{"id":12574,"date":"2020-07-03T19:06:16","date_gmt":"2020-07-03T17:06:16","guid":{"rendered":"http:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=12574"},"modified":"2020-07-04T09:36:05","modified_gmt":"2020-07-04T07:36:05","slug":"cultura-la-victoria-de-lo-sublime-beethoven-250-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=12574","title":{"rendered":"Cultura &#8211; La victoria de lo sublime. Beethoven: 250 a\u00f1os.   [Guilherme de Alencar Pinto]"},"content":{"rendered":"<p><strong>Estaba todo previsto para que este fuera el a\u00f1o de Beethoven. Pandemia mediante, los 250 a\u00f1os del natalicio del pobre Ludwig vienen teniendo como principal celebraci\u00f3n la \u201cPara Elisa\u201d desafinada de los camiones de superg\u00e1s que cruzan las calles semivac\u00edas. Nada impide, sin embargo, aprovechar ese cuarto de milenio (que se cumple a fin de a\u00f1o) para resumir el aporte de uno de los compositores que m\u00e1s contribuyeron a definir nuestro v\u00ednculo con el arte.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Guilherme de Alencar Pinto<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/brecha.com.uy\">Brecha<\/a>, 3-7-2020 <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 3-7-2020<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Ludwig van Beethoven (1770-1827) es quiz\u00e1 el compositor m\u00e1s influyente de la historia de la m\u00fasica. A partir del siglo XX, la m\u00fasica popular tuvo una masividad que no era alcanzable en sus tiempos, pero en ella el portador de influencias es la interpretaci\u00f3n, no la composici\u00f3n, y, adem\u00e1s, la gran segmentaci\u00f3n de ese sector impide que se destaque una figura, cosa que s\u00ed es posible en la cultura euroc\u00e9ntrica del siglo XIX. S\u00f3lo Wagner (1813-1883) puede hacerle mella, pero hay que se\u00f1alar que la idolatr\u00eda suscitada por \u00e9ste estuvo siempre potenciada por una controversia encendida, mientras que el caso de Beethoven se parece m\u00e1s a la de su casi casi coet\u00e1neo Artigas, es decir, se convirti\u00f3 en una figura casi intocable y reivindicada por todos (en la famosa controversia entre Wagner y Brahms, ambos fundamentaban sus posiciones evocando a Beethoven).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Con Beethoven se da un fen\u00f3meno \u00fanico: hay una etapa extensa de su trayectoria \u2013el momento en que \u00e9l oper\u00f3 de forma m\u00e1s concentrada su revoluci\u00f3n musical\u2013 en que parece que no hab\u00eda otro compositor en el mundo. En 1803, Joseph Haydn (1732-1809) dej\u00f3 de componer. De ah\u00ed hasta 1813, cuando Rossini (1792-1868) emboc\u00f3 sus primeros \u00e9xitos oper\u00edsticos, no hay obra alguna, que no sea de Beethoven, que integre el repertorio habitual de los conciertos, grabaciones, que est\u00e9 en la memoria com\u00fan o haya ejercido una influencia significativa. Reci\u00e9n a partir de ese momento empezaron a surgir las primeras composiciones relevantes de Schubert, Paganini, Weber y Meyerbeer, que prepararon la llegada de la llamada \u201cgeneraci\u00f3n rom\u00e1ntica\u201d (Berlioz, Mendelssohn, Chopin, Schumann, Liszt, Wagner).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Por supuesto, durante esos diez largos a\u00f1os de soledad hist\u00f3rica de Beethoven, la vida musical sigui\u00f3 tan activa como siempre. Cada corte, cada iglesia y cada municipalidad ten\u00eda su maestro de capilla. Los nombres m\u00e1s destacados, como Spohr, Reicha, Cherubini, Hummel, Boieldieu, M\u00e9hul, Gossec, Kozeluch, Dussek, Ries, Spontini, Paer, Paisiello y Mayr rellenan los libros de historia, porque quedar\u00eda poco serio no poner a nadie. Pero \u00bfcu\u00e1ntas personas que no tengan el oficio de music\u00f3logos tuvieron un contacto real con alguna de sus producciones? Quienes estudiaron piano a la antigua habr\u00e1n sufrido las piezas did\u00e1cticas, incre\u00edblemente aburridas, de Czerny, Cramer o Clementi. Del que todos s\u00ed escucharon hablar fue de Salieri, cuya exagerada fama de compositor mediocre se debe a las versiones ficcionales de la leyenda urbana de que, envidioso, envenen\u00f3 a Mozart (cuyo hijo Franz Xaver Mozart tambi\u00e9n integra esa legi\u00f3n generacional de compositores olvidados).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Esos diez a\u00f1os en que la historia hace un \u201cprimer plano\u201d (en sentido cinematogr\u00e1fico) sobre Beethoven, y que deja a los dem\u00e1s como extras fuera de foco al fondo, se puede explicar de dos maneras. Lo m\u00e1s racional ser\u00eda asumir que la versi\u00f3n hegem\u00f3nica de la historia, Beethoven-c\u00e9ntrica, borr\u00f3 esos nombres en forma injusta o determin\u00f3 criterios de valor moldeados por Beethoven en los cuales ellos no encajan. La otra explicaci\u00f3n ser\u00eda m\u00e1gica, aunque la sensibilidad rom\u00e1ntica, con su propensi\u00f3n teleol\u00f3gica, podr\u00eda aceptarla: el resto del mundo se repleg\u00f3 expresamente para que el destino hist\u00f3rico se pudiera cumplir, sin impedimentos, a trav\u00e9s del avatar elegido por las musas: Beethoven.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El relato can\u00f3nico hizo mucho por romantizar a Beethoven con el estereotipo del genio art\u00edstico: el hombre de personalidad impulsiva, consciente de su propia grandeza y en eterno conflicto con las circunstancias; desgre\u00f1ado y descort\u00e9s, porque su concentraci\u00f3n en la inspiraci\u00f3n no le dejaba tiempo para peque\u00f1eces prosaicas. Encima de sufrir de una gran infelicidad en el amor, fue acometido por el golpe cruel de quedar privado de la audici\u00f3n. En vez de doblegarse frente a esas dificultades, respondi\u00f3 componiendo unos monumentos de magnitud sin precedentes, como sac\u00e1ndole la lengua al destino en un estilo que, a veces, pod\u00eda ser avasallantemente furibundo. Era f\u00e1cil sentir esa m\u00fasica como un reflejo espont\u00e1neo de su personalidad excepcional y de los eventos de su vida, y ese componente de sinceridad pod\u00eda excusar extra\u00f1ezas que, en otras circunstancias, hubieran sido tomadas como errores. Aun en vida, se gener\u00f3 con \u00e9l (y \u00e9l cultiv\u00f3) esa idea historicista de que estaba \u201cadelante de su tiempo\u201d, y qued\u00f3 como un crack, porque efectivamente el futuro le dio la raz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Beethoven se convirti\u00f3 en la personificaci\u00f3n ideal de la afirmaci\u00f3n de un humanismo individualista y de la sustituci\u00f3n de una est\u00e9tica de lo bello por una est\u00e9tica de lo sublime. Su m\u00fasica ya no funciona como un ornamento convencionalmente agradable para la vida, sino que es un objeto extra\u00f1o cuya apreciaci\u00f3n exige esfuerzo, y la recompensa no es el simple placer inmediato, sino la elevaci\u00f3n trascendente, la iluminaci\u00f3n del esp\u00edritu. Entran en juego criterios como los de la originalidad, la innovaci\u00f3n e incluso el de un cierto grado de desacomodo, de provocaci\u00f3n al p\u00fablico. Forceje\u00f3 con los l\u00edmites (de lo t\u00e9cnicamente tocable, de lo est\u00e9ticamente soportable) y contribuy\u00f3 a establecer nuestro modelo de consumo musical, es decir, el que jerarquiza radicalmente a los creadores e int\u00e9rpretes profesionales y los opone a un amplio p\u00fablico pasivo que paga por el acceso (relegando los otros formatos, el de la m\u00fasica dom\u00e9stica y el de las m\u00fasicas funcionales de las cortes e iglesias).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Es muy f\u00e1cil poner en duda la seriedad de un vanguardista que hace cosas incomprensibles, pero Beethoven bloque\u00f3 esas cr\u00edticas demostrando un indiscutible virtuosismo de escritura tambi\u00e9n en terrenos conocidos, y, adem\u00e1s, logr\u00f3 movilizar el entusiasmo popular de su tiempo y del nuestro: aparte de \u201cPara Elisa\u201d, todo el mundo conoce su \u201cOda a la alegr\u00eda\u201d, la \u201cSonata del claro de luna\u201d, el cha cha cha chaaaan que empieza la Quinta sinfon\u00eda, o incluso la m\u00fasica del programa de televisi\u00f3n Chespirito (que proviene de Las ruinas de Atenas, 1811). Junto a esas piezas integradas al folclore global hay como cuarenta m\u00e1s que son archiconocidas de los frecuentadores de conciertos, y no hay nada que lleve su firma que no suscite curiosidad, que no est\u00e9 disponible en ediciones impresas de partituras o no se consiga en grabaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Beethoven produjo un gran impacto por haber hecho lo que hizo y por haber sido como era, pero tambi\u00e9n hubo, entre sus contempor\u00e1neos m\u00e1s j\u00f3venes y en las generaciones siguientes, muchas ganas de que existiera una figura como \u00e9l. La sensaci\u00f3n es que vino a ocupar un lugar que estaba ah\u00ed, a la espera de ser ocupado. Para satisfacer ese deseo colectivo, los relatos de su vida y obra suelen ser parcializados. Se puso mucho \u00e9nfasis en su apoyo a la revoluci\u00f3n francesa y en su admiraci\u00f3n por Napole\u00f3n; el alma liberal dem\u00f3crata vibra con la an\u00e9cdota de que, cuando Napole\u00f3n se autoproclam\u00f3 emperador (1804), Beethoven, que hab\u00eda reci\u00e9n completado una Sinfon\u00eda Bonaparte, se indign\u00f3 y quit\u00f3 su nombre del t\u00edtulo (la obra se publicar\u00eda como Sinfon\u00eda heroica). El t\u00edtulo original fue tachado en forma tan intempestiva que agujere\u00f3 el papel. Este precioso registro de la furia beethoveniana (la copia agujereada) persiste en la biblioteca de la Gesellschaft der Musikfreunde, en Viena, y apoya la idea del compositor como un decidido revolucionario, republicano y antiautoritario. El resto de la historia, aunque no es ning\u00fan secreto, no hizo tanta leyenda: con el paso de los a\u00f1os, Beethoven tendi\u00f3 a hacerse m\u00e1s conservador, y su cercan\u00eda personal y profesional con miembros de la aristocracia, adem\u00e1s de un cambio global de sensibilidad, lo hizo menos propicio a la idea de cambios sociopol\u00edticos revolucionarios.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;padding-left:40px;\"><strong>La vida<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Por haber nacido en la ciudad de Bonn (el 16 de diciembre de 1770), Beethoven suele ser vindicado por Alemania como un compositor alem\u00e1n. Bonn era la sede del Arzobispado de Colonia, un electorado teocr\u00e1tico cat\u00f3lico.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Su padre era m\u00fasico y so\u00f1\u00f3 con que fuera un ni\u00f1o prodigio, como hab\u00eda sido Mozart. Alcoh\u00f3lico, golpeaba constantemente al hijo para que diera todo de s\u00ed en los estudios. Ludwig nunca lleg\u00f3 al nivel descollante que Mozart hab\u00eda tenido de ni\u00f1o, pero cuando ten\u00eda 7, dio su primer concierto como pianista, y a los 11 escribieron el primer art\u00edculo period\u00edstico sobre su talento. Cuando ten\u00eda 12, aparecieron las primeras publicaciones de composiciones suyas, y a los 13 fue nombrado organista de la corte de Bonn (el \u00fanico empleo regular que tuvo en su vida).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En 1792 se mud\u00f3 a Viena, becado por el gobierno de Bonn para estudiar con Haydn. Mozart se hab\u00eda muerto el a\u00f1o anterior, y todos ve\u00edan a Beethoven como el nuevo Mozart. Vaya mochila pesada para cargar, sumada a la presi\u00f3n sufrida desde ni\u00f1o. Es realmente admirable que Beethoven haya podido contemplar con humildad y lucidez sus diferencias con su \u00eddolo y modelo: componer le resultaba mucho m\u00e1s dif\u00edcil y el momento hist\u00f3rico-est\u00e9tico estaba cambiando. Incluso tras haberse convertido, de inmediato, en una de las m\u00e1s importantes personalidades musicales de Viena, en vez de dejarse inflar, sigui\u00f3 buscando ayuda (luego de las clases con Haydn, estudi\u00f3 con Johann Georg Albrechtsberger y con Salieri). Aunque ya ten\u00eda composiciones publicadas, reci\u00e9n a los 24 a\u00f1os se dign\u00f3 a considerar que empezaba su obra can\u00f3nica, estampando su colecci\u00f3n de tr\u00edos como \u201copus 1\u201d. Se atrevi\u00f3 con su Primera sinfon\u00eda a los 29, una edad en la que Mozart ya hab\u00eda escrito una cincuentena de sinfon\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">As\u00ed fue estableciendo su modalidad, la de escribir relativamente pocas obras pero de alto impacto, mientras causaba furor como pianista, incluso m\u00e1s virtuoso que Mozart, aunque con un sonido m\u00e1s duro. Todo parec\u00eda ir viento en popa cuando, en 1801, se percat\u00f3 de una notoria p\u00e9rdida de audici\u00f3n. Al a\u00f1o siguiente, los m\u00e9dicos concluyeron, correctamente, que el proceso era irreversible y que, con el paso de los a\u00f1os, quedar\u00eda totalmente sordo. Es entonces que Beethoven redacta su testamento de Heiligenstadt, dirigido a sus hermanos, pero que luego le habla a Dios y a la humanidad. All\u00ed manifiesta el prop\u00f3sito de suicidarse, pero luego recapacita frente a la necesidad de seguir creando. El lenguaje tiene mucho de la cursiler\u00eda que caracteriz\u00f3 a Beethoven, tanto en la expresi\u00f3n verbal como en la musical, cuando pretend\u00eda volcar sentimientos y pensamientos elevados. El documento nunca fue enviado y, al igual que su otro escrito famoso, la carta a la an\u00f3nima \u201camada inmortal\u201d (1812), fue encontrado entre sus pertenencias luego de su muerte, como si \u00e9l tuviera la pretensi\u00f3n de que esas proclamas contribuyeran a direccionar, rom\u00e1nticamente, la imagen que la posteridad tendr\u00eda de \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Beethoven sublim\u00f3 sus frustraciones en obras monumentales, que empiezan en forma dram\u00e1tica y afligida, pero que, luego de un sufrido proceso de lucha y esfuerzo, arriban a la victoria. En su tiempo, no todos entend\u00edan esa m\u00fasica compleja, intensa, extra\u00f1a y desmesurada, pero para muchos, sobre todo j\u00f3venes, fue la encarnaci\u00f3n misma de una sensibilidad nueva. En su hist\u00f3rica cr\u00edtica (1810) de la Quinta sinfon\u00eda, E T A Hoffmann considera que \u201cla m\u00fasica de Beethoven [\u2026] enciende ese anhelo infinito que es la esencia del Romanticismo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En Viena, Beethoven prescindi\u00f3 de tener empleo fijo, lo que no era usual, salvo en el mundo de la \u00f3pera. Prefiri\u00f3 preservar su independencia y lanzarse al mercado cumpliendo encargos puntuales y vendiendo piezas a editores de partituras. No era un camino f\u00e1cil (Mozart hab\u00eda tratado de emprenderlo y muri\u00f3 pobre, dejando desvalida a su familia), pero, en la pr\u00e1ctica, pudo subsistir. Hubo un momento especialmente desalentador, en 1808, en el que consider\u00f3 capitular y acept\u00f3 el ofrecimiento de Jer\u00f3nimo Bonaparte para asumir como el compositor oficial del reino de Westfalia. Ello inquiet\u00f3 sobremanera a la aristocracia vienesa, y un grupo de nobles de alt\u00edsima jerarqu\u00eda acordaron otorgarle una pensi\u00f3n vitalicia con la \u00fanica condici\u00f3n de que siguiera viviendo en Viena. Ese ejemplo pionero de mecenazgo por subvenci\u00f3n es muy significativo. Hasta unas d\u00e9cadas antes, un m\u00fasico, por mejor que fuera, era visto por el arist\u00f3crata como un servidor encargado de agregar entretenimiento, placer y belleza a su vida, y un elemento m\u00e1s en su ostentaci\u00f3n de magnificencia. Ahora, sin embargo, hab\u00eda cambiado la balanza de poder, ya que auspiciar las artes no era meramente un lujo, sino una necesidad. Hab\u00eda conciencia de que los esquemas mercadol\u00f3gicos del capitalismo industrial todav\u00eda no eran capaces de sostener la actividad art\u00edstica altamente especializada que la civilizaci\u00f3n europea hab\u00eda desarrollado, de modo que el auspicio de la aristocracia era fundamental, y ejercer esa funci\u00f3n contribu\u00eda a legitimar la nobleza. En los hechos, pasados m\u00e1s de dos siglos, los nombres de los pr\u00edncipes Kinsky, Lobkowitz y Lichnowsky o del archiduque Rodolfo sobreviven por su asociaci\u00f3n con Beethoven mucho m\u00e1s que por sus realizaciones pol\u00edticas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El valor de compra de la pensi\u00f3n vitalicia merm\u00f3 pronto, debido a la fuerte inflaci\u00f3n que sigui\u00f3 a las guerras napole\u00f3nicas. El aprieto econ\u00f3mico fue uno de los motivos para la amargura que paut\u00f3 sus \u00faltimos a\u00f1os. Otras razones fueron la sordera (ya entonces total), la soledad afectiva y la sensaci\u00f3n de que, a partir de aproximadamente 1815, muchos del p\u00fablico y de la intelectualidad empezaron a preferir compositores m\u00e1s j\u00f3venes y f\u00e1ciles, como Rossini y Weber.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;padding-left:40px;\"><strong>Aportes musicales <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Desde muy joven, Beethoven se destac\u00f3 por la originalidad de su material tem\u00e1tico y de su escritura instrumental. Se destacaba por la energ\u00eda r\u00edtmica, un aspecto en que su \u00fanico precedente, Vivaldi (1678-1741), en ese momento estaba totalmente olvidado. A ello Beethoven agregaba una impetuosa agresividad que es, quiz\u00e1, su rasgo m\u00e1s reconocible.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Es muy com\u00fan que historiadores y cr\u00edticos dividan su obra en tres per\u00edodos, pero luego se ven en problemas para caracterizar esos per\u00edodos de una manera que condiga con la realidad. Podemos incrementar la precisi\u00f3n y reducir la incoherencia dividiendo cada uno de esos per\u00edodos en dos y sustituyendo las descripciones generales por el mero se\u00f1alamiento de la presencia destacada de determinados rasgos. La primera parte del primer per\u00edodo (llam\u00e9moslo 1A) ser\u00edan las obras de la infancia y adolescencia. El 1B vendr\u00eda a partir de sus Tr\u00edos, opus 1 (1795); comprende su etapa como \u201cel nuevo Mozart\u201d o \u201cel nuevo Haydn\u201d y se extiende a obras de una notoria originalidad que ya no son \u201cel nuevo\u201d nadie. De ese tiempo, su obra m\u00e1s recordada debe ser la Sonata casi una fantas\u00eda, opus 27, n\u00ba 2, conocida como \u201cClaro de luna\u201d, prototipo de una concepci\u00f3n rom\u00e1ntica de pieza para piano destinada a funcionar no tanto como discurso, sino como una instalaci\u00f3n sonora que genera un clima sugerente: el flujo de los tresillos en la mano derecha, las notas profundas y esparcidas del bajo bien grave, la melod\u00eda parca, los claroscuros dados por la alternancia s\u00fabita entre mayor y menor, y la intervenci\u00f3n eventual de esa figura zigzagueante que sube y baja, todo ba\u00f1ado en resonancia (el pedal constantemente apretado).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La etapa 2A ser\u00eda la llamada \u201cfase heroica\u201d de su producci\u00f3n, posterior al diagn\u00f3stico de sordera y al testamento de Heiligenstadt. Es su momento m\u00e1s influyente, el de la soledad hist\u00f3rica aludida al inicio de esta nota. Para hacer la Sinfon\u00eda heroica (1804), entre otras cosas, Beethoven tuvo que resolver problemas estructurales para sostener una pieza tan larga (unos 50 minutos). La dimensi\u00f3n de la obra no era una mera cuesti\u00f3n de megaloman\u00eda: era una condici\u00f3n imprescindible para acentuar el aspecto antropom\u00f3rfico que la m\u00fasica cl\u00e1sica ven\u00eda desarrollando, es decir, m\u00fasicas que emulan procesos psicol\u00f3gicos o narrativos. Aqu\u00ed los picos de emoci\u00f3n son construidos con recursos que imitan el esfuerzo: un intento sale mal, entonces buscamos otro camino, recobramos el aliento, redoblamos y finalmente accedemos al cl\u00edmax. Sin esa sensaci\u00f3n de tiempo transcurrido, de sustancia acumulada, no se podr\u00eda justificar el cl\u00edmax de una crispaci\u00f3n sin precedentes: la orquesta a pleno martillando por cinco veces consecutivas un acorde disonante (s\u00e9ptima mayor) que suena como un bocinazo y que desemboca, antes de aflojar, en un acorde aun m\u00e1s disonante. La duraci\u00f3n del movimiento permite algo m\u00e1s: generar una \u201chistoria\u201d para el tema principal. Ese tema tiene todos los atributos de un toque militar, pero es presentado de una forma que contradice esa vocaci\u00f3n: con una din\u00e1mica suave en los violonchelos y con un final descendente y disonante. En el correr de la pieza ese tema ir\u00e1, poco a poco, cumpliendo su destino: la sonoridad brillante de cornos y trompetas, la din\u00e1mica fuerte y un final consonante y ascendente, erecto. En t\u00e9rminos de guion cinematogr\u00e1fico, se puede decir que ese tema tiene un arco de desarrollo, sufre un proceso irreversible, termina distinto de como empez\u00f3 luego de haber pasado por una serie de aventuras, algunas dolorosas y otras placenteras. Esa profundizaci\u00f3n de la narrativa dram\u00e1tica de la m\u00fasica contribuy\u00f3 a incrementar el estatus y el atractivo de la m\u00fasica instrumental, que ahora compet\u00eda con la novela, el teatro y, m\u00e1s adelante, con el cine, compartiendo la potencialidad transformadora o \u201cfilos\u00f3fica\u201d de esas formas art\u00edsticas y trascendiendo la mera funci\u00f3n de modular el \u00e1nimo moment\u00e1neo del oyente.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La duraci\u00f3n del primer movimiento de la Heroica estaba obtenida con el procedimiento mozartiano de emplear una profusi\u00f3n de ideas tem\u00e1ticas. Pero el ideal de Beethoven, siguiendo a Goethe, ten\u00eda m\u00e1s que ver con la conquista de una organicidad, que fue lo que busc\u00f3 con la Quinta sinfon\u00eda (1808). El motivo inicial de cuatro notas aparece por doquier, no s\u00f3lo en el primer movimiento. El scherzo engancha con el finale luego de una extensa preparaci\u00f3n, en que la m\u00fasica crece desde la esquel\u00e9tica sonoridad de pizzicati hasta la explosi\u00f3n solar del tutti con toda la orquesta haciendo un tema rimbombante. Es un efecto tan fuerte que, para la reexposici\u00f3n, Beethoven lo tuvo que repetir, reiterando una parte del movimiento previo, que surge implantado en el Finale como si fuera un flashback. De esa manera, los movimientos de la obra se volvieron inseparables, ya que est\u00e1n entra\u00f1ados unos en los otros, y la pieza entera suena como un periplo unificado que va del inconformismo rabioso del inicio a la gloria victoriosa del final.<\/p>\n<figure id=\"attachment_12581\" aria-describedby=\"caption-attachment-12581\" style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"12581\" data-permalink=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?attachment_id=12581\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/cultura307-ii-3-e1593796879258.jpg?fit=480%2C574&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"480,574\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Cultura307 II\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/cultura307-ii-3-e1593796879258.jpg?fit=480%2C574&amp;ssl=1\" class=\"  wp-image-12581 aligncenter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/cultura307-ii-3-e1593796879258.jpg?resize=510%2C610&#038;ssl=1\" alt=\"Cultura307 II\" width=\"510\" height=\"610\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-12581\" class=\"wp-caption-text\">Grabado del estudio de Beethoven del artista Johann Nepomuk Hoechle, realizado en 1827. \/ Foto: Wikicommons.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align:justify;\">La relativa tranquilidad propiciada por la pensi\u00f3n vitalicia (1808) dio inicio a la etapa 2B, la \u201cfase rom\u00e1ntica\u201d. Las obras se vuelven m\u00e1s breves y tambi\u00e9n m\u00e1s l\u00edricas, nost\u00e1lgicas, menos incisivas. Es el momento en que Beethoven m\u00e1s se va a parecer a la generaci\u00f3n siguiente, la generaci\u00f3n rom\u00e1ntica. En ese momento, hay dos invenciones especialmente importantes. Una es la del ciclo de canciones; la canci\u00f3n, o Lied, era un g\u00e9nero cercano a lo popular, intimista, breve. Agrandarlo, como Beethoven hab\u00eda hecho con los movimientos sinf\u00f3nicos, lo hubiera descaracterizado. En A la amada distante (1816), el compositor enganch\u00f3 seis canciones distintas con una tem\u00e1tica com\u00fan de anhelo amoroso, separaci\u00f3n y nostalgia. La canci\u00f3n final rememoraba la primera. Con el ciclo, era posible preservar la sencillez de cada piecita constituyente, generando, en lo global, una obra de mayor alcance. Variantes de ese recurso ser\u00edan usadas por varios compositores, y, en definitiva, el LP \u201cconceptual\u201d, que ganar\u00eda prominencia en la era del rock, deriv\u00f3 de la idea del ciclo de canciones. El otro invento, que se manifiesta en A la amada distante o en la sonata opus 101 (tambi\u00e9n de 1816), es el acto de memoria: el regreso de determinada idea musical como si fuera una reminiscencia tra\u00edda a colaci\u00f3n por alguna asociaci\u00f3n de ideas, que aparece a veces de manera fugaz y sugiere un nuevo camino a seguir. Esa emulaci\u00f3n de la memoria profundiz\u00f3 el car\u00e1cter antropom\u00f3rfico (o psicom\u00f3rfico) de la m\u00fasica.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Su per\u00edodo 3A se caracteriza por la falta de caracter\u00edstica o, mejor dicho, por la copresencia de rasgos extremos y muy distintos entre ellos. Aqu\u00ed surgen sus obras m\u00e1s monumentales (la Missa solemnis, la Novena, las Variaciones Diabelli, la Sonata Hammerklavier) junto con las brev\u00edsimas bagatelas: lo m\u00e1s masivo se abre paso junto a lo m\u00e1s exclusivo y casi impenetrable.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La Novena (1824), con cerca de una hora de largo, parec\u00eda romper los l\u00edmites no s\u00f3lo de duraci\u00f3n, sino tambi\u00e9n del propio g\u00e9nero, ya que en el movimiento final interven\u00edan un coro y cuatro cantantes solistas. Esa transgresi\u00f3n ser\u00eda, de ah\u00ed en m\u00e1s, un importante punto de discusi\u00f3n. Para la tendencia m\u00e1s vanguardista de mediados del siglo XIX (Berlioz, Liszt, Wagner), Beethoven estar\u00eda demostrando que la noci\u00f3n de g\u00e9nero musical hab\u00eda perdido sentido, y de ac\u00e1 en m\u00e1s uno deber\u00eda componer tan s\u00f3lo en funci\u00f3n de las necesidades intr\u00ednsecas a cada idea, sin encuadrarse en modelos ya establecidos.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En la Novena, Beethoven busc\u00f3 compatibilizar la duraci\u00f3n enorme (aun m\u00e1s que la de la Heroica) con la demanda de integraci\u00f3n org\u00e1nica. El inicio era lent\u00edsimo, como una situaci\u00f3n est\u00e1tica que paulatinamente iba ganando mayor movimiento. Eso, por un lado, impon\u00eda una disposici\u00f3n a un discurso extenso. Por otro lado, un inicio as\u00ed parec\u00eda presuponer un p\u00fablico expectante, silencioso, reverencial, que la obra de Beethoven hab\u00eda contribuido a formar. Sin esa actitud casi religiosa de parte del p\u00fablico, ese inicio carecer\u00eda de sentido y perder\u00eda efecto. El cl\u00edmax ya no estaba en el desarrollo, sino en la reexposici\u00f3n: el tema principal, cuando regresaba luego del desarrollo, irrump\u00eda como un cataclismo. Es como si se hubiera roto una represa: toda la orquesta tocando en fort\u00edsimo, los timbales sosteniendo un rulo atronador y el tema dej\u00e1ndose o\u00edr, pero medio ahogado en una masa sonora descontrolada, que s\u00f3lo poco a poco se ir\u00eda asentando para devolvernos una atm\u00f3sfera respirable y l\u00edmpida. El segundo movimientofue el prototipo del scherzo malvado. Es juguet\u00f3n, s\u00ed, como lo es por definici\u00f3n un scherzo, pero juega con su propia cara seria, con cierto aire diab\u00f3lico, medio burl\u00f3n, medio inquietante. Y el final coral, que contiene la famosa \u201cOda a la alegr\u00eda\u201d, para sostenerse en sus 25 minutos de largo recurr\u00eda a la t\u00e1ctica, tambi\u00e9n sumamente influyente, de contener, en un mismo movimiento continuo, todas las distintas etapas que sol\u00edan constituir una sinfon\u00eda entera y algunas m\u00e1s: un inicio calamitoso, un recitativo, la presentaci\u00f3n de la idea b\u00e1sica (dos veces, una instrumental y otra cantada), un momento juguet\u00f3n (como un scherzo), otro bien lento y sentimental (como un movimiento lento), y el vivo y cat\u00e1rtico jolgorio final.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Si la Novena crec\u00eda \u201chacia afuera\u201d, hab\u00eda otras obras, como las Variaciones Diabelli (1823), que parec\u00edan crecer \u201chacia adentro\u201d. Desde un tema casi ofensivamente bobote, Beethoven da inicio, variaci\u00f3n tras variaci\u00f3n, a un recorrido lleno de ocurrencias inesperadas hasta que, de pronto, nos percatamos de que estamos en contacto con los sentimientos m\u00e1s sutiles, m\u00e1s delicados, m\u00e1s profundos, m\u00e1s complejos. Pero claro, llegar ah\u00ed requiere tiempo, paciencia, confianza, complicidad, concentraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La etapa final, que ser\u00eda la 3B, es la de la relativa abstracci\u00f3n. Aqu\u00ed Beethoven compuso, en forma casi exclusiva, cuartetos de cuerdas (1825-1826). Es un momento desconcertante en su obra, ya que se aparta de la empat\u00eda psicol\u00f3gica y parece regresar al concepto precl\u00e1sico de generar un objeto sonoro interesante. Eso s\u00ed, ese inter\u00e9s ya no est\u00e1 determinado por la belleza y las formas convencionales, sino por un \u201calgo\u201d metaf\u00edsico, no muy f\u00e1cil de ubicar. Son obras misteriosas, caprichosas construcciones de sentido esquivo, fascinantes objetos de contemplaci\u00f3n y an\u00e1lisis, pero que nunca se volvieron populares porque no es c\u00f3modo escuchar algo en lo que cueste tanto entender de d\u00f3nde agarrarse. Es lindo asociar el car\u00e1cter algo abstracto de esas obras finales con el desapego de quien adivina estar cerca de la muerte, pero eso parece presuponer un cierto poder premonitorio en el compositor, ya que la enfermedad del h\u00edgado que lo mat\u00f3 a los 56 a\u00f1os se manifest\u00f3 s\u00f3lo unos meses antes del fin y, a partir de entonces, justamente, ya no pudo componer.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Con su demanda de concentraci\u00f3n, paciencia, esfuerzo y apertura a una carga dram\u00e1tica movilizadora, la m\u00fasica de Beethoven puede lucir medio desubicada en la era del trap y del reguet\u00f3n, pero, por suerte, sigue disponible en miles de grabaciones y, cuando vuelva a existir tal cosa, conciertos. Sin ella es imposible entender aspectos cruciales de la historia de la m\u00fasica. Escucharla es, adem\u00e1s, una manera muy v\u00edvida y gratificante de entrar en contacto con la sensibilidad que imperaba hace dos siglos. Quienes logren conectarse con ella acceder\u00e1n al privilegio de enfrentarse a algunas de las m\u00e1ximas proezas creativas, intelectuales y sensibles del mundo de la m\u00fasica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ludwig van Beethoven (1770-1827) es quiz\u00e1 el compositor m\u00e1s influyente de la historia de la m\u00fasica. 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