En el norte de Italia, a 30 quilómetros de Pàdova y 80 de Venecia, se encuentra Vo’, un municipio de aproximadamente 3.300 habitantes, muy nombrado estas semanas en los medios de comunicación de muchos países por haber sido el escenario de un experimento científico que procura detener el coronavirus.

A. I. Irilarry, desde Lozzo Atestino, Véneto

Brecha, 27-3-2020

Correspondencia de Prensa, 27-3-2020

El 21 de febrero se dieron a conocer los primeros dos casos de coronavirus en la región véneta. Dos habitantes de Vo’, Adriano y Renato, de 78 y 67 años, respectivamente, dieron positivo en el test de la epidemia. Horas después de la noticia, se notificó la muerte de Adriano. Fue a partir de este acontecimiento que el alcalde y farmacéutico de dicho pueblo, Giuliano Martini, determinó la cuarentena por 14 días. Se cerraron escuelas, bares y negocios; se suspendieron todas las actividades; se interrumpió la circulación del transporte público, y los accesos y las salidas de la localidad fueron bloqueados por efectivos policiales y las Fuerzas Armadas.

Como en otros pueblos de Italia que se encuentran en cuarentena, el sistema de salud comenzó a analizar sólo a las personas que presentaran síntomas o hubieran tenido contacto con los infectados. Luego, las autoridades de la región y de la salud tomaron una decisión que hasta el momento no se había tomado en ningún otro lugar: analizar a toda la población de Vo’.

Hubo dos instancias de testeo para todos los habitantes: una en la primera semana de cuarentena, la otra en la segunda, antes de finalizar el aislamiento. Los test se hicieron en la escuela primaria de la zona, donde se dispusieron ocho espacios, con dos operadores cada uno. Los individuos entraban de a uno, se les tomaban los datos y comenzaban los exámenes. Estos consisten en meter un hisopo en la garganta, otro en la parte lateral de la boca, al fondo, y otro en ambos orificios nasales; luego se colocan las muestras en una probeta y se mandan a analizar a Pàdova.

Alessio Turetta, consejero municipal de Vo’ Euganeo, explicó a Brecha: “No fue un procedimiento obligatorio porque no era posible. Se puso a disposición de todos y tuvimos la fortuna de que toda la población viniera a hacerse el test. Los pocos que no se presentaron fueron más que nada ancianos, que probablemente tenían dificultades para transportarse. De todos modos, era mejor que se quedaran en sus casas”.

En el transcurso de seis días fue posible examinar a 3.000 ciudadanos y se detectó que un 3 por ciento de ellos portaba el covid-19. Si el test daba positivo, el mismo día se llamaba por teléfono a la persona, se la notificaba y se le pedía el aislamiento inmediato. Si, por el contrario, daba negativo, el resultado podía ser notificado en un máximo de tres días y la persona tenía la opción de pasar a retirarlo o de que se lo llevaran a su casa.

Los vecinos concuerdan en que la primera instancia fue un poco caótica porque se aglomeró mucha gente que esperaba ser examinada y se exponía a un posible contagio. Sin embargo, la segunda oportunidad (que tuvo lugar una semana después) estuvo mejor estructurada, ya que se sumaron a la organización la Cruz Roja y la Universidad de Padua. Esta vez los exámenes se hicieron en un plazo de tres días, se presentó un 95 por ciento de los 3.000 analizados anteriormente y el resultado fue de un 1 por ciento de infectados de coronavirus. Esto último significa que muchos de quienes dieron positivo la primera vez en la segunda instancia dieron negativo.

Según Turetta, el modelo de testeo que se utilizó en Vo’ fue extremadamente efectivo, ya que se logró detectar a muchos portadores del virus que no habían tenido síntomas. Cuando no se manifiesta la epidemia, las personas rara vez se examinan, lo cual aumenta la posibilidad de contagio. Debido a la baja población de la zona y el bloqueo de entradas y salidas, Vo’ fue el lugar perfecto para poner a prueba este experimento. Fue el único municipio en cuarentena sometido a este procedimiento de inspección, y se pudo estudiar cómo evolucionó la situación en el transcurso de dos semanas: el antes y el después de las medidas tomadas.

Los medios de comunicación divulgaron información sobre un nuevo contagio en el pueblo el 20 de marzo, pero las autoridades informaron que se trataba de un error –era un paciente que ya había dado positivo en el último examen– y que no volvieron a aparecer casos en la localidad.

Desafortunadamente, dos días después de que se terminara el aislamiento en Vo’, el gobierno Italiano declaró la cuarentena en toda Italia. Primero prohibió a los ciudadanos que pasaran de una provincia a otra (excepto por motivos laborales); después, que salieran de sus municipios. Hoy nadie tiene permitido salir de su casa, salvo para ir a la farmacia, al supermercado o a trabajar. Sólo se puede pasear a una distancia de no más de 200 metros de la casa, sin tener contacto con ningún otro habitante.

“Digamos que se vivió mejor la primera cuarentena [cuando se aisló Vo’] que esta cuarentena general. Porque en la primera, más allá de que los primeros días hubo un poco de temor e incertidumbre, la gente estaba tranquila. Podía salir a pasear, estar al aire libre, aunque siempre manteniendo distancia de los otros. Había un poco más de vida. Ahora no podemos salir de casa y estamos un poco cansados”, cuenta Ivano Masiero, habitante de la zona.

También Claudia de Giacomo, una uruguaya radicada en Vo’ hace tres años, contó sobre lo acontecido: “Hace más de un mes que estamos acá adentro. Digamos que, desde los puntos de vista social, individual y emotivo, es una dura prueba. Pero, desde el punto de vista sanitario, es la decisión más acertada entre las propuestas que se estaban planteando. De todos modos, no debería ser un procedimiento aislado: tendría que ser algo que se incorporara también a todo el resto”. “La primera vez que nos hicimos el test estábamos todos amontonados, con ansiedad por no saber en qué consistía el examen. La segunda vez ya fue diferente. El propio alcalde estaba separando a la gente para que mantuviera la distancia adecuada. Creo que evitar la aglomeración de personas es fundamental”, añadió.

Por el momento, Luca Zaia, gobernador del Véneto, tiene planificado examinar toda la región. Ordenó 500 mil test para hacer en la calle. En este caso, el procedimiento consiste en pinchar un dedo y, con una muestra de sangre, detectar, en un cuarto de hora, más o menos, la presencia de anticuerpos del covid-19. Esto permite saber si el individuo se contagió, si está enfermo aunque no tenga síntomas o tenga muy pocos, e incluso si ya superó la enfermedad. Zaia también dispuso que se hagan el test del hisopo todos los trabajadores de la salud pública, las fuerzas del orden, los supermercados, el transporte público y los residenciales de ancianos. Se proyecta llegar a los 13.000 exámenes por día en una semana.

Además, se están entregando, sin costo, mascarillas en toda la región, que los habitantes reciben en sus casas. Las autoridades consideran que es un gasto necesario para garantizar la salud de los ciudadanos.