Alexandra Chaignon

A l’encontre, 9-3-2020

L’Humanité, 6-3-2020

Traducción de Correspondencia de Prensa, 13-3-2020

Aunque todavía se sabe poco sobre este virus, las epidemias anteriores han permitido que la comunidad científica esté mejor preparada para la situación. Así, en el Inserm (Instituto Nacional de Salud y de Investigaciones Médicas), la unidad REACTing (REsearch and ACTion targeting emerging infectious diseases), un consorcio multidisciplinario de investigación  cuyo objetivo es hacer frente a las crisis sanitarias vinculadas a las enfermedades infecciosas emergentes, trabaja para modelizar la posible propagación de la epidemia en Francia (1) y en Europa.

-Ya hay unos 100 mil casos conocidos desde que empezó la epidemia. ¿Podemos hablar de pandemia?

Eric d’Ortenzio. Es un asunto de terminología. Hablamos de una pandemia a escala internacional cuando todos los continentes se ven afectados, con una transmisión persistente. Hasta la fecha, hay casos en todo el mundo, pero, por ejemplo, no hay transmisión continua en América del Sur y en África. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) no utiliza el término de pandemia, sino que habla de emergencia internacional. Pero lo que es importante es la respuesta en el manejo de la crisis.

-¿Cuál es el perfil tipo de las personas infectadas?

-E. d’O. Lo único que podemos decir es que el virus afecta menos a los niños. La proporción es muy baja. Sin embargo, no sabemos cuál es el motivo. Tendremos que hacer estudios sobre su sistema inmunológico y estudiar cuáles son las interacciones con los adultos. Una de las hipótesis planteadas es que los niños desarrollan una forma asintomática (que no tiene síntomas clínicos). Tampoco se sabe si juegan un papel en la propagación de la enfermedad. En los adultos, las formas graves afectan a los ancianos y a las personas que padecen insuficiencia cardíaca, diabetes, cáncer o inmunodepresión. Sin embargo, tampoco puede decirse que los ancianos sean los más afectados por falta de datos. No conocemos la proporción de personas asintomáticas, a las que no vemos, ni la proporción de personas que presentan síntomas moderados y no consultan al médico.

Por lo tanto, el número de casos reales podría ser mucho mayor que el de los casos oficiales, y la tasa de mortalidad real, estimada actualmente entre el 1% y el 2% (en comparación con el 0,1% de la gripe estacional), es mucho menor. Lo que tampoco se sabe es si las personas afectadas pero asintomáticas pueden transmitir o no el virus. Se han descrito algunos casos.

-Desde la aparición de este nuevo virus, ¿qué más se sabe sobre el modo de transmisión y contagio?

-E. d’O. Igual que la gripe, el Covid-19 es una infección respiratoria transmitida a través de las gotas respiratorias o gotas de Flügge, producidas al hablar o provenientes de la tos o de los estornudos de una persona infectada. También se transmite a través de objetos o al tocarse el rostro si las manos han estado en contacto con el virus.

¿Qué adelantos terapéuticos ha habido?

-E. d’O. China está trabajando con varias moléculas, pero no hay nada sólido por el momento. En Francia, estamos estableciendo una cohorte de pacientes infectados en todo el país para estudiar los síntomas, la evolución de la carga viral, etc. Esto se llama una cohorte de observación. Por supuesto, lo hacemos con el consentimiento de los pacientes. El experimento se va a poner en marcha dentro de unos pocos días. El protocolo final aún no ha sido concluido, pero ya falta poco para la elaboración final.

Después, vamos a pasar a la fase de estudios terapéuticos con diferentes moléculas. Los resultados preliminares podrían ser obtenidos rápidamente, lo que nos permitiría pasar a uno u otro tratamiento sistemático dentro de uno o dos meses.

-Al nivel de la investigación científica, ese plazo parece muy breve…

-E. d’O. Sí, todo avanza muy rápido, en tiempo récord. No tenemos ningún  tratamiento, tenemos que aprovechar la oportunidad de tener pacientes y poder evaluar las moléculas en términos curativos. Lo que es también bastante excepcional es que las investigaciones no sólo se llevan a cabo en Francia. La OMS ha establecido un protocolo estándar que cada país puede adaptar. Existe una verdadera movilización internacional de la investigación, una  colaboración estrecha con intercambio de datos e informaciones. Es realmente excepcional. Podríamos incluso hablar de primera vez, aunque este tipo de colaboración haya empezado en parte con el virus del Ébola.

Coronavirus II
Eric d’Ortenzio

-A propósito de tratamientos, ¿cuáles son las pistas más interesantes? Se habla de la cloroquina, ese tratamiento contra el paludismo…

-E. d’O. Se está investigando varias moléculas. Entre ellas, la cloroquina, un medicamento antipalúdico. Se ha hablado mucho de ese tratamiento pero, en realidad, sabemos muy poco al respecto. Lo único que sabemos proviene de una carta publicada por los chinos diciendo que los resultados son prometedores, pero no tenemos los datos científicos correspondientes. Un estudio in vitro habría demostrado que puede ser eficaz para reducir la replicación (duplicación del ácido nucleico) y la propagación del virus. Pero no se han realizado estudios en seres humanos. Por lo tanto, tenemos que ser prudentes. Están surgiendo otras moléculas, como el remdesivir, ya probado contra el Ébola, o la combinación de dos antivirales, lopinavir y ritonavir, dos anti VIH, o el interferón beta. Pero una vez más, los test clínicos no han terminado todavía. Hay que esperar varias semanas antes de que se conozcan los resultados. El plasma de los pacientes que han eliminado el coronavirus es también una vía que merece ser profundizada: los anticuerpos de los individuos curados podrían ser extraídos y luego inyectados a personas enfermas para obtener una respuesta inmunológica más rápida.

¿Y las vacunas?

-E d’O. Las investigaciones existen, pero se inscriben en un período de tiempo más o menos largo. El sector privado es el que ha avanzado más. Varias empresas biotecnológicas y farmacéuticas están trabajando en el asunto. Ya tienen productos en espera y cuentan con más recursos que la investigación pública. Sanofi (multinacional del medicamento, ndr) anunció que está pronta para iniciar la fase 1 de los tests en voluntarios sanos. Pero habrá que esperar entre doce y dieciocho meses, en el mejor de los casos, para que se conozcan los resultados. Por lo tanto, no es seguro que podamos contar con una vacuna para esta epidemia. Eso nos permitirá estar mejor preparados para la próxima…

-¿Era previsible la aparición de este tipo de virus?

-E d’O. Como investigadores especializados en enfermedades infecciosas, no estamos realmente sorprendidos. Hay muchos virus que circulan en los animales, algunos de los cuales pueden mutar y  propagarse a los humanos.

¿Cómo puede evolucionar la situación?

-E d’O. Muchos de nosotros pensamos que Francia entrará muy rápidamente en una fase de epidemia nacional. Dada la transmisión regular del virus, es la evolución previsible. Lo primordial es prepararse, responder en términos de gestión e investigación. Y como todavía no sabemos nada de este virus, debemos permanecer muy atentos y seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Si bien es importante que las personas se protejan a sí mismas, también es importante que se sientan protagonistas de la prevención de la epidemia.

– Eric d’Ortenzio es médico epidemiologista en el Inserm, Instituto Nacional de Salud y de Investigaciones Médicas de Francia. La entrevista de Alexandra Chaignon, fue publicada en L’Humanité del 6-3-2020.

PD : Mercado y urgencia sanitaria. La declaración del Director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, del 3 de marzo de 2020, permite por sí sola apreciar los efectos concretos de la supuesta regulación por parte del “mercado” de las necesidades dictadas por una crisis sanitaria. Tedros Adhanom Ghebreyesus dijo que le “preocupaba que la capacidad de los países para responder a la emergencia se viera menoscabada por la grave y creciente interrupción del suministro mundial de protecciones personales provocada por el aumento de la demanda, el acaparamiento y el uso indebido”. El precio de las máscaras quirúrgicas se ha visto multiplicado por seis, los precios de los respiradores N95 [las máscaras N95 están diseñadas para al menos un 95% de eficacia de filtración contra los aerosoles sólidos y líquidos, de 0,3 micrones de tamaño] se han multiplicado por más de tres, y las batas han aumentado 100%. La entregas de estos materiales pueden llevar meses, la manipulación del mercado es generalizada y los stocks suelen venderse al mejor postor [y no a los que más los necesitan]. La OMS ha enviado casi medio millón de protecciones personales a 27 países, pero los stocks se están agotando rápidamente. Estimamos que se necesitan 89 millones de máscaras médicas al mes para tratar a los pacientes afectados por el COVID-19; 76 millones de guantes clínicos y 1,6 millones de gafas protectoras”. Desde entonces, la situación no ha hecho más que empeorar y pronto alcanzará su punto máximo en el continente africano. (Redacción de A l’encontre)

Nota

1) Ayer, jueves 12 de marzo a las 20h, el presidente Emmanuel Macron anunció por cadena de radio y televisión una serie de medidas de emergencia, entre las cuales el cierre de todos los centros de enseñanza a partir del lunes 16 de marzo. Así como el llamado a médicos jubilados y a estudiantes de medicina para hacer frente al avance de la epidemia. No obstante, pese al largo conflicto en el que todas las profesiones de la salud reclaman más recursos para los hospitales, el presidente francés no anunció ninguna apertura extra de camas y menos aún ninguna recuperación salarial para el personal de la salud pública. (Redacción de Correspondencia de Prensa)