El drama de Guayaquil, que tiene más muertos por Covid-19 que países enteros y lucha a contrarreloj para darles un entierro digno

M. Zibell, en Ecuador

BBC Mundo, 1-4-2020

Correspondencia de Prensa, 2-4-2020

A las miles de imágenes de ciudades vacías y hospitales colapsados impresas alrededor del mundo por la pandemia de coronavirus, en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil se sumaron en la última semana videos y testimonios sobre personas muriendo en las calles y cuerpos esperando días para ser recogidos en los hogares.

La provincia del Guayas, donde se encuentra Guayaquil, hasta el 1 de abril había reportado -según datos oficiales- más víctimas del covid-19 que naciones latinoamericanas enteras: 60 muertos y 1.937 infectados (1.301,solo la capital de la provincia). Pero esta cifra no incluye toda la gente que ha muerto sin que se le haga el test para comprobar la presencia del virus.

El colapso del sistema funerario producto de esta crisis es de tal magnitud que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, debió conformar una fuerza de tarea conjunta para poder enterrar a todas las personas fallecidas.

“Mi tío murió el 28 de marzo y nadie viene a ayudarnos. Vivimos al noroeste de la ciudad. Los hospitales le decían que no tenían camillas y falleció en casa. Nosotros llamamos al 911 y nos pidieron paciencia. El cuerpo sigue ahí en la cama donde falleció, porque nadie lo puede tocar ni nada de esas cosas”, cuenta Jésica Castañeda, sobrina de Segundo Castañeda.

Otra joven guayaquileña que vive en el sureste de Guayaquil y quien pidió que no se difunda su nombre, relató que su padre murió en sus brazos y estuvo 24 horas en la casa.

“Nunca le hicieron la prueba del coronavirus, solo nos decían que nos podían agendar una cita y que tome paracetamol. Tuvimos que retirar el cuerpo por medio de particulares porque no tuvimos respuesta del Estado. Uno siente impotencia al ver a su padre así y tener que salir a pedir ayuda”.

Pero esta situación no afecta solamente a los muertos por el virus. Wendy Noboa, quien vive en el norte de Guayaquil, cerca de la terminal de autobuses, cuenta la historia de su vecino Gorky Pazmiño, quien murió el domingo 29 de marzo:

“Él se cayó y del golpe en la cabeza murió. Yo llamé al 911 y nunca vinieron. Él vivía con su papá, que tiene más de 96 años, por eso mi angustia. Permaneció en el piso todo un día, hasta que vinieron familiares con la caja para sepultarlo. Pero no lo pudieron sepultar porque no había médico que firmara el certificado de defunción”.

Los casos son tantos que la periodista Blanca Moncada, del diario Expreso, ha comenzado una cadena en Twitter solicitando información de familiares y vecinos de personas que se encuentren en esta situación.

“Tomé esta decisión por el grito desesperado de muchos ciudadanos que tienen que esperar hasta 72 horas e incluso más para que las autoridades recojan los cadáveres que permanecen en las casas; busco cuantificar la magnitud de esta tragedia porque, en cuestión de cifras, Guayaquil es en este momento una gran nube gris”.

Enfrentamiento político

El comandante de la Armada Nacional, Darwin Jarrín, quien asumió el 30 de marzo la coordinación militar y policial para la provincia del Guayas, indicó a BBC News Mundo que hasta el jueves 2 de abril, a más tardar, estarán enterrados todos los fallecidos en Guayaquil.

“El Ministerio de Salud entrega en los hospitales el acta de defunción, Policía y CTE (Comisión de Tránsito del Ecuador) trasladan los cadáveres a los dos cementerios -Parques de La Paz en la Aurora y el Panteón Metropolitano en la vía a la costa- y las fuerzas armadas los entierran”, señaló Jarrín.

Pero lo ocurrido en la última semana de marzo en la ciudad -donde más de 300 cadáveres fueron recogidos en distintos domicilios por la policía ecuatoriana, según informa el diario El Comercio- puede tener serias consecuencias.

El gobierno del presidente Lenín Moreno impuso medidas para contener la emergencia desde inicios del mes de marzo, una vez el país reportó su primer caso de covid-19.

Para comenzar, la crisis ha enfrentado a la alcaldesa de Guayaquil con el gobierno nacional. Cyntia Viteri, quien se encuentra en cuarentena por haberse infectado con el coronavirus, reclamó el 27 de marzo a las autoridades nacionales por las falencias del sistema público:

Además de los muertos en los hogares, la ciudad ha tenido que enfrentarse a la pesadilla de muertos en sus calles. Jésica Zambrano, periodista del diario El Telégrafo, le contó a BBC News Mundo su experiencia desde el centro de Guayaquil.

“Mi pareja salió a hacer las compras y se encontró una persona muerta, en las calles Pedro Carbo y Urdaneta. Más temprano nos dijeron que había otro muerto unos cuantos metros más allá. Aquí estamos acostumbrados a ver a mendigos durmiendo en las calles, pero como resultado de esta crisis personas desahuciadas mueren en el centro de la ciudad”.

“Golpe a las costumbres”

El 28 de marzo, un día después de las declaraciones de la alcaldesa, el diario El Universo informó sobre los planes del gobierno municipal de enterrar a los muertos en una fosa común, pero la idea no prosperó.

“Me parece terrible que se haya lanzado la idea de una fosa común en esta ciudad”, le dice a BBC News Mundo el sociólogo guayaquileño Héctor Chiriboga.

“Esta es una ciudad donde la clase media, media baja, demoraba el velorio hasta dos días porque tenía que llegar el pariente que vivía en Europa, los migrantes que se fueron después del 2000. Aquí se vestía a los cadáveres y hasta hace poco la Iglesia católica veía con malos ojos la cremación”, explica y añade:

“Esto es un golpe para las costumbres de los sectores populares, para el ritual del fallecimiento y del entierro. El hombre que se gana el pan día a día, que tiene una veta cristiana o católica, es un hombre que se deshace al ver que no se va a poder cumplir con el rito”.

Jorge Wated, quien está al frente de la fuerza de tarea designada por el presidente Moreno para el enterramiento de los cadáveres, le dice a BBC Mundo que él no hubiese aceptado esta misión si el mandatario le hubiera pedido hacerse cargo de una fosa común.

“Presido esta fuerza de tareas para levantar a los fallecidos de las viviendas y hospitales de Guayaquil, y para que aquellos que no tienen los servicios exequiales, puedan tener una cristiana sepultura, de forma unipersonal, en un camposanto de la ciudad”.

Pero el ingeniero Wated informa que los familiares de las víctimas no podrán asistir al entierro.

El peor escenario

“Siempre había personas que fallecían en su casa. Lo normal era que un médico determinaba la causa de muerte y luego venía la funeraria. Pero ahora hay un pánico generalizado y se piensa que toda persona que fallece en Guayaquil tiene coronavirus. Entonces las funerarias no se quieren hacer cargo”, explica a BBC Mundo Grace Navarrete, médica salubrista que pertenece a la Sociedad Ecuatoriana de Salud Pública.

El comportamiento de las funerarias durante la crisis fue investigado por la periodista Susana Morán, del sitio digital de noticias Plan V, en el artículo “Morir dos veces en Guayaquil”.Ecuador204 II

Morán entrevistó a la dueña de una funeraria que cerró su negocio por temor a un contagio. “Yo ya tengo mis añitos, por ganarme unos centavitos yo no voy a poner en peligro a mi familia”, le dijo esta señora a la periodista.

Este miedo se replica también entre los familiares, dice la doctora Navarrete.

“En las casas pasa lo mismo, se muere alguien y nadie toca el cuerpo, en una ciudad en donde el calor hace que el nivel de descomposición de los cadáveres sea más acelerado que en otras partes del país. Yo escuché de un caso de una persona fallecida en su dormitorio cuyos familiares sacaron el cuerpo sobre el colchón a la vereda”.

Para el ingeniero Wated, se trata de un conjunto de factores que se combinan en el peor escenario.

“Las funerarias están colapsadas, incluso no tienen personal; los camposantos no tienen capacidad de recibir tanta gente a tanta velocidad; la gente no puede salir de sus casas a hacer los trámites para enterrar a sus fallecidos; el número de muertos crece entre los diagnosticados con covid y la gente sospechosa de haber muerto de covid a la que no se le hizo una prueba: esto genera un cuello de botella”.

La enfermedad pública

El médico Ernesto Torres cree que la tragedia debe entenderse como un tema de salud pública, ya que, en sus palabras, esto “rebasa el ámbito de la medicina porque tiene que ver con políticas de Estado y del interés real de los gobiernos en la salud de su población”.

Para este experto en salud pública, en esta crisis se les ha dado demasiada importancia a los hospitales y no se ha trabajado a nivel comunitario.

En estas comunidades, sobre todo en las más periféricas, se está produciendo “una verdadera y profunda crisis humanitaria”, en palabras de Paúl Murillo, responsable del área de incidencia comunitaria del Comité Permanente de los Derechos Humanos:

“Está bien llamarnos a un aislamiento en los domicilios, pero nunca se pensó en planes de contingencia que garanticen, al menos, la seguridad alimentaria en los barrios periféricos y marginales”.

Adriana Rodríguez, profesora de Derecho la Universidad Andina y especialista en derechos humanos, piensa que no es sorprendente que esto ocurra en una ciudad con una alta desigualdad social.

“Guayaquil es una ciudad que tiene aproximadamente el 17% de su gente en la pobreza y en la pobreza extrema. Lo que ocurre ahora con los cadáveres nos hace pensar en qué cuerpos importan y qué cuerpos no importan.

Los recortes en salud pública nos dicen que hay cuerpos que no importan”.

Ecuador vive “una verdadera y profunda crisis humanitaria”, dice Paúl Murillo, responsable del área de incidencia comunitaria del Comité Permanente de los Derechos Humanos.

Sin embargo, para el ingeniero Jorge Wated, esto que ocurre hoy en Guayaquil puede ocurrir en cualquier lugar del continente.

“Yo veo lo que pasa en el resto de Latinoamérica, por ejemplo, lo que pasa en Argentina hoy, y es lo que pasaba aquí tres semanas atrás; las cosas se van a ir complicando, dependiendo de cada país, nosotros estamos tratando de actuar lo más rápido que podemos”.

El escritor Milan Kundera decía en su libro “La lentitud” que la velocidad era directamente proporcional al olvido. Es difícil pensar que por más rápido que actúen las autoridades en estas horas, alguien olvide en Guayaquil estos últimos siete días de espanto.

Por ejemplo, en las últimas horas, la Revista Vistazo informó que en la noche del 30 de marzo circuló un video con un grupo de personas en el suroeste de Guayaquil, quemando llantas para reclamar el retiro de un cadáver.

“Incluso, los moradores habrían amenazado con quemar el cuerpo del fallecido, en señal de protesta”, cierra la noticia.

El horror, el horror.

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El coronavirus desborda Ecuador y abruma a su población por la acumulación de cadáveres en casas

La emergencia golpea con fuerza a Guayaquil, mientras las cifras oficiales, que reportan 93 fallecidos, chocan con la oleada de denuncias ciudadanas.

S. España, desde Guayaquil

El País, 1-4-20

Guayaquil es la Wuhan de Ecuador. Es la ciudad en la que se detectó el primer caso -importado de España-, es el principal foco de contagio del país, con el 70 % de los 2.758 positivos, y es donde se impusieron medidas más fuertes al inicio del estado de excepción. Tras dos semanas de toque de queda y de suspensión de la jornada laboral, extendidas hasta el 5 de abril, Guayaquil es el prisma que revela la desesperación de la población por los fallecimientos de sus seres queridos y la incapacidad de las autoridades para actuar a tiempo. Según las cifras oficiales, el coronavirus se ha cobrado la vida de 98 personas en el país, al menos 60 de ellas en Guayas, la provincia de la que es cabecera Guayaquil. Además, hay otros 76 fallecimientos que no han podido ser confirmados como vinculados con el Covid-19, porque las pruebas no llegaron a tiempo o no fueron concluyentes. Aun así, las autoridades los relacionan como causa de la muerte probable.

En contraste a esas cifras, no han dejado de aparecer en las redes sociales y en los medios nacionales una oleada constante de denuncias de familias guayaquileñas que han perdido a un familiar con síntomas como tos, fiebre e insuficiencia respiratoria y que llevan esperando días para que alguien vaya a retirar sus cadáveres. Hasta cuatro días, reprochan algunos, han tenido a sus allegados muertos acumulando calor y olor dentro de su propia casa. Otros, desesperados por la presencia del cuerpo, los han sacado a la acera. Y todos coinciden en reclamar que nadie haya aparecido a recogerlos pese a haber llamado insistentemente al 911, el número de emergencias.Ecuador204 III

El Gobierno ecuatoriano, reticente inicialmente a pronunciarse o a vincular esta situación con el impacto del virus en Ecuador, ha terminado reconociéndola y presentará un informe semanal sobre las defunciones en general, como tratando de sincerar las estadísticas inusualmente altas de muertos de la última semana frente al promedio anual. “En circunstancias normales tenemos 6.000 defunciones mensuales en el país. En Guayaquil, en enero, tuvimos 828 defunciones. En estos momentos tenemos la misma cantidad de fallecimientos, pero agravada por las circunstancias”. No se pueden vincular esas muertes al coronavirus si no se hacen las pruebas que, en Ecuador, pese a ser el segundo país de la región en fallecidos y tercero en contagios, es uno de los que menos muestras ha tomado: 9.019. “La realización de las pruebas es lo único que nos confirman que los decesos se ha dado por Covid-19. Tendremos más datos cuando lleguen las pruebas rápidas”, indicó el viceministro de Salud, Ernesto Carrasco. Este miércoles se registró un pico de casos confirmados, 408 más que el martes.

Primero fueron los servicios de emergencias, los que decían que habían recibido muchas más llamadas de lo habitual en un día para recogida de cadáveres en casa. 40, aseguraban, frente a los 14 fallecimientos en domicilio que, en promedio, se producen cada día en Guayaquil. Después, la policía dio una aproximación mayor de la dimensión del coronavirus en la segunda urbe más importante del país, tras Quito: 450 cuerpos en lista de espera para ser retirados, según el periódico El Universo. Finalmente, el Registro Civil empezó el pasado lunes 23 a anotar hasta un centenar de actas de defunción por jornada con un pico mucho más pronunciado al inicio de esta semana en Guayas. Pero todas esas cifras, pese al excepcional incremento en tan pocos días, no pueden relacionarse exclusiva, precisa y oficialmente con el coronavirus. Por la falta de diagnóstico.

Lo que sí generaron las estadísticas y las denuncias ciudadanas fue la reacción del Gobierno. Primero, planteó abrir un espacio para inhumaciones colectivas. Se llegó a hablar entre las autoridades municipales de Guayaquil de una fosa común que finalmente fue replanteada para garantizar sepulturas individualizadas. Segundo, se permitió a los cementerios que extiendan su horario hasta las cinco de la tarde, más allá del toque de queda de las dos para reducir las filas de espera en sus puertas, y a los prestadores de servicios funerarios, trabajo sin descanso. Se incorporaron, además, las Fuerzas Armadas a la tarea de recolección de fallecidos, ya sean naturales o sospechosos por coronavirus, se agilizó la burocracia para las familias y se contrataron contenedores refrigerantes para conservar los cuerpos que no pueden ser trasladados a los hospitales por falta de espacio hasta que sean correctamente sepultados. Por último, se dispuso por las autoridades de Salud que la cremación no era un requisito indispensable, ni siquiera para las víctimas del Covid-19.

Hasta este martes por la noche, según los portavoces del Ejecutivo que dan los reportes regulares de datos y novedades, debía haberse concluido la tarea de retirada de cuerpos que llevaban días acumulando olores en las casas o en la calle. Pero el lamento de los guayaquileños continúa y aún hay cadáveres envueltos en plásticos, en sábanas o en ataúdes esperando a ser recogidos.