Gabriel Brito

Correio da Cidadania, 3-7-2020

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa, 4-7-2020

Brasil parece vivir tranquilamente con las decenas de miles de cadáveres que la pandemia de coronavirus acumula. Mientras la gente muere, los gobiernos tratan de normalizar la vida cotidiana, sin lograr aplanar la llamada curva de contagio, algo previsto para el inicio de la cuarentena. De esta manera, la presión sobre el sistema de salud y sus profesionales aumenta. Para analizar la situación y contar un poco más sobre la rutina diaria de los profesionales de la salud, entrevistamos a Paulo Spina, un trabajador de la salud mental en São Paulo.

 

-Correio da Cidadania: ¿Cómo evalúa la evolución del número de casos y muertes por Coronavirus en Brasil? ¿Qué debemos esperar para el mes de julio?

Paulo Spina: Es un verdadero caos lo que estamos viviendo en Brasil estos últimos meses. Es inaceptable que haya 60 mil muertes por esta enfermedad y casi 1,5 millones de casos. La parte más pobre de la población sufre las consecuencias de la negligencia, la falta de preparación, la ignorancia del gobierno federal. La enfermedad es grave, pero se podrían haber evitado miles de muertes si hubiéramos llevado a cabo las medidas de distanciamiento físico de manera eficaz.

Cuando nos comparamos con otros países, como India y Rusia, vemos lo grave que es nuestra situación. Estamos siendo bombardeados por malas noticias, pero no podemos normalizar lo que está sucediendo en Brasil.

Vemos en muchos lugares del mundo que la enfermedad no sigue necesariamente una evolución piramidal, en la que subiría, alcanzaría una meseta y luego bajaría. Lo que vemos – como en lugares como los EE.UU. – es que la relajación de las medidas de distanciamiento físico puede hacer que los casos vuelvan a aumentar rápidamente.

Por lo tanto, en Brasil, y específicamente en São Paulo, quieren promover noticias de normalidad y crear expectativa de caídas en los casos y muertes, pero con la relajación sistemática que vemos aquí de las medidas de distanciamiento el escenario puede empeorar aún más, especialmente para los sectores más vulnerables de la población.

-¿Qué comentarios sobre la actitud del gobierno brasileño y su reflexión sobre la vida cotidiana? En las esferas estatales y municipales, ¿es suficiente la diferencia de actitud de los gobernantes?

Es un gobierno tenebroso, completamente paralizado y, lo que es peor, alienta a sus seguidores a poner en riesgo a toda la población. Declaraciones como “es una gripita”, “¿y qué?” son bofetadas en la cara de los trabajadores de la salud que arriesgan sus vidas para salvar a otros. Este gobierno debe rendir cuentas por las miles de muertes que podrían evitarse. El gobierno federal pone las ganancias por encima de la vida. Da prioridad a los grandes negocios, más que a las personas de carne y hueso.

En las últimas semanas, los gobiernos municipales y estatales se han adherido a la presión del gobierno federal, las empresas y parte de la sociedad para relajar las medidas de distanciamiento físico. La gente está obviamente cansada, todos quieren terminar esta cuarentena de inmediato. Pero se necesita una política pública para salvar vidas ahora mismo. Estos dirigentes carecen del coraje y la creatividad para tomar medidas concretas, no sólo para el distanciamiento sino para asegurar que los más pobres puedan vivir con dignidad en este momento. Y el relajamiento perjudicará precisamente a las mujeres más pobres, porque ¿qué harán con el regreso del trabajo presencial sin escuelas ni guarderías?

Y todavía tenemos casos absurdos en varios lugares de destrucción del SUS (Sistema Único de Salud), con la privatización de los servicios. Sólo para citar un ejemplo, en Osasco, en el gran São Paulo, la terrible gestión del alcalde Rogério Lins aprovechó la pandemia para privatizar los servicios de salud.

Estos gobiernos deberían aprovechar el momento para estructurar el SUS y no para asignar recursos a la iniciativa privada. Ya están apareciendo casos de corrupción en la pandemia y, si se investigan más a fondo, se descubrirá una ola de irregularidades con dinero público.

Si estos gobiernos realmente pusieran la vida por encima de las ganancias y la vida digna de la población, antes que la preocupación con sus proyectos electorales, tomarían medidas como la ampliación de los testeos y medidas efectivas para asegurar la distancia física, con un mayor apoyo financiero para las personas – especialmente las mujeres – y las pequeñas empresas; crearían centros de crisis por barrio, un panel de información detallada sobre la evolución de la enfermedad y la valorización efectiva del SUS y de todos los trabajadores de la salud.

-En cuanto al Ministerio de Salud, ¿qué comenta sobre su desempeño? ¿Qué hay del intercambio de ministros?

Es una vergüenza. La militarización del Ministerio de Salud en este momento de crisis sanitaria y de salud mental se ha convertido en una forma de poner en práctica la parálisis, el retroceso y la subordinación completa a Bolsonaro. Lo menos que la gente espera de un gobierno es información fiable y transparente, pero ni siquiera se realiza lo básico.

Es una forma de gobierno que no se basa en la ciencia y las pruebas científicas y que se disminuye para satisfacer los delirios gubernamentales del presidente, como alentar a la gente a invadir las unidades sanitarias o atacar a la Organización Mundial de la Salud.

-¿La población ha entendido realmente lo que se debe hacer? ¿Qué tan importante es mantener la cuarentena?

La población es siempre algo muy diferente. Lo que podemos problematizar es que hay dos campos que están, incluso, relacionados con la evaluación del gobierno. Una parte expresiva de la población consciente de los peligros del Covid-19, se esfuerza por cuidarse según las pocas posibilidades que se le ofrecen, especialmente para los sectores más populares. Y otro campo minoritario, pero aún relevante, que relativiza el peligro de la pandemia para sí mismo y pone a otros en riesgo, alentado por el discurso de Bolsonaro.

Pero lo que dificulta la realidad de buena parte de la población, es lo que Paulo “Gallo” -líder de los repartidores por aplicación que hicieron una huelga nacional el miércoles 1° de julio- denunció recientemente: en medio de la pandemia existe una pandemonio de injusticias y opresiones que afectan a la vida de los más pobres, obligando a diversos sectores de trabajadores a poner en riesgo sus propias vidas para sobrevivir.

-¿Cómo es el día a día del profesional de la salud?

El suicidio de la enfermera Mariana Polizeli, de 35 años, que trabajaba en un servicio de salud de la ciudad de Diadema, es emblemático del profundo caos al que se enfrentan los trabajadores de la salud (que son la mayoría) y los trabajadores sanitarios. La pandemia ha empeorado lo que ya era muy malo. Los procesos de trabajo no tuvieron en cuenta la calidad de la salud, sino una presión por la cantidad de procedimientos que, además de no mejorar la vida de las personas, son justificaciones para innumerables situaciones de acoso moral y enfermedad en el trabajo.

Las formas neoliberales de administración, con las privatizaciones de servicios, la subcontratación, las innumerables divisiones existentes entre los trabajadores, el proceso de transformación de los médicos en personas jurídicas, la jerarquización de los servicios, el escaso espacio para la participación popular han provocado una crisis del servicio público.

Los trabajadores de la salud ganan poco, tienen terribles condiciones de jubilación y han sufrido en los últimos años un ataque a su derecho a una mayor insalubridad. El resultado para la vida práctica: una carga de trabajo muy alta, a veces en varios lugares.

Y el sufrimiento con la vida diaria ha aumentado exponencialmente. El verdadero temor a infectarse y a llevar la enfermedad a los miembros de la familia y la mala estructura de los EPIs (Equipamientos de Protección Individual) de calidad, han llevado a muchas trabajadoras y trabajadores a elegir distanciarse de sus familias. Es mucho sufrimiento. Yo mismo pasé 15 días lejos de mi esposa e hijos porque tenía un alto riesgo de infección y fue un período muy difícil.

-¿Existe una estructura para satisfacer las necesidades de estos profesionales?

No. Ni en los servicios con materiales y estructura de trabajo adecuada, ni en las políticas con condiciones materiales.

Dos cosas que los gobernantes y la sociedad en general deben entender sobre la clase trabajadora de la salud:

1) no está compuesto sólo por médicos. Hay un discurso que trata de diferenciar entre los trabajadores que se supone que están en la primera línea de la lucha de Covid 19. Todos los que trabajan en una unidad de salud, ya sea el portero, el trabajador de la limpieza, el de comedor, el administrativo, la dirección, de diversas áreas de la salud están en una situación de gran riesgo;

2) a la gente le gusta el aplauso, pero necesita un reconocimiento efectivo con medidas que aumenten sus ingresos de manera real.

Por eso es fundamental el manifiesto “La vida por encima del lucro”, lanzado por los sindicatos que representan a la categoría y a varios grupos de trabajadores de la salud.

-¿Qué prevé para los sistemas de salud públicos y privados en las próximas semanas?

Una situación difícil, porque los casos están todavía en un nivel alto y preocupante, al mismo tiempo vemos la relajación de la distancia física que se está poniendo en práctica. Un dilema al que se enfrentan los sistemas es la decisión de reanudar la atención a los pacientes con otros problemas de salud, debido al riesgo de que éstos sean contaminados por el Covid-19. Aquí en São Paulo, el gobierno también necesita explicar en detalle y de forma transparente el cierre del hospital de campaña de Pacaembu y el uso de estos recursos.