Para la opinión pública brasileña se ha vuelto caricaturesco

Hubo tantos memes como comentarios filosos acerca del discurso en el que finalmente reconoció la “gravedad” del virus. Durante veinte días menospreció la dolencia asociándola a una campaña mediática para generar “neurosis”. Entre sus asesores y ministros hay 22 infectados.

D. Pignotti, desde Brasilia

Página/12, 21-3-2020

Correspondencia de Prensa, 21-3-2020

¿De qué forma se coloca el barbijo? Al cabo de una semana desconcertante y no menos dramática debido al coronavirus en ascenso, se percibe que parte de la opinión pública comienza a ver a Bolsonaro como alguien caricaturesco. Durante unos veinte días el presidente menospreció la dolencia asociándola a una campaña mediática para generar “neurosis”. Pero el miércoles, cuando el número de muertos subió de uno a cinco en 48 horas (este viernes la cifra de fallecimientos llegó a once), se presentó en el Palacio del Planalto junto al ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, y otros funcionarios. Para dar más teatralidad lucía un barbijo blanco: a poco de comenzar a hablar ante cámaras se lo quitó, luego volvió a colocarlo, más tarde lo levantó a medias y después lo colgó de una sola oreja. Evidentemente sabía cómo manipular el protector para evitar el contagio. Este viernes repitió la pose en una videoconferencia y ostentando un cubrecara azul.

Hubo tantos memes como comentarios periodísticos filosos acerca del discurso de Bolsonaro en el que finalmente reconoció la “gravedad” del cuadro causado por el Covid-19 y anticipa que vendrán tiempos “duros” .

El miércoles y jueves a la noche se realizaron multitudinarios cacerolazos de reprobación contra el presidente y su discurso en prácticamente todas las capitales del país. Hubo quienes gritaron desde sus balcones “Bolsonaro Bozo”, asociándolo al famoso payaso. La mayoría descargó su rabia exigiendo “Fuera Bolsonaro” o “Impeachment”. Otros lanzaron “Bolsonaro miliciano” apuntando a las relaciones ni siquiera disimuladas que mantiene con los grupos paramilitares conocidos como “milicias”, muy fuertes en las favelas de Río de Janeiro.

En barrios ricos como Leblon, en Río de Janeiro, y Perdizes, en San Pablo, o en ciertos puntos de la acomodada Asa Sur, de Brasilia, quedó patente el descontento contra el capitán retirado. Se trata de una rabia más o menos reciente que también es la confesión del desengaño de las clases medias y altas que apostaron en un neofascista como mal menor ante el Partido de los Trabajadores en las elecciones de 2018

Desde esos mismos ventanales surgieron cacerolazos de repudio contra la presidenta derrocada Dilma Rousseff en 2016 y en 2018 hubo vivas por la prisión de Luiz Inácio Lula da Silva en la antesala de su proscripción en los comicios de ese año en los que se proyectaba como favorito ante Bolsonaro. El diario Estado de San Pablo, que llegó a ser representado por uno de sus propietarios en las marchas golpistas, ahora se suma a las filas de los inconformes. “Quedará en la historia la desfachatez de este presidente”, escribió en su editorial de este jueves el periódico paulista. El diario O Globo, perteneciente al grupo homónimo, opinó en dos editoriales recientes que “Bolsonaro no tiene ni idea de lo que es la agenda de un presidente” por tratarse de un político que “no está a la altura del cargo”.

El comediante Marcelo Adnet de la TV Globo, empresa que domina el mercado de noticias y entretenimientos desde hace seis décadas, desfiló en el carnaval riculizando a Bolsonaro arriba de un carro que recorrió los setecientos metros del Sambódromo Marques de Sapucaí en Rio de Janeiro.

Ciertamente el ocupante del Palacio del Planalto transita con frecuencia por el ridículo. Hay que ver las imágenes de sus intentos torpes por colocarse el barbijo en el Palacio del Planalto el miércoles pasado. Dan risa. O asistir a sus discursos solemnes en los que habla de su paso por el ejército y elogia la disciplina-valor-honestidad de los militares. La realidad es otra: se fue del ejército en los ochenta prácticamente expulsado por indisciplina y ser parte de un plan para colocar bombas. Sus alabanzas a la honestidad marcial son tinta en papel mojado, en los últimos meses se ha dedicado a presionar a los jueces para que no avancen en las causas contra sus familiares por lavado de dinero y otras maniobras dolosas perpetradas desde los noventa con su casi seguro consentimiento. El grupo familiar formado por el presidente y sus tres hijos, o “clan Bolsonaro”, se parece bastante a una asociación ilícita.

En sus declaraciones va y viene como en un columpio para sembrar la confusión. Un día dice que el coronavirus es poco más que un resfriado y a la semana habla de “unir” a la nación para enfrentar tiempos “difíciles”. En realidad su posición es una: la pandemia lo tiene sin cuidado. Este viernes a la tarde volvió a decir lo que realmente piensa, el coronavirus es una “gripecita”.

Aunque intente desconcertar a la masas la realidad comienza a cercarlo. Hoy se informó que 22 ministros y colaboradores que viajaron con Bolsonaro a Estados Unidos están infectados. Y el propio mandatario declaró que él mismo puede haber contraído la enfermedad por lo que se hará otro test luego de dos que dieron negativo. Además, hay elementos para suponer que la dolencia puede tener un impacto feroz en un país cuyo sistema de salud pública ha sido parcialmente desmontado con el austericidio del ministro de Economía, Paulo Guedes.

El titular de Salud, Luiz Henrique Mandetta, declaró este viernes que el sistema de salud puede entrar en “colpaso” en abril y que el Estado no está en condiciones de realizar tests a todos los pacientes, con lo cual admitió algo que ya se suponía desde hace tiempo: los números oficiales de infectados no son fidedignos.