Rebelión, 31-3-2020

Traduccíón de Sinfo Fernández – Rebelión

Correspondencia de Prensa, 31-3-2020

Burkina Faso ha sido el país que sufrió la primera muerte confirmada de Covid-19 en toda el África subsahariana. La víctima fue Rose-Marie Compaoré, la primera vicepresidenta del Parlamento de la nación del Sahel.

Diminuto, empobrecido y plagado de conflictos, Burkina Faso es ahora el país más afectado de África occidental, con 146 casos confirmados, entre ellos cuatro ministros del Gobierno. El embajador de EE. UU. en ese país, Andrew Young, también dio positivo en la enfermedad.

Burkina Faso está soportando dificultades sin cuento: pobreza, sequía, hambre, golpes de Estado. Pero el coronavirus representa un nuevo tipo de amenaza para un país asolado por una guerra que ha desplazado a alrededor de 700.000 de sus habitantes en el último año. Muchas de esas personas se encuentran ahora bajo una gran tensión física y emocional, sin refugio, comida y sin poder acceder a la satisfacción de otras necesidades, mucho más vulnerables por todo ello ante la pandemia.

Los expertos sanitarios temen que Covid-19 pueda diezmar asentamientos enteros de desplazados de Burkina Faso, por lo que se preparan para brotes devastadores en zonas de conflicto, campos de refugiados y en los países más pobres del mundo en desarrollo.

A nivel mundial, millones de refugiados y desplazados internos, que viven en condiciones miserables y de hacinamiento se encuentran en peligro. “Cuando el virus alcance asentamientos superpoblados en lugares como Irán, Bangladesh, Afganistán y Grecia, las consecuencias serán devastadoras”, advirtió Jan Egeland, secretario general del Norwegian Refugees Council, una importante agencia de ayuda humanitaria, en un comunicado reciente sobre los peligros causados por el Covid-19. También se refirió a “la carnicería que puede producirse cuando el virus llegue a zonas de Siria, Yemen y Venezuela, donde los hospitales han sido destruidos y los sistemas de salud se han derrumbado”.

Si bien el gobierno de EE. UU. y la cobertura de los medios se han centrado en las vulnerabilidades individuales, como la edad y las afecciones médicas preexistentes, Jerry-Jonas Mbasha, coordinador del grupo de salud de la Organización Mundial de la Salud en Burkina Faso, hizo asimismo hincapié en los peligros de las vulnerabilidades sociales y en el hecho de que el estatus social de los desplazados internos los hace especialmente susceptibles a la enfermedad porque tienen un acceso muy limitado a servicios sociales básicos, atención médica, agua potable, saneamiento e higiene. Como estos problemas no están abordándose en profundidad, dijo a The Intercept, van aproducirse altas tasas de mortalidad. No tengo razones para creer que Moumoumi Sawadogo tuviera el Covid-19 cuando lo conocí hace ocho semanas en Burkina Faso. Después de vivir 89 años en una tierra árida y empobrecida en la periferia del desierto del Sahara, de sobrevivir a una masacre, caminar durante una semana y aguantar el hambre y la falta de vivienda, estaba claro que Sawadogo era un superviviente. Pero el Covid-19 plantea un tipo diferente de peligro.

“Estas poblaciones son ya muy vulnerables ante enfermedades que en otra situación serían fáciles de tratar. Pero ese no es el caso cuando no se tiene acceso al agua, al saneamiento adecuado o a la atención médica”, dijo a The Intercept Alexandra Lamarche, reconocida defensora para África occidental y central en Refugees International. “Podríamos ver desaparecer poblaciones enteras”.

A finales de enero, Sawadogo fue expulsado de su aldea, Rofenega, por militantes yihadistas. Durante la semana siguiente, se arrastró con un bastón a través de los matorrales azotados por el viento. Ahora vive en Kaya, una ciudad con mercado repleta de decenas de miles de víctimas desplazadas de la violencia terrorista que malviven sin comida, refugio o atención médica adecuados. La ciudad corre un grave riesgo de un brote de Covid-19, que se propaga rápidamente y, según un estudio de la OMS en China, puede matar a cerca del 22% por ciento de las personas infectadas en el grupo de edad de Sawadogo

Rofenega es solo una de las decenas de aldeas vaciadas por los ataques de grupos entre los que se incluyen Jama’at Nusrat al-Islam wal Muslimin (JNIM, vinculada a Al Qaida) y el Estado Islámico en el Gran Sahara. En los últimos cinco años, la violencia militante islamista en Burkina Faso se ha disparado desde cuatro ataques yihadistas en 2015 a 450 en 2019, según Héni Nsaibia, investigador principal del Armed Conflict Location and Event Data Project.

La violencia ha empeorado las condiciones de vida en Burkina Faso, que alberga a menos de 21 millones de personas, de las cuales más de un millón padecen inseguridad alimentaria, casi 2 millones necesitan urgentemente agua, saneamiento y apoyo en higiene y 2,2 millones requieren asistencia humanitaria. El número de desplazados internos, que era de solo 60.000 a principios de 2019, pronto llegará al millón, y la mayoría de los que han huido viven en comunidades de acogida, como Kaya, donde más de la mitad de la población desplazada no tiene hogar o carece de un refugio adecuado. “Los refugiados y los migrantes, así como las comunidades pobres urbanas que viven en poblaciones muy densas, son particularmente vulnerables a las infecciones respiratorias, incluido el Covid-19”, declaró la Dra. Margaret Harris, portavoz de la OMS.

La Agencia de Refugiados de la ONU está presionando a los gobiernos para que incluyan a las poblaciones desplazadas en sus planes de respuesta al Covid-19, dijo a The Intercept Romain Desclous, portavoz regional de la agencia para África occidental y central. “Todos, incluidos los refugiados, los solicitantes de asilo y los desplazados internos, deberían poder acceder a las instalaciones y servicios de salud”, dijo. Si bien Burkina Faso ha adoptado recientemente un plan de respuesta ante el Covid-19 que tiene en cuenta a los desplazados internos, no cambia el hecho de que 135 centros de salud en el país han tenido que cerrar a causa de la violencia, 140 han reducido sus servicios y 1,5 millones de burkineses dependen ahora de la asistencia humanitaria sanitaria. El Covid-19 exacerbará una situación que es ya grave.

“En Burkina Faso las personas tienen ya dificultades para acceder a los centros de salud del gobierno cuando están desplazadas, y eso afectará a la situación si el virus comienza a propagarse”, dijo Lamarche a The Intercept. “Las perspectivas son increíblemente sombrías porque no hay suficiente infraestructura ni un sistema de salud lo suficientemente fuerte, ya sea gubernamental o humanitario, para detectar y tratar estos casos”. Mientras tanto, la carga sobre las instalaciones médicas restantes continúa creciendo a medida que los ataques dificultan el acceso y concentran a los desplazados internos en ciudades ya sobrecargadas.

Sawadogo recuerda la incursión en Rofenega como algo borroso salpicado de disparos. El octogenario de piernas largas con ojos reumáticos y barba blanca parecía aturdido por la violencia que lo había dejado sin hogar totalmente desamparado. “Nunca he visto una situación como esta en mi vida”, me dijo sentado sobre una estera tejida a lo largo de un camino bajo un un calor de más de 33 grados.

Otros supervivientes del ataque a Rofenega relataron una historia que es cada vez más común entre los agricultores y pastores de ganado en las zonas rurales de Burkina Faso. Hombres armados en motocicletas llegaron rugiendo a las aldeas justo antes del anochecer y comenzaron a disparar. “Dispararon a nuestros hombres a las puertas de nuestras casas”, dijo a The Intercept Dialla Seybata, una superviviente de la masacre de 50 años, llegada también a Kaya. Los militantes mataron a 15 personas en Rofenega, dijo Seybata, incluidos su esposo, un hijo y otros dos familiares. “Nosotros echamos a correr. Ni siquiera pudimos enterrar los cuerpos. Nosotros, 20 personas entre mujeres y niños, caminamos ocho kilómetros para llegar aquí”.

Sawadogo tardó casi siete días en cubrir esa misma distancia. Frágil e incapaz de caminar sin dificultad incluso una corta distancia, se vio obligado a viajar solo después de que el resto de su familia huyera en otra dirección. Con solo un bastón pulido y liso por los años de uso y una manta muy gastada, Sawadogo caminó cojeando a lo largo de una carretera polvorienta casi los ocho kilómetros completos desde Rofenega a Kaya, pudiendo finalmente subir a un carro con un burro en la etapa final del viaje. En el camino, gastó todo su dinero en comida y tuvo que mendigar para no pasar hambre. Cuando lo conocí, un pariente lejano había accedido a recibirlo, a pesar de que Sawadogo iba a ser ahora uno de los muchos desplazados en una casa llena de personas, incluidos otros familiares que también se quedaron sin hogar a causa de la violencia.

Si bien Sawadogo agradecía tener un techo sobre su cabeza, esas situaciones vitales son particularmente peligrosas para su edad en relación al Covid-19. “Ahora hay familias enteras, o familias múltiples, o familias con múltiples esposas y un montón de niños, que se alojan en refugios mal construidos, y eso hace probable que el coronavirus se propague muy rápidamente”, dijo Lamarche.

Mbasha, el coordinador de la OMS, se hizo eco de estas advertencias y señaló que si la enfermedad invade los campamentos de desplazados internos iba a provocar una crisis peor que las de China o Italia, dos países que han sufrido un gran número de muertes por el Covid-19. Si la ayuda humanitaria y la respuesta a la pandemia no son rápidas, podría haber un “gran fracaso a la hora de controlar la propagación de la enfermedad”, dijo a The Intercept. Disponemos de un tiempo muy corto para actuar, dijo. “Ese momento es ahora y no mañana”.

– Nick Turse es un periodista que trabaja con Type Investigations. Este artículo se escribió en colaboración con el Costs of War Project de la Universidad Brown. Fuente: https://theintercept.com/2020/03/26/burkina-faso-africa-coronavirus/