A l’encontre, 24-4-2020

Traducción de Faustino Eguberri – Viento Sur

Correspondencia de Prensa, 28-4-2020

Los obituarios son siempre autopsias cuando se trata de campañas políticas. Al hacer un balance de la campaña, las y los comentaristas obviamente tratan de determinar la causa de la muerte.

El reciente final de la campaña de Bernie Sanders no es una excepción. Viniendo de varios campos políticos, comenzaron a presentar sus propias evaluaciones e intentaron diagnosticar lo que había salido mal.

Pero estos comentaristas apenas han actuado como científicos forenses que buscan evidencia para determinar la causa de la muerte. Su conducta, por el contrario, se parece más a la de un arúspice de la antigua Roma, oráculo encargado de adivinar la voluntad de los dioses en las entrañas de los animales sacrificados.

Y a pesar de sus diferencias políticas, su método es similar: al examinar los despojos de la campaña, declaran que sus respectivos dioses se han irritado y deben ser apaciguados.

El dios de los liberales [en el sentido estadounidense: progresista] defiende una política de identidad. Las y los liberales juzgan los esfuerzos de Bernie para hacer campaña defendiendo las demandas de la clase trabajadora para apoyar su poder como un movimiento nostálgico en una era que ahora ignora la política de clase. Para las y los liberales de hoy, la política debe basarse en grupos identitarios. Algunos de estos grupos, por ejemplo, los liberales suburbanos que estudiaron en la universidad, se habrían sumado a los objetivos de Bernie, pero rechazaron su visión de la política. Para que Bernie tenga éxito, dicen, debe aceptar la muerte de una política basada en los intereses de clase.

Pero los liberales no están solos al ver el fracaso de su campaña como el fruto de golpes autoinfligidos. Algunos de los partidarios de Bernie no piensan de manera diferente. Para estos últimos, sin embargo, Bernie no habría ido lo suficientemente lejos. Hay, en particular, quienes plantean que debería haber atacado a Joe Biden mucho más fuerte, diciendo que Biden iba a perder ante Donald Trump, como Hillary Clinton antes que él.

Estos dos puntos de vista coinciden en que la campaña de Bernie podría haber triunfado con ajustes modestos (aunque en direcciones opuestas …). Pero sus posiciones subestiman radicalmente la importancia de los obstáculos a la política socialdemócrata revelados por la derrota de Bernie. Sí, su larga campaña de 2015 a 2020 ayudó a la izquierda en los Estados Unidos a dar un salto gigante, pero también reveló claramente algunos obstáculos serios para la prosecución de su avance. Debemos tomarlos en serio para enfrentar el desafío.

El Partido por encima de la clase

Para los liberales, la derrota de Bernie es la de toda una teoría política. La semana pasada, Zack Beauchamp de Vox y David Atkins, un destacado defensor de Elizabeth Warren, apoyaron este punto de vista con dos argumentos diferentes, pero que convergían en sustancia. Según ellos, Bernie se basó en la teoría marxista de que las y los trabajadores tienen intereses de clase. Pensaba ganar la campaña de las primarias dirigiéndose a estos intereses. Beauchamp y Atkins, por su parte, piensan que, de hecho, la gente no reacciona a este tipo de programas. Piensan que la actividad política de las personas proviene de su “identidad”. Por lo tanto, las y los liberales acomodados y graduados se complacen en apoyar una política redistributiva porque el liberalismo político (solidaridad) es la base de su identidad política, aunque sus impuestos tuvieran que aumentar. Piensan igualmente que la clase obrera blanca adopta a una cultura conservadora hostil a la intervención del gobierno, aunque dicha clase obrera blanca podría beneficiarse de tal intervención.

¿Su receta? Bernie tenía que integrarse en la guerra cultural y respaldar el espíritu de partido de los liberales. En lugar de defender en Fox News la redistribución, había que ir a la MSNBC a hablar con Chuck Todd [director del departamento político de NBC ] sobre los vínculos que Trump mantiene con Vladimir Putin. Si Bernie no puede atraer nuevos votantes al abordar sus intereses de clase, son los votantes de las primarias demócratas a quienes puede convencer de una política redistributiva apelando a su identidad partidista.

El argumento contiene intuiciones útiles, pero deducir de él la renuncia a una política de clase es muy apresurado. Cuando los sitios web leídos por liberales educados, y cuyos anunciantes son liberales educados, valoran la importancia política de las y los liberales educados, es difícil descartar el abc marxista según el cual “el ser social determina la conciencia social” .

Más fundamentalmente, estos argumentos no logran ver el análisis político que subyace en la campaña de Bernie. Beauchamp y Atkins obviamente tienen razón al enfatizar que se centra en los conflictos de clase, pero reducen su interés al único objetivo de ganar unas elecciones. Sin embargo, el objetivo político que está en el corazón de su campaña nunca se articuló solo con la posibilidad de ganar unas elecciones, sino con la necesidad de construir un movimiento de masas de trabajadores y trabajadoras para desafiar el poder de los multimillonarios.

Su horizonte siempre ha sido más amplio, con vistas a imponer una política redistributiva de gran envergadura. Bernie comprendió desde el principio que cualquier presidente tendrá que enfrentarse a la voluntad decidida de la clase dominante, y que solo la movilización masiva desde abajo podría vencer a su oposición.

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La orientación electoral criticada por Beauchamp y Atkins se desprende de este análisis básico de la situación política. Se equivocan al reducir esta base como un simple medio de ganar una elección, en lugar de verla como la base esencial para el tipo de coalición que será necesaria para la implementación de una política para la clase trabajadora. Pero, obviamente, uno no puede gobernar sin haber sido elegido, y su crítica a la campaña plantea problemas que los socialistas no pueden ignorar, volveremos a esto a continuación.

Una mirada rápida a la historia política de los Estados Unidos muestra por qué no es posible “sustituir” una clase trabajadora movilizada por liberales de clase media y esperar los mismos resultados políticos. En pocas palabras, ningún cambio significativo de política en los Estados Unidos ha cruzado la barrera de la oposición decidida de las grandes empresas y las finanzas. Las únicas reformas importantes que han tenido éxito lo han logrado solo porque las luchas de la clase trabajadora en general han convencido al menos a parte de la clase dominante de que estas reformas eran el precio que había que aceptar para lograr la paz social.

Por supuesto, se han producido extensiones progresivas y específicas del estado de bienestar, desde el Programa de Seguro Médico para Niños (CHIP) de Bill Clinton hasta la extensión de Medicaid por la Affordable Care Act’s (Ley de Cuidado de Salud a Precios Accesibles). Este tipo de medida se encontró con poca resistencia por parte de toda la clase dominante aunque, por supuesto, los círculos conservadores se opusieran fuertemente a ella. A veces la clase dominante está dispuesta a apoyar programas aún más ambiciosos, como la Guerra contra la pobreza de Lyndon Johnson (War on Poverty) o la creación de Medicare. Todas estas reformas significativas han mejorado considerablemente la vida de millones de trabajadores. Y todas ellas confirman la tesis de que la política en los Estados Unidos está dictada por las decisiones tomadas por las grandes empresas.

Hoy, reformas radicales como Medicare para Todos y Todas o el Green New Deal no son de interés para la clase dominante estadounidense. En la década de 1960, observando las movilizaciones de los derechos civiles con recelo, las instituciones de la clase dominante como la Fundación Ford habían promovido iniciativas innovadoras de política social. La clase dominante de hoy está mucho menos dispuesta a tomar este tipo de iniciativas. Políticas como Medicare for All o un Green New Deal con pleno empleo inevitablemente se encontrarán con la oposición decidida de la Business Roundtable 1/o la institución Brookings 2/.Para que se adopten tales políticas, será necesario una movilización de las masas trabajadoras que convenza al menos a algunos sectores del capital de su interés en tales compromisos.

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Y esta es la razón de que la campaña de Bernie favoreciera la movilización de las y los votantes de la clase trabajadora. La idea de que se podría crear una coalición electoral viable con los votantes de la clase trabajadora surge de esta realidad básica de la política estadounidense. Si esta orientación es verdadera, entonces es obvio que Bernie no podría limitarse simplemente a los progresistas de la clase media. Incluso si hubiera podido ser elegido así, no podría haber resistido el asalto que el capital habría lanzado contra su programa.

Beauchamp y Atkins reprochan a la campaña de Sanders un apego romántico a una visión política que habría chocado contra una dura realidad. Pero es todo lo contrario. Es su teoría la que desarrolla una visión romántica de cuáles son las realidades brutales del poder en la vida política estadounidense. La identidad partidista es de hecho un elemento poderoso de la política contemporánea, pero solo con la condición de que opere dentro de los límites que los gobernantes ricos han preestablecido. Si se opone a su voluntad, la identidad partidista puede hacer poco. Ningún camino puede conducir al programa propuesto por Sanders ahorrándose reagrupar a una clase trabajadora movilizada.

Populismo por encima del partido

En el campo de Bernie, la suspensión de su campaña y, más aún, su apoyo a Joe Biden han provocado denuncias, sentimientos heridos y acusaciones de traición. En el corazón de la controversia está la idea de que Bernie perdió por no atacar a Biden de frente. Y luego, haberle dado su apoyo sin buscar ninguna concesión de su parte. Finalmente, se distanció de quienes de entre sus partidarios se niegan a apoyar a Biden, diciendo que es “irresponsable” no apoyar al candidato demócrata contra “el presidente más peligroso de la historia moderna”.

Entre las palabras más amargas que surgieron en la discusión, algunos creen que Bernie “reniega” y “denigra” a sus seguidores, que es un “hipócrita que dirige a quienes le apoyan palabras más duras que las que ha dirigido a Joe Biden”.

Por supuesto, el argumento de que desmarcarse más de Biden habría beneficiado su campaña conlleva un grano de verdad. Pero la diferencia entre “beneficiar” y “ganar” es abismal.

Para empezar, esta visión subestima las “concesiones” que la campaña de Bernie realmente ganó, movilizando a millones de trabajadoras y trabajadores jóvenes a actividades políticas y polarizando radicalmente el debate público. Anteriormente vistos como preocupaciones social-demócratas marginales, Medicare para todos y todas así como la educación universitaria pública gratuita gozan ahora de un apoyo mayoritario.

En el doble contexto de una catástrofe de salud pública y una gran crisis financiera, tales objetivos eran esenciales. La campaña de Bernie puede y debe usarse como plataforma de lanzamiento para hacer cumplir estas demandas.

La estrategia de Bernie fue una estrategia que éste impuso al partido, y su apoyo a Biden no debería haber sorprendido a nadie. Pero es difícil exagerar hasta qué punto la campaña de Bernie se ha enfrentado al establishment demócrata, e incluso a su cabeza: Joe Biden.

Al negarse a hacerse amigo de la clase de donantes demócratas, Sanders ha señalado en qué bolsillos se hundían Biden y otros candidatos para obtener apoyo financiero.

Al negarse a ceder en asuntos como Medicare for All, una inversión de 16 billones de dólares en el Green New Deal, el control nacional de alquileres de vivienda y la educación universitaria sin matrícula y sin deudas, señaló la brecha entre él y sus oponentes.

Y se puede decir lo que se quiera sobre su renuencia a llevar a cabo una campaña de tierra quemada, pero no es casualidad que sus mejores asesores, en las posiciones más visibles de su campaña, estuvieran ocupados por las personas que más presionaron a la izquierda.

El vitriolo escupido sobre Bernie por los principales medios de comunicación y sus “Talking heads” (comentaristas estelares), puede proporcionar una explicación de por qué puede haber sido reacio a atacar a Biden demasiado directamente, especialmente porque su comité de campaña era muy consciente de la necesidad de expandir su base de apoyo.

La oposición de la izquierda todavía se considera “negativa”, mientras que la difamación sistemática de los candidatos de la izquierda, incluida la comparación con un virus mortal, se considera normal. Cualquier persona que participó en las campañas de Ralph Nader con sus terceros partidos hace dos décadas [1996, 2000, 2004] puede dar testimonio de los peligros de la marginación y la desorganización después de la campaña, cuando a un candidato y a sus partidarios se les fustiga y se hace burla de ellos durante años.

En segundo lugar, este argumento asume ingenuamente que al ajustar algún aspecto de la campaña, la victoria podría haberse logrado y el poder político ganado. En realidad, por torpe que haya sido el establishment demócrata durante los primeros meses de las primarias, la élite de los grandes mandamases de este país no tenía intención de permitir que un candidato como Bernie cruzara la línea de meta sin intervención masiva. Unas pocas llamadas telefónicas de Barack Obama, que había dejado claro desde el principio que tenía la intención de bloquear a Bernie Sanders, fueron suficientes para controlar las cosas.

Más importante aún, a pesar del apoyo mayoritario del electorado demócrata a muchos de los proyectos defendidos por Bernie, cuando el establishment del partido habló, las y los votantes le siguieron. Para evaluar las fortalezas y debilidades de nuestro movimiento, debemos aceptar el hecho de que la dirección del Partido Demócrata conserva la legitimidad y que no tenemos un contrapeso suficiente para oponernos a ella.

Es cierto que se está desarrollando un pequeño y muy impresionante grupo de parlamentarios socialdemócratas. Pero todavía estamos luchando en una batalla difícil en el territorio enemigo de un partido controlado por el gran capital.

Es por eso que nos enfrentamos a la realidad, aparentemente paradójica, de las encuestas de salida de campaña que mostraban a los votantes apoyando la plataforma de Bernie y al mismo tiempo dispuestos a votar por Biden. El temor a Trump ha demostrado ser mayor que la confianza de ganar con un programa progresista. “El programa político”, escribió Dustin Guastella, “está muy por delante de la fuerza institucional de la izquierda populista o socialista democrática. Las y los votantes no creen que sea contradictorio creer en nuestras ideas y ver el establishment como una fuerza de gobierno más legítima y eficaz”. Biden ganó el argumento de “elegibilidad” porque el establishment y sus portavoces de los medios lo declararon, y el electorado les ha creído.

Finalmente, la movilización de nuevos votantes, personas marginadas, especialmente jóvenes, los pobres y las personas de color, es una tarea esencial pero difícil. Y esto es particularmente cierto cuando las organizaciones de la izquierda aún no son lo suficientemente grandes o arraigadas como para mostrar el impacto concreto de nuestras ideas. Como dijo Keeanga-Yamahtta Taylor, “las personas que tienen más que ganar de los muchos proyectos presentados por Bernie Sanders también han sido las personas que estaban más decepcionadas por la política”.

Dinámica de la derrota

Liberales y populistas argumentan que la campaña de Sanders podría haber ganado si hubiera tomado las direcciones que defendían. Verlo así subestima enormemente los obstáculos a los que se enfrentó su campaña.

Al mismo tiempo, hay que decir que mucha gente partidaria de Sanders (entre quienes estamos en gran parte, los autores de este artículo) también subestimaron estos obstáculos, especialmente en la semana siguiente a la victoria de Sanders en las primarias de Nevada [finales de febrero] que, por un breve momento, pareció imparable.

Para la izquierda, en el momento en que nos encontramos, evaluar estos obstáculos con precisión y elaborar estrategias para superarlos es de suma importancia.

Se destacan dos errores clave. Primero, una gran parte de la izquierda sobreestimó el apoyo que Bernie recibía de as y los votantes blancos rurales que se habían expresado en las primarias de 2016. La gente a menudo ha enfatizado que ganar cada condado en West Virginia era el prueba de su capacidad para atraer votantes blancos de la clase trabajadora. Sin embargo, como señala Beauchamp, ahora parece que gran parte de esta votación fue motivada más por la antipatía hacia Hillary Clinton que por una verdadera afinidad por Sanders. Es cierto que fue un momento histórico cuando Sanders demostró que ser abiertamente socialista no era un obstáculo para obtener un número significativo de votos entre las y los votantes más conservadores en las primarias demócratas. Estas personas, sin embargo, no han sido ganados de forma duradera para el campo de Sanders y apoyar a Joe Biden les ha hecho felices.

Este primer error llevó al segundo, una sobreestimación de la capacidad del político popular Bernie Sanders para competir con el peso del establishment demócrata. El Partido Demócrata opera como una red de instituciones que van desde el Center for American Progress (Centro para el Progreso Estadounidense), hasta funcionarios electos, pasando por medios como MSNBC. Juntas, estas instituciones deliberan sobre el camino que seguirá el partido. Gran parte de esta deliberación tiene lugar cuando las elecciones primarias aún están distantes. Cuando el pequeño grupo de votantes de las primarias comienza a prestar atención, estas instituciones ya están funcionando para darles indicaciones, como el apoyo de los funcionarios electos, sobre a quién deberían votar.

Por supuesto, las personas no siempre siguen estas indicaciones. El electorado republicano las ignoró por completo para elegir a Donald Trump. Y a veces estas señales no son lo suficientemente fuertes, o son divergentes, como ocurrió este año. Según el rastreador del “apoyo en las primarias” de Five Thirty Eight [un medio que proporciona un resumen estadístico de las encuestas de opinión] en el momento del caucus de Iowa de este año, el apoyo del partido a Joe Biden fue menos de la mitad del que había sumado Hillary Clinton en el mismo momento en 2016. Nervioso sobre la capacidad de campaña de Biden, al partido le ha costado hacer bloque detrás de él y la fractura resultante ha permitido a Bernie ganar las primeros tres confrontaciones.

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Sin embargo, cuando la campaña de Biden finalmente mostró signos de su capacidad de lucha al ganar Carolina del Sur [28 de febrero], una victoria decisiva, las indicaciones del partido ahora eran inequívocas. Y a diferencia de las y los votantes republicanos en 2020, las y los votantes demócratas les escucharon. Movilizados sobre todo para derrotar a Donald Trump, las y los votantes demócratas recibieron el mensaje de que el partido se estaba federando rápidamente en torno a Joe Biden.

En ausencia de instituciones políticas alternativas, no sorprende que las y los votantes en las primarias demócratas confíen en el partido para asesorarles sobre la elegibilidad de los candidatos. Después de todo, se supone que es una de las tareas del partido. Pero en realidad, los juicios del partido sobre elegibilidad son filtrados por los intereses de la clase que financia o controla las instituciones que lo componen. Es por eso que, en 2016, el partido no vio hasta qué punto era despreciada Hillary Clinton, incluso por los votantes de las primarias demócratas.

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La popularidad personal de Bernie, y la popularidad aún más amplia de su mensaje entre las y los votantes en las primarias demócratas, no fue suficiente para vencer al establishment unido del partido. A raíz de su derrota, está claro que si su campaña fue un gran paso adelante para el socialismo estadounidense, una victoria en las primarias requerirá instituciones que, en la actualidad, están mucho más allá de las capacidades de la izquierda estadounidense. Instituciones como los sindicatos, que pueden tanto proporcionar espacio para el debate como expresar mensajes, deben ser puestas en pie para rechazar la propagación de los de la élite del partido.

Del mismo modo, los medios de izquierda necesitarán círculos de transmisión infinitamente más grandes que los que han tenido hasta ahora. El centro liberal ha ganado gracias a sus instituciones. La izquierda solo podrá vencerle cuando tenga las suyas.

El camino a seguir

Bernie Sanders ha perdido dos veces la nominación presidencial demócrata. Pero en cinco cortos años ha logrado cambiar la escena política estadounidense. A través de sus campañas, destacó la situación crítica que enfrenta la clase trabajadora del país. Nombró abiertamente al capitalismo y habló sobre la lucha de clases. Llamó a nuestros enemigos por su nombre: la clase multimillonaria, las compañías privadas de seguros de salud y la industria farmacéutica, las compañías de combustibles fósiles y el complejo militar-industrial. Millones de personas no solo votaron por él, basándose en estas ideas, sino que ganaron confianza en un movimiento por un mundo mejor. En palabras de Bernie, en muchos sentidos hemos “ganado la batalla ideológica”.

En gran parte debido a sus campañas, la mayoría de las y los jóvenes en los Estados Unidos prefieren el socialismo al capitalismo, cientos de campañas socialistas democráticas han ganado elecciones locales y nacionales, y Democratic Socialists of America (DSA) han crecido hasta convertirse en la organización socialista más grande del país desde la década de 1930. El hecho de que todo esto se haya producido en el contexto de una izquierda históricamente débil y desorganizada muestra hasta qué punto fue poderoso el papel que desempeñó Bernie en esta revolución política.

Lo que las autopsias de la campaña de Bernie ignoran es que este éxito es más sorprendente que lo que se ha perdido; un socialista democrático declarado estuvo cerca de ganar la presidencia de los Estados Unidos. La derrota de la campaña reveló nuestra debilidad colectiva. Subraya la necesidad de enraizar nuestras organizaciones, nuestras instituciones y ampliar nuestro alcance. El viento está a nuestro favor para organizar medidas tan necesarias de inmediato que son “Medicare para todos y todas”, un “Green New Deal” y un rechazo al militarismo estadounidense. Y si aprovechamos estas oportunidades, libraremos estas luchas para hacer avanzar al movimiento hacia un socialismo democrático y construir nuestra fuerza a largo plazo.

* Artículo publicado en Jacobin, 21-4-2010: https://jacobinmag.com/2020/04/bernie-sanders-campaign-strategy-democratic-party-biden-trump