Luc Mathieu/Hala Kodmani

A l’encontre, 1-3-2020

Libération, 28-2-2020

Traducción de R. Navarro – Correspondencia de Prensa, 5-3-2020

Las declaraciones de preocupación y los llamamientos a la distensión provenientes de todas partes se multiplicaron el viernes 28 de febrero, tras el enfrentamiento militar en la región de Idlib entre Turquía y el régimen sirio respaldado por Rusia. Tras el mortal ataque contra sus soldados, Ankara convocó una reunión de emergencia de la OTAN, la que expresó su solidaridad, sin ningún otro tipo de compromiso. El Consejo de Seguridad de la ONU iba a celebrar una reunión de emergencia el viernes por la tarde en Nueva York sobre los últimos acontecimientos en Siria, a pedido de los Estados Unidos y de los países miembros europeos. La UE se refirió a un “riesgo de una gran confrontación militar internacional” en Siria y “está considerando todas las medidas necesarias para proteger sus intereses de seguridad”, anunció el viernes el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell.

¿Cómo se ha llegado hasta este punto?

La escalada, que casi degeneró el viernes en un conflicto abierto entre Turquía y Rusia, era previsible. Desde mediados de diciembre la tensión viene aumentando, luego del lanzamiento de una nueva ofensiva del régimen sirio, junto con sus aliados rusos e iraníes, para retomar la provincia de Idlib. La región está controlada principalmente por los yihadistas de Hayat Tahrir al-Sham. También hay grupos rebeldes, apoyados por Turquía. Pero la provincia es sobre todo el último refugio de cientos de miles de civiles que han huido de los combates de los últimos años en todo el país o han firmado “acuerdos de reconciliación” con el régimen en otras regiones, como Deraa (sur) o los propios suburbios de Damasco.

A mediados de diciembre, después del fracaso de un nuevo alto el fuego, los bombardeos se intensificaron. Los ataques no se dirigen solamente a las posiciones en el frente, sino sobre todo a lo que queda de las infraestructuras civiles: escuelas, hospitales, mercados… Los habitantes huyen de la zona. El éxodo crece a medida que el ejército sirio avanza por tierra después de masivos ataques aéreos. El régimen sólo recupera pueblos y aldeas vacías. “Provocar una catástrofe humanitaria con el éxodo de civiles hacia el norte forma parte de la estrategia del régimen sirio y su aliado ruso para ejercer más presión sobre Turquía”, señala Emile Hokayem, analista del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres.

A partir de enero de 2020, el gobierno turco manda refuerzos de vehículos blindados y soldados de las fuerzas especiales. También proporciona armas, incluyendo misiles anti-tanque, a los grupos rebeldes a los que respalda. Pero esto no es un impedimento para que los soldados sirios avancen o para que los aviones rusos bombardeen. El 29 de enero, la ciudad de Maarat al-Noman, conocida tanto por su oposición a Bashar al-Assad como a los grupos yihadistas, fue reconquistada por Damasco. El avance de las tropas leales a al-Assad dejó también varios puestos de vigilancia militar turcos rodeados detrás de las líneas del frente. Estos puestos de vigilancia habían sido construidos después del acuerdo de Sochi firmado en 2018 entre Moscú y Ankara, el que supuestamente iba a conducir a una “desescalada”. A principios de febrero, 13 soldados turcos murieron por disparos de artillería y bombardeos. El régimen logró recuperar el control de la autopista M5, que conecta Alepo con Damasco, uno de sus objetivos prioritarios. La afluencia de personas desplazadas hacia la frontera turca alarma a la comunidad internacional, que multiplica sus declaraciones, sin que Moscú o Damasco cambien su posición. Las reuniones entre los funcionarios turcos y rusos continúan en paralelo, sin resultados concretos. Ankara quiere volver a las condiciones establecidas por el Acuerdo de Sochi. Por su parte, Rusia la acusa de no haber respetado esas mismas condiciones, incluyendo la retirada de los grupos armados de las zonas desmilitarizadas que habían previamente acordado. Turquía responde que los aviones rusos siguen bombardeando. Por lo tanto, los combates continúan. El jueves, grupos rebeldes y yihadistas tomaron la ciudad de Saraqeb, bloqueando nuevamente la autopista M5. Por la noche, al menos 33 soldados turcos fueron asesinados en Balyoun, en el sur de la provincia.

Turquía-Rusia: ¿dúo o duelo?

Desde un punto de vista militar y también político, Turquía acaba de recibir un golpe muy duro. El ataque que sufrió el jueves por la noche fue el más mortal para su ejército en los últimos treinta años. Hay que remontar a la época de la guerra abierta contra los separatistas kurdos en los años 90 para encontrar un balance de unos treinta soldados muertos en un solo ataque. Pero sobre todo, llega después de semanas de amenazas verbales y refuerzos militares enviados a través de la frontera con Siria. Erdogan había lanzado un ultimátum a las tropas del régimen sirio, que debían retirarse a finales de febrero de las posiciones tomadas en torno a los puestos de observación turcos en la provincia de Idlib. Turquía lanzó también repetidos llamados a Rusia para que respetara los acuerdos de desescalada y hubo varias reuniones de delegaciones militares rusas y turcas, sin llegar a un acuerdo para detener el avance de las fuerzas del régimen sirio en la provincia de Idlib.

El ataque de los grupos rebeldes sirios guiados por el ejército turco fue sin duda exitoso el miércoles, con la reconquista de la estratégica localidad de Saraqeb. Pero la represalia de la fuerza aérea contra sus hombres, comandados o incluso operados directamente por Rusia, que controla el espacio aéreo sirio, fue brutal. Y eso marca la fragilidad de la posición turca. En la asociación establecida desde 2017 con Moscú sobre Siria, Ankara aparece hoy como el pariente pobre, si no el perdedor en un acuerdo de impostores. “Erdogan no tiene alternativa en las opciones estratégicas en cuanto a su agresividad hacia los europeos y su compromiso con los rusos”, señala Emile Hokayem. Al tiempo que desaparece la ilusión de un acuerdo con Moscú en el marco del proceso de Astana o de los acuerdos de Sochi, los occidentales le reprochan su apoyo a los grupos islamistas y su ofensiva contra los kurdos en Siria”.

Rusia aparece como el que distribuye las cartas en Siria, incluso contra su socio turco, mientras afirma querer mantener el diálogo. “Moscú está soplando mucho aire caliente y un poco de frío al aplicar la estrategia de reconquistar territorios para su aliado, el régimen sirio, a toda costa. Pero también tomando la iniciativa de una llamada telefónica entre Putin y Erdogan y el anuncio de un diálogo que continuaría, pero sin ninguna concesión real”, observa el analista Emile Hokayem. De hecho, Rusia ha mostrado una total constancia en su apoyo al régimen de Al-Assad desde 2015. El acuerdo establecido con Turquía ha sido la clave para avanzar y recuperar metódicamente las regiones controladas por la rebelión, desde el sur hasta el norte del país. El actual enfrentamiento en la provincia de Idlib y sus dramáticas consecuencias eran previsibles. “Turquía se está despertando demasiado tarde, después de haberse enemistado con demasiados países con su comportamiento esquizofrénico. Su reacción errática y el chantaje hecho a Europa con los refugiados es una táctica muy arriesgada. Es una maniobra infame, como infame es la actitud de los europeos y de los países árabes, especialmente en el Golfo, que muestran una total indiferencia ante la suerte de tres millones de civiles sirios atrapados en la región de Idlib”, dijo Hokayem. Turquía se encuentra hoy aislada. Queda por ver si Erdogan puede permitirse continuar sus ataques en Siria contra Al-Assad y Rusia o interrumpirlos. La cuestión de esta opción estratégica sigue abierta”.

¿Cuán grave es la situación humanitaria?

El desastre, anunciado, es aún peor de lo previsto. La situación es “desesperada”, según Médicos Sin Fronteras, “totalmente inaceptable” para el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), “una pesadilla”, según la ONG Care, que añade: “Es incomprensible”. La tragedia humanitaria que afecta a la población de Idlib no tiene precedentes, incluso después de nueve años de un conflicto en el que los crímenes de guerra se han convertido en la norma. “Nunca antes tantas personas han sido desplazadas en un área tan reducida y en un período de tiempo tan breve [desde el comienzo del conflicto]. Las vidas humanas son cada vez más amenazadas”, señala la Oficina de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCAH) en su nota del 26 de febrero.

Desde mediados de diciembre, con la reanudación de la ofensiva del régimen sirio y sus aliados rusos e iraníes en Idlib y la parte occidental de la provincia vecina de Alepo, unas 950.000 personas han sido desplazadas, según las Naciones Unidas, de las cuales el 60% son niños y el 21% mujeres. Son personas altamente vulnerables, ya que muchos habían debido huir en años anteriores, desplazados por los combates y los bombardeos. Desde diciembre, estos refugiados han estado llegando con casi nada, unas pocas ropas y mantas, a veces utensilios de cocina, y muy raramente dinero. Los campos donde esperaban refugiarse están superpoblados. Más de un millón de personas viven en el campamento de Atmé, que está junto a la frontera turca. Los recién llegados se instalan donde pueden, en tiendas de campaña improvisadas o en sus coches si los tienen, a veces fuera si no tienen elección. Varios niños han muerto congelados en las últimas semanas. “El invierno es muy duro en Idlib. La gente se encuentra bloqueada, aislada de todo, y no le queda nada para sobrevivir”, dijo Fabrizio Carboni, director regional del CICR para el Próximo y Medio Oriente.

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“La mayor historia de horror humanitario del siglo XXI” está teniendo lugar actualmente en Idlib.

Cientos de miles de refugiados atrapados en una jaula a cielo abierto. El número de personas desplazadas en la provincia por los combates desde diciembre de 2019 asciende  a 900.000, de las cuales el 80% son mujeres y niños.

Benjamin Barthe

Le Monde, 29-2-2020

Ocho meses escapando bajo las bombas, una caída libre que nada parece poder detener. El calvario de la familia Hallak, agricultores de la región de Idlib, es emblemático del calvario soportado por los civiles de esta provincia noroccidental de Siria.

En la primavera del hemisferio norte de 2019, las fuerzas pro-Assad iniciaron el ataque a la región, el último bastión de la rebelión, dominada por el grupo yihadista Hayat Tahrir Al-Cham. A medida que se acercaban los ataques de las fuerzas aéreas rusas y sirias, los padres alquilaron camiones y trasladaron todo el contenido de su gran casa desde Kafr Sijnah, en el sur de la región, a Jinderes, 150 km más al norte. Incluso nos llevamos las puertas y ventanas”, dijo Ahmed, el hijo mayor, a través de WhatsApp.

Unos meses después, con sus ahorros agotados, la familia dejó el apartamento donde se habían refugiado para una casa más modesta en el campo, al oeste de Alepo. El respiro fue breve. El avance de las tropas pro gobierno (pro Bashar) en esta área obligó a la familia Hallak a abandonar nuevamente su hogar. La tercera vez en ocho meses. “Esta vez ya no se trata de llevarse los muebles, la gasolina se ha vuelto demasiado cara”, dice Ahmed. Nos fuimos  sólo con nuestras mantas, ropa y algunos utensilios de cocina.”

Ahora son quince, hacinados en un diminuto apartamento de dos habitaciones sin ventanas, agua ni electricidad en el pueblo de Deir Hassan, un pueblo cerca de la frontera turca al que cientos de miles de sirios han llegado en las últimas semanas. “El régimen está empujando a toda la población de Idlib a lo largo de la frontera, como si quisiera crear una Franja de Gaza siria”, dice Ahmed preocupado. Es como si nos estuviéramos sumergiendo en lo desconocido”.Siria503 2

Las Naciones Unidas hablan de “la mayor historia de horror humanitario del siglo XXI”. El número de habitantes de la provincia de Idlib desplazados por los combates desde diciembre de 2019 ha alcanzado ya los 900.000, de los cuales el 80% son mujeres y niños. Esta población está agrupada entre Darkoch, Al-Dana, Afrin y Azaz, territorios fronterizos con Turquía, relativamente poco afectados por los bombardeos.

Una trampa a cielo abierto

Los más afortunados encontraron una tienda en uno de los enormes campamentos, golpeados por los vientos y la nieve, que bordean estas colinas en los confines de Siria. Otros duermen a la intemperie, en sus vehículos o en edificios sin terminar. Todos los refugios colectivos, como mezquitas y escuelas, fueron requisados durante la oleada anterior de desplazamientos en la primavera y el verano de 2019, que afectó a 300.000 personas.

Los náufragos de Idlib están en una trampa al aire libre. Turquía, que alberga a 3,5 millones de sirios pero se niega a aceptar una nueva afluencia de refugiados, ha cerrado tres veces sus fronteras. Por otro lado, por los corredores abiertos por el ejército sirio para facilitar el paso hacia el territorio gubernamental, teóricamente al abrigo del peligro, sólo han pasado mil personas desde diciembre de 2019, según la ONU. “Esto es una prueba, si es que una prueba fuera necesaria, de que la gente de Idlib no quiere vivir bajo el régimen de Assad”, dijo Ossama Shorbaji, director de la ONG siria Afaq.

Pero la amenaza se está acercando. Las fuerzas de al-Assad, que habían encontrado dificultades para avanzar durante la primera fase de la ofensiva el año pasado, se apoderaron de más de 300 localidades, en la región de Idlib, en estas últimas semanas. El miércoles 26 de febrero, los combatientes de Hayat Tahrir Al-Cham, con la ayuda de otras facciones no yihadistas, lograron recuperar Saraqeb, un cruce de autopistas, que habían perdido a principios de mes. Esta operación se llevó a cabo con el apoyo del ejército turco, que tiene varios miles de hombres sobre el terreno. Cerca de 30 de ellos murieron el jueves en un bombardeo atribuido a la Fuerza Aérea Siria [1].

Éxodo gigantesco

Pero al mismo tiempo, los rebeldes quedaron aislados de las regiones montañosas de Gebel Al-Zawiya y Gebel Shashabo, los bastiones históricos de la insurgencia, en el sur de la provincia de Idlib. Las fuerzas de al-Assad penetraron en particular, en Kafr-Nabel, una ciudad reconocida por la creatividad y la resistencia de sus habitantes. Durante años, manifestaron todos los viernes, desafiando y burlándose de las autoridades con consignas contundentes y humorísticas a la vez.

La derrota que se inicia de los grupos anti-Assad es el resultado lógico de su agotamiento, después de meses de bombardeos, que desgastaron poco a poco sus líneas de defensa. El gigantesco éxodo desencadenado por los bombardeos sirio-rusos, que arrasaron con decenas de infraestructuras civiles, entre ellas escuelas y hospitales, acentuó la desorganización del campo rebelde. Según la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, esos ataques causaron la muerte de más de 1.700 civiles, entre los cuales 337 mujeres y 503 niños, en un período de diez meses.

La retirada de los insurgentes es también el resultado de la introducción de drones e instrumentos de visión nocturna en las filas leales [a Bashar], en cantidades más importantes que en el pasado. Este equipamiento aumentó la ya abrumadora superioridad militar de las fuerzas oficiales. Muchos vehículos blindados rebeldes, algunos suministrados por Turquía, fueron alcanzados por el fuego de misiles poco después de ser localizados por uno de esos aviones espía.

El regreso al campo de batalla de las milicias pro-iraníes, compuestas por combatientes chiítas afganos e iraquíes, también ha tenido un efecto. “La República Islámica de Irán se había mantenido alejada de los combates del año pasado para no perjudicar sus relaciones con Turquía”, dice Nawar Oliver, analista del centro de estudios sirio Omran, cercano a la oposición. Teherán esperaba que Ankara siguiera comprándole su petróleo, pese a las amenazas de sanciones de Washington”.

Un costo humanitario “demente”

Un cálculo infructuoso: a pesar de las complicadas relaciones con la administración de EE.UU., Turquía aceptó el embargo contra Irán. Las tropas a sueldo de Teherán han reaparecido en suelo sirio, especialmente al oeste de Alepo, zona que ayudaron a recuperar a principios de mes. Esta medida permitió que las autoridades sirias volvieran a abrir el aeropuerto de Alepo, cerrado hace casi ocho años por la presión de los rebeldes.

La reapertura del aeropuerto de la gran metrópoli del norte de Siria fue recibida con alegría por la población. Los barrios occidentales habían sido regularmente blanco de grupos armados basados en las afueras. Según las Naciones Unidas, el fuego de los rebeldes contra las zonas controladas por el gobierno en Alepo y en la provincia septentrional de Hamah ha causado la muerte de 93 civiles desde abril de 2019, entre ellos 23 mujeres y 28 niños.

La voluntad del régimen de Assad, que reitera constantemente su intención de restablecer su autoridad en toda Siria, es la de llevar a cabo esta ofensiva hasta el final: la reconquista de la ciudad de Idlib y de los dos pasos fronterizos, Bab Al-Hawa y Atme, por los que pasan las armas y la ayuda humanitaria. “Si Idlib cae, 600.000 personas más serán arrojadas a las carreteras”, advierte Assaad Al-Achi, director de una ONG siria con sede en el sur de Turquía. El costo humanitario será demente. ¿Y Rusia está dispuesta a dejar que esto suceda?”

Nota

[1] El gobierno de Erdogan, en un intento de “negociar” con los gobiernos de la UE miembros de la OTAN, está forzando el traslado de migrantes a Grecia, causando tensiones extremas en ese país. Las tropas turcas “con base” en Siria no tienen cobertura aérea y por lo tanto, las conversaciones con Putin demuestran la impotencia político-militar de Erdogan. (Redacción A l’encontre)