{"id":12118,"date":"2020-05-17T23:03:47","date_gmt":"2020-05-17T21:03:47","guid":{"rendered":"http:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=12118"},"modified":"2020-05-18T19:21:55","modified_gmt":"2020-05-18T17:21:55","slug":"solidaridad-tiempos-dificiles-dickens-en-la-sociedad-del-coronavirus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=12118","title":{"rendered":"Tiempos dif\u00edciles &#8211; Dickens en la sociedad del coronavirus.   [Jos\u00e9 Antonio M\u00e9rida Donoso]"},"content":{"rendered":"<p><strong>El yo y el nosotros en \u201cTiempos Dif\u00edciles\u201d: Historia de dos ciudades.<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.vientosur.info\/\">Viento Sur<\/a>, 15-5-2020<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 17-5-2020<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:right;\"><em>Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabidur\u00eda y tambi\u00e9n de la locura; la \u00e9poca de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align:right;\">Charles Dickens, <em>Historia de dos ciudades<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Somos seres fr\u00e1giles. Hijos del individualismo extremo que abandera una sociedad adictiva y pulsional, nos mostramos enteros, pero en el fondo estamos rotos. Nos empe\u00f1amos en esconder nuestra fragilidad, pero somos meras hojas que sue\u00f1an ser \u00e1rboles, cuando no bosques frondosos, pero que en realidad son br\u00e1cteas arrastradas por el viento, incapaces de percibir que solo la uni\u00f3n de hojuelas hace al \u00e1rbol, y la uni\u00f3n de estos, los bosques.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Respiramos aislamiento por doquier antes y ahora. Todos escribimos y opinamos de cualquier cosa porque somos expertos, expertos en todo, capacitados en nada. Nos encanta hacer del otro una prolongaci\u00f3n de nosotros mismos defendemos a ultranza nuestro individualismo, nuestra \u00fanica religi\u00f3n. Y ahora nos dicen que el resto de las personas tienen que importarnos, nos recuerdan aquellos versos del poema de Machado \u201cEl ojo que ves no es ojo porque t\u00fa lo veas; es ojo porque te ve\u201d. La era del yo fue un antes, la del ahora se basa en un pretendido nosotros, que apela a la responsabilidad comunal, pero el aislamiento tambi\u00e9n confabula contra ese nosotros, el yo aparece insistente desde ventanas esp\u00edas a modo de polic\u00edas frustrados, veladores de la justicia, su justicia que necesitan culpabilizar con su \u201cdedo delator\u201d a los que, seg\u00fan ellos, incumplen las normas establecidas, la del despu\u00e9s\u2026 qui\u00e9n sabe lo que devendr\u00e1 en el futuro, un nuevo supery\u00f3 o un comienzo de aldea global.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Pero vayamos al ahora, a esos yos incesantes y a nuestro actuar cuando se nos dice, a nosotros, los hijos del todo vale con tal de tener m\u00e1s, que somos tanto en cuanto el otro es. Incapaces de ver m\u00e1s all\u00e1 de nuestro ego, pensar en los m\u00e1s vulnerables, en los m\u00e1s necesitados y en especial en los ancianos no parece tener cabida en las fronteras de una sociedad que solo valora a las personas conforme a su capacidad de producir. Si antes se les consideraba depositarios de los conocimientos, ahora en tiempos de la \u00abinfoxicaci\u00f3n digital\u201d se les abandona como a un disquete obsoleto. Ya no son competencia ni nos sirven. No, por supuesto que no me refiero a usted. Usted no es un homo homini lupus, pero ya sabe el dicho: Que tire \u00abel primer rollo de papel higi\u00e9nico \u00bb aquel que est\u00e9 libre de no haberse dejado llevar en alguna ocasi\u00f3n por el actualizado aforismo \u00abproduzco y consumo, luego existo\u00bb. Claro que a veces tambi\u00e9n \u201cpensamos, ergo existimos\u201d y es que, querido lector, querida lectora, cuando el tiempo se pausa y la era de la inmediatez parece romperse, puede ser que nos aburramos tanto que nos d\u00e9 por reflexionar. Eso si usted, como yo, es un afortunado y no una de tantas personas que estos d\u00edas est\u00e1n sobrepasadas por las horas de trabajo, expuestos, dej\u00e1ndose su salud. Esos mismos que hasta hace unos pocos meses critic\u00e1bamos cuando ten\u00edamos que esperar en la consulta, como si ellos tuvieran la culpa de la falta de medios, de que no se apoye con dinero en vez de palabras lo p\u00fablico, en este caso, la sanidad p\u00fablica.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Pero volvamos con usted, si es de quienes est\u00e1n en confinamiento quiz\u00e1 pueda apretar \u00abel pause\u201d de la memoria flotante -tan parcial y discontinua como necesitada de constantes dosis de estimulaci\u00f3n para acabar sin atender ni entender nada- para transformar el aburrimiento en una oportunidad de informaci\u00f3n, an\u00e1lisis y reflexi\u00f3n. Y as\u00ed, desde nuestra arqueolog\u00eda del presente, desde el silencio del enclaustramiento obligado \u2013s\u00ed, en efecto, no tengo ni\u00f1os- es posible que a la soledad le d\u00e9 por dejar de esconderse y haga que la imagen que refleja el espejo de nosotros mismos alcance nuevas dimensiones esperp\u00e9nticas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Y no, no s\u00e9 si usted nadar\u00e1 en papel higi\u00e9nico o estar\u00e1 limpi\u00e1ndose con libros que a\u00fan guarde por casa, haciendo un homenaje sui g\u00e9neris a Carvalho. No s\u00e9 si nada en la abundancia o es de esas condenadas o condenados a ahogarse en el charco. Pero sea como sea, estar\u00e1 conmigo en que la palabra solidaridad nos viene grande. Y no un par de tallas m\u00e1s, no, nuestra sociedad no es s\u00f3lida, ni maciza o consistente. Nuestra sociedad es sorda y muda, quita voz a unos muchos y se la da a unos pocos, y la solidaridad no tiende a aparecer en el diminuto mundo que recorre sus ombligos. As\u00ed, basta con observar los primeros d\u00edas de la crisis para apreciar como cundi\u00f3 el s\u00e1lvese quien pueda de compras irresponsables y compulsivas y constatar que no solo somos profundamente irracionales, sino tambi\u00e9n ego\u00edstas. S\u00ed, tambi\u00e9n ha habido gestos solidarios, aplausos ante el sudor, esfuerzo y rabia de todos los grupos sanitarios y trabajadoras y trabajadores que hacen que nuestro mundo siga girando, pero no dejan de ser conatos, destellos de un despertar para luego dormir mejor. Porque no basta con saber que nuestra salud depende de otras personas, sino adentrarnos en el sufrimiento social y en esta crisis, no lo olvidemos, hay mucha gente que est\u00e1 sufriendo. Son los de siempre, los que padecen en el d\u00eda a d\u00eda, los que m\u00e1s sufren en tiempos de crisis. S\u00ed, es cierto, la solidaridad, a veces asoma en los momentos m\u00e1s insospechados y permite apreciar de d\u00f3nde venimos y hacia d\u00f3nde vamos y quiz\u00e1, solo quiz\u00e1, podamos de una vez por todas aprender que nuestra aspiraci\u00f3n no puede satisfacerse con el consumo inagotable de bienes y servicios, sino tiene que ser la de una sociedad m\u00e1s justa que lucha contra la explotaci\u00f3n, la dominaci\u00f3n y la injusticia distributiva. Una sociedad de ni\u00f1os grandes y caprichosos que solo saben pedir o protestar cuando la realidad no es tal y como se les antoja es en s\u00ed un virus, al ponderar \u00fanicamente nuestro propio bienestar en menoscabo de la integridad y el bienestar del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">He ah\u00ed nuestra verdadera fragilidad, el pensar en el otro desde la indiferencia y no desde la empat\u00eda, el reconocimiento y la preocupaci\u00f3n. Qui\u00e9n sabe, quiz\u00e1 sea desde nuestras trincheras, nuestras adoradas y ef\u00edmeras casas en las que la otredad siempre queda fuera, donde parad\u00f3jicamente tengamos que comenzar a percatarnos hasta qu\u00e9 punto la necesitamos. El otro frente al yo, el espejo en que uno mirarse, para replantear nuestra definici\u00f3n, porque las palabras que explican al otro son las que explican a uno mismo. \u00bfNos redefinimos en un nosotros o seguimos luchando contra la alteridad?<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Es as\u00ed de f\u00e1cil, cuando la crisis ahoga o nos hundimos o salimos, o retrocedemos y nos desmoronamos o crecemos. Una sociedad de individuos atomizados orientados hacia la gratificaci\u00f3n de sus propios deseos e intereses es una sociedad que lucha contra el otro y, por tanto, contra nosotros mismos. S\u00ed, somos fr\u00e1giles, y la solidaridad, esa palabra tan grande que nos obcecamos en empeque\u00f1ecer es la \u00fanica capaz de salvarnos. Nadie como Dickens ha sabido plasmar los terribles efectos que causan la miseria, el dolor, la injusticia, la crueldad, la avaricia, la envidia y c\u00f3mo conllevan la p\u00e9rdida de toda esperanza. Basta con hojear Oliver Twist, David Copperfield o La peque\u00f1a Dorrit, para rememorar la denuncia hacia esas lacras de la sociedad. Cierto, son muchos los escritores que critican el esp\u00edritu individualista. Entonces \u00bfpor qu\u00e9 escoger a Dickens? Porque \u201c<em>Tiempos Dif\u00edciles<\/em>\u201d, es una obra de vidas entrecruzadas de las que destaca la de Cecilia, la hija de un malogrado payaso del circo, un personaje que, como en otras obras del autor, es humilde, constante y solidario con los dem\u00e1s y, por ende, consigo mismo. Y ahora m\u00e1s que nunca cabe ser Celia, reconocerse fr\u00e1gil, porque si usted y yo no nos percatamos de que habitamos los l\u00edmites de los dem\u00e1s como los dem\u00e1s habitan los nuestros, seguiremos siendo una sociedad enferma.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Es sabido que de ni\u00f1o Dickens trabaj\u00f3 en una f\u00e1brica por seis peniques a la semana. La verg\u00fcenza de tener que trabajar en vez de ir a la escuela explica su profunda aversi\u00f3n a la pobreza, as\u00ed como sus esfuerzos para huir de ella y la generosidad de su vida y de su obra. Probablemente la aversi\u00f3n a la pobreza es lo normal de cualquier sociedad medianamente \u00e9tica. Sin embargo, en la nuestra prolifera la aporofobia (del griego \u00e1poros \u2019pobre\u2019 y f\u00f3bos \u2019miedo\u2019\u200b\u200b), el rechazo a la pobreza y a los pobres. Dickens cre\u00eda en las posibilidades del hombre concreto, el que subyace en la intrahistoria de nuestra sociedad, el h\u00e9roe real sin capa, que duda de los pol\u00edticos, pero se compromete personalmente contra los males de la sociedad. S\u00ed, leamos a Dickens y pensemos en c\u00f3mo, en lugar de acaparar, podemos compartir, ayudar a los m\u00e1s vulnerables y, en definitiva, dejar de ser parte del problema y comenzar a serlo de la soluci\u00f3n. Y as\u00ed, quien sabe, quiz\u00e1 el nosotros acabe por ganar al yo. Al fin y al cabo la vida siempre gana.<\/p>\n<p><strong>* Jos\u00e9 Antonio M\u00e9rida Donoso<\/strong>, profesor y doctor en filolog\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es as\u00ed de f\u00e1cil, cuando la crisis ahoga o nos hundimos o salimos, o retrocedemos y nos desmoronamos o crecemos. 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