China Labour Bulletin, 21-5-2020

A l’encontre, 25-5-2020

Traducción de Ruben Navarro – Correspondencia de Prensa, 29-5-2020

La 13ª Asamblea Nacional Popular de China (o también Congreso Nacional del Pueblo chino, en castellano) se inauguró finalmente en Beijing el 22 de mayo de 2020 con un retraso de dos meses, debido a la pandemia de Covid-19.

Supuestamente, la reunión anual de la legislatura nacional de este año debía anunciar el logro inminente del primer “objetivo del centenario” del Partido: el establecimiento de una “sociedad moderadamente próspera” para finales de 2020.

Sin embargo, con la recesión económica prolongada -exacerbada el año pasado por la guerra comercial con los Estados Unidos y este año por la pandemia- el objetivo parece cada vez más lejano para los millones de trabajadores y trabajadoras víctimas de despidos, rebajas salariales y sin perspectivas de nuevos contratos de trabajo.

La experiencia de los trabajadores y trabajadoras de la confección en una fábrica situada en el Delta del Río de las Perlas es una muestra de la situación crítica en que se encuentran los trabajadores y trabajadoras, con salarios sin cobrar o muy bajos desde el Año nuevo lunar.

Según las normas del gobierno provincial de Guangdong (Cantón, NdT), el personal tenía que volver a trabajar el 10 de febrero. Pero como el riesgo de infección de Covid-19 era todavía elevado, la dirección les pidió a todos los empleados que hicieran un “sacrificio por el bien de la empresa” y que tomaran una licencia no remunerada hasta el final del mes.

Una vez que la fábrica reanudó la producción a principios de marzo, la propagación de la pandemia en Europa y en los Estados Unidos provocó la cancelación repentina de los pedidos y la falta de trabajo para los empleados de la línea de producción. Primero, la dirección anuló todas las horas extras y luego comenzó a pedirle al personal que “renunciara” a su trabajo.

Los salarios de los trabajadores y trabajadoras de la fábrica bajaron de manera espectacular. Antes de la pandemia, el personal trabajaba normalmente seis días por semana y hacía suficientes horas extras para ganar más de 5.000 yuanes en los meses de más trabajo (unos 650 euros). Pero ahora, sin horas extras y sólo con el salario básico, los trabajadores y trabajadoras cobran 2.000 yuanes por mes, lo que no llega ni siquiera a ser un salario de subsistencia en las ciudades del Delta del Río de las Perlas.

Con una reducción de los salarios de más del 50%, muchos consideraron que no tenían más remedio que aceptar el “despido voluntario” propuesto por el patrón, aunque ello significara renunciar a la indemnización por despido a la que legalmente tenían derecho.

Muchos trabajadores declararon que la prioridad para ellos era encontrar otro trabajo y que no podían permitirse iniciar un litigio o negociación por la suma que legalmente les habría correspondido. Creían que sería relativamente fácil encontrar otro trabajo, pero pronto se dieron cuenta de que las oportunidades de empleo se habían reducido considerablemente.

Muy pocas empresas están contratando trabajadores por ahora y las que lo hacen sólo proponen contratos precarios y a corto plazo, con pocas prestaciones sociales o ninguna. Incluso en el sector de los servicios, que constituía antes una red de seguridad para los trabajadores despedidos de las fábricas, los empleos son cada vez más difíciles de encontrar después de tres meses de contracción económica.

La creación de puestos de trabajo será una de las prioridades de la Asamblea Nacional Popular. Sin embargo, la aplicación de políticas que garanticen un empleo estable a largo plazo -en lugar de estímulos a corto plazo- será un enorme desafío.

Los trabajadores de “clase media” están sintiendo también los efectos de la recesión y ya no pueden permitirse comprar los bienes y servicios a los que estaban acostumbrados: despidieron a las empleadas domésticas y cancelaron las suscripciones a cursos privados y centros de fitness. Esto, por supuesto, ha tenido un efecto dominó en los trabajadores y trabajadoras de bajos salarios, que antes prestaban estos servicios y que ahora se encuentran desempleados.

El sueño de una sociedad “moderadamente próspera”, que parecía estar al alcance de China, se está desvaneciendo rápidamente para varias categorías de empleados y empleadas. Si el gobierno y los sindicatos no actúan rápidamente para volver a darle vida, las consecuencias para el Partido podrían ser graves.