{"id":12265,"date":"2020-06-03T08:27:28","date_gmt":"2020-06-03T06:27:28","guid":{"rendered":"http:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=12265"},"modified":"2020-06-03T08:27:29","modified_gmt":"2020-06-03T06:27:29","slug":"brasil-trabajo-esclavo-la-pandemia-agrava-la-explotacion-de-las-costureras-bolivianas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=12265","title":{"rendered":"Brasil &#8211; Trabajo esclavo. La pandemia agrava la explotaci\u00f3n de las costureras bolivianas.   [Thais Lazzeri]"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/reporterbrasil.org.br\/\">Rep\u00f3rter Brasil<\/a>, 1-6-2020<\/strong><\/p>\n<p><strong>Traducci\u00f3n de Ernesto Herrera &#8211; <a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 3-6-2020<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En medio de la crisis del coronavirus, las costureras extranjeras pasaron dos meses \u00abconfinadas\u00bb en un taller de costura, trabajando 14 horas al d\u00eda y ganando menos del salario m\u00ednimo. Adem\u00e1s de las violaciones laborales, los bolivianos son v\u00edctimas de la violencia dom\u00e9stica y las familias temen ser desalojadas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00abAqu\u00ed ya es Brasil\u00bb, anunci\u00f3 el coyote despu\u00e9s de cruzar ilegalmente la frontera entre dos bolivianos de 19 y 22 a\u00f1os, junto con Carlos (nombre ficticio), de 55 a\u00f1os, conocido por llevar a j\u00f3venes a trabajar en talleres de costura en la mayor metr\u00f3poli de Brasil. Fue la ma\u00f1ana del 22 de marzo. En ese momento, la frontera en Bolivia estaba cerrada debido a la pandemia de coronavirus. Las v\u00edctimas fatales del covid-19 aqu\u00ed fueron 11 &#8211; en comparaci\u00f3n con las casi 30.000 muertes a principios de junio.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Ni siquiera una pandemia fue capaz de detener el tr\u00e1fico de personas y el trabajo esclavo en Brasil\u00bb, se lamenta el auditor Magno Pimenta.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Dos d\u00edas antes, las j\u00f3venes dejaron a su madre y hermanas con la promesa de un hogar, comida, trabajo y un salario mensual de 1.000 bolivianos (unos 780 R$ &#8211; aproximadamente 180 d\u00f3lares) en el taller de costura de Carlos en S\u00e3o Paulo. Pero parte del arreglo ya no se cumpli\u00f3 en esos primeros d\u00edas: tuvieron que asumir los costos del viaje &#8211; parte en autob\u00fas y parte en taxi &#8211; y durmieron con hambre, sin cenar. En Brasil, intentaron desistir cuando se les llam\u00f3 \u00abilegales\u00bb y se les prohibi\u00f3 embarcarse a S\u00e3o Paulo por falta de documentaci\u00f3n. Volver no era una opci\u00f3n, dijo Carlos, que prometi\u00f3 ocuparse de ello. Entr\u00f3 en la comisar\u00eda de la Polic\u00eda Federal en Corumb\u00e1, Mato Grosso do Sul, en la frontera con Puerto Quarijo, Bolivia, y pag\u00f3 \u00abuna taza de caf\u00e9\u00bb de 50 reales para continuar su viaje.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">No hab\u00eda duda de que ese viaje de tres d\u00edas, que comenz\u00f3 con intimidaciones, el cruce ilegal de la frontera y termin\u00f3 con el pago de una coima a un funcionario de la PF (Polic\u00eda Federal), traer\u00eda un futuro desastroso. Dos meses m\u00e1s tarde, las dos fueron rescatadas en condiciones an\u00e1logas al trabajo esclavo en el taller de Carlos en el centro de S\u00e3o Paulo. La acci\u00f3n, el 20 de mayo, reuni\u00f3 a inspectores del trabajo del Ministerio de Econom\u00eda, funcionarios de la Polic\u00eda Federal, del Ministerio P\u00fablico del Trabajo y del Ministerio P\u00fablico Federal. El equipo tambi\u00e9n incrimin\u00f3 a Carlos por tr\u00e1fico de personas, seg\u00fan un informe de inspecci\u00f3n obtenido por Rep\u00f3rter Brasil.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;padding-left:40px;\"><strong>\u201cPresa\u201d en el taller <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El mismo d\u00eda que llegaron al taller, recibieron las primeras instrucciones para coser los bolsillos, los pu\u00f1os y las mangas. Generoso, dijo uno de ellos, Carlos les permiti\u00f3 dejar de trabajar ese d\u00eda media hora antes del final del d\u00eda, a las 10 pm.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La rutina era inalterable. Las hermanas trabajaban de 7 a 10 de la ma\u00f1ana, con breves descansos para comer. Los s\u00e1bados, de 7 a 12. El \u00fanico pago que recibieron fue de 380 R$ &#8211; otros 120 R$ les entreg\u00f3 Carlos la primera semana a las j\u00f3venes en la casa-taller. Los domingos, limpiaban el pasillo y el ba\u00f1o y pod\u00edan hacer dos comidas. Para acceder a Internet, pagaron R$ 50.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Adem\u00e1s de la jornada laboral de 14 horas, la precaria alimentaci\u00f3n ofrecida por Carlos y el pago irregular, en los casi dos meses que las bolivianas estuvieron en el taller de costura, salir no era una opci\u00f3n. Durante la semana, la esposa de Carlos dijo que las j\u00f3venes eran \u00abmuy lentas\u00bb y que salir a la hora del almuerzo interferir\u00eda con sus ganancias. Los jefes dijeron que necesitaban \u00abcoser m\u00e1s y mejor porque fueron tra\u00eddas para hacerlo\u00bb, entre gritos y maldiciones, seg\u00fan las declaraciones dadas a los auditores, a las que Rep\u00f3rter Brasil tuvo acceso. La puerta del taller estaba cerrada con llave los domingos.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00abNi siquiera una pandemia fue capaz de detener el tr\u00e1fico de personas y el trabajo esclavo en Brasil\u00bb, se lamenta Magno Pimenta, un inspector de trabajo que sigui\u00f3 la acci\u00f3n. \u00abNos dimos cuenta de que los propietarios de los talleres utilizaron la crisis del coronavirus para evitar que las j\u00f3venes salieran de la casa-taller. La coerci\u00f3n es com\u00fan, y ahora la pandemia sirve de excusa para el confinamiento de los trabajadores\u00bb, a\u00f1ade.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La casa-taller fue contratada por la empresa Topo do Mar, ubicada en Br\u00e1s, regi\u00f3n central de la ciudad. Los due\u00f1os del taller pagaron R$0.50 por los pantalones cortos, un cuarto del valor por el que fueron contratados. Topo do Mar era responsable de los asuntos laborales y pagaba las indemnizaciones y compensaciones debidas a las trabajadoras. La tienda pagar\u00e1 el regreso de las hermanas a Bolivia. Rep\u00f3rter Brasil contact\u00f3 a Topo do Mar por tel\u00e9fono, pero el due\u00f1o dijo que no estaba interesado en dar una entrevista.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Carlos, que atrajo a las dos chicas bolivianas, responder\u00e1 criminalmente. \u00abNos llam\u00f3 la atenci\u00f3n la naturalidad con la que el seductor lo cont\u00f3 todo, porque esto nunca sucede. Pero en ese caso, el testimonio de las v\u00edctimas choc\u00f3 con el del jefe. Ser tan natural indica que es algo que se hace rutinariamente\u00bb, analiza el auditor fiscal.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Las j\u00f3venes est\u00e1n actualmente refugiadas en un lugar seguro en Brasil, seg\u00fan los auditores fiscales, porque su destino es incierto. En Brasil, est\u00e1n esperando para saber c\u00f3mo y si podr\u00e1n regresar a Bolivia debido a la pandemia y al cierre de la frontera.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La Polic\u00eda Federal de Mato Grosso do Sul no respondi\u00f3 varias veces, por correo electr\u00f3nico y por tel\u00e9fono, sobre el supuesto pago de una coima a un funcionario.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;padding-left:40px;\"><strong>Multa diaria de R$ 100 por no pagar el alquiler <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Si la situaci\u00f3n de los migrantes bolivianos siempre ha sido de mucho trabajo y pocos derechos, durante la pandemia empeor\u00f3 a\u00fan m\u00e1s. Especialmente en el sector textil, seg\u00fan Carla Aguiar, trabajadora social del Centro de Apoyo y Pastoral del Migrante. \u00abEl impacto financiero entre los migrantes son mayores porque dependen de trabajos que s\u00f3lo provienen de terceros. As\u00ed que si uno se detiene, todo se detiene. Es un efecto de cascada\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La situaci\u00f3n todav\u00eda m\u00e1s precaria ha generado otro problema: el desalojo de inmigrantes. Muchos casos llegan al Centro de Derechos Humanos y Ciudadan\u00eda (CDHIC), seg\u00fan Raquel Jevarauskas, la trabajadora social de la instituci\u00f3n. \u00abComo muchos no tienen documentaci\u00f3n brasile\u00f1a, hacen un contrato de alquiler directo con el propietario. Algunos quieren cobrar R$100 de multa por d\u00eda por pago atrasado\u00bb, dice Jevarauskas, se\u00f1alando la dificultad de renovar los documentos adeudados al comienzo de la pandemia o de regularizar la situaci\u00f3n en Brasil, ya que la Polic\u00eda Federal, responsable del procedimiento, suspendi\u00f3 temporalmente el servicio para evitar la contaminaci\u00f3n por el covid-19.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">No poder renegociar el alquiler es uno de los muchos problemas a los que se enfrentaron Julio y su esposa, ambos bolivianos, durante la pandemia. El valor de las piezas de costura se desplom\u00f3 despu\u00e9s de la pandemia. Antes se les subcontrataba para coser mil camisas al mes, recibiendo 7 reales por pieza. Pudieron mantener la alta producci\u00f3n con d\u00edas exhaustivos y contando con las horas de guarder\u00eda y de escuela de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Pero la crisis del coronavirus cambi\u00f3 el escenario. Mientras que la producci\u00f3n se redujo a un m\u00e1ximo de 100 camisas por mes, el gasto en alimentos y las facturas de electricidad y agua aumentaron. Adem\u00e1s de no obtener un descuento en el alquiler, tampoco tuvieron acceso a la ayuda de emergencia de 600 reales concedida por el gobierno.\u00a0 \u00abLamentablemente, nos vimos muy afectados. Y las cuentan no esperan. Queremos trabajar, pero tenemos poco servicio. \u00bfC\u00f3mo podremos pagar todo?\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Lamentablemente, por cierto, es la palabra que Julius repite exhaustivamente para explicar el cambio impuesto por el coronavirus. Para no dejar que sus hijos pasen hambre, dice, \u00e9l y su esposa han acordado trabajar m\u00e1s para ganar menos. Ahora, adem\u00e1s de las camisas, cosen m\u00e1scaras a R$0,10 o R$0,20 la unidad &#8211; que luego se venden a R$10. Los ni\u00f1os mayores, dice, ayudan a cuidar de los m\u00e1s peque\u00f1os. El m\u00e1s joven cumplir\u00e1 2 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u201cPrefiero trabajar hasta el amanecer que tener a alguien que me golpee la puerta todo el tiempo\u00bb, dice una boliviana que se separ\u00f3 de su abusador marido poco antes de la pandemia.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La combinaci\u00f3n de una mayor demanda de m\u00e1scaras, crisis y falta de trabajo ha acelerado la precariedad del trabajo entre los \u201cinformales\u201d como Julio y su esposa. \u00abPor eso, en esta pandemia es a\u00fan m\u00e1s importante recordar los derechos y la salud de los trabajadores\u00bb, dice L\u00edvia Ferreira, inspectora de trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;padding-left:40px;\"><strong>\u201cEra mucha tortura\u00bb<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La boliviana Florinda (nombre ficticio), madre soltera de dos ni\u00f1as, pas\u00f3 el mes de marzo y principios de abril cosiendo m\u00e1scaras \u00abpara juntar algo de dinero\u00bb despu\u00e9s de 20 a\u00f1os en Brasil. V\u00edctima de la violencia dom\u00e9stica, tuvo el coraje de dejar al padre de sus hijas poco antes de que llegara la pandemia. \u00abEra mucha tortura. Viv\u00ed as\u00ed durante siete a\u00f1os\u00bb, dice, seguido de un largo per\u00edodo de silencio. \u00abPrefiero trabajar hasta el amanecer que tener a alguien que me golpee todo el tiempo.\u00bb\u00a0 Depende de las donaciones de canastas de entidades para mantenerse. \u00abSin esa ayuda no s\u00e9 lo que ser\u00eda. No quiero ni imaginarlo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Adem\u00e1s de la precariedad a\u00fan m\u00e1s acentuada de los \u201cinformales\u201d, la crisis tambi\u00e9n aument\u00f3 el desempleo entre los trabajadores dom\u00e9sticos migrantes y brasile\u00f1os, que tambi\u00e9n empezaron a coser m\u00e1scaras. Seg\u00fan Diana Soliz, directora del Sindicato de Empleados Dom\u00e9sticos de S\u00e3o Paulo, algunos informan de jornadas laborales de hasta 11 horas. \u00abEl desempleo llev\u00f3 a todos al frente de una m\u00e1quina de coser, a trabajar horas y horas y no recibir casi nada, R$ 0,10 por m\u00e1scara. Es la esclavitud la que llama, \u00bfno?\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En medio de la crisis del coronavirus, las costureras extranjeras pasaron dos meses \u00abconfinadas\u00bb en un taller de costura, trabajando 14 horas al d\u00eda y ganando menos del salario m\u00ednimo. 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