A l’encontre, 30-3-2020

Traducción de Correspondencia de Prensa, 2-4-2020

En Baton Rouge (capital del estado de Luisiana), el pastor Tony Spell [de la Iglesia Evangélica Life Tabernacle] parece no haber entendido nada sobre el distanciamiento social. “El virus es propaganda política”, predicó el domingo pasado [22 de marzo] a las 1.170 personas presentes en su servicio. Los feligreses llegaron en veintisiete autobuses provenientes de cinco parroquias diferentes, y piensan volver porque “no es un problema real”, dijo el pastor Spell.

Se podría llegar a pensar que Spell es un “loco lindo”, simplemente una voz estrafalaria frente al bloque sólido de los innumerables consejos médicos racionales que llegan desde todos los rincones del país para tratar de frenar el ahora explosivo avance del COVID-19.

Pero Tony Spell no está solo. Tate Reeves, gobernador republicano del Mississippi, lo acompaña en su delirio. Después de unos días de incómodo [para él] distanciamiento social, el Gobernador Reeves retiró todas las recomendaciones de seguridad y emitió un decreto que permite reabrir una serie de negocios – incluyendo armerías y agencias inmobiliarias – que, según él, son “esenciales”.

En el momento de escribir este artículo [28 de marzo], en Mississippi se habían diagnosticado casi 400 casos de coronavirus y al menos cinco personas habían muerto. Gracias al gobernador Reeves, esa cifra puede aumentar rápidamente.

Si el propio Donald Trump escribe una carta a los gobernadores de Mississippi, Luisiana y los otros 48 estados para informarles -sin tener en cuenta todo lo que aconsejan los expertos médicos- que está atenuando las medidas de seguridad contra el COVID-19, ¿por qué otros, como el pastor Spell o el gobernador Reeves, se privarían de agitar eslóganes contra el virus? “¡Es político!” Si el presidente lo dice, debe de ser verdad…

Hay muchos rumores similares que circulan en estos días. El miércoles, cuatro senadores republicanos – Lindsey Graham (Carolina del Sur), Ben Sasse (Nebraska), Tim Scott (Carolina del Sur) y Rick Scott (Florida) – estuvieron a punto de rechazar el proyecto de ley de rescate de 2 billones de dólares bajo el pretexto que las indemnizaciones previstas para los desocupados son demasiado generosas.

Hay que frotarse bien los ojos y leer la última frase de nuevo. Una frase que no tiene sentido. En los últimos días, más de tres millones de personas han presentado una solicitud para recibir el subsidio por desempleo, una cifra probablemente subestimada debido a que las oficinas de desempleo están saturadas debido a la cantidad de empleados con licencia por enfermedad.

Mientras tanto, los hospitales de ciudades como Nueva York están siendo golpeados por el gran número de personas enfermas que ingresan. Y los profesionales de salud de todo el país carecen incluso del equipo más básico para combatir el virus porque Trump ignora o subestima el problema desde enero, cuando era posible y se debía haber hecho algo concreto.

Hay médicos y enfermeras que usan bolsas de basura como equipo de seguridad porque no cuentan con el material necesario para protegerse, pero aun así vienen a trabajar todos los días, hasta que se enferman e incluso se mueren. Alrededor de 75% de la población estadounidense está de acuerdo con un confinamiento en todo el territorio nacional.

Comparemos esto con la cobardía de nuestro presidente y de sus aliados, que pensando sólo en términos de dinero, ejercen todo tipo de presiones para “volver a la normalidad” lo antes posible. Y digámonos que estamos sólo al principio de esta crisis sanitaria. Que lo peor está por venir y que la propagación del virus puede multiplicarse aún.Trump y aliados1

Algo interesante está sucediendo en China, según lo que dice el Wall Street Journal (del 26-3-2020). China está comenzando a emerger de su propia experiencia devastadora con el coronavirus, pero los negocios no parecen volver todavía a funcionar como antes:

“Parece que China ha alcanzado ya el punto que los Estados Unidos y Europa esperan alcanzar dentro de unas semanas o meses [con respecto a la epidemia]. Y sin embargo, muchas fábricas chinas se encuentran con que la demanda de sus productos ha desaparecido. Los consumidores, en China y en otros países, son reacios a gastar, preocupados por lo que han perdido y preocupados por lo que puede ocurrir en el futuro”.

“Para las empresas estadounidenses vinculadas al comercio mundial, los exportadores y las empresas multinacionales, los límites de un retorno a la normalidad en China podrían anunciar una recuperación lenta también en los Estados Unidos. El consumo representa más de dos tercios de la economía estadounidense. La pérdida de puestos de trabajo, la caída de los ingresos y también de la confianza podrían representar un obstáculo durante un período de tiempo difícil de determinar”.

¿Por qué Trump y su insaciable banda de amigos quieren que volvamos al modo de vida anterior, aunque el aire siga cargado de un virus mortal? Para que podamos consumir. La máquina que les permite llenarse los bolsillos se ha detenido porque la gente prefiere seguir respirando antes que comprarles sus productos. Es lo que está pasando en China. ¡Y aquí también va a ser así! [Y además, varios datos permiten empezar a validar la subestimación de las muertes en China, especialmente en Wuhan].

Para Trump y los capitalistas, es el fin de un mundo, el que conocen y que poseen, el que anhelan desde siempre. Por el que están dispuestos a exprimirnos hasta la médula sin que nuestras angustias les importen lo más mínimo.

Uno de estos días, despreciando como siempre a los expertos, Trump es capaz de anunciar un regreso a la normalidad. Habrá que ver si la gente lo escucha. Esto es sólo el comienzo. ¡Vamos, fuerza! No escuchemos al presidente.

– William Rivers Pitt es editor y columnista de Truthout. También en el New York Times y es autor de tres libros de gran éxito de ventas a nivel internacional: War on Iraq: What Team Bush Doesn’t Want You to Know, The Greatest Sedition Is Silence y House of Ill Repute: Reflections on War, Lies, and America’s Ravaged Reputation. Vive y trabaja en New Hampshire. Artículo publicado el 28-3-2020 en Truthout.