Sin Permiso, 20-6-2020

Traducción de Gustavo Buster

Correspondencia de Prensa, 21-6-2020

La cultura es lo que somos, una lucha permanente entre valores y, así, permite el descubrimiento de lo humano, en todo lo que tiene de podrido y de vibrante, de sucio y de bello.

HBO ha eliminado de su catálogo la película Lo que el viento se llevó, que Victor Fleming realizó en 1939 y que fue recibida con entusiasmo (ocho premios Oscar). Mejor si la vuelve a poner a disposición del público. No es posible ni deseable que semejante obra desaparezca del espacio público, por la sencilla razón de que nuestra cultura y nuestra historia están hechas de esto mismo, de monumentos grandiosos y de momentos siniestros, de brillantez y de vergüenza. Sólo reconoceremos nuestro mundo si percibimos todas sus voces.

Los sótanos de la historia

En el contexto norteamericano marcado por el asesinato de George Floyd y el mayor movimiento de protesta antirracista desde 1968, HBO ha reaccionado a la presión contra la exhibición de objetos culturales que podrían interpretarse como promotores de la violencia racial. En este caso, una película que glorifica a la Confederación del Sur y que naturaliza la sociedad esclavista. Ha actuado por miedo y retirado la película. John Ridley, el autor del guión de Doce años de esclavitud (2013, tres Oscar), ha planteado la cuestión, pero no sugiere censuras: “Déjenme ser claro: no creo en la censura. No creo que Lo que el viento se llevó deba relegarse a un sótano en Burbank. Solo pido que, después de permitir que pase un período de tiempo respetuoso, la película se recupere en la plataforma HBO junto con otras películas que brinden una imagen más amplia y completa de lo que realmente fueron la esclavitud y la Confederación”.

No sé si esa solución u otra responden a la pregunta esencial. El punto es que esta película es un himno al racismo y debe ser vista. Pero estoy de acuerdo con Ridley en que la censura no es aceptable. Es mejor saber que esconderse. La película de 1915 de Griffith El nacimiento de una nación debe estar disponible por la misma razón: es una pieza de la historia del cine y de una época en que la élite estadounidense glorificó al Ku Klux Klan (incluso hoy en día algunos de sus jefes parecen apoyar a Trump). Lo mismo puede decirse de tantos otras.

Las fronteras de la censura

Habrá quienes celebren la decisión de HBO. Solo por su corta visión, la censura convertirá a estas personas en sus próximos objetivos y es mejor que lo sepan. Pero hay razones mayores para negarse rotundamente a ver la cultura como una narrativa ilustrada que se dirige hacia un cielo sin mácula. La cultura es lo que somos, una lucha permanente entre valores y, por lo tanto, permite el descubrimiento de lo humano, en todo lo que tiene de podrido y de vibrante, de sucio y de bello. Si alguien puede reclamar el derecho a limitar el espacio público según su propio código, recordemos los antecedentes, desde las hogueras de la Inquisición hasta la destrucción de libros y del “arte degenerado” en la Alemania de Hitler, o también el Índice soviético. ¿Cuál es entonces la frontera de la censura? En algunos casos, la razón para rechazar un discurso estético puede parecer más obvia, pero siempre es un error. Leni Riefenstahl, en El triunfo de la voluntad, ¿estetizó la propaganda nazi? Sí. Nabokov, en Lolita, ¿romantizó el abuso de menores? Sí. Pero pregúntese ahora si Bertolucci, en El último tango en París, o incluso Almodóvar, en Habla con ella, ¿no trivializaron de alguna manera la violación? Pues sí. En cualquier caso, deberíamos poder leer esos libros y ver esas películas.

Todas son obras controvertidas, que exaltan o, al menos, toleran actos que ahora se consideran delito. Sin embargo, son productos culturales sorprendentes y nuestras vidas no estarán protegidas de la exposición al racismo, la pedofilia y la violación de la autodeterminación sexual, si es por la censura. Por el contrario, debemos conocer la cultura tal como es y ha sido, y situarla en su época. Solo así encontraremos en nosotros mismos la radicalidad del ser humano y su voz humanista.

* Francisco Louçã, economista, profesor universitario y activista del Bloco de Esquerda de Portugal, es miembro del Consejo de Estado. Autor con Michael Ash de Sombras. El desorden financiero en la era de la globalización (Sylone/Viento Sur, Barcelona, 2018), Artículo publicado en el diario Expresso, Lisboa, 13 de junio 2020.