Transcripción y traducción de una entrevista en vídeo de Amy Goodman para Democracy Now a la doctora Michele Barry, directora del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Stanford, futura presidenta del Consorcio de Universidad por la Salud Global y presidenta de la Sociedad Americana de Medicina Tropical.

CTXT, 1-4-2020

Traducción de Blanca Planells Merchán

Correspondencia de Prensa, 8-4-2020

-Antes de comenzar con la imagen global, ¿podría explicarnos de dónde viene el término “COVID-19”, qué significa y qué tipos de coronavirus hay?

El nombre coronavirus hace referencia a una serie de virus que se encuentran en los murciélagos. Hay unas 1.300 especies de murciélagos y, en cualquier momento, se pueden identificar entre seis y ocho coronavirus diferentes circulando por estos mamíferos. Sin embargo, solo se conocen siete coronavirus que infecten a las personas, de los que conocemos en profundidad cuatro. Todos estos virus causan un catarro común, aunque hay tres con efectos más letales: SARS1, SARS2 y MERS. El término corona proviene del halo que se observa alrededor del virus, que se puede identificar como una serie de pinchos que salen de este cuando es observado en un microscopio electrónico.

-¿Qué significa COVID-19 entonces?

Es una enfermedad que se incluye entre los coronavirus y que empezó en 2019. Algunas personas adjuntan la palabra novel delante, pero en cualquier caso es un sinónimo del llamado SARS2, un grave síndrome respiratorio agudo. Es también el segundo coronavirus que hemos visto causar una afección respiratoria de esta índole.

Hablemos sobre los lugares más duramente afectados por la pandemia. Antes de la entrevista, comentábamos que Italia ha superado a China. ¿Qué tal si nos hace un pequeño recorrido por el mundo? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué es Italia o, mejor dicho, Europa el epicentro? ¿Por qué Irán está tan afectado ahora? ¿Cómo se desenvolvió todo esto?

Bueno, es un tema interesante. Me gustaría dar un paso atrás para poder mirar con mayor perspectiva la situación completa, ya que mis mayores inquietudes son las intersecciones entre salud y clima, así como la salud planetaria. Sé que estamos obsesionados con este virus, pero creo que tenemos que reflexionar sobre algunas de las actividades características del Antropoceno que han afectado al planeta.  Hemos cambiado la ecología de nuestras relaciones con el resto de animales, lo que explica el hecho de que si miramos la mayoría de los virus que han aparecido durante los últimos cien años observamos que son de tipo zoonosis o, lo que es lo mismo, han sido contagiados por animales.

Los animales amplificadores suelen vivir íntimamente unidos a los humanos para, después, contagiarles. En el caso del SARS1, el amplificador probablemente fuera un gato algalia con usos comerciales y desconocemos si hay algún otro animal que haya funcionado como tal. Durante un tiempo se pensó que el SARS2 había sido amplificado por un pangolín, un animal con el que se trafica habitualmente. Ahora sabemos que probablemente no sea cierto, por lo que se desconoce cómo comenzó exactamente la infección en el mercado de marisco de Hunan donde se encontró por primera vez. Curiosamente, la transmisión humana del SARS1 también comenzó en un mercado de marisco en China.

Quiero insistir en que deberíamos estar vigilando mejor a nuestros animales, además de implicarnos mucho más en el cuidado de nuestro planeta. La gran epidemia del virus Nipah tiene mucho que ver con la deforestación y con que los murciélagos convivan de manera cercana con ciertos animales, lo que facilita la aparición de nuevos virus novel.

-¿Hay alguna conexión con el cambio climático y con la crisis climática?

Sí, es un asunto importante. El cambio climático, la deforestación y la cambiante ecología son cruciales para entender cómo se están transformando las relaciones entre humanos y animales. Podemos tomar como ejemplo el brote de Zika ocurrido hace unos años en el norte de Brasil. Se discutió mucho sobre cómo la deforestación pudo haber tenido un papel importante o sobre cómo el aumento de temperaturas pudo implicar un cambio en los vectores de transmisión, mosquitos en ese caso. Cuando la situación del SARS2 se tranquilice –ahora estamos en el punto álgido de la epidemia– tendremos que prestar más atención a esto que llamo salud humana y planetaria. En Stanford estamos, de hecho, intentando generar un nuevo centro de estudio en esta línea, así como una nueva beca de posgrado para justamente estudiar este cambio en la ecología humana.

-Antes de recorrer las situaciones en otros puntos del planeta, ¿nos podría explicar qué significa cuarentena?

Creo que hay muchas maneras distintas de entender qué significan cuarentena y aislamiento. La palabra cuarentena viene de la palabra italiana quaranta, o cuarenta días. Es el número de días que debía quedarse un barco en el puerto antes de entrar a Venecia durante la Peste Negra. El aislamiento se le aplica a una persona enferma, mientras que la cuarentena sirve para cuando se ha estado cerca de un enfermo y consiste en quedarse en casa y minimizar los contactos con la familia y con otras personas durante 14 días.

-Bien, hablemos de Italia. ¿Por qué está tan gravemente afectada? ¿Por qué es el epicentro ahora mismo? Superó a China, país con el que tiene cierta relación. ¿Cuál es esta conexión? También podría compararse la situación con la de Corea del Sur.

Sí, solo podemos especular sobre por qué Italia está tan gravemente afectada. Tampoco quiero decir nada porque tengo muchos compañeros italianos que están trabajando muy intensamente para tratar de controlar la epidemia. La mayoría creemos que las medidas fueron tomadas demasiado tarde. Estas medidas, claro, no incluyen vacunas o ningún tratamiento efectivo, sino básicamente cuarentena y aislamiento, buena comunicación y transparencia, pruebas y vigilancia.

Creo que lo que Corea del Sur, Taiwán y Singapur han hecho para marcar la diferencia es comenzar pronto con las pruebas y con la vigilancia, poner en cuarentena a quienes habían tenido contacto con algún afectado y aislar a los enfermos. Es asombroso fijarse en los datos de lo que Wuhan consiguió, su aislamiento y su cuarentena fueron mucho más agresivos que en Italia, pero también resultaron mucho más efectivos, y esto tiene que ver también con medidas que van más allá de lo gubernamental. Por las razones que fueran –diferencias culturales, la aceptación social de aislarse o de usar mascarillas–, lo cierto es que Italia actuó con retraso.

Creo que nosotros, en California, estamos tratando de ser lo más radicales y ágiles posible, especialmente en mi condado, Santa Clara, que se convirtió tempranamente en el epicentro. Debo reconocerle el mérito a Sara Cody, nuestra encargada de salud pública, que instauró muy pronto el aislamiento, una intervención no farmacológica de gran importancia.

Además, pienso que es fundamental una coordinación muy fuertemente centralizada. En este texto publicado en JAMA, Jason Wang describe la temprana estrategia de Taiwán, basada en dicha coordinación centralizada: los ministros de trabajo, de educación y de transporte comenzaron a trabajar colaborativamente para poder informar adecuadamente a la ciudadanía.

-¿Y hay alguna conexión particular entre Italia y China? Quizás movimientos entre las poblaciones, las cadenas de suministros o empresas localizadas en China pero que atienden a ciudadanos italianos, estadounidenses, etc.

Se movilizó una impresionante cantidad de mano de obra para detener la transmisión en China, como los 40.000 médicos que fueron trasladados a la zona de Wuhan. Además, contaron con miles de epidemiólogos, organizados en equipos de cinco especialistas; cada equipo encargado de hacer el seguimiento de los contactos de un solo paciente. No creo que Italia disponga de ese capital humano, ciertamente es insuficiente si solo cuenta con sus propios médicos y enfermeros.

Muchos de nosotros, en Estados Unidos, estamos preocupados por la posibilidad de que nuestros sistemas sanitarios se saturen. Mucho se ha hablado últimamente sobre bajar la curva de contagio. ¿Qué significa esto? No implica necesariamente curar la enfermedad, pero sí evita que se saturen los hospitales, siendo esta nuestra principal preocupación ahora. (Ya han comenzado a faltar hisopos nasales para realizar las pruebas) Estamos, de hecho, muy retrasados a este respecto: Corea del Sur realizó pruebas a 5.000 personas por millón de personas, mientras que nosotros no llegamos a las cien pruebas por millón de habitantes.

-¿Cómo hemos llegado a esta situación? Se supone que Estados Unidos es el líder mundial. ¿Ha sido la combinación de los enfoques anticientífico y nacionalista, o directamente xenófobo, del presidente Trump? Quiero decir, ¿no han usado estos países las pruebas que diseñó la OMS y que, sin embargo, Estados Unidos rechazó, prefiriendo usar la del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades Infecciosas (CDC), que ha resultado ser defectuosa?

Sobre eso no puedo comentar mucho, ya que no he estado involucrada en esa decisión. Es, desde luego, ridículo que no tengamos suficientes pruebas y que no podamos realizarlas de manera más extensiva. No ha ayudado tener un presidente que no cree en la ciencia y que de hecho llegó a llamar “timo” a todo esto. Así que sí, es preocupante. Pero no puedo añadir nada sobre cómo se desarrollaron estas intrigas. Nuestro CDC y muchos de mis colegas trabajan sin descanso para mantener el coronavirus a raya.

En los casos de epidemias, es fundamental contar con lo que yo llamo una administración global o compartida de la salud mundial. El presupuesto de la Organización Mundial de la Salud es menor que el de muchos de nuestros hospitales. Incluso en Estados Unidos, nuestro grupo por excelencia, el CDC, no tiene permiso para entrar en ningún estado sin invitación previa del mismo. Tenemos una tradición federal en el que los estados son realmente la vanguardia en temas de salud pública. Incluso dentro de California, nuestro condado tiene recomendaciones diferentes que las del vecino. Cada condado está tomando sus propias decisiones.

Creo que lo que es tan increíblemente poderoso de algunos de los países que han logrado contener esto, como Singapur, Taiwán y China, es su coordinación central. Podemos criticarles por draconianos, pero no deja de ser impresionante el caso de Taiwán, un país pequeño que colinda con China, y que aun así consiguió controlar la situación mediante su Comando Central de la Sanidad Nacional.

En cualquier caso, y a pesar de que apenas se comente, estos países que han obrado tan bien habían tenido ya la experiencia del SARS1, por lo que estaban más preparados. Por ejemplo, había clínicas especializadas en pacientes febriles: si los pacientes tenían fiebre en cualquier otro lugar se les transfería inmediatamente a estos centros. También tienen la capacidad de construir hospitales rápidamente, de la que nosotros carecemos. Fueron capaces de aislar a los enfermos y de no devolverles a sus unidades familiares. Si nos fijamos en los datos del caso chino, la mayoría de los contagios ocurrieron en los núcleos familiares y no necesariamente en las guarderías y escuelas, como solemos pensar. De esta manera, aislar a los enfermos se convierte en una medida clave.

Por otro lado, tenemos un problema en este país con las personas sin hogar. Comentándolo con la encargada de salud pública de mi condado, me indicó que está trabajando intensamente para conseguir hoteles, comprar caravanas y, en definitiva, buscar maneras de aislar a nuestra población vagabunda para evitar su contagio.

-¿Qué ocurrió en Irán?

El caso de Irán es el de una perfecta bomba de relojería compuesta por el entrecruzamiento de la religión, de la política y de la salud pública. Que la situación en Irán estallara así tiene que ver con que en la ciudad de Qom hay un importante lugar de peregrinación que, según mis colegas iraníes, recibió a unos 700 peregrinos chinos de la provincia de Hubei. La manera de rendir tributo en este lugar sagrado consiste en besarlo o lamerlo, lo que evidencia la facilidad con la que se ha transmitido el virus. Según estos colegas me comentaban, ha sido difícil, incluso en medio de la epidemia, simplemente cortar el acceso a este sitio religioso. En Corea del Sur la religión también ha tenido un papel importante: el primer núcleo de contagio fue en una iglesia, donde las concentraciones de personas tienden a ser grandes. Incluso en Nueva York, corrígeme si me equivoco, ha habido graves problemas con la población judía ortodoxa, ya que hubo un brote importante en la comunidad jasídica.

-Ahora me gustaría que hablara sobre África, a la que también se ha referido en alguna ocasión como “una bomba a punto de explotar”.

Sí, estoy preocupada por dos bombas a punto de explotar: África y también la India. No hemos oído mucho sobre esta última y ya sabes que son más de mil millones de personas en un espacio geográfico relativamente pequeño [El 24 de marzo el gobierno indio ordenó por televisión el confinamiento de toda la población durante 21 días].

Pero la gravedad en África tiene que ver con la capacidad del sistema sanitario, la dificultad para hacer pruebas y tener una buena vigilancia. Durante mucho tiempo estuve trabajando en África subsahariana, por lo que conozco la situación. Estamos extremadamente preocupados por ver cómo se comienza a desarrollar en Sudáfrica. Los últimos datos que he recibido, que pueden estar ya un poco desfasados, indican que solo 40 de 54 países pueden realizar las pruebas del COVID-19 o SARS2.

Este no es el único coronavirus que vamos a ver. No podremos superar la epidemia a no ser que prestemos atención, y soy bastante inflexible en esto, a este concepto de una salud única, que no pierda de vista las intersecciones entre animales, medio ambiente y salud humana. Aunque creamos que esta es la grande, no lo es, la fuerte será tipo gripe y se transmitirá por el aire, al contrario que esta, cuya transmisión se basa en las gotas.

-¿Qué significa que se transmitirá por el aire y no por gotas? ¿Está el coronavirus no solo relacionado con alguien tosiendo, estornudando o arrojando gotas de alguna manera sobre otra persona, sino también con el tema de la aerosolización?

Sí, el SARS2 puede propagarse cuando se realiza un procedimiento que implica una aerosolización masiva, como cuando se intuba a alguien. Es por esta razón por la que el personal sanitario es vulnerable al contagio; de hecho, en China se infectaron 4.000 sanitarios. La aerosolización tiene que ver con el tamaño de las gotas y con cómo quedan suspendidas en el aire. Las gotas del SARS2 o COVID-19 son grandes y pueden recorrer casi dos metros, lo cual determinó la distancia de seguridad instaurada entre personas. En el SARS1 las diseminaciones iniciales fueron de origen fecal, lo que generó un problema en los aseos del edificio residencial de Hong Kong en el que se produjo el brote. Así, la diseminación fecal del SARS1 es un elemento importante cuando tenemos aseos defectuosos y heces aerosolizadas. El COVID-19 se excreta en las heces, pero no es una manera común de contagio, principalmente porque la diarrea no es un síntoma habitual. Así que sí, potencialmente el COVID-19 puede aerosolizarse, pero tan solo ocurre en procedimientos muy concretos.

Me gustaría que ahora analizáramos en profundidad la respuesta de Estados Unidos al coronavirus. El presidente Donald Trump trató de eludir las críticas a su desastrosa administración de la crisis sanitaria, tanto ensañándose con China como con la prensa, a cuyas noticias se refirió como “falsas” y “corruptas”.

Ojalá nuestra respuesta hubiera sido mucho más agresiva. Si bien aquí estamos aún en un momento inicial, es absolutamente aterrador que la curva de contagios esté empezando a comportarse como en Italia. Estoy especialmente preocupada por Nueva York, una ciudad en la que el brote está siendo particularmente rápido, y por el estado en el que vivo, California, cuyo gobernador ha sido lo suficientemente atrevido como para pedir que la población se quede en casa. Precisamos el uso masivo de las que estamos llamando intervenciones no farmacológicas, especialmente ahora que no hay buenas propuestas farmacológicas: pruebas, pruebas, pruebas, aislamiento y cuarentena. Desafortunadamente, no estamos mejorando en la realización de pruebas, lo cual nos resulta incomprensible a los profesionales de la salud.

-Explíquenos por qué son importantes las pruebas.

Porque para poder aplicar efectivamente las intervenciones no farmacológicas (aislamiento de los enfermos, cuarentena para quien haya tenido un contacto) necesitamos saber quién da positivo en las pruebas. Actualmente se están haciendo pruebas con una fiabilidad de tan solo un 70 o 75%, lo que hace aún más crucial averiguar quién da positivo, así como aislar y poner en cuarentena particularmente a nuestros mayores, quienes tienen las tasas de mortalidad más elevadas. Se ha estado llamando jocosamente al virus “boomer remover” (“quita-boomers”), justamente porque es para los mayores de 60 para los que el virus es fatal.

-Tiene un informe, centrado en el caso francés e italiano, en el que indica que en estos países los millennials están también muy afectados. En las UCI francesas hay bastantes jóvenes, si no me equivoco.

Correcto. Es muy importante recordar que los millennials no son inmunes, especialmente cuando se está viendo a muchos irse de vacaciones de primavera. Según los datos extraídos de China, Singapur e Italia, efectivamente son los mayores los que mueren, pero los millennials también están enfermando, así como los bebés y los niños. A pesar de que son los que menos síntomas del COVID-19 presentan y, en general, los que tienen menos complicaciones, hay un pequeño porcentaje que también acaba siendo hospitalizado. Se trata, desafortunadamente, de un grupo de edad que se cree invencible y que se va de vacaciones en medio de esta crisis. Tengo entendido que en Miami y en Keys está habiendo problemas con estos jóvenes que no toman las medidas adecuadas.

-El gobernador republicano de Florida se ha negado a cerrar las playas –lo que impacta a muchos– mientras su senador Rick Scott ha sido  puesto en aislamiento.

Creo que eso es jugar a lavarse las manos.

-El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, ha afirmado: “Necesitamos 3 millones de mascarillas N95, 50 millones de mascarillas quirúrgicas, 15.000 ventiladores, además de 25 millones de batas quirúrgicas, monos, guantes y mascarillas como equipo de protección para los trabajadores sanitarios y de primeros auxilios. Necesitamos grandísimas cantidades de todo esto”. Por todo el país se está recomendando a los sanitarios que reutilicen las mascarillas con filtro N95 como medida frente al crítico desabastecimiento. El presidente Trump dijo haber pedido 500 millones de mascarillas, pero los artículos de Bloomberg News señalan que podrían tardar hasta 18 meses en llegar. Por supuesto, hace dos semanas, dijo que esa misma semana habría millones de pruebas disponibles para ser usadas, lo que se reveló totalmente como una mentira. ¿Podría hablarnos del papel del gobierno federal y sobre qué cree que hay que hacer? Lleva mucho tiempo abanderando importantes medidas de salud pública que incluso presentó en el Congreso.

Sí, durante la epidemia del ébola propuse la generación de una fuerza especial de la OMS (Organización Mundial de la Salud) para emergencias sanitarias y de un brazo médico de los Cuerpos de Paz. Para esto último, presenté un proyecto de ley al senador Durbin que, lamentablemente, fue desestimado.

También resulta desalentador que la administración Trump haya desmantelado el modelo de gestión de pandemias –lo que negó el presidente, a pesar de ser cierto–, además de intentar lo mismo con la preparación de los hospitales y de eliminar esa parte del CDC. Necesitamos reforzar todo esto.

Además, abogaría por una fuerza de seguridad sanitaria global, quizás en forma de una liga de las Naciones Unidas preparada para enfrentarse a la aparición de nuevos virus, justamente porque en este mundo globalizado los virus no entienden de fronteras y no pueden ser combatidos con xenofobia. En definitiva, se trata de una amenaza existencial que afecta a toda la humanidad, al Homo sapiens.

Resulta interesante ver cómo escala la retórica de Trump contra China –“virus chino” llama al COVID-19– y cómo Bolsonaro, su aliado de extrema derecha y presidente de Brasil, empieza a usar el mismo lenguaje ahora que la tasa de infección aumenta en su país, tal y como la embajada china le ha hecho notar. ¿Qué tenemos que aprender de China, ahora vapuleada por Trump? ¿Está informada de que no usaremos la vital información que llega desde este país en relación con la contención del virus?

Desconozco qué pasa por las orejas y por el cerebro de Trump, pero todos nosotros estamos leyendo con avidez todo lo que llega desde China para identificar qué hicieron bien y qué podemos hacer en Estados Unidos para aplanar la curva y contener la enfermedad. En Singapur no llegaron a cerrar los colegios ni a interrumpir sus vidas, sino que se apoyaron en políticas de vigilancia enérgica,  cuarentena intensiva y solidaridad comunitaria, lo que muestra la importancia de tener buenos servicios sanitarios públicos. Quizás esta sea una llamada de atención a nuestro país y haya llegado momento de construir buenas infraestrucuras de sanidad pública desde arriba, ya que francamente no estábamos preparados. No queremos nada del gobierno hasta que empieza una epidemia o un huracán y, entonces, de repente el gobierno importa.

-El presidente Trump ha atacado a los gobernadores que están rogando ayuda de todo tipo. Ha dicho que está movilizando dos barcos, el Comfort y el Mercy, uno para Seattle y otro para Nueva York, pero en realidad están en reparación y podrían tardar semanas en estar disponibles. Los gobernadores insisten en que el presidente cumpla con su papel, a lo que este responde: “No estamos aquí para encargar nada para vosotros. No somos vuestros secretarios.” Coméntenos cómo sería para usted un sistema ideal para nuestro país y cómo podría encajar aquí “Medicare for All”.

Definitivamente “Medicare for All” encaja con lo que he ido diciendo, ya que si no cuidamos de todos los sectores de la población no será posible controlar el virus. Los virus no saben de clases económicas, lo que no evita que sean las poblaciones más vulnerables y que más hacinadas viven las que más dificultades van a tener para contenerlo y las que más afectadas serán. Para defendernos de este virus y de cualquier otra amenaza que se pueda presentar precisamos solidaridad comunitaria. El cambio climático, la contaminación del aire, así como muchos otros asuntos también deben afrontarse desde una gobernanza global y no país a país.

-Algunas personas y colectivos, como Chesa Boudin –nuevo fiscal de San Francisco–, grupos abolicionistas y grupos de ayuda mutua, están pidiendo la liberación de los presos de las cárceles y de los centros de detención de inmigrantes. En Estados Unidos se encuentra la población presa proporcionalmente más grande del mundo.

Sí, son placas de Petri, quiero decir, están en incubación. Si bien hay aislamiento social en algunas prisiones, una vez comienza a expandirse el virus por una población que come junta y que no puede mantener los dos metros de seguridad nos podemos encontrar con un grave problema. De nuevo, necesitamos un enfoque centralizado, tanto para la salud en las prisiones como para las infraestructuras sanitarias públicas a nivel comunitario y federal.

-¿Podría comentarnos qué está ocurriendo en algunos países africanos? ¿Están creciendo los casos de manera exponencial? ¿Es simplemente porque no pueden realizar pruebas?

No creo que se pueda reducir a las pruebas, sino que las ramificaciones económicas –de las que habló Joe Stiglitz–, la dificultad para mantener las cadenas de suministros alimentarios y la incapacidad de aislar a las personas también será devastador para el continente. Queda la esperanza de que, al tratarse de un continente joven, la mortalidad no sea tan elevada como en Italia, un país con una población envejecida y donde la mortalidad se concentra por encima de los 70 años.

Además están todas las inquietudes sobre los millones de refugiados viviendo en campos sobrepoblados e insalubres, incluyendo un millón de refugiados sudaneses del Sur y congoleños que se encuentran en Uganda.

Es absolutamente imposible el aislamiento, por lo que, y a pesar de ser una población joven, es devastador lo que puede ocurrir. Acabo de volver de la frontera de Tijuana, donde ofrecíamos atención sanitaria a los migrantes, por lo que pude ver sus condiciones de vida: están viviendo en grandes iglesias o en tiendas de campaña abarrotadas. En cuanto llegue el virus será el desastre.

-La política del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas ha sido de continuar, hasta esta semana, moviendo a los inmigrantes para deportarles a pesar de las órdenes de aislamiento en casa. Ahora están diciendo que no deportarán a los inmigrantes que no hayan cometido ningún crimen, sin embargo, para la ley estadounidense cruzar la frontera ya es un delito. Esta es la amenaza pública de la que nos habla Trump: simplemente llegar a este país buscando asilo fruto de la desesperación.

Estoy totalmente de acuerdo contigo, pero creo que debemos concentrarnos en establecer medidas de salud pública que realmente mitiguen la crisis y que estén orientadas a cuidar de nuestras poblaciones vulnerables y no solo de los ricos. Se está discutiendo en mi rincón del mundo, Silicon Valley, sobre si existe desigualdad en el acceso a las pruebas del COVID-19. Trabajamos ardua y apresuradamente para evitar que estas situaciones se produzcan.

-¿Es cierto que el ibuprofeno puede hacerte más vulnerable al virus? No me gustaría extender bulos sobre este tema.

Esa información –falsa, como comenté en The New York Times– se publicó en una carta a The Lancet, pero lo cierto es que no hay sido revisada por pares, no está basada en evidencias y tampoco es un estudio de población. No se trata del único bulo extendido: está empezando a faltar cloroquina o hidroxicloroquina (Plaquenil) en las farmacias.

-No es sorprendente, por supuesto, ya que ayer el presidente Trump, subido al estrado de la Casa Blanca frente al doctor Hahn, comisionado de la FDA, anunció que la cloroquina podría ser, no ya una vacuna, sino una cura. Por supuesto, nada más acabar la intervención de Trump, Hahn tomó la palabra para plantear preguntas sobre esto. Explíquenos por qué están hablando así de este medicamento contra la malaria.

Como médico especialista en enfermedades tropicales, tengo mucha experiencia con la cloroquina: básicamente es un medicamento barato que potencialmente podría mitigar la enfermedad, al alterar la manera en la que el SARS2 se fija a las células, según los estudios in vitro. Por eso se usó en China, a pesar de no haberse demostrado sus beneficios en un buen ensayo aleatorizado. Se realizó un ensayo en Francia en el que solo participaron entre seis y nueve pacientes, lo cual es claramente insuficiente. Es una negligencia por parte de Trump afirmar que ésta es una cura para la enfermedad. Se está generando un ensayo controlado aleatorizado en Estados Unidos: la población debería intentar participar en este ensayo clínico. Quizás se pueda probar como un tratamiento profiláctico, tal y como funcionó en el caso de la malaria, pero dudo que sea la cura de la enfermedad. El funcionamiento del ciclo de los parásitos de la malaria es completamente diferente al del COVID-19, por lo que no podemos sacar conclusiones precipitadas. Las prematuras afirmaciones del presidente son las que han provocado los efectos que ahora vemos en el mercado.

-¿Se puede uno reinfectar del COVID-19? ¿Podemos usar los anticuerpos de aquellos que se han recuperado como parte de un suero para otras personas?

Creo que sería de gran utilidad realizar análisis de sangre para evaluar si se están generando anticuerpos y cuáles son los niveles de inmunidad de las personas que ya se han recuperado. Mirando la situación china, no parece que se estén produciendo reinfecciones. Se identificaron un par de casos, uno de ellos en Japón, pero no podemos confirmar si verdaderamente se trataba de una reinfección, o simplemente de una recaída o de partículas víricas no infecciosas recogidas en las pruebas.

En relación con la segunda pregunta, China ha estado utilizando sueros con una combinación de inmunoglobulina o distintos anticuerpos. En medio de la epidemia, por supuesto, no se pudieron realizar los correspondientes ensayos clínicos, que probablemente ahora se estén comenzando en Estados Unidos, tal y como ya se está haciendo con el Remdesivir, la cloroquina y otros tantos medicamentos. Hemos entrado en una carrera para producir el mejor medicamento.

-¿Cómo sería erigir una especie de Proyecto Manhattan en este país? Hablaba de la importancia de un gobierno federal muy implicado y que generase un Cuerpo de Paz sanitario. La ciudadanía está acostumbrada a que el ejército luche en guerras en el extranjero, ¿cómo es la cuestión, desde un punto de vista militar, de luchar en casa y contra un virus? Volviendo a la pregunta básica: ¿cuál es la manera más efectiva en la que la población se puede proteger a sí misma aquí, en Estados Unidos, y en todo el mundo?

Tal y como dices, se trata de una guerra en la que, en vez de invadir otros países, el ejército debe ser movilizado para asegurarse de que nuestros trabajadores y nuestros servicios sanitarios no se sobrecargan. Estoy muy preocupada por la fatiga crónica que la cuarentena y el aislamiento pueden provocar, así como por los servicios sociales y la salud mental de aquellos que están aislados solos. Un enfoque erróneo sería separar estas acciones por estados o por gobernadores en vez de apostar por la gobernanza federal.

-¿Podría indicarnos las pautas para que las personas puedan protegerse a sí mismas y a sus comunidades: lavarse las manos, salir o no salir, incluso cuando no hay nadie más en la calle? ¿Deberíamos encerrarnos en casa, simplemente, y en especial en las ciudades?

Si eres mayor de 60 años deberías quedarte en casa todo lo posible. Si salimos a la calle –y es algo que defiendo hacer por un tema de salud mental– es fundamental asegurarnos de mantener la distancia de seguridad con otras personas. Debemos ser muy cuidadosos al tocar los botones de los ascensores o los pomos de las puertas, especialmente en lugares como Nueva York: evita tocarlos con las manos y, si lo haces, agua y jabón durante 20 segundos deberían bastar, no hay necesidad de enloquecer por la falta de desinfectante. Me gustaría recordar que hubo un importante brote de SARS1 –no de COVID-19, aunque sean similares– en un ascensor, justamente por tocar los botones.

-¿Qué más le gustaría añadir?

Estamos todos juntos en esto: debemos trabajar juntos como sociedad por el bien común y recordar que se trata de una carrera de fondo que durará meses y no de un sprint final.

-¿Considera entonces que estaremos durante meses aislados en nuestros hogares, con la sociedad, los colegios y los empleos detenidos tanto tiempo?

Si nos fijamos en Wuhan, cuya manera de detener la epidemia fue sin duda efectiva, tardaron dos meses y medio aplicando medidas que no creo que puedan ser viables en Estados Unidos. Así que, insisto de nuevo en la importancia de rescatar todo aquello que hicieron bien, en la manera en la que enfocaron la epidemia mis colegas del extranjero, así como de tomar muy en serio las indicaciones de aislarse en casa de los encargados de salud pública.

-¿Dónde puede encontrar la gente información veraz?

Depende de las necesidades de cada persona: si eres un empleador que no sabe cómo lidiar con los empleados, la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (agencia del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos) tiene una página web muy adecuada; para indicaciones más generales y muy bien redactadas recomiendo la página del CDC. Recomiendo revisar estas páginas diariamente, ya que van siendo actualizadas.