João Vitor Santos, IHU Online, 29-4-2020

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa, 30-4-2020

Las cárceles contemporáneas son verdaderas mazmorras. Hacinadas, fétidas y sin la más mínima condición de higiene en la mayoría de los casos, se vuelven fácilmente en terreno fértil para la propagación de enfermedades, convirtiendo la detención en una virtual sentencia de muerte. Y en medio de la pandemia de Covid 19, los riesgos son aún mayores. “No es posible hacer aislamiento dentro de los presidios, pues están superpoblados”, destaca la religiosa Petra Silvia Pfaller. Ella forma parte de la congregación de las Hermanas Misioneras de Cristo, es alemana y vive en Brasil desde 1991, graduó en Derecho por la Pontificia Universidad Católica de Goiás (PUC-GO), y tiene una especialización en Derechos Humanos y en Derecho Penal por la misma institución.

-IHU On-Line – La Pastoral Carcelaria Nacional aplicó un cuestionario para obtener más información sobre la situación de las prisiones en el país durante la pandemia Covid-19. ¿Qué revelaron los datos de esta encuesta?

Petra Silvia Pfaller – La Pastoral lanzó un cuestionario online el 3 de abril, y en sólo tres días, obtuvimos 1.213 respuestas de todos los estados del país. Entre las personas que respondieron se encontraban familiares (de los presos), trabajadores de la Pastoral, guardias penitenciarios, técnicos de prisiones, abogados y jueces, defensores públicos y miembros de organizaciones de derechos humanos.

Los datos confirmaron que las visitas a las prisiones están efectivamente prohibidas en todo el país; que el ingreso de alimentos y materiales de higiene enviados por familiares y agentes de la Pastoral no están entrando en la mayoría de las prisiones; y que hay varios casos sospechosos de presos infectados por coronavirus en las cárceles; pero la falta de información proporcionada por los organismos oficiales hace difícil identificar realmente estos casos – recordando que el cuestionario se aplicó cuando todavía no se había confirmado oficialmente ningún caso de coronavirus dentro de las prisiones. Desde entonces, se han confirmado casos en varios estados, por lo que sospechamos que continúa la sub-notificación de los casos.

-IHU – Todavía sobre esta encuesta, ¿qué fue lo que más le impresionó de los informes?

PSP– Lo que más impresionó fue el número de personas que no sabían si había casos o sospechas de prisioneros infectados en las prisiones. 621 personas (51,5%) no pudieron responder si había o no sospechas, y 736, o el 61,2%, no pudieron decir si había casos confirmados. Esto revela la gran falta de transparencia en la gestión de las unidades penitenciarias y las secretarías de seguridad de los estados, dejando a los familiares y a las organizaciones de derechos humanos en la oscuridad sobre las medidas que se están adoptando para combatir realmente la pandemia.

Hasta la primera confirmación oficial de la existencia de un preso con el virus en la prisión, el propio ex Ministro de Justicia, Sergio Moro, subestimó la gravedad de la posibilidad de contagio dentro de las cárceles, diciendo que si los presos estuvieran aislados en las prisiones no se contaminarían y afirmando que todo estaba bajo control.

-IHU – ¿Puede el aislamiento de los presos en las cárceles, sin la visita de abogados y familiares, convertirse en un riesgo mayor para los detenidos y aumentar las violaciones de los derechos humanos? ¿Por qué?

PSP– Sí. La pandemia ha hecho que la cárcel, que ya está extremadamente cerrada a la sociedad, se cierre aún más. Los familiares y las organizaciones como la Pastoral también se encargan de fiscalizar la situación en los presidios y de denunciar posibles violaciones de derechos. Si no podemos entrar, estas violaciones se producirán con mayor frecuencia que de costumbre.

En el cuestionario, recibimos una serie de informes diciendo que la tortura continúa, y que el coronavirus está siendo usado como un instrumento de esta tortura.

Hay relatos como este: “dos personas sospechosas (de contraer Covid-19) y una muerte. Están dejando a los sospechosos junto con los otros, y he oído que es ‘dejarlos morir’. Ninguno tiene agua para beber, para bañarse o para lavarse las manos, tampoco tienen jabón”.

Otro informe también decía que si un recluso hablaba por teléfono con su familiar sobre cómo es realmente la situación en los presidios, la llamada se interrumpía.

-IHU- ¿Qué regiones, estados o ciudades son más preocupantes y requieren más atención? ¿Por qué?

PSP– Es difícil de decir, porque, como hablamos antes, la falta de transparencia y de información es muy grande. De la información de los agentes pastorales, se deduce que hoy, la situación más grave está en el complejo carcelario de Brasilia, con un gran número de presos infectados, así como varios guardias carcelarios.

Recibimos una denuncia de Amazonas de que en una cárcel, más de 300 prisioneros presentaban síntomas similares a los del Covid-19, y que no estaban siendo tratados. La enfermería sólo dio un medicamento para la tos y dijo que no era nada.

-IHU – ¿Cómo analiza las medidas que han sido adoptadas en los centros penitenciarios por las autoridades?

PSP– Las medidas son insuficientes. Prueba de ello es que, como ha advertido La Pastoral Carcelaria desde el comienzo de esta pandemia, hay presos infectados.

No es posible cumplir aislamiento dentro de las prisiones, porque están superpobladas. ¿Cómo va a estar un preso a dos metros de distancia del otro en una celda donde ni siquiera hay espacio para acostarse y dormir? ¿Cómo se higienizarán los reclusos si hay un constante racionamiento de agua en muchas unidades? ¿Cómo van a conseguir la inmunidad si la comida que reciben está en mal estado?

-IHU- ¿Cuáles son los mayores desafíos para enfrentar la pandemia del nuevo coronavirus en el sistema penitenciario?

PSP– Las prisiones son máquinas de muerte y tortura. No se puede hablar de enfrentar esta pandemia dentro del presidio, porque las personas que están encarceladas son consideradas desechables por la sociedad. La única solución que la Pastoral Carcelaria ve para evitar que los presos y las presas se contaminen con el coronavirus es la descarcelación. Como lo han hecho otros países, como los Estados Unidos, Irán, Italia, España, Francia, sólo para mencionar algunos.

Sin duda es necesario y urgente sacar a la gente de las prisiones y reducir el número de personas que están encarceladas. El Consejo Nacional de Justicia (CNJ) también ha hecho esta recomendación. Y, como ya se ha mencionado, la falta de información y transparencia sobre lo que sucede en los presidios es muy preocupante.

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Petra Silvia Pfaller

-IHU- La salud dentro de la prisión siempre ha sido un problema. Además del Covid-19, ¿cuáles son los mayores problemas de salud en el universo de las cárceles? ¿Y cómo enfrentarlos?

PSP– La población carcelaria está en una situación muy vulnerable. La incidencia de la tuberculosis en las prisiones es 30 veces mayor que en la sociedad en general. A principios de año, en el estado de Roraima, hubo una denuncia de que los presos tenían una enfermedad de la piel que “se los comía vivos”, que luego se descubrió que era una evolución de la sarna.

Las mujeres presas, en particular, sufren mucho por el tema de la salud: las prisiones no tienen un servicio especializado para esta población, con sus necesidades específicas. Las mujeres embarazadas, por ejemplo, no reciben ningún tipo de acompañamiento. Tenemos noticias de que hoy en día todavía hay niños y madres con sus bebés en la cárcel, por ejemplo, en Minas Gerais.

La única forma de abordar el problema de la salud es enfrentarse al encarcelamiento y a su funcionamiento torturante.

-IHU – ¿Cómo responde a los que dicen cosas como “este virus en la cárcel no es mi problema” o “deja que los presos contraigan esta enfermedad y mueran”?

PSP– Esta mentalidad de que “los buenos bandidos son bandidos muertos” siempre ha estado muy presente en la sociedad. La vida de los encarcelados es responsabilidad del Estado, y como los que creen en las palabras y enseñanzas de Cristo, debemos respetar la vida, no difundir el odio. No es porque alguien esté en prisión que deba ser condenado a muerte, y una epidemia del coronavirus dentro de las prisiones sería una masacre, una pena de muerte legalizada.

-IHU – ¿Cómo ha actuado la Pastoral en estos tiempos de pandemia?

PSP– La Pastoral Carcelaria trabaja a nivel estatal y diocesano a través de sus agentes, que son voluntarios. En esta pandemia, nuestro trabajo de campo es muy restringido, porque recomendamos a nuestros agentes que se queden en casa. Aun así, nuestros agentes han mantenido el contacto con los miembros de las familias y han trabajado para acopiar productos de higiene, alimentos, máscaras y otras donaciones que pueden ser entregadas a los presidios.

Y la Pastoral ha recibido y remitido denuncias a los órganos competentes, relacionados o no con la pandemia, y ha buscado información sobre la situación en las prisiones (las acusaciones pueden hacerse a través del sitio web de la Pastoral Carcelaria (CNBB), por teléfono +55 (11) 3101-9419 o por correo electrónico: nacional@carceraria.org.br  o juridico@carceraria.org.br).

-IHU On-Line – El pasado viernes 24 de abril, el entonces Ministro de Justicia, Sergio Moro, renunció al cargo por diferencias con el Presidente de la República. En cuanto al sistema penitenciario, ¿cómo evalúa la gestión de Sergio Moro? Y, con la partida del ministro, ¿cómo proyecta las políticas del sistema penitenciario del actual gobierno?

PSP– La principal propuesta de Moro fue el “paquete anticrimen”. Las medidas de este paquete en nada resolverán la cuestión de la seguridad en el Brasil. Por el contrario, cuanto más se encarcele, más aumenta la violencia.

Y en esta pandemia, hemos recibido informes de los jueces de que la postura del ministro, al negar la gravedad del coronavirus en la cárcel, les hizo temer por la liberación de presos, poniendo en peligro la vida de muchas personas, y de la sociedad en su conjunto. No esperábamos ninguna política positiva del ex Ministro de Justicia, ya que componía el gobierno de un presidente que propaga el odio y el endurecimiento de las políticas de seguridad pública.

Pero el tema penitenciario en el Brasil no depende sólo del gobierno. La cárcel, que debería ser el último recurso, siempre ha sido el primero, por lo que somos el tercer país más encarcela en el mundo. Y las respuestas a las masacres y crisis en las cárceles, son más represión y violencia. El objetivo del encarcelamiento masivo, es sobre mayoritariamente la población más marginada del país: negros, jóvenes y favelados.

-IHU – ¿Quieres añadir algo?

PSP – También es bueno recordar que los guardias carcelarios están en riesgo tanto como los presos y las presas. La mayoría sin los equipos de protección, los Epis. Tenemos informaciones de que muchos profesionales en esta área han sido infectados. En las cárceles insalubres y superpobladas es imposible seguir el protocolo de prevención de pandemias.

Otro punto importante es que muchos jueces, bajo el discurso de la protección de la seguridad pública, siguen la política represiva del Estado, y no aplican las recomendaciones del CNJ de desencarcelamiento para disminuir el hacinamiento en los presidios. Afirman que la protección de la sociedad es más importante y no tienen en cuenta que –depende del estado- el 40, 60% de las personas encarceladas son presos provisorios, sin sentencia condenatoria, es decir, inocentes según la Constitución Federal y corren el riesgo de contraer el peligroso coronavirus. Y mucha gente que está en prisión, podría permanecer en casa sin representar un peligro para la sociedad.

Esperamos, por el bien de todos, que esta apuesta no tenga un final desastroso, y si lo tiene, no fue por falta de aviso. Me pregunto cómo un juez o jueza puede acostarse por la noche y dormir, sabiendo que miles de custodiados están en los infiernos de la cárcel, expuestos a una pena de muerte decretada por omisión. El gesto de Pilatos al condenar a Jesús se repite: se lavan las manos.