3nicas o recurrentes, asociadas a su vez a la distribuci\u00f3n desigual de la riqueza, la jerarqu\u00eda social, el mayor o menor acceso a vivienda o salud, etc., factores todos ellos atravesados por una inevitable marca de raza, de clase y de g\u00e9nero. La sindemia es una pandemia en la que los factores biol\u00f3gicos, econ\u00f3micos y sociales se entreveran de tal modo que hacen imposible una soluci\u00f3n parcial o especializada y menos m\u00e1gica y definitiva.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El problema no es, pues, el coronavirus. El problema es un capitalismo \u201csind\u00e9mico\u201d en el que ya no es f\u00e1cil distinguir entre naturaleza y cultura ni, por lo tanto, entre muerte natural y muerte artificial. El capitalismo es la \u201csindemia\u201d Pensemos, de entrada, en la multiplicaci\u00f3n muy reciente de nuevos virus (gripe aviar, SARS), inseparables de la industria agroalimentaria y de la presi\u00f3n extractiva sobre el mundo animal. En un libro inquietante y riguroso, Grandes granjas, grandes gripes, Rob Wallace describe un modelo de producci\u00f3n c\u00e1rnica en el que todo el proceso \u2013desde la alimentaci\u00f3n de aves y ganado hasta la aglomeraci\u00f3n en las granjas\u2013 no solo facilita sino que hace inevitable la generaci\u00f3n de nuevas cepas virales y su transmisi\u00f3n a los seres humanos. No hace falta recurrir a teor\u00edas de la conspiraci\u00f3n, dice Wallace; los nuevos virus han sido creados, por supuesto, en un laboratorio, pero solo en el sentido de que el capitalismo ha convertido la naturaleza misma en un laboratorio vivo, en permanente ebullici\u00f3n patol\u00f3gica, incontrolable incluso para sus gestores y beneficiarios. El t\u00e9rmino \u201ciatrogenia\u201d se utiliza en general para referirse a los muertos producidos, sin dolo ni finalidad espuria, por la instituci\u00f3n m\u00e9dica: el caso, por ejemplo, de las infecciones hospitalarias, responsables todos los a\u00f1os de m\u00e1s muertes que las gripes comunes. Pues bien, si un hospital, concebido como una unidad de seguridad sanitaria y sometido, por tanto, a toda clase de garant\u00edas as\u00e9pticas, produce, pese a todo, infecciones mortales, \u00bfqu\u00e9 no ocurrir\u00e1 en granjas proyectadas expresamente para acelerar el crecimiento de los animales mediante c\u00f3cteles antibi\u00f3ticos y en condiciones de concentraci\u00f3n literalmente infernales? La voluntad podr\u00eda, s\u00ed, desmontar la m\u00e1quina, pero la m\u00e1quina se mueve ya al margen de nuestra voluntad. Wallace dice: \u201cAl hacer capitalista a la naturaleza se hace que el capitalismo sea algo natural\u201d, y ello de tal manera que \u201clas disparidades en nuestra salud surgen de nuestros genes o de nuestras entra\u00f1as, no de los sistema de apartheid\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El capitalismo ha inscrito en la naturaleza sus propias leyes mortales pero el apartheid, m\u00e1s all\u00e1 del trabajo de Wallace, sigue incidiendo de modo determinante en la distribuci\u00f3n y en las consecuencias de las infecciones v\u00edricas. Es aqu\u00ed donde nos interpela el concepto muy t\u00e9cnico de \u201csindemia\u201d propuesto por Singer y Horton. Los nuevos virus, nacidos en los \u201claboratorios naturales\u201d de las grandes granjas agropecuarias, sin intervenci\u00f3n de ning\u00fan maligno conspirador, pasan a sociedades humanas muy estratificadas en las que las mujeres, las minor\u00edas racializadas y las poblaciones urbanas marginadas, m\u00e1s expuestas a contactos de riesgo y v\u00edctimas ya de enfermedades no infecciosas o cr\u00f3nicas, acaban sucumbiendo a la epidemia y justificando, adem\u00e1s, aislamientos selectivos y discriminaciones adicionales que, en una nueva vuelta de tuerca, agravan sus condiciones sociales y multiplican los riesgos de contagio global. Los virus pasan de animales maltratados a humanos maltratados en una sinergia potencialmente apocal\u00edptica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Ahora bien, si el capitalismo es una sindemia que convierte las granjas en laboratorios bioqu\u00edmicos y las ciudades en focos de desigualdad epid\u00e9mica, \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 la soluci\u00f3n a la pandemia de covid? Anticipemos que una de las paradojas inseparables de esta dimensi\u00f3n \u201csind\u00e9mica\u201d es el hecho de que el mismo capitalismo que ha roto las fronteras naturales \u2013y las sigue rompiendo sin parar\u2013 se sostiene sobre la ilusi\u00f3n de una \u201cseguridad total\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Demos un rodeo. Desde que la OMS declar\u00f3 el car\u00e1cter pand\u00e9mico \u2013es decir, global\u2013 del coronavirus en marzo de 2020, el combate local contra su difusi\u00f3n ha adoptado formas diversas seg\u00fan reg\u00edmenes y tradiciones. China apost\u00f3 por el control social y tecnol\u00f3gico; Inglaterra, Brasil, EE.UU. por la inhibici\u00f3n neoliberal; la UE por una f\u00f3rmula mixta en la que las medidas sanitarias se combinaban a veces con alguna medidas sociales que frenaban parcialmente nuestro modelo de trabajo y consumo, basado en la movilidad. El debate se ha centrado, en todo caso, en un presunto conflicto entre pol\u00edticos y cient\u00edficos. \u00bfHay que hacer pol\u00edtica o dejar decidir a los m\u00e9dicos y epidemi\u00f3logos? La pandemia, \u00bfpone fin a la intervenci\u00f3n pol\u00edtica, ya muy desprestigiada en un mundo presidido por la des-democratizaci\u00f3n global? \u00bfNo es mejor dejar gobernar directamente a los cient\u00edficos?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El problema de este debate es que es falso, y lo es porque parte de un doble presupuesto err\u00f3neo: el de que en un sistema sind\u00e9mico, como dec\u00edamos, puede haber una soluci\u00f3n especializada y el de que, a\u00fan m\u00e1s, los pol\u00edticos y los cient\u00edficos siguen siendo poderes realmente determinantes. Tanto los pol\u00edticos como los cient\u00edficos est\u00e1n, si no secuestrados, al menos s\u00ed dirigidos o limitados por las mismas fuerzas econ\u00f3micas. Durante las cuatro \u00faltimas d\u00e9cadas, sobre todo tras la derrota de la URSS en la Guerra Fr\u00eda, movimientos altermundialistas de renovaci\u00f3n democr\u00e1tica recuperaron el concepto anticolonial de \u201csoberan\u00eda\u201d para reclamar la emancipaci\u00f3n de la esfera p\u00fablica \u2013el Estado y sus instituciones\u2013 respecto de la econom\u00eda y sus empresas; no es laico, desde luego, un Estado que confunde las esferas pol\u00edtica y religiosa, pero tampoco lo es, o no\u00a0 lo es verdaderamente, el que confunde las esferas pol\u00edtica y econ\u00f3mica. En casi todos los pa\u00edses del mundo, como consecuencia de esta \u201cfalta de laicismo\u201d, tr\u00e1gica en tiempos de crisis econ\u00f3mica y gesti\u00f3n neoliberal, se lleg\u00f3 a la pandemia con una confianza muy deteriorada en los pol\u00edticos y las instituciones p\u00fablicas, y ello con los efectos de todos conocidos. Eso explica que, ante la eclosi\u00f3n inesperada de la cat\u00e1strofe sanitaria, muchos ciudadanos dirigieran sus esperanzas hacia la ciencia. Ahora bien, lo que nos ha revelado la covid-19 es que la ciencia est\u00e1 no menos amenazada que la pol\u00edtica por el capitalismo sind\u00e9mico y sus espontaneidades destructivas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Hist\u00f3ricamente las pandemias (desde la peste de Atenas a la gripe espa\u00f1ola de 1919) han generado reacciones de p\u00e1nico individual y colectivo, caldo de cultivo muy propicio para las teor\u00edas conspiratorias. Por muy descorazonador que resulte, es antropol\u00f3gicamente normal defenderse de la ceguera del azar y de la arbitrariedad biol\u00f3gica buscando un culpable concreto: los jud\u00edos, los extranjeros, los pecadores, los curas, los chinos, Bill Gates. Nada nos da tanto miedo como la contingencia, que nos vuelve al mismo tiempo vulnerables e intercambiables, y por eso, frente a ella, nos inclinamos a concebir los destinos del mundo en t\u00e9rminos de \u201cvoluntad\u201d, aunque sea adversa y negativa, y no de aleatoriedad. Preferimos, en definitiva, un Dios malvado \u2013un demonio providente\u2013 a un virus geom\u00e9trico que no podemos controlar pero tampoco insultar o denunciar; nos aterra esa abstracci\u00f3n ciega que no reconoce nuestra existencia ni siquiera para matarnos. Preferimos siempre, s\u00ed, un relato en el que el Mal omnipotente tenga una identidad corporal, nombrable y visible, porque el odio es un ansiol\u00edtico muy poderoso; y en el que las v\u00edctimas tengan protagonismo, al menos como objetos de una persecuci\u00f3n premeditada y sujetos de un saber superior, pues nada tranquiliza tanto, en una situaci\u00f3n incontrolable, como justificar nuestra impotencia y afirmar nuestra autoestima. Pues bien, todos estos factores antropol\u00f3gicos se han conjugado del modo m\u00e1s favorable \u2013es decir, m\u00e1s peligroso\u2013 en el contexto de una pandemia sind\u00e9mica que ven\u00eda socialmente precedida por la disoluci\u00f3n de los v\u00ednculos comunitarios y la p\u00e9rdida de credibilidad de los pol\u00edticos y las instituciones.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Lo que quiero decir es que, en el debate entre pol\u00edticos y cient\u00edficos, los delirios complotistas tienen el valor de se\u00f1alar de un modo falso la falsedad de ese conflicto. Negando la existencia de un virus que no pueden ver, atribuyendo su aparici\u00f3n a una \u201cmala voluntad\u201d entre bastidores o denunciando en las vacunas una estrategia de ingenier\u00eda social y de control mundial, las teor\u00edas de la conspiraci\u00f3n han iluminado la inconsistencia del conflicto pol\u00edticos\/cient\u00edficos en la medida en que, errando peligrosamente el camino, han situado en otro marco, sin embargo, el origen y la soluci\u00f3n de la pandemia. La han iluminado falsamente porque han elegido un marco tranquilizadoramente personal y, por lo tanto, narrativo y no sist\u00e9mico. Pero la han iluminado a su manera. El covid, como he dicho, fue efectivamente creado en un laboratorio porque el capitalismo ha convertido la naturaleza entera en un laboratorio; las vacunas, por su parte, traducen efectivamente ambiciones de poder porque el poder econ\u00f3mico penetra ya todas las esferas del conocimiento y, a\u00fan m\u00e1s, del conocimiento aplicado. Hay muchos motivos para desconfiar del origen \u201cnatural\u201d del coronavirus y muchos motivos tambi\u00e9n para desconfiar de esas vacunas desarrolladas a velocidad sideral para contenerlo; pero ninguno de ellos tiene nada que ver con la maldad del gobierno chino o el af\u00e1n de dominio mundial de Bill Gates. Ojal\u00e1 fuera todo tan sencillo y tranquilizador.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Queremos creer en los pol\u00edticos y resulta que la pol\u00edtica est\u00e1 secuestrada por los \u00edndices burs\u00e1tiles, la prima de riesgo y los l\u00edmites draconianos de d\u00e9ficit p\u00fablico. Queremos creer en los cient\u00edficos y resulta que la ciencia est\u00e1 secuestrada por las farmac\u00e9uticas. El mercado, en efecto, es la sindemia. Fij\u00e9monos en lo que significa \u201cciencia\u201d: la idea hermos\u00edsima de una comunidad efectiva de intercambio transparente y generalizado en la que el progreso, necesariamente lento, s\u00f3lo puede ser garantizado por la colaboraci\u00f3n entre sus miembros y el apoyo de la ciudadan\u00eda exterior a trav\u00e9s del Estado. Esa comunidad existe y sigue produciendo resultados epistemol\u00f3gicamente fundados; si no fuera as\u00ed, si las farmac\u00e9uticas s\u00f3lo vendieran aire y humo, habr\u00edan patentado y comercializado el cuerno de rinoceronte, el b\u00e1lsamo de Fierabr\u00e1s y los abracadabra de las magias blanca y negra. Esa comunidad existe y trabaja sin parar, pero ha sido intervenida, fragmentada y redirigida por un mercado parad\u00f3jico que necesita verdadera ciencia y cient\u00edficos convencidos, pero que s\u00f3lo puede funcionar, al contrario que la ciencia y sus cient\u00edficos, con opacidad, insolidaridad y precipitaci\u00f3n; es decir, que s\u00f3lo puede funcionar violando las reglas \u00edntimas de la comunidad cient\u00edfica. El mercado, digamos, necesita vender verdadera ciencia y necesita disolver, al mismo tiempo, las \u00fanicas condiciones en las que la humanidad puede producir verdadera ciencia; necesita una comunidad cient\u00edfica universal y efectiva y necesita \u2013y no s\u00f3lo en el \u00e1mbito de la ciencia\u2013 destruir todos los v\u00ednculos comunitarios universales y efectivos. Cuando no somos capaces de advertir y afrontar esta contradicci\u00f3n, acabamos cediendo sin remedio a una de estas dos tentaciones: la de confiar en el mercado, confundi\u00e9ndolo con la ciencia, o la de desconfiar de la ciencia, confundi\u00e9ndola con el mercado. Una y otra tentaci\u00f3n alimentan la sindemia; la primera, la de los consumidores pasivos, porque acepta sin protesta la p\u00e9rdida de transparencia, universalidad y eficacia m\u00e9dica; la segunda, la de los conspiranoicos totalitarios, porque no deja ninguna grieta por la que pueda colarse la verdadera pol\u00edtica y la verdadera ciencia. La verdadera pol\u00edtica, por cierto, nada tiene que ver con la gobernanza neoliberal y la verdadera ciencia no se agota ni en las enfermedades ni en los remedios que reconoce y rentabiliza la farmac\u00e9utica privada o el \u201csistema m\u00e9dico\u201d en general.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La cuesti\u00f3n es la siguiente: la producci\u00f3n y distribuci\u00f3n de vacunas \u2013cuya existencia hay que celebrar con alborozo\u2013 reproduce el modelo sind\u00e9mico de la producci\u00f3n y distribuci\u00f3n del virus. Es decir: hay presi\u00f3n sobre la comunidad cient\u00edfica desde las farmac\u00e9uticas como hay presi\u00f3n sobre los animales y sobre la naturaleza desde las empresas agroalimentarias; y hay desigualdad social \u2013y por lo tanto geogr\u00e1fica\u2013 en la distribuci\u00f3n de las vacunas como la hay en la distribuci\u00f3n e incidencia de la enfermedad. Eso es, en realidad, lo que quiere decir \u201csindemia\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Como sabemos, la velocidad con la que se han desarrollado las primeras vacunas contra la covid-19 (Moderna, Pfizer, Oxford) no tiene precedentes en la historia de la medicina. Siguiendo a la profesora Charlotte Summers, podemos aceptar que eso se debe en parte a los conocimientos acumulados en los \u00faltimos a\u00f1os, que garantizan a los hallazgos un m\u00ednimo de seguridad epistemol\u00f3gica; es decir, el m\u00ednimo de fiabilidad que los hace vendibles en el mercado. Pero esa velocidad despierta tambi\u00e9n justificadas reservas dentro de la propia comunidad cient\u00edfica, algunos de cuyos miembros consideran, con no menos fundamento epistemol\u00f3gico, que la presi\u00f3n sind\u00e9mica ha impedido agotar los plazos cautelares aplicados a investigaciones anteriores, de manera que \u2013como explica Els Torreele, fundadora de la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas\u2013 no tenemos ninguna certeza acerca de la duraci\u00f3n de la cobertura inmunol\u00f3gica de estas vacunas ni est\u00e1 claro que los vacunados no puedan transmitir el virus. Esta incertidumbre, a\u00f1ade la cient\u00edfica belga, est\u00e1 asociada a la competencia entre empresas farmac\u00e9uticas rivales que han mantenido en secreto sus investigaciones, contraviniendo las reglas de la pr\u00e1ctica cient\u00edfica misma; as\u00ed que al final las agencias sanitarias de los Estados han autorizado muchas veces estos productos \u201csin m\u00e1s datos que una nota de prensa de la empresa\u201d. La velocidad, pues, es inseparable de la opacidad y de la falta de colaboraci\u00f3n y genera un resultado inseguro que \u2013a\u00f1ade Torreele\u2013 puede acabar siendo contraproducente, no s\u00f3lo por los eventuales efectos colaterales para la salud sino porque puede minar adem\u00e1s la confianza en la vacunaci\u00f3n en general, alimentando las peligrosas teor\u00edas de la conspiraci\u00f3n. La urgencia ha estado, sin duda, justificada, pero no conviene ignorar los riesgos potenciales \u2013incluso para la credibilidad de la ciencia\u2013 de esta precipitaci\u00f3n inducida extramuros de la comunidad cient\u00edfica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00bfY por qu\u00e9 esta velocidad? Las presiones, externas e internas, son obvias. Las internas tienen que ver con el hecho de que, aunque buena parte de la financiaci\u00f3n es p\u00fablica, las patentes de explotaci\u00f3n comercial son privadas. El capitalismo sind\u00e9mico, que ha seleccionado siempre y sigue seleccionando qu\u00e9 enfermedades son curables y cu\u00e1les no en virtud de criterios puramente econ\u00f3micos, ha encontrado la m\u00e1s fabulosa oportunidad de negocio en un mercado literalmente global que convierte a 7.600 millones de seres humanos en potenciales clientes de sus productos. La misma l\u00f3gica extractiva que se aplica a otros sectores \u2013del petrolero al agroalimentario\u2013 se ha aplicado aqu\u00ed para extraer fondos de los Estados y conocimientos de la comunidad cient\u00edfica. En cuanto a las presiones externas, cabe se\u00f1alar dos org\u00e1nicamente asociadas: la de los gobiernos nacionales a los que ha tocado gestionar la pandemia y que \u2013incluso por razones electorales\u2013 tienen que responder ante sus ciudadanos; y la de la poblaci\u00f3n mundial, sobre todo la clase media occidental, a la que se prometi\u00f3 \u201cseguridad total\u201d y que, por eso mismo, temblorosa y levantisca, exige una soluci\u00f3n inmediata y definitiva. Ni el capitalismo sind\u00e9mico ni sus v\u00edctimas humanas \u2013al menos en Occidente\u2013 pueden aceptar la idea de la muerte y la fragilidad. La paradoja es que, para satisfacer la demanda de inmortalidad individual, una vacuna insuficientemente testada puede aumentar, al contrario, la vulnerabilidad e inseguridad generales.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La producci\u00f3n de vacunas remeda, pues, la del propio virus. Ahora bien, eso mismo ocurre en el \u00e1mbito de la distribuci\u00f3n farmac\u00e9utica, donde la velocidad de la rivalidad empresarial impide la falta de colaboraci\u00f3n; es decir, la universalizaci\u00f3n de los beneficios. Como recordaba Juan Elman en un reciente art\u00edculo \u201cla gran mayor\u00eda de los pa\u00edses no tienen garantizadas las dosis necesarias para vacunar a su poblaci\u00f3n\u201d. Mientras que Canad\u00e1, Reino Unido, Estados Unidos, la UE, Australia y Jap\u00f3n tienen ya aseguradas entre 4 y 8 dosis por persona, son muy pocos los pa\u00edses de renta media que llegan a una sola dosis (cuando se necesitan dos para la inmunizaci\u00f3n) y ninguno de los m\u00e1s pobres ha firmado acuerdo alguno para acceder a la vacuna. La propuesta inicial de India y Sud\u00e1frica para liberar las patentes y suspender cualquier derecho intelectual sobre medicamentos o vacunas \u2013al menos hasta que el 70% de la poblaci\u00f3n mundial estuviera inmunizado\u2013 fue rechazada en la OMS por los pa\u00edses europeos, Estados Unidos, Canad\u00e1 y Brasil. Por otro lado, el fondo Covax, supervisado por la propia Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud y destinado a vacunar a poblaciones de bajos recursos, no ha sido apoyado por Estados Unidos y no recibe m\u00e1s que migajas de los pa\u00edses que acordaron su creaci\u00f3n. Las vacunas, como vemos, reproducen, en lugar de interrumpir, el movimiento en bucle, articulado y sin salida, de la sindemia capitalista.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">En definitiva, si el capitalismo es una sindemia, va a seguir produciendo sin parar virus y pandemias; y va a seguir produciendo, tambi\u00e9n sin parar, vacunas y medicamentos selectivos y mal distribuidos. Ese es el futuro y no es halag\u00fce\u00f1o para la humanidad. Pero si el capitalismo es una sindemia, entonces la pol\u00edtica y la ciencia, hoy cautivas, deber\u00edan estar luchando para liberar a la humanidad y a ellas mismas del capitalismo. Eso s\u00ed ser\u00eda bueno para todos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>* Santiago Alba Rico<\/strong> fil\u00f3sofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos d\u00e9cadas en T\u00fanez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El \u00faltimo de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-Nota del autor: este art\u00edculo fue originalmente publicado el pasado 24 de diciembre en el peri\u00f3dico digital en lengua \u00e1rabe aljumhuriya.net, fundado en el a\u00f1o 2012 por intelectuales y acad\u00e9micos sirios. Agradezco a su jefe de redacci\u00f3n, Yassin Swehat, su precisa y brillante traducci\u00f3n al \u00e1rabe.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si el capitalismo es una sindemia, va a seguir produciendo virus y pandemias. Ese es el futuro y no es halag\u00fce\u00f1o. La pol\u00edtica y la ciencia deber\u00edan estar luchando para liberar a la humanidad y a ellas mismas del capitalismo. 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