{"id":1320,"date":"2016-11-07T17:33:07","date_gmt":"2016-11-07T17:33:07","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=1320"},"modified":"2016-11-07T17:33:08","modified_gmt":"2016-11-07T17:33:08","slug":"nicaragua-la-corte-de-los-ortega","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=1320","title":{"rendered":"Nicaragua: La corte de los Ortega"},"content":{"rendered":"<p><strong>Nicaragua<\/strong><\/p>\n<p><strong>La corte de los Ortega<\/strong><\/p>\n<p><strong>La Nicaragua del comandante Daniel Ortega celebra hoy elecciones generales con un pie en el delirio. Junto a Rosario Murillo, su \u201cleal compa\u00f1era\u201d y esot\u00e9rica esposa, el antiguo l\u00edder sandinista, renacido como cat\u00f3lico y capitalista, avanza hacia la consolidaci\u00f3n de una autocracia tropical.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Jan Mart\u00ednez Ahrens, desde Managua<\/strong><\/p>\n<p><strong>El Pa\u00eds, Madrid, 6-11-2016\u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/elpaissemanal.elpais.com\/\">http:\/\/elpaissemanal.elpais.com\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Al actual presidente de la Asamblea Nacional de Nicaragua se le encuentra con facilidad. En el noroeste de la ciudad de Le\u00f3n, a un costado de la calle que lleva su nombre, se le puede visitar cualquier d\u00eda. No hay protocolo ni guardias de seguridad que protejan a la tercera autoridad del Estado. Basta con atravesar una peque\u00f1a cancela de hierro forjado, y ah\u00ed est\u00e1, a la sombra de un espl\u00e9ndido \u00e1rbol de nim, junto a sus hermanos Carlos, Filiberto y Mirna. Todos juntos esperan al visitante. La \u00fanica diferencia es que Ren\u00e9 a\u00fan no tiene l\u00e1pida. Pero una corona de flores y un ramo de 22 rosas rojas indican d\u00f3nde est\u00e1 enterrado. A un metro bajo tierra y en un ata\u00fad color caf\u00e9 que al sepulturero Mauricio Cisne le pareci\u00f3 m\u00e1s ligero de lo esperado.<\/p>\n<p>Hijo de un carpintero y una costurera, Ren\u00e9 N\u00fa\u00f1ez T\u00e9llez fue en vida un leal servidor del comandante Daniel Ortega. Luch\u00f3 en la clandestinidad, cay\u00f3 preso, sufri\u00f3 tortura, ejerci\u00f3 de ministro, y siempre fiel, alcanz\u00f3 las m\u00e1s altas magistraturas. Una existencia plena que en la madrugada del pasado 10 de septiembre, a los 69 a\u00f1os, termin\u00f3 tras una larga y dolorosa afecci\u00f3n pulmonar.<\/p>\n<p>Enterrado, su tiempo en la tierra parec\u00eda haber llegado a su fin, cuando el comandante, como en los grandes d\u00edas, tom\u00f3 una decisi\u00f3n y orden\u00f3, con apoyo autom\u00e1tico y entusiasta de los diputados del Frente Sandinista de Liberaci\u00f3n Nacional, nombrarle \u201cpor su capacidad de di\u00e1logo y consenso\u201d otra vez presidente del Parlamento.<\/p>\n<p>Esperpento, locura o simple despotismo tropical, hace mucho que las diferencias han dejado de importarle al jefe del Estado nicarag\u00fcense. Con \u00e9l al frente, se puede ser revolucionario y prohibir cualquier tipo de aborto; se puede proclamar el socialismo y edificar un imperio familiar; se puede hablar de democracia y convocar elecciones sin oposici\u00f3n ni observadores internacionales. Todo es posible, incluso borrar el tiempo. La revoluci\u00f3n, la contra, la transici\u00f3n, el esp\u00edritu entero de una \u00e9poca han quedado sepultados en los \u00faltimos a\u00f1os bajo un magma del que ha emergido un Ortega, cristiano y capitalista, que ya no es lo que era ni lo que se esperaba de \u00e9l. Pero que cualquier nicarag\u00fcense sabe que no tiene rival y que este domingo, junto a su \u201ceternamente leal compa\u00f1era\u201d, Rosario Murillo, volver\u00e1 a ganar por cuarta vez la presidencia.<\/p>\n<p>El camino hasta este punto ha sido largo. El guerrillero que el 17 de julio de 1979 puso en fuga al dictador Anastasio Somoza ha conocido en las \u00faltimas cinco d\u00e9cadas los vaivenes de la victoria y la derrota. Y ha aprendido. Encabez\u00f3 la Junta de Gobierno sandinista, venci\u00f3 en los comicios de 1984, perdi\u00f3 los de 1990 frente a Violeta Chamorro, pas\u00f3 casi 16 a\u00f1os de oposici\u00f3n y en 2006 recuper\u00f3 una presidencia que, a juicio de sus cr\u00edticos, decidi\u00f3 no abandonar nunca m\u00e1s.<\/p>\n<p>Desde que retom\u00f3 el gobierno hace casi 10 a\u00f1os, Ortega ha ido retirando los obst\u00e1culos que le imped\u00edan perpetuarse. Las elecciones de 2011 dieron buena cuenta de esta ambici\u00f3n. La Constituci\u00f3n prohib\u00eda que un presidente en el cargo se presentara como candidato y tampoco permit\u00eda que lo hiciera quien hubiera ocupado dos veces el puesto. El comandante estaba invalidado por partida doble. Dio igual. La Corte Suprema de Justicia, bajo su control, emiti\u00f3 un fallo que le exoneraba de cumplir la propia ley. Gan\u00f3 los comicios y, tres a\u00f1os despu\u00e9s, quebr\u00f3 el \u00faltimo candado e hizo aprobar la reelecci\u00f3n indefinida. Un anatema en las devastadas democracias centroamericanas.<\/p>\n<p>Pero a\u00fan quedaba trabajo por hacer. La gran oposici\u00f3n, aglutinada en torno al l\u00edder del Partido Liberal Independiente (PLI), el economista Eduardo Montealegre, estaba recuperando aliento. No por mucho tiempo. En junio pasado una sentencia de la Corte Suprema despoj\u00f3 a Montealegre de la representaci\u00f3n legal de su propia fuerza para entreg\u00e1rsela a un t\u00edtere. Un mes despu\u00e9s, en una segunda vuelta de tuerca, el tribunal electoral acab\u00f3 la encomienda y despoj\u00f3 a los parlamentarios del PLI y su socio, el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), de sus esca\u00f1os. Primero el l\u00edder, despu\u00e9s sus diputados. De una tacada, la \u00fanica oposici\u00f3n real hab\u00eda desaparecido. Despejado el terreno, Ortega remat\u00f3 la jugada nombrando a su propia esposa candidata a la vicepresidencia. Sin fiscalizaci\u00f3n electoral ni rivales de peso, sin tan siquiera campa\u00f1a ni m\u00edtines, los comicios de hoy se han transformado, a decir de los opositores ilegalizados, en una farsa. Un inmenso fraude que apenas ha tenido contestaci\u00f3n. No se han registrado movilizaciones masivas ni las redes sociales han estallado como hicieran el a\u00f1o pasado en Guatemala u Honduras ante los abusos de sus gobernantes. Una calma chicha, profunda y doliente, reina en este pa\u00eds de seis millones de habitantes y larga pobreza.<\/p>\n<p>Mediod\u00eda en una calle c\u00e9ntrica de Managua. El term\u00f3metro marca 34 grados. La humedad es absoluta. Cuatro obreros descansan bajo la sombra de una caoba. Tienen entre 18 y 27 a\u00f1os. Les gusta hablar de comida, deportes, coches. R\u00eden y responden con afabilidad hasta que llega la cuesti\u00f3n medular.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY c\u00f3mo les va con el presidente Daniel Ortega?<\/p>\n<p>\u2013Mire, nosotros trabajamos para comer, y si le contamos esas cosas, perdemos nuestro trabajo. As\u00ed que, por favor, v\u00e1yase.La desconfianza habita entre los nicarag\u00fcenses. A\u00f1os de aplastamiento ideol\u00f3gico han surtido efecto. Las protestas son d\u00e9biles, las universidades est\u00e1n bajo control, los sindicatos han sido dome\u00f1ados y las respuestas sinceras no proliferan en las aulas ni en las calles. Para hablar hay que entrar en las casas, cerrar las puertas, evitar los tel\u00e9fonos. Los que se atreven son pocos. Habitualmente opositores declarados, intelectuales<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, Ortega y su esposa controlan todos los poderes. Todos. La polic\u00eda, el Ej\u00e9rcito, los jueces hacen lo que ellos quieren.<\/p>\n<p>En un rinc\u00f3n del alica\u00eddo Centro Nicarag\u00fcense de Escritores, el legendario sacerdote Ernesto Cardenal brama con lo que le queda de voz. Tiene 91 a\u00f1os y la melena igual de blanca que cuando era sant\u00f3n sandinista y ministro de Cultura. Pero ahora est\u00e1 cansado, e incluso \u00e9l, que lo fue todo, muestra sus temores: \u201cEsto es una dictadura y lo que me preguntas es peligroso, no lo olvides\u201d.<\/p>\n<p>Cardenal est\u00e1 sentado en un sill\u00f3n mullido y marr\u00f3n. Apenas se mueve, pero sus ojos verdes brillan con intensidad. Su centro, que lleg\u00f3 a publicar 220 t\u00edtulos, languidece en el olvido. Se ha quedado sin fondos y el gran poeta nicarag\u00fcense sobrevive, en el crep\u00fasculo de su vida, como un apestado del r\u00e9gimen. Sabe que le odian, mas no est\u00e1 dispuesto a callar: \u201cHubo una \u00e9poca en que Ortega era muy diferente, pero se corrompi\u00f3 y decidi\u00f3 enriquecerse a costa de un pueblo pobre. Ahora a \u00e9l y su esposa se les rinde un culto a la personalidad, como en Corea del Norte\u201d.<\/p>\n<p>Cardenal no est\u00e1 solo. Su opini\u00f3n es compartida por muchos opositores. Aunque todav\u00eda lejos de la oclusi\u00f3n cubana, la deriva autoritaria del comandante les hace temer lo peor. \u201cOrtega y su esposa se encaminan hacia un modelo de partido \u00fanico. Es un viaje al pasado que les est\u00e1 valiendo el repudio universal. Pero les da igual. No son carism\u00e1ticos, simplemente tienen poder, m\u00e1s del que nadie ha logrado en este pa\u00eds. Y lo quieren conservar a toda costa\u201d, detalla el escritor Sergio Ram\u00edrez, quien fue vicepresidente del primer Gobierno sandinista.<\/p>\n<p>\u201cNo hay una dictadura en el sentido cl\u00e1sico, esto es un fen\u00f3meno at\u00edpico, una forma de absolutismo, casi una monarqu\u00eda. \u00bfQui\u00e9n pod\u00eda pensar que un compa\u00f1ero de lucha iba a acabar as\u00ed? Siento rabia. \u00a1C\u00f3mo fuimos tan ingenuos!\u201d, se lamenta la novelista, poeta y antigua sandinista Gioconda Belli.<\/p>\n<p>Hasta alcanzar su estado actual, Ortega ha protagonizado una portentosa transfiguraci\u00f3n. Ayudado por Murillo, la cris\u00e1lida dej\u00f3 amarillear en sus a\u00f1os de oposici\u00f3n el credo sandinista, meti\u00f3 en un ba\u00fal sus simpat\u00edas estalinistas y abraz\u00f3 el libre mercado. Pero eso solo fue un primer movimiento. En un gesto destinado a tranquilizar a quienes a\u00fan le tem\u00edan, hizo de sus antiguos adversarios grandes amigos. En el mundo de los negocios y en el de la pol\u00edtica. El belicoso Comandante Cero, Ed\u00e9n Pastora, cay\u00f3 en sus brazos; los empresarios empezaron a verle como un valedor de sus intereses, y hasta se reconcili\u00f3 con su archienemigo, el cardenal Miguel Obando, quien ofici\u00f3 su boda en septiembre de 2005.<\/p>\n<p>En esta mutaci\u00f3n acelerada no hubo s\u00edmbolo que se librara. En campa\u00f1a cambi\u00f3 el himno sandinista, \u00adprimero por la Oda a la alegr\u00eda, y luego por una versi\u00f3n de Give Peace a Chance, de John Lennon, y otra de One Love, de Bob Marley. El belicoso rojo-negro de la \u00adiconograf\u00eda sandinista fue sustituido por el rosa chicle que empastela toda su carteler\u00eda. Y, sobre todo, descubri\u00f3 la luz de Dios. El guerrillero se quit\u00f3 la canana y se postr\u00f3 frente al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Renacido en \u201ccristiano, solidario y socialista\u201d, a los obispos les ofreci\u00f3 el oro de su conversi\u00f3n. Ya en el poder prohibi\u00f3 cualquier tipo de aborto, impidi\u00f3 el matrimonio homosexual y vet\u00f3 la investigaci\u00f3n con c\u00e9lulas madre. Ortega, a\u00fan con la boca inflamada de consignas socialistas, declar\u00f3 a monse\u00f1or Obando pr\u00f3cer de la naci\u00f3n y se alz\u00f3 como un palad\u00edn de los valores tradicionales. Con la familia en cabeza. Especialmente la suya.<\/p>\n<p>Este vertiginoso cambio habr\u00eda sido imposible sin Rosario Murillo. Poeta, madre de sus siete hijos, letrista de sus himnos, primera ministro de facto, ella lo es todo para Ortega. Desde su consejera m\u00e1s \u00edntima hasta la voz que se dirige a su pueblo cada ma\u00f1ana a las doce, puntual como las campanadas, para hablar de erupciones volc\u00e1nicas, la muerte de un sandinista, la mejora en las escuelas o simplemente las \u201cbondades del alma, la fraternidad y la luz universal\u201d. Su presencia es omn\u00edmoda en Nicaragua. Y los recelos que despierta tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Hay quien ve en ella una eminencia oscura y perturbadora. Una puerta a un dudoso m\u00e1s all\u00e1 que esta mujer extravagante, de ropa multicolor e infinitos amuletos, pulseras y anillos ha abierto sin que el comandante pueda ya cerrar. No hay unanimidad sobre su fe. Por el contrario, es un tema casi imposible de zanjar. Igual se la considera seguidora del gur\u00fa Sathya Sai Baba que impulsora del Museo San Juan Pablo II. Por temor a los malos esp\u00edritus, rechaz\u00f3 vivir en el antiguo palacio presidencial. Y por ella, cada 7 de diciembre, en la v\u00edspera de la Inmaculada Concepci\u00f3n, los ministerios levantan abigarrados altares en la grandiosa avenida de Sim\u00f3n Bol\u00edvar y regalan a sus visitantes juguetes y recuerdos.<\/p>\n<p>A estas alturas, la huella de Murillo, de 65 a\u00f1os y que declin\u00f3 hablar con este peri\u00f3dico, es ya pr\u00e1cticamente inabarcable. Ha reformado calles, derribado monumentos y sembrado la capital de sus simb\u00f3licos \u00e1rboles de la vida: enormes construcciones met\u00e1licas, de formas arb\u00f3reas y rotundos colores, que buscan transmitir \u201calegr\u00eda\u201d al pueblo sin que nadie sepa a ciencia exacta c\u00f3mo lo hacen. Sincr\u00e9tica y amante de los arquetipos; cat\u00f3lica, pentecostal y m\u00edstica, Murillo ha logrado transformar la narrativa pol\u00edtica de Ortega hasta l\u00edmites insospechados y posiblemente abrirle un espacio electoral que le estaba vedado. A cambio, ha acaparado una enorme autoridad. Pese a que fue una figura marginal del sandinismo, ya se la presenta en los libros de texto como a una gran l\u00edder revolucionaria. Pr\u00e1cticamente la mitad de los nombramientos gubernamentales dependen de su dedo y es ella quien difunde las grandes decisiones a los ministerios y los canales de comunicaci\u00f3n. Como cruzada del nuevo orden, se encarga de hablar a las masas y rega\u00f1a en p\u00fablico a funcionarios y ministros. Es el fusible de Ortega. Y desde su nombramiento como candidata a vicepresidenta, su sucesora. Un ascenso que, seg\u00fan admiten fuentes cercanas al r\u00e9gimen, ha sido mal acogido por los restos de la vieja guardia. Su propio cu\u00f1ado, el general retirado Humberto Ortega, ha salido de las catacumbas para recordar que toda forma de \u201cdinast\u00eda es inviable\u201d.<\/p>\n<p>\u201cNo la ven como sucesora, pero eso vale poco en este momento. Ella es el alma de Ortega: le lleva la agenda, le resuelve los problemas, nunca descansa. Es tremendamente operativa. A cambio ha cumplido su sue\u00f1o: pasar a la historia\u201d, indica una fuente pr\u00f3xima al Gobierno.<\/p>\n<p>El origen de esta influencia, desbordada ahora que avanzan hacia la vejez, se remonta a d\u00e9cadas atr\u00e1s, a un tiempo ya perdido. Aunque ambos coincidieron de ni\u00f1os en el barrio de San Antonio, en la Managua hist\u00f3rica, la chispa no salt\u00f3 hasta 1977 durante un encuentro casual en la Casa-Museo de Sim\u00f3n Bol\u00edvar, de Caracas. Ella lo interpret\u00f3 (o as\u00ed lo cont\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s) como un designio de los hados; \u00e9l, como un tremendo flechazo en el que se qued\u00f3 prendado de las \u201cmiradas \u00edgneas\u201d que desprend\u00eda esa joven de cabellera oscura y rostro huesudo.<\/p>\n<p>Siendo diferentes, se complementaban. Murillo era sobrina-nieta de Augusto C\u00e9sar Sandino, el gran patriota y revolucionario nicarag\u00fcense; hab\u00eda sido educada en Suiza, hablaba ingl\u00e9s y franc\u00e9s, y, despu\u00e9s de la muerte de su primer hijo en el terremoto de 1972, viv\u00eda para cantarle al mundo sus poemas.<\/p>\n<p>El comandante, tras ocho a\u00f1os de c\u00e1rcel somocista, era un hombre taciturno y de expresi\u00f3n dif\u00edcil. \u201cNo ten\u00eda cualidades especiales, siempre estaba encerrado en s\u00ed mismo. Nadie sab\u00eda lo que pensaba realmente, pero ten\u00edamos claro que ansiaba el poder por encima de cualquier cosa. Era calculador y capaz de liquidar a quien le hiciera sombra\u201d, recuerda la m\u00edtica jefa guerrillera Dora Mar\u00eda T\u00e9llez.<\/p>\n<p>Daniel y Rosario. El comandante y la poeta. Ambos unieron sus destinos en 1978 y, aunque con cierta aleatoriedad, iniciaron una larga vida en com\u00fan. Les esperaba el triunfo, pero tambi\u00e9n la adversidad y algo que para cualquier pareja hubiese sido mucho peor. El 31 de mayo de 1998, Zoilam\u00e9rica Narv\u00e1ez, hija de una relaci\u00f3n anterior de Murillo, acus\u00f3 p\u00fablicamente al comandante de haber abusado sexualmente de ella desde los 11 a\u00f1os. \u201c\u00c9l ensuci\u00f3 mi cuerpo y lo us\u00f3 como quiso\u201d, denunci\u00f3. La crudeza de las descripciones y la firmeza del testimonio pusieron a Ortega, en aquel momento l\u00edder de la oposici\u00f3n, contra las cuerdas. El estallido habr\u00eda acabado para siempre con el sandinista si no hubiera aparecido en escena Murillo. Entre su hija y su compa\u00f1ero, eligi\u00f3 a este \u00faltimo. Asumi\u00f3 su defensa y se lanz\u00f3 en tromba contra Zoilam\u00e9rica: \u201cMe ha avergonzado terriblemente que pretendiera destruirle [a Daniel Ortega] y que fuese mi propia hija la que por obsesi\u00f3n y un enamoramiento enfermizo con el poder quisiera hacerlo cuando no vio satisfecha su ambici\u00f3n\u201d, proclam\u00f3.<\/p>\n<p>Sus palabras y luego un oportuno cierre del caso por prescripci\u00f3n del delito salvaron a Ortega. Y a ella la situaron en el centro absoluto de su existencia. Due\u00f1a de su destino, hab\u00eda nacido la \u201ceternamente leal\u201d. \u201cEse d\u00eda fue cuando ella se hizo imprescindible\u201d, se\u00f1ala la soci\u00f3loga y l\u00edder feminista Sof\u00eda Montenegro, quien conoci\u00f3 de primera mano el caso.<\/p>\n<p>Bajo sus auspicios, Ortega empez\u00f3 la metamorfosis que le llev\u00f3 a recuperar la presidencia en 2006. Desde entonces, su poder se ha extendido hasta l\u00edmites insospechados. Y con \u00e9l, el de su familia. El d\u00fao presidencial ha puesto a sus hijos al servicio de la causa. Han llegado a viajar con ellos con rango de asesores y llevan las riendas de negocios estrat\u00e9gicos para el clan. El primog\u00e9nito, seg\u00fan las investigaciones de la prensa local, controla la lucrativa distribuci\u00f3n del petr\u00f3leo. Otros cuatro hermanos tienen bajo su tutela otros tantos canales de televisi\u00f3n, sin contar con las emisoras y canales de comunicaci\u00f3n oficiales.<\/p>\n<p>Pero el m\u00e1s conocido de la camada es Laureano Ortega. Asesor presidencial y hombre-puente para el capital extranjero, fue uno de los introductores del fantasmag\u00f3rico empresario chino que galvaniz\u00f3 al pa\u00eds al obtener una concesi\u00f3n para un gigantesco canal trans\u00adoce\u00e1nico con la promesa de una inversi\u00f3n de 50.000 millones de d\u00f3lares. Casi cuatro veces el PIB nacional. \u201cTres a\u00f1os despu\u00e9s no ha habido licitaciones ni obras, solo estudios. La gente ya no cree en ese proyecto\u201d, afirma Carlos Fernando Chamorro, director de Confidencial, uno de los pocos medios independientes de Nicaragua.<\/p>\n<p>Pero la distribuci\u00f3n a granel de sue\u00f1os imposibles no es el \u00fanico m\u00e9rito de Laureano. En la corte tropical tambi\u00e9n es conocido por su amor a la \u00f3pera. Pasi\u00f3n que, con la ayuda de sus progenitores, le ha llevado a apadrinar en el Teatro Nacional de Managua sus propios festivales y, desde luego, salir a escena como tenor ante un auditorio milim\u00e9tricamente rendido a sus pies.<\/p>\n<p>\u00c1rboles de la vida, tenores de la realeza, muertos que dirigen el Parlamento. La Nicaragua de Daniel Ortega tiene un pie puesto en el delirio. Igual se regalan techos de uralita para los pobres que se construyen pistas de hielo bajo un sol infernal. No hay espacio donde los tent\u00e1culos del sistema no est\u00e9n presentes. El orteguismo, a decir de sus cr\u00edticos, ya ha fagocitado por completo al sandinismo y, de paso, enterrado el cad\u00e1ver de lo que un d\u00eda fue una revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>El resultado es un escenario irreal, donde cabr\u00eda pensar que, en pleno siglo XXI, todo est\u00e1 a punto de derrumbarse. Pero los hechos son bien distintos. El pa\u00eds, con un PIB per capita 16 veces inferior al espa\u00f1ol, aguanta un hurac\u00e1n tras otro. Pese a figurar en los \u00faltimos lugares de la tabla de \u00edndices de desarrollo americana, su econom\u00eda agr\u00edcola, de excelente caf\u00e9, carne y az\u00facar, no deja de crecer. Poco importa que presente un 70% de informalidad o que solo el 4% de empresas tenga una contabilidad en forma. Aplaudido por el FMI, Nicaragua ha registrado un aumento medio del PIB del 5,2% en el \u00faltimo lustro y se ha vuelto polo de atracci\u00f3n para pa\u00edses como Rusia.<\/p>\n<p>Tres factores, seg\u00fan los analistas, han jugado a favor de esta evoluci\u00f3n. La ya extenuada ayuda de Venezuela (4.000 millones de d\u00f3lares en siete a\u00f1os). Una criminalidad muy inferior a Honduras, El Salvador y Guatemala. Y la proximidad de los empresarios al r\u00e9gimen. \u201cTras la sacudida de los a\u00f1os ochenta, la clase alta regres\u00f3, y no quiere arriesgarse a perder otra vez lo que tiene\u201d, explica un influyente hombre de negocios.<\/p>\n<p>La combinaci\u00f3n no deja de sorprender. Mientras la pol\u00edtica es un erial dominado por Ortega y Murillo, el mundo del dinero se ha aglutinado en torno al Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y ha cerrado una especie de cogobierno neoliberal con el antiguo marxista. Han sido aprobadas 105 leyes bajo su \u00e9gida. \u201cHay previsibilidad, certidumbre y un marco legal flexible. No tenemos maras ni penetraci\u00f3n del narco en el Estado. Por eso crecemos. En 10 a\u00f1os las exportaciones se han quintuplicado, y la inversi\u00f3n extranjera directa se ha sextuplicado\u201d, glosa el presidente de Cosep, Jos\u00e9 Ad\u00e1n Aguerri, uno de los hombres fuertes de Nicaragua.<\/p>\n<p>Con estos datos, el comandante, a sus 70 a\u00f1os, podr\u00eda dormir tranquilo. Pero su af\u00e1n por aplastar cualquier oposici\u00f3n revela un p\u00e1nico casi existencial. \u201cVive bajo el s\u00edndrome del noventa, cuando perdi\u00f3 las elecciones frente a Chamorro\u201d, explica la excomandante T\u00e9llez. \u201cEl desaf\u00edo es la falta de estabilidad pol\u00edtica; los poderes del Estado deben ser independientes y ha de abrirse un di\u00e1logo pol\u00edtico que hoy no hay\u201d, afirma el l\u00edder de la patronal.<\/p>\n<p>Ah\u00ed radica la principal fisura. La acelerada liquidaci\u00f3n de los espacios de discrepancia ha encendido las alarmas dentro y fuera del pa\u00eds. Los mismos obispos, tanto tiempo mimados, han exigido unas elecciones \u201chonestas y transparentes\u201d al tiempo que sentenciaban, con su milenaria punter\u00eda, que \u201clos a\u00f1os pasan y nadie es eterno\u201d. Y Estados Unidos, el gran hacedor continental, ha empezado a poner en marcha la maquinaria para sancionar al Ejecutivo por sus ataques a la democracia.\u201cLa presi\u00f3n externa es el tel\u00f3n de Aquiles de Ortega. La econom\u00eda es muy peque\u00f1a y cualquier impacto se nota\u201d, se\u00f1ala el escritor Sergio Ram\u00edrez. \u201cHasta ahora hemos tenido las constelaciones alineadas a nuestro favor, ma\u00f1ana no lo sabemos\u201d, admite una fuente \u00adcercana al Ejecutivo.<\/p>\n<p>En Nicaragua hay quien est\u00e1 convencido de que el cambio est\u00e1 pr\u00f3ximo. Que Ortega tiene los d\u00edas contados. \u201cHa superado el l\u00edmite, ya nadie est\u00e1 contento, el deterioro es demasiado alto\u201d, dice la presidenta del ilegalizado MRS, Ana Margarita Vigil. Otros, como el periodista Chamorro, son m\u00e1s esc\u00e9pticos: \u201cEliminada la oposici\u00f3n, Ortega buscar\u00e1 llenar el vac\u00edo, volver\u00e1 a entenderse con el capital y habr\u00e1 m\u00e1s de lo mismo\u201d.<\/p>\n<p>Son c\u00e1lculos que de momento giran sobre s\u00ed mismos. Crepitan en los cen\u00e1culos nicarag\u00fcenses, pero se estrellan con el inexorable 6 de noviembre. Hoy el Comandante podr\u00eda volver a triunfar y durante otros cinco a\u00f1os gobernar\u00e1 un Estado que se ha vuelto un espejo de si mismo. Para ello, Ortega solo tendr\u00e1 que jurar el cargo ante el presidente del Parlamento. Un poder que ahora, como tantas cosas en Nicaragua, est\u00e1 muerto y enterrado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Nicaragua del comandante Daniel Ortega celebra hoy elecciones generales con un pie en el delirio. 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