Viento Sur, 2-4-2020

Traducción de Faustino Eguberri

Correspondencia de Prensa, 3-4-2020

Mientras se solidarizan con los pueblos en luto, las y los palestinos en Gaza dicen que por primera vez, todo el planeta, o casi, está experimentando el encierro y el aislamiento que han sufrido durante mucho tiempo.

Tras el descubrimiento la semana pasada de nueve casos de infección por coronavirus en la Franja de Gaza, dos palestinos que regresaban de Pakistán y siete policías que protegían el centro de aislamiento en el que se alojaban, se han reforzado en la franja costera medidas de precaución y de prevención para evitar la propagación del virus y, sobre todo, para evitar el posible desastre de una epidemia de COVID-19 en esta región. Una región bloqueada, muy poblada y muy pobre.

Las autoridades en Gaza pasaron a la fase 2, con nuevas instrucciones preventivas. Los mercados públicos, mezquitas, cafeterías, restaurantes y todos los lugares públicos están cerrados. No se permiten reuniones y los desplazamientos están limitados. Está estrictamente prohibido salir de casa después de las 10 p.m., excepto en casos humanitarios y urgentes. Las fiestas de bodas en las calles y en lugares cerrados se cancelan, y los velatorios ya no están permitidos.

Nuevos hábitos para las familias en esta región aislada, que viven con dificultad la ausencia de visitas familiares y la prohibición de reuniones populares y vecinales, un elemento esencial de su vida diaria en tiempos normales.

Doble encierro

Tampoco las y los niños de Gaza, que se ven privados de todo en general: centros de ocio, estadios, clubes, etc. destruidos por la aviación militar israelí, tienen ya derecho a jugar frente a sus casas y edificios, el único lugar posible para practicar sus aficiones, ni siquiera con mascarillas.

Doble encierro para una población encerrada y sufriendo desde hace más de una década.

Ahora se alienta el teletrabajo, y las y los funcionarios van a sus lugares de trabajo dos días a la semana.

Esta situación de encierro para los dos millones de palestinos en Gaza no es nueva ni extraña. Han estado viviendo bajo un bloqueo israelí más de catorce años.

Se ha favorecido la educación en línea y a distancia para alumnos y estudiantes, aunque esta opción no siempre es obvia con los largos cortes de electricidad y la mala conexión a Internet en esta región castigada permanente. Toda la familia usa Internet, ya sea para trabajo, estudios o información: saturación total.

Afortunadamente, en la Franja de Gaza, nadie duerme en las calles. Hay un solo centro para ancianos, con capacidad para 25 pacientes. A pesar de una situación económica catastrófica, y gracias a la solidaridad entre la ciudadanía, se ha evitado lo peor.

Con estas nuevas medidas y limitaciones, las y los habitantes de Gaza quedan confinados en sus hogares. Han pasado de una prisión a cielo abierto a una prisión cerrada.

Esta situación de encierro para los dos millones de palestinos en Gaza no es nueva ni extraña. Ya han vivido bajo un bloqueo israelí durante más de catorce años, una orden militar israelí les prohíbe abandonar su territorio.

Sin embargo, la gente de Gaza tiene confianza, vive día a día, está acostumbrada a esta situación de aislamiento y encierro.

En 1991, durante la primera Guerra del Golfo, el ejército israelí, que ya controlaba la franja costera, impuso un toque de queda de tres meses a toda la gente palestina en Gaza.

En el verano de 2014, durante los 51 días de la ofensiva militar israelí contra la Franja de Gaza, la tercera en cinco años, las y los palestinos en Gaza se vieron obligados a permanecer encerrados en sus hogares, incluso bajo las bombas del ocupante.

A pesar de todos los esfuerzos nacionales e internacionales desplegados y a pesar de todas las medidas adoptadas contra la propagación del coronavirus, la población está preocupada en su contexto particular, marcado por una crisis económica y de salud sin precedentes.

Las y los habitantes de Gaza temen lo peor. Saben que su situación es problemática y extremadamente preocupante debido a la muy alta densidad de población (5.453 habitantes / km2 ) y el hacinamiento de la vivienda, en particular en los campos de refugiados.

Es cierto que la Autoridad Palestina (AP), con sede en Ramala, envió medicamentos a Gaza, incluidos antibióticos, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) donó 500 kits de detección y que Qatar contribuyó con150 millones de dólares al gobierno de Gaza para ayudar a hacer frente a esta pandemia, así como a la devastadora situación económica en el enclave palestino.

Pero todo esto es insuficiente en esta región que ha sufrido durante más de una década un sistema de salud defectuoso, una falta de infraestructura médica y una verdadera crisis de salud debido al bloqueo israelí y sus dramáticas consecuencias en todas las áreas.

La Franja de Gaza tiene solo 55 camas de cuidados intensivos y 50 dispositivos de reanimación para 2 millones de habitantes, las fuerzas de ocupación israelíes impiden la entrada de equipos médicos, sin mencionar la falta de personal sanitario. Además, hay cortes de energía permanentes y agua potable contaminada que no es apta para el consumo humano.

En ausencia de centros médicos equipados y adaptados, las 1.400 personas que recientemente regresaron a Gaza desde Egipto están actualmente en cuarentena en escuelas y hoteles que actúan como espacio de aislamiento.

La situación humanitaria es catastrófica, el nivel de vida se está deteriorando y la situación económica se está degradando: la tasa de desempleo supera el 67%, más de dos tercios de los hogares sufren inseguridad alimentaria, el 72% de la población de Gaza vive por debajo de la línea de pobreza y el 75% de las y los palestinos en Gaza dependen de la ayuda alimentaria para sobrevivir.

Una comunidad internacional cómplice

Hasta ahora, y a pesar de la apertura parcial del único paso comercial que une la Franja de Gaza con Israel solamente para el transporte de alimentos y productos sanitarios, y en cantidades limitadas, las autoridades israelíes han mantenido el bloqueo impuesto por más de catorce años. No hay una reacción positiva por su parte, ni voluntad de cooperar, dejan entrar estos productos bajo la presión de organizaciones humanitarias y sanitarias internacionales.

En Cisjordania, dicha cooperación existe entre palestinos e israelíes, ya que existen contactos diarios entre las dos partes, en particular porque las y los palestinos trabajan en campos y fábricas israelíes. Lo mismo es cierto para los servicios de salud en ambos lados. Pero en Gaza, la población es abandonada a su suerte por las autoridades de ocupación y una comunidad internacional oficial cómplice.

Ante esta desastrosa situación, y a pesar de los temores, la gente de Gaza sigue confiando. Sin pánico por el momento, sin escasez y falta de productos necesarios en los mercados de Gaza, sin afluencia de ciudadanos a grandes superficies y supermercados. Acostumbrados a este tipo de crisis, la gente no almacena los productos en casa.

La solidaridad se refuerza y se activa ante este doble bloqueo; muchos comerciantes, tiendas y panaderías bajan los precios de sus productos en solidaridad con los pobres. Los supermercados ofrecen entrega gratuita a domicilio a la gente confinada en su casa.

La población civil también se está organizando, con campañas oficiales y cívicas para crear conciencia sobre la epidemia e iniciativas, en particular de parte de las y los jóvenes, para informar sobre las graves consecuencias de este virus. También vemos la distribución de mascarillas, jabones y productos de desinfección, la esterilización diaria de calles, mercados y lugares de trabajo, así como la distribución de alimentos y paquetes sanitarios y comidas a familias pobres directamente en su hogar debido al confinamiento.

Además, la gente de Gaza está siguiendo el desarrollo de esta epidemia mortal en todo el mundo con gran atención. Mientras se solidariza con las y los pueblos en duelo, se dice a sí misma que, por primera vez, todo el planeta, o casi, está experimentando un confinamiento y aislamiento como el que ha sufrido durante mucho tiempo, aunque las condiciones sean diferentes. Sí, la sensación de encierro es terrible, ¡la ciudadanía de Gaza lo sabe de sobra!

Debido a esta situación excepcional en esta prisión a cielo abierto, las y los palestinos en Gaza se vieron obligados a cancelar sus acciones pacíficas y manifestaciones en la frontera, como la conmemoración del Día de la Tierra y la celebración del segundo aniversario de la Gran Marcha del Retorno, este 30 de marzo. Tuvieron que suspender su movilización contra la ocupación y el bloqueo impuesto.

En general, las y los palestinos en Gaza siguen las instrucciones dadas por las autoridades sanitarias al pie de la letra. Siguen las precauciones preventivas y las instrucciones demandadas. Se adaptan a este nuevo bloqueo, pero sobre todo esperan. Exigen el levantamiento de este inhumano bloqueo israelí, la reconciliación palestina y esperan un cambio real al final de esta nueva prueba.

– Ziad Medoukh es un profesor de francés, escritor y poeta palestino de expresión francesa. Titular de un doctorado en ciencias del lenguaje de la Universidad de París VIII, es responsable del departamento francés de la Universidad Al-Aqsa en Gaza y coordinador del Centro de Paz de esta universidad. Es autor de numerosas publicaciones sobre Palestina, y la Franja de Gaza en particular, así como sobre la no violencia como forma de resistencia. En 2012, publicó notablemente Gaza, Land of the Forgotten, Land of the Living, una colección de poemas sobre su ciudad natal y su amor por la patria. Ziad Medoukh fue nombrado Caballero de la Orden de las Palmas Académicas de la República Francesa en 2011. Es el primer ciudadano palestino en obtener esta distinción. En 2014, Ziad Medoukh fue nombrado embajador por el Círculo Universal de embajadores de la Paz. Ganó el primer premio en el concurso Europoesía en 2014 y el premio de poesía francófona por sus obras poéticas en 2015. Artículo publicado en: https://www.middleeasteye.net/fr/opinion-fr/gaza-nous-sommes-passes-dune-prison-ouverte-une-prison-fermee