Oscar-René Vargas, 18 de abril de 2020

Correspondencia de Prensa, 20-4-2020

El régimen Ortega-Murillo sigue aferrado al poder, determinado a mantenerse hasta las elecciones de noviembre 2021, están convencidos de que podrán sortear todas las tormentas: la contestación interna, que nunca ha cesado, la presión y sanciones internacionales, la profunda crisis económica, crisis centroamericana y el coronavirus.

Se cumple dos años desde que el régimen decidiera reprimir con extrema violencia una cadena de manifestaciones sociales pacíficas y bloqueos de calles por todo el país, lo que provocó más de 500 muertos, dos mil heridos, indeterminado número de desaparecidos y 100 mil exiliados que tuvieron que abandonar Nicaragua por la represión generalizada.

Dos años después, la prohibición de las protestas pacíficas, la persecución contra los defensores de los derechos humanos, periodistas, intelectuales y dirigentes políticos que disienten del régimen, los ataques contra las comunidades indígenas y las detenciones arbitrarias continúan.

En abril 2018 se inició un proceso largo de crisis sistémica que tendrá fin hasta que se estabilice una nueva correlación de fuerzas de los poderes fácticos. No es una crisis tradicional sino algo completamente diferente, que puede ser definido como colapso o caos del sistema sociopolítico. Durante este colapso o caos se produce una fuerte competencia, un periodo más o menos prolongado, entre los diferentes sectores sociales y los poderes fácticos.Nicaragua2004 II

En política, las casualidades no existen. Existe, sí, la sincronicidad. En Nicaragua están convergiendo y confluyendo en el tiempo y el espacio la combinación de cinco crisis o factores con repercusiones negativas para el régimen Ortega-Murillo, ya que lo hace más débil de cara a su capacidad de gobernar.

Primer factor

La crisis sanitaria por el coronavirus ha paralizado una buena parte de la actividad económica del país e internacional, lo cual tiene repercusiones en los otros factores que analizamos.

El régimen pasa por alto las enormes carencias del sector salud que incluye la existencia de 100 respiradores en todo el país, 1.0 médico y 9 camas de hospital por cada 10 mil habitantes y una enorme penuria de equipos médicos (mascarillas, batas, guantes y un largo etcétera).

El presupuesto asignado en el 2020 para el Ministerio de Salud es de US$ 408.3 millones de dólares para gasto corriente que representa el 3.6 por ciento del PIB sin incluir inversiones, con estas últimas asciende a US$ 471.1 millones de dólares. Mientras el presupuesto aprobado para el ejército y la policía, en el 2020, fue de US$ 288.1 millones de dólares. El pago de la deuda interna y externa es de US$ 409.1 millones de dólares y el servicio de la deuda externa es de US$ 141.2 millones de dólares.

Diversos sectores y organizaciones sociales acusan a la administración Ortega-Murillo de ocultar el problema real, mediante una especie de registro alterno en el que casos de coronavirus estarían siendo anotados de otra manera. Más allá de lo sanitario, la crisis del coronavirus repercute ampliamente en lo económico y lo laboral, tanto en la oferta (producción de bienes y servicios) como en la demanda (consumo e inversión).

Es decir, la crisis sanitaria que tiene repercusiones sociales, políticas y económicas, razón por la cual sostenemos que se ha iniciado un nuevo escenario de largo plazo en el país, es un nuevo parteaguas similar a la rebelión de abril de 2018, ya que obliga a reposicionarse a todos los poderes fácticos internos y externos en su relación con el régimen Ortega-Murillo en el corto plazo.

Segundo factor

La recesión económica interna se profundiza más con repercusiones negativas en el empleo, el comercio, el consumo, el turismo y la producción. A pesar del discurso oficial del régimen, los ciudadanos se impusieron una autocuarentena voluntaria que está impactando los índices económicos en su nivel superestructural y, sobre todo, en el muy amplio entorno de las actividades informales y de los grupos socioeconómicos más vulnerables.

Por ejemplo, el FMI pronostica un decrecimiento de la economía de Nicaragua de -6.0 por ciento para 2020. El Banco Mundial por su parte ha calculado el decrecimiento de nuestra nación en -4.3 por ciento para este año. Mi pronóstico es que la caída de la economía será alrededor entre -7.0 a -8-0 por ciento. Los impactos de esta crisis, como siempre, afectarán más a los que tienen menos y los más vulnerables del país. La recesión probablemente tomará algunos años hasta el 2022, para que la economía nicaragüense se recupere.

El virus y la consiguiente profundización de la recesión económica afectará adversamente en tres aspectos fundamentales: la cantidad de empleo (tanto en materia de desempleo como de subempleo); la calidad del trabajo (con respecto a los salarios y el acceso a protección social); y los efectos en los grupos específicos más vulnerables frente a las consecuencias adversas en el mercado laboral. Mantener la actividad empresarial será especialmente difícil para las pequeñas y medianas empresas (Pymes)

Tercer factor

A nivel mundial la pandemia del coronavirus ha desacelerando la economía internacional reduciendo los precios de las materias primas que Nicaragua exporta. La repercusión será una contracción del comercio mundial de mercancías incluyendo una caída en el valor de las exportaciones totales en el 2020. De acuerdo con el FMI es claro que la economía mundial ha entrado en recesión.

De acuerdo al FMI, la economía global, en el mejor de los casos, se contraerá en -3 por ciento en el 2020. Incluso existe el riesgo de caer hasta -7.4 por ciento, dependiendo de la evolución de la pandemia del coronavirus. En la crisis financiera de 2008-2009 la contracción de la economía mundial fue de -0.1 por ciento.

El FMI reportó datos negativos para Estados Unidos vaticina una contracción de -5.9 por ciento, para la Unión Europea de -7.5 por ciento (dentro de ésta, un derrumbe de 9.1 por ciento en Italia y de 8.0 por ciento en España). Únicamente China e India estarían creciendo este año, 1.2 y 1.9 por ciento, respectivamente.

Cuarto factor

En los Estados Unidos la crisis sanitaria ha tenido efectos negativos en el sector servicios (restaurantes, turismo, líneas aéreas, etcétera) con la consecuente caída del crecimiento económico, incremento del desempleo, etcétera.

Nunca se había visto una ola de desocupación de esta magnitud en tan poco tiempo en la historia de este país: 22 millones de personas despedidas en sólo cuatro semanas, ahora son más de uno de cada 10 trabajadores sin empleo en Estados Unidos.

Estas cifras no incluyen a quienes se han quedado sin empleo, pero no tienen derecho a beneficios de cobrar el subsidio; ahí se ubican sectores de la economía informales o inmigrantes indocumentados y, por lo tanto, el total real de desempleados son aún más altas.

La repercusión negativa para Nicaragua sería en la caída de las remesas familiares para Centroamérica y Nicaragua con las repercusiones negativas en las familias vulnerables que las reciben. En el 2019, el monto de las remesas representó alrededor del 13.4 por ciento del PIB de Nicaragua y más del 50 por ciento de ellas provenían de los Estados Unidos.

Quinto factor

La desaceleración de la economía de los países centroamericanos producto de la combinación de la crisis sanitaria del coronavirus, la crisis económica internacional y la contracción de la economía norteamericana, tendrán como consecuencia una caída de las remesas familiares, aumento del desempleo, una contracción del comercio interregional lo que puede provocar desabastecimiento en la región, ya que entre el 40 y 50 por ciento de los productos alimentarios como legumbres, tomates, cebollas, etcétera, provienen del comercio interregional centroamericano.

Todos estos elementos tendrán una repercusión negativa en las remesas familiares que los nicaragüenses reciben desde Costa Rica y Panamá. No hay que olvidar que los nicaragüenses que residen en Estados Unidos, Costa Rica, España y Panamá son los aportan alrededor más del 90 por ciento de las remesas que reciben las familias vulnerables en Nicaragua.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las remesas, mayoritariamente provenientes de Estados Unidos, equivalen a cerca del 20 por ciento del PIB de Honduras; al 17 por ciento del PIB de El Salvador, y al 10 por del de Guatemala, de acuerdo con los datos oficiales. En Nicaragua, las remesas representaron el 13.4 por ciento del PIB en 2019.

Según cálculos de Banco Mundial (BM), El Salvador tendrá la mayor caída económica de Centroamérica en este año 2020 a causa de la pandemia del coronavirus con el -4,3 por ciento cada uno, seguido de Belice (-3,9 por ciento) Costa Rica con -3,3 por ciento; Honduras con el -2,3 por ciento; Panamá con el -2 por ciento y Guatemala con el -1,8 por ciento, factores que influirá negativamente en el comercio interregional.

La superposición de todos estos factores o crisis debilita al régimen Ortega-Murillo, al que hay sumarle los errores garrafales que han cometido en las últimas semanas. Por el ejemplo, el no indicar ninguna prevención para disminuir los riesgos de contaminación del virus. Error que tiene repercusiones sociopolíticas nacionales, regionales e internacionales. Por el mal manejo del tema del coronavirus, el régimen ha perdido ante la población toda credibilidad y legitimidad.

Por otro lado, las sanciones a Maduro y compañía demuestran que Estados Unidos sigue su estrategia. También es una señal para el régimen Ortega-Murillo que creyeron que mientras en Estados Unidos lidiara con la crisis sanitaria no serían capaces de mantener activa su política exterior y con esta, la posibilidad de nuevas sanciones para su círculo cercano.

Esa acción, lucha contra el tráfico de droga, puede tener un efecto de carambola y acalambrar a generales no sancionados en Nicaragua y decidirse a buscar un cambio, la participación del Ejército de Nicaragua en el operativo contra el Cartel de los Soles es un ejemplo. Por lo tanto, el Ejército de Nicaragua comienzan a tomar distancia de Maduro y a coquetear con los norteamericanos para conservarse como una institución importante en el caso de una caída de Ortega-Murillo. En su radar existe la posibilidad de ese escenario.

En el frente de Nicaragua, hemos conocido en el mes de marzo 2020 diversos mensajes y/o señales que indican que el régimen Ortega-Murillo se encuentra en el radar político de los Estados Unidos. Ante estos mensajes el régimen no puede permanecer inmóvil para evitar mayores sanciones. Las principales señales públicas han sido.

La Policía Nacional se convirtió (2 de marzo 2020) en la primera institución del estado nicaragüense en ser sancionada por Estados Unidos.

La resolución 754 de la Cámara de Representantes de Estados Unidos del 3 de marzo de 2020, donde condena al sistema de represión que ha impuesto la dictadura Ortega-Murillo contra los nicaragüenses e insta al presidente Trump, tomar más y fuertes medidas contra el régimen.

La resolución de la Cámara de Representantes concretamente expresa: liberen los presos, cumplan los acuerdos, reformas electorales, respeto a los derechos humanos, respaldo al pueblo, medios de comunicación independientes y organizaciones sociales, pidiendo más presión de parte de la comunidad internacional para señalar la responsabilidad de violaciones de los derechos humanos al régimen Ortega-Murillo.

El 4 de marzo 2020, el Departamento de Estado de Estados Unidos publica un informe en donde ataca al binomio Ortega-Murillo, y los etiqueta como autoritarios y controladores absolutos de las instituciones nacionales. Emplaza al sistema judicial, desde la Fiscalía hasta los jueces y magistrados, y advierte de la ruta de las sanciones.

Días después, en el Senado de Estados Unidos también somete una resolución bipartidista impulsada por el republicano Ted Cruz, y el demócrata Bob Menéndez para dar un impulso a los departamentos de Estado y del Tesoro para seguir castigando el entorno de Ortega-Murillo. La resolución pide a la Casa Blanca endurecer su posición -con más sanciones- y presionar para cerrar las llaves de los préstamos con el objetivo de conseguir elecciones libres y transparentes en el 2021.

Posteriormente, el Grupo de Acción Financiera Internacional, GAFI, anunció el regreso de Nicaragua a la lista Gris, o sea, la lista de la OPACIDAD del lavado de dinero, como los resultados del fraude electoral del 2011. Ese anuncio es una fuerte advertencia y peligroso, después de conocerse las recientes sanciones a Maduro y compañía.

Para el GAFI el lavado de dinero se realiza a través de CARUNA, que públicamente se conoce que maneja diferentes fidecomisos por un monto hasta US$ 2,730 millones de dólares vinculados a la familia Ortega-Murillo. CARUNA, también, es prestamista en millones de dólares al Estado nicaragüense, así como otras instituciones del Estado y a muchas empresas manejadas por testaferros de la familia Ortega-Murillo.

El 18 de abril de 2020, en un comunicado el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, reiteró su apoyo a los nicaragüenses por la democracia y lamentó que los protestaron fueran reprimidos “con balas”. También demandó la restauración de las garantías de los derechos humanos y elecciones libres y justas”.

Todos estos elementos nos indican que los norteamericanos tienen en su mente que se debe de cambiar la situación política del país. No podemos pensar que no pueda haber más sanciones en el corto plazo. Todas estas piezas nos indican que existe una bomba de tiempo de mecha corta.

Cuando Nicaragua debería de enfrentar el virus basado en la ciencia y la información verdadera, el régimen Ortega-Murillo difunde consejos de salud perjudiciales y falsos datos sobre el sistema de salud; las ondas radiales se llenan de falsedades; las descabelladas teorías sanitarias contaminan los canales de TV oficiales; la vocería del régimen sigue estigmatizando a personas y grupos sociales que proponen seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Debido a la negligencia del régimen Ortega-Murillo frente a la pandemia del coronavirus, el resto de países de Centroamérica –que sí están tomando medidas serias para evitar la propagación del virus–, están influyendo a la comunidad internacional a presionar al régimen por la falta de medidas preventivas ya que Nicaragua se puede transformar en el epicentro del coronavirus en la región.

Ante una caída brusca de Ortega-Murillo se crearía un relativo “vacío de poder” por no haber un liderazgo genuino que lo sustituya. Ese escenario de “vacío de poder” puede ser resuelto por el ejército, por eso los norteamericanos no lo han sancionado para no quitarle legitimidad y tenerlos como llanta de repuesto.

Sigo pensando que el Ejército trata de mantenerse limpio de cara a los norteamericanos. Siempre he pensado que cualquier salida en frío en Nicaragua tiene que tener el aval del ejército o el ejército empuje hacia una salida al suave. Por ejemplo, mientras Ortega viva seguirán siendo leales, la cúpula militar, otra cosa sería sin Ortega. No creo que le sean leales de la misma manera a Murillo sin el respaldo de Ortega.

En ese escenario, ellos se están pre candidateando a ser la alternativa más viable ante una caída del régimen. Siempre he pensado que cualquier salida en frío, sin movilización social de por medio, tiene que tener el aval del ejército o el ejército empuje hacia una salida al suave. Me parece que ellos comienzan a jugar una política con cierta independencia de las directrices de Ortega-Murillo. Es una política de sobrevivencia de la institución militar.

Ante el coronavirus, el argumento principal de Ortega es que en Nicaragua no se puede implementar las medidas de confinamiento orientadas por la OMS, pues estás medida amenazaría con colapsar la actividad económica del país, por lo tanto, la política del régimen es promover las aglomeraciones, pues la gran mayoría de personas contagiadas con el virus sobreviven y sólo entre los ancianos, pobres, vulnerables y en hacinamiento la mortalidad será elevada. Considera, pues, que tales muertes significan un coste relativamente menor y asumible, coste que es necesario para “salvar la economía”.

Para Ortega, lo más importante ahora es “salvar la economía”, para que continúe su recuperación después de dos años de recesión 2018-2019. De lo contrario, todos tendremos problemas más graves que la pandemia del coronavirus: el desempleo, la profundización de la recesión y la paralización del país. El régimen sólo quiere permanecer en el poder.

Tal argumento podría parecer lógico y coherente, pues la actividad económica es imprescindible en cualquier país. Sin embargo, lo que se quiere salvar (aunque le llama “la economía) es la permanencia en el poder del régimen Ortega-Murillo.

La superposición de las cinco crisis (sanitaria, económica, sociopolítica, centroamericana, estadounidense), convierte al régimen Ortega-Murillo en una dictadura suma fragilidad, sin legitimidad e inservible para los grupos económicos nacionales, regionales e internacionales.

El desempeño de Ortega frente al coronavirus es similar al del capitán del Titanic, quien mientras el barco se hundía fingía que nada pasaba. El capitán del Titanic era tan soberbio y ciego, se atrevió a decir: “que el Titanic ni Dios lo hundiría” … el resto es historia. El dictador Ortega, en su discurso del 15 de abril 2020. afirmó que el coronavirus “es castigo de Dios”.

Conclusión

En el actual contexto, el mal manejo de la crisis sanitaria podría ser un detonante de una profundización de la crisis sociopolítica que puede desembocar en una caída adelantada e imprevista del régimen Ortega-Murillo. Ante este posible escenario las fuerzas de los movimientos sociales deberían tomar acciones propositivas para presentar un gobierno alternativo con un programa mínimo de transición.

* Artículo enviado por el autor.

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La sangre de abril y la continuidad de Ortega

La oposición ha sido incapaz de explotar las debilidades del régimen y arrebatarle la iniciativa.

José Luis Rocha

Confidencial, 18-4-2020

Precedido por un aluvión de memes que lo pintaban saliendo de un sarcófago o rearmado como maniquí despernancado, a veces bajo las miradas ominosas de los danzantes cargadores de ataúdes de Ghana, Daniel Ortega dio una conferencia de prensa el miércoles 15 de abril. Tenía 34 días de no aparecer en ningún respiradero público, y ese tampoco lo fue a plenitud, porque la conferencia tuvo lugar en su acorazado bunker. Habló –de ahí tomo la palabra– de los varios respiraderos que tenemos, de que el coronavirus es una señal de Dios para que corrijamos el rumbo del planeta, de que hay que seguir trabajando para que el país no se muera, del eficaz sistema comunitario de salud nicaragüense, de que esta pandemia afecta a los países desarrollados, de las armas que matan y del amigo que murió de coronavirus, el peluquero de la corte, que no vino de Estados Unidos -como Ortega dijo, siempre ajeno a esos detalles de poca monta, y también a los de mucha, sino de Colombia.Nicaragua2004 III

Contra lo que algunos vaticinaron, no anunció ninguna nueva medida, ningún giro de timón. Nunca lo ha hecho. Ortega deja hacer a Murillo, aguarda los resultados mientras mira un punto negro en la pared de su cuarto y, si los efectos le complacen, estampa su firma en la siguiente comparecencia pública.

Murillo, que sí suele anunciar lo que viene, ofreció más de lo mismo, con una breve declaración salpicada de Dios, deseos de prosperidad y alusiones a sus pláticas con los seres que están en otro plano de vida. Me ahorro los comentarios: estos dilates se comentan y parodian a sí mismos. Al menos no culpó a la oposición y al imperialismo. No lo hizo porque aquí, en esta tierra bendecida, no está ocurriendo nada. Su negacionismo se basa, por narcisismo extendido, en la construcción de un reino idílico. Y no hubo rebelión ni habrá coronavirus que le echen a perder el cuento.

El salón lo ocupaban unas angostas mesas dispuestas en forma de grapa, con un exuberante centro vegetal, una selva amazónica que dividía en dos al grupo de diez convidados de piedra que, antes de alzar vuelo, introdujeron en sus bolsillos sus objetos personales, al tiempo que lanzaban miradas codiciosas a las canastitas llenas de galletas y dulces con las que hubieran querido llenar sus bolsillos. Los sacos y gabachas de algunos les habrían venido de perlas para ese cometido, quizás el único que tuvieron en mente como objetivo de esa jornada, además de abrazar y besuquear a Murillo y Ortega para gloria y regocijo del coronavirus.

Ahí estaba el hombre del momento, Orlando Solórzano, Ministro de Fomento, Industria y Comercio que un par de días antes le dijo al periodista Wilih Narvaéz que el precio de la canasta básica rondaba los dos mil quinientos córdobas, cuando supera los catorce mil. “Ah pues es catorce mil, pues”, concedió en plan perdonavidas después de ser corregido. Queda ese momento para la historia como un tesoro de contento y mina de memes. El pueblo te lo debe, Wilih. Murillo intentó baipasear al futuro ex Ministro en los manoseos de despedida y solo le rozó el brazo, desviando la mirada hacia otro servil que se adelantó solícito. En lenguaje cortesano: otro desliz y tendrá que convertirse en asesor presidencial. A juzgar por la displicencia de los saludos, Solórzano y Gustavo Porras no son hombres de Murillo. En ellos no gastó ni media palabra.

Estaba ahí también la recién estrenada Ministra de Salud, arrinconada como gallina comprada, ignorada por todos, sabedores de que es una dead woman walking, una reputación lista para ser triturada por vender su rostro como imagen de políticas públicas irresponsables y disparatadas. Otra relegada al olvido fue Camila Ortega. Ignorada por los invitados, se fingía afanada en retirar el fólder con el discurso que Ortega no usó –dicen que Murillo siempre le escribe uno del que él hace caso omiso- y que a veces abría, indiferente a su contenido, para matar el tiempo y escapar a una situación incómoda.

Fue un cuadro de lamentable decadencia. Pero mayor es la de la oposición, que ha sido incapaz de explotar las debilidades del régimen y arrebatarle la iniciativa. La mera aparición de Ortega y su continuidad son su triunfo. Eso lo sabe muy bien y por eso no se molestó ni siquiera en prolongar su comparecencia pública. La entrañable transparencia de la querida presencia –y en este caso también, por muchos, pedida presencia– del comandante quiso tener la fuerza suficiente para devolver la confianza a las bases y remachar que su omisión es acción, que los visiteos inoportunos son el modelo comunitario y que la negligencia en aplicar test y tomar medidas son la vía más eficaz para evitar las estampidas de pánico que se producen en los estadios.

Ahí está el dinosaurio a dos años de la rebelión de abril. Los últimos días de la dictadura, de los que tanto escribimos y hablamos, ya suman más de setecientos, o sea más de cien semanas, y sumarán más de dos años. Hay razones para que así sea: el deterioro económico no fue tan contundente como se esperaba –en parte porque nadie está dispuesto a hacerse el harakiri económico, y esto aplica a grandes, medianos y pequeños, a empresarios, asalariados y cuentapropistas–, la fuga de ahorros se revirtió y en el peor momento a lo sumo nos hizo retroceder un lustro o poco más, los serviles y manchados de sangre del régimen no tienen otra opción que apuntalar su continuidad, el empresariado nunca jugó todas sus cartas, etc.

Sin embargo, había también numerosos indicios de descomposición interna que no fueron aprovechados en parte por falta de sagacidad (y también de soberbia porque Fernando Bárcenas, Onofre Guevara y otros y otras les dieron consejos que no quisieron atender) y en parte porque la oposición ha dado muestras de tener siempre otras prioridades: confeccionar el gran plan de desarrollo de pasado mañana en lugar de la estrategia política de hoy y pelearse entre sí por las que suenan a minucias comparadas con salir de la camarilla que hizo correr torrentes de sangre en abril.

Todas y todos los opositores parecen tener a sus enemigos favoritos en la misma oposición y no en el régimen. Muchas feministas buscan hombres muy malos –abusadores en serie– en los movimientos universitarios para someterlos a linchamientos mediáticos tipo reality show, los antisandinistas salen de cacería vestidos de almas impolutas y hurgan en los baúles de la historia para descubrir el pasado sucio en los años 80 de algunos dirigentes de la Coalición Nacional, los que presumen de radicales encuentran cada tres minutos una nueva conspiración de la derecha oligarca para malograr los objetivos sociales que –según ellos– tuvo el movimiento de abril, alumnos enfebrecidos –pequeños en número, grandes en decibelios– se juntan de vez en cuando, en la única universidad que se los permite, para fustigar a sus profesores, vigilantes o autoridades a las que acusan de complicidades con el régimen y, en medio de un largo etcétera, la muy meritoria doña Francisca Ramírez prefiere distanciarse del Movimiento campesino anticanal por diferencias con sus actuales dirigentes y pasear por Europa disfrazada de una versión nica de Rigoberta Menchú.

Dicho en esos términos, espero que se note que gran parte de la oposición representa un ridículo no tan lejano a los disparates de Murillo, solo que sin Dios cada tres palabras, sin seres que viven en otro plano de vida y sin mesas atiborradas de flores. En el vasto mar de las frustraciones, la oposición perdió la brújula y aquella pinta de “Se busca” con la imagen de Ortega que llenó las calles de una Nicaragua insurrecta. Los políticos de oficio y otros líderes de la oposición le deben mucha más creatividad, intrigas, compromiso y escucha a esa sangre que corrió hace dos años. La sangre de abril es la sangre de Abel que, como dice la misa salvadoreña, “escucha el Señor. El grito del pueblo despierta en Moisés. El grito que nace de nuestras entrañas con mil artimañas lo quieren callar.”