Luc Mathieu

Libération,17-2-2020

A l’encontre, 18-2-2020

Traducción de R. Navarro – Correspondencia de Prensa, 19-2-2020

Es una tragedia humanitaria excepcional la que está golpeando el noroeste de Siria. Decenas de miles de personas, en su mayoría mujeres y niños, han tenido que huir nuevamente de sus pueblos y aldeas en los últimos días para dirigirse al norte y escapar así de los bombardeos rusos y del avance de las tropas sirias hacia el oeste. Se van en coche cuando pueden, si no, a pie. Sin nada, sin refugio, a menos de 5°C bajo cero por la noche. (Ver los testimonios recogidos por Hala Kodmani en el siguiente artículo).

Más de 875.000 personas han sido desplazadas desde diciembre en la provincia de Idlib y en la vecina Alepo, según la ONU. Los flujos de población son comparables al de los rohingyas de Birmania occidental, que huyeron de la limpieza étnica hacia el vecino Bangladesh entre 2017 y 2018.

“Lo que está pasando es monstruoso. No ha habido un equivalente desde que empezó la guerra. Estamos completamente desbordados, no sabemos qué hacer”, dice un trabajador de una ONG humanitaria siria. Podríamos haber manejado 100.000 personas más, pero no 800.000. La gente está durmiendo en sus coches, en tiendas de campaña hechas de retazos de tela. Queman lo que pueden, incluso la ropa, para calentarse en este invierno. Pero los niños se están muriendo de frío”.

“Alto el fuego”

El régimen sirio ha seguido su avance el domingo y el lunes 16 y 17 de febrero. Precedido por los ataques aéreos de su aliado ruso, se apoderó de unas 30 aldeas en el campo, al oeste de Alepo, sin tener que recurrir a combates terrestres. Los rebeldes que los controlaban, a veces desde 2012, se retiraron sin resistencia. La ofensiva permitió a Damasco y a su aliado ruso asegurar uno de sus principales objetivos: recuperar el control de la autopista M5, que une Alepo con Damasco, la capital. La ciudad de Alepo está ahora también fuera del alcance de los cohetes de los grupos rebeldes. El Ministerio de Transporte de Siria anunció el lunes la reapertura del aeropuerto de la ciudad para los vuelos civiles.

El ejército del régimen no se detuvo ahí, sin embargo. Mantuvo su avance hacia la frontera turca. La ciudad de Darat Izza, a unos 30 kilómetros al norte de Alepo, fue bombardeada. Si ésta cayera, los soldados sirios podrían tomar el paso fronterizo de Bab al-Hawa, por el que pasa parte de la ayuda humanitaria para los campamentos de desplazados. También podrían cortar el camino que lleva al cantón de Afrine, donde los habitantes desplazados de Idlib tratan de refugiarse.

¿Irán tan lejos? “Si Bab al-Hawa es tomada, se acabó. Los rebeldes y las fuerzas turcas ya no podrán hacer nada”, dice Thomas Pierret, un investigador del CNRS (Francia). Según declaraciones oficiales, Turquía, que apoya la rebelión contra el régimen de Bashar al-Assad pero que mantiene sus vínculos con Rusia, no dejaría que las tropas sirias avancen hasta ese punto.

El miércoles pasado, 12 de febrero, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan amenazó a Damasco y exigió que sus tropas se retiraran en varios frentes  conquistados recientemente. Turquía ha enviado regularmente a Siria refuerzos con vehículos blindados, incluidos tanques, y soldados de fuerzas especiales. El gobierno turco está intensificando las reuniones con los representantes de Moscú para exigir que Damasco detenga los ataques. “Es necesario establecer un alto el fuego definitivo que no debe ser violado”, dijo el domingo el Ministro turco de Relaciones Exteriores Mevlut Cavusoglu.

Pero en realidad, las tropas sirias siguen avanzando y los aviones rusos no detienen sus ataques. “Turquía tiene un margen de maniobra muy limitado. Sabe que si los campos de desplazados a lo largo de su frontera son bombardeados, eso causará una nueva afluencia de refugiados en su territorio. No está en condiciones de recuperar el terreno perdido en las últimas semanas”, dijo Pierret.

“Líneas rojas”

El lunes, Turquía anunció que las conversaciones con Rusia se mantendrán hasta el martes, descartando la hipótesis de un regreso al acuerdo anterior, firmado en 2018 en Sochi. El acuerdo preveía una zona “desmilitarizada” a lo largo de la autopista M5, que incluía la retirada de los yihadistas de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), la mayoría en Idlib, y la instalación de puestos de observación turcos. La mayoría de estas bases militares están ahora detrás de las líneas del frente. Ankara ahora sólo puede tratar de obtener una “desescalada”.

“Hemos confiado en Turquía desde el principio, pero ¿cuál ha sido el resultado? Hay líneas rojas que, sin embargo, no son respetadas. Erdogan amenaza, pero sen la práctica y en el terreno, no va más allá de la retórica”, dice el cooperante de la ONG. Turquía ha ordenado incluso a los grupos rebeldes que se retiren y que no resistan al avance de las tropas sirias al oeste de Alepo. Ni siquiera conseguimos la creación de un área protegida a lo largo de la frontera donde los desplazados pudrían asentarse sin ser atacados. Se parecería mucho a Gaza, pero no podría ser peor que hoy. Necesitamos saber, las familias que llegan nos preguntan: “¿Dónde podemos ir para dejar de ser bombardeados?”

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“Con la escalada de bombardeos, ya no hay prácticamente caminos seguros o lugares donde refugiarse”

Hala Kodmani

Libération, 18-2-2020

A l’encontre, 18-2-2020

Traducción de R. Navarro – Correspondencia de Prensa, 19-2-2020

Oum Mohamad (36 años)

Viene de Saraqeb, acaba de llegar con su familia (su marido y sus cuatro hijos) cerca del gigantesco campamento de Atmeh, al norte de Idlib. Situados en la frontera turca, estos campamentos, establecidos desde 2014, han seguido expandiéndose y ahora cobijan a un millón de refugiados de toda Siria. Contactada por Libération, Oum cuenta su éxodo en medio de los combates.

“Durante varias semanas, desde diciembre, hemos estado bajo constante bombardeo de las fuerzas aéreas rusas y sirias. Estábamos acostumbrados a esto en Saraqeb, que había sido regularmente blanco de ataques durante años, pero no al ritmo infernal que hemos sufrido en los últimos días. Como no teníamos coche, ni dinero suficiente para pagar el transporte, nos fuimos a pie para refugiarnos en un pueblo cercano, más tranquilo. Pero después de una semana, el bombardeo nos siguió y las fuerzas de Al-Assad se acercaban al pueblito. Nos fuimos inmediatamente, como pudimos. Caminamos cinco kilómetros antes de encontrar a un taxista que llevaba a su familia y aceptó llevarnos. Once de nosotros apretujados en el coche, con el equipaje en el techo. Llegamos todos juntos a la frontera turca después de pasar dos días en la carretera.

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Familia de desplazados sirios en condiciones más que precarias, en el noroeste del país.

“Los 20 kilómetros de carretera entre Sarmada y Atmeh estaban bloqueados, por los desplazados de las regiones de Idlib y de Alepo que huían del avance de las tropas de al-Assad”. Con la intensificación de los bombardeos en los últimos días, incluso en los campamentos cercanos a la frontera turca, casi no quedan caminos seguros, ni lugares para refugiarse. Pero uno quiere creer que cerca de la frontera, la fuerza aérea no debería bombardearnos”.

Ismael Cheikh Hassan (31 años)

Llegó a la ciudad de Khirbet al-Joz, en la frontera sirio-turca, al noroeste de Idlib, donde se han instalado campamentos durante los últimos cinco años para atender a las personas desplazadas de la región de Latakia que habían huido de los combates. Además de los recién llegados, se estima que hay alrededor de 15.000 personas desplazadas en esta zona.

“Finalmente, llegamos cerca del campo de desplazados! Conseguimos una tienda de campaña después de dos días, que ahora estamos montando. Nos la dio una organización humanitaria turca y la estamos instalando en la ladera de la montaña, bajo los olivos. La compartimos con cuatro familias, con mis tres hermanos, sus esposas e hijos. En otras palabras, 20 personas, incluyendo a 12 niños, en una tienda diseñada para 6. Pero estamos cerca del gran campamento, con la posibilidad de acceder a las instalaciones sanitarias colectivas. Sólo hay un sanitario, compartido por 30 tiendas similares. Es extremadamente difícil.

“Han pasado más de diez días desde que salimos de Saraqeb. Ha sido un camino largo y difícil. A lo largo de este último viaje de treinta kilómetros, tuvimos que tomar un pequeño camino rural atascado por todos quienes buscaban refugio. Los camiones, autos o carros cargados de gente y sus pertenencias no se movían. ¡Había muchísima gente! Tuvimos que hacer el viaje en varias etapas porque los bombardeos en las carreteras y en los pueblos nos impidieron continuar. Pero finalmente, esta noche podremos dormir  a cubierto y horizontalmente y comer una comida caliente que mi esposa ha empezado a preparar en un fuego que improvisó recogiendo trozos de madera. Además, el tiempo se calmó, después de las lluvias y las nieves de las últimas semanas. He oído que hoy hace 4º C, pero el suelo está seco. Si colocamos los pedazos de plástico y unas mantas, con la ayuda del agotamiento, vamos a dormir bien esta noche.”

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Bachar Al-Assad continúa su ofensiva militar en Siria

“En el noroeste sirio, la violencia es ciega”, dice consternado el secretario general adjunto de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) de la ONU, Mark Lowcoock

Le Monde y AFP, 18-2-2020

Traducción de Ruben Navarro – Correspondencia de Prensa, 19-2-2020

Con la fuerza que le otorgan las reconquistas territoriales y a pesar de la oposición de la comunidad internacional, Bashar Al-Assad no tiene intenciones de abandonar su ofensiva. El Presidente sirio se comprometió el lunes 17 de febrero a continuar su avance en el noroeste del país para “liberar” el último gran bastión que tienen los yihadistas y los rebeldes.

Las declaraciones de Al-Assad, en un discurso televisado tuvieron lugar en el momento en que las Naciones Unidas (ONU) reiteraron sus llamamientos a un alto el fuego en la región de Idlib y en los territorios adyacentes, devastados por los combates y los ataques aéreos.

Corredores humanitarios

Desde diciembre, unas 900.000 personas, la gran mayoría mujeres y niños, han sido desplazadas, según una nueva evaluación de la ONU. “Están traumatizados y forzados a dormir afuera con temperaturas bajo cero porque los campos de desplazados están saturados. Las madres queman plástico para tener un poco de calor para sus niños. Hay bebés y los niños muertos a causa del frío”, dijo el lunes 17 en un comunicado el Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock. “La violencia en el noroeste de Siria es ciega e indiscriminada”, lamentó, pidiendo un alto el fuego, “la única opción” válida.

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Campamento precario de desplazados cerca de la frontera turca.

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos expresó el martes su “horror” ante la violencia en el noroeste de Siria y pidió que se establezcan “corredores humanitarios”.  A través de un comunicado, Michelle Bachelet exhortó al gobierno sirio y sus aliados, quienes vienen llevando a cabo una ofensiva desde diciembre en el último gran bastión mantenido por los yihadistas y los rebeldes, a “permitir corredores humanitarios” y a facilitar el “paso en condiciones de seguridad de los civiles”.

“La batalla por la liberación de las provincias de Alepo e Idlib continúa, pese a los discursos grandilocuentes pero vacíos del norte”, dijo el presidente Assad el lunes, refiriéndose a las repetidas advertencias de la vecina Turquía. Las fuerzas gubernamentales sirias tomaron el domingo el cinturón de localidades que rodeaban la metrópolis de Alepo, tras derrocara los yihadistas y rebeldes que disparaban cohetes contra la segunda ciudad Siria.

En los últimos días, las tropas de Damasco han tomado también el control de sectores de una carretera que une Alepo con la capital. Desde diciembre, la ofensiva en el noroeste se mantiene, apoyadas por la fuerza aérea del férreo aliado ruso.

Más de 380 civiles han muerto desde mediados de diciembre, según el Observatorio de Derechos Humanos de Siria (OSDH). Y aunque toda la metrópolis de Alepo fuera tomada por el gobierno desde finales de 2016, cientos de civiles han perecido desde entonces por el lanzamiento de cohetes y proyectiles por parte de yihadistas y rebeldes, según el Observatorio.

Los yihadistas de Hayat Tahrir Al-Cham (HTS, la antigua rama siria de al-Qaeda) controlan más de la mitad de la provincia de Idlib y las zonas adyacentes de Alepo, Hamah y Latakia. Estos territorios también son refugio de otros grupos yihadistas, pero también de facciones rebeldes.

Tensiones entre Damasco y Ankara

Según algunos expertos, pese a la determinación del régimen para retomar todo el bastión de Idlib, los yihadistas y los rebeldes podrían preservar parte de la provincia si la vecina Turquía  mantiene su decisión de obstaculizar la avanzada del régimen. Ankara, que apoya a los grupos rebeldes, mantiene tropas en el noroeste de Siria y ha enviado refuerzos en los últimos días. Turquía, que ya ha recibido más de 3,5 millones de refugiados, teme que la ofensiva de Damasco pueda causar una nueva afluencia de personas hacia su frontera cerrada.

Para ilustrar las tensiones entre Damasco y Ankara, a principios de febrero se produjeron enfrentamientos de una violencia sin precedentes entre los soldados turcos y las fuerzas sirias en el noroeste sirio. En los últimos años, las autoridades de Damasco han obtenido muchas victorias y han recuperado el control de más del 70% del territorio sirio. La guerra en Siria, que comenzó en marzo de 2011 con la represión de manifestaciones pacíficas, ha cobrado ya más de 380.000 vidas.