New Politics, 30-5-2020

Traducción de Enrique García – Sin Permiso

Correspondencia de Prensa, 8-6-2020

Es obviamente algo positivo que el gobierno cubano este enviando al exterior a sus médicos para ayudar con la actual crisis sanitaria del COVID-19. Para quienes los reciben, sin duda es un regalo sin precio que salva vidas. Para muchas personas es una expresión más del carácter progresista del estado cubano. Sin embargo, es importante destacar aspectos menos conocidos de este programa de médicos cubanos en el extranjero, incluidos los beneficios financieros obtenidos por el gobierno y las condiciones bajo las cuales sus médicos trabajan en la isla y en el extranjero, que exponen el carácter antidemocrático del estado cubano y el impacto que esto tiene sobre el pueblo cubano.

Según el gobierno cubano, cobra a sus clientes en el extranjero por estos servicios médicos en una escala variable de acuerdo con las posibilidades económicas de cada país, y en ciertos casos proporciona los servicios sanitarios de sus médicos de forma gratuita. Sin embargo, no es tan conocido que la exportación del gobierno cubano de esos servicios médicos es, de hecho, el mayor negocio y fuente de ganancias del Estado. En 2018, el estado cubano ganó 6.2 mil millones de dólares por la exportación de servicios médicos, constituyendo su mayor fuente de divisas ( The Guardian, 6 de mayo de 2020), lo que equivale al doble de sus ingresos en divisas de las remesas de cubanos en el extranjero, su segunda mayor fuente de ingresos, y también más que gracias al turismo, que es su tercera fuente de ingresos en divisas. Un año después, en 2019, los servicios médicos representaron el 46 por ciento de las exportaciones cubanas y el 6 por ciento del PIB de la isla.

A fines de 2018, las operaciones médicas cubanas en el extranjero implicaron la exportación de 28.000 médicos y otro personal médico a 67 países, una reducción desde el pico más alto de 50.000 en 2015, antes de que los médicos cubanos fueran expulsados ​​de países como Brasil, Bolivia y El Salvador y Ecuador cuando sus respectivos gobiernos giraron a la derecha, y a la extrema derecha, como en el caso de Jair Bolsonaro en Brasil.

Los médicos cubanos reciben solo alrededor del 25 por ciento de lo que los gobiernos extranjeros pagan a las autoridades cubanas por sus servicios (la mayoría de los países anfitriones también proporcionan alojamiento gratuito a los médicos cubanos, aunque de calidad muy variable). Estos médicos no tienen forma de negociar su salario con las autoridades cubanas, ya que no tienen derecho a organizar sindicatos independientes para defender sus reivindicaciones. Los sindicatos en Cuba están controlados por el estado y funcionan como meras correas de transmisión de las políticas y decisiones del Partido Comunista de Cuba. Y los médicos en el extranjero están sujetos a una serie de reglas gubernamentales que limitan e intentan evitar su movilidad y deserción en el extranjero, como por ejemplo tener su compensación, o parte de ella, depositada por el estado en la propia Cuba, y tener que dejar a sus cónyuges y / o hijos menores en la isla. Además, los médicos cubanos deben entregar sus pasaportes a sus supervisores tan pronto como llegan al país extranjero donde van a ejercer. La deserción es muy castigada, al prohibir a los desertores que visiten Cuba durante ocho años, a pesar de que son ciudadanos cubanos.

Sin embargo, los médicos cubanos están más que dispuestos a ejercer en el extranjero bajo el patrocinio de su gobierno. Además de los sentimientos humanitarios que pueden motivarlos, el muy reducido 25 por ciento del pago que reciben por sus servicios en el extranjero es mucho mejor de lo que normalmente ganarían en Cuba. Como señaló Ernesto Londoño en un artículo del New York Times el 29 de septiembre de 2017, sobre los médicos cubanos en Brasil, para entonces 18.000 médicos cubanos ya habían prestado servicios en ese país. El acuerdo de las autoridades cubanas y brasileñas en 2013 permitia que cada médico cubano recibiese, tras la quita de su propio gobierno de la mayor parte, 2,900 reales al mes, 1.400 dólares en 2013 y  908 dólares en 2017, una cantidad realmente extraordinaria en comparación con, después del gran aumento salarial en Cuba en marzo de 2014, los 1.500 pesos, o 60 dólares al mes (en el cambio habitual de aproximadamente 25 pesos nacionales cubanos o CUP por dólar) que habrían ganado en casa ( Havana Times , 21 de marzo de 2014). Además de ganar mucho más dinero que en la isla, los médicos cubanos en Brasil, como en muchos otros países en los que han trabajado, también obtuvieron acceso a una amplia gama de bienes de consumo no disponibles en Cuba, que pueden llevar a casa cuando regresen, un tema no mencionado por Londoño. Este es otro ejemplo de personas que se someten voluntariamente a condiciones de explotación por falta de una alternativa.

El gobierno cubano, y sus defensores en el extranjero, a menudo justifican la quita del 75 por ciento del pago por el trabajo de sus médicos en el extranjero al señalar que esta es una forma justa de reembolsar al estado los gastos públicos incurridos en la educación gratuita de estos médicos. De hecho, sin embargo, según el propio cálculo del gobierno, se considera que los médicos cubanos han “pagado” su educación gratuita al completar su “servicio social”, contribuyendo, inmediatamente después de la graduación, con sus habilidades recién adquiridas por un período de dos años (tres años para los hombres cuando se combina con su servicio militar) a tiempo completo, donde quiera que el gobierno los asigne. (Un programa similar de un año de duración ha existido en México, donde la educación médica es gratuita, durante más de ochenta años). Solo después de haber finalizado su servicio social pueden los médicos solicitar vacantes en las localidades deseadas y / o según lo que consideren, en términos relativos, condiciones de trabajo más favorables. Sin embargo, desde el momento en que prestan su servicio social, son considerados empleados estatales (la práctica privada es ilegal) y están sujetos a las órdenes y condiciones dictadas unilateralmente por el estado cubano. Por eso este sistema debe describirse como medicina estatal y no medicina socializada. Esto último permitiría, en un sistema democrático y socialista, que los médicos eligieran trabajar para organizaciones sociales no estatales —como sindicatos independientes, asociaciones de vecinos, consejos de trabajadores, gobiernos municipales— o para el estado, como parte de un sistema universal público de salud, totalmente financiado por el presupuesto público.

No es sorprendente que muchos médicos cubanos opten por desertar una vez que prestan servicios en el extranjero, a pesar de las dificultades y los obstáculos involucrados. Organizar sindicatos independientes para desafiar el sistema de partido único de Cuba es muy arriesgado. La mayoría de las personas en la isla, incluidos los médicos, probablemente ni siquiera lo consideran o creen que es una opción viable Muchos de ellos desertaron y obtuvieron asilo en los Estados Unidos bajo el Programa de Tutela de Profesionales Médicos Cubanos establecido por George W. Bush en 2006. Este programa permitió a los médicos cubanos estacionados en otros países obtener la residencia permanente en los Estados Unidos y facilitar su práctica legal después de haber llegado a EEUU. Cuando Obama abolió el programa al final de su presidencia en enero de 2017, unos 7.000 médicos cubanos se habían acogido a sus beneficios. No hace falta decir que, como ha sido el caso del criminal bloqueo económico estadounidense de Cuba desde 1960, el programa no fue creado para promover el bienestar del pueblo cubano o para restablecer la “democracia” en la isla, sino para atacar la economía cubana, en este caso a través alentar la “fuga de cerebros” de la isla, para castigar a un régimen que no obedece las reglas del juego de Washington.

También vale la pena señalar que, a pesar de que Trump ha eliminado muchas de las medidas de Obama para suavizar el bloqueo, no ha hecho nada para restablecer el programa médico de Bush, evidencia de que sus sentimientos y políticas antiinmigrantes son más fuertes que su anticomunismo. En ausencia del escape proporcionado por el Programa de Tutela de Profesionales Médicos Cubanos patrocinado por los Estados Unidos, al menos 150 médicos cubanos en Brasil presentaron sus reivindicaciones ante los tribunales en ese país antes de que Bolsonaro asumiera el cargo, desafiando el acuerdo Cuba-Brasil y exigiendo ser tratados como contratistas independientes con derecho a ganar salarios completos, y no como empleados del estado cubano. Las demandas judiciales decayeron después de que Bolsonaro llegase al poder, y Cuba retiró a su personal médico (aproximadamente 8.000 personas) de ese país. En junio de 2019, hubo varios cientos de médicos cubanos enviados a trabajar a Brasil que se negaron a regresar a Cuba. Permanecieron en Brasil en un limbo, trabajando en cualquier cosa que pudieran encontrar para sobrevivir, ya que no pueden  ejercer la medicina a menos que aprueben un examen de revalida que no se ha convocado desde 2017. Sin embargo, recientemente, el gobierno brasileño contrató y autorizó a 157 médicos cubanos a ayudar con la crisis de coronavirus que ha estallado en ese país, agravada por las políticas criminalmente negligentes del gobierno de Bolsonaro ( Al Jazeera , 19 de mayo de 2020)

Mientras tanto, la gente en Cuba ha sufrido su propia parte por la exportación de médicos. En un estudio de la economía cubana entre 2007 y 2017 (“Bienestar social y reforma estructural en Cuba, 2006-2017”, Cuba en transición , vol. 27, 2017), el destacado economista cubano Carmelo Mesa-Lago indicó que si bien por un lado, el sistema de salud universal y gratuito de Cuba había logrado importantes mejoras, como una mayor disminución de la mortalidad infantil, la reducción del número de habitantes por dentista [que, aunque importante, es solo parte de los graves problemas de la atención dental en Cuba] y un aumento en las vacunas con el resultado de  la eliminación o reducción de la mayoría de las enfermedades transmisibles; pero por otro lado, la mortalidad maternal aumentó, la cantidad de policlínicos y hospitales disminuyó, incluidos los hospitales rurales y los centros de salud rurales / urbanos que se cerraron en 2001, siendo los pacientes remitidos a hospitales regionales, con el consiguiente aumento en el tiempo y los costes de transporte, y mayores riesgos en casos de emergencia. Así mismo, descubrió que la cantidad de camas de hospital disponibles también se había recortado y que los costosos procedimientos de diagnóstico y prueba se habían reducido, mientras que las plantas físicas y el equipo seguían deteriorándose. Además de una grave escasez de medicamentos, señalaba Mesa-Lago, los pacientes de hospital tenían que proporcionar su propio suministro de sábanas, almohadas y artículos similares.

En relación con la exportación de personal médico de Cuba al extranjero, los hallazgos de Mesa-Lago indican que si bien el número de médicos para el período 2007-2017 aumentó en un 21 por ciento, estableciendo un nuevo récord en 2016 con 90.161 médicos nuevos, una vez que se restan los 40.000 médicos en el extranjero en 2017, esto reduce significativamente el número de médicos que trabajan en la isla a 224 habitantes por médico, casi al nivel de 1993, el peor año de la crisis económica que siguió al colapso del bloque soviético. La contracción fue peor en el caso de los especialistas, una gran parte de los cuales fue a trabajar al extranjero. (El autor está personalmente familiarizado con el caso de una amiga cuya colonoscopia fue arruinada por un técnico asignado para reemplazar a un especialista que había sido enviado al extranjero). Mesa Lago agrega que la exportación de médicos ha tenido un efecto particularmente negativo en el programa de médicos de familia, un programa de mucho éxito creado por el gobierno en la década de 1980, que se redujo considerablemente en un 59 por ciento en el período 2007-2017 de su estudio.

Para acabar de agravar los graves problemas que afectaban al sistema de salud cubano por la disminución del número de médicos que quedaban dentro de Cuba, hubo una caída del 22 por ciento (no necesariamente asociada con el programa de exportación de médicos) de personal médico de otras categorías, como técnicos y enfermeras, según los hallazgos de Mesa Lago en ese mismo estudio

Hace poco, el Covid-19 golpeó a Cuba como lo hizo prácticamente en todo el mundo. Según Granma , el periódico oficial del Partido Comunista, 1.963 personas habrían sido contagiadas (Granma, 26 de mayo) y 79 personas han muerto (Granma, 19 de mayo). 434 pacientes han sido hospitalizados hasta el 25 de mayo (Granma, 26 de mayo) y 3.281 estaban bajo observación en centros de salud (Granma, 19 de mayo), pero sorprendentemente, solo 434 una semana después (Granma, 26 de mayo), mientras que 1.823 pacientes estaban siendo seguidos en casa (Granma, 26 de mayo). Si bien el gobierno cubano ha tomado medidas drásticas para detener el contagio, como cerrar el país a los turistas y detener el transporte público, es demasiado pronto para saber si ha tenido éxito, dada la escasa información independiente disponible sobre la situación general del tratamiento de los pacientes de Covid-19 en el sistema de salud de Cuba e incluso de la precisión de las estadísticas mencionadas anteriormente.

Muchos en la izquierda atribuyen los graves problemas que afectan al sistema de salud cubano, incluidos los causados específicamente por la exportación de médicos cubanos, al bloqueo económico de Estados Unidos. Es incuestionable que desde su establecimiento en 1960, este bloqueo ha tenido un impacto significativo en la economía cubana. Aunque suavizado por Obama en su segundo mandato, Trump puso fin a  la mayoría de los cambios positivos: volvió a limitar los viajes desde Estados Unidos a la isla, limitó las remesas y reafirmó el cierre del mercado estadounidense a los productos cubanos y la prohibió la inversión estadounidense en Cuba. De hecho, esta prohibición fue reforzada por Trump, quien congeló nuevas inversiones extranjeras en Cuba cuando hizo aplicar por primera vez el Título III de la Ley Helms-Burton de 1996 que prohíbe cualquier trato económico que implique terrenos o instalaciones confiscadas por el gobierno cubano a comienzos de los años 1960 a las empresas estadounidenses. Y aumentó las sanciones a los bancos internacionales que realizan transacciones con Cuba. Aunque la Ley de sanciones comerciales y mejora de las exportaciones de Estados Unidos, aún intacta, del 2000 autoriza la venta de alimentos y la mayoría de los medicamentos a Cuba, impone muchas dificultades a las transacciones comerciales involucradas en la venta de esos productos a la isla, como exigir pagos en efectivo por adelantado (no se aceptan créditos bancarios) y requerir tantas licencias que subvierte el propósito supuestamente liberalizador de esa Ley.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que solo Estados Unidos ha bloqueado a Cuba, y que muchos otros países capitalistas, especialmente Canadá, España (incluida la España de Franco) y otros países que se incorporaron a la Unión Europea, han mantenido relaciones económicas con la isla, brindándole una amplia gama de oportunidades económicas desde el comienzo del bloqueo. Por lo tanto, el bloqueo de los Estados Unidos explica los problemas de Cuba solo hasta cierto punto. Mucho más importante ha sido el papel de la burocrática economía política cubana no democrática dirigida por el partido único de estado.

En todos sus aspectos esenciales, Cuba es una réplica del modelo socio-económico y político soviético, donde una clase burocrática dirigía la economía sin ningún aporte institucional o limites por parte de sindicatos independientes u otras organizaciones populares. Solo en Internet -al que solo una minoría en la isla tiene acceso principalmente debido a su muy alto coste en relación con los salarios existentes, y que el gobierno aún no ha podido controlar por completo-, se pueden encontrar muchas voces críticas cubanas, incluidas las de las nacientes asociaciones independientes de la sociedad civil que están completamente excluidas de los medios de comunicación controlados por el estado (periódicos, estaciones de televisión y radio). Por lo tanto, no hay transparencia ni discusión abierta y pública de los problemas de Cuba, ya sean políticos, sociales o económicos, a menos que el régimen decida publicitarlos para sus propios fines y siempre bajo su control. La información sobre la economía se distorsiona sistemáticamente, y la transmisión de las necesarias señales claras necesarias para el buen funcionamiento de la economía se bloquea continuamente: la retroalimentación auténtica, la información precisa y las iniciativas independientes desde abajo se desalientan sistemáticamente para que el partido único estatal no pierda el control de la economía. En ausencia de una vida pública abierta y democrática, los ciudadanos carecen del poder para hacer rendir cuentas a los planificadores. La falta de una prensa abierta y de cualquier medio independiente de comunicación de masas ha facilitado el encubrimiento, la corrupción y la ineficiencia en todo el sistema. La falta de democracia también promueve la apatía y el cinismo entre los trabajadores que no tienen aportes independientes significativos, y mucho menos control sobre lo que sucede en su lugar de trabajo.

Esta ineficiencia y corrupción se han reflejado en todos los sectores de la sociedad cubana, incluido el sector de la salud. Hace diez años, el uruguayo Fernando Ravsberg, un periodista crítico de ninguna manera hostil al sistema cubano, que escribía sobre los hospitales en Cuba lamentaba el desperdicio de costosos equipos de oftalmología abandonados, sin usar, en varios almacenes; del desperdicio de la nueva unidad de quemados del famoso Hospital Calixto García, al lado del campus principal de la Universidad de La Habana, que no se había utilizado ni un solo día desde que se inauguró dos años antes. Las instalaciones eran inutilizables en cualquier caso, señalaba Ravsberg: el techo se había caído en varias ocasiones, y las muy caras bañeras para las personas quemadas no podían utilizarse debido a la baja presión del agua. Del mismo modo, la nueva sala de operaciones de vanguardia en ese hospital era inutilizable debido a las grandes fugas en las tuberías de agua y un techo que goteaba cada vez que llovía. Las baldosas seguían despegándose de las paredes, debido a la falta de cemento, que probablemente había sido robado durante la construcción, como sucedió en el hospital Almejeiras, en el centro de La Habana (“Los Recursos de Salud”, Cartas desde Cuba , 29 de abril , 2010).

Mucha gente de izquierdas, aunque reconocen que el régimen cubano es antidemocrático, incluso económicamente ineficiente y “a veces” represivo, además, de oponerse como deben a la intervención estadounidense contra Cuba, consideran al régimen cubano progresista y merecedor de su apoyo por su objetivo de sacar al pueblo cubano de la pobreza y sus intentos de hacerlo a través de su sistema de educación pública hasta la formación profesional, y su sistema de atención médica universal. Esta posición implica un cálculo aritmético de ganancias y pérdidas en el que las ganancias en bienestar social compensan con creces la pérdida de democracia y libertad política. Sin embargo, el bienestar de un pueblo está intrínsecamente conectado a la presencia o ausencia de democracia. Lo que ha sucedido con el sistema de salud es un ejemplo de ello. El impacto que ha tenido la exportación de médicos al empeorar los problemas existentes en ese sector es un ejemplo concreto.

Hay una pérdida que no se puede tolerar cuando se trata de juzgar si un régimen en particular debe ser apoyado políticamente: la pérdida de autonomía política de clase, grupo (ya sea definido en términos de raza, género u orientación sexual) e individual, y la pérdida de libertad para organizarse de forma independiente para defender los intereses de clase y de otros grupos, junto con las libertades civiles y políticas asociadas para hacer posible y viable dicha independencia organizativa.

* Samuel Farber nació en Marianao, Cuba. Profesor emérito de Ciencia Política en el Brooklyn College, New York. Entre otros muchos libros, recientemente ha publicado The Politics of Che Guevara (Haymarket Books, 2016) y una nueva edición del fundamental libro Before Stalinism. The Rise and Fall of Soviet Democracy (Verso, 1990, 2018).