MENA Solidarity Network, 7-2-2020

A l’encontre, 8-2-2020  

Traducción de R. Navarro – Correspondencia de Prensa, 11-2-2020

El personal médico del hospital de Aqeirbat, situado en el campo, cerca de Idlib (Siria), organizó una protesta desesperada el 6 de febrero para llamar la atención sobre la destrucción de clínicas y hospitales. Llevaban pancartas en las que se invitaba a António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, a visitar Idlib y “ver por sí mismo” una lista cada vez más extensa de instalaciones médicas destruidas o gravemente dañadas por el régimen de Assad y sus aliados. Sólo unas horas antes, la Asociación de Médicos Independientes, una ONG médica que presta servicios de salud a cientos de miles de personas en las zonas de Idlib y Alepo, informó que el fuego de artillería había alcanzado su centro de atención primaria de salud en Anadan (una pequeña ciudad a 12km al norte de Alepo).

 La destrucción sistemática del sistema de salud en Idlib se inscribe en una ofensiva más amplia del régimen de Assad y sus aliados, Rusia e Irán, para recuperar el control militar de la zona de Idlib, el último reducto de territorio que mantiene la oposición. Más de medio millón de personas han huido de la zona en los últimos dos meses.

Motaz, ex director de programas de una ONG médica siria, dijo a Middle East Solidarity que los organismos de las Naciones Unidas, incluida la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH), se han convertido en “socios de Assad y de la máquina de matar de Rusia en Siria”, proporcionando información sobre la ubicación de las instalaciones médicas directamente a las fuerzas rusas en el marco de un llamado “mecanismo de reducción de riesgos”.

Este mecanismo obliga a las organizaciones no gubernamentales de salud de Siria a informar sobre la ubicación de las instalaciones médicas a “las Fuerzas de Coalición, el Gobierno de Turquía, la Federación de Rusia y los presidentes del Grupo de Apoyo Internacional [1] en Siria (GSI, ISSG en inglés, copresidido por el Gobierno de los Estados Unidos y la Federación de Rusia)”. Las ONG humanitarias deben dar información detallada sobre las misiones humanitarias móviles y fijas, así como “la ubicación, las coordenadas (Sistema de Posicionamiento Global-GPS), la latitud (y longitud en grados), la función del edificio (escritorios, vivienda, escuela, depósito, hospital, etc.) y la dirección exacta”.

Aunque el objetivo del plan era supuestamente ayudar a los militares a evitar los ataques a los hospitales, Motaz nos dijo que la práctica de intercambio de informaciones ha aumentado en los hechos la amenaza a las instalaciones médicas.

“Las ONG sirias que tienen como base la ciudad de Gaziantep, en Turquía, y que participan en las diversas reuniones de las estructuras humanitarias confiaron en la OCAH sobre la “protección” de los trabajadores humanitarios y sus instalaciones. Las ONG médicas, por ejemplo, transmitía no sólo las coordenadas geográficas de sus actividades sino también las “ubicaciones” de sus instalaciones médicas”, dijo.

“Aunque el hecho de proporcionar información de contacto a la OCAH es “voluntario”, las ONG se sintieron obligadas a hacerlo”. Algunos temían que si no lo hacían podrían ver recortes en su financiación, mientras que otras consideraban que al proporcionar esta información estaban protegiendo a su personal, a los pacientes y las instalaciones”.

Sin embargo, el “mecanismo de reducción de riesgos” no funcionó. El New York Times (29 y 31 de diciembre de 2019) identificó varias decenas de ejemplos de hospitales y clínicas que figuran en la lista de las Naciones Unidas como sitios que no debían ser atacados, pero que fueron dañados o destruidos por ataques rusos o sirios, desde abril de 2019.

Para Motaz, la ONU debe asumir la responsabilidad de haber proporcionado esta información a los aliados de un régimen resuelto [el de Bashar al-Assad] a aplastar toda oposición, incluyendo los servicios de salud que no están bajo su propio control. “La OCAH, al compartir las coordenadas geográficas con la Federación Rusa, contribuye para que la misión de “neutralizar” estas instalaciones en funcionamiento sea más fácil, más rápida y menos costosa. Efectivamente, seleccionar estas instalaciones equivale en realidad a marcar casillas en un mapa en lugar de dedicar tiempo a identificar la ubicación de las mismas. Por consiguiente, los organismos de las Naciones Unidas, ya sea directa o indirectamente, se han convertido en un socio del régimen de Assad y de Rusia para aumentar el sufrimiento del pueblo sirio”.

Desde hace varios años, millones de personas que viven en zonas de Siria controladas por la oposición, dependen de la ayuda que llega a través de las fronteras con Turquía e Irak. Las operaciones “transfronterizas” han sido posibles gracias a una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas [resolución presentada en diciembre de 2019 por Alemania, Bélgica y Kuwait]. Pero actualmente, Rusia y China están presionando para cerrar ese corredor vital al negarse a prolongar la resolución más allá de junio de 2020. Los organismos de las Naciones Unidas y otros organismos o países contribuyentes se verán obligados a canalizar la ayuda a través de Damasco y a trabajar con organizaciones estrechamente vinculadas al régimen, como la Media Luna Roja Árabe Siria.

“La destrucción de las instalaciones sanitarias en las zonas donde se encuentran las fuerzas de oposición tiene una dimensión tanto política como militar”, dijo Motaz. “Por un lado, el régimen de Assad quiere recuperar el control total del territorio sirio. Por otra parte, el régimen pretende convertirse en el único proveedor de servicios en Siria y eliminar todas las instituciones creadas por la oposición”.

Siria Dos
El personal del hospital de Aqeirbat pide al Secretario General de las Naciones Unidas que visite Idlib y vea personalmente las pruebas de los ataques deliberados contra los hospitales por parte del gobierno sirio y las fuerzas rusas.

Después de Idlib, la próxima etapa de la campaña atroz del régimen de Assad será seguramente la zona periférica de Alepo. Allí, las instalaciones médicas son  muy vulnerables, según Motaz. “Se han convertido en blancos fáciles para los bombardeos sirios y rusos porque la OCAH ya ha comunicado sus coordenadas geográficas a la Federación Rusa

Nota

1] Entre los participantes en las conversaciones de paz que tuvieron lugar en Viena el 14 de noviembre de 2015 figuraban 20 potencias y organizaciones internacionales. Elaboraron un acuerdo “sobre la necesidad de reunir a los representantes del gobierno sirio y de la oposición en negociaciones oficiales bajo los auspicios de las Naciones Unidas a partir del 1º de enero de 2016”. El Consejo de Seguridad de la ONU “adoptó por unanimidad [el 18 de diciembre] el plan de transición que establece un calendario para las negociaciones formales y la formación de un gobierno de unidad en un plazo de seis meses”. Una verdadera mascarada diplomática. (Redacción  A l´encontre)

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Idlib: “está pasando lo peor que podía pasar”.

Luc Mathieu y Hala Kodmani

Libération, 7-2-2020

A l’encontre, 8-2-2020  

Traducción de R. Navarro – Correspondencia de Prensa, 11-2-2020

Las condenas de la comunidad internacional, las reuniones de emergencia del Consejo de Seguridad, los llamamientos de las ONG… Nada ha servido para nada. El régimen sirio y su aliado ruso continúan su ofensiva en la provincia de Idlib. Bombardeando y disparando con artillería a escala masiva, sin distinguir entre civiles y combatientes, para luego avanzar y retomar ciudades desiertas. El viernes 7 de febrero, estaban a punto de tomar Saraqeb y se acercaban a la ciudad de Idlib, donde 10 civiles murieron en un ataque aéreo ruso. El día anterior, los occidentales habían condenado en la ONU la “carnicería” que se estaba produciendo en la provincia. “Creo que la peor pesadilla está ocurriendo en Idlib “, dijo la embajadora británica Karen Pierce. Turquía, que ha pedido a Moscú que intervenga ante el régimen sirio para detener su ofensiva, envió nuevos refuerzos a la provincia el viernes. Los emisarios rusos debían llegar el sábado (8 de enero) a Ankara.

Estado de la situación humanitaria

El desastre, anunciado ya hace meses, está ocurriendo. “La situación se está deteriorando a un ritmo alarmante debido a la violencia […] y el efecto sobre los 4 millones de habitantes del noroeste de Siria es devastador”, dijo la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios en un informe publicado el jueves 6 de febrero. Entre el 1º de diciembre y el 2 de febrero, más de 585.000 personas huyeron de ciudades, pueblos y aldeas para escapar de los bombardeos aéreos de los ejércitos sirio y ruso. Alrededor de 300.000 ya habían tomado el camino del exilio desde la primavera.

Rabeea, una profesora de inglés de 32 años, es una de esas personas. La joven, que trabaja para la ONG siria Women Now for Development, acaba de llegar, junto con su marido y sus dos hijos, de 4 y 5 años, a Al-Bab, una ciudad cercana a la frontera con Turquía. Rabeea se ha acostumbrado a huir. Hace dos años, había abandonado el Ghouta, un suburbio de Damasco, para escapar de los combates y la toma de la zona por el régimen sirio. Se había refugiado en la provincia de Idlib, en Maarat al-Noman. Pero a mediados de enero, después de semanas de ataques aéreos, misiles y barriles de explosivos lanzados desde helicópteros, abandonó la idea de quedarse. “No queríamos irnos. Nos quedamos el mayor tiempo posible sin creer ni pensar en la muerte. Pero el último día fue indescriptible, el bombardeo fue interminable, sin solución de continuidad. Recogí mis documentos de identidad y lo más indispensable en mi bolso. Mis hijos se llevaron algunos juguetes. Mi hija también se llevó su cuaderno del jardín de infantes. Dejamos atrás un pueblo fantasma. Podría haberme quedado si los demás lo hubieran hecho, pero sólo quedaban muertos”. Unos días después, los soldados del régimen sirio entraron en la ciudad. “Me enteré de que habían desvalijado nuestra casa. Todas las casas que no fueron destruidas fueron saqueadas”.

Para Rabeea será imposible regresar a Maarat al-Noman y no podrá tampoco ir más al norte. Turquía ha cerrado su frontera, protegida por un muro de hormigón y patrullas de soldados. Los desplazados de Idlib ya se están concentrando en los pueblos que bordean la frontera. Los campamentos han sido desbordados desde hace varios meses. El campamento de Atmé reúne a casi un millón de personas. Algunas personas no tienen dónde ir y se encuentran sin nada en medio de los campos de olivos. Según la ONU, todos los desplazados necesitan ayuda. Casi el 80% está mal alojado, y más de la mitad necesita alimentos. Su situación se ha empeorado aún más con las inundaciones y las tormentas invernales.

Pero el hecho de huir no siempre protege contra los bombardeos. El 29 de enero, la pequeña ciudad de Ariha fue blanco de ataques aéreos que mataron a 10 personas, entre ellas cuatro mujeres y un niño. El 20 de noviembre, un misil mató al menos a 16 civiles, la mayoría de ellos mujeres y niños, en el campamento de Qah, a 3 kilómetros de la frontera turca.

Los desplazados no podrán volver a sus pueblos de origen. Más de un millón y medio de personas vienen de otras provincias que dejaron a causa de los combates. No hay ningún otro lugar en el que encontrar refugio y no hay ningún acuerdo posible de reconciliación con el régimen. Las fuerzas sirias y rusas han aplicado la estrategia de tabla rasa. Los bombardeos no se limitaron a las líneas del frente, sino que golpearon todo aquello que permitía a la gente sobrevivir. “Los ataques aéreos y el fuego de artillería destruyeron deliberadamente hospitales, panaderías, escuelas e infraestructuras esenciales para desmoralizar a la población y debilitar las administraciones civiles”, señala la organización de investigación International Crisis Group. “Sé que mi éxodo sin rumbo fijo va a continuar”, dice Rabeea. Pero, ¿cuánto tiempo durará? ¿Dónde acabaremos con mis hijos?”

¿Cuáles son los objetivos militares?

Para el régimen de Damasco y su aliado ruso, las poblaciones que huyen en masa de los bombardeos de sus ciudades son sólo víctimas colaterales de su guerra de “liberación” de la región de Idlib de manos de los “terroristas”. La ofensiva llevada a cabo desde principios de diciembre por las tropas de Bashar al-Assad, apoyadas por la fuerza aérea rusa y las milicias pro-iraníes, forma parte de una estrategia de reconquista del territorio por el régimen que comenzó a finales de 2015. La última provincia controlada por la oposición armada, Idlib, ha sido en los últimos años un lugar de exilio para los combatientes rebeldes de todas las tendencias, evacuados de otras regiones reconquistadas por el régimen mediante acuerdos de rendición.

Los grupos armados activos en la provincia están dominados por Hayat Tahrir al-Cham (HTS, la antigua rama siria de Al-Qaeda). Este es un argumento presentado por los rusos y el régimen para justificar sus ataques contra los “yihadistas”, siendo que estos últimos han mostrado tener poca capacidad de actuar, e incluso poca voluntad de resistir el poder de fuego, especialmente aéreo, de las fuerzas del régimen y sus aliados. Estos últimos han podido avanzar durante la semana pasada, retomando varias ciudades importantes como Maarat al-Noman (150.000 habitantes) y desde el viernes, Saraqeb. Esta última está situada estratégicamente en el cruce de dos autopistas, la M5, en un eje norte-sur que une Damasco con Alepo, y la M4 de este a oeste hacia Latakia en la costa mediterránea. Con más de 100.000 habitantes, que han tenido que abandonarla en las últimas semanas, Saraqeb fue una de las primeras ciudades en liberarse del control del régimen en 2011 y desde entonces ha sido regularmente atacada por la fuerza aérea de Al-Assad.

El ingreso de las tropas de Damasco en la zona también plantea el problema de los tres puestos de control del ejército turco establecidos a raíz de un acuerdo de desescalada de la violencia con los rusos en Sochi, en 2018. El destino de estas franjas, ahora rodeadas por las tropas sirias, fue objeto de una información contradictoria publicada el viernes por varias fuentes turcas. Algunos dicen que los puestos permanecen en su lugar, mientras que otros sugieren su inminente retirada. El tema es particularmente delicado después del enfrentamiento directo que tuvo lugar el lunes entre los ejércitos de Ankara y Damasco, en el que murieron unos 20 soldados de ambos bandos. Turquía, que apoya teóricamente a las fuerzas sirias opositoras a Al-Assad, ha aumentado en los últimos días el envío de refuerzos militares a la provincia de Idlib, mientras que su principal preocupación es contener la corriente de refugiados sirios que llegan precipitadamente a su frontera meridional. Al mismo tiempo, las declaraciones y las intenciones de los propios dirigentes turcos son contradictorias, sobre todo con respecto a Rusia.

¿Qué está pasando a nivel diplomático?

La ofensiva del ejército sirio contra Idlib ha vuelto tensa la asociación entre Turquía y Rusia, establecida desde 2017 mediante los acuerdos de Astana y luego de Sochi para gestionar el conflicto sirio. En los últimos días, el Presidente turco ha multiplicado  las declaraciones amenazantes y los ultimátum dirigidos a Damasco exigiendo que se detenga el avance de sus tropas. Al mismo tiempo, Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco, reprochó a Rusia no haber presionado lo suficiente a su aliado en Damasco para detener los ataques. Este llamado a Moscú para que desempeñe el papel de árbitro en el conflicto con el régimen de Al-Assad, en el que las fuerzas rusas están decididamente comprometidas  subraya que el camino es estrecho para Ankar (Turquía). Una delegación rusa debería llegar a Turquía este sábado para abordar el tema sirio, anunció el jefe de la diplomacia turca, Mevlüt Cavusoglu, quien insinuó que una cumbre entre Erdogan y Putin podría ser el paso siguiente, “si fuera necesario”.

De alguna manera, los turcos están  condenados a llegar a un acuerdo con los rusos, en ausencia de presiones internacionales sobre el dossier sirio. Porque si bien  los Estados Unidos y la Unión Europea han condenado los ataques asesinos a Idlib y han pedido el cese de los combates, no están dispuestos a ir más allá de esas condenas. Una reunión del Consejo de Seguridad sobre Siria, celebrada el jueves pasado (6 de enero) por la tarde a pedido de Washington, no tuvo más resultado que otro llamado a un cese del fuego para contener la “catástrofe humanitaria”. Es probable que esto siga así mientras continúe la reconquista de esos territorios por parte de las fuerzas de Damasco y sus aliados. El siguiente objetivo importante será la ciudad de Idlib, capital de la provincia y sexta ciudad más grande de Siria, con una población de más de 300.000 habitantes y controlada aún por los grupos rebeldes.