{"id":1440,"date":"2017-01-23T20:11:59","date_gmt":"2017-01-23T20:11:59","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=1440"},"modified":"2017-01-23T20:11:59","modified_gmt":"2017-01-23T20:11:59","slug":"memoria-trotsky-siqueiros-y-el-estalinismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=1440","title":{"rendered":"Memoria. Trotsky, Siqueiros y el estalinismo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Memoria<\/strong><\/p>\n<p><strong>Trotsky, Siqueiros y el estalinismo <\/strong><\/p>\n<p><strong>Andr\u00e9s de Francisco <\/strong><\/p>\n<p><strong>Viento Sur, 20-1-2012 <a href=\"http:\/\/www.vientosur.info\/\">http:\/\/www.vientosur.info\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Coyoac\u00e1n, Ciudad de M\u00e9xico. Contenida por las calles Viena, Morelos y Churubusco se levanta la casa en la que Trotsky busc\u00f3 su \u00faltimo refugio y donde hall\u00f3 la muerte cuando s\u00f3lo hab\u00edan transcurrido tres a\u00f1os y medio de su exilio mexicano en enero de 1937. Ahora es una casa-museo de obligatoria visita, testimonio de uno de los episodios m\u00e1s tristes de la historia del siglo XX. Se aprecia r\u00e1pidamente que en aquella casa reinaba la austeridad. Est\u00e1 claro que la riqueza de Trotsky era inmaterial, que resid\u00eda en su cabeza, en su alma. El visitante aprecia tambi\u00e9n al instante, junto a la austeridad, un clima de orden y disciplina propio de una vida dedicada al trabajo. Trotsky resist\u00eda con su trabajo, resist\u00eda a la derrota personal y pol\u00edtica. Pese a su vulnerabilidad y la amenaza constante de atentado contra su vida, es dif\u00edcil imaginarlo viviendo con miedo en aquella casa. Se sab\u00eda condenado y trabajaba. Simplemente, trabajaba como el intelectual revolucionario que siempre fue. Claro que su drama era demasiado real, y un crimen surrealista termin\u00f3 cumpliendo la orden firmada tiempo atr\u00e1s: la de acabar con su vida. A la saz\u00f3n, escrib\u00eda una biograf\u00eda de Stalin que desgraciadamente qued\u00f3 inconclusa. El h\u00e9roe revolucionario mor\u00eda como v\u00edctima de la gran revoluci\u00f3n que \u00e9l mismo hab\u00eda dirigido: M\u00e9xico, 21 de agosto de 1940. El criminal, un personaje insignificante, un tal Ram\u00f3n Mercader, al que la historia registra s\u00f3lo como asesino de Trotsky.<\/p>\n<p>Siqueiros, sin embargo, David Alfaro Siqueiros, el gran artista, no era un personaje insignificante. Y tambi\u00e9n intent\u00f3 matar a Trotsky en su casa mexicana. El contundente pintor de la madre campesina, de la madre proletaria, el muralista del pueblo oprimido y de su emancipaci\u00f3n democr\u00e1tica, el anti-imperialista defensor del indigenismo, ese mismo Siqueiros dirigi\u00f3 un comando armado contra Trotsky, un comando de artistas dispuestos a asesinarlo. Desde la larga ventana, desde la puerta, los miembros del comando descargaron sus fusiles en el dormitorio del matrimonio Trotsky. Los numerosos boquetes e impactos de bala en las paredes del cuarto dan fe del fulgurante suceso. S\u00f3lo con verlos, a\u00fan se siente el ruido atronador, el olor a p\u00f3lvora, el terror de la pareja. Y podemos imaginar a un tembloroso Trotsky agarrando instintivamente a Natalia Sedova y arrastr\u00e1ndola hacia el hueco milagrosamente salvador. Fue en efecto un milagro que la pareja sobreviviera a aquel atentado.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n podemos imaginar la escena con los ojos de Siqueiros. Es lo que propongo aqu\u00ed ahora, que nos metamos en la cabeza de ese gran artista e intentemos ver la escena desde dentro, como protagonistas y no como espectadores. David Alfaro Siqueiros, el gran luchador, el rebelde, el coronel en el bando republicano espa\u00f1ol frente al fascismo, el comunista Siqueiros. \u00bfC\u00f3mo es posible que dirigiera aquel comando? \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda en su cabeza? \u00bfQu\u00e9 certezas, qu\u00e9 convicciones, qu\u00e9 lealtades? \u00bfQu\u00e9 sent\u00eda Siqueiros?<\/p>\n<p>Siqueiros, y los otros artistas que formaban el comando, apretaron el gatillo por convicci\u00f3n, en la firme creencia de que Trotsky era un traidor y un enorme peligro para la causa revolucionaria. Hab\u00eda que eliminarlo. No bastaba con tenerlo apartado en un distrito de la Ciudad de M\u00e9xico, desterrado, desarmado, vencido. Hab\u00eda que hacerlo desaparecer f\u00edsicamente. Todo su heroico pasado revolucionario quedaba anulado en una sumaria sentencia. Toda su enorme labor -pol\u00edtica, intelectual, moral, diplom\u00e1tica, militar- qued\u00f3 borrada de la cabeza de Siqueiros mientras descargaba su rifle contra Trotsky. En aquel momento Siqueiros no vio al padre de la revoluci\u00f3n rusa, a su gran te\u00f3rico y art\u00edfice; s\u00f3lo vio a un renegado traidor que deb\u00eda ser eliminado. Aquel hombre sensible y creativo, capaz de empatizar con las v\u00edctimas universales de la opresi\u00f3n, descargaba su rifle contra Trotski sin pens\u00e1rselo dos veces.<\/p>\n<p>Sin dobles pensamientos, sin dudas, con la certeza del creyente, Siqueiros no debi\u00f3 ser consciente de la importancia simb\u00f3lica de su acto. No debi\u00f3 darse cuenta de que no atentaba s\u00f3lo, ni siquiera principalmente, contra Trotsky. En realidad, atentaba contra la misma revoluci\u00f3n. Su fallido crimen \u2013otro momento infame para la historia- no entraba ya en el sue\u00f1o revolucionario contra la tiran\u00eda y la injusticia, no era parte ya de la lucha por la sociedad emancipada del futuro. Ni aportaba nada al arduo proceso de construcci\u00f3n del socialismo. M\u00e1s bien al contrario, era una aportaci\u00f3n \u2013una m\u00e1s- a la causa de su destrucci\u00f3n. Formaba ya parte, en realidad esencial, de la pesadilla estalinista, consum\u00e1ndola en el plano simb\u00f3lico. No era m\u00e1s que otro acto del terror totalitario, del pensamiento mecanizado que no soporta la cr\u00edtica y la divergencia, del odio convertido en certeza y viceversa: de la certeza convertida en odio.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 fue el estalinismo? \u00bfC\u00f3mo sucumbieron los partidos comunistas a semejante ceguera dogm\u00e1tica? \u00bfQu\u00e9 enorme operaci\u00f3n de autoenga\u00f1o sufrieron sus militantes? \u00bfPor qu\u00e9 se vendaron los ojos? \u00bfTuvo remordimientos Siqueiros? \u00bfQu\u00e9 revoluci\u00f3n dej\u00f3 todo aquello? \u00bfQu\u00e9 esperanzas de emancipaci\u00f3n futura?<\/p>\n<p>En verdad, del delirio estalinista ya s\u00f3lo pod\u00eda salir una revoluci\u00f3n met\u00e1lica, sin coraz\u00f3n. Aquel socialismo, en cuyo nombre se atentaba contra Trotsky, era ya un socialismo sin rostro, sin empat\u00eda, sin compasi\u00f3n. Carec\u00eda de minor\u00edas, de contracorriente y antagonismo; de la riqueza, en fin, que da la diferencia y la variedad. Era un socialismo romo, sin sutileza, de uniforme y desfile, de acero y hormig\u00f3n, hu\u00e9rfano de dial\u00e9ctica, carente de vida. Como dej\u00f3 patente el suicidio de Maiakowski ya en 1930, se hab\u00eda quedado sin arte ni poes\u00eda. Hab\u00eda perdido la alegr\u00eda, la espontaneidad, la risa, y la fantas\u00eda creadora. Los mismos partidos comunistas que combatieron el fascismo incluso con las vidas de muchos camaradas, llenaron de traidores sus cabezas y se armaron de falsas coartadas para combatir al imaginado enemigo interior, con un diab\u00f3lico Trotsky a la cabeza de la contrarrevoluci\u00f3n. De cr\u00edticos audaces pasaron a pobres justificadores, de rebeldes a obedientes soldados de una revoluci\u00f3n abortada, de luchadores antifascistas a inquisidores sedientos de sangre. Su lenguaje se hizo barroco, abstruso, cerrado. El marxismo \u2013vivaz y matizado en los grandes pensadores marxistas- se volvi\u00f3 escol\u00e1stica de cart\u00f3n piedra. Se impuso una est\u00e9ril ortodoxia y la cuca\u00f1a prosper\u00f3. Coyoac\u00e1n, 1940, s\u00f3lo 23 a\u00f1os despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n de octubre: un insignificante comunista asesinaba a Trotsky, con el acierto esta vez que le hab\u00eda faltado al gran artista Siqueiros.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 fue el estalinismo? En realidad, fue muchas cosas. Se ciment\u00f3 en una estructura de Estado a la que la planificaci\u00f3n centralizada de la econom\u00eda oblig\u00f3 a una extrema burocratizaci\u00f3n, con sus aleda\u00f1as clientelas pol\u00edticas y una nueva clase privilegiada ligada al partido \u00fanico. El estalinismo fue adem\u00e1s un r\u00e9gimen totalitario basado en el terror y la indefensi\u00f3n individual, sin libertad personal ni sociedad civil. Fue tambi\u00e9n una enorme maquinaria orwelliana de manipulaci\u00f3n medi\u00e1tica, propaganda ideol\u00f3gica y control de la informaci\u00f3n. Pero no fue s\u00f3lo eso. No fue s\u00f3lo un r\u00e9gimen totalitario asentado en el terror, en una burocracia clientelar y en la manipulaci\u00f3n generalizada. Ese moderno Leviat\u00e1n gener\u00f3 adem\u00e1s un estado peculiar y perverso de la conciencia colectiva. Porque Siqueiros y su art\u00edstica tropa no atacaron a Trotski por miedo a una represalia. Lo hicieron, como el mismo Mercader, por compromiso pol\u00edtico. El mito revolucionario que el estalinismo fabric\u00f3 y supo mantener vivo gener\u00f3 adhesiones, lealtades, entrega, compromiso. Incluso hero\u00edsmo. Y lo hizo m\u00e1s all\u00e1 de toda raz\u00f3n moral. De forma sobrecogedora y fascinante. De hecho, el estalinismo \u2013como tambi\u00e9n el fascismo- desarroll\u00f3 una fuerza colectiva descomunal capaz de envolver al individuo en un v\u00f3rtice gigantesco y elevarlo a una nueva dimensi\u00f3n. En cierto modo, a la trascendencia. El sujeto revolucionario, humillado tantas veces en su cotidianeidad, sometido a jefes, necesidades, estrecheces, v\u00edctima o espectador de mil injusticias, ahora se enlaza al movimiento comunista, abraza una causa com\u00fan, une su voz a la de otros centenares de miles como \u00e9l, y se siente miembro de una fuerza superior. Sus pasiones y deseos antes reprimidos tienen ahora un veh\u00edculo de expresi\u00f3n, su sed de justicia encuentra un instrumento ejecutivo, vuelven las ilusiones y la vida cobra un sentido nuevo. El individuo se trasciende en algo m\u00e1s grande que \u00e9l, en un \u00f3rgano colectivo. Y se deja llevar. En realidad, se libera. Ahora puede hacer cosas que antes no habr\u00eda podido justificarse a s\u00ed mismo. Puede atacar, pegar, incluso matar. Ahora la violencia es una nueva forma de ser, la del luchador, la del partisano, la del revolucionario. Y obedecer tiene una dimensi\u00f3n liberadora. Antes la obediencia era resultado de la humillaci\u00f3n social y lo degradaba ante su patr\u00f3n o su jefe. Ahora obedece con orgullo a su partido y a su direcci\u00f3n. No es int\u00e9rprete de la historia, sino su agente. No cuestiona, no critica. Cumple un destino. Se entrega y lo hace sin importarle el sacrificio. Sacrifica familia e hijos, olvida a sus viejos amigos. Ahora es un fiel camarada que no necesita justificaci\u00f3n por sus actos porque ya tiene a la justicia de su lado: la suya es la causa de la humanidad. Es preciso eliminar a Trotsky: \u00a1h\u00e1gase!<\/p>\n<p>Hay estados de la conciencia individual forjados a base de anular las propias capacidades intelectuales por las que aspiramos a entender el mundo. Ortega \/1 hablaba del enamoramiento como uno de esos estados intelectualmente empobrecedores del esp\u00edritu basados en una certera mixtificaci\u00f3n: el ser querido se convierte \u2013como por arte de magia- en un ser perfecto. Es una imagen repentinamente cristalizada. Tambi\u00e9n la m\u00edstica crea estados \u201cperfectos\u201d de comuni\u00f3n, en este caso, con Dios, pero sin mediaci\u00f3n de la racionalidad teol\u00f3gica. Hay tambi\u00e9n mucho amor y mucha m\u00edstica en la conciencia revolucionaria. Es una conciencia ensimismada, llena de certezas (y autoenga\u00f1os), dispuesta a la entrega total, trascendida toda su individualidad en una causa superior que no admite dudas ni contemplaciones. Dispuesta a todo, incluso al sacrificio de la propia vida.<\/p>\n<p>El engagement del revolucionario encierra sin duda algo grande y noble, ante lo cual el individualismo de la llamada conciencia burguesa resulta mezquino y cobarde, atrapado en sus peque\u00f1os placeres y particular\u00edsimos intereses. Pero la entrega m\u00edstica y enamorada \u2013esto es, ciega- a una gran causa, aunque sea la emancipaci\u00f3n de la humanidad, tiene su lado f\u00e1ustico y desata fuerzas demon\u00edacas tanto o m\u00e1s (auto)destructivas que creadoras. El propio Trotsky lo experiment\u00f3 cuando todav\u00eda estaba en la cima del poder: salvar la revoluci\u00f3n implicaba renegar del mismo socialismo, eliminar la democracia, reprimir a la misma clase obrera, extirpar la libertad pol\u00edtica y sindical. Todav\u00eda no hab\u00eda muerto Lenin, y ya la revoluci\u00f3n hab\u00eda empezado a devorar a sus mejores hijos: la dictadura del proletariado se convert\u00eda en dictadura sobre el proletariado. La diferencia esencial con el estalinismo, adem\u00e1s del grado, es que Trotsky era muy consciente de la contradicci\u00f3n de su praxis revolucionaria y esa contradicci\u00f3n lo atorment\u00f3 siempre, porque ten\u00eda conciencia moral. Stalin se regocijaba en el terror que infund\u00eda. Aunque es una gran diferencia, Stalin, sin embargo, no cay\u00f3 del cielo sino que fue engendrado por la misma revoluci\u00f3n. Fue una variante particularmente s\u00e1dica y criminal, pero la semilla del totalitarismo estaba en sus entra\u00f1as. Y Trotsky lo hab\u00eda predicho tempranamente, en 1914, cuando todav\u00eda se opon\u00eda a Lenin.<\/p>\n<p>Nadie ha captado mejor que Sartre los dilemas existenciales del \u201caut\u00e9ntico\u201d compromiso pol\u00edtico. En su c\u00e9lebre trilog\u00eda Los caminos de la libertad inventa al comunista Brunet, y sus di\u00e1logos con Mathieu, el esc\u00e9ptico profesor de filosof\u00eda, no tienen desperdicio. El engagement es una decisi\u00f3n en la que no s\u00f3lo uno se pone en acci\u00f3n; tambi\u00e9n pone en juego cuestiones como la aut\u00e9ntica libertad y la responsabilidad moral.<\/p>\n<p>\u201cEres libre\u201d, le dice Brunet a Mathieu \/2. Y precisamente por eso, a\u00f1ade, \u201ctienes necesidad de comprometerte\u201d. Porque, \u201c\u00bfpara qu\u00e9 sirve la libertad si no es para comprometerse?\u201d. Esta es una pregunta fundamental que esconde una certeza: sin compromiso, la libertad est\u00e1 vac\u00eda, es una libertad flotante. El hombre esclavo de su libertad personal es \u201cuna abstracci\u00f3n\u201d, est\u00e1 como \u201causente\u201d, vive \u2013dice Brunet- \u201centre par\u00e9ntesis\u201d.<\/p>\n<p>Parece que esas razones hacen mella en Mathieu pues llega a reconocerle a Brunet que ha terminado por perder el sentido de la realidad: \u201cnada me parece completamente verdadero\u201d \u2013dice-, y se autocalifica de \u201cirresponsable\u201d. Por el contrario: \u201cTu. T\u00fa eres real\u2026 Todo lo que tocas parece real\u201d. Y a\u00f1ade a modo de conclusi\u00f3n: \u201cT\u00fa eres un hombre\u2026, has elegido ser un hombre\u201d.<\/p>\n<p>En efecto, Brunet, el comunista Brunet, ha renunciado a su libertad y ha entrado en otra dimensi\u00f3n. Ahora cumple un destino y, como el resto de sus camaradas, \u201cno es m\u00e1s que un soldado\u201d. Mathieu quisiera entregarse igual que su amigo, pero necesita \u201cestar convencido\u201d, necesita una certeza por la que cambiar\u00eda gustoso su libertad, porque piensa como \u00e9l que \u201cno se es un hombre hasta encontrar una cosa por la que se aceptar\u00eda morir\u201d. Esto \u00faltimo es obviamente una estupidez muy del gusto del dramatismo existencialista de la \u00e9poca, una estupidez que implica que el fan\u00e1tico de turno \u2013incluido un terrorista suicida- porta m\u00e1s humanidad que cualquiera de sus v\u00edctimas. Pero lo cierto es que Mathieu no est\u00e1 convencido de entrar en el Partido Comunista, tiene dudas. Y se abstiene.<\/p>\n<p>Al final, en La \u00faltima oportunidad, ap\u00e9ndice in\u00e9dito de la trilog\u00eda, se reencuentran los dos amigos, desatada ya la II Guerra Mundial. Y Brunet desvela entonces un dato de su propio aprendizaje B73:<\/p>\n<p>\u201cEl P.C. \u2013dice- es un partido de violencia\u2026 Y la violencia jam\u00e1s me ha dado miedo. Solamente cre\u00eda que era un mal necesario y que se la pod\u00eda dirigir, limitar su empleo\u201d.<\/p>\n<p>Pero enseguida reconoce:<\/p>\n<p>\u201cNo se puede. Si la usas una vez, est\u00e1 en todas partes, hasta en la organizaci\u00f3n interna del partido\u201d.<\/p>\n<p>Y como Mathieu mantiene un rostro inexpresivo, decide escandalizarlo con un golpe de ultrarrealismo:<\/p>\n<p>\u201cLa injusticia \u2013explica- reina incluso en la comunidad de los justos\u201d.<\/p>\n<p>Hay que despojarse del idealismo peque\u00f1o-burgu\u00e9s y de la moralidad individualista, piensa Brunet, para entender y aceptar esta cruda realidad. Ahora bien, \u00bfqui\u00e9nes son los justos? La respuesta llega al final, cuando en realidad es el axioma principal de toda la argumentaci\u00f3n. Obviamente aqu\u00ed est\u00e1 el n\u00facleo del problema. Y por fin lo descubrimos. Sencillamente, concluye Brunet: \u201cSomos nosotros los justos\u2026 somos nosotros, y jam\u00e1s dejar\u00e9 de decirlo, incluso si dejo el Partido.<\/p>\n<p>Somos nosotros porque somos nosotros los \u00fanicos que combatimos por el hombre\u201d.<\/p>\n<p>Por eso la acci\u00f3n del comunista Brunet no necesita justificaci\u00f3n, porque \u2013contin\u00faa diciendo- \u201cquer\u00edamos cambiar el mundo, y la menor de nuestras acciones pon\u00eda en juego el universo entero\u201d. Trotsky \u2013padre incuestionable de la revoluci\u00f3n- tambi\u00e9n deb\u00eda ser sacrificado al universo entero. Por eso, decir otra cosa, esto es, decir la verdad, termina afirmando Brunet \u2013y sorprende la sint\u00e9tica conclusi\u00f3n- \u201cno es sino trotskismo\u201d. Hablar de la mentira del estalinismo, de su criminalidad intr\u00ednseca, de la deshumanizaci\u00f3n del socialismo realmente existente, de la aberraci\u00f3n totalitaria; decir que Stalin era un nuevo y terrible s\u00e1trapa\u2026 Todo eso es trotskismo y hab\u00eda que acallarlo porque la justicia estaba \u201cde nuestro lado\u201d, en el bando correcto. Y Stalin, el camarada Stalin, era el salvador de la revoluci\u00f3n frente a sus enemigos.<\/p>\n<p>Camus tiene raz\u00f3n en El hombre rebelde al detectar un trasfondo de nihilismo metaf\u00edsico en esta conciencia revolucionaria redentorista que lucha, m\u00e1s all\u00e1 de toda moral, por la emancipaci\u00f3n de la humanidad. Lo que queda en el nihilismo no es una \u00e9tica nueva m\u00e1s all\u00e1 de los valores, sino su total destrucci\u00f3n, y de ah\u00ed, de esa tierra quemada, s\u00f3lo puede mantenerse en pie una voluntad de poder desnuda a la que todo est\u00e1 permitido, pendiente tan solo de su propia eficacia t\u00e9cnica. El estalinismo fue as\u00ed la destrucci\u00f3n nihilista de la mejor esperanza revolucionaria. Sin darse cuenta, con la fe del creyente, en un arrebato casi m\u00edstico de amor a la causa de la humanidad, eso es lo que hicieron Siqueiros y su comando de artistas, al apretar sus gatillos contra Le\u00f3n Trotsky.<\/p>\n<p><strong><u>Notas <\/u><\/strong><\/p>\n<p>1\/ V\u00e9ase, Jos\u00e9 Ortega y Gasset (1939), Estudios sobre el amor, Madrid, Revista de Occidente-Alianza, 1981.<\/p>\n<p>2\/ Este primer bloque de citas est\u00e1 comprendido entre las p\u00e1ginas 521 y 525 de Les Chemins de la libert\u00e9, Libro I. L\u00b4\u00c2ge de raison, VIII, en J-P. Sartre, Oeuvres romanesques, Paris: Gallimard, 1981.<\/p>\n<p>3\/ Este segundo bloque de citas se encuentra entre las p\u00e1ginas 1644-1647 de Les Chemins de la libert\u00e9, Appendice III, La Derni\u00e8re Chance (fragments), en J-P. Sartre, Oeuvres romanesques, op. cit.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Coyoac\u00e1n, Ciudad de M\u00e9xico. Contenida por las calles Viena, Morelos y Churubusco se levanta la casa en la que Trotsky busc\u00f3 su \u00faltimo refugio y donde hall\u00f3 la muerte cuando s\u00f3lo hab\u00edan transcurrido tres a\u00f1os y medio de su exilio mexicano en enero de 1937. Ahora es una casa-museo de obligatoria visita, testimonio de uno de los episodios m\u00e1s tristes de la historia del siglo XX. 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